Carlos Palate agonizó durante cinco minutos tapado con una manta y con el móvil en la mano

05-01-07



ETA VUELVE A MATAR / Las víctimas

Carlos Palate agonizó durante cinco minutos tapado con una manta y con el móvil en la mano


La autopsia determina que una parada cardiorrespiratoria por compresión causó la muerte del ecuatoriano, que fue encontrado por los bomberos reclinado en el asiento del copiloto de su coche

J. M.

MADRID.- Bajo cinco capas de hormigón, tapado con una manta en el asiento reclinado del copiloto y con un teléfono móvil en la mano. Así rescataron los bomberos el cuerpo de Carlos Alonso Palate, un ecuatoriano de 35 años que se convirtió así en la primera víctima mortal de ETA después de 1.310 días.


La autopsia, que ayer avanzó el Instituto Anatómico Forense, revela que falleció por parada cardiorrespiratoria por compresión cinco minutos después del atentado. Tenía la cara aplastada, pero pudo ser identificado por sus huellas dactilares.
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A las 18.30 horas del miércoles, los bomberos que trabajaban en las labores de rescate observaron un trozo de tela que asomaba por un orificio abierto en el hormigón. La zona había sido señalada por la Policía Científica. Allí, probablemente, se encontraba el vehículo de Palate.

Por una grieta se adentró el bombero Fernando Bonilla, que, efectivamente, localizó su Renault Clio rojo, matrícula 2988-BRF. En el asiento del copiloto, reclinado, como si estuviese descansando, se encontraba el cadáver de Carlos Alonso, que Bonilla descubrió tras desgarrar con una navaja la manta que lo cubría.

A partir de ese momento, se inició la operación de rescate, que concluyó pasadas las 2.00 horas. Uno de los jefes de guardia de Bomberos que participó en la operación relató a EL MUNDO cómo se desarrolló.

Los trabajos se prolongaron durante más tiempo del previsto, ya que una placa de hormigón de unos 40 centímetros aprisionaba el vehículo. Aunque lo habitual hubiese sido esperar a retirar el coche de la zona de escombros antes de rescatar el cadáver, en esta ocasión se procedió en sentido contrario.

Utilizando instrumentos para romper el hormigón y cortar el hierro que forma el forjado (material de oxicorte, cizallas y separadores), los equipos de rescate soltaron la placa que aprisionaba el coche. Una excavadora la levantó y dejó libre el acceso al mismo.

Con otro utensilio, similar a una sierra, los bomberos abrieron el techo del vehículo como si fuese una lata de sardinas, y dejaron al descubierto el cuerpo sin vida.

Según relató el jefe de guardia de Bomberos, Carlos Alonso se encontraba tumbado en el asiento del copiloto, con un gorro calado hasta las cejas y tapado con una manta. En las manos, llevaba un teléfono móvil: cuando se produjo la explosión, se encontraba conversando con su amigo Hernán, que estaba en la T-4 esperando la llegada de su esposa.

El cuerpo se encontraba en buen estado de conservación, ya que la zona no había ardido. Un portavoz de Emergencias explicó que los forjados habían formado una barrera técnica que impidió avanzar el incendio, ya que el hormigón es incombustible. El aparcamiento de la T-4 apenas tiene elementos a los que pueda consumir el fuego: ni poliuretano, ni vidrios, por lo que las llamas se limitaron al lugar de la explosión, y a aquellos otros en los que estallaron los depósitos de otros coches debido a las altas temperaturas.

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