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9.3.07

 

Una Rosa contra 'Cartagena'

 

09-03-07



ASI LO CUENTAN

Una Rosa contra 'Cartagena'


VICTOR DE LA SERNA

El día en que Cartagena comparecía en el juicio del 11-M, la viuda de uno de los muertos de Leganés acaparaba la portada de El País con unas interesantes declaraciones, las primeras que hace esta española, motivo por el cual ese confidente pasa a una mínima mención en la portada del diario, en la que solamente se lee que «corrige en el juicio todas sus declaraciones al juez». Así, entre minimizado y descalificado, se presentaba en algunos medios el testimonio que mayores interrogantes ha suscitado hasta ahora en torno a la actuación de las fuerzas de seguridad.

Ayer, Rosa, la mujer de El Chino, narraba su última conversación con su marido, por teléfono, cuando estaba en Leganés: «Jamal me dijo que era mejor morir, que no se iba a entregar». También es interesante esta otra frase, referida a una conversación el mismo día de los atentados: «Me dijo: 'Joder, se han pasado los de la ETA'. Le respondí: 'Sí, pero como has desaparecido así, hasta cualquiera puede pensar que has sido tú'. Y me respondió, '¿cómo?'. Se quedó de piedra. Impactado. Colgó el teléfono».

(.../...)

Por su parte, ABC, antes de narrar el testimonio de Cartagena, lo descalifica preventivamente: «Cartagena, que fue imán de la mezquita de Villaverde y ha sido tratado hasta por tres psiquiatras, dejó de colaborar con la UCIE en octubre de 2003».

En cuanto a Nacho Para, el cronista destacado por El Periódico de Catalunya en el juicio, va a lo suyo. Su principal conclusión tras la jornada del miércoles: «La jauría de la conspiración enmudeció cuando ya empezaba a segregar más saliva que el perro de Pavlov el día que le insinuaron que se cenaría al gato».

En cambio, Victoria Prego, en EL MUNDO, ofrecía esta reflexión tras observar el testimonio del testigo protegido: «Si fueran mentira, habría que buscar algún premio del más alto nivel y del máximo prestigio porque ni sir Lawrence Olivier lograría alcanzar las cimas de dramatismo y seguridad en la escena, combinando la convicción al decir el texto con lo peliagudo de la trama, que Cartagena consiguió ayer».

La propia comparecencia de una experta policial hace tronar a Federico Jiménez Losantos, en la Cope: «Han estado aseando y hermoseando la versión oficial, pero lo que es investigando... Nada de nada de nada. (...) La policía no sabía nada». En su blog de LibertadDigital.com, Luis del Pino lo expresa así: «Una vez recitado el guioncillo, los policías-testigos se atan los machos y se aprestan a responder a las acusaciones y defensas. Y ahí comienza a hacer aguas el barco: titubeos, lanzamiento de balones fuera, contradicciones, imprecisiones».

Y se empieza a diferenciar entre cuerpos de seguridad... Antonio Rubio informa en EL MUNDO de que «la Guardia Civil ya cuestiona algunos de los trabajos realizados por los técnicos de la Policía».

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El controlador de 'Cartagena' ocultó a Del Olmo datos clave del 11-M

 

09-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / La investigación

El controlador de 'Cartagena' ocultó a Del Olmo datos clave del 11-M


El inspector de la UCIE Guillermo Moreno fue el instructor policial de las diligencias del 11-M Omitió al magistrado que tuvo durante meses a un infiltrado entre los terroristas islamistas

FERNANDO LAZARO

MADRID.- La existencia de un infiltrado de la Policía en la célula de El Tunecino fue uno de los grandes secretos policiales que permanecieron ocultos en la Audiencia Nacional hasta cuatro meses después de la matanza de Madrid. Y quien tenía la llave de tal secreto era un oficial de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE), que era el que controlaba a este informador. Su nombre lo aportó el propio colaborador Cartagena el pasado miércoles ante el tribunal del 11-M. Se trata del inspector de la UCIE Guillermo Moreno. «Unas veces decía Moreno, otras Rubio. Se llama Guillermo Moreno», aseguró el confidente policial durante su declaración en el juicio que se sigue en la Casa de Campo de Madrid por la masacre.

Moreno era el controlador del confidente desde que éste comenzó a colaborar con la Policía a mediados de 2002. Era quien dirigía sus pasos. Cartagena le proporcionó multitud de información durante dos años sobre las actuaciones de la célula dirigida por El Tunecino, a la que se le atribuye la masacre de Madrid.
(.../...)

Entre los componentes de esta célula estaba como número dos Mustapha Maimouni, según el colaborador policial. Este integrante se encuentra en la actualidad encarcelado en Marruecos por su implicación en la masacre de Casablanca.

Pero este mando policial, además, desde el 14-M, se convirtió en el instructor de las diligencias policiales sobre la matanza de Madrid. Según explicaron fuentes de la investigación, la UCIE se hizo cargo de las pesquisas tras las primeras investigaciones sobre la tarjeta del teléfono localizada en la mochila con explosivos desactivada en Vallecas.

Ni antes ni después de la masacre, este inspector (que en breve ascenderá a inspector jefe) informó a la Audiencia Nacional de la existencia de un topo en el comando de El Tunecino, ni facilitó los datos que durante meses había recibido de su informador sobre los grupos islamistas y sobre el radicalismo.

En su declaración del miércoles, Cartagena, que ejercía de imam de la célula islamista en Villaverde, explicó que en febrero de 2004 informó a la Policía, a este agente en concreto, de la última reunión a la que asistió con estos radicales.

Además, aseguró que llamó a su controlador el viernes, tras el encuentro con los islamistas, y que el agente le dijo que le llamara el lunes, que estaba con su familia pasando el fin de semana. Ese lunes siguiente, según la declaración de Cartagena, le contó al inspector de la UCIE que El Tunecino estaba buscando mártires. Explicó que en ese momento, el mando policial le dijo que abandonara la vigilancia de ese grupo «por su propio bien».

Presiones y amenazas

Según Cartagena, fue este mando el que le presionó y le amenazó. Denunció que el inspector de la UCIE se reunía con él antes de testificar en la Audiencia Nacional y le decía lo que podía declarar y lo que tenía que evitar citar ante los jueces. Así, por ejemplo, le dijo que no hablara de Allekema Lamari (uno de los muertos de Leganés), al que, siempre, según el testimonio de Cartagena, se le obligó a buscar y, una vez localizado, olvidarse de él.

Según explicaron fuentes de la investigación, todos estos datos fueron obviados por este mando policial cuando se hizo cargo de las diligencias de la masacre. Así, pues, dada la circunstancia de que quien controló al infiltrado marroquí era también el encargado de coordinar las investigaciones sobre la masacre, en ningún momento desveló al juez Del Olmo la existencia de este informador ni los datos que durante meses había facilitado. Tampoco le comunicó las notas informativas que de los encuentros que mantenían con Cartagena elaboraba la UCIE y archivaba la Comisaría General de Información.

Y no fue hasta el mes de julio cuando la existencia de este colaborador policial llegó a oídos de la Audiencia Nacional. Pero no al juzgado que investigaba el 11-M. Los agentes de la UCIE informaron sobre Cartagena al magistrado Baltasar Garzón. De hecho, varias de las diligencias previas que tenía abiertas este juez estaban basadas en los datos aportados por Cartagena, aunque la existencia del infiltrado no había sido desvelada.

Entre las investigaciones de Garzón estaban las abiertas tras la masacre de Casablanca. En los informes elaborados por la UCIE para Garzón se reflejaban datos de Cartagena, pero se indicaba únicamente que eran informes recibidos de colaboradores policiales.

Ante Garzón

Pero en julio, cuando Cartagena estaba residiendo ya en Almería, la UCIE puso a disposición de Garzón al confidente. Tras la última reunión de febrero de 2004 con los islamistas, la Policía le dijo que abandonara Madrid y se trasladara a Barcelona, pero el colaborador policial no quiso ir a la Ciudad Condal. Tras pasar por Granada, finalmente acabó en Almería.

El controlador explicó al juez Garzón que el colaborador policial tenía datos precisos sobre una célula islamista que estudiaba poner en marcha una acción contra la Audiencia Nacional. Los datos, que presuntamente facilitaba Cartagena, dieron pie a la operación Nova. El juez Baltasar Garzón le convirtió en testigo protegido y le tomó declaración sobre las actividades de esta célula radical tras su desmantelamiento, en septiembre de 2004.

En su declaración ante Garzón, el colaborador policial aportó todos los datos que conocía sobre la célula de El Tunecino. Cuando EL MUNDO desveló la existencia de Cartagena fue cuando el juez Del Olmo reclamó los datos y le tomó declaración. Pero el colaborador, según él siguiendo órdenes del mando policial, se remitió a la declaración que prestó en septiembre ante Garzón. Del Olmo reclamó las declaraciones a su compañero de la Audiencia Nacional.

En julio de 2004, este colaborador estaba siendo investigado por la Guardia Civil que ya tenía su teléfono intervenido. Este hecho fue detectado también por sus controladores de la Unidad Central de Información Exterior.

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8.3.07

 

'Cartagena' declara que vio reunirse a 'El Tunecino' con la Policía en 2003

 

08-03-07



EL TESTIGO PROTEGIDO DENUNCIA LA MANIPULACION DE LAS TRAMAS ISLAMICAS POR LA UCIE

'Cartagena' declara que vio reunirse a 'El Tunecino' con la Policía en 2003


FERNANDO LAZARO / ANTONIO RUBIO

MADRID.- No defraudó a nadie. Estaba llamado a ser uno de los protagonistas del juicio por la masacre del 11-M. Durante meses, fue referente religioso de muchos de los presuntos implicados en la matanza mientras informaba puntualmente a la Policía de todos los detalles que obtenía.

(.../...)


Cartagena detalló ayer que desde mediados de 2002 estuvo facilitando información a la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) sobre El Tunecino, Said Berraj, Mustapha Maimouni, Mohamed Larbi Ben Sellam y Mohamed Afalah, entre otros. Desveló que un año antes de la masacre, en 2003, vio a El Tunecino con la Policía.

El testigo protegido aseguró que la mayoría de los datos que aportó a la UCIE fueron, posteriormente, incluidos en «notas informativas» y reflejados en sus declaraciones ante el juez Baltasar Garzón, primero, y después, en menor medida, al juez instructor de la masacre de Madrid, Juan del Olmo.

El testigo protegido bautizado como 'Cartagena' aseguró que durante meses informó puntualmente a los agentes de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) sobre las actividades de la célula de 'El Tunecino' y que los agentes siempre le decían: «Éstos mucho hablar y poco actuar».

Pero, acto seguido, Cartagena aclaró que muchos de esos datos los incluía la Policía en sus notas, sin que fuera información facilitada por él. El confidente fue un paso más allá y aseguró que todas sus declaraciones judiciales fueron previamente preparadas por la Policía: «Siempre antes de acudir a la Audiencia Nacional a declarar nos reuníamos y me decían lo que tenía que decir».

Cartagena aseguró que todo lo que declaró ayer era «la verdad». Y entre los datos que el confidente policial puso sobre la mesa había uno de los testigos clave del Ministerio Público. Cartagena desveló que vio al presunto líder de la célula autora del 11-M, El Tunecino, con policías de la UCIE en un local público de Madrid un año antes de la matanza.

