Banner QSVTV

 

 

   La paz sin honor no es paz, es rendición.

 
Estadisticas y contadores web gratis
Oposiciones Masters

        

  Image hosting by Photobucket

    Escribeme

   
 

   Prensa Digital 
Apycom Java Applets
Links solidarios
Apycom Java Applets

Links 

Apycom Java Applets
Otras  bitácoras
Archivos




19.6.04

 

El juez cree que los confidentes no advirtieron de los atentados

 

19-06-04

11-M LA INVESTIGACION / LA PISTA DE LA GOMA 2

El juez cree que los confidentes no advirtieron de los atentados

Así se recoge en un auto en el que pone en libertad a tres arrestados por la trama de los explosivos y mantiene en prisión a otros tres

MANUEL MARRACO

MADRID.- El juez encargado de la investigación de los atentados de Madrid no ha encontrado hasta ahora ningún dato que indique que las Fuerzas de Seguridad supieron a través de sus confidentes lo que iba a suceder el 11-M.
(.../...)

Así lo explica Juan del Olmo en un auto hecho público ayer en el que señala que «en modo alguno ha detectado este instructor se pueda ver afectada o alterada [la investigación] por la condición supuesta o no de confidentes de dos de los imputados [Rafá Zouhier y Emilio Suárez Trashorras], por cuanto los mismos, en atención a lo que consta en las actuaciones, en modo alguno transmitieron dato alguno sobre los preparativos, intenciones o actuaciones que podrían estar realizando sus conocidos para la perpetración de acción alguna de carácter terrorista».

Del Olmo resalta que tanto el agente de la Guardia Civil como el de la Policía Nacional encargados de contactar con los confidentes han asegurado que ni Zouhier ni Trashorras les transmitieron datos referidos al 11-M antes de esta fecha. Una versión corroborada por ambos confidentes en sus respectivas declaraciones ante el juez.

En el mismo auto, y a propuesta de la fiscal encargada del caso, Olga Sánchez, Del Olmo ordena la puesta en libertad de otros tres arrestados en relación con la trama de los explosivos. Con esa decisión, tan sólo cuatro de los 10 detenidos en los últimos días por su presunta relación con el robo y transporte de la Goma 2 permanecen aún en prisión.

Ayer quedaron en libertad Carmen y Antonio Toro Castro, esposa y cuñado de Trashorras -en prisión desde el 22 de marzo acusado de haber facilitado los explosivos-, así como de Emilio Alvarez, el último detenido en Asturias en relación con la trama. Los tres continúan imputados en la causa y deberán comparecer semanalmente en el juzgado más próximo a su domicilio para estar localizados.Además, se les ha prohibido salir del país.

Continúan en prisión el vigilante de la mina Conchita, Emilio Llano, e Iván Granados y Raúl González, a quienes el juez relaciona con el robo y transporte de la Goma 2. A ellos se suma el menor detenido en Avilés y que ya fue internado en un centro de menores por un periodo inicial de tres meses.

Respecto a Carmen Toro, el auto explica que «no se ha podido acreditar» su intervención efectiva en la trama, «más allá de su presencia en determinados lugares».

Sobre su hermano Antonio, señala que las investigaciones de los últimos días «no han permitido obtener datos» que justifiquen su estancia en prisión. En concreto, el juez explica que «las conversaciones telefónicas que hacían pensar en un nivel superior de participación han sido adecuadamente aclaradas y perfiladas en lo que resultaría una actividad de tráfico de drogas, referida a personas que no se vinculan a los atentados del 11-M, como por el contexto inicial y temporal de las conversaciones cabía considerar».

Antonio Toro, a quien se considera una pieza fundamental en la consecución de los explosivos, ya fue detenido el pasado 27 de marzo y quedó en libertad el 2 de abril. En su primera declaración, admitió que había coincidido en una cárcel de Asturias con el confidente Rafá Zouhier, al que informó de que él podía tener acceso a explosivos. Una vez hecho el contacto, fue su cuñado Trashorras el que prosiguió con la negociación. Según concluye el auto, «se puede fijar que fue Emilio Suárez Trashorras, conocedor de la operativa real de la explotación minera donde había realizado su labor durante un tiempo [...] y utilizando sus contactos personales [...], quien tras recibir los encargos o peticiones de Jamal Ahmidan [El Chino] de lograr sustancias explosivas procedió a fijar el sistema de recogida de la sustancia explosiva, y su traslado hasta Madrid».

