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13.10.05

 

«Todos sabíamos que la Policía controlaba a 'El Tunecino', era imposible que montara el 11-M»

 

13-10-05

11-M LA INVESTIGACION/ EL TESTIMONIO

«Todos sabíamos que la Policía controlaba a 'El Tunecino', era imposible que montara el 11-M»

Primeras declaraciones del sirio Basel Ghalyoun, acusado por el juez Juan del Olmo de ser autor material del los atentados. Fue detenido en marzo de 2004 y en la actualidad se encuentra en la cárcel de Teixeiro (A Coruña)

ANTONIO RUBIO

Cuando Basel Ghalyoun llegó a España por primera vez, desde su Siria natal, tan sólo tenía 21 años y su intención era estudiar una ingeniería en nuestro país, a ser posible informática. Pero se encontró con dificultades para entrar en la universidad y comenzó a relacionarse con un grupo de islamistas radicales. Entre esas nuevas amistades estaba Serhane ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, Rifaat Anouar (los dos se inmolaron en el piso de Leganés) y Rabei Osman, El Egipcio. En la actualidad, Basel se encuentra en la cárcel gallega de Teixeiro acusado de colocar las mochilas bomba. El lo niega y, además, lo argumenta.También discrepa sobre el protagonismo de Serhane y Rabei en la matanza de Madrid. (.../...)

MADRID.- «Serhane era un político exaltado que estaba vigilado desde hacía mucho tiempo, todo el mundo lo sabía. Era como Arnaldo Otegi, el dirigente de Herri Batasuna. Hablaba mucho, pero nadie se creía que fuera capaz de hacer lo que decía». Esta descripción de Serhane ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino -uno de los terroristas que se suicidó en el piso de Leganés tras el 11-M- pertenece al sirio Basel Ghalyoun, acusado de ser uno de los autores materiales de la matanza y que se encuentra recluido en la cárcel gallega de Teixeiro-Curtis.

Ghalyoun, que ha cumplido los 25 años, llegó a España hace cuatro desde su Siria natal con la intención de estudiar una ingeniería y regresar a su tierra con el título. Sus planes se truncaron porque el 24 de marzo de 2004 fue detenido por la Policía mientras trabajaba de albañil en Ugena, un pueblo de Toledo.

Basel, según varios testigos, cenó en un restaurante de Alcalá la víspera de los atentados y a las 7.05 horas del 11-M viajaba en uno de los trenes de cercanías. Además, era amigo de El Tunecino -el jefe del comando Lavapiés, según la Policía-, de Rabei Osman, El Egipcio -el ideólogo, según el juez-, y vivía en un piso de los hermanos Almallah. Tanto Moutaz, detenido en Londres, como Mouhannad, preso en Madrid, están acusados de formar parte del grupo de radicales islamistas.

Pero las acusaciones contra Ghalyoun no acaban ahí. El juez considera que también estuvo en el piso de Leganés donde se suicidó el comando Lavapiés porque, tras la explosión, la Policía encontró un gorro con restos biológicos del joven sirio.

Ghalyoun, con quien EL MUNDO ha podido contactar después de nueve meses de trabajo y de sortear todos los impedimentos puestos por Instituciones Penitenciarias para un encuentro, reconoce a través de una carta que era amigo de El Tunecino, El Egipcio y de muchos otros que hoy están acusados por los atentados del 11-M.

«A Serhane lo conocí en el año 2001, cuando llegué a España. Kinan al Nahas, sirio, me dijo cuando estaba en mi país que si venía aquí y tenía problemas me pusiera en contacto con Serhane, que él me ayudaría en todo lo que necesitara». Ghalyoun aclara en su misiva que Al Nahas hizo el servicio militar en España porque es hijo de padre sirio y madre española y que, además, va y viene constantemente a su país.

Tras llegar a España, Ghalyoun intentó matricularse en la universidad para estudiar una ingeniería, pero las convalidaciones con sus estudios sirios sólo llegaban hasta el COU. Tenía que superar la prueba de selectividad para convertirse en universitario.Se puso a estudiar para afrontar la prueba, pero las asignaturas de letras, según reconoce él mismo, se le atragantaron.