En concreto, explicó que estaba en la plaza de Atocha, cuando vio a El Tunecino y a Said Berraj, y les siguió. Vio cómo entraron en un establecimiento VIPS situado cerca del metro de Colombia, en Madrid. Y Cartagena también entró: «No me quité el casco de la moto para que no me reconocieran». El confidente asegura que observó a El Tunecino sentado en una mesa hablando con un agente de la UCIE y que también vio a otro agente, en la misma zona, hojeando unas revistas: «Creo que Berraj estaba también en el local, pero no los vi juntos».

El encuentro entre policías e islamistas se produjo un año antes de la matanza. Cartagena indicó que en ese mismo establecimiento era donde él mantenía sus contactos con los agentes de la UCIE, a los que informaba sobre los datos que obtenía sobre la célula islamista radical.

El testigo de la fiscal insistió, a preguntas de todas las acusaciones, que las declaraciones que prestó en su día ante los jueces Garzón y Del Olmo estuvieron previamente organizadas por sus controladores de la UCIE. Cartagena también aseguró que accedía a ello «por miedo» y en algunas ocasiones «al sentirse amenazado».

El confidente policial llegó a afirmar que fue golpeado en algunas ocasiones por esos agentes. Denunció también que fue amenazado con expulsarle de España, pese a que se consideraba seguro al estar casado con una española. «Ahora ya no tengo ningún miedo», indicó.

Cartagena ratificó totalmente la denuncia que el pasado mes de diciembre presentó ante la Audiencia Nacional en la que aseguraba que muchos de los datos que fue aportando durante meses a la UCIE los contó bajo presiones de sus controladores. En esa denuncia desgranó algunas de las indicaciones que recibió de la Policía sobre lo que debía incluir en sus notas y las prohibiciones de citar algunos nombres en sus declaraciones policiales, como es el caso de Allekema Lamari.

Según explicó ayer Cartagena, la Policía le dijo que no hablara de Lamari en sede judicial. Centró sus ataques en un inspector de la Unidad Central de Información Exterior apellidado Moreno, al que responsabilizó de las presiones y de las indicaciones sobre lo que debía declarar o no ante los jueces. «Si la declaración duró seis horas, las tres horas anteriores estuve reunido con la UCIE para que me dijeran lo que debía y no debía decir», explicó Cartagena sobre los testimonios que prestó ante el juez Garzón en el marco de la denominada operación Nova.

Y una de esas recomendaciones fue no aportar ninguno de los datos que él conocía sobre los vínculos entre la organización terrorista ETA y los islamistas. Uno de esos datos o informaciones se lo contó Mohamed Achraf, encarcelado por liderar una célula que presuntamente pretendía volar la Audiencia Nacional.

En concreto, Cartagena explicó que ese presunto terrorista había entrado en contacto con el etarra Juan José Rego Vidal (encarcelado por tratar de asesinar al Rey) y que éste le ofreció teléfonos de miembros de ETA que le podían ayudar si trataba de intentar alguna acción.

También explicó Cartagena que antes del 11-M, «bastante antes», en un encuentro con Mustafa Rifi y Said Berraj se habló de la colaboración de «infieles con islamistas» para actos terroristas en zonas públicas. Rifi, según el testigo protegido de la Audiencia Nacional, puso un ejemplo sobre ETA: «A éstos les vendría bien porque así obtendrían beneficios económicos con la venta de explosivos y, además, se atentaría contra intereses comunes, lo que les satisfaría también a ellos».

Cartagena recordó que la Policía le prohibió que aportara los datos que tenías sobre ETA y que se olvidara de Allekema Lamari, otro de los presuntos autores de la masacre del 11-M que después murió en Leganés: «Me encargaron que localizara a Lamari y, una vez que lo localicé, mi misión había acabado».

El confidente explicó que cuando estaba haciendo labores para buscar a Lamari observó cómo los agentes de la UCIE le seguían: «Me dieron documentos policiales sobre Lamari con su foto junto a la de otro que ahora no recuerdo su nombre». Estos documentos, continúa, «me los quitaron durante un falso registro que realizaron en mi casa».

Tras la masacre, antes de comparecer ante Garzón y Del Olmo, el testigo protegido, según su declaración de ayer, además de recibir instrucciones de la UCIE de no citar a Lamari, también le ordenaron que no contara a la Justicia que, durante su colaboración policial, había recibido indicaciones para que tratara de acercar a Jamal Zougam a la célula de El Tunecino. Cartagena aseguró que no llegó a conocer a Zougam. También declaró el confidente policial que conocía a Jamal Ahmidan, al que identificó por Jamal Chino. Aseguró que era «un drogadicto y un ladrón. Era de todo menos religioso».

Cartagena describió cómo la Policía le fue a buscar la madrugada del 3 de abril a Almería y le trasladó a Madrid: «Estuve en el Campo de las Naciones». Allí, según su testimonio, uno que dijo ser comisario, le preguntó por todo lo que sabía sobre la célula. Él le contestaba que ya había contado todo a su controlador, que estaba allí presente. El confidente asegura que en aquel encuentro creyó escuchar a ese comisario: «Como este moro hable, la hemos cagado».

Cartagena explicó que en aquel encuentro le propusieron, sobre las 12.00 horas, ir a Leganés ya que, según le dijo su controlador, habían descubierto el piso en el que estaban sus amigos. «Me pidieron que fuera para ver si eran los mismos o había alguno más. Si les hubiera obedecido habría habido ocho muertos en Leganés», sentenció.

Describió lo que, según las partes, ya se conoce como la última cena: el encuentro que mantuvo con los presuntos autores un mes antes de la masacre. En dicho encuentro estaban El Tunecino, Mohamed Afalah y Mohamed Ouazzani, entre otros. El Tunecino, según este testimonio, pidió «mártires» y todos los presentes levantaron la mano.

El Tunecino, líder de la célula, explicó la posibilidad de practicar la yihad en los países donde se reside: «El que vivía en Francia, en Francia y el que vivía en España, en España». Inmediatamente, Cartagena alertó a la UCIE pero, como era viernes por la tarde, le citaron para el lunes: «¿No sabes que los fines de semana estamos con la familia? Ese lunes su controlador le dijo que dejara ya a ese grupo y que abandonara Madrid. Primero le intentó trasladar a Barcelona, pero acabó en Granada. El mensaje fue claro: «Deja ese grupo y vete de Madrid por tu propio bien».

Al final de la vista el presidente del tribunal, el magistrado Gómez Bermúdez, recuperó un escrito de la UCIE dirigido al Juzgado Central de Instrucción Número 6 donde se daba cuenta de que, por orden del Juzgado Central de Instrucción número 5, se habían destruido dos notas informativas que la Policía había elaborado con la información facilitada por el confidente Cartagena.

El escrito de la Policía, fechado el 29 de diciembre de 2005, intenta aclarar los motivos por los cuales no puede facilitar esas notas. «La causa por la que no se remitieron las notas informativas seis y 10 es porque no se poseen las mismas en esta Comisaría General de Información ni en formato papel ni ningún tipo de soporte informático».

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El testimonio de 'Cartagena' deja en evidencia a la policía

 

08-03-07



Impresiones

El testimonio de 'Cartagena' deja en evidencia a la policía


La declaración del confidente Cartagena dio ayer un giro tremendamente relevante al juicio del 11-M. El imam de Villaverde corroboró punto por punto ante el juez el escrito que envió a la Audiencia Nacional y que EL MUNDO ya adelantó en diciembre. Volvió a relatar cómo la UCIE le reclutó a base de chantajes como confidente, cómo retocaba sus informes y cómo le decía qué tenía que decir y qué tenía que callar -especialmente la relación de los islamistas con ETA- ante Garzón y Del Olmo. Recordó cómo la policía le pidió que acercara a los islamistas a Zougam -al que la policía le tenía ganas-, cómo le ordenó que se apartara del grupo en febrero de 2004 -justo antes de la masacre y precisamente cuando El Tunecino empezaba a hablar de pasar a la acción- y cómo le propuso ir al piso de Leganés el día que éste saltó por los aires y a una hora en la que según la versión oficial los policías aún no sabían de su existencia. Pero además de corroborar lo publicado, Cartagena aportó un puñado de datos nuevos. Tal vez el más inquietante es el referido a El Tunecino, a quien el testigo vio reunirse con la policía un año antes del 11-M. Según su declaración, Serhane acudió acompañado de Said Berraj y el encuentro tuvo lugar en la misma cafetería donde Cartagena solía reunirse con la policía. Lo que el testigo dio ayer a entender con aplomo es que la UCIE manipulaba a su antojo las tramas islamistas de las que se habla en el juicio antes y después de los atentados. El testimonio de ayer vuelve a acrecentar dos impresiones cada vez más extendidas. La primera es que la policía controlaba cada movimiento del grupo islamista al que la versión oficial atribuye el 11-M. La segunda, que elementos de las fuerzas del orden manipularon declaraciones y pruebas y dirigieron a voluntad la investigación judicial.

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«¡Pero si todo esto ya os lo había dicho!»

 

08-03-07



TESTIMONIO DEL CONFIDENTE POLICIAL 'CARTAGENA'

«¡Pero si todo esto ya os lo había dicho!»


Gómez-Bermúdez.- ¿Jura o promete decir verdad?


'Cartagena'.- Juro. [...].

Olga Sánchez (fiscal).- ¿Qué relación tuvo con El Tunecino, Maimouni, Larbi y El Egipcio?

C.- Cuando la UCIE me obligó a colaborar con ellos, empecé a acercarme y a informar sobre ellos. [...].

O. S.- Usted declara varias veces en el Juzgado ¿Siempre le decía la Policía lo que tenía que declarar?

C.- Todas las veces que he ido a declarar a la Audiencia, hemos tenido reuniones para que me dijeran cómo tenía que decir las cosas. [...].

(.../...)

O. S.- ¿Mantuvo una entrevista con un medio a la par que mandaba una carta desdiciéndose de sus declaraciones en la Audiencia?

C.- Eso no es cierto. Si alguien lo demuestra, cortaría mi cabeza. [...].

O. S.- En las notas de la UCIE consta que le piden que informe sobre un locutorio de Lavapiés. Usted da el nombre de Jamal Zougam.

C.- Yo nunca he sabido que existía alguien llamado Jamal Zougam. Esos informes han sido revisados por ellos, redactados de nuevo y copiados por mí otra vez. Han metido y quitado lo que han querido. [...].

José María de Pablos (letrado de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M).- Ha contado usted una ocasión en la que sigue a El Tunecino y a Said Berraj en una moto ¿Qué es exactamente lo que vio?

C.- Una vez que yo estaba en Atocha con mi moto, vi a Serhane y a Berraj en otra moto. Yo ya no informaba a la UCIE. Les seguí y me llamó mucho la atención cuando cogen la calle que yo cogía siempre para reunirme con la UCIE. Y resulta que la moto de Berraj se para justo en la cafetería donde yo me reunía con los agentes. Entraron, yo esperé dos minutos y entré también, con el casco puesto. Encuentro a El Tunecino ya sentado con el agente de la UCIE con el que yo me veía. Estaban hablando con tranquilidad, ni estaba detenido ni lo estaban interrogando. Y [había] otro agente de pie, leyendo una revista. Como sabéis, los VIPS tienen una librería. Y Said Berraj, desaparecido. Cuando me volví a ver con agentes de la UCIE, dije: «¿No crees que El Tunecino trabaja para algún servicio?». No les gustó.

