Banner QSVTV

 

 

   La paz sin honor no es paz, es rendición.

 
Estadisticas y contadores web gratis
Oposiciones Masters

        

  Image hosting by Photobucket

    Escribeme

   
 

   Prensa Digital 
Apycom Java Applets
Links solidarios
Apycom Java Applets

Links 

Apycom Java Applets
Otras  bitácoras
Archivos




27.4.06

 

Una prueba demuestra que el teléfono de la 'mochila de Vallecas' no necesitaba tarjeta

 

27-04-06



11-M LA INVESTIGACION / Las nuevas revelaciones

Una prueba demuestra que el teléfono de la 'mochila de Vallecas' no necesitaba tarjeta

Además, el sistema de detonación que tenía no habría garantizado la activación del explosivo

EL MUNDO


MADRID.- Una veintena de pruebas realizadas con cuatro teléfonos similares al encontrado en la mochila de Vallecas pone de manifiesto de nuevo que el artefacto intervenido aquella mañana del 11-M por los efectivos policiales no hubiera estallado nunca y arrojan más dudas aún sobre las versiones oficiales.

Según informó ayer Libertad Digital, el teléfono hallado en la mochila de Vallecas no necesitaba tarjeta SIM para activar el despertador y la potencia de ese vibrador no hubiera puesto en marcha nunca la bomba. Y para llegar a esta conclusión, esta edición digital asegura que ha realizado una veintena de ensayos con cuatro teléfonos Trium T-110, similares al intervenido el día de la masacre. Esas pruebas no avalan precisamente la versión oficial.

(.../...)

El primer resultado es la confirmación de que ese modelo de teléfono no necesita tener colocada la tarjeta SIM -la que posibilitó el rastreo para llegar a Morata y Leganés- para que el despertador suene. Simplemente se fija la hora deseada, se extrae la tarjeta y se apaga el teléfono. El aparato sonará y vibrará. Además, según Libertad Digital, los ensayos demuestran que el tipo de conexión elegida por quien haya fabricado el artilugio detectado en Vallecas no garantiza la activación del detonador. De hecho, las pruebas realizadas por este medio de comunicación demuestran que la potencia no habría sido suficiente para activar el artefacto.

Libertad Digital hizo pruebas con el mismo modelo de teléfono localizado en la bomba de Vallecas que confirman las sospechas de que esa bomba sólo fue un señuelo, utilizado para dirigir las investigaciones en la dirección incorrecta. Libertad Digital solicitó a sus lectores que aportaran teléfonos como el localizado el 11-M, para poder comprobar con el instrumental adecuado el supuesto funcionamiento de ese aparato como temporizador.

Según este medio, cuando se utiliza un móvil como iniciador en un artefacto explosivo, los terroristas realizan un montaje que, aunque no es excesivamente complejo, requiere que se añadan algunos componentes externos al teléfono.

Entre otros aspectos, se añade una pila externa para que el teléfono pueda dar la suficiente corriente como para actuar de iniciador.Sin embargo, según los informes policiales incluidos en el sumario, en el teléfono de la bomba de Vallecas no se utilizó ni un solo componente externo, ni tampoco una pila, sino que se llevó a cabo un montaje muy simple, consistente en soldar un par de cables en paralelo con el vibrador del teléfono, de forma tal que la corriente fluyera a través del detonador en el momento de sonar la alarma despertador.

Para verificar el funcionamiento, Libertad Digital asegura que modificó uno de los teléfonos con el mismo tipo de montaje indicado en los informes policiales y realizó pruebas de suministro de corriente, conectando diversas resistencias de la misma manera que se conectaría un detonador. Y llegó a la conclusión de que no hubiera provocado la detonación. Esta prueba se repitió para diversos valores de resistencia. En todos los casos, el funcionamiento fue el mismo: al activarse la alarma, el circuito entrega a la resistencia un cierto valor de corriente, alcanzándose ese valor final en microsegundos y sin que existan sobreimpulsos de ningún tipo. El valor máximo de corriente que un Trium puede entregar con este tipo de montaje es menos de la mitad de lo que haría falta para garantizar la activación del tipo concreto de detonador utilizado en la bomba de Vallecas. Para el tipo de detonador usado (sensible de retardo), si la corriente está por debajo de 180 mA, se garantiza que el detonador no puede explotar. Si la corriente está por encima de 1,2 A, se garantiza que el detonador si explota. ¿Y qué sucede con los valores intermedios? No está garantizado nada.

El valor de corriente que Libertad Digital ha medido en las pruebas es suficientemente elevado como para que, en la mayoría de los casos, el detonador pueda llegar a explotar (y de hecho así parece que sucedió en las pruebas de los Tedax). No tiene ningún sentido que un supuesto terrorista monte una bomba utilizando un mecanismo de iniciación que puede funcionar o no. Las pruebas provocan nuevas dudas: ¿para qué iban a utilizar los terroristas un montaje que puede fallar, pudiendo emplear uno a prueba de fallos con sólo un componente y una pila adicional?

No tiene ningún sentido emplear un teléfono móvil en modo alarma como iniciador de una bomba. Cuando los grupos terroristas han usado teléfonos como iniciadores, ha sido para activar las bombas por llamada (es decir, como si los teléfonos fueran simples radiocomandos) y no por alarma. Si lo que se quiere es detonar una bomba a una hora determinada, no tiene sentido emplear el teléfono, porque un simple temporizador es más barato, más seguro, más simple y no deja ningún rastro.

Pero el resultado más sorprendente de las pruebas es el relativo al funcionamiento del teléfono como despertador. Las pruebas realizadas demuestran dos cosas: en primer lugar, que no era necesario liberar los teléfonos para poder usarlos como despertador.¿Para qué querrían liberar los teléfonos en la tienda de Kalaji los supuestos terroristas? ¿Es que existía algún interés en que se usara una tarjeta específicamente de Amena durante las operaciones? ¿O es que no existió tal liberación de los móviles? Uno de los siete teléfonos supuestamente activados en Morata no consta en la lista de teléfonos liberados por Kalaji.

En segundo lugar, que no era necesario dejar la tarjeta telefónica dentro del teléfono para que la alarma sonara. Sí que es necesario usar una tarjeta telefónica para programar la alarma, pero, una vez programada, esa tarjeta puede extraerse sin ningún problema.¿Por qué los supuestos terroristas dejaron en el teléfono esa tarjeta que tan providencialmente permitió detener a Zougam en plena jornada de reflexión?

Las otras dudas

Según el portal digital, había ya numerosos datos que avalaban que esa bomba no podía provenir de los trenes. Entre ellas, señala la ausencia total en esa bomba de huellas y rastros de ADN de alguno de los 116 detenidos por los atentados. También incluye la hora incorrecta de programación del teléfono de esa bomba con respecto a las que estallaron en El Pozo. Denuncia el hecho de que la composición de esa bomba no coincida con la de las mochilas detonadas por los Tedax en las estaciones de Atocha y El Pozo. También destaca la diferencia en cuanto a tipo de explosivo con las bombas que detonaron en los trenes y con el resto de explosivo hallado en la furgoneta de Alcalá. Otra de las razones que ponen en cuestión la tesis oficial es la presencia de metralla en la bomba de Vallecas, cuando en las bombas no había metralla. Otro indicio es el hecho de que esa bomba estuviera preparada para no explotar, ya que tenía dos cables sueltos.Otro de los elementos que ponen en cuestión la versión judicial y policial es que nadie haya sido capaz de explicar cómo llegó esa bomba a la Comisaría de Puente de Vallecas sin ser detectada, ni por qué los bultos de la estación de El Pozo fueron llevados a comisaría, cuando los del resto de las estaciones se llevaron a Ifema.



Lea mas

26.4.06

 

El teléfono hallado en la mochila de Vallecas no necesita tarjeta SIM para activar el despertador

 

26-04-06

LAS CONEXIONES REALIZADAS NO GARANTIZABAN LA EXPLOSIÓN

El teléfono hallado en la mochila de Vallecas no necesita tarjeta SIM para activar el despertador


Modelo de Trium T-110. Libertad Digital

Una veintena de ensayos realizados por Libertad Digital con cuatro teléfonos Trium T-110 arrojan aun más dudas sobre la prueba clave que apenas sostiene ya la versión oficial del 11-M. El primer resultado es la confirmación de que ese modelo de teléfono no necesita tener colocada la tarjeta SIM –la que posibilitó el rastreo para llegar a Morata y Leganés– para que el despertador suene. Simplemente se fija la hora deseada, se extrae la tarjeta y se apaga el teléfono. Sonará y vibrará. En nuestros ensayos también se demuestra que el tipo de conexión elegida por quien haya fabricado el artilugio no garantiza la activación del detonador.(.../...)


(Libertad Digital-Luis del Pino) Se acumulan las evidencias que ponen en cuestión las pruebas en que se basó la supuesta investigación de los atentados del 11-M. A los datos que certifican que el Skoda Fabia fue colocado en Alcalá después del 11-M y que en la furgoneta de Alcalá no había ningún detonador ni resto de explosivo, se añaden las ya abrumadoras dudas sobre esa bomba milagrosa que apareció en la comisaría de Puente de Vallecas en la madrugada del 12 de marzo.

