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7.2.08

 

11-M: La sentencia - 06/02/08

 

11-M: La sentencia - 06/02/08


El hallazgo de la Kangoo coincidió con un aviso de bomba que obligó a desalojar cinco edificios de Alcalá



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6.2.08

 

El hallazgo de la Kangoo coincidió con un aviso de bomba que obligó a desalojar cinco edificios de Alcalá

 




ENIGMA 42: 11-M EN ALCALÁ

El hallazgo de la Kangoo coincidió con un aviso de bomba que obligó a desalojar cinco edificios de Alcalá

A las once y cuarto de la mañana del 11-M, menos de cuatro horas después de que diez bombas hicieran estallar cuatro trenes repletos de viajeros, en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares se recibió una llamada: "Hemos colocado más bombas". Fue una llamada muy corta. El anónimo comunicante, que no tenía ningún acento especial, se limitó a decir que habían depositado sendos artefactos explosivos en el propio Ayuntamiento, en la estación de autobuses y en una notaría.

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4.2.08

 

Intervención Angeles Pedraza IV Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo

 

Fenomenal intervención de Angeles Pedraza recordando a su hija Myriam y sus inquietudes en busca de la Verdad del 11M

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Intervención de Angeles Domínguez en el IV Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo

 

Intervención de Angeles Domínguez Presidenta de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M en el IV Congreso de Víctimas del Terrorismo. Emocionante y valiente intervención.

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Moscoso y un enviado de Rubalcaba se reunieron con ETA tras la T-4

 

04-02-08



LUCHA ANTITERRORISTA / Reforzado por Eguiguren, fue el tándem elegido para intentar reconducir una situación frente a etarras que no eran de primera fila pero que venían avalados como interlocutores por la Fundación Dunant

Moscoso y un enviado de Rubalcaba se reunieron con ETA tras la T-4


ANGELES ESCRIVA

MADRID.- El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, consideró pertinente enviar a un hombre de su confianza a los contactos que el Gobierno mantuvo con los representantes de la banda terrorista ETA tras el atentado de la T-4 de Barajas. Se trata de un hombre relacionado con el mundo de las leyes, que no tiene relevancia pública, por lo menos en el ámbito de la política, pero que garantizaba que el titular de Interior pudiera estar exhaustiva y directamente informado de todos los detalles ocurridos en aquellos encuentros.

El interlocutor elegido por Rubalcaba reforzó así el trabajo de Javier Moscoso, el ex fiscal considerado hombre de Zapatero en esas reuniones y en algunas de las anteriores habidas, tanto con la banda como con Batasuna, una vez anunciada la tregua en marzo de 2006. Este fue el tándem elegido por el Gobierno para intentar resolver una situación muy delicada que no tuvo un buen desenlace.
(.../...)

Este equipo, en algún encuentro puntual que pudiera resultar ineludiblemente relevante, estuvo reforzado por Jesús Eguiguren, el presidente del PSE, que conocía todos los recovecos de los planteamientos realizados hasta el momento. No en vano, es el político que estuvo desde el origen en la preparación de la tregua -años antes incluso de que José Luis Rodríguez Zapatero alcanzase la presidencia-, y en su desarrollo, una vez la banda terrorista mostró su disposición a interrumpir indefinidamente su actividad.

ETA, por su parte, envió a negociadores que no eran de primera fila pero que estaban investidos de suficiente representación -no fueron ni el que había sido considerado número uno de la organización Josu Ternera ni Lopez Peña, que fue el etarra que le sustituyó en la reunión mantenida 15 días antes del atentado de Barajas- por temor a que, en los traslados hasta la sede de los encuentros, un lugar próximo a Ginebra, pudieran ser detenidos.

De hecho, uno de los participantes en algunos encuentros entre el Gobierno y la banda antes de la T-4, Juan Carlos Yurrebaso, fue arrestado en el sur de Francia por un gendarme cuando, según aseguró, acudía a una reunión de estas características; y no le sirvió de nada esgrimir los teléfonos de los asesores de Nicolás Sarkozy, entonces ministro del Interior. En cualquier caso, la Fundación mediadora, la Henry Dunant, garantizaba, no obstante, que los presentes eran los autorizados por la dirección de la organización para mantener las conversaciones.