J. M. P.- ¿En qué VIPS sucedió?

C.- Cerca de metro Colombia.

J. M. P.- ¿Conoció a Jamal Ahmidan [El Chino]?

C.- Sí. Drogadicto, ladrón... Nada que ver con la religiosidad. [...].

J. M. P.- ¿En qué consistió [la última cena con El Tunecino]?

C.- Fue una reunión muy extraordinaria. Lo primero que pidió fue que apagáramos todos los móviles, y comprobó teléfono por teléfono. Recitó un poco el Corán y dijo: «Lo que queremos son mártires. No preparar gente para llevarla a Afganistán o a Chechenia. Mártires que estén dispuestos donde estén. Si viven en España, que estén preparados en España. ¿Quién está preparado?». Todo el mundo levantó la mano.

J. M. P.- ¿Cree que el grupo tenía capacidad económica para llevar a cabo el atentado sin ayuda exterior?

C.- Ninguna. Algunos de ellos no tenían ni para gasolina.

J. M. P.- ¿Comunicó a la UCIE el contenido de esa reunión?

C.- Sí. Fue la primera vez que me di cuenta de que algo fallaba. Cuando pasa lo de la cena, llamé un viernes y les dije: «Es muy importante». Contestaron que ellos no trabajaban el fin de semana. El lunes nos encontramos y se lo cuento todo. Me dijeron: «Vete a tu casa y no vuelvas a reunirte con ese grupo». [...].

J. M. P.- En el escrito que presenta en la Audiencia el 1 de diciembre de 2006, dice usted que «la UCIE me prohibió mencionar ante el juez la relación ETA-islamistas, aunque les informé sobre el tema en varias ocasiones» ¿Qué relaciones entre ETA e islamistas conocía usted?

C.- Yo creo que ninguna. Pequeñas cosas, como un encuentro entre Saif Berraj, Mustafa Rifi y yo. Estuvimos hablando de si se podía pedir ayuda a los no musulmanes. Uno de ellos opinó y dijo, «claro, por ejemplo a ETA. Si pedimos ayuda a ETA, no es que nos vayan a hacer un favor. Ellos nos venderían los explosivos, se beneficiarían económicamente, y si les decimos que vamos a atentar en un sitio que a ellos les interesa, estarían muy alegres, porque van a conseguir su objetivo sin mancharse las manos». [...].

J. M. P.- Habla de una relación entre Mohamed Achraf y [el etarra] Rego Vidal ¿En qué consistía?

C.- Coincidieron en la cárcel. [Achraf] me dijo que le había facilitado números de miembros de ETA. Y que le había comunicado que, si necesitaba ayuda, no dudase en llamar a esas personas [...].

J. M. P.- ¿Puede relatar todo lo que le ocurre el 3 de abril?

C.- Me llamaron el 2 de abril por la noche. A las 7.00 horas vinieron unos agentes. Me dijeron: «Te vamos a llevar a Madrid urgentemente». Tardamos dos horas y media desde Almería. [...]. Nos reunimos en el parque Juan Carlos I con un comisario. Me empezaron a preguntar por el grupo de El Tunecino. Yo decía: «¡Pero si todo esto ya os lo había dicho!». El supuesto comisario se levantó, y le oí decir: «Como este moro hable, la hemos cagado. [...]. Serían las 12.15 horas. Querían que fuese al piso de Leganés [...]. Hubieran muerto ocho.

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«Como el moro este hable, la hemos 'cagao'»

 

08-03-07



PREGUERIAS

«Como el moro este hable, la hemos 'cagao'»


VICTORIA PREGO

Demasiado fuerte el asunto como para concluir sin más que todo es pura fantasía. Demasiado riesgo el que asume este individuo como para lanzarse a sentenciar que la suya es una apuesta ciega y que sus denuncias, estremecedoras por lo que apuntaron aún más que por lo que dijeron, están sustentadas en la nada, en la casi nada o se rebozan en alguna de las muchas conspiraciones que se sacan a relucir cada vez que el panorama que se muestra al público no es del agrado de quienes siempre lo tuvieron todo muy claro.

El caso es que ayer declaró un testigo protegido, de apodo Cartagena, que fue escuchado en la sala en medio de un silencio cortante. No era para menos. Empezó como con miedo, o eso nos pareció a los que estábamos ya sentados cuando se abrió, en un lateral, la puerta de los declarantes. A esas alturas de la tarde, recién dadas las cuatro, la persiana que debe impedir que los procesados les vean la cara a los testigos estaba bajada a media asta. Así que, en un reflejo rapidísimo, los ocupantes de la jaula de cristal se inclinaron hacia el suelo para fijar en sus retinas el rostro de quien ya se había decidido a dar los tres o cuatro pasos que le separaban de su silla de testigo. O de verdugo. O de condenado a muerte, que ya veremos en qué queda todo esto. Gómez Bermúdez dio dos bocinazos seguidos: uno, para que un funcionario se interpusiera entre Cartagena y los acusados y lo ocultara a su vista. El otro, para que la maldita persiana se bajara del todo. Demasiado tarde: ya le habían visto la cara, aunque luego se vio que no tenían ni por qué haberse molestado.

(.../...)

Es más, según fueron pasando los minutos, cargados de fuerza, de tensión y de intriga, pero sobre todo de estupor, la mayor parte de los ocupantes del cubículo blindado parecieron relajarse: las cosas que estaba contando Cartagena, que eran una bomba detrás de la otra, no iban dirigidas contra la cabeza de casi ninguno de los presentes. No, no. El testimonio de este hombre apuntaba muchísimo más alto: en dirección a la policía española. Explicó una y otra vez que él había venido informando de los movimientos de los islamistas. Y que contó a sus enlaces, con pelos y señales, movimientos, personajes y reuniones sospechosísimas, siempre antes del atentado, como una en la que El Tunecino le convocó a él y a otros para decirles que buscaba mártires y allí mismo levantaron todos la mano, él incluido. Para no delatarse, añadió.

Dijo, por ejemplo, y lo dijo repetidamente, que eran los policías -cuyos nombres y apellidos auténticos también proporcionó- quienes le decían lo que tenía que contar y lo que tenía que callar cuando declarara ante el juez. Añadió que esos mismos policías le señalaban los nombres de los islamistas de cuya existencia tenía obligatoriamente que olvidarse en sus declaraciones. Soltó algo increíble: que él vio cómo ese mismo Tunecino, responsable directísimo del crimen de Atocha, charlaba tranquilamente en un VIPS de Madrid con uno de sus contactos policiales. Antes del 11-M, se entiende. Y, para rematar la cosa, explicó que el 3 de abril, cuando faltaban horas para que los terroristas saltaran en pedazos en el piso de Leganés, los policías, que habían ido a buscarle de urgencia a Almería y le habían traído volando por las carreteras, le propusieron sobre la marcha que fuera a ese piso y se metiera dentro.

Luego se produjo la bestial explosión y lo más grande que quedó de aquellos siete hombres fue una uña. Pero es que, antes de que eso sucediera, se había producido la siguiente escena: él, Cartagena, le decía a su enlace policial, en referencia al atentado del 11-M, algo así como: «¡Pero si todo esto a ti ya te lo había dicho!» y volvía a repetir ante un comisario, real o supuesto, todo lo que él sabía y había contado durante años. Y fue entonces cuando el comisario, o lo que fuera, se apartó a un lado, llamó por teléfono a alguien y sentenció sin reparos: «¡Como el moro este hable, la hemos cagao!». Y tanto que sí, si es que todo, o parte, o la mitad de la mitad de lo que ayer escuchamos se acerque a la verdad.

Porque lo que Cartagena describió ayer fue un escenario inaudito en el que ciertos responsables policiales parecían haber estado dibujando un mapa, del radicalismo primero y del terrorismo después, en el que los personajes presentes en el dibujo entraban o salían de la escena al antojo de los policías. El colofón vino cuando, preguntado con qué dinero pagaba al psiquiatra que le había atendido, contestó después de unos segundos eternos de silencio: «Eso, que se lo digan en la Secretaría de Estado de Interior».

Es que fue un golpe, y otro, y otro, y otro, y así durante más de tres horas. Muchos habrá que conozcan el contenido de la denuncia que este hombre hizo en diciembre ante la Audiencia Nacional contando casi todo esto, dicen. Pero el modesto ciudadano que le escuchara ayer, o que lea hoy lo que dijo en el juicio, quedará atónito y mentalmente desencajado. Serán verdad o serán mentira las cosas que cuenta Cartagena. Si fueran mentira, habría que buscar algún premio del más alto nivel y del máximo prestigio porque ni sir Lawrence Olivier lograría alcanzar las cimas de dramatismo y seguridad en la escena, combinando la convicción al decir el texto con lo peliagudo de la trama, que Cartagena consiguió ayer. Ni el Old Vic ha contado nunca entre sus grandes con semejante mago del teatro. Pero, aún así, es obligado no echar en saco roto -hablo desde el punto de vista ciudadano, que la verdad judicial, ésa se despachará en la sentencia que el tribunal emita cuando toque- las cosas que quedaron allí dichas y que hacen imposible echar al olvido.

victoria.prego@el-mundo.es

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La Policía se negó a utilizar las pruebas de Titadyn que le ofreció la Guardia Civil

 

08-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / La investigación

La Policía se negó a utilizar las pruebas de Titadyn que le ofreció la Guardia Civil


Los expertos del Instituto Armado comienzan a distanciarse de los planteamientos policiales

ANTONIO RUBIO

MADRID.- El ambiente que se respira entre los peritos que están analizando las muestras de los explosivos utilizados en los atentados del 11-M no se puede decir que sea de confraternidad, más bien todo lo contrario: es de confrontación.


El ejemplo más directo y cercano es cómo y de qué manera llega hasta el laboratorio de la Policía Científica una muestra de explosivo Titadyn, a pesar de las pegas e inconvenientes creados y planteados por los técnicos policiales.
(.../...)

Todo surge después de los segundos análisis llevados a cabo en el laboratorio de la Policía Científica, a petición de las partes personadas en el juicio, donde los nuevos peritos detectan un componente que hasta entonces -ya han transcurrido tres años desde la explosión de los trenes de la muerte- nunca se había encontrado: dinitrotolueno (DNT).

Se da la circunstancia de que el DNT es uno de los componentes de un explosivo conocido como Titadyn. Y el Titadyn es el explosivo utilizado últimamente por ETA y el que la Guardia Civil confiscó a la banda terrorista en la furgoneta de Cañaveras (Cuenca) en febrero de 2004.

Tras ese nuevo descubrimiento los peritos de parte solicitan, automáticamente, que se haga una comparativa de muestras. Los técnicos de la Guardia Civil se ofrecen para entregar un cartucho de los explosivos que confiscaron a los etarras en Cañaveras y uno de los jefes del laboratorio de la Policía Científica rechazó, sorprendentemente, el ofrecimiento.

Hay que recordar que el material explosivo que ETA transportaba en la furgoneta que detuvieron en Cañaveras había sido robado en Francia y que pertenecía a una partida de la fábrica gala Nitrochimie. Esa fábrica francesa era la única que fabricaba el Titadyn, tanto en su modalidad 30 como 50.

