Crónica de un fracaso: el cierre del sumario del 11-M

10-07-06



11-M / El análisis

Crónica de un fracaso: el cierre del sumario del 11-M


El juez Del Olmo da carpetazo a las investigaciones sobre la masacre pese a que quedan grandes dudas por resolver


LUIS DEL PINO

MADRID.- El juez Juan del Olmo acaba de dictar, como ya se venía temiendo, el auto de conclusión del sumario de los atentados del 11-M. Era algo esperado, pero no por ello menos decepcionante.

En realidad, el cierre del sumario se venía anunciando desde hace ya un año en determinados medios de comunicación, pero las sucesivas revelaciones periodísticas, que ponían al descubierto cada vez más incongruencias y fallos en la instrucción sumarial, fueron retrasando el cierre, al forzar al magistrado a efectuar nuevas diligencias y al forzar a la Policía a tapar los agujeros con nuevos parches, que terminaban haciendo reventar por otro lado la tela de una versión oficial cada vez más frágil.
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Así, primero se nos dijo que el sumario quedaría concluido para el verano de 2005; después, para el otoño; más tarde, que para antes de finales del año pasado.

Al transcurrir las fiestas navideñas sin que el juez hubiera dado por terminadas las investigaciones, los nervios empezaron a aflorar en ciertas instancias y, por primera vez, Del Olmo recibió varias andanadas sucesivas desde las páginas de los periódicos gubernamentales. Se acercaba peligrosamente el segundo aniversario de la matanza y había que llegar a él con el sumario cerrado.

Pero tampoco fue posible concluirlo entonces, porque la proximidad del aniversario y la catarata de revelaciones periodísticas vivida durante las fechas inmediatamente anteriores volvió a poner sobre la mesa la necesidad de continuar investigando.

Contradicciones

Hasta entonces, ya se había demostrado, desde las páginas de EL MUNDO y de otros medios de comunicación, que la versión oficial era cuando menos incompleta y contradictoria, pero esas revelaciones no parecían haber calado en la gran masa de la ciudadanía, dado el pacto de silencio que impera en los principales medios televisivos.

Sin embargo, en los primeros meses de este año se vivió, por vez primera, un verdadero vuelco en la opinión pública por dos motivos distintos. De un lado, la proximidad del aniversario, que aumentaba la sensibilidad social hacia el tema y proporcionaba a las asociaciones de víctimas un inestimable altavoz con el que hacer llegar a la sociedad su desacuerdo con la marcha de las investigaciones.

De otro lado, los medios de comunicación independientes dieron una nueva vuelta de tuerca a las investigaciones, empezando a cuestionar los hechos básicos de la masacre y a poner en duda las principales pruebas de cargo en las que se había basado la instrucción.

Así, la opinión pública fue conociendo las extraordinarias vicisitudes de una mochila, la de Vallecas, que jamás estuvo en los trenes; de un coche Skoda Fabia que los terroristas no usaron para ir a Alcalá de Henares; de una furgoneta Kangoo que, como las chisteras de los magos, comienza a vomitar objetos después de recalar en dependencias policiales; de unos teléfonos móviles que ni eran necesarios para cometer los atentados, ni parece que fueran adquiridos por los terroristas...

La versión oficial se cae


La fase de señalar las contradicciones de la versión oficial había quedado superada, para entrar de lleno en el cuestionamiento de sus fundamentos básicos. Las encuestas de opinión indicaban claramente que, para una amplia mayoría de ciudadanos (incluidos dos de cada tres votantes socialistas), la versión oficial presentaba demasiadas lagunas.

Con las nuevas revelaciones y el vuelco sufrido por la opinión pública, de nuevo fue imposible cumplir el objetivo de cerrar el sumario antes de marzo de 2006.

Desde el Ministerio de Interior, hubo que poner la máquina de parchear a funcionar a todo trapo para tapar los nuevos agujeros descubiertos.

¿Que los medios de comunicación revelaban que, según el sumario, nadie vio a nadie vivo en la casa de Leganés el día de la explosión? Pues aparecía, dos años después de los hechos, un policía declarando que él sí vio a un moro asomarse por la ventana de esa casa.

¿Que los medios de comunicación señalaban que al juez se le había entregado una falsa mochila de Vallecas? Pues se emitía una nota de la Policía señalando que la mochila no era falsa, porque era igual pero distinta.

¿Que los medios revelaban que en el salpicadero de la furgoneta de Alcalá de Henares apareció una tarjeta del Grupo Mondragón? Pues se emitía otra nota diciendo que, en realidad, lo que había en el salpicadero era una cinta del Grupo Mondragón.

Pero la tela tiene ya tantos parches que hasta el más ciego percibe que está hecha jirones. Y que habría que tirarla, para comprar otro traje.