Entre quienes participaron en ese traslado se encontraba Emilio Alvarez, que ayer por la mañana prestó declaración antes de quedar en libertad. Según su versión, el 4 de enero Trashorras le propuso trasladar a Madrid en un autobús de línea una bolsa «con CD piratas» a cambio de 600 euros que nunca le llegó a pagar.

Al día siguiente realizó el viaje, y entregó la bolsa de deportes -que iba candada y en realidad transportaba explosivos- a El Chino. Trashorras le había explicado que, aunque la policía lo detuviera, «como máximo» le pondrían una multa. Cuando tras el 11-M supo de la detención de Trashorras y vio la foto de El Chino en los medios de comunicación, comprendió que no había trasladado sólo CD, pero decidió no acudir a la policía por miedo.

Trashorras también intentó que Iván González hiciera otro transporte, pero éste no quiso. Sí aceptó acompañarle para contactar con Raúl González Peláez, El Rulo, «quien sería uno de sus proveedores de sustancias explosivas». El sistema para recoger la dinamita consistía en sustraer cartuchos de Goma 2 Eco y detonadores «que se iban colocando en determinadas zonas protegidas en las inmediaciones de la explotación minera para finalmente ser recogidas en los lugares que se había acordado previamente».

La facilidad para distraer la dinamita se explica por la «dejación de su obligación de control» del encargado de la mina Conchita, Emilio Llano. El juez concluye que esa situación, «mantenida durante mucho tiempo», permitió a Trashorras reunir la cantidad que El Chino le había pedido.

El auto de ayer supone que, por primera vez, Del Olmo ha levantado parcialmente el secreto del sumario, basándose «en la exigencia de ir favoreciendo el conocimiento del objeto de la instrucción judicial por parte de quien se ve directamente afectado» y para que la resolución de ayer pueda ser conocida por las partes, ya que es susceptible de ser recurrida.



Lea mas

18.6.04

 

Una suma inverosímil

 

18-06-04

11-M LA INVESTIGACION


Una suma inverosímil

VICTORIA PREGO

Todo esto es asombroso. Vamos de sorpresa en sorpresa y de duda en duda. Es increíble, o directamente inverosímil, que una sujeta dedicada al trapicheo tenga en su poder un teléfono con un nombre que coincide precisamente con el del jefe de los Tedax. Es inverosímil que un subordinado policial le copie el nombre a uno de sus mandos para hacerse un alias. Mucho más inverosímil es que el propio mando le haya proporcionado a la sujeta su auténtica identidad y un teléfono con la dirección de la sede policial en Madrid.Pero también es inverosímil que, habiendo sido éste un registro llevado a cabo por miembros de la Guardia Civil, éstos envíen al juez el documento sin haber hecho comprobación alguna de lo que tenían delante. El caso es que ya no sabemos si la Guardia Civil y la Policía están dedicadas a investigar quién estuvo realmente detrás de la matanza el 11-M, o a lo que están dedicadas es a intentar adjudicarse recíprocamente la responsabilidad de no haber evitado lo que ocurrió.
Muchos de los implicados directos en el atentado constituían una inaudita legión de confidentes; unos, chivatos de la Policía; otros de la Guardia Civil. Y, a pesar de eso, no sólo el destino de los explosivos sino el mero robo de cientos de kilos de dinamita no fue detectado por nadie en los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado. Y eso hay que aclararlo. Pero, mientras sigue sin respuesta la gran pregunta, se diría que lo que estamos presenciando es un extraño juego de ping-pong. Un juego peligroso


Lea mas

 

Carmen Toro tenía un teléfono con un nombre igual al del jefe de los Tedax

 