A pesar de la negativa de los expertos policiales para que la Guardia Civil incorporara una muestra de Titadyn, los peritos del Instituto Armado facilitaron a las partes los componentes y porcentajes del Titadyn 30 y 50 que ellos ya habían analizado con anterioridad. Esa actitud por parte de la Guardia Civil no fue muy bien recibida por los técnicos policiales.

Los peritos de las partes, ante la negativa de la Policía a incorporar la muestra de la Guardia Civil, solicitan que se pida a la fábrica francesa material para hacer la comparativa. Pero la sorpresa surge cuando son informados de que hace aproximadamente un año que esa fábrica dejó de producir Titadyn porque el 27 de marzo de 2003 se produjo una explosión en el taller de encartuchamiento.

Sorprendentemente los expertos de la Policía no sabían que la fábrica Nitrochimie, que estaba ubicada en la ciudad de Billy-Berclau, había cerrado sus puertas y que en la actualidad el explosivo Titadyn 30 sólo se produce en Austria. Esa situación fue notificada por el Ministerio de Industria al presidente de la Sala de lo Penal-Sección 2, Javier Gómez Bermúdez, el pasado 26 de febrero (ver documento que acompaña a esta información).

Y, ante esa peculiar situación, los peritos de la Policía y el comisario jefe de la Policía Científica, Miguel Angel Santano, se ven en la obligación de retomar el primer ofrecimiento de la Guardia Civil y asumir la petición de los expertos de las partes.

Es decir, el comisario Santano, como responsable de la Policía Científica, ha firmado la petición para que se coteje el Titadyn de ETA, pero no fue idea ni sugerencia suya.

Además, los peritos de las partes no están de acuerdo en que el jefe del laboratorio tenga un voto de calidad, porque de esa forma el criterio policial siempre prevalece sobre los otros. El total de peritos que en la actualidad están realizando las nuevas pruebas son ocho: cuatro policiales y cuatro de partes.

Dentro de esa confrontación que existe entre los diferentes peritos, y según informaciones internas, se ha comenzado a detectar un hecho muy significativo: «La Guardia Civil ya cuestiona algunos de los trabajos realizados por los técnicos de la Policía».


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La falsa 'mochila' no interesa a algunos

 

08-03-07



ASI LO CUENTAN

La falsa 'mochila' no interesa a alguno
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VICTOR DE LA SERNA

La bolsa o mochila con pruebas decisivas sobre el 11-M, de la que la policía compró una copia para remitirla al juez instructor, fue una de las protagonistas de la jornada del martes, pero -en este caso como en muchos otros- lo que unos medios resaltan y otros soslayan de los testimonios puede resultar llamativo.

Así, en la Cope se indignaba ayer Federico Jiménez Losantos de las versiones vertidas por la Policía ante el juez: que «el caos» fue tan grande que se envió a Del Olmo la que no era: «En el caos, resulta que se va a una tienda a comprar una mochila y se la envía al juez. Eso no se llama caos, eso se llama un delito. (...) Es falsificación de pruebas».
(.../...)

ABC recoge profusamente el intercambio entre el inspector, un abogado y el juez Gómez Bermúdez. («Señor letrado, evidentemente bolsa y mochila no son sinónimos. (...) No ha lugar a la pregunta»). Pero, volcado el cronista a la anécdota, pasa por alto la minucia de dar cuenta de lo mollar de ese interrogatorio, es decir, la llamativa decisión de enviar al juez la bolsa/mochila comprada, no la verdadera prueba. No les ha debido parecer informativamente relevante. Tampoco a El Periódico de Catalunya, que se queda a media narración del asunto: «Los promotores de la teoría de la conspiración sostienen que esa bolsa fue manipulada para sustentar la autoría islamista. El agente reveló que había otra bolsa similar, que se compró en una tienda de Lavapiés a la que acudían dos de los procesados, con la 'excelente intención' de comparar las texturas».

Vista la retahíla de declaraciones confusas y poco útiles de los policías, incluido ése que no sabe de la explosión en Leganés y sólo oyó a otros algunas narraciones de lo sucedido, y ello tras la retahíla de negaciones de los acusados, Victoria Prego llega en EL MUNDO a esta conclusión: «De lo escuchado ayer se refuerzan las dos impresiones formuladas días atrás: la de que, con este orden de testimonios, se ha empezado la casa por el tejado, y la de que todavía quedan muchas dudas por despejar».

Debe ser por la complejidad y lo difuso de lo que se está contando en el juicio, pero a veces se notan discrepancias vistosas entre los titulares de algunas noticias y lo que luego se lee en su cuerpo. Así, La Razón titulaba ayer «El comunicado que animó a atentar en España perseguía 'un coste político'», pero luego precisaba: «El Instituto Elcano, dedicado a analizar las relaciones internacionales de España, dio la voz de alarma cinco días después de los atentados, al percatarse de la existencia de un documento (...) en el que se afirmaba que 'se podría forzar la retirada española con golpes dolorosos a sus tropas'». Es decir: a las tropas desplegadas en Irak, no contra objetivos en España.

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Explosión en la sala

 

08-03-07



EL BLOC DE

Explosión en la sala


Luis del Pino

Suicidas. Hoy hemos visto estallar el sumario en vivo y en directo gracias un confidente policial llamado Cartagena. Parte de lo que ha dicho había sido ya publicado por EL MUNDO. Ha declarado delante del tribunal que un policía trató de convencerle, en la mañana del sábado 3 de abril, de que acudiera al piso de Leganés. No se trata ya de informaciones periodísticas: estamos hablando de un testigo que declara en sede judicial y que acusa de un gravísimo delito a un funcionario con nombres y apellidos. O el confidente miente o un miembro de las Fuerzas de Seguridad sabía en la mañana de aquel sábado la localización de ese piso que no se descubre oficialmente hasta esa tarde. Lo que implica que ese funcionario tendría información sobre los hechos que habría ocultado durante tres años; y eso por no elucubrar acerca de cuáles pudieran ser sus intenciones al tratar de convencer a Cartagena de que acudiera al piso. El confidente ha resumido de manera muy gráfica su opinión al respecto: «Si hubiera ido, habría ocho muertos en vez de siete».
(.../...)


UCIE. Cartagena ha declarado, asimismo, que vio a El Tunecino mantener una reunión con miembros de la Policía. ¿Uno de los suicidas de Leganés era también confidente policial? El hecho cuadraría con otros datos conocidos acerca de El Tunecino, con el hecho, por ejemplo, de que tuviera como compañero de piso a un traductor de la Policía; o con el hecho de que estuviera disfrutando en España de una sustanciosa beca otorgada por la Agencia Española de Cooperación Internacional.

Objetos. Hemos visto también, en la última sesión de esta semana, a uno de los funcionarios policiales que estuvo aquel 11 de marzo junto a la furgoneta Kangoo encontrada en Alcalá. Por tres veces ha dejado claro que él no vio en la parte trasera de aquella furgoneta ningún tipo de objeto. ¿El vehículo estaba vacío? ¿Dónde queda entonces esa versión oficial que descansa sobre una multitud de objetos supuestamente hallados en esa furgoneta?

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La Policía podría haber devuelto el tercer coche de la célula sin saberlo

 

08-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Las declaraciones

La Policía podría haber devuelto el tercer coche de la célula sin saberlo


Una inspectora considera que los 13 terroristas que subieron a los trenes necesitaban otro vehículo para ir a Alcalá, además de los dos ya localizados


MANUEL MARRACO

MADRID.- Es posible que ande por Madrid un coche empleado por la célula del 11-M para trasladarse a Alcalá de Henares (Madrid) con mochilas-bomba. Y ni su dueño lo sabe ni la Policía ha podido obtener datos de él. Así lo expuso ayer en el juicio por la masacre una inspectora de policía que declaró como testigo y que fue la encargada de redactar varios informes para el juez Juan del Olmo.


Cuando la Policía llegó al recuento de los presuntos autores materiales, las cuentas no le salieron. Trece terroristas son muchos para los dos coches encontrados, la furgoneta Renault Kangoo y el Skoda Fabia. Falta un tercero. «De momento hay localizados dos coches y no hay que cerrar la posibilidad de que hubieran utilizado un tercero, pero, dadas las condiciones en las que los coches se suelen recuperar en Madrid, puede ser que alguno se hubiera devuelto a su legítimo propietario mediante un trámite normal... como pasó en el caso del Skoda Fabia».
(.../...)

La policía se refería a la sorprendente aparición del Skoda tres meses después de los atentados, con el ADN de algunos implicados y restos de explosivo. Estaba a pocos metros del lugar donde se encontró la furgoneta, pero la Policía supo de él cuando la compañía de alquiler encontró en el maletero una funda de pistola.

En cuanto al número de autores materiales, la policía dejó algo corto el número de la Fiscalía. «Al Ministerio Fiscal le salen 12», dijo la fiscal Olga Sánchez hace unos meses ante otro tribunal. A la policía que declaró ayer le salen 13, porque 13 fueron las mochilas bomba.

«Si partimos del hecho de que tienen que ser 13 personas las que colocaron los explosivos y hemos recuperados dos vehículos -y estamos completamente seguros de que ambos fueron utilizados para trasladarse a inmediaciones de Alcalá de Henares-, el equipo podría estar formado por cuatro, cuatro y cinco personas, que hubieran utilizado tres coches, o equipos de cuatro, cuatro, cuatro y una persona».

En el abultado recuento de asuntos sin aclarar, la inspectora también incluyó el método empleado por los terroristas para escoger los itinerarios y horarios de los trenes. «No tenemos ningún dato objetivo», dijo. Sí dio por hecho que pretendían que el tren de Téllez también estallase en Atocha.

El segundo policía en declarar fue el oficial del grupo de la Brigada Provincial de Información de Madrid especialista en ETA que acudió a comprobar la furgoneta Kangoo. Llegó a las 11.00 horas e hizo, en sus propias palabras, «una inspección ocular externa». Buscaba algún «elemento identificativo» de la banda en la que era especialista. No lo encontró. «El modus operandi de ETA yo no lo vi en ningún momento por allí», dijo. Ni matrícula doblada, ni puertas forzadas, ni «elementos de suficiente entidad» que pudieran albergar u ocultar un artefacto explosivo.

«Pude ver lo que pude ver, hasta donde me llegó la vista, sin ningún objeto que obstaculizara mi visión», aclaró. Respecto a los objetos que sí pudo ver y que no cumplían con esos requisitos, dijo que «había muchas cosas y revueltas».

Pese a que el responsable del operativo en torno a la furgoneta declaró en el Congreso que el vehículo estaba vacío, el recuento hecho horas después por la Policía detallaba 61 evidencias que sumaban casi un centenar de objetos.

La visita del agente a la Kangoo precedió a las de los guías caninos, que tampoco detectaron el explosivo que había bajo el asiento del copiloto. A este respecto, aclaró que él no tuvo manera de comprobar a través de los cristales si había algo debajo de los asientos. Tampoco pudo ver la zona de carga cuando la abrieron para que entrara el perro, aunque recuerda que el animal no pareció tener que esquivar nada cuando accedió al vehículo.

El policía tampoco tuvo suerte en otro de sus cometidos. Cuando acudió a la estación de Alcalá para recoger las grabaciones de las cámaras de seguridad, se fue con las manos vacías. «Había cámaras, pero el sistema de grabación estaba anulado».