Los meses pasaban, el dinero que había traído se acababa y sus padres cada día tenían más dificultad para enviar nuevas remesas de liras. Finalmente, Ghalyoun dejó los estudios y empezó a trabajar: portero, albañil, hombre de seguridad, obrero metalúrgico, contable y un largo etcétera en varias ciudades, incluidas las del País Vasco.

Tras un año y medio en la cárcel, Ghalyoun se encuentra asombrado por la relevancia que la Justicia, la Policía y la prensa han otorgado a El Egipcio. Ni más ni menos que ideólogo de todo el entramado del 11-M. «Rabei es un loco y un vagabundo que no ha trabajado nunca y que se dedicaba a estar en la puerta de la mezquita de Estrecho o de la de Alonso Cano [ambas en Madrid].Además, no tenía ni capacidad intelectual ni de liderazgo para montar nada».

Ghalyoun mantiene una y otra vez que El Egipcio siempre estaba pidiendo dinero: «Debía dinero a mucha gente y siempre estaba detrás de ella. Sin personalidad ni criterios propios. Era y es un fantasioso que se ha creado su propia historia y que se la ha vendido a quien ha querido escucharle. Es un charlatán de ferias, un narrador impulsivo».

Sin embargo, Ghalyoun sí reconoce que, a principios del verano de 2003, El Tunecino se alteró, se enfrentaron y casi llegaron a las manos: «Serhane comenzó a hablar de llevar a cabo un atentado en España, de hacer la yihad, y que era mejor musulmán que yo y que Mouhannad Almallah, que también estaba presente. El decía que había que atacar a España porque estaba metida en la Guerra de Irak y, además, aquí no trataban bien a los musulmanes».

Esa reunión de amigos, según confirma el propio Basel, se produjo en la vivienda de la calle Virgen del Coro, propiedad de los hermanos Almallah: «El estado de excitación de Serhane era de tal calibre que por un momento pensé en decírselo a la Policía, pero después reflexioné y consideré que era inútil. El Tunecino, todos lo sabíamos, estaba seguido y controlado por la Policía, así que era imposible que montara un atentado como el del 11-M, porque automáticamente sería detenido».

La vivienda de Virgen del Coro, a la que llegó Basel en marzo de 2003, estaba continuamente controlada por la Policía y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Por allí pasaron, vivieron y pernoctaron muchos de los islamistas que tras el 11-M han sido señalados por la Policía y acusados por el juez Juan del Olmo de formar parte de la célula terrorista.

Ghalyoun recuerda cómo era aquella vivienda y quién estuvo allí: «Tenía un sótano, una planta baja y un piso. Desde que yo llegué, allí vivíamos de forma regular Fouad el Morabit [marroquí detenido y acusado de formar parte de la logística del atentado] y yo.En ocasiones se quedaba a dormir Rifaatat Anouar [marroquí y autor material que se suicidó en Leganés]. También estuvo Ahmed Nabulsi, más conocido por El Italiano [en libertad], Muhammad Tailounie [sirio que pretendía montar una tienda de informática en aquel local y que también está en libertad], los hermanos Suleiman, Mohannad y Samir, y Rabei [El Egipcio] y Sherhane».

Basel también reconoce que la convivencia entre todos ellos a veces producía ciertos enfrentamientos: «Con Rifaat tuve mis diferencias, porque habíamos preparado una obra de teatro para representar en la mezquita y dirigida a los niños. Al final no quiso actuar. Serhane también se opuso a aquel acto y tuvimos algunas palabras. Tampoco conecté con Tailounie, había algo en él y en su comportamiento que no me ofrecía confianza».

Desde enero de 2003

Se da la circunstancia que los seguimientos policiales sobre la persona de Serhane ben Abdelmajid Fakhet comenzaron en enero de 2003 (ver EL MUNDO de 17 de mayo 2004) y que la Brigada Provincial de Madrid ya señaló el local de la calle de Virgen del Coro, propiedad de los hermanos Almallah, como lugar de reunión de islamistas.