Teníamos ya numerosos datos que certificaban que esa bomba de Vallecas no podía provenir de los trenes:

* la ausencia total en esa bomba de huellas y rastros de ADN de ninguno de los 116 detenidos por los atentados
* la hora incorrecta de programación del teléfono de esa bomba con respecto a las bombas que estallaron en El Pozo
* el hecho de que la composición de esa bomba no coincida con la de las mochilas detonadas por los Tedax en las estaciones de Atocha y El Pozo
* la diferencia en cuanto a tipo de explosivo con las bombas que detonaron en los trenes y con el resto de explosivo hallado en la furgoneta de Alcalá
* la presencia de metralla en la bomba de Vallecas, cuando en las bombas de los trenes no había metralla
* el hecho de que esa bomba estuviera preparada para no explotar, ya que tenía dos cables sueltos
* el hecho de que nadie haya sido capaz de explicar cómo llegó esa bomba a la comisaría de Puente de Vallecas sin ser detectada, ni por qué los bultos de la estación de El Pozo fueron llevados a comisaría, cuando los del resto de las estaciones se llevaron a IFEMA




Por si fuera poco, las pruebas realizadas en Libertad Digital con el mismo modelo de teléfono utilizado en la bomba de Vallecas confirman las sospechas de que esa bomba no fue otra cosa que un mero señuelo, utilizado para dirigir las investigaciones en la dirección incorrecta. Tras algunas informaciones aportadas por uno de los participantes en el blog de Libertad Digital dedicado al análisis de los hechos del 11-M, se solicitó a los lectores que aportaran teléfonos del tipo utilizado en la bomba de Vallecas, para poder comprobar con el instrumental adecuado el supuesto funcionamiento de ese teléfono como temporizador.



Normalmente, cuando se utiliza un móvil como iniciador en un artefacto explosivo, los terroristas realizan un montaje que, aunque no es excesivamente complejo, requiere que se añadan algunos componentes externos al teléfono. No vamos a indicar aquí los detalles, por razones obvias, pero sí que diremos que normalmente se añade un pila externa para que el teléfono pueda dar la suficiente corriente como para actuar de iniciador. Sin embargo, según los informes policiales incluidos en el sumario, en el teléfono de la bomba de Vallecas no se utilizó ni un solo componente externo, ni tampoco una pila, sino que se llevó a cabo un montaje muy simple, consistente en soldar un par de cables en paralelo con el vibrador del teléfono, de forma tal que la corriente fluyera a través del detonador en el momento de sonar la alarma despertador.

Vibrador del Trium


Para verificar el funcionamiento, hemos modificado uno de los teléfonos con el mismo tipo de montaje indicado en los informes policiales y hemos realizado pruebas de suministro de corriente, conectando diversas resistencias de la misma manera que se conectaría un detonador.

El procedimiento de prueba utilizado es el siguiente:

1. Una vez conectados dos cables en paralelo con el vibrador, se mide una resistencia con un polìmetro digital marca Fluke y se la conecta a los dos extremos de esos cables, con lo que queda en paralelo con el vibrador.

2. A continuación, con un osciloscopio digital marca Tektronix de 100 MHz de ancho de banda, se mide la carga de tensión en bornes de la resistencia. Inicialmente (cuando la alarma no está haciendo funcionar el vibrador), esa tensión de salida es igual a 0 V (lo que indica que no fluye corriente por la resistencia).

3. Se configura el osciloscopio en modo de disparo único (single-shot) con el fin de ver el comportamiento de esa tensión en el momento de funcionar la alarma.

4. Se hace funcionar la alarma y se comprueba la forma de onda de salida, para verificar tanto el transitorio de subida de la tensión, como el valor final de la misma. El motivo de visualizar los transitorios de subida es verificar si en los momentos iniciales de funcionamiento del vibrador existen sobreimpulsos que pudieran inducir corrientes de valor superior al de estado estacionario.


Esta prueba se repitió para diversos valores de resistencia, con el fin de obtener una idea del comportamiento del circuito que alimenta al vibrador. En todos los casos, el funcionamiento fue el mismo: al activarse la alarma, el circuito entrega a la resistencia un cierto valor de corriente, alcanzándose ese valor final de corriente en unas pocas decenas de microsegundos y sin que existan sobreimpulsos de ningún tipo. La tabla siguiente indica las medidas realizadas. En dicha tabla, la resistencia se expresa en ohmios, la tensión en voltios, el tiempo de subida en microsegundos y la corriente (obtenida dividiendo la tensión por la resistencia) en amperios.



Lo que estas medidas revelan es lo siguiente:

* La tensión en vacío (sin conectar ninguna resistencia) es de 1,38 V (muy por debajo de los casi 4V de la batería), lo que indica que el vibrador no se alimenta directamente de la batería; en consecuencia, es el circuito que regula el vibrador (y no la batería) el que dicta cuál es la corriente máxima que puede extraerse con este montaje.
* Al conectar una resistencia de valor moderado (3,4 ohmios), se observa un ligera caída en la tensión suministrada y el circuito entrega una corriente (370 mA) que está en función de la resistencia.
* Al disminuir la resistencia, el circuito alcanza un valor de saturación (valor máximo) que está en torno a los 550 mA. A partir de ahí, si se continúa disminuyendo la resistencia, la tensión entregada por el circuito cae, pero la corriente no aumenta. Para valores de entre 1,2 y 1,8 ohmios (que son los que corresponden al tipo de detonador usado en la bomba de Vallecas), la corriente es un poco inferior a las máxima, teniendo un valor de unos 530 mA. Para 0,5 ohmios, el circuito que alimenta al vibrador apenas entrega 280 mV de tensión, lo que es insuficiente incluso para que el vibrador suene.




En consecuencia, el valor máximo de corriente que un Trium puede entregar con este tipo de montaje es inferior a los 600 mA, menos de la mitad de lo que haría falta para garantizar la activación del tipo concreto de detonador utilizado en la bomba de Vallecas (que requiere 1,2 A). Para el tipo de detonador utilizado (detonador sensible de retardo), si la corriente está por debajo de 180 mA, se garantiza que el detonador NO puede explotar. Si la corriente está por encima de 1,2 A, se garantiza que el detonador SI explota. ¿Y qué sucede con los valores intermedios, entre 180 mA y 1,2 A? Pues que no está garantizado ni que explote, ni que deje de explotar: podría suceder cualquiera de las dos cosas, dependiendo de las circunstancias.

De hecho, el valor de corriente que hemos medido en las pruebas (en torno a 550 mA) es suficientemente elevado como para que en la mayoría de los casos el detonador pueda llegar a explotar (y de hecho así parece que sucedió en las pruebas realizadas por los Tedax), pero no tiene ningún sentido que un supuesto terrorista monte una bomba utilizando un mecanismo de iniciación que puede funcionar o no. Y todavía tiene menos sentido si tenemos en cuenta que el montaje necesario para poder garantizar esa corriente de 1,2 A que el detonador necesita es relativamente sencillo de concebir y de montar para cualquiera que tenga unos mínimos conocimientos de electrónica. De hecho, diversos grupos terroristas han utilizado esos otros tipos de montaje más complejos en el pasado. ¿Para qué iban a utilizar los terroristas del 11-M un tipo de montaje que puede fallar, pudiendo emplear un montaje a prueba de fallos con sólo un componente y una pila adicional?

En realidad, esto no viene sino a sumarse al hecho de que no tiene ningún sentido emplear un teléfono móvil en modo alarma como iniciador de una bomba. Cuando los grupos terroristas han usado teléfonos como iniciadores, ha sido para activar las bombas "por llamada" (es decir, como si los teléfonos fueran simples radiocomandos), y no "por alarma". Si lo que se quiere es detonar una bomba a una hora determinada, no tiene sentido emplear el teléfono, porque un simple temporizador es más barato, más seguro, más simple y no deja ningún rastro.

Pero el resultado más sorprendente de las pruebas es el relativo al funcionamiento del teléfono como despertador. Las pruebas realizadas demuestran dos cosas:

En primer lugar, que no era necesario liberar los teléfonos para poder usarlos como despertador. En consecuencia, dado que los supuestos teléfonos de las bombas no se usaron para hacer llamadas, sino sólo en modo despertador, ¿para qué querrían liberar los teléfonos en la tienda de Kalaji los supuestos terroristas? ¿Es que existía algún interés en que se usara una tarjeta específicamente de Amena durante las operaciones? ¿O es que no existió tal liberación de los móviles? De hecho, uno de los siete teléfonos supuestamente activados en Morata no consta en la lista de teléfonos liberados por Kalaji.

En segundo lugar, que no era necesario dejar la tarjeta telefónica dentro del teléfono para que la alarma sonara. Sí que es necesario usar una tarjeta telefónica para programar la alarma, pero, una vez programada, esa tarjeta puede extraerse sin ningún problema. En consecuencia, ¿por qué los supuestos terroristas dejaron en el teléfono esa tarjeta que tan providencialmente permitió detener a Jamal Zougham en plena jornada de reflexión?

Hemos repetido las pruebas de funcionamiento de la alarma con cinco teléfonos Trium T-110, para verificar estos extremos. En todos los casos, la prueba realizada fue la siguiente:

1. Introducimos la tarjeta telefónica en el teléfono.
2. Colocamos la batería
3. Encendemos el teléfono, introducimos el PIN de la tarjeta y programamos la hora actual.
4. Programamos la hora de la alarma para 2 minutos después (pueden usarse otros valores).
5. Apagamos el teléfono.
6. Quitamos la batería.
7. Extraemos la tarjeta telefónica.
8. Volvemos a poner la batería inmediatamente y dejamos apagado el teléfono.
En todos los casos, el teléfono conservó la hora programada (sólo pierde la hora si se deja la batería sin poner durante un periodo de tiempo prolongado) y la alarma funcionó perfectamente en el momento indicado.