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7.3.07

 

Los peritos admiten que pudo explotar Titadyn

 

07-03-07



Impresiones

Los peritos admiten que pudo explotar Titadyn


El tribunal que juzga los atentados del 11-M ha autorizado el análisis de uno de los cartuchos de Titadyn intervenidos en la furgoneta interceptada a dos etarras en Cañaveras (Cuenca) en el marco de las nuevas pruebas sobre los explosivos empleados en la masacre. El cartucho se usará como muestra patrón de este explosivo, ya que la empresa francesa que fabrica el Titadyn ha cerrado y es imposible solicitárselo. El tribunal atiende así a la solicitud unánime de los ocho peritos que analizan los explosivos, que tratarán ahora de cotejar los componentes químicos de este cartucho con los hallados en los restos de los trenes. Conviene recordar que en estos análisis -realizados incomprensiblemente casi tres años después de la masacre- aparecieron dinitrotolueno (DNT) y nitroglicol. De los explosivos de nuestro entorno, sólo dos contienen en su fórmula estos dos componentes: la Goma 2 EC y la dinamita Tita-dyn 30. La decisión de ayer tiene, pues, una gran importancia. No sólo corrobora las dudas sobre lo que realmente estalló en los trenes sino que demuestra que todos los peritos admiten la posibilidad de que el Titadyn se utilizara en el 11-M. El hecho de que ETA hubiera robado precisamente Titadyn 30 en Plévin añade relevancia a la prueba y aporta un nuevo indicio sobre la posible conexión de la banda terrorista con la masacre, donde cada vez está más claro que no estalló Goma 2 ECO.

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El «caos» permitió que la Policía hiciese pasar por la 'mochila de Vallecas' otra que ellos compraron

 

07-03-07



Juicio por una masacre / Día 11


El «caos» permitió que la Policía hiciese pasar por la 'mochila de Vallecas' otra que ellos compraron

MANUEL MARRACO / JOAQUIN MANSO

La undécima jornada de la vista oral volvió a poner de manifiesto las condiciones en que los Cuerpos de Seguridad trabajaron tras la masacre. Hoy está previsto que testifique el agente al que el instructor encargó que analizase los vínculos de ETA con el atentado. Y tras otros tres testigos, sería el turno de 'Cartagena'...

MADRID.- Un mando policial a cargo de la investigación del 11-M reconoció ayer que los días posteriores al atentado fueron «un caos» en el que intentaban poner orden como podían. Ese «caos» permitió que una mochila comprada por la propia policía en Lavapiés acabase en el despacho del juez Juan del Olmo como si fuera la del artefacto desactivado en Vallecas. «No todo estaba perfectamente identificado», aclaró.

El tercer miembro de la UCIE en declarar como testigo en el juicio por la masacre explicó por qué se hicieron con aquella bolsa de nailon azul con asas. «Nos parecía calcada a las que habíamos visto en los medios que habían estallado en los trenes». Según dijo, pensaban remitirla a la Policía Científica para que cotejase las fibras con las de la mochila de Vallecas.

(.../...)

A preguntas del letrado de la AVT Emilio Murcia, declaró que la compraron en una tienda de la calle de Caravaca que estaba enfrente del lugar de trabajo de tres sospechosos de la masacre. «Queríamos ver si podíamos ubicar la preparación del atentado en los lugares que teníamos identificados en Lavapiés. Y de ahí vino la confusión posterior...».

El testigo aseguró ayer que no sabía qué había sido de la mochila. Ni siquiera si la habían enviado a la Policía Científica. Inmediatamente, se justificó. «Cuando yo me hice cargo del grupo me encontré con toneladas de efectos. La bolsa andaba rondando por ahí y a mí me explicaron que su procedencia era ésa». «Dado el caos que sigue a los atentados, no siempre estaba todo perfectamente identificado», añadió.

La mochila acabó en la Audiencia Nacional bajo el rótulo mochila de Vallecas, cuando en realidad era el ex jefe de los Tedax Juan Jesús Sánchez Manzano quien custodiaba la original. Del Olmo no se percató del error hasta que un inspector jefe encargado de custodiar los efectos de El Pozo -entre los que, teóricamente, estaba la mochila de Vallecas-, le dijo que no era la que le mostraba. El juez puso el grito en el cielo y ordenó que le remitieran la mochila auténtica.

Sobre el mismo asunto, el inspector de la UCIE declaró ante el tribunal que desconocía si «se inventariaron in situ los efectos recuperados en los trenes», en referencia a que la mochila desactivada no fue localizada hasta la madrugada del día 12, pese a las diversas inspecciones policiales. Aún en el turno de las acusaciones, le preguntaron si «todo» lo recuperado en los trenes estaba «perfectamente custodiado». El inspector no pasó de un «eso intentábamos».

Antes de dar explicaciones sobre la mochila, durante el interrogatorio de la fiscal Olga Sánchez, el inspector ya había descrito las circunstancias en las que trabajaron tras el 11-M. «Recibíamos una avalancha continua de informaciones. En toda España se presentaban ciudadanos manifestando haber visto a alguna persona, poder saber algo. Incluso muchos presos hallaron una mina en tratar de conseguir beneficios si delataban a moritos a los que veían reuniéndose en el patio».

El inspector también hizo una leve y polémica incursión en Leganés. «Yo mismo no tengo nada claro lo que pasó ahí porque he oído varias versiones», soltó. En cuanto fue repreguntado por esas versiones contradictorias, dio marcha atrás alegando que no había sido testigo directo de los hechos.

Otros momentos del interrogatorio se centraron en algunos de los suicidas y las investigaciones en marcha antes del 11-M. «La gran faena es que siempre fuimos un paso por detrás», dijo el inspector.

Respecto a El Tunecino, lo describió como «un islamista de nivel» que entre sus propios acólitos había llegado a causar miedo. «En la unidad nos constaba perfectamente que personas como el procesado Basel Ghlayoun habían sido directamente insultados por El Tunecino, habían sido llamados cobardes por no estar dispuestos a secundarle en su cruzada suicida y asesina».

También habló de otro suicida, El Chino. Recordó un encuentro relatado por sus hermanos días después del 11-M, cuando le buscaba la policía. Su hermano mayor le reprochó que hubiera atentado en la ciudad que les acogía. «El Chino no pudo aguantar su mirada, pero respondió que también en Palestina mueren 200 personas y nadie hace caso».

Por la tarde, comenzó declarando otro inspector de la UCIE que se encargó de las gestiones tendentes a averiguar dónde se habían adquirido los teléfonos móviles que, supuestamente, se utilizaron para accionar las bombas. Según relató ayer, su trabajo se inició con el hallazgo de la mochila de Vallecas, en cuya «cadena de custodia» aseguró que no había participado, sin que nadie le hubiese preguntado por ello.

El rastreo del IMEI [código de identificación] del celular que se encontró en la bolsa le llevó cinco días después de los atentados a un establecimiento de Pinto, propiedad de la empresa Bazar Top, cuyo titular es un ciudadano indio. De manera confusa, el agente narró cómo el 3 de marzo se presentaron dos individuos que adquirieron tres unidades del modelo Trium 110, el mismo que apareció en la mochila, pidieron que fuesen liberados y manifestaron su voluntad de adquirir otros seis al día siguiente, ya aptos para ser utilizados con cualquier tarjeta telefónica.

El libro de registro de la tienda que liberó los móviles mostraba, según el testigo, que 12 móviles Trium 110 habían sido enviados ese día desde Bazar Top, pero que sólo nueve IMEI coincidían con los que habrían adquirido esos desconocidos. El agente explicó la diferencia en que Bazar Top deseaba disponer de un remanente de terminales de ese modelo ya liberados.

El inspector de la UCIE contó que el indio que les atendió escuchó, cuando al día siguiente las mismas «personas no identificadas» acudieron a recoger su pedido, que «hablaban un idioma raro. '¿Qué habláis?', les preguntó. Y ellos respondieron: 'Bulgaria, Bulgaria'».

Cuatro días después, aseguró el testigo, volvieron para comprar otro Trium 110, un reloj Casio digital y una cinta de vídeo para cámara DV.

LA DECLARACION DEL AGENTE 84.128

«Nos parecía [la mochila que la Policía compró en Lavapiés] calcada a las que habíamos visto en los medios que habían estallado en los trenes».

«Queríamos ver si podíamos ubicar la preparación del atentado en los lugares que teníamos identificados en Lavapiés. Y de ahí vino la confusión posterior...».

«Cuando me hice cargo del grupo me encuentro con toneladas de efectos. La bolsa andaba por ahí y a mí me explicaron que su procedencia era ésa. Pero dado el caos que sigue a los atentados, no siempre todo estaba perfectamente identificado».

«No tengo nada claro lo que pasó ahí [en el piso de Leganés], porque he oído varias versiones».

«'El Chino' no pudo aguantar su mirada [la de su hermano], pero respondió que en Palestina mueren 200 personas y que nadie hace caso».

«La gran faena es que siempre fuimos por detrás [de los presuntos autores del atentado]».

«En la unidad nos constaba que personas como Basel Ghalyoun habían sido directamente insultados por 'El Tunecino' y que habían sido llamados cobardes por no estar dispuestos a secundarle en su cruzada suicida y asesina».

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Una web islamista animaba a provocar un cambio de gobierno

 

07-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Los testimonios

Una web islamista animaba a provocar un cambio de gobierno


Detrás estaba «alguien que conoce bien la realidad española», según un experto del Instituto Elcano

MADRID.- Un analista del Real Instituto Elcano aseguró ayer que cinco días después del 11-M enviaron al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) el documento publicado en una web islamista en el que se animaba a actuar contra España por su participación en la Guerra de Irak y recomendaba aprovechar la proximidad de las elecciones del 14 de marzo de 2004.


«Tenía un trasfondo estratégico y no doctrinal o religioso», indicó el analista, que destacó que, tras leer el documento, él entendía que lo había realizado «alguien que conoce bien la realidad española o alguien que ha copiado información relevante con gran acierto» y con el objetivo de «provocar acciones de cambio de posición de España en Irak».

(.../...)

Así lo manifestó Haizam Amirah en la undécima jornada de juicio, en la que explicó que solicitó ese documento al Centro de Estudios Noruegos al saber de su existencia después de haber leído, en los días posteriores a los atentados, diversas informaciones en los medios de comunicación en las que hacían referencia al documento, informa Efe.

Tras indicar que pidió el documento el 15 de marzo, y que ese mismo día el investigador noruego que lo había encontrado por primera vez en internet en diciembre de 2003 se lo remitió por correo electrónico, Amirah manifestó que se dio «cuenta de la importancia que tenía» y que, con ayuda de la subdirectora del Instituto, comenzaron a traducirlo. El documento constaba de 47 páginas escritas en árabe clásico y culto.

«Yo analizo el texto y veo una amenaza a la seguridad nacional de España», añadió el quinto testigo, que subrayó que «no parece una simple casualidad la fecha elegida» para los atentados, en alusión a la recomendación que hacía el documento de aprovechar las elecciones del 14 de marzo.

Recordó que era un «documento de tipo estratégico, centrado en la situación de Irak», en el que había «recomendaciones para llevar a cabo en los países que estaban en Irak» y en el que se describía la realidad social y política de España provocada por su actuación en la citada guerra, como la falta de apoyo popular a la invasión de Irak o las manifestaciones que se realizaron en contra.