La base fundamental de la acusación contra Basel Ghalyoun está sustentada, según la investigación policial y judicial, en que fue visto la noche anterior de los atentados en un restaurante de Alcalá y cuando depositaba la mochila bomba en uno de los trenes de la muerte: «Nunca estuve cenando en Alcalá y mucho menos en los trenes. La noche del 10-M llegué a casa sobre las 11 de la noche y a las 7.05 del 11-M estaba en Virgen del Coro rezando con Ahmed Nabulsi, El Italiano, y Fouad el Morabit».

En el sumario del 11-M, tomo 127, figura el acta sobre una rueda de reconocimiento llevada a cabo el pasado 18 de abril con los testigos que señalaron a Basel como autor material de los atentados.El resultado de esa rueda de reconocimiento, donde intervinieron dos musulmanes, dos españoles, dos policías y el propio Basel, fue totalmente negativo. Es decir, los testigos no reconocieron a Basel, que figuraba con el número 4, como el hombre que colocó la mochila bomba o cenó en un restaurante de la localidad de Alcalá de Henares.

Otra de las acusaciones que pesan sobre el sirio es que un gorro de los que utilizan los musulmanes para rezar apareció en el piso de Leganés con restos biológicos de Basel. Ghalyoun mantiene que nunca estuvo en el piso de la calle Martín Gaite y justifica la aparición de su rastro genético de la siguiente forma: «Ese gorro puede ser uno de los que había en Virgen del Coro, que utilizaba todo el mundo y que por eso puede tener restos de ADN que correspondan a mi persona, pero no hay nada más».

Basel también asume que desde su teléfono y desde el de otros se pudieron hacer llamadas a El Tunecino o recibir llamadas del supuesto jefe del comando Lavapiés: «Cuando alguno de los que vivíamos en el piso de Virgen del Coro nos quedábamos sin saldo en el teléfono móvil o sin batería cambiábamos las tarjetas o utilizábamos el de otro. Es normal que aparezcan llamadas cruzadas desde uno y otro móvil».

El sirio no oculta que sus enfrentamientos con Serhane provenían de las diferentes formas de ver el Islam: «Sherhane siempre decía que había que actuar contra la gente que no fuera musulmana, incluidos los españoles. Odiaba la cultura occidental y cristiana y pretendía que el mundo se rigiera por la ley islámica. Su desvarío llegó al punto de que intentó prohibir una obra de teatro que íbamos a hacer en la mezquita de Estrecho. Por eso muchas veces me recordaba al dirigente de Herri Batasuna Arnaldo Otegi, era exactamente igual que él, mucho hablar, mucho hablar y exaltarse pero nada más».

Durante el tiempo que Basel Ghalyoun estuvo en España cambió su residencia en varias ocasiones. Primero pasó unos meses en San Sebastián e Irún, trabajando en una fábrica y residiendo en la casa del sirio Adnan Waki (detenido tras los sucesos del 11-M) y después emigró a Alemania para, según él, intentar matricularse en alguna universidad de aquel país: «Allí me servían mis estudios de Siria y, además, no tenía que hacer la selectividad. Pero finalmente regresé a España a finales del año 2002 porque me faltaban otros papeles».

Tras regresar de Alemania, Basel se fue a vivir con una chica a la calle Lucero de Madrid. Transcurrido dos meses cambió su domicilio a la calle Esteban Mora, en el barrio de la Concepción.

También estuvo residiendo unos días en la casa de El Tunecino.Allí tampoco duró mucho y finalmente aterrizó, en los primeros meses de 2003, en la calle Virgen del Coro, la residencia de los hermanos Almallah.

Pero lo que más llama la atención a Ghalyoun es que Kinan Al-Nahas, el español de origen sirio que le puso en contacto con El Tunecino, está libre y sin ningún tipo de cargos: «Tres días antes de los atentados, Kinan dijo que se iba a Siria o Túnez. También escuché, hace un tiempo, una conversación entre Serharne y Kinan donde el primero le decía al segundo que tenía que llevar a arreglar unos teléfonos a la tienda de Jamal Zougam [encarcelado por formar parte del comando Lavapiés]. A este último nunca llegué a conocerlo personalmente».

