La «patraña» de González sobre la gestión de Aznar para salvar a M. A. Blanco

05-03-07



CRISIS ANTITERRORISTA / La polémica

La «patraña» de González sobre la gestión de Aznar para salvar a M. A. Blanco


El intento lo hizo ante el etarra 'Txelis' su propia abogada, a instancias de Pedro J. Ramírez, y no del Gobierno

En febrero de 1998, en una entrevista que publicó el diario 'El País', Felipe González acusó a Pedro J. Ramírez de mantener «relaciones» con HB y ETA. El director de EL MUNDO guardó silencio entonces, porque no podía desvelar la gestión humanitaria que había puesto en marcha para intentar salvar la vida del concejal del PP Miguel Angel Blanco, cuando fue secuestrado por ETA. Meses después, el 10 de julio de 1998, González volvió a hablar de ello como la supuesta prueba de que Jaime Mayor Oreja había mantenido contactos con la banda terrorista cuando era ministro del Interior con Aznar. El ministro lo desmintió. El viernes pasado, el ex presidente se refirió de nuevo a esa «gestión humanitaria», achacando a Aznar una intervención respecto a un etarra preso en Francia.

MADRID.- La «gestión humanitaria» realizada ante ETA, en julio del año 1997, para intentar salvar la vida del concejal del PP Miguel Angel Blanco, a la que se refirió Felipe González el viernes último, no la llevó a cabo el Gobierno de José María Aznar, sino una abogada a petición de Pedro J. Ramírez, director de EL MUNDO.

El ex presidente del Gobierno se ha referido en tres ocasiones a esa gestión como si hubiera sido una tarea del Gobierno de José María Aznar. En el libro El desquite. Los años de Aznar (1996-2000), publicado en abril de 2004 por La Esfera de los Libros, Pedro J. Ramírez desmiente esa versión y cuenta los detalles de aquella gestión ante ETA.
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El diario El País publicó una entrevista con Felipe González, el 18 de febrero de 1998, en la que el ex presidente del Gobierno, refiriéndose al director de EL MUNDO, afirmaba: «...él sabe que yo le estoy diciendo dónde tiene su punto débil. En eso, en sus relaciones con HB, ETA y la señora Gurruchaga».

En el libro, Ramírez explica en qué consistió esa gestión y cómo se llevó a cabo. «González abusaba vilmente de que entonces yo no podía contar la gestión humanitaria que meses antes había intentado a través de esa abogada [María José Gurruchaga]», escribe, para aclarar por qué motivo no dijo nada en aquel momento ante las afirmaciones del ex presidente.

«Cuando ETA dio su ultimátum de 48 horas antes de asesinar a Miguel Angel Blanco, me acordé de que María José Gurruchaga, con la que yo había entablado cierta amistad a través de Carmen [su hermana, periodista que entonces trabajaba en EL MUNDO].Ella se había hecho cargo de la defensa del que fuera ideólogo de la banda hasta su detención en Bidart, José Luis Alvarez Santacristina, alias Txelis, lo cual era muy sintomático pues, siendo independentista, ella estaba rotundamente en contra de la lucha armada y no formaba parte del cuadro oficial de abogados proetarras».

«Sin pensármelo dos veces, la llamé por la mañana y le pregunté si estaría dispuesta a visitar a Txelis esa misma tarde en la cárcel parisina de La Santé y pedirle que hiciera un llamamiento público a sus compañeros para que no mataran al concejal».

La abogada Gurruchaga aceptó la propuesta, pero dijo que era imposible conseguir en tan poco tiempo un permiso para poder visitar a su cliente en la cárcel. «Entonces yo llamé a Mayor», explica Pedro J. Ramírez en su libro, «y él accedió a hacer las gestiones pertinentes con el Gobierno socialista francés para que la dejaran entrar, siempre y cuando quedara claro que ella daba el paso a título particular y no como enviada del Gobierno».

El actual diputado del PP Gustavo de Arístegui, que entonces era el jefe del gabinete del ministro Mayor Oreja, fue quien se encargó de las gestiones para conseguir la autorización que permitió a la abogada visitar a Txelis aquella misma noche en la prisión parisina.

«A la salida me llamó desolada para decirme que la actitud de su cliente había sido muy receptiva, pero le había explicado que aunque él y otros dirigentes históricos que estaban en su misma longitud de onda hicieran ese llamamiento, no serviría de nada porque, tal y como era la práctica arraigada en ETA, el comando tenía órdenes cerradas y nada ni nadie podría salvar ya a Miguel Angel Blanco si el Gobierno español no cumplía las imposibles condiciones impuestas».

«Estaba claro que algún miembro del equipo del entonces primer ministro, el socialista Jospin, le había contado a González el episodio y él lo había retorcido, transformando lo que había sido un noble impulso de intentar salvar una vida a la desesperada en la prueba oculta de mis turbias relaciones con ETA, 'todavía' en vigor. La pérfida pinza de la que todos los prohombres felipistas me responsabilizaban no era ya entre Aznar y Anguita, sino nada menos que entre el Gobierno y ETA», añade Ramírez en el libro.

«Aunque el propio presidente calificaría toda la película de la conspiración de 'colosal estupidez', la verdad es que el papel lo aguantaba todo. González había cerrado la campaña de las primarias socialistas en apoyo de Almunia, denunciando el PP jotismo que, según él, gobernaba España, y Borrell -por el que EL MUNDO había mostrado la preferencia de quien opta por el mal menor- había clamado en su mitin de Madrid: '¡Abstente, Pedro J.!', para añadir a continuación: «No quiero el apoyo de Pedro J. porque es un regalo envenenado y envuelto en jirones de piel arrancados a compañeros socialistas con sus mentiras'».

Un año después de esa entrevista en la cárcel, Alvarez Santacristina fue expulsado de ETA por su «falta de disciplina» y por el «ánimo de división» que, según la organización terrorista, había demostrado durante los últimos años.

Txelis fue miembro de la ejecutiva de ETA y máximo responsable del aparato político desde 1989 hasta que fue detenido en Bidart (Francia), el 29 de marzo de 1992.

Meses después, envió un escrito a la dirección etarra en el que proponía que dejaran las armas. En agosto del 97, después del asesinato de Blanco, Txelis y otros cinco dirigentes de ETA criticaron por escrito la continuidad de la violencia. En otras dos cartas posteriores él volvió a plantear la necesidad de dejar la violencia.

José María Aznar respondió ayer a esas declaraciones de Felipe González: «No son más que patrañas para tapar la escandalosa cesión al chantaje de ETA que ha hecho el Gobierno socialista», afirmó.

Fuentes del entorno de Aznar indicaron ayer a Europa Press que el ex presidente ha reiterado que «lo único» que hizo su Gobierno fue mantener «la supremacía» del Estado de Derecho y perseguir a los culpables del secuestro de Miguel Angel Blanco.

Añadieron que esas palabras de González no ofenden a Aznar, «pero sí han ofendido gravemente a los familiares de Miguel Angel Blanco, a su memoria y a la de todos los españoles que se sintieron conmocionados en aquel momento».

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