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Primeros traspiés de la policía

 

07-03-07



PREGUERIAS

Primeros traspiés de la policía


VICTORIA PREGO

Ahí estaba la novedad más llamativa del día: el tribunal autoriza que los peritos examinen la composición de uno de los cartuchos de dinamita Titadyn que los etarras de la caravana de la muerte traían a Madrid aquel funesto día 29 de febrero de 2004, en el que coincidió con aquella otra, la caravana de la masacre, que venía de Asturias con parecida carga, el mismo destino e idéntico propósito criminal. Se trata sólo de un cotejo en los análisis, pero el morbo de la noticia estuvo, así, de entrada, en que ésa -Titadyn- se ha convertido en una palabra vitanda entre quienes alimentan la teoría de la teoría de la conspiración, y oírla pronunciar en voz alta en los pasillos y en la sala tenía el atractivo que supone siempre el romper las reglas de la buena compostura. Las razones para ese examen son técnicas, pero el morbo resultó inevitable.
(.../...)


Pero entre los pliegues de esa noticia se escondieron también unas cuantas novedades que salpicaron ayer las declaraciones de los responsables policiales que comparecían como testigos. Y la más llamativa, por las consecuencias que pueda tener, afectaba a uno de los procesados, el argelino Nasredine Bousbaa, de 46 años, que está acusado de proporcionar documentación falsa a varios de los terroristas del 11-M. Le afecta tanto que, tras lo escuchado ayer, este señor podría llegar a ver muy mejorada su situación penal.

La verdad es que ya había sucedido el día anterior, pero la cosa había pasado como de perfil y sin que nadie tocara a continuación la campana de la alarma. En su declaración del lunes, uno de los responsables de la policía había dicho algo tan aparentemente inocuo como que cuando este Bousbaa fue detenido, no existían sospechas de que estuviera relacionado con los terroristas. Ayer martes se volvía a escuchar, por segunda vez, la misma versión. Preguntaba su abogado defensor, claro. Pero hete aquí que llegó el presidente y «mandó a parar», como dice la canción de Silvio Rodríguez, sin que la comparación pueda ir más lejos. El caso es que Gómez Bermúdez retomó la pregunta, pidió precisiones al policía declarante y resultó que no, que el argelino había sido detenido en julio de 2004 y que, para entonces, ya tenían sobradas sospechas e información sobre sus presuntas relaciones con al menos tres de los que se habían suicidado en Leganés tres meses atrás.

¿Importa eso? Importa, porque el ahora acusado fue llamado a comisaría a declarar como testigo. Acudió, por lo tanto, sin abogado, y acudió voluntariamente. Pero sucedió que en mitad de su declaración se le dice que, huy, que ya empiezan a resultar sospechosas sus respuestas y que a partir de ese instante el testigo queda detenido y es imputado. Este proceder policial podría convertir en nula la declaración del procesado. Fueron dos errores seguidos, dos los policías que dieron el mismo traspié en dos declaraciones distintas. Pero tal error quedó enmendado cuando el presidente forzó la aclaración. Ya veremos qué pasa, pero hay que consignar que el abogado de Bousbaa no acudió a la sesión de la tarde. Igual estaba en su casa celebrándolo.

No fue éste el único punto oscuro de las declaraciones policiales. Por ahí anda vagando la sombra de un supuesto policía marroquí que, con un pasamontañas en la cabeza, amenazó a dos de los procesados -en libertad bajo fianza- con enviarles a Marruecos a ellos y a su madre si no implicaban con sus declaraciones a su tío Yousef Belhadj, uno de los presuntos autores intelectuales de la matanza. La cosa es que los policías que han declarado niegan rotundamente la existencia del hombre del pasamontañas. Pero, según sus defensores, hay más testigos que vieron al personaje.

Y más cosas. Por ejemplo, el tiroteo que se produjo en Leganés desde el interior de la vivienda de los suicidas contra las fuerzas policiales que rodeaban la casa antes de la explosión. Los abogados preguntaron con insistencia sobre este asunto. Los policías que declararon ayer no estuvieron en condiciones de acreditar el episodio. «Yo no tengo nada claro lo que pasó allí» dijo uno de ellos, «me dieron distintas versiones. Desconozco lo que pasó de verdad, yo llegué después».

Habrá que esperar hasta oír los testimonios de quienes estuvieron allí desde el primer minuto, pero de lo escuchado ayer se refuerzan las dos impresiones formuladas días atrás: la de que, con este orden de testimonios, se ha empezado la casa por el tejado, y la de que todavía quedan muchas dudas por despejar.

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El Tribunal del 11-M acepta que se coteje Titadyn de ETA con restos de los trenes

 

07-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / La investigación

El Tribunal del 11-M acepta que se coteje Titadyn de ETA con restos de los trenes


La fábrica francesa a la que se solicitaron las muestras ha cerrado y no se fabrica ya el explosivo

MANUEL MARRACO

MADRID. - Los ocho peritos encargados del nuevo informe sobre los explosivos podrán comparar lo detectado en los focos de la masacre con el Titadyn que ETA envió a Madrid en la caravana de la muerte.


La casualidad -en realidad, un accidente- ha querido que la fábrica francesa a la que se habían solicitado las muestras haya cerrado y, por tanto, se haya suspendido la fabricación del explosivo, según comunicó recientemente al tribunal el Ministerio de Industria. Como solución, los propios peritos han propuesto a la Sala analizar el último cargamento de Titadyn confiscado a ETA, que resulta ser el interceptado por la Guardia Civil en Cañaveras (Cuenca) en febrero de 2004.
(.../...)

El explosivo de la caravana de la muerte es del tipo Titadyn 30, robado por ETA en la localidad francesa de Plevin. Entre sus componentes se encuentran el dinitrotolueno (DNT) y el nitroglicol, los dos componentes detectados en los restos recogidos en los focos. El DNT no es uno de los componentes de la Goma 2 ECO, supuestamente empleada en los atentados.

La propuesta de analizar el explosivo de ETA, fechada el lunes, viene firmada por Miguel Angel Santano, comisario general de Policía Científica, en cuyo laboratorio se está realizando la nueva macropericial.

El oficio dirigido al tribunal solicita, en concreto, «incorporar a la prueba pericial anticipada ordenada sobre los explosivos del 11-M el análisis del explosivo de la denominada caravana de la muerte, para lo cual se precisaría que, por quien corresponde y debidamente documentado y acreditado, se remitiera un cartucho de Titadyn, completo e intacto, de los que hubieran sido intervenidos en la furgoneta de la caravana de la muerte».

Ayer el tribunal -compuesto por Javier Gómez Bermúdez, Alfonso Guevara y Fernando García Nicolás - aceptó la propuesta, del mismo modo que hace una semana, también a petición de los peritos, acordó que se analizara una muestra certificada de Titadyn.

El cierre de la empresa impide que la muestra empleada para patrón esté certificada por el fabricante, pero el tribunal considera que la custodia del explosivo por las Fuerzas de Seguridad y la Audiencia Nacional ofrece garantías suficientes.

El tribunal ha ordenado a la Sección Tercera de la Audiencia que autorice la remisión de un cartucho de los intervenidos para remitirlo a la Policía Científica. La Sección Tercera, presidida por el propio Alfonso Guevara, fue la encargada de celebrar el juicio contra los etarras de Cañaveras.

Según los datos aportados al sumario del 11-M, la furgoneta transportaba a Madrid media tonelada de explosivos, incluyendo 30 kilos de Titadyn.

Los dos etarras detenidos por la Guardia Civil son Irkus Badillo y Gorka Vidal, ya condenados a 22 años de prisión. Al igual que uno de los cartuchos que trasladaban, ambos han acabado en la causa que se sigue por el 11-M, ya que están citados a declarar como testigos.

Según declaró el procesado Emilio Suárez Trashorras la semana pasada ante el tribunal del 11-M, Jamal Ahmidan, El Chino, le dijo en una conversación telefónica que los dos etarras eran sus «amigos». La caravana coincidía en el tiempo con el viaje supuestamente realizado por El Chino a Asturias para hacerse con el explosivo necesario para la masacre. Todas esas circunstancias llevaron a defensas y acusaciones a pedir que los dos etarras declaren en el juicio por el 11-M.

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Héroe para tirios y para troyanos

 

07-03-07



ASI LO CUENTAN

Héroe para tirios y para troyanos


VICTOR DE LA SERNA

Su estilo cortante levantó ampollas iniciales, pero todo ha cambiado: por ahora al menos, Javier Gómez Bermúdez es el héroe de todos los que siguen el juicio del 11-M, partidarios o no de la versión oficial. «Una de las verdades que nadie discute en el juicio del 11-M es el extraordinario conocimiento del sumario y la perfecta dirección del juicio del presidente del tribunal», subraya ABC, aplaudiendo (como El País) que Bermúdez reconvenga a los abogados que intentan demostrar posibles lazos con ETA, mientras que los peones negros que participan en el blog de Luis del Pino en LibertadDigital.com le han apodado SuperBer por su negativa a soportar peroratas.

La Razón («La Policía investigó la cabaña de Morata un año y medio antes de los atentados»), como EL MUNDO, se centraba ayer en lo que dijeron los testigos. Otros medios preferían escudriñar otros aspectos.
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El País titulaba a todo trapo la crónica de Pablo Ordaz: «Tanta conspiración empieza a irritar al juez. El presidente del tribunal reconviene a un abogado y le conmina a no salirse de su papel de acusación». Dice el cronista: «Al hundirse irremediablemente la pretendida implicación de ETA, ahora sus esfuerzos se centran en demostrar una especie de nueva conspiración judeomasónica en la que policías, guardias civiles, espías y políticos socialistas estuvieran de acuerdo para hacer la vista gorda, permitir la masacre del 11-M y echar al PP del poder». Molesto, Ordaz llega a proponer una lista de preguntas que quisiera que alguno de esos picapleitos hiciera a los policías para demostrar así lo abandonada que tenía el incompetente Aznar la lucha contra el terrorismo islámico.

¿No sería posible pensar en conexiones con ETA sin por ello, ni mucho menos, defender o exculpar a la tropa de delincuentes que están siendo juzgados? Y de toda la masa de datos que los (tediosos, sí) testimonios de unos y de otros, ¿coligen los cronistas que se atisba alguna prueba sólida que pueda mantener en chirona a estos personajes asturianos y norteafricanos?

Lo que resulta curioso en la cobertura de esos dos diarios es que magnifiquen las admoniciones del juez al abogado de una acusación y minimicen otras actuaciones de Bermúdez.

ABC se cae incluso del guindo mencionando otro rifirrafe judicial, no tan interesante para sus cronistas, éste con el segundo agente de la UCIE del lunes, cuya «confusa declaración», según la definía EL MUNDO, pretendía explicar el seguimiento de las tarjetas de teléfonos móviles de las que se dice que detonaron las bombas. ABC no lo tiene tan claro: primero, dice que el agente se expresó «con una precisión particularmente llamativa», pero, luego, su héroe muestra su desacuerdo con esa precisión: «Sucedió lo inesperado: el presidente suspendió la sesión unos minutos porque tanto dato era 'ininteligible'».