Por último, Ghalyoun se queja de que en la cárcel no tiene ninguna facilidad para estudiar, que se encuentra aislado y sólo se relaciona con un preso y que ha sido clasificado como un recluso FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento): «Eso ocurrió después de que usted solicitara y yo diera el visto bueno para que tuviéramos una comunicación en la cárcel».



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Muhammad Tailounie y un señor de Valencia

MADRID.- Basel Ghalyoun y Muhammad Tailounie, sirios los dos, nunca se llevaron bien durante el tiempo que ambos residieron en la calle Virgen del Coro, un local propiedad de los hermanos Almallah.

Basel ha confirmado a EL MUNDO que había algo en Muhammad que no le inspiraba confianza. Curiosamente, Tailounie reconoce en el sumario del 11-M su relación y amistad con un señor de Valencia: «Después de los atentados del 11-M me llamó un amigo de Valencia y me dijo que si me detenían por ese tema les dijera a las autoridades que me avalaba J. Garay».

Este periódico ha contactado con antiguos y actuales agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y ha confirmado que «Garay y otros nombres similares, especialmente de origen vasco, son claves que se facilitan a los colaboradores por si alguna vez tienen algún problema con las Fuerzas de Seguridad».

Lo agentes del CNI han aclarado aún más: «Cuando esos nombres o claves son mencionados o utilizados por los colaboradores, automáticamente se pone en marcha un mecanismo por el que nosotros nos enteramos dónde están y qué problemas tienen. Después intervenimos interesándonos por ellos y ayudándoles en todo lo que podemos».

La primera vez que Tailounie llegó a España, en noviembre del año 2000, se hospedó en el piso en el que vivía Serhane El Tunecino. Allí, según reconoce el propio Tailounie, también había un español que estaba haciendo la el servicio militar.

Hay que recordar que Basel Ghalyoun llegó hasta Sherhane a través de un sirio-español que había hecho el servicio militar en nuestro país. Ese español de origen sirio se llama Anan al Nahas.

En febrero de 2001 Muhammad Tailounie viajó a Italia y allí residió con cierta regularidad hasta que de nuevo regreso a España en junio de 2003.

Meses después, en noviembre de ese mismo año, se casó con una española de nombre Eva e intentó montar una tienda de informática en el local que los hermanos Almallah tenía en la calle Virgen del Coro y donde estaban residiendo Basel Ghalyoun, Fouad El Morabit, Rifaat Anouar y Ahmed Nabulsi, El Italiano, entre otros.

Es curioso que cuando el pasado mes de abril el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo preguntó a Tailounie si en los meses anteriores al atentado del 11-M (desde octubre de 2003 a marzo de 2004) había notado algún cambio en la actitud de El Tunecino, Basel, Rifaat, los hermanos Almallah y otros, la respuesta fue la siguiente: «Los informes de la Policía pueden decir que yo no estaba siempre con ellos».


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10.10.05

 

«No tengo duda de que vi a Haddad el 11-M junto a la furgoneta de Alcalá»

 

05-10-05

11-M LA INVESTIGACION

«No tengo duda de que vi a Haddad el 11-M junto a la furgoneta de Alcalá»

El ciudadano suramericano E.B. ratifica a EL MUNDO la identificación que ya hizo ante la Policía y ante Del Olmo del sospechoso que 19 meses después del atentado sigue libre de cargos en Marruecos

FERNANDO LAZARO

MADRID.- No logra quitarse la imagen de la cabeza. Sabe que fue uno de los pocos que vieron, cara a cara, a tres de los terroristas, minutos antes de que perpetraran la matanza de Madrid. Sabe que su testimonio fue la clave para identificar a Mohamed Haddad como uno de los presuntos mochileros. Ahora, al ver las fotografías publicadas por EL MUNDO sobre este presunto terrorista, los recuerdos se le agolpan.
«Fue un instante, pero no se me olvida». E. B., ciudadano suramericano, insiste en que no se desvele su identidad, aún tiene miedo de que, en cualquier momento, le identifiquen y alguien pueda tomar represalias contra él. No obstante, accede a rememorar para este periódico aquella fresca mañana del 11-M. (.../...)