18.06-04

11-M LA INVESTIGACION / La Guardia Civil entregó un informe a la Audiencia Nacional en el que aparecían los apellidos «Sánchez Manzano» / Casualmente, uno de los agentes de la UCIE los utiliza como un alias

Carmen Toro tenía un teléfono con un nombre igual al del jefe de los Tedax

CASIMIRO GARCIA-ABADILLO

1. La Guardia Civil informó al juez de que a la esposa del minero confidente se le encontró una anotación con la referencia «Sánchez Manzano (Canillas)»

2. El propio magistrado advirtió que esos dos apellidos corresponden a los del comisario de la Unidad de Desactivación de Explosivos

3. Del Olmo marcó personalmente el teléfono y le contestó un policía que investiga el caso a sus órdenes

4. Este agente aseguró al juez que utiliza como seudónimo esos dos apellidos y que le facilitó a la confidente ese teléfono de contacto

MADRID.- La realidad a veces supera la ficción. Y, en el caso de la investigación de los atentados del 11 de marzo en Madrid, ese axioma se está cumpliendo con dramática precisión.
(.../...)

Ya sabemos que los dos hombres clave en el suministro de explosivos a los terroristas islamistas eran confidentes. Uno, Rafá Zouhier, de la Guardia Civil (en concreto, de la unidad de elite conocida como Unidad Central de Operaciones, UCO). Y el otro, José Emilio Suárez Trashorras, del Cuerpo Nacional de Policía (para más precisión, del jefe de la Brigada de Estupefacientes de Avilés).

Sabemos también que dos de los terroristas que participaron directamente en los atentados (Serhane, El Tunecino, y Jamal Zougam) habían sido investigados, seguidos, e incluso la policía había grabado sus conversaciones.

Además, al menos cinco miembros del comando asesino tenían antecedentes penales.

Pues bien, en las últimas 48 horas se ha producido otro hecho que añade al caso nuevas dosis de misterio.

El pasado miércoles, la Guardia Civil entregó un informe al juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo, que instruye el sumario, en el que, entre otras cosas, se contaba que en un registro a Carmen Toro, esposa del ex minero Suárez Trashorras, se había encontrado un papel en el que se hallaba escrito un teléfono fijo seguido de la referencia «Sánchez Manzano (Canillas)».

Algunas fuentes señalan que hay incluso grabada alguna conversación entre Carmen Toro y el hombre que figura como «Sánchez Manzano».

El complejo policial de Canillas, en Madrid, alberga, entre otras, la Comisaría General de Información, la de Policía Científica y la Unidad de Técnicos en Desactivación de Explosivos (Tedax).

Juan Jesús Sánchez Manzano es el comisario jefe de los Tedax.Esta es, sin duda, una de las mejores unidades de la policía española. De hecho, uno de sus agentes logró desactivar en la madrugada del 12 de marzo una de las bombas que iban en los trenes de la muerte, descubierta en la comisaría de Puente de Vallecas.

Gracias a esa acción, se pudo conocer con exactitud el explosivo utilizado y, sobre todo, se logró localizar la tarjeta del teléfono móvil que ha sido la clave para desarrollar toda la investigación posterior.

Por tanto, Del Olmo se percató perfectamente, cuando la Guardia Civil le entregó su informe, de la relevancia que tendría para el caso el hecho de que Carmen Toro, una de las personas relacionadas con los explosivos y que, además, acaba de ingresar en prisión, tuviera en su poder el teléfono del jefe de los Tedax.

El juez preguntó al agente de la Benemérita si, efectivamente, se había comprobado que el número de teléfono allí apuntado se correspondía con el del comisario jefe de la Unidad de Desactivación.El agente respondió con una negativa. Así que el propio magistrado fue el que marcó el teléfono sospechoso.

Al otro lado de la línea, para sorpresa del juez, apareció la voz de una persona que se identificó como agente de policía.En efecto, se trataba de uno de los miembros de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) que está siguiendo el caso de los atentados de marzo a las órdenes del propio juez.