Como resumen, la bomba de Vallecas tenía un teléfono con un montaje inadecuado para actuar como iniciador de una bomba, tenía dos cables sueltos (por lo que jamás hubiera podido explotar) y contenía una providencial pista (en forma de tarjeta telefónica) que era completamente innecesaria para el funcionamiento como iniciador. ¿Alguien duda a estas alturas de que estamos ante un mero señuelo?

http://www.libertaddigital.com/noticias/noticia_1276277675.html#



Lea mas

25.4.06

 

LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M (XXIX) Policías de Alcalá que examinaron la furgoneta aseguran que estaba vacía

 

25-04-06



EL MUNDO RECONSTRUYE EL EPISODIO CON UNA KANGOO Y 58 OBJETOS IGUALES A LOS DEL SUMARIO

Policías de Alcalá que examinaron la furgoneta aseguran que estaba vacía

Los primeros agentes que acudieron al lugar en el que estaba aparcada, permanecieron varias horas junto a ella y la abrieron con una palanca, sostienen que en su interior no había nada - El auto de procesamiento establece que contenía «61 evidencias» incluidas dos mantas, un jersey, dos bufandas, tres guantes, 14 chalecos de fútbol y una bolsa de Carrefour, además de los detonadores y la cinta coránica - La versión de los agentes, a quienes Del Olmo no ha tomado aún declaración, coincide con la del inspector jefe Luis Martín ante la Comisión del 11-M: «La zona de carga estaba vacía, no había nada ahí»

FERNANDO MUGICA


LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M (XXIX). Las primeras dotaciones de la comisaría de Alcalá que, el 11 de marzo de 2004 por la mañana, llegaron hasta la furgoneta Renault Kangoo aparcada junto a la estación de tren corroboran la versión que defendió ante la Comisión de Investigación del Congreso el jefe del Grupo de Policía Científica de Alcalá, Luis Martín González: la furgoneta estaba vacía. No había nada entre los asientos ni en la zona de carga. Desde los cristales delanteros del vehículo pudieron observar cómo debajo del asiento del pasajero sobresalía un chaleco reflectante amarillo mal doblado. Encima del salpicadero había una tarjeta de visita, y sobre el mismo asiento del copiloto se encontraba una cinta de casete gris transparente. En su cara visible no tenía ninguna inscripción. Sin embargo, al día siguiente, en las instalaciones de la Comisaría General de Policía Científica, en Canillas, al propietario de la Kangoo le enseñaron 61 evidencias -casi 100 objetos- hallados en el interior del vehículo, incluidos siete detonadores, una casete con versículos del Corán, un trozo de cartucho con explosivo, dos mantas, tres guantes, una bolsa con 14 chalecos, bolsas con herramientas y un largo etcétera.

MADRID.- La furgoneta Renault Kangoo que se encontró en la mañana del 11 de marzo de 2004 aparcada junto a la estación de tren de Alcalá de Henares (Madrid) tenía su espacio de carga vacío.


(.../...)

Así lo atestiguan dos policías de las dos dotaciones que llegaron primero al lugar de los hechos. En realidad, sólo vienen a corroborar las afirmaciones repetidas una y otra vez ante la Comisión de Investigación del 11-M en el Congreso de los Diputados por Luis Martín Gómez, jefe del Grupo Local de Policía Científica de Alcalá de Henares, encargado en aquellas primeras horas de la investigación.«Allí dentro no había nada», dijo.

La reconstrucción minuciosa de aquellas primeras horas es la siguiente. A las 7.30 horas de la mañana del 11 de Marzo de 2004, la comisaría de Alcalá de Henares estaba en plena ebullición.

Todos se ofrecían voluntarios para ayudar en lo que hiciera falta.Comenzaban a llegar las primeras noticias de las explosiones de los trenes y la impresión de que aquello era una enorme tragedia se afianzaba a medida que pasaban los minutos y aumentaba el número de víctimas.

Los tres funcionarios que atendían las llamadas en la central recibieron varios mensajes de ciudadanos espontáneos que creían haber percibido detalles inusuales que podían ayudar en la investigación.

En este contexto se recibió una llamada, poco antes de las 9.00 horas, en la que se explicaba que el portero de una finca de la calle del Infantado de Alcalá, Luis Garrudo, había visto a tres individuos con atuendos sospechosos al lado de una furgoneta Renault Kangoo aparcada enfrente, muy cerca de la estación de tren.

Los policías de guardia recibieron el aviso y la orden de presentarse en el lugar de los hechos.

Alrededor de las 9.00 horas, llegaron a la vez junto a la furgoneta, aparcada en batería, las dotaciones de un coche K, de los camuflados y con agentes de paisano, y la dotación, de uniforme, de un coche Z. El K se adelantó unos metros y aparcó su morro delante del Z.

En el K viajaba un policía veterano, que había estado de servicio en el País Vasco, y una agente que se encontraba en periodo de prácticas. La dotación del Z estaba compuesta por un policía veterano y otro más novato, pero con mucha preparación.

LA PRIMERA IMPRESION

Observaron la furgoneta con la precaución debida. Tiraron de la manilla de la puerta del conductor. El coche estaba cerrado y no tenía ningún signo de haber sido violentado. Observaron desde los cristales delanteros el interior y se sintieron algo más tranquilos. Sólo vieron una tarjeta de visita encima del salpicadero, una cinta de casete gris transparente sin ninguna rotulación encima del asiento del pasajero y un chaleco reflectante amarillo, mal doblado y con signos de haber sido usado, introducido en la estrecha bandeja que había debajo del asiento del copiloto.

La zona de carga estaba separada de los dos únicos asientos tan sólo por una rejilla de agujeros amplios, a través de la cual se veía perfectamente el interior. En la zona de carga no había nada. La furgoneta estaba vacía.

Aunque esto les tranquilizó, el responsable del coche Z consideró que seguía siendo un peligro potencial, ya que su compañero había conseguido pasar la matrícula a la central, tras algunos intentos que se le hicieron eternos. Desde la comisaría de Alcalá les avisaron de que la furgoneta figuraba como sustraída según una denuncia del 28 de febrero de 2004; es decir, 12 días antes.Se dirigió al colegio cuya valla lindaba con la fila de coches aparcados entre los que estaba la furgoneta y, por su cuenta, decidió que el colegio debía ser evacuado.

Afortunadamente, una puerta del centro educativo daba a una calle paralela y la evacuación se efectuó en orden y sin ningún contratiempo.

Desde la central les avisaron de que iban a mandar hacia allí más refuerzos, entre los que estarían las dotaciones de los Tedax, los encargados de desactivaciones de explosivos y unidades de Guías Caninos con perros expertos en detectarlos.

Se formó un cordón policial de seguridad al comienzo de la calle, pero no se ordenó el desalojo de los vecinos que se encontraban en los pisos cercanos. Sí se avisó a los clientes de un gimnasio próximo para que sacaran fuera de la zona los coches que tuvieran aparcados en las inmediaciones.

Los policías que habían llegado a las 9.00 horas tuvieron más de una hora para merodear alrededor de la furgoneta antes de que llegaran, entre otros, inspectores de la brigada antiterrorista de Madrid, gente de Información con experiencia en la lucha contra ETA. No hay que olvidar que las primeras informaciones que se difundieron esa mañana y las valoraciones de todos los líderes políticos, incluidos los del Gobierno vasco, caminaban en esa dirección.

En ese transcurso de tiempo volvieron a revisar el interior de la furgoneta desde los cristales delanteros y miembros de las dotaciones del K y del Z corroboraron que en la zona posterior de carga la furgoneta estaba vacía. Fue la misma impresión que recibió el jefe del Grupo Local de Policía Científica de Alcalá de Henares que, antes de las 11.00 horas, se hizo cargo de la investigación en el lugar de los hechos.

Precisamente, esa impresión de que a primera vista la furgoneta no tenía ningún objeto sospechoso es lo que le impulsó a decidir, cuando llegaron los perros, que lo mejor era abrir el portón trasero para que pudieran olfatear el interior y asegurarse así de que en el vehículo no existían vestigios de que hubiera explosivos, ni de que los hubiera habido con anterioridad.

No tenían llave, así que tuvo que forzar la puerta con una palanqueta.No se le dio demasiado bien y hasta hizo alguna broma sobre lo difícil que le resultaba eso de robar coches. Y fueron los propios policías del Z que habían llegado por la mañana los que le ayudaron a abrirla. Fue entonces cuando pudieron confirmar con más claridad que la furgoneta estaba vacía.

A sus compañeros siempre les han comentado que, si ellos o el inspector hubieran visto una simple bolsa o cualquier otro objeto sospechoso, jamás se hubieran atrevido a abrir la puerta.

Uno de los perros, Aníbal, había olfateado ya el exterior del vehículo antes de que se abriera el portón sin hacer ningún signo de que hubiera explosivos. Después de que forzaran el portón, el otro perro -una hembra- se introdujo en la zona de carga y llegó olfateando hasta la rejilla diáfana que separaba ese habitáculo de los asientos delanteros, situados a escasos centímetros. El animal salió inmediatamente y no hizo ninguno de los signos característicos que alertan sobre la presencia de sustancias explosivas.

A esas horas, ya habían llegado los distintos inspectores y subinspectores que figuran en las declaraciones contenidas en el auto del juez Juan del Olmo.

El inspector con carné 65.239 no encontró nada significativo.

El inspector 79.858, de la Brigada Provincial de Información de Madrid, del grupo anti ETA, advierte de «que no se dan los elementos exteriores identificativos» que puedan vincular la furgoneta con la organización terrorista de la que es especialista.Ni con ETA ni con ninguna otra, porque no advierte nada más.

El inspector 80.447, que llegó al lugar hacia las 11.00 horas, hizo gestiones en la estación de tren. Ha declarado al juez Del Olmo que «vio todo el desarrollo policial para entrar en la furgoneta», queriendo hacer especial mención de que «el único que entró en la misma fue el perro de la Unidad Canina». El policía declara también que su función principal fue la de «asegurar que los elementos de prueba que pudieran existir en el interior de la furgoneta no se vieran alterados». Escoltó, además, «en un vehículo policial, a la grúa que trasladó a la furgoneta hasta la Comisaría General de Policía Científica en Canillas».

Estuvo ayudado en esa labor por el policía 82.709, quien corrobora lo anterior, además de afirmar que se forzó el portón trasero para que pudiera entrar el perro.