El jurista enviado por Alfredo Pérez Rubalcaba estaba menos entrenado en estas lides. Moscoso había estado presente en otras reuniones, no sólo con ETA sino también con Batasuna. El fiscal habría participado en otoño de 2005 en un encuentro para concretar las fechas de la tregua. A partir del alto el fuego anunciado por la banda se incorporó en alguna ocasión a las reuniones que los representantes del PSE venían manteniendo desde hacía años con Arnaldo Otegi y Pernando Barrena en el caserío Txillarre, en Guipúzcoa.

Efectivamente, como reconoció el presidente del Gobierno en la entrevista concedida a este periódico, y como remarcó la vicepresidenta De la Vega el pasado viernes, la iniciativa de dichos contactos tras la T-4 no fue del jefe del Ejecutivo sino de una organización internacional, y varios gobiernos dieron apoyo y cedieron sus infraestructuras para que los encuentros pudieran llevarse a cabo. Pero no hubo sólo conversaciones indirectas en las que los mediadores eran los que se veían cara a cara con los etarras.

Este periódico publicó tras la T-4 que Batasuna y el PSE habían mantenido conversaciones con el fin de intentar reconducir la situación y encontrar una salida. Poco después, Arnaldo Otegi realizó un comunicado pactado con la banda que se consideró prometedor en su día porque, a pesar de que no condenaba el atentado, solicitaba el regreso a la situación inicial de la declaración de tregua. Todavía se creía que Batasuna podría encarrilar la situación por temor a que sus bases no entendieran lo que estaba ocurriendo y a las consecuencias que podía tener la ruptura sobre los dirigentes de la formación ilegalizada, unas consecuencias que se vieron en octubre con su ingreso en prisión.

Meses más tarde, durante la precampaña electoral de los pasados comicios municipales, EL MUNDO también informó de que el Ejecutivo y ETA habían recuperado los contactos, que habían abordado -no se sabe en qué términos concretos- la presencia de la izquierda abertzale en la citada convocatoria a la que finalmente pudo presentarse ANV, y que se había hablado también de ciertas filtraciones periodísticas que la banda estaba realizando y que estaban perjudicando el proceso.

Pero medios del entorno de ETA concretaron más. Aseguraron que esas reuniones se produjeron a finales de marzo, el 31, a mediados de mayo, los días 14, 15 y 16, y, la última, en la que se certificó el fracaso del intento, el día 21 de ese mismo mes. Se trasladó, en definitiva, a una capital europea, probablemente Ginebra, el esquema de las dos mesas entre Batasuna y el PSE, y entre el Gobierno y ETA.

Respecto a la iniciativa de las conversaciones, este periódico explicó el 7 de julio de 2007, que ETA se puso en contacto con los representantes del Sinn Fein -con quienes tanto la banda terrorista como Batasuna habían tenido una relación extraordinariamente fluida antes y durante el tiempo de la negociaciones- y éstos hicieron llegar al Gobierno el mensaje. Sostenían, según se informó entonces, que ETA tenía una oferta que realizar e insistieron en que no se debía dar por finalizado el proceso. Fue entonces cuando, a instancias de esta organización, Rodríguez Zapatero consideró conveniente sondear si ambos puntos eran ciertos. El Sinn Fein, actualmente copartícipe en el Gobierno noirlandés, se incorporó al grupo de cinco árbitros aceptados por la Henry Dunant.

La oferta de la banda terrorista, como se supo ya entonces, no fue más que la exigencia de unidad jurídico política del País Vasco y Navarra -la llamada autonomía a cuatro-, que Batasuna había planteado in extremis al PSE y al PNV en otoño de 2006, en las fracasadas reuniones preparatorias de la mesa de partidos vascos que debían negociar un nuevo marco político. Cuando esta propuesta estuviese en marcha, ETA se comprometía a dejar el terrorismo.

El Gobierno explicó que la propuesta era imposible legalmente y cualquier otra salida fue rechazada por la banda terrorista que, probablemente, estaba intentando con todas estas maniobras justificar ante los suyos -hasta ese momento lo había intentado con escasa fortuna- que quien tenía la culpa de que el proceso hubiese fracasado no era el atentado de la T-4 sino la intransigencia del Ejecutivo.

Estos serían los contactos en las que estuvieron presentes los dos interlocutores citados y, de manera puntual, algunos otros.