Preguntado por Del Olmo, el policía reconoció que había utilizado esos apellidos como un alias en ésta y en otras operaciones y que fue él mismo quien le dio su teléfono a la mujer de Emilio Suárez Trashorras antes de que se decretara su ingreso en prisión para que pudiera ponerse en contacto con él si recordaba algún detalle relevante para la investigación.

Hay algo que parece, cuando menos, extraño, y es el hecho de que la Guardia Civil no comprobara, antes de remitir su informe a la Audiencia Nacional, si el teléfono en cuestión correspondía realmente o no al jefe de los Tedax.

Juan Jesús Sánchez Manzano lleva algo más de dos años al frente de dicho cuerpo. Comenzó su carrera profesional en la policía en el área de formación y, tras convertirse en comisario, fue trasladado a Pamplona. Posteriormente, trabajó en el sector privado y, finalmente, fue nombrado responsable de la Unidad de Desactivación, en la que cumple una eficiente función como gestor de la misma.

¿Alguien ha tendido una trampa para fomentar la idea de que en torno al 11-M existe una trama policial con ramificaciones en la cúpula del cuerpo? Esa es una sensación que flota en el ambiente.

En un primer momento, la investigación sobre los explosivos correspondió a la Policía Nacional, que contó con la colaboración de agentes del CNI (Centro Nacional de Inteligencia). Desde hace casi dos meses, es la Guardia Civil la que se encarga de resolver ese aspecto del caso.

Complejo entramado

Por lo que se sabe hasta el momento, los explosivos que se utilizaron en los atentados comenzaron a ser trasladados a Madrid desde principios de año en pequeñas cantidades. Sin embargo, el robo de dinamita más importante tuvo lugar en la noche del 28 de febrero.

Las declaraciones de los miembros de la llamada célula de Avilés han puesto de relieve el papel relevante de Suárez Trashorras en el entramado para poner a disposición de los terroristas los 200 kilos de dinamita Goma 2 ECO usados en los ataques.

El contacto entre dicha célula y los terroristas se produjo gracias a Rafá Zouheir, quien coincidió a finales de 2001 en la cárcel de Villabona con Antonio Toro, hermano de Carmen y, por tanto, cuñado del minero Suárez Trashorras.

Fue en dicha cárcel donde Toro le informó a Zouheir de que él podía obtener dinamita con cierta facilidad. Pero también fue en esa prisión donde la Guardia Civil captó a Zouheir como confidente.

Desde ese momento, el marroquí estuvo pasando información puntual a los agentes de la UCO de sus viajes a Asturias e incluso consiguió que Toro y su cuñado le proporcionaran un cartucho de dinamita que el confidente entregó como prueba a sus controladores durante el verano de 2003.



Lea mas

17.6.04

 

LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M (III) Así se transportó la dinamita

 

17-06-04

Así se transportó la dinamita

Parte de los explosivos viajó en tres autobuses de línea

Por FERNANDO MUGICA

LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M (III). Desvelamos hoy los detalles pormenorizados de uno de los capítulos más intrigantes de los atentados de Madrid. Se trata de la forma en que se obtuvieron los explosivos y la metralla utilizada en la masacre de los trenes, la forma en que se organizó su transporte desde Asturias hasta Madrid y cómo se entregó a los islamistas radicales. Produce espanto que buena parte de la dinamita se trasladara en autocares de línea regular, llenos de pasajeros, al menos en tres viajes diferentes, desde la estación de autobuses de Oviedo hasta la de Méndez Alvaro de Madrid. Introduce un nuevo dato, si cabe más desasosegante, constatar que la 'célula de Avilés', todos españoles y muchos de ellos confidentes policiales, sirvieron de guía durante meses a los integristas, les proporcionaron vehículos y les recordaron que no se olvidaran de los clavos que les habían preparado y que luego fueron usados como metralla. El abismo del 11-M nos lleva, cada día más, a exigir que se esclarezca toda la verdad.

(.../...)

El relato ha salido de la boca de El Gitanillo con la naturalidad del que tiene aún todo por vivir y ya nada que perder.

El juez central de menores de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, decretó ayer el internamiento preventivo por tres meses, prorrogables por otros tres, de un menor de tan sólo 16 años, G.M.V., conocido en su ambiente de Avilés donde reside como El Gitanillo.