Pero la declaración más relevante por su cercanía física a los hechos y por su especialización es la del inspector jefe del Grupo Local de la Policía Científica de la comisaría de Alcalá, el que ordenó forzar la puerta.

«NADA ANORMAL»

En su primera inspección ocular desde el exterior, Luis Martín Gómez no ve «nada raro que se aprecie a simple vista». En la parte trasera no aprecia «nada anormal», a pesar de que la rejilla que separa la zona delantera de la zona de carga «es diáfana completamente, no observando nada anormal ni que le induzca a sospechar que pueda haber un artefacto». Estamos hablando de un experto en Policía Científica, no de un ciudadano cualquiera.Es decir, alguien para quien una bolsa, un jersey o una caja de herramientas resultarían sospechosos por poder ocultar explosivo, o de enorme interés policial por poder contener ADN de los usuarios del vehículo.

El propio Luis Martín, un hombre respetado en la comisaría de Alcalá por sus conocimientos y su integridad, describe al juez cómo fuerzan el portón trasero para que pudiera introducirse el perro, sin que éste olfateara nada sospechoso. También relata cómo, más tarde, se introduce él mismo en la zona de carga para desbloquear el pestillo de la puerta del pasajero, metiendo el brazo a través de un hueco lateral de la rejilla. Cómo, a continuación, sale de la furgoneta y, ya en el exterior y después de cerrar el portón trasero, abre la puerta desbloqueada y, «sin llegar a sentarse en el vehículo», coge la palanca de cambios y la pone en punto muerto para que la grúa pudiera arrastrarlo.

¿Por qué no menciona en su declaración contenida en el auto si ha visto una bolsa con detonadores o si ha descubierto cualquier otra cosa en el interior de la furgoneta? Pues porque Del Olmo, incomprensiblemente, no se lo pregunta.

Claro que Luis Martín ya lo había dejado claro durante su comparecencia en la Comisión de Investigación del Congreso de los Diputados el 14 de julio de 2004. En repetidas ocasiones, y sin que nadie le hiciera el menor caso, aseguró que la furgoneta estaba vacía.

«No vi nada que me llamara la atención en el vehículo; vi una zona de carga que estaba en principio vacía» [...] «La zona de carga está vacía, que no hay nada ahí» [...] «Lo único que le puedo decir es lo que veo y en el momento de entrar en el habitáculo, quiero que quede muy claro, no se aprecia absolutamente nada.No hay nada» [...] «Me tuvieron que echar una mano [para abrir el portón] porque, la verdad, es que esto de la palanqueta no se me daba demasiado bien» [...] «En principio habíamos visto que [la zona de carga] estaba vacía» [...] «No veo ningún objeto que revistiera peligrosidad. Si lo hubiera visto, hubiera llamado al equipo de los Tedax». Los Tedax, a pesar de estar anunciada su llegada, nunca se trasladaron a Alcalá.

OTRA REVISION

Cuando el inspector Luis Martín consideró que el vehículo era seguro, procedió a preparar su traslado a la comisaría de Alcalá para hacerle una revisión más a fondo.

Cuando el coche ya estaba precintado y esperaba que llegara la grúa, recibió la llamada de su comisario, que le comunicó que el vehículo iba a ser trasladado a Moratalaz, la sede de la Brigada Provincial de la Policía Científica. Fue en el camino hacia Moratalaz cuando se dio la orden de trasladar definitivamente la Kangoo hasta la sede central de la Científica en Canillas.

A las 19.00 horas de ese mismo día le comunicaron a Luis Martín, para su sorpresa, que se había encontrado una bolsa con detonadores debajo de un asiento.

En la Comisión del Congreso, la diputada del Grupo Mixto Uxue Barkos Berruezo preguntó al inspector: «¿Puede usted certificar que allí no había nada a la vista?», refiriéndose, como aclaró más tarde, a los detonadores. «Lo certifico total y absolutamente», contestó. Más tarde, y ante nuevas preguntas, añadió: «No encontré nada. Me refiero a nada que no formara parte del vehículo como equipamiento básico, como equipamiento estándar del vehículo».

Como figura en el auto, el juez Del Olmo tampoco preguntó a los guías caninos si habían visto algo en su interior. Estos se limitaron a corroborar que los perros no olfatearon ninguna sustancia explosiva.

A algunos compañeros de los primeros policías que acudieron a Alcalá y que inspeccionaron la furgoneta desde el exterior les han preguntado por qué no dijeron ante el juez que la furgoneta estaba vacía. Su contestación es rotunda: «Porque no nos lo ha preguntado. Si nos llama a declarar, así lo atestiguaremos. No podemos comprender por qué ha llamado a otros compañeros y no nos ha llamado a nosotros, que estuvimos a solas con la furgoneta más de una hora».

La gravedad del caso se pone de manifiesto cuando se constata que en esa furgoneta vacía -al menos, en su apariencia desde el exterior- la Policía encontró en Canillas no sólo una bolsa con siete detonadores, un trozo de cartucho con dinamita y una cinta con versos del Corán, sino también casi un centenar de objetos que se detallan en estas mismas páginas y que se clasificaron en 61 evidencias. Las mismas que el 12 de marzo, el día después de los atentados, enseñaron al dueño de la furgoneta, José Garzón Gómez, y que reconoció en su mayor parte como de su propiedad.¿Cómo es posible que los policías no vieran en el interior del vehículo todo ese cúmulo de objetos, cuya mayor parte era imposible de camuflar?

MENTIRA FLAGRANTE

Ha sido ya probado, y así consta en el sumario, que la primera versión que se difundió sobre la naturaleza de aquel resto de explosivo que dijeron haber encontrado debajo del asiento del copiloto y que el perro no detectó estaba fundamentada en dos mentiras flagrantes.

No perderemos ni un minuto en recordar algo obvio. El informe sobre la coincidencia entre esa dinamita de la Kangoo y la encontrada en la mochila número 13 (la que se encontró y desactivó en la comisaría de Vallecas en la madrugada del 11 al 12 de marzo) estaba amañado.

El informe decía que en la dinamita de la mochila de Vallecas se habían encontrado los mismos componentes de la dinamita encontrada en la Kangoo de Alcalá. Sin embargo, en el explosivo de la furgoneta había metenamina, y en el de Vallecas, no. Además se afirmaba algo igualmente falso: la metenamina es un componente habitual de la dinamita. No es cierto.

Hubo de pasar un año para que alguien se diera cuenta de este apaño y de esas mentiras. Fue cuando la Guardia Civil de Toledo, la que investigaba la mochila con explosivos encontrada en las vías del AVE el 2 de abril de 2004, preguntó al juez Del Olmo sobre la composición de la dinamita que se había localizado en la Kangoo y en Vallecas. La pregunta estaba planteada con muy mala intención.

Los investigadores de la Guardia Civil se habían dado cuenta de que era absurdo que se hubiera dado por bueno que la metenamina fuese un componente habitual de la dinamita. El juez se enfadó y pidió explicaciones a la Policía. Juan Jesús Sánchez Manzano, el responsable del departamento de desactivación, se limitó a decir que habían incluido por error la palabra metenamina entre los componentes habituales de la dinamita.

Es evidente que, pese a esta rectificación, en el inconsciente colectivo quedó grabado para siempre que los explosivos de Vallecas y los de la Kangoo eran los mismos. El efecto político de aquella afirmación ya no tenía vuelta atrás.

Pero lo más sorprendente, el detalle en el que aún no se ha profundizado, es la explicación de por qué aparecía la metenamina como un componente habitual de la dinamita. En Canillas se entregaron al laboratorio de la Policía Científica unos gramos de la dinamita encontrada en la Kangoo y unos gramos de dinamita, ya acreditada como tal.

Lo increíble es que en los dos restos se encontraron componentes idénticos, incluida la metenamina, y en la misma proporción.¿Cómo era posible que hubiera metenamina en la dinamita certificada como tal, si ese componente no figura entre los elementos que componen ese tipo de explosivos?

Sólo puede tener una explicación. La dinamita de la Kangoo y la muestra certificada como tal tenían la misma composición, incluido el mismo tipo de contaminación con metenamina y en la misma proporción, porque eran dos trozos de la misma dinamita.Todo indica que procedían del mismo lugar.

Los que habían afirmado que las dinamitas de la Kangoo y la de Vallecas eran la misma se dieron cuenta de que el detalle de la metenamina reventaba la historia que habían sostenido. Pero la mentira continuada había hecho su efecto.

Pero eso no es todo. También era falso que los restos de dinamita encontrada en la furgoneta Kangoo procedieran necesariamente de Mina Conchita, en Asturias.

ENVOLTORIO MARRON

El trozo de cartucho con los restos de dinamita que se encontraron en la furgoneta Kangoo tenía un envoltorio de color marrón. La dinamita con esas características se había vendido, en los meses previos al 11-M, en toda España -Granada, Cantabria, Vizcaya, Asturias, León, Navarra, Avila, Segovia, etcétera- y en tres países extranjeros -Portugal, Italia y Francia-. Ese simple detalle echaba por tierra la versión de que «sólo» pudo salir de Mina Conchita la dinamita empleada en los atentados.

Manzano afirmó, sin embargo, que, «teniendo en cuenta las cantidades y las fechas, esta Unidad sigue considerando Mina Conchita y Mina Arbodas como los lugares de los que salieron los explosivos de los atentados».

La afirmación se hace nueve días antes de que la Policía encontrara entre los restos del piso de Leganés los envoltorios -¿marrones o blancos?- con las numeraciones de los cartuchos presuntamente empleados en los atentados. El estudio de la procedencia de esos dígitos aleja aún más la certeza de que la dinamita saliera de Mina Conchita.

