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23.3.07

 

Los agentes del CNI controlaron a los candidatos a intérprete de árabe del 11-M

 

23-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / La investigación

Los agentes del CNI controlaron a los candidatos a intérprete de árabe del 11-M


Las pruebas que los servicios secretos hicieron a los traductores se llevaron a cabo el pasado verano

ANTONIO RUBIO

MADRID.- «Con esta solicitud acepto que el Ministerio de Defensa compruebe la veracidad de los datos aportados». Ésta es una de las condiciones que los candidatos a traductores e intérpretes de árabe en el juicio del 11-M tuvieron que firmar para optar a una de las plazas que había convocado el Ministerio de Justicia.

El control de los intérpretes de árabe por parte de Defensa corrió a cargo de agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y tuvo lugar durante los meses de julio y agosto de 2006. El Ministerio de Defensa no proporcionó a Justicia los resultados de sus investigaciones y controles hasta septiembre de ese mismo año.
(.../...)

Los candidatos a traductores, después de pasar diversas pruebas de conocimiento sobre los distintos dialectos del árabe, tuvieron que rellenar un «cuestionario personal para solicitantes de grado reservado y secreto» con 10 apartados. Entre estos apartados o preguntas personales se encontraban quiénes eran sus padres, sus familiares, sus desplazamientos en los últimos tres años, personas con las que conviven, referencias, garantías, relaciones internacionales y observaciones.

Y en observaciones, el candidato a intérprete de árabe tenía que reflejar «todo aquello que considere interesante declarar, además de lo anterior». La mayoría de los candidatos incluyó en las observaciones que habían trabajado para la Policía, Exteriores y diferentes juzgados de Madrid.

También tuvieron que firmar los opositores a traductores un segundo punto que iba directamente relacionado con el control que el Ministerio de Defensa iba a ejercer sobre sus personas: «Declaro que todo lo reflejado por mí en este CUESTIONARIO PERSONAL DE SEGURIDAD [sic] es la verdad completa y exacta en cuanto sé y conozco, y que cualquier falsedad (por omisión deliberada, engaño o tergiversación de algún dato) sería motivo de denegación o anulación de la Garantía Personal de Seguridad, sin perjuicio de otras responsabilidades».

El número aproximado de candidatos a traductores de árabe para el juicio del 11-M y de asistencia a los letrados de oficio fue de 40, pero finalmente la cifra quedó reducida a 18. Así lo hizo público el Ministerio de Justicia, a través del Ministerio de la Presidencia, el pasado 4 de octubre cuando contestó a una pregunta parlamentaria de la diputada del PP Alicia Castro.

Se da la circunstancia de que los abogados de oficio, hasta un total de 22, venían reclamando, primero, y denunciaron, después, que tenían problemas para llevar a cabo una correcta defensa de sus defendidos. La mayoría de esos abogados se hizo cargo de los procesados inmediatamente después de los atentados del 11-M de 2004, pero hasta hace seis meses no tuvieron traductores de árabe a su disposición. Hay que recordar que la vista oral del 11-M comenzó el pasado 15 de febrero.

Eduardo García Peña, que ha hecho de portavoz de los abogados de oficio en