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LO PEOR NO FUE NEGOCIAR CON ETA, SINO ENGAÑAR A LOS CIUDADANOS

 

04-02-08



Editorial

LO PEOR NO FUE NEGOCIAR CON ETA, SINO ENGAÑAR A LOS CIUDADANOS


EL MUNDO revela hoy que el Gobierno accedió a mantener contactos con ETA tras el atentado de la T-4 de Barajas a petición de la propia banda, que utilizó al Sinn Fein de intermediario. Ello matiza las propias declaraciones de Zapatero a este periódico del pasado 13 de enero, cuando afirmó que «los contactos continuaron con una situación ya muy deteriorada. Y fue debido al deseo de instancias internacionales».

Queda claro, por tanto, que las conversaciones se reanudaron, que la iniciativa la tomó ETA y que el Gobierno accedió a seguir hablando tras designar una delegación compuesta por tres interlocutores: un hombre de confianza de Zapatero, otro de Rubalcaba y otro representante del máximo nivel del PSE.


(.../...)

La vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, aseguró el pasado viernes que, tras el atentado de diciembre de 2006, los mediadores internacionales decidieron por su cuenta «seguir sondeando» a ETA y que «transmitieron» al Gobierno a posteriori el resultado de los contactos. Eso no es cierto: Zapatero aceptó previamente el diálogo y envió a tres representantes a reunirse hasta cuatro veces con ETA.

Igualmente inverosímil y falsa es la versión del ministro Fernández Bermejo, que señaló en este periódico que Zapatero autorizó a los mediadores internacionales a tomar la temperatura a ETA «para saber a qué atenernos».

De la Vega y Fernández Bermejo han intentado ocultar lo que sucedió recurriendo a la ambigüedad y a las medias verdades, pero López Garrido ni siquiera se ha tomado la molestia: optó por negar cínicamente los hechos en su debate con Zaplana, asegurando que no hubo ningún contacto. En abril del año pasado, afirmó lo mismo para desmentir a este periódico.

El PSOE ha intentado esta semana pasada arrojar una cortina de humo sobre las palabras de Zapatero. La cuestión es entonces por qué el presidente lo admitió en la entrevista con el director de EL MUNDO.

Hay que descartar que se le escapara. Ayer manifestaba a La Razón que había querido ser «sincero» pero también sugería que tal vez debería haberse «callado» para no dar argumentos al adversario. Da la impresión de que Zapatero se debate todavía entre su afán de reivindicar y defender su papel y la conveniencia de guardar silencio.

La actitud que ha mantenido pone en evidencia lo elástica y tortuosa que es la palabra de un presidente que dijo que su partido no se reuniría con una formación ilegalizada como Batasuna, que afirmó que primero era «la paz y luego la política», que dio por «verificada» la tregua de ETA y que defendió el derecho de ANV a presentarse a las elecciones.

No estamos diciendo que Zapatero sea un mentiroso compulsivo ni un malvado, pero sí que tiene la mala costumbre de relativizar u ocultar la verdad si le conviene. Salvando las distancias, que son enormes porque no estamos hablando de delitos sino de errores políticos, la actitud de Zapatero ha sido tan esquizofrénica en este asunto como cuando González negaba que el Gobierno estuviera detrás de los GAL y luego justificaba la guerra sucia. Zapatero ha dicho primero una cosa y luego la contraria. Este asunto no es baladí porque estamos hablando de un gobernante que tiene la obligación moral de no engañar a los ciudadanos.

Lo verdaderamente grave en este asunto no es que el Gobierno volviera a negociar con ETA tras el atentado, sino que Zapatero y sus colaboradores dijeron que no iban a hacerlo, lo hicieron y luego lo negaron. En política, el fin por noble que sea -y la búsqueda de la paz lo es- no justifica los medios y cuando un gobernante engaña a los electores destruye su credibilidad. ¡Cómo le van a creer ahora cuando afirma que no volverá a autorizar nuevos contactos con ETA!