El 1 de junio de 2004, la Guardia Civil redacta para Del Olmo un «informe final» -así lo llaman exactamente- sobre el origen de los explosivos, basado en las numeraciones de los envoltorios de Leganés facilitados por la Policía. Los datos son demoledores para la versión oficial. Es cierto que las cuatro series encontradas se vendieron a Mina Conchita, pero no es menos cierto que en esas fechas esas mismas numeraciones también se vendieron en otras muchísimas explotaciones que no enumeramos para no aburrirles.

Después de estos datos, las conclusiones de la Guardia Civil sólo pudieron ser las que fueron: cartuchos con las series de dígitos encontradas en Leganés llegaron a Mina Conchita y a decenas de explotaciones más. Por tanto, «no se puede afirmar con absoluta certeza que los cartuchos hallados en el piso de Leganés, con las numeraciones citadas, procedan de Mina Conchita, ya que otras muchas explotaciones, tanto en España como fuera del territorio nacional, han consumido cartuchos con las numeraciones investigadas».

Ni siquiera la autoinculpación de José Emilio Suárez Trashorras convenció a los investigadores de la Guardia Civil. En el mismo informe del 1 de junio de 2004 reseñan una grave contradicción en las declaraciones de Emilio. Entre otras cosas, éste declaró -como hemos tenido oportunidad de pormenorizar en otros Agujeros- dentro del contexto del viaje de El Chino a Asturias que... «por la tarde abrió el maletero y vio que estaba vacío, y por la noche el maletero estaba lleno, con la bolsa verde, y el maletero iba lleno y tapado, cada bolsa verde pesa 2,5 kilos y es de forma cilíndrica...».

La Guardia Civil considera radicalmente falsas estas primeras declaraciones de Emilio y no nos olvidemos de que más tarde las rectificó ante el propio juez sin que ya nadie le hiciera caso.

La Guardia Civil no cree en la veracidad de la primera versión de Emilio y lo explica: «Ninguna de las numeraciones halladas en Leganés y que son objeto de investigación pudo ir contenida en una bolsa como la descrita por Emilio Suárez, ya que las de ese tipo, cilíndricas y que contenían 2,5 kilos de explosivo, dejaron de fabricarse en noviembre de 2002, un mes después de que Emilio Suárez abandonara definitivamente su trabajo de minero en Mina Conchita».

No puede ser más contundente. ¿Quieren seguir asombrándose? En las diligencias del agente del Cuerpo Nacional de Policía número 8.470, realizadas el 17 de marzo de 2004, se da una nueva versión, hasta ahora inédita, del viaje de El Chino a Asturias el 28 de febrero: «[...] E inmediatamente después de haber pasado por Soto de la Barca, lugar donde está la cantera desde donde se hurtaron los detonadores y explosivos», llaman a Emilio. «Según parece, los individuos que habían subido a recoger la mercancía no consiguieron encontrar la cantera, por lo que decidieron llamar a José Emilio». Ahora resulta que la Policía afirmó, seis días después de los atentados, que los explosivos no se robaron en Mina Conchita, sino ¡en una cantera de Soto de la Barca!

Además de restos de explosivo y detonadores, en la Renault Kangoo encontrada en Alcalá el 11-M, se hallaron, en Canillas, prendas de ropa con distintos ADN. Algunos de ellos coinciden con los atribuidos a tres de los islamistas radicales que murieron el 3 de abril de 2004 por una explosión en el piso de Leganés.

El día 12 de marzo, el propietario de la furgoneta -había denunciado su robo el 28 de febrero- declaró voluntariamente. No tuvo dificultad en reconocer numerosas pertenencias personales, como bolsas, chalecos reflectantes de fútbol, paraguas, ropas, periódicos, agendas, carteras y hasta un botellín de zumo de la marca Granini.

EL GUANTE 'AZUL'

Ya en esa declaración tuvo que reconocer que se había equivocado cuando en la denuncia de la sustracción del vehículo afirmó que tenía 36.100 kilómetros. En realidad marcaba 36.810. Parece un error sin importancia, pero no lo es, ya que la versión oficial dijo, desde el comienzo, que en esa furgoneta robada se había viajado a Burgos para recoger el explosivo que transportaba El Chino desde Asturias. Con el kilometraje real era imposible que eso hubiera sucedido. Después del robo, los ladrones no utilizaron el vehículo más de 200 kilómetros, como se demostró más tarde.

En su declaración del 11-M, José Garzón Gómez no reconoció «con seguridad como de su propiedad» un peine, una bufanda, un guante negro, dos linternas ni, por supuesto, la cinta de casete con caracteres árabes, ni otras dos del Dúo Dinámico y Clásicos de Oro.

Tampoco reconoce como suya una bolsa negra con el logotipo Jursa, empresa industrial de aves con domicilio en Villarcayo y delegación en Zorroza (Vizcaya).

Sobre el guante hace una apreciación que luego resultará muy interesante. Es un guante de lana negro de tamaño pequeño. Al examinarlo, dice que puede ser de su nieto. Es precisamente en ese guante donde se encuentra el ADN de los terroristas, aunque no se sabe por qué desde ese momento, y a lo largo de todo el sumario, se refieren a él como «un guante azul». Entre las 61 evidencias encontradas dentro de la furgoneta en Canillas figuran multitud de objetos, pero ninguno es un guante azul.








Lea mas

24.4.06

 

CUANDO UN 85% DE LOS CRIMINALES ACTUA BAJO CONTROL POLICIAL

 

24-04-06

EDITORIAL

CUANDO UN 85% DE LOS CRIMINALES ACTUA BAJO CONTROL POLICIAL


Aunque el auto de procesamiento del juez Del Olmo no ha servido para resolver ninguno de los principales enigmas del 11-M, sus 1.400 folios incluyen la suficiente información sobre las relaciones entre los implicados y los cuerpos policiales como para advertir que, como mínimo -y subrayamos lo de «como mínimo»- existen graves responsabilidades administrativas pendientes de depurar. Y esto es algo independiente del propio procedimiento penal.

En el informe que hoy publicamos, Casimiro García-Abadillo ha tenido la paciencia y el tesón suficiente para ir pescando uno a uno, dentro del interminable desorden del empapelamiento judicial, todos los elementos que vinculan a los 29 procesados, los 7 fallecidos de Leganés y los 4 fugitivos con los cuerpos de seguridad. Buena parte de estos datos habían sido ya revelados en su momento por EL MUNDO. Pero el resultado de verlos todos juntos sólo puede inducir a una mezcla de estupor e indignación: de esas 40 personas implicadas en la masacre, nada menos que 34 estaban controladas por algún servicio del Estado durante las semanas e incluso días anteriores al 11-M.

En unos casos -Zouhier, Trashorras, los hermanos Toro- se trataba directamente de confidentes policiales. En otros -Lamari, El Chino, Zougam- de personas vigiladas por esos u otros confidentes.Varias unidades judiciales tenían pinchados los teléfonos de algunas de las figuras más relevantes -El Tunecino, El Egipcio, El Mensajero- por orden de los jueces Garzón y Andreu. Además estaban los seguimientos callejeros, la inspección de sus vehículos y el control de sus domicilios. En docena y media de casos eran dos y hasta tres los servicios policiales que superponían sus pesquisas sobre un mismo individuo.

¿Cómo es posible que el macroatentado se consumara literalmente bajo las narices de todos esos policías? Sólo el instructor del sumario podría imputar responsabilidades delictivas a algún mando por acción u omisión. Ni él ni la fiscal «perturbada» por la prensa parecen haberlo tomado en consideración. Pero, como decimos, queda la responsabilidad profesional de los funcionarios cuya depuración corresponde al actual Gobierno.

Es inaceptable que, a estas alturas, sólo el teniente coronel Bolinaga haya sido relevado del mando y por algo relativamente lateral como fue el ocultamiento de la cinta de Cancienes. No podemos aceptar que la patente negligencia, que la flagrante incompetencia de altos mandos de la Policía, la Guardia Civil y el CNI queden sin establecer ni castigar. Tanto por una cuestión de equidad hacia el pasado como de eficacia ante el futuro.

La Comisión de Investigación debería haber sido el marco para averiguar lo ocurrido en este ámbito, pero su cierre en falso obliga al nuevo ministro del Interior a realizar una exhaustiva auditoría de su departamento a partir de los datos incluidos en el auto del juez. Si tal y como es su obligación hace un esfuerzo sincero para contestar las 215 preguntas que le ha planteado el PP, Rubalcaba se dará cuenta de las múltiples sombras que planean sobre la conducta de personas que ahora son sus subordinados.

Al margen de que la secuencia de los hechos invita a suponer, como hoy hace García-Abadillo, que alguien ajeno a las tramas islamistas activó en cuestión de muy pocos días el engranaje fatídico del 11-M, un Estado digno de tal nombre no puede quedarse de brazos cruzados ante la constatación de que tenía en sus manos al 85% de los implicados en el mayor acto criminal de su historia y no fue capaz de abortarlo


Lea mas

 

34 de los 40 que el juez implica en el 11-M estaban bajo control policial

 

24-04-06



11-M LA INVESTIGACION / La actuación policial

34 de los 40 que el juez implica en el 11-M estaban bajo control policial

24 de los 29 procesados, los siete fallecidos en Leganés y tres de los cuatro huidos estaban siendo vigilados, seguidos o escuchados por la Policía Nacional, la Guardia Civil o el CNI A 18 de ellos los investigaban dos cuerpos o unidades a la vez
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO

MADRID.- Los autores materiales del 11-M y la mayoría de los 29 procesados por el juez Juan del Olmo en su auto del pasado 10 de abril estuvieron controlados por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado antes de producirse la masacre.

En total, de los 40 implicados que aparecen mencionados en el auto de procesamiento, 34 estuvieron en algún momento bajo la vigilancia de la Fuerzas de Seguridad, o bien sus nombres y su localización fueron conocidos por ellas.
(.../...)