El auto

Pero eso es, precisamente, lo único que no pueden permitirse los defensores de la versión oficial, de modo que las indicaciones al juez se redoblaron y Juan del Olmo se vio obligado a dictar, en abril de este año, un auto de procesamiento en el que imputaba a 29 personas su participación en los hechos.

El auto de procesamiento era un auténtico despropósito jurídico, porque ni realizaba un relato de los acontecimientos, ni tampoco indicaba de qué hechos concretos se acusaba a cada uno de los participantes.

Lejos de terminar con las dudas, aquel auto venía, en realidad, a redoblarlas.

No sólo no respondía a ninguno de los interrogantes que estaban sobre la mesa, sino que, además, dejaba bien patente que lo que nos contaron de un atentado de Al Qaeda era, sencillamente, insostenible: de los 29 imputados, sólo nueve podían ser considerados verdaderos islamistas; otros nueve eran españoles y los restantes 12 no pasaban de vulgares delincuentes comunes.

Pero además, como reveló EL MUNDO, si a esos 29 imputados les añadíamos las cuatro personas que están en busca y captura y los siete muertos de Leganés, resulta que, de los 40 implicados en la causa, 34 eran confidentes o estaban estrechamente vigilados por las fuerzas de seguridad y de inteligencia españolas.

Punto y final


¿Cómo era posible que hubieran cometido el atentado sin que nadie se enterara? Esas revelaciones de EL MUNDO supusieron un auténtico shock para la opinión pública, que se vio de repente enfrentada con una inquietante evidencia: si la masacre hubiera sido cometida por quienes nos dicen, entonces estaríamos ante un atentado consentido.

Pero ya no había vuelta atrás: el juez había decidido arrojar la toalla. A pesar de las lagunas del auto de procesamiento, a pesar de sus enormes deficiencias, que revelaban que todavía queda por investigar casi todo, el juez rechazó todas las solicitudes de realización de nuevas diligencias que los abogados le presentaron y terminó por dictar, a finales de la semana pasada, dos autos: uno de 196 páginas en el que trata de corregir las carencias formales del auto de procesamiento y otro de cuatro páginas en el que declara concluida la investigación judicial.

En su auto de 196 páginas, Juan del Olmo incluye, por fin, un relato de los hechos e individualiza las acusaciones contra los 29 procesados.

Y uno entiende perfectamente, después de leer el auto, por qué se había resistido el magistrado, hasta el momento, a realizar ese relato de los hechos: después de 28 meses de investigaciones, seguimos sin poder decir qué es lo que realmente pasó el 11 de Marzo.

En su relato de los hechos, Del Olmo no aclara ni cuál era la composición de las bombas, ni quién las montó, ni dónde se montaron, ni quién las colocó en los trenes de la muerte, ni cómo se colocaron, ni cómo se desplazaron los terroristas hasta su objetivo, ni quién dio la orden de atentar...

El relato de los hechos realizado por Del Olmo no es más que una acumulación de indicios circunstanciales de los que sólo se extrae la conclusión de que una panda de delincuentes y confidentes conocía a otra panda de musulmanes más o menos fanáticos y que entre ellos se llamaban muchas veces por teléfono.

No existe ningún testigo fiable de la colocación de los explosivos, no se ha demostrado qué material se usó en las bombas que estallaron en los trenes, no existe ninguna confesión de ninguno de los supuestos implicados en la ejecución del atentado (a diferencia de los verdaderos atentados de Al Qaeda, en los que los terroristas que logran sobrevivir se jactan de su hazaña delante del juez).

En realidad, la vaguedad de las imputaciones y de los hechos es tal, que va a ser prácticamente imposible condenar a nadie, lo que sólo dejará la opción, en el juicio, de echar el muerto a los muertos de Leganés.

Las pistas que queman

El auto de conclusión no aclara, pues, ninguno de los hechos básicos relativos a la masacre y, además, es enormemente vago en lo que respecta al relato de los hechos.

Pero lo más grave no es eso, sino que se han dejado fuera de las investigaciones todos aquellos hilos de los que, por un motivo u otro, no se quería tirar, por miedo a lo que pudiera surgir al otro lado.

Así, el auto no aclara ninguna de las dudas más inquietantes que los medios de comunicación han puesto sobre la mesa en estos últimos dos años. No se aclara cómo es posible que los móviles de las bombas fueran liberados en la tienda de un policía que era amigo de al menos uno de los imputados.

No se aclara por qué, si el atentado era islamista, no se procesa a los dueños de la casa de Morata de Tajuña, que son los únicos de toda la historia que están demostradamente relacionados con Al Qaeda y que tenían como abogada, antes y después del 11-M, a Yamila Pardo, sobrina de Joaquín Almunia y discípula de Gregorio Peces-Barba.