El juez Juan del Olmo decretó ayer también prisión incondicional e incomunicada para cinco de los detenidos esta semana en Asturias en relación con la célula de Avilés: la mujer de Emilio Suárez Trashorras, Carmen Toro; Antonio Toro, hermano de la anterior; Iván Granados; Raúl González y el encargado de Mina Conchita, Emilio Llano.

A todos ellos se les acusa de colaboración con banda armada y al último se le imputa también un delito de cooperación en el transporte de explosivos.

El menor G.M.V. explicó ayer en presencia del Ministerio Fiscal, representado por Olga Emma Sánchez Gómez, y del abogado José Baeza Martínez, y con todo lujo de detalles, los pormenores sobre cómo se consiguieron los explosivos presuntamente utilizados para la masacre del 11-M, quiénes los robaron y cómo se transportaron a Madrid y se entregaron a los islamistas radicales.

Se despeja de esta forma una parte importante del modo en que se prepararon los atentados que costaron la vida a 192 personas.

Tal vez la sorpresa más importante para el lector sea que los explosivos comenzaron a transportarse desde Asturias a Madrid en la primera semana de 2004 y no a finales de febrero, como se creía hasta ahora.

Por la ruta de la muerte que organizó la llamada célula de Avilés con el confidente policial Emilio Suárez Trashorras a la cabeza, viajaron decenas de pasajeros en los autobuses de línea junto a una mortífera carga que sumaba de 15 a 20 kilos en cada ocasión.El colmo de la perplejidad se produce al comprobar que, según el testimonio directo de El Gitanillo, Suárez Trashorras insistió a El Chino -uno de los autores de la matanza- en que, además de los explosivos, recogiera de la Mina Conchita los clavos que les había preparado junto a la dinamita. Puntas como las que sembraron el dolor y la destrucción en las explosiones de los trenes, al ser usadas como metralla. O como las que fueron descubiertas en la mochila sin explotar que apareció en la comisaría de Vallecas.

El traslado de la dinamita se realizó, al menos, en cuatro ocasiones y utilizando dos métodos distintos. En los tres primeros viajes -entre la primera semana de enero y la tercera de febrero- se usó como mulas a tres jóvenes del mundillo de la delincuencia de Avilés.

Uno de ellos, al que El Gitanillo identifica como Sergio, alias Amocachi -Sergio Alvarez, de 23 años, ya detenido-, lo hizo para obtener dos tabletas de 200 gramos de hachís, que en el mercado puede equivaler a algo más de 1.000 euros.

El viaje -en el que estaba muy asustado, según comentó Sergio más tarde- lo hizo como un pasajero más en un autobús de Alsa.Lo mismo había hecho un joven al que identifica el declarante como Jimmy -y al que las Fuerzas de Seguridad están tratando de localizar-. En esta ocasión, y también en un autobús de Alsa, Jimmy transportó una maleta «para los moros» y un dinero que terminó quedándoselo, por lo que tuvo una bronca con los que le esperaban en Madrid.

El tercer viaje lo hizo el propio G.M.V. por encargo de Emilio Suárez. En su declaración detalla cómo éste le ofreció a primeros de febrero el encargo.

Le dio la mochila en el garaje de Emilio que está en la Travesía de la Vidriera, de Avilés. Se subieron en el coche de Emilio, un Toyota Corolla, y se fueron hasta la estación de autobuses de Oviedo. Subió a uno de la compañía Alsa, en clase Supra, dejando la mochila con los explosivos en el espacio de carga del autobús junto al resto de las maletas de los pasajeros.

Llegó a Madrid a la estación de autobuses de Méndez Alvaro. Buscó enfrente el bar Virrey y llamó a un número de teléfono, el 665040605, que correspondía, según Emilio, «a un moro amigo» suyo.

Cuando llamó a ese número y se identificó como «el asturiano» le dijeron que aguardara allí durante media hora. El moro le llamó poco después y le dijo que cruzara la calle hasta un coche que estaba aparcado en doble fila. Le entregó la mochila al hombre que estaba en un Opel Astra de color oscuro.