Distintas unidades de la Policía, de la Guardia Civil y del CNI vigilaron directamente, o a través de sus confidentes, a individuos tan relevantes como Jamal Ahmidan, El Chino, o Serhane ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, quienes en teoría, y siempre según Del Olmo, serían los dos personajes más destacados de los diversos grupos que participaron en la organización de la matanza. En ocasiones, dos unidades distintas llegaron a seguir los pasos del mismo sospechoso al mismo tiempo y sin que se produjera la más mínima transferencia de información.

Ese es el caso de Said Berraj, El Mensajero. Dos unidades de la Policía, la UCIE y la Brigada Provincial de Información, siguieron sus pasos al mismo tiempo. El caso de El Mensajero (que se encuentra huido) es especialmente llamativo, porque su papel en el contexto del radicalismo islamista enraizado en España era muy destacado.

Según el auto del juez (que hace referencia a un informe elaborado por la Comisaría General de Información el 15 de febrero de 2006), Berraj fue uno de los detenidos en Turquía junto a Amer Azizi cuando se dirigían a Afganistán para unirse a las tropas de Bin Laden en 2001.

El Mensajero no sólo estaba controlado por dos unidades policiales, sino que, cuando se produjo el atentado, trabajaba para una empresa de servicios propiedad de un ex inspector de policía.

Como pone de manifiesto el auto de procesamiento, los implicados en el atentado mantuvieron centenares de conversaciones entre ellos durante los meses previos. Si, como afirma el auto, el 11-M comenzó a prepararse en torno al mes de septiembre de 2003 (fecha en la que se produjo la reunión del McDonald's de Carabanchel en la que El Chino ofreció al ex minero José Emilio Suárez Trashorras la compra de dinamita a cambio de droga), las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad tuvieron más de cinco meses para detectar alguna pista de que algo muy grave se estaba tramando. Más aún cuando el número de los implicados era muy numeroso y la mayoría de ellos no se preocupó de adoptar las medidas de seguridad propias de un grupo terrorista.

Tres grupos

Pero vayamos por partes. En el apartado quincuagésimo tercero del auto («Contexto islamista de las investigaciones»), Del Olmo divide a los implicados en el 11-M en varios grupos: el Grupo de Leganés (al que también llama Grupo de Madrid), el Grupo de Lavapiés y el Grupo de Delincuentes.

El primero de ellos estaría capitaneado por Mustafá Maymouni (detenido en 2003 en Marruecos por su implicación en los atentados de Casablanca). A él pertenecerían: El Tunecino, Faisal Allouch, Mohamed Afalah, Mohamed Larbi ben Sellam, Hassan Larbi ben Sellam, El Mensajero, Abdelkrim y Mohamed Ouazzani, Abderrazak Azzi, Nouredine y Azzeline Bellid, Samir ben Abdellah y Driss Chebli.

A este grupo se uniría posteriormente Allekema Lamari (que a partir de 2002, tras salir de prisión, mantuvo contactos con Chedadi, Chebli, Afalah, Bouchar y Bouharrat, según información del CNI que recoge el auto). El papel de Lamari, que durante mucho tiempo fue considerado por el CNI como líder del comando que cometió el atentado, queda relegado en el escrito del juez a «uno más del grupo, sin ninguna capacidad de liderazgo».

Según el auto, estrechamente ligado al Grupo de Leganés -a través de El Tunecino- estaría el grupo capitaneado por Osman el Sayed, Mohamed el Egipcio, y en él estarían integrados Basel Ghalyoum, Fouad el Morabit, los hermanos Almallah Dabas y Mourad Chabarou.Este grupo habría dado cobertura para la huida de España a dos de los presuntos autores que actualmente se encuentran en busca y captura: Mohamed Afalah y Mohamed Belhadj (quien habría estado viviendo durante un periodo de tiempo en su casa de Bélgica tras el 11-M).

El Grupo de Lavapiés estaría liderado por el marroquí Jamal Zougam y en él estarían encuadrados Mohamed Chaoui, Mohamed Bekkali, Abdelaziz Benyaich y Rachid Bendouda.

El Grupo de Delincuentes tendría como jefe a El Chino y a él pertenecerían Abdennabi Kounjaa, los hermanos Mohamed y Rachid Oulad, Abdililah el Fadual el Akil, Rachid Aglif (El Conejo) y Otman el Gnaoui.

Empecemos por este último grupo por ser el que, en principio, nada tenía que ver con los islamistas radicales. Como pone de relieve el auto, la Udyco (Unidad de Delincuencia y Crimen Organizado) de Madrid llevaba meses investigando a El Chino y a su banda.Tan es así, que el 29 de febrero de 2004, cuando Jamal Ahmidan venía de Asturias con su coche cargado de dinamita, la Policía estuvo grabando sus conversaciones con Otman el Gnaoui, entre otros, que había salido desde Madrid para encontrarse con él en las cercanías de Burgos:

«- O: Sí.

- J: ¿Dónde estáis?

- O: Ahora nos faltan 15 kilómetros de Burgos.

- J: Espéranos en cualquier gasolinera de la salida.

- O: Vale, Jamal».

Pocos minutos antes de la citada conversación, la Guardia Civil había puesto dos multas a El Chino, que viajaba en un Toyota Corolla (matrícula 9231 CDW) por no presentar el recibo del seguro del coche y no tener los papeles en regla. Hay que recordar que el citado vehículo era robado y que Ahmidan llevaba un pasaporte falso a nombre de Youssef ben Salah.

Teléfonos

Esa misma noche, la dinamita transportada por El Chino, Mohamed Oulad y Kounjaa (que viajaban en otro coche) recaló en la casa de Morata de Tajuña. Ese mismo día, Ahmidan habló por teléfono con gente tan destacada en la trama de la dinamita como Suárez Trashorras o Carmen Toro.

Ni que decir tiene que, además de El Chino, la Udyco tenía intervenidos los teléfonos de El Gnaoui, Hicham Ahmidan (primo de El Chino), Lofti Sbai o Rafá Zouhier.

Gracias a las grabaciones de dicha unidad, y ya tras el 11-M, la Policía pudo saber que Zouhier trabajaba como confidente de la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil.

En una de las conversaciones grabadas por la Udyco (17 de marzo de 2003), Zouhier le describía a El Chino a su controlador, el agente Víctor, para que pudiera detenerlo.

El hilo de Zouhier nos lleva precisamente hasta Asturias. El marroquí no sólo informó en 2003 a la UCO de que en Asturias había gente dispuesta a vender dinamita, sino que viajó hasta Avilés en un coche alquilado con dinero de la Guardia Civil para señalarle sobre el terreno al capitán de la UCO conocido como Víctor quiénes eran los implicados en la trama: Antonio Toro, Suárez Trashorras, Javier González Díaz, El Dinamita, etcétera.

La trama asturiana no sólo era conocida por la UCO a través de Zouhier, sino que dicha unidad trasladó un informe sobre la misma a la Comandancia de Avilés en febrero de 2003, según revela el auto del juez.

Por si esto fuera poco, el ex minero Trashorras (a quien Del Olmo imputa no sólo la comisión de 191 asesinatos en los trenes, sino también el asesinato del GEO Torronteras en Leganés) era confidente del jefe de Grupo de la Brigada de Estupefacientes de Avilés, Manuel García Rodríguez, Manolón.

Trashorras le había hablado a Manolón sobre los «moritos» con los que hacía negocios desde meses antes del atentado. Alguno de ellos (El Chino y Mohamed Oulad, al que los asturianos llamaban El Risitas) acudieron incluso a la boda de Trashorras con Carmen Toro, que se celebró en Avilés.

Es decir, que el Grupo de Delincuentes y la trama asturiana de la dinamita estaban controlados tanto por la Guardia Civil (UCO y Comandancia de Avilés) como por la Policía (Udyco y Comisaría de Avilés).

Pero vayamos ahora a los integrados en grupos radicales islamistas.

Prestemos atención a lo que dice el auto del juez sobre el llamado Grupo de Leganés.

Su primitivo jefe, Maymouni (conocido como Mustafá), cuñado de El Tunecino, en el momento de su detención en mayo de 2003 en Marruecos, «había dejado en suspenso la célula de Madrid al parecer de que [sic] ésta pudiera estar infiltrada por los Servicios de Seguridad españoles», según reza el auto de Del Olmo.

No le faltaba razón a Mustafá para tener la mosca tras la oreja.A raíz de los atentados de Casablanca, el Grupo III de la Brigada Provincial de Información de Madrid desarrolló una amplia operación en torno a una serie de domicilios (páginas 1.354 y 1.355 del auto de procesamiento): calles de la Virgen del Coro, Francisco Remiro y Lavapiés.

El primero de ellos era propiedad de los hermanos Almallah Dabas y en él se daban charlas proselitistas de apoyo a la yihad. Además, allí vivían Basel Ghalyoum y Fouad el Morabit. Y por allí pasaban, entre otros, El Tunecino, que vivía en la calle de Francisco Remiro y tenía, a su vez, controlado policialmente su propio domicilio.

En la primera semana de marzo de 2004 (una antes del atentado), el Juzgado Central de Instrucción número 4 (al frente del cual estaba el magistrado Fernando Andreu) autorizó la intervención del teléfono de El Tunecino, que, además de ser investigado por la Brigada Provincial de Información de Madrid, estaba en la lista de sospechosos de la UCIE (Unidad Central de Información Exterior, especialista en terrorismo islamista, dependiente de la Comisaría General de Información).

Pero, es más, previamente a estos seguimientos, el citado grupo había sido objeto de investigación por parte del magistrado Baltasar Garzón.

En el verano de 2002, el entonces juez titular del Juzgado Central de Instrucción número 5, ordenó la intervención del teléfono de El Egipcio, así como la vigilancia de su domicilio, donde la Policía detectó la presencia de El Tunecino y de Ray Mohamed (conocido como Mourat).