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«No ha habido ningún diálogo del Gobierno con ETA desde la T-4»

 

04-02-08



LUCHA ANTITERRORISTA / Los encuentros con la banda / LO QUE LOS SOCIALISTAS DIJERON TRAS EL ATENTADO DE BARAJAS

«No ha habido ningún diálogo del Gobierno con ETA desde la T-4»


El propio José Luis Rodríguez Zapatero afirmó en varias ocasiones que los contactos con la banda habían finalizado tras la explosión de diciembre de 2006 en el aeropuerto madrileño

ROBERTO BENITO

MADRID.- Desde el mismo día del atentado de la T-4, el Gobierno dio por finalizado el proceso de negociación con ETA. Así lo manifestaron miembros del Ejecutivo en repetidas ocasiones durante los meses siguientes, incluido el propio José Luis Rodríguez Zapatero, que aseguró varias veces que se habían interrumpido los contactos con la banda.

30 de diciembre de 2006.

El día en el que la banda terrorista hizo volar por los aires el aparcamiento de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, asesinando a dos personas, José Luis Rodríguez Zapatero compareció en La Moncloa para informar de que había ordenado «suspender todas las iniciativas para desarrollar el diálogo con ETA». No obstante, preguntado hasta en tres ocasiones sobre si eso significaba que el proceso de paz había finalizado, el presidente del Gobierno evitó dar una respuesta clara.
(.../...)

3 de enero de 2007.

Ante las dudas que la ambigua declaración del presidente provoca en la opinión pública y en respuesta a las insistentes reclamaciones del PP para que el Gobierno aclare su posición, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, afirma que el proceso de negociación está «roto, liquidado y acabado» y certifica que es «insalvable». En una rotunda declaración, dice: «La violencia es incompatible con el diálogo en cualquier democracia y esto el Gobierno lo va mantener a capa y espada».

6 de enero de 2007.

Una semana después del atentado y coincidiendo con la celebración de la Pascua Militar, Rodríguez Zapatero explica en un encuentro informal con periodistas que ETA ha cometido una «grave equivocación», que supone el «punto y final» del diálogo y del proceso de paz.

15 de marzo de 2007.

El jefe del Ejecutivo formula la que con el tiempo ha terminado siendo la postura oficial del Gobierno: que se interrumpieron los contactos con la banda, pero se siguió recibiendo información del entorno etarra. En una entrevista, Zapatero garantiza que «no hay ningún contacto para el diálogo», pero advierte que el Ejecutivo siempre tiene que saber lo que está pasando «en ese mundo».

1 de abril de 2007.

El portavoz del PSOE en el Congreso, Diego López Garrido, se suma a los que dan por finiquitados los contactos con ETA. En una entrevista dice que la banda «ha agotado toda credibilidad» y que «no hay ningún diálogo».

20 de mayo de 2007.

En plena campaña de las elecciones municipales y autonómicas, Zapatero convoca a una comida a un grupo de periodistas para transmitirles que «no ha habido ningún diálogo del Gobierno con ETA desde el atentado de la T-4 en Barajas». Repite la idea de que, pese a ello, el Ejecutivo «tiene la obligación de tener la mejor información posible» y dice que las informaciones que desvelan contactos entre el Gobierno y la banda son «un dislate».

15 de junio de 2007.

Nueve días después de que la banda diese por finalizada la tregua, el diario Gara publica que «sendas delegaciones del Gobierno español y ETA, por un lado, y de Batasuna y PSOE, por otro, se reunieron entre el 14 y el 21 de mayo». María Teresa Fernández de la Vega y Diego López Garrido lo niegan e instan a creer al Gobierno. De la Vega afirma que no ha habido «absolutamente ningún» contacto.

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...Y LO QUE LOS SOCIALISTAS HAN DICHO EN LAS ULTIMAS SEMANAS

 

04-02-08



LUCHA ANTITERRORISTA / Los encuentros con la banda

...Y LO QUE LOS SOCIALISTAS HAN DICHO EN LAS ULTIMAS SEMANAS


ROBERTO BENITO

J. L. R. ZAPATERO

«Autoricé nuevos contactos con ETA tras la T-4»

En la extensa entrevista que el pasado mes de enero concedió al director de EL MUNDO, José Luis Rodríguez Zapatero desveló por sorpresa que, al contrario de lo que tanto él como varios miembros de su Gobierno y su partido habían afirmado durante todo 2007, sí se habían producido contactos entre el Ejecutivo y la banda terrorista después del atentado de la T-4 de diciembre de 2006, y que éstos habían sido autorizados por él mismo. «Si autoricé nuevos contactos con ETA fue debido al deseo de instancias internacionales», manifestó Zapatero a modo de explicación. Preguntado por Pedro J. Ramírez sobre si «no sintió ningún escrúpulo moral» o «no le creó un conflicto ético autorizar que siguieran los contactos con quienes acababan de matar», el jefe del Ejecutivo respondió: «En absoluto. Mi ética es la ética de la responsabilidad. Mi principio ético era agotar hasta el último suspiro para evitar que hubiera más víctimas».