PESABA 15 O 20 KILOS

Era el mismo moro que luego vio, a finales de febrero, por Avilés en un Volkswagen Golf de color negro.

Regresó a la estación y compró un billete para volver a Oviedo ese mismo día. Según El Gitanillo, la mochila pesaba entre 15 y 20 kilos y estaba cerrada con un candado. La bolsa era negra con asas muy grandes, como las que se usan para llevar la ropa de hacer deporte.

Sabía que llevaba explosivos porque se lo había dicho Iván Granados Peña, alias El Piraña, quien le contó que él mismo había ido con Emilio Suárez hasta la mina donde éste había trabajado -Mina Conchita- para recoger el explosivo y que fue Emilio quien la robó mientras Iván se quedaba vigilando.

El sistema para poder hacerlo era simple, según cuenta El Gitanillo.Un minero al que Emilio conocía anotaba que consumía más explosivos de los que en realidad utilizaba. El minero le daba a Emilio el sobrante. Primero lo escondía en los alrededores y luego Emilio iba a buscarlo cuando no había nadie.

El menor G.M.V. fue un testigo de excepción en el viaje que realizaron los marroquíes Jamal Ahmidan, alias El Chino, Mohamed Oulad y Abdennabi Kounjaa los días 28 y 29 de febrero a Avilés para recoger el cargamento principal de explosivos. El propio Gitanillo les ayudó con la dinamita. Estos son los detalles de la operación.

Antes de que «vinieran los moros», Emilio le llevó camino de Pravia a la mina donde había trabajado hasta octubre de 2002 -Mina Conchita-. Le dejó allí en el coche y se fue a hablar con dos mineros, hacia las cuatro de la tarde. Cuando regresó le comentó: «Esto está hecho. Esto está bien».

«NO OS OLVIDEIS LAS PUNTAS Y TORNILLOS»

Dos días después, el 28 de febrero, sobre las cinco de la tarde, Emilio apareció en su barrio en el Toyota Corolla con «dos moros» que iban en un Golf negro. Uno de ellos era el que «había visto en la estación de Madrid» -se trataba de El Chino-.

Fueron a Avilés a casa de Emilio a por unas botas para «el moro».Se marcharon a la mina y Emilio y El Chino caminaron hacia el monte mientras El Gitanillo y los otros dos marroquíes esperaban en el Toyota.

Bajaron después de tres cuartos de hora y El Gitanillo -según ha declarado- le oye a Emilio una frase que, a la luz de lo sucedido después, adquiere un sentido terrorífico: «No os olvidéis de coger las puntas y tornillos» que estaban «15 metros más adelante».

Los marroquíes se fueron a comprar unas mochilas. Emilio dejó al menor en su casa, pero le llamó media hora más tarde para que fueran a la panadería Magdalena sobre las 22.30 horas. Allí se encontraron con Rubén Iglesias y Javier González El Dinamita.Hablaron del hachís que traían los moros.

Esa misma noche, Emilio envió a El Gitanillo con los tres marroquíes hasta la mina, en dos coches, el Golf de El Chino y un Ford Escort de Emilio. Dejaron el Golf aparcado en las inmediaciones de un bar de la carretera, pasado un puente. Metieron las mochilas que estaban en el Golf en el maletero del Escort y se subieron todos en este último vehículo.

Las mochilas las habían comprado en un centro comercial de Avilés y eran del tipo de montaña.

Pasada la medianoche llegaron hasta la barrera de la mina. Estaba muy oscuro. Los marroquíes se marcharon con linternas muy finas.

El menor aparcó el vehículo en los alrededores como le había aconsejado Emilio, de forma que si llegaba la policía pudiera decir que venían de fiesta y se encontraba descansando. Cuatro o cinco horas más tarde llegaron los moros con las mochilas cargadas.Una la llevaba El Chino y los otros cargaban con dos cada uno.Las metieron en el maletero y se fueron a buscar el otro coche.