No se aclara ninguna de las abundantísimas relaciones con ETA detectadas en el curso de las investigaciones, como, por ejemplo, el hecho de que apareciera un detonador de la banda terrorista en el piso de uno de los implicados, o como el hecho de que otro de los procesados ya hubiera sido condenado en 1979 por suministrar 400 kilos de explosivo a Terra Lliure a través de un intermediario etarra.

No se aclara tampoco ninguna de las sospechas que afectan a las pruebas de cargo del caso. Así, no se ha querido llamar a declarar a los policías que vieron la furgoneta de Alcalá vacía en la mañana del 11 de Marzo.

Tampoco se ha tomado declaración a los policías que estuvieron en IFEMA aquella tarde y que podrían atestiguar que la mochila de Vallecas no fue encontrada en Vallecas, sino en los propios recintos feriales.

No se han analizado los vídeos tomados en Alcalá en la mañana del 11-M, para demostrar de modo fehaciente si el coche Skoda Fabia estaba o no estaba allí. No se ha querido responder al dato incontrovertible de que en los trenes no había metralla de origen terrorista, a diferencia de la mochila de Vallecas.

No se han adjuntado al sumario los informes analíticos efectuados a las muestras de los trenes, que contradicen el hecho de que se empleara Goma-2 ECO en las bombas...

Constatación de un fracaso


En realidad, después de 28 meses, nos invade una sensación desoladora al darnos cuenta de que no se ha entrado a investigar nada de lo que realmente importa, sino que el juez ha sido llevado de un sitio a otro entre cortinas humo y datos irrelevantes, para terminar haciendo un pastiche que trata infructuosamente de remedar un relato de los hechos.

Un pastiche tan infumable que los propios medios de comunicación defensores de la versión oficial han preferido pasar de puntillas sobre el tema, no sea que alguno de los escasos convencidos de esa versión se lea el auto y se dé cuenta de hasta qué punto nos han tomado el pelo.

Uno de los párrafos del auto de Del Olmo resume perfectamente el fracaso de las investigaciones. El mismo juez reconoce con melancolía: «La propia investigación no ha conseguido (y así debe ser expuesto, por cuanto se han intentado todos los resortes fiables y verificables para ello) una respuesta a cuestiones tales como el número exacto de personas que intervinieron en el traslado y colocación de los artefactos explosivos en los trenes de la línea férrea Alcalá de Henares-Madrid, la específica forma de su distribución en todos los casos (las menciones son parciales, en ocasiones refiriéndose al exterior de las estaciones, con vagas descripciones de los supuestos partícipes e identificaciones fotográficas dudosas), los concretos medios de transporte utilizados para el traslado de los autores materiales y de los artefactos explosivos hasta las estaciones de tren (sólo se ha podido fijar la furgoneta Renault Kangoo en la estación de Alcalá de Henares), etcétera».

Claro que la pregunta que a uno le asalta al leer este párrafo es: ¿y qué ha estado usted haciendo durante 28 meses, señor juez, que no ha dado respuesta a esas preguntas?

¿Y ahora qué?

El hecho de que Del Olmo haya dictado un auto de conclusión del sumario no quiere decir que terminen las investigaciones. Por un lado, si surgen nuevos hechos que apunten a otros imputados distintos de los 29 procesados, esos hechos pueden investigarse en otro sumario separado que ya está abierto y que será, posiblemente, llevado por otro juez. Así pues, si el sumario actual concluye, queda otro sumario abierto en el que investigar.

Pero es que el sumario actual tampoco concluye aquí. El auto de conclusión dictado por Del Olmo indica, simplemente, que el juez considera que ya no hay que investigar más. Pero eso no quiere decir que los abogados personados en la causa estén de acuerdo. El sumario pasa ahora a la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que preguntará a los abogados si están conformes con que se cierre el sumario.

Es en ese momento cuando los abogados pueden manifestar su desacuerdo y pedir que se realicen nuevas diligencias de investigación. La sala analizará los escritos que los abogados presenten y, si esas diligencias están bien justificadas, podría devolver el sumario a Del Olmo y ordenarle que realice esas investigaciones.

Por tanto, la historia no acaba aquí y el sumario principal del 11-M dará todavía mucho de qué hablar antes de que lleguemos al juicio.

Lo que sí es ya indudable es que a Del Olmo le quema el sumario entre las manos y quiere quitarse de en medio. Pero resulta dudoso que pueda hacerlo. A no ser, claro está, que fuera sancionado por la excarcelación de Saed El Harrak, un imputado para quien Del Olmo no prorrogó la prisión provisional, porque se le pasó la fecha en que debía hacerlo. ¿Terminará siendo sancionado? Creo que Del Olmo, en el fondo, acogería esa sanción con un suspiro de alivio. El peso de los 238 tomos del sumario es ya excesivo para él.

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