La información que tenía Garzón sobre este grupo era completísima.No sólo gracias a la labor de la Policía, sino también al trabajo que durante tres años (hasta julio de 2003) desarrolló el confidente conocido como Cartagena (testigo protegido 11.304).

Según relata el auto de procesamiento (páginas 1.224 a 2.241), Cartagena aportó datos muy relevantes sobre El Tunecino, Larbi ben Sellam, Faisal Allouch, El Egipcio, Jamal Zougam, Mohamed Afalah, El Mensajero y El Chino.

Los testimonios de Cartagena han sido de gran utilidad no sólo en las investigaciones previas al 11-M, sino en la llamada operación Nova, que destapó un plan para hacer saltar por los aires la Audiencia Nacional.

Son igualmente importantes las revelaciones que hizo la testigo protegida S-20-04-W-18, que desde 2002 hasta diciembre de 2003 informó a la Brigada Provincial de Información de Madrid sobre el grupo en el que estaban integrados los hermanos Almallah.Incluso llegó a entregarles a los policías algunos de los vídeos proselitistas que se visionaban en el local de la calle de la Virgen del Coro.

Asimismo, indicó a los agentes un piso donde mantuvieron una reunión en Lavapiés Maymouni y El Tunecino. Fue dicha testigo protegida quien dio la información de que Amer Azizi había salido de España disfrazado de mujer. Pero, además, transmitió dos datos muy relevantes. El primero de ellos es que cuenta una reunión entre El Tunecino y El Chino en octubre de 2003, con lo cual se ponía de relieve la confluencia de dos grupos fundamentales para la comisión del atentado: el Grupo de Leganés y el Grupo de Delincuentes. El segundo es que su marido, Mouhannad Almallah, «siempre le decía que hablaban de cometer algún atentado y llegó a decirle que un día iba a cometer un atentado con su coche en las torres de Plaza de Castilla» (página 1.222 del auto).

Sin embargo, éstas no eran las únicas fuentes de información de las que disponían los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad sobre el núcleo central de islamistas radicales al que el juez denomina Grupo de Leganés.

Como el propio Del Olmo confirma en su auto, el Juzgado Central número 5 había autorizado la intervención del teléfono de Said Berraj en diciembre de 2003. Y, de hecho, sus comunicaciones estaban intervenidas cuando se produjo el atentado. El Mensajero estaba controlado no sólo por la UCIE, sino por la Brigada Provincial de Información de Madrid.

Berraj, según el auto de procesamiento, mantuvo contactos antes y después del 11-M con Mohamed Belhadj (actualmente huido), que fue quien alquiló el piso de Leganés donde se suicidaron siete de los autores materiales del 11-M: El Chino, El Tunecino, Lamari, los dos hermanos Oulad, Kounjaa y Rifaat.

Pero, además, Lamari estuvo controlado por el CNI a través del confidente Safwan Sabagh (conocido como El pollero de Valencia).El Pollero aportó información a los servicios secretos no sólo sobre Lamari, sino sobre Mohamed Afalah (otro de los huidos) y Abdennabi Chedadi y reveló también contactos de este grupo con El Tunecino en los meses previos a la matanza.

Respecto al llamado Grupo de Lavapiés, su hombre clave y uno de los imputados por el juez Del Olmo como autor material de la masacre, Jamal Zougam, estaba siendo controlado telefónicamente desde hacía meses por orden del juez Garzón. Su casa ya había sido registrada con motivo de la operación Dátil y, en 2003, fue objeto de investigación tras los atentados de Casablanca.

Es decir, que todos los grupos que participaron en la comisión del 11-M estuvieron de una u otra forma bajo control policial en los meses previos al atentado.

¿Puede atribuirse única y exclusivamente a la descoordinación policial el hecho de que, a pesar de tener tan abundante información por diversas fuentes, pudiera llevarse a cabo el mayor atentado de la Historia de España?

Sin duda, la descoordinación ha sido un factor real y esencial para que los terroristas pudieran llevar adelante sus planes.

Sin embargo, eso no lo explica todo. Seguramente, ni la Guardia Civil, ni la Policía, ni el CNI pensaron nunca que un grupo variopinto de delincuentes e iluminados podría llevar a cabo una acción similar a la que se produjo el 11 de Marzo.

Es realmente muy extraño que no se filtrara entre la confusa y extensa maraña de los implicados algo que llamara la atención a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado sobre sus macabros planes.

Algunos indicios muy relevantes (por ejemplo, los dos individuos que compraron los teléfonos que sirvieron de temporizadores para las bombas y que no han sido reconocidos por los dueños de la tienda entre los imputados) llevan a pensar que hubo un elemento externo que hizo de catalizador del atentado, que, de hecho, se preparó en su fase final en tan sólo 11 días: la dinamita llega a Madrid el 29 de febrero por la tarde y los teléfonos se compran entre el 4 y el 8 de marzo.



Lea mas

23.4.06

 

Un cierto olor a pantera

 

23-04-06



CARTA DEL DIRECTOR

Un cierto olor a pantera

PEDRO J. RAMIREZ

Los asistentes a aquel acto bebían ávidamente las palabras del orador «como si fuera leche de tigre»: -Queremos que todos nuestros presos sean puestos en libertad porque no han tenido juicios justos Queremos un plebiscito de modo que podamos controlar nuestro propio destino Muchos son los que creen que somos racistas porque los medios de comunicación consideran útil crear esa impresión para apoyar la estructura de poder, pero les resulta cada vez más difícil conservar ese camuflaje y se ven arrastrados a campañas de persecución y violencia para intentar en vano eliminarnos Todo lo que nosotros queremos es lo mismo que vosotros: vivir en paz. Pero en este momento no tenemos medio de lograrlo Dejadme leeros esto: «Si en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los lazos que le han mantenido unido a otro ». (---/---)

A esta reivindicación de la amnistía y el derecho de autodeterminación, siguió la denuncia de los aparatos represivos del Estado, la crítica del macroproceso en marcha contra los principales dirigentes de la organización, el repudio de las desorbitadas fianzas puestas por los tribunales, la descripción de los malos tratos a los detenidos y la reivindicación del cobro a los comerciantes de «donativos que ellos están obligados a aportar» como cómplices y beneficiarios de la explotación del pueblo por el opresor.

Quien hablaba así no era, sin embargo, ni Arnaldo Otegi, ni Pernando Barrena, ni Jone Goirizelaia, ni Alec Reid, sino un portavoz del Partido de los Panteras Negras, cuyos grupos de autodefensa llevaban ya a sus espaldas el asesinato de al menos 11 policías.Y quienes le escuchaban, entre aturdidos y embelesados, no eran ni el lehendakari Ibarretxe y sus monaguillos, ni Gema Zabaleta y demás heroínas de los partidos socialistas de Euskadi y de Navarra, ni siquiera la mezcolanza de folicularios, politiquillos y correveidiles que asistió en el Ritz al desayuno con el vicario de Batasuna, sino el medio centenar de glamourosas personalidades del show business y la jetset neoyorquina invitadas por el compositor Leonard Bernstein y su esposa a una reunión «en defensa de los derechos civiles» en su magnífico apartamento de Manhattan.

La confusión hubiera podido derivarse, claro está, del mimetismo con el lenguaje del ponente. (Bastaría poner «vascos» donde él decía «negros» y «txakurras» -guau, guau- cada vez que fustigaba a «los cerdos que tienen las armas y están dispuestos a usarlas contra el pueblo»). Y del mimetismo, también, entre las tragaderas de una y otra audiencia: seguro que los asistentes a aquel legendario party de la izquierda exquisita, a los que se leía con intencionalidad subversiva la propia Declaración de Independencia de los Estados Unidos, tuvieron una sensación tan audazmente transgresora como la que el mismísimo Zapatero acaba de insuflar a los condescendientes compañeros de viaje de Batasuna, al poner como única objeción a esa imagen de la socialista guipuzcoana coqueteando con la abogada del diablo la circunstancia de que «quizá se adelantaba a su tiempo». ¿Quién no desea poder «adelantarse a su tiempo», si la heterodoxia de suscribir un documento junto a la representante de una organización terrorista como ETA-Batasuna no sólo te sale gratis, sino que además es acogida con mullida condescendencia por el jefe?

Hace meses ya aludí, muy de pasada, a la famosa cena del 14 de enero de 1970 en casa de los Bernstein, al glosar la querencia de Zapatero por esos colectivos radicales que tanto están influyendo en su legislación en materia de derechos civiles. Pero fue la fotografía de Zabaleta posando sonriente, casi mejilla contra mejilla, con Goirizelaia -como si juntas estuvieran protagonizando una escapada a lo Thelma y Louise-, la que me hizo recordar los términos en que la inmortalizó Tom Wolfe.

Sobre todo aquel primer párrafo del segundo bloque incluido en todas las antologías del Nuevo Periodismo:

«Mmmmmmmmmmmmmmm. Deliciosos. Bocaditos de roquefort rebozados con nuez molida. Muy sabroso. Muy ingenioso. El contraste entre la sequedad de la nuez molida y el sabor del queso es lo que produce este efecto tan delicioso, tan sutil. ¿Imagináis lo que comen los Panteras Negras aquí como aperitivo? A los Panteras les gustan los bocaditos de roquefort rebozados con nuez molida y las puntas de espárragos con mayonesa y las albondiguillas au Coq Hardí, todo lo cual les es ofrecido en este preciso instante, en bandejas de plata labrada, por camareras de uniformes negros y delantales blancos planchados a mano ».

No sé si en el acto en el que se presentó el documento «en favor del derecho a decidir», suscrito por parlamentarias y dirigentas de todos los partidos a excepción del PP, se sirvieron luego canapés. Pero la felicidad que rezuman la socialista con su chupa vaquera y la batasuna con su chaqueta príncipe de Gales en su posado cheek to cheek, la suave firmeza con que el padre Reid sostiene a medio metro del alzacuellos la pulida taza de porcelana -al menos bollería fina sí que hubo en el desayuno del Ritz- y la determinación con que Otegi, embutido en una chupa de cuero muy del estilo de los Panteras, parece dirigirse al lehendakari, indican que todo ha tomado ya un rumbo muy claro.