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Declaraciones imprecisas

 

07-03-07



EL BLOC DE

Declaraciones imprecisas


Luis del Pino

Referencias. Continúan las declaraciones de policías que han intervenido en las investigaciones. Con la misma tónica que en el día anterior: resultan convincentes mientras leen el guión preparado, pero desbarran en cuanto les preguntan cualquier cosa concreta. El primero de los dos que ha declarado se ha hecho un verdadero lío cuando la abogada de Fouad Morabit le ha pedido que explicara qué datos tiene para afirmar que su defendido compartió vivienda con Asrih Rifaat en la calle de Virgen del Coro. Se ha vuelto a hacer un lío cuando el abogado de Mohamed El Egipcio le ha pedido que aclarara qué sabía sobre el supuesto tiroteo que se vivió en Leganés. Ha afirmado que fue debido a un error suyo que se devolvió al propietario de la furgoneta Kangoo la famosa cinta coránica que tanta influencia electoral tuvo. Finalmente, se ha salido una y otra vez por la tangente al ser interrogado por otras cuestiones, afirmando que conocía los datos sólo por referencias. Las referencias, como todo el mundo sabe, son muy útiles. Con decir que a uno se lo contó otro, puede soltar cualquier cosa, como que hubo un tiroteo en Leganés, y luego echar balones fuera.

Teléfonos. El segundo policía no ha sido menos confuso, especialmente al explicar lo referente a los números de serie (IMEI) de los terminales telefónicos supuestamente usados en las bombas y que habrían sido vendidos, según la versión oficial, en la tienda de los dos hindúes detenidos el 13-M. El propio juez ha tenido que interrogarle para que aclarara qué números de serie se apuntaban en los libros de caja de la tienda. El testigo ha terminado diciendo que esos hindúes apuntaban el número de serie de cada teléfono que vendían. Pero, según el sumario, eso no es verdad: apuntaban sólo los números de serie de los teléfonos que llevaban a liberar a la tienda del policía Kalaji. ¿Tiene esto alguna importancia? A lo mejor más de la que algunos se imaginan. La declaración de Kalaji puede ser memorable.

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DE PERMISO

 

07-03-07



ORDEN EN LA SALA

DE PERMISO


El tribunal del 11-M autorizó ayer por la tarde a uno de los acusados, el asturiano Javier González Díaz, alias 'El Dinamita', a ausentarse de la vista hoy y el próximo lunes para acompañar a su esposa, que debe someterse a una intervención médica.

El abogado de 'El Dinamita' aportó un informe médico en el que se acredita que el proceso hospitalario tendrá lugar hoy y solicitó que su patrocinado dejara de asistir a la vista «mientras dure el internamiento».

El Ministerio Público y las acusaciones populares y particulares no presentaron objeciones ante la solicitud de Javier González, según informa Europa Press.

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5.3.07

 

La Policía obtuvo datos del 11-M sin orden judicial y de forma inverosímil

 

05-03-07



LOS TIEMPOS NO ENCAJAN EN LA INVESTIGACION DE LAS TARJETAS TELEFONICAS

La Policía obtuvo datos del 11-M sin orden judicial y de forma inverosímil


CASIMIRO GARCIA-BADILLO

MADRID.- La UCIE (Unidad Central de Información Exterior) logró la información sobre, al menos, seis de las tarjetas presuntamente utilizadas por los terroristas del 11-M para activar los teléfonos móviles -que actuaron como temporizadores de las bombas- sin autorización judicial, según se desprende de la documentación que obra en el sumario de la causa 20/04.

El servicio telegráfico de la policía (Tepol) remitió a las 21.00 horas del 15 de marzo de 2004 un fax al Juzgado número 6 de la Audiencia Nacional (Tomo 4, pags. 690-693).

En dicho fax, la policía le solicitaba a Del Olmo, con «carácter urgente», un mandamiento judicial para que la compañía Amena le facilitase todos los datos en relación a las 30 tarjetas vendidas por Sindhu Enterprise al locutorio Siglo Nuevo (Jawal Mundo Telecom), regentado por Jamal Zougam.

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La orden del juez solicitando tales datos a la compañía Amena tiene fecha de 16 de marzo de 2004 (Tomo 4, página 696).

Según el escrito de acusación de la fiscal, a dicho lote pertenecían siete tarjetas que «se utilizaron [la recuperada en la bolsa de Vallecas y seis más] para encender los siete teléfonos móviles bajo el área de influencia de la BTS de Morata de Tajuña el día 10-3-04».

Como expone en el mismo escrito la fiscal Sánchez, «el registro del IMEI [identificación interna específica del aparato telefónico] tiene una caducidad de 72 horas si no tiene actividad, por lo que el resto de los artefactos (hasta 13) fueron programados con anterioridad a esas 72 horas de almacenamiento de los registros».

Es decir, según la versión de la fiscal, corroborada en multitud de informes policiales obrantes en la causa, si las tarjetas de los móviles se activaron el día 10 de marzo (un día antes del atentado), la BTS de Morata habría registrado la información sobre dichos móviles ese día y habría sido almacenada en la central de conmutación de la compañía, como máximo, hasta el sábado día 13. En ningún caso, hasta el martes día 16 de marzo, fecha en la cual el juez Del Olmo libró a Amena el mandamiento judicial solicitando la información sobre dichas tarjetas.

El jefe del departamento del Magreb de la UCIE (Unidad Central de Información Exterior) cuando se produjo el atentado fue aún más preciso en su declaración ante el tribunal de la Audiencia Nacional el pasado jueves día 1 de marzo. El mencionado oficial dijo que las tarjetas se activaron «entre las 16.00 y las 19.00 horas del día 10 de marzo». Eso quiere decir que los datos referentes a las siete tarjetas que se activaron bajo la BTS de Morata, y dado que una vez activadas no realizaron ni recibieron ninguna llamada, se habrían borrado automáticamente a las 72 horas.

Es decir, que a partir de las 19.00 horas del sábado 13 de marzo, Amena no habría podido facilitar ningún dato a la Policía sobre las tarjetas que se activaron bajo la BTS de Morata entre las 16.00 y las 19.00 horas del día 10 de marzo de 2004.

Los responsables de la UCIE y la propia compañía tendrán que explicar cómo se obtuvo esa información, que ha servido para avalar la hipótesis de que los terroristas del 11-M montaron en la casa de Morata de Tajuña las 13 bombas que hicieron saltar por los aires cuatro trenes de cercanías, causando la muerte a 191 personas.

En su afán por localizar a los responsables de la matanza, las distintas unidades de la Policía iniciaron a partir de la mañana del día 11 una auténtica carrera contrarreloj.

La pista más relevante que llevaría a las primeras detenciones fue la bolsa o mochila hallada en la Comisaría de Puente de Vallecas en la madrugada del día 12 de marzo, conteniendo más de 10 kilos de Goma 2 ECO, metralla y un teléfono marca Trium T-110 conectado a un detonador.

Sobre las 4.00 horas del día 12 de marzo, cuando ya el tedax Pedro había desactivado la bomba, el aparato de teléfono fue llevado a las dependencias de dicha Unidad, en el complejo de Canillas. Su jefe, Juan Jesús Sánchez Manzano, la trasladó allí personalmente acompañado por el responsable de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén.

Para sorpresa de la policía, el teléfono conectado al detonador estaba apagado. ¿Cómo lo encendieron si no conocían su número PIN? Esa operación, clave para la investigación, no ha sido descrita en el sumario. Según fuentes solventes, uno de los jefes de sección de los Tedax abrió el teléfono, sacó la batería y la tarjeta e introdujo la suya. Después, marcó su número PIN y el teléfono se encendió.

Así fue como los Tedax supieron que el despertador del móvil, en modo de vibrador, estaba programado para las 7.40 horas.

Ahora bien, ¿estaban programados también el día y la hora?

El juez Del Olmo tuvo mucho interés en conocer ese dato fundamental.Tan es así que el 20 de octubre de 2005 (más de 19 meses después del atentado) ordenó a los Tedax un informe pericial sobre el asunto. El 7 de noviembre de dicho año, Sánchez Manzano le remitió al juez su informe pericial, en el que se afirmaba que «cuando se procedió al estudio del teléfono, su hora coincidía con la real y tenía activadas las funciones de alarma (7.40) y vibrador».

El comisario jefe de los Tedax no dijo la verdad al juez. Una vez que se quita la batería y la tarjeta al Trium T-100, es necesario volver a introducir los datos correspondientes al día y la hora.Es imposible que supieran que «la hora era la correcta» (como afirma también la fiscal en su escrito de acusación) si, como relataron el propio Sánchez Manzano y el comisario general de la Policía Científica, Miguel Angel Santano, ante la Comisión de Investigación del 11-M, el teléfono se desmontó para extraer la tarjeta.

Ahora bien, ¿cómo llegó la policía al locutorio de Zougam a partir de dicha tarjeta?

El día 12 de marzo, a las 16.48 horas, el juez Del Olmo remitió un escrito a la dirección de la compañía Amena para que informase a la Brigada Provincial de Información (unidad que se hizo cargo de la investigación hasta que fue asumida por la UCIE el día 13 de marzo) de los datos de llamadas entrantes y salientes del teléfono 652282963 (correspondiente a la tarjeta que había dentro del móvil de la bolsa de Vallecas). También hizo lo propio con Amena, Movistar y Vodafone para que facilitasen a la policía la información referida al aparato con número de IMEI 350822350844612.

Sin embargo, como se supo después, el número de IMEI que figuraba en la pegatina del teléfono no era el que se correspondía con ese terminal, así como tampoco la tarjeta asociada a dicho número.Ese hecho retrasó durante muchas horas la investigación.

De tal forma que, hasta las 17.15 horas del día 13 de marzo, la Brigada Provincial de Información no dio los datos correctos al juez Del Olmo para que éste, a su vez, remitiera el mandamiento judicial tanto a Amena (tarjeta) como a Movistar (IMEI del aparato telefónico) para que le facilitasen todos los datos solicitados.

Es decir, que el mandamiento judicial no debió llegar a las compañías telefónicas hasta bien pasadas las 18.00 horas del sábado 13 de marzo. Lo normal es que entre la petición policial y el libramiento de la orden por parte del juez pasen unas dos horas. Por lo tanto, es imposible que se diera información relativa al activado de tarjetas antes de la misma hora a la que se produjo la transmisión de la orden judicial referida al día 10 de marzo.

Aunque resulta muy difícil, cabe la posibilidad de que el dato del encendido de la tarjeta hallada en la bolsa de Vallecas en la BTS de Morata se lograra antes de que vencieran las 72 horas en las que se produce el borrado automático desde que se registrara su IMEI.

Sin embargo, como ya se ha dicho, es materialmente imposible que se lograran obtener los datos de registro de IMEI de las otras seis tarjetas. Al menos, de forma legal. Cuando se remitió la orden del juez Juan del Olmo, habían pasado más de 48 horas desde que la información sobre las mismas había sido borrada automáticamente en la central de conmutación de Amena.

Incluso admitiendo que la policía, en su afán por descubrir a los culpables de la masacre, hubiese tratado de conseguir la información sin orden judicial, los tiempos hacen prácticamente inverosímil que eso se hubiera podido conseguir.

Para empezar, los propietarios de Sindhu Enterprise (los que vendieron las tarjetas al locutorio de Zougam) no prestaron declaración hasta pasadas las 16.00 horas del sábado día 13 de marzo (Tomo 6 del sumario, páginas 1.350 a 1.361). Fue en dicha declaración, realizada ante funcionarios de la UCIE, cuando, por primera vez, los propietarios de dicha tienda facilitaron a los agentes los números de las 30 tarjetas que fueron vendidas el 25 de febrero al locutorio sito en el barrio madrileño de Lavapiés.