INTERCAMBIO EN EL GARAJE DE EMILIO

Cuando se dirigían hacia Avilés se cruzaron con Emilio, que iba en su Toyota, y pararon todos en un aparcamiento para camiones.Emilio mandó al menor que se cambiara de coche y habló con los marroquíes durante cinco minutos. Luego continuaron la marcha en los tres vehículos hacia el garaje de Emilio, en Avilés.

Allí, más o menos cuando estaba amaneciendo, sacaron lo que había en las mochilas y lo metieron en bolsas de basura de color azul que volvieron a meter, una vez llenas, en el Golf. El Gitanillo describe el contenido como paquetes de unos 30 centímetros envueltos en plástico a través del cual se distinguían como unos tubos redondos de unos 20 centímetros.

Volvieron a la mina ya de día. Pararon a descansar como media hora. Los tres marroquíes, tal como habían hecho durante la noche, caminaron de nuevo, cargados de mochilas, hacia el monte. Una hora y pico más tarde bajaron con las cinco bolsas llenas. Se dirigieron después al garaje de Emilio, en Avilés.

Al menor, esta vez, le mandaron afuera. Eran como las 12 del mediodía cuando acabaron y se fueron a desayunar a Casa Tito.Allí Emilio se encontró con Rubén Iglesias y hablaron de nuevo sobre hachís.

Emilio comentó al menor que lo que habían traído eran explosivos para reventar los escaparates de las joyerías y las cajas fuertes en Madrid. Emilio se apresuró a asegurarle que si se lo contaba a alguien le matarían a él y a su padre.

Es curioso que durante la estancia en el garaje, el menor comenta que apareció una persona, a la que no identifica y que al verles con las mochilas les preguntó algo relacionado con el Puerto de San Isidro.

G.M.V. declara que habló sobre esa noche más adelante con Emilio.Fue cuando el 1 de marzo salió la noticia de que se habían interceptado 500 kilos de explosivos con los que se iba a cometer un atentado en un polígono de Madrid. Emilio le dijo que podían haber sido los moros. Luego, al ver que era ETA se olvidó del asunto.

Cuando sucedió la tragedia del 11-M en Madrid, Emilio le dijo textualmente: «Menuda la que ha armado Mowgly» -era el apodo con el que más conocían a El Chino en Avilés-. A partir de ese momento, El Gitanillo sintió miedo de que le pasara algo y se alejó del entorno de Emilio.

EL ACCIDENTE CON EL TOYOTA

Por el trabajo de aquella noche de finales de febrero, el menor no recibió ningún pago, aunque Mowgly le dio 200 euros.

Quiso incluso que le acompañara en el viaje con los dos coches, el Golf y el Toyota, llenos de explosivos a Madrid, pero no aceptó.Emilio le mandó cinco días más tarde a Madrid a recoger el Toyota.Fue él quien le compró, de nuevo, un billete en autobús.

Llegó a la estación de Méndez Alvaro pasadas las 11 de la noche.Allí le esperaban «dos moros», uno al que ya conocía y otro desconocido para él. Sólo faltaban seis días para los atentados del 11-M.

Les preguntó por Toledo, porque quería ir hasta una caravana donde vivían sus tíos. Los propios marroquíes le acompañaron un trecho en el Toyota por Madrid. Luego le indicaron la dirección que debía tomar. Fue poco después cuando un coche de la policía le dio el alto. Se puso nervioso y tuvo un accidente. Quedó inconsciente y le llevaron al hospital, no sabe a cuál. Desde allí fue hasta un cuartel de la Guardia Civil y luego a un Centro de Menores cerca de la Gran Vía.

Javier González, El Dinamita, e Iván acompañaron a la hermana de El Gitanillo, Tamara, en un coche Lancia que les proporcionó Emilio hasta Madrid para recogerlo. Pero sus tíos, los de Toledo, se adelantaron, así que El Dinamita tuvo que volverse ese mismo día, enfadado, a Avilés. El menor se quedó unos días en Toledo con sus tíos. Emilio se apartó de El Gitanillo desde el día del accidente, según el propio declarante.