«En mi país vivía en una zona muy conflictiva, con un gran problema de delincuencia. Por eso, estaba acostumbrado a salir a la calle con mil ojos, para evitar que me atracaran».

Así salió de su domicilio, en Alcalá de Henares. «Cuando estaba a la altura del gimnasio [justo enfrente es donde estaba aparcada la famosa furgoneta Renault Kangoo utilizada por los terroristas] vi a tres hombres jóvenes. Estaban parados. Su actitud me despertó sospechas. Llevaban cada uno una mochila. Una de ellas era más grande que las otras dos. Dos eran de color negro y la tercera, gris plomo. Me fijé, sobre todo, en uno de ellos. Me pareció que estaba abriendo su mochila, como manipulando algo en su interior, tratando de sacar algo. Me puse en alerta porque temí que intentaran atracarme. Saqué las manos de los bolsillos por si tenía que defenderme o echar a correr».

«Cuando llegué a su altura crucé la mirada con el que me había resultado más sospechoso. El me miró con rabia, con mala leche, como diciéndome: '¿Qué miras? Tú a lo tuyo'. Seguí mi camino, llegué a la estación y cogí el tren para ir a Guadalajara, donde estaba entonces mi trabajo», relata con precisión E. B.

Esa mirada era la de Mohamed Haddad. O al menos así lo transmitió este testigo primero a la Policía Nacional y, posteriormente, al juez. En ambos casos, identificó la fotografía policial de Haddad, la que está incluida en el sumario que instruye el juez Del Olmo. Entonces, como ahora, no tenía dudas: «Vi a Haddad el 11-M junto a la furgoneta de Alcalá».

En la actualidad el tiempo ha pasado y este testigo ha tratado por todos los medios de olvidar. Se mostró confundido al comprobar que su identidad había sido incluida en el sumario que instruye el juez Del Olmo. «No lo entiendo. El juez y la Policía me aseguraron que no iba a aparecer mi nombre en ningún sitio, que me iban a aplicar una ley para que pudiera declarar y no tener después ningún problema. Ahora, ya veo que me han engañado. Cualquiera, igual que me habéis localizado vosotros, puede llegar a mí».

Al ver la foto que publicaba EL MUNDO la pasada semana de Mohamed Haddad en Tetuán, se muestra confuso. «Está muy cambiado. Aquel día llevaba ropa de abrigo, tenía el pelo largo y sombra de barba.En la foto se ve que se acaba de afeitar, que se ha cortado el pelo y lleva ropa de verano. Parece más delgado que cuando yo le vi». No pone en duda que sea el mismo, pero reconoce más a la persona con quien cruzó la mirada el 11-M en Alcalá de Henares, cuando la comparó con el rostro que aparecía en la foto policial que en su día le mostraron en la Comisaría General de Información y el juez Del Olmo.

Gran sensibilidad

Recuerda que la primera noche tras el atentado apenas pudo dormir.Constantemente le llegaba a la cabeza que entre las víctimas había un bebe de siete meses. «Yo, en aquellas fechas, tenía una niña de cuatro meses. Tenía la sensibilidad a flor de piel.¿Cómo se puede hacer algo así?», se pregunta.

Al día siguiente, cuando ya se supo que los terroristas se habían subido al tren en Alcalá de Henares, este testigo aparcó todas sus dudas y se convenció de que él había visto a los terroristas instantes antes de que colocaran las mochilas. Por ese motivo, con la colaboración de su hermano, entró en contacto con agentes de la Brigada Regional de Información de Madrid. «La mañana del sábado 13 me enseñaron varias decenas de fotografías en Moratalaz.Pero cuando les expliqué todo lo que vi, decidieron citarme en la Comisaría General de Información. Allí me enseñaron cientos y cientos de fotografías».