Es decir, que por lo menos hasta pasadas las 17.00 horas del sábado 13 de marzo la unidad policial no pudo hacer gestiones ante Amena para que le facilitara los datos sobre dichas tarjetas.Hay que recordar que, según el jefe del departamento del Magreb de la UCIE, las tarjetas se conectaron a la red entre las 16.00 y las 19.00 horas del día 10 y que, por lo tanto, a las 19.00 horas del sábado todos, absolutamente todos los datos almacenados referidos a esas tarjetas quedaron automáticamente borrados.

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LAS TARJETAS DE LOS MOVILES Y LAS 'PIEDRAS DE PULGARCITO'

 

05-03-07



EDITORIAL

LAS TARJETAS DE LOS MOVILES Y LAS 'PIEDRAS DE PULGARCITO'


Por tercer lunes consecutivo, nuestro vicedirector Casimiro García-Abadillo hace hoy revelaciones sustanciales que ponen en jaque la investigación del 11-M recogida en el sumario. Si sus dos anteriores entregas dejaban en evidencia la altísima probabilidad de que lo que estallara en los trenes no fuera Goma 2 ECO y de que la Policía haya manipulado los restos de explosivos intactos para sostener la teoría de la contaminación en la fábrica, esta vez su trabajo de investigación se centra en las tarjetas de los móviles que presuntamente hicieron estallar las mochilas bomba.

De nuevo los datos de la realidad -plasmados en el propio sumario- no cuadran con el relato policial asumido por la Fiscalía y por el juez instructor. Resulta que, según la información atribuida a Amena, siete tarjetas -incluida la de la mochila de Vallecas- fueron activadas en la zona de Morata entre las 16.00 y las 19.00 horas del 10 de marzo, víspera de los atentados. ¿Cómo pudo obtener esos datos la Policía si también se hace constar que sólo se conservan durante tres días, es decir, hasta las horas equivalentes del sábado 13 de marzo?
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Desde luego no de manera legal, porque el auto del juez Del Olmo pidiendo la información a la compañía tiene fecha del martes 16. Ya en sí mismo esto puede tener unas implicaciones devastadoras para el ministerio público, pues según la Ley de Enjuiciamiento Criminal toda prueba obtenida sin cobertura legal puede quedar anulada y contaminar cuantos datos se deriven de ella. Pero incluso si aceptamos la hipótesis de que Amena accediera a la irregularidad -probablemente delictiva- de colaborar con la Policía tirando por la calle de enmedio, dadas las especialísimas circunstancias que se vivieron aquellos días, los plazos sólo cuadrarían mediante una inverosímil combinación de eficiencia, celeridad y buena suerte. Téngase en cuenta que la declaración en comisaría de los indios que habían vendido las tarjetas a la tienda de Zougam no se produce hasta las 16.00 horas del propio sábado 13. Pensar que en sólo tres horas se consiguieron los números de las tarjetas, se convenció a Amena de que rastreara ilegalmente la información y se obtuvieran los datos de la estación próxima a Morata al filo mismo de su borrado automático parece bastante poco realista.

Es inevitable, por lo tanto, poner todo esto en combinación con las sospechas en torno a pruebas como la propia mochila de Vallecas, la furgoneta milagrosa o el Skoda Fabia, o con la significativa declaración del mando policial que el jueves aseguró ante el tribunal que desde el primer momento los Tedax mantuvieron -¿con qué base si ni siquiera se había localizado aún a Trashorras?- que la dinamita procedía de Mina Conchita. Todo nos devuelve a la expresiva metáfora de las piedras de Pulgarcito evocada por Fernando Múgica en uno de sus primeros agujeros negros: es como si alguien hubiera dejado, en paralelo al atentado, una serie de pistas preconstituidas para que la autoría quedara de inmediato resuelta.

Unase a ello el nuevo engaño de Sánchez Manzano al juez Del Olmo -¿y van?-, haciéndole creer que el teléfono hallado en la mochila tenía la hora correcta, cuando en realidad habían sido los propios Tedax los que la habían tenido que programar al haber quedado borrada de la memoria del teléfono, y tendremos el mismo panorama tantas veces detectado: la conducta policial osciló aquellos días una y otra vez entre la chapuza y la manipulación delictiva.Determinar qué proporción hubo de lo uno y de lo otro es uno de los retos esenciales que éste u otro tribunal tendrá que afrontar para averiguar toda la verdad del 11-M.


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La «patraña» de González sobre la gestión de Aznar para salvar a M. A. Blanco

 

05-03-07



CRISIS ANTITERRORISTA / La polémica

La «patraña» de González sobre la gestión de Aznar para salvar a M. A. Blanco


El intento lo hizo ante el etarra 'Txelis' su propia abogada, a instancias de Pedro J. Ramírez, y no del Gobierno

En febrero de 1998, en una entrevista que publicó el diario 'El País', Felipe González acusó a Pedro J. Ramírez de mantener «relaciones» con HB y ETA. El director de EL MUNDO guardó silencio entonces, porque no podía desvelar la gestión humanitaria que había puesto en marcha para intentar salvar la vida del concejal del PP Miguel Angel Blanco, cuando fue secuestrado por ETA. Meses después, el 10 de julio de 1998, González volvió a hablar de ello como la supuesta prueba de que Jaime Mayor Oreja había mantenido contactos con la banda terrorista cuando era ministro del Interior con Aznar. El ministro lo desmintió. El viernes pasado, el ex presidente se refirió de nuevo a esa «gestión humanitaria», achacando a Aznar una intervención respecto a un etarra preso en Francia.

MADRID.- La «gestión humanitaria» realizada ante ETA, en julio del año 1997, para intentar salvar la vida del concejal del PP Miguel Angel Blanco, a la que se refirió Felipe González el viernes último, no la llevó a cabo el Gobierno de José María Aznar, sino una abogada a petición de Pedro J. Ramírez, director de EL MUNDO.

El ex presidente del Gobierno se ha referido en tres ocasiones a esa gestión como si hubiera sido una tarea del Gobierno de José María Aznar. En el libro El desquite. Los años de Aznar (1996-2000), publicado en abril de 2004 por La Esfera de los Libros, Pedro J. Ramírez desmiente esa versión y cuenta los detalles de aquella gestión ante ETA.
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El diario El País publicó una entrevista con Felipe González, el 18 de febrero de 1998, en la que el ex presidente del Gobierno, refiriéndose al director de EL MUNDO, afirmaba: «...él sabe que yo le estoy diciendo dónde tiene su punto débil. En eso, en sus relaciones con HB, ETA y la señora Gurruchaga».

En el libro, Ramírez explica en qué consistió esa gestión y cómo se llevó a cabo. «González abusaba vilmente de que entonces yo no podía contar la gestión humanitaria que meses antes había intentado a través de esa abogada [María José Gurruchaga]», escribe, para aclarar por qué motivo no dijo nada en aquel momento ante las afirmaciones del ex presidente.

«Cuando ETA dio su ultimátum de 48 horas antes de asesinar a Miguel Angel Blanco, me acordé de que María José Gurruchaga, con la que yo había entablado cierta amistad a través de Carmen [su hermana, periodista que entonces trabajaba en EL MUNDO].Ella se había hecho cargo de la defensa del que fuera ideólogo de la banda hasta su detención en Bidart, José Luis Alvarez Santacristina, alias Txelis, lo cual era muy sintomático pues, siendo independentista, ella estaba rotundamente en contra de la lucha armada y no formaba parte del cuadro oficial de abogados proetarras».

«Sin pensármelo dos veces, la llamé por la mañana y le pregunté si estaría dispuesta a visitar a Txelis esa misma tarde en la cárcel parisina de La Santé y pedirle que hiciera un llamamiento público a sus compañeros para que no mataran al concejal».

La abogada Gurruchaga aceptó la propuesta, pero dijo que era imposible conseguir en tan poco tiempo un permiso para poder visitar a su cliente en la cárcel. «Entonces yo llamé a Mayor», explica Pedro J. Ramírez en su libro, «y él accedió a hacer las gestiones pertinentes con el Gobierno socialista francés para que la dejaran entrar, siempre y cuando quedara claro que ella daba el paso a título particular y no como enviada del Gobierno».

El actual diputado del PP Gustavo de Arístegui, que entonces era el jefe del gabinete del ministro Mayor Oreja, fue quien se encargó de las gestiones para conseguir la autorización que permitió a la abogada visitar a Txelis aquella misma noche en la prisión parisina.

«A la salida me llamó desolada para decirme que la actitud de su cliente había sido muy receptiva, pero le había explicado que aunque él y otros dirigentes históricos que estaban en su misma longitud de onda hicieran ese llamamiento, no serviría de nada porque, tal y como era la práctica arraigada en ETA, el comando tenía órdenes cerradas y nada ni nadie podría salvar ya a Miguel Angel Blanco si el Gobierno español no cumplía las imposibles condiciones impuestas».

«Estaba claro que algún miembro del equipo del entonces primer ministro, el socialista Jospin, le había contado a González el episodio y él lo había retorcido, transformando lo que había sido un noble impulso de intentar salvar una vida a la desesperada en la prueba oculta de mis turbias relaciones con ETA, 'todavía' en vigor. La pérfida pinza de la que todos los prohombres felipistas me responsabilizaban no era ya entre Aznar y Anguita, sino nada menos que entre el Gobierno y ETA», añade Ramírez en el libro.

«Aunque el propio presidente calificaría toda la película de la conspiración de 'colosal estupidez', la verdad es que el papel lo aguantaba todo. González había cerrado la campaña de las primarias socialistas en apoyo de Almunia, denunciando el PP jotismo que, según él, gobernaba España, y Borrell -por el que EL MUNDO había mostrado la preferencia de quien opta por el mal menor- había clamado en su mitin de Madrid: '¡Abstente, Pedro J.!', para añadir a continuación: «No quiero el apoyo de Pedro J. porque es un regalo envenenado y envuelto en jirones de piel arrancados a compañeros socialistas con sus mentiras'».

Un año después de esa entrevista en la cárcel, Alvarez Santacristina fue expulsado de ETA por su «falta de disciplina» y por el «ánimo de división» que, según la organización terrorista, había demostrado durante los últimos años.

Txelis fue miembro de la ejecutiva de ETA y máximo responsable del aparato político desde 1989 hasta que fue detenido en Bidart (Francia), el 29 de marzo de 1992.

Meses después, envió un escrito a la dirección etarra en el que proponía que dejaran las armas. En agosto del 97, después del asesinato de Blanco, Txelis y otros cinco dirigentes de ETA criticaron por escrito la continuidad de la violencia. En otras dos cartas posteriores él volvió a plantear la necesidad de dejar la violencia.

José María Aznar respondió ayer a esas declaraciones de Felipe González: «No son más que patrañas para tapar la escandalosa cesión al chantaje de ETA que ha hecho el Gobierno socialista», afirmó.

Fuentes del entorno de Aznar indicaron ayer a Europa Press que el ex presidente ha reiterado que «lo único» que hizo su Gobierno fue mantener «la supremacía» del Estado de Derecho y perseguir a los culpables del secuestro de Miguel Angel Blanco.

Añadieron que esas palabras de González no ofenden a Aznar, «pero sí han ofendido gravemente a los familiares de Miguel Angel Blanco, a su memoria y a la de todos los españoles que se sintieron conmocionados en aquel momento».

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