UN CHALE POR LA ZONA DE LA WARNER

Sobre la ubicación de los moros en Madrid, G.M.V. ha manifestado que Emilio le comentó que Mowgly se estaba haciendo un chalé «por la zona de la Warner» y que él y su mujer habían estado comiendo allí al regreso del viaje de novios -el 26 de febrero-.

El Gitanillo insiste en que Emilio usaba muchos móviles a la vez, incluidos el de su mujer y el de Iván. Afirma que existe una relación muy buena entre El Dinamita y Emilio y que ambos han ido a Madrid para hacer negocios de hachís con Mowgly.

El menor dice no conocer a Rafá Zouheir, el marroquí confidente de la Guardia Civil que puso en contacto a los radicales islamistas con los de Avilés, tras coincidir con Antonio Toro en la cárcel asturiana de Villabona, pero comenta que Emilio le habló de un Rafa «moro» que conoció en la cárcel y que había atracado una joyería en Parque Principado, cerca de Oviedo.

En toda investigación periodística los datos se van entretejiendo a base de paciencia y de separar la verdad de la mentira en centenares de conversaciones con personajes de toda condición. Es casi un milagro encontrar la declaración de una persona que pueda, por sí sola, desvelar uno de los capítulos más enrevesados de los agujeros negros del 11-M.

Un chico de 16 años, casi un niño, ha hecho una aportación de gigante para el esclarecimiento de los hechos. La conexión española, que fue capaz de proporcionar el explosivo, la metralla y la infraestructura de su transporte, nos asoma, sin embargo, a un abismo que parece cada vez más tenebroso.



Lea mas

16.6.04

 

Una pedrea en la que todos ganan

 

16-07-04

11-M LA INVESTIGACION / LOS EXPLOSIVOS

Una pedrea en la que todos ganan

Por Victoria Prego

Esto es lo que se llama una comisión personalizada. Ya ha quedado claro que, en lo que llevamos de sesiones, hay versiones para todos los gustos y para todas esas conclusiones previas que sobrevuelan la sala hasta hacerse casi visibles.
(.../...)

Si el juez Garzón declara, como hizo ayer, que uno de los artificieros le comentó la mañana de la matanza que el explosivo podría ser Titadine, el Partido Popular se siente inmediatamente respaldado y legitimado en su versión de que el Gobierno actuó con buena fe y transparencia. Si Garzón explica a continuación que, en la noche del mismo jueves, el propio Pedro Díaz-Pintado, en aquel momento máximo mando en la escala policial, le comentó que las posibilidades de que fuera ETA o los islamistas se repartían al 50% pero más «tirando al sur», el bloque de partidos que se aglutina en torno al PSOE siente la satisfacción de ver confirmadas y legitimadas sus tesis de que el Gobierno mintió.

Si después declara el fiscal Fungairiño, de la Audiencia Nacional, y dice que, hasta el sábado 13 de marzo, él estuvo pensando que era ETA, el PP suspira aliviado mientras el bloque en torno al PSOE sonríe incrédulo de medio lado. Pero si Fungairiño añade que no supo nada de la famosa furgoneta de Alcalá de Henares hasta ayer, al PP se le hunde la moral y al otro lado de la sala la alegría sube dos tonos, porque una salida de ese tipo tiene como efecto inexorable el de restar valor al resto de las opiniones del fiscal. Y en esto andamos.

Algunos, pocos, de los presentes intentan avanzar en el establecimiento de una verdad que de momento se está demostrando poliédrica, cosa que es vieja como el mundo. Y uno de esos es el diputado de CiU, Jordi Jané, que, además de exhibir un conocimiento profundo y detallado de los hechos, demuestra en cada intervención su disposición a admitir que la verdad que busca le ofrezca de pronto una nueva cara o, sencillamente, pierda súbitamente la que tenía.

De la sesión de ayer salió, creo, que lo del Titadine no era una invención manipuladora y políticamente interesada del señor Díaz-Pintado y del Gobierno, pero también que las dudas de los responsables sobre la autoría de la matanza fueron muy anteriores a lo que de las declaraciones públicas se pudo entonces deducir.No es mucho, pero es lo que hay.



Lea mas

This page is powered by Blogger. Isn't yours?