La chupa de Arnaldo, las patillas de Pernando, los hoyuelos de Goiricelaia, la taza de porcelana del padre Reid Batasuna está de moda. Batasuna es fashion. Lo acaba de decir Zapatero: Batasuna es lo in o lo será muy pronto.

Rosa Díez, en cambio, se está quedando out, la pobre: «un poco retrasada en relación a su tiempo viviendo este proceso desde la memoria y las dudas», cuando podría hacerlo, como Zabaleta, «desde el optimismo y la ilusión». Mira que, a estas alturas, ir a retratarse con Pilar Elías, con esos pendientes tan puestecitos, con ese abrigo de señora de toda la vida, con ese rictus de angustia permanentemente instalado en el rostro Pilar Elías es lo out.Que te hayan matado al marido es lo out. Que tengas que cruzarte todos los días con su desafiante asesino es lo out. Que te quemen la ferretería es lo out, pues como dijo ayer Esker Batua -menudo consuelo- «obedece a una lectura del pasado».

Las víctimas del terrorismo son lo out y a su presidente ya ha habido quien le ha puesto en su sitio esta semana, aunque con el adjetivo equivocado. En lugar de «tarado» -toma talante- había que haberle llamado antiguo. Antiguos, que sois unos antiguos.Que no os enteráis de que un alba distinta empieza a despuntar y en ella amanece un nuevo sol.

Batasuna es ya el magnético adolescente rubio que en la escena cumbre de Cabaret se levanta en el merendero, embutido en su camisa parda, para cantar que «el mañana» le «pertenece» y termina consiguiendo que casi todos le sirvan de coro: «Tomorrow belongs to me». Sólo Rosa Díez y cuatro más tuercen el gesto como lo hace un anciano gafoso y enjuto que parece predecir cuánta ignominia y oprobio se ciernen sobre su pueblo. La mayoría silenciosa se encoge de hombros, apartando la mirada como si lo que está en marcha no fuera con ella, retirándose a lo más del escenario, como el aristócrata alemán que ha conducido en su lujoso automóvil a Liza Minnelli y Michael York en su enturbiada excursión campestre.

«¡Peace for our time!», proclamó Chamberlain a su regreso de Múnich entre las aclamaciones de una sociedad dispuesta a hacer concesiones al totalitarismo con tal de que nunca interfiriera en sus vidas. Zapatero también ha hecho de la paz, su tótem, su fetiche, su único dios verdadero. Ya lo pudieron leer en la respuesta a mi última pregunta: él sólo quiere ser recordado como el gobernante «que hizo todo lo posible y lo imposible por hacer de España un país de paz y en paz».

Y como Batasuna es el mensajero de la paz, Usabiaga nuestro Gerry Adams, Otegi el Martin McGuinnes vasco y Goirizelaia algo así como la versión morena de Bernadette Devlin, pues hay que «cuidar» a Batasuna. Por eso Cándido Conde-Pumpido es «el mejor fiscal general de la historia de la democracia» sin necesidad de que el presidente haya hablado con él más que dos veces. Por eso Gema Zabaleta recibe la comprensión debida a los precursores y el reconocimiento propio de todo heraldo de un tiempo nuevo.Por eso Eguiguren tendrá su recompensa. Por eso Rubalcaba ya ha tenido la suya. Por eso, sensu contrario, Pepe Bono se ha visto en la acuciante necesidad de dedicar más tiempo a su familia.

Hay que «cuidar» a Batasuna. Apaciguarla con algunos bocaditos de roquefort cubiertos de nuez molida. Engatusarla con la promesa de infinitos bocaditos de roquefort cubiertos de nuez molida.«Primero la paz », ha dicho desde su nuevo esencialismo Zapatero.Pero sin pausa de ninguna clase, ha añadido: «luego la política».Y Batasuna sabe que el presidente se está refiriendo a ella.Que la hora de la política será su hora. Que por una vez se invertirán los papeles y a la izquierda abertzale le corresponderá recoger los frutos del árbol que movió el PNV con el plan Ibarretxe.La tentación es muy fuerte porque lo que Zapatero les augura es una cosecha de nueces suficiente como para aderezar todos los canapés del poder municipal imaginables y quién sabe si también los del gobierno autonómico. La hoja de ruta de ETA que nos desvelaba hace unos meses Angeles Escrivá. El sueño de Antza hecho realidad: 400.000 votos en las elecciones del 2012. Y con el reconocimiento de la «nación» vasca por delante. Y con Navarra a un tiro de Organo de Relación Permanente. Y con un plan escalonado para los presos. Y encima sin tener que entregar las armas

Desde la perspectiva de Zapatero la operación es muy sencilla: transformar a Batasuna en Esquerra Republicana de Cataluña. Es decir en una fuerza todo lo independentista que se quiera, pero integrada en el sistema y supeditada por lo tanto a sus reglas.Si Puigcercós se pirra por ser ministro, ¿quién dice que un día no pueda terminar siéndolo Usabiaga, tal y como ocurrió con Irujo durante la República? Señores Panteras Negras, olvidemos nuestro enfado y volvamos al amor de aquellos tiempos en los que todas las fuerzas de izquierdas se unían y colaboraban para cerrarle el paso a la derecha. Ese era el mensaje de Leonard Bernstein y toda su beautiful people de la izquierda exquisita, erguidos con su copa en la mano junto a los ventanales de aquel penthouse de la Avenida del Parque: tened en cuenta que ahí fuera está el reaccionario partido republicano que nos asfixia por igual a todos.

Sólo una jovencísima Barbara Walters se salió del guión, del mismo modo fastidioso en que parece empeñada en hacerlo ahora Rosa Díez:

-Estoy hablando como mujer blanca que tiene un marido blanco, que es capitalista, o agente del capitalismo, y yo lo soy también, y deseo saber si el que vosotros vayáis a tener vuestra libertad significa que nosotros tendremos que irnos.

Para que los cálculos de Zapatero cuadren habrá que repoblar de ampurdaneses el Gohierri. Eso en el caso de que no sea el clima prerrevolucionario que moviliza a un creciente sector de la población vasca el que contagie a la pragmática Cataluña y no a la viceversa.

No sé, a estas alturas, si ya le servirá de mucho, pero pienso que, al menos como curiosidad, al presidente le interesará saber cómo resolvieron los norteamericanos el problema de los Panteras Negras y su apoyo político a la lucha armada, una vez que Tom Wolfe puso el punto final a su célebre relato y Leonard Bernstein comenzó a ser abucheado en las salas de conciertos.

En primer lugar el director del FBI Edgar Hoover les definió como «la mayor amenaza a la seguridad interior de los Estados Unidos» y comenzó a actuar en consecuencia. Tras una implacable labor de infiltración y acoso policial, los principales dirigentes fueron cayendo uno por uno. Uno de los pocos que lograron huir al extranjero fue su denominado «ministro de Cultura», el ideólogo de la organización Eldridge Cleaver, autor de un libro en el que incitaba a violar a mujeres blancas como «acto insurreccional» y de quien, de hecho se habló bastante en la cena del East Side cuando una periodista comentó que había entrevistado a su mujer y ella le había declarado que su mayor anhelo era que el hijo de la pareja «prendiera la primera cerilla» de un incendio que «pusiera a toda la nación en llamas».

Eldridge Cleaver vivió primero en Argelia y después en Cuba.Cuando a finales de los 70 a los Panteras Negras no les quedó sino sacar bandera blanca, él volvió a Estados Unidos, arregló sus cuentas con la Justicia y dejó boquiabierto al personal reapareciendo en escena como activista pro Ronald Reagan. «He estudiado el comunismo de cerca y he descubierto que nuestra forma de gobierno es mejor que nada de lo que existe por ahí», explicó a sus seguidores.Hasta el día de su muerte repudió todo proyecto de nacionalismo negro y arremetió contra quienes propugnaban consolidar una variante del inglés como lenguaje propio de los afroamericanos, tildando todo ello de «patético intento de institucionalizar la disfunción».No podía decirlo mejor.

Extravagante historia, esperpéntico personaje, alegará cualquier nacionalista vasco que finja olvidar la conversión de Sabino Arana a la causa españolista en el último tramo de su vida. ¿Qué modelo de reinserción queremos, el del arrepentido Soares Gamboa o el del contumaz De Juana Chaos, por hablar de dos compañeros de comando?

Zapatero quiere ver una quimera convertida en realidad, pero el suyo no es el único camino. Comprendo que soñar con que Otegi ingrese en un PP que siempre será mucho menos de derechas de lo que lo fue Reagan, podría suscitar serias dudas sobre mi cordura, ¿pero por qué no imaginarlo con el sayal de penitente y las sienes cubiertas de ceniza, llamando dentro de unos años a la puerta de un Partido Socialista de Euskadi tan claro sobre la cuestión nacional como aquel en el que ingresó y militó, hasta convertirse en presidente, el etarra condenado a muerte en el proceso de Burgos Mario Onaindía Natxiondo?

La lección es bien clara: para que la democracia triunfe a sus enemigos no hay que darles ni agua. Y menos a cambio de nada.Y el que les sirva champaña y bocaditos de roquefort debe recibir una monumental pitada sobre el césped del estadio. La receta frente a esas dos imágenes «publicadas-en-un-periódico-como-el-suyo-que-suele-tener-la-habilidad-de-poner-fotos-en- contraposición» era, pues, bastante sencilla: abrazar a Rosa, suspender de militancia a Gema. Pero qué le vamos a hacer, si a Zapatero lo que le gusta es la leche de tigre y el aroma de pantera.



Lea mas

This page is powered by Blogger. Isn't yours?