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D. LOPEZ GARRIDO

«Tras la T-4, acabó el proceso de diálogo»

La declaración de José Luis Rodríguez Zapatero ha sido matizada e incluso desmentida por miembros del PSOE y del Ejecutivo en las siguientes semanas. El pasado martes, el portavoz socialista en el Congreso, Diego López Garrido, aseguraba que «tras la T-4 acabó el proceso de diálogo». Afirmación que dejó sorprendido a su homólogo popular, Eduardo Zaplana, con el que López Garrido estaba manteniendo un debate de precampaña y que respondió: «Lo que no me podía esperar es que el propio portavoz del Partido Socialista desmintiera al presidente del Gobierno, que acaba de decir los motivos por los que, según él, autorizó esa negociación con los terroristas posterior al atentado de la T-4». López Garrido evitó el tema durante el resto del cara a cara, pero no pudo impedir que Zaplana le hiciera un duro reproche: «Diego, habéis mentido y lo sabéis. Y eso, en cualquier democracia os costaría la dimisión del presidente del Gobierno».

M. F. BERMEJO

«Autorizó contactos para saber a qué atenernos»

Dos días después, el pasado jueves, el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, dio una nueva versión de las declaraciones del presidente del Gobierno. En una entrevista concedida a EL MUNDO, el titular de Justicia aseguró que «el presidente no mintió» al negar contactos con ETA durante todo un año y reconocerlos después. Y es que, según su versión, lo que hizo José Luis Rodríguez Zapatero fue «permitir o autorizar que instancias internacionales mantuvieran contactos, para saber exactamente qué es lo que ha ocurrido y a qué atenernos». En una nueva vuelta de tuerca al asunto, Fernández Bermejo admitía que el jefe del Ejecutivo había autorizado mantener una vía de diálogo con la banda terrorista, pero descartaba que en los contactos hubieran intervenido miembros del Gobierno o personas elegidas por él y los atribuía «instancias internacionales». En su opinión, esta actitud de Zapatero fue «responsabilidad política».

M. T. F. DE LA VEGA

«Sondearon y se lo transmitieron al presidente»

El pasado viernes, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, dio la tercera versión en cuatro días de los contactos mantenidos con ETA después del atentado de la T-4. Siguiendo lo manifestado por el ministro de Justicia el día anterior, De la Vega reconoció que se mantuvo abierta una vía de diálogo con la banda, pero atribuyó la responsabilidad a «organizaciones internacionales expertas en estos temas y algunos gobiernos europeos que habían estado participando cuando el proceso estaba en marcha». Esta vez, sin embargo, la vicepresidenta primera negó que fuera por iniciativa de Zapatero. Según explicó, estas organizaciones y gobiernos extranjeros «siguieron sondeando» a ETA para «ver si había alguna posibilidad», y simplemente «se lo transmitieron al presidente del Gobierno», que se limitó a recibir la información.

J. L. R. ZAPATERO

«Es posible que lo que debiera haber hecho era callar»

Después del cruce de declaraciones de toda la semana, Zapatero volvió a hablar ayer sobre el tema y, pese a lo dicho por miembros de su Gobierno, corroboró sus declaraciones de enero. Incluso, hizo un amago de arrepentimiento. En una entrevista en el diario La Razón dice: «Es posible que lo que debiera haber hecho, después de todo lo que se me ha dicho, era callar. Es un poco absurdo que contestara a una pregunta para perjudicarme». Preguntado sobre por qué desveló los contactos, Zapatero lo atribuye a «un rasgo de la sinceridad» con la que ha «actuado siempre». Idéntico argumento al que ofrece en otra entrevista, publicada por 20 minutos.es, cuando se le pregunta si considera que cometió un error: «Decir lo que ha pasado no es un error, es un ejercicio de sinceridad. Me produce cierta sorpresa, porque ésta sería la primera vez que uno se tiene que defender a sí mismo por algo que cuenta con la mayor naturalidad».


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