Recuerda que una de las primeras preguntas que le hizo la Policía fue si tenía papeles. Ya tenía permiso de residencia y de trabajo.«Me dijeron que si colaboraba me podían ayudar a conseguir la doble nacionalidad. Pero, de eso, nada». «Lo que más me preguntaron, en reiteradas ocasiones, era si los que yo había visto eran extranjeros, si estaba seguro. Parecía que tenían muchas dudas de que no fueran españoles. '¿Pero seguro que no son españoles?', insistían».

En esa «dura jornada» del sábado, el testigo identificó, entre los «cientos y cientos de fotografías», la de Mohamed Haddad como la de la persona con quien cruzó la mirada retadora aquella mañana del 11-M.

«Después, con el paso de los días, cuando vi fotos publicadas por los medios de comunicación, me di cuenta de que, entre las fotos que me mostraron ese sábado estaba la de El Tunecino. Esa foto estaba apartada de las del resto, en otro montón. Ese montón me lo enseñaron varias veces. En él no reconocí a nadie».

Su siguiente destino, la Audiencia Nacional. Allí, el juez que instruye la causa por la matanza de Madrid, Juan del Olmo, le volvió a enseñar numerosos álbumes de fotos de sospechosos. «Identifiqué a uno. El magistrado sacó la foto del álbum y la metió en otro y me la volvió a enseñar. Así, hasta tres veces. Creo que trataba de comprobar que mi identificación era seria. Lo identifiqué siempre», asegura tajante E. B.

Pero este testigo, pese a que reconoce que el trato que le dispensaron tanto la Policía como el juez fue de todo punto correcto, se muestra apesadumbrado ante el hecho de que su identidad aparezca en documentos judiciales. «El juez, al igual que la Policía, me dijo que no me preocupara, que no iba a aparecer mi nombre.Yo confió en él. Ahora veo que me han engañado. Yo declaré muy tranquilo porque le creí». Ahora considera que estos engaños le han podido dejar en una situación muy peligrosa. «Si el tiempo corriera hacia atrás, no creo que volviera a hacer lo mismo.Ya no me fiaría ni de la Policía ni de la Justicia. Creo que no volvería a declarar ni identificaría a nadie», indica aún afectado el testigo que vio a tres de los terroristas.



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«Me llamo Mohamed Haddad, marroquí...»

MADRID.- Según la información ofrecida por Marruecos, Mohamed Haddad compareció ante la Policía Judicial de Casablanca el pasado 14 de septiembre, minutos después de las 11 de la mañana. En ese acto accedió a que se le tomase una muestra de su ADN, como había solicitado el juez Juan del Olmo.

En el poco más de un folio en el que Haddad «conversa y confiesa ante las autoridades policiales marroquíes por propia voluntad» -como lo describió en el Congreso el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos- no hay preguntas ni respuestas relativas a los atentados de Madrid. Sólo una aséptica enumeración de sus datos familiares, domicilios habituales y formación escolar recibida.«Mi nombre es Mohamed Haddad, marroquí nacido el 4 de marzo de 1967 en Tetuán...», comienza el escrito.

Haddad, según la transcripción de la Brigada Nacional de Policía Judicial de Casablanca, a la que ha tenido acceso EL MUNDO, declara: «Estoy informado de que se me requiere en el marco en una comisión rogatoria internacional cursada por España». A continuación, añade: «Por el presente autorizo a los técnicos del laboratorio de la Policía Científica de Casablanca a proceder a la extracción bucal de material genético a todos los fines que considere convenientes, sabiendo que estoy en mi derecho de negarme».

«Esto es todo lo que tengo que declarar», concluye.

La comparecencia de Haddad descrita por Marruecos se produce después de que Rabat informase a Del Olmo de que se encontraba «en paradero desconocido» y, por tanto, no le podía entregar su ADN.

El pasado martes, después de que El MUNDO le localizase en un café de Tetuán jugando su habitual partida de dominó, el Ministerio de Justicia marroquí replicó que ya había cumplimentado la petición del juez Del Olmo, y que ésta había sido cursada en agosto. Sin embargo, la solicitud inicial del juez era muy anterior, puesto que ya a finales de abril Marruecos había comunicado al juez que no encontraba a Mohamed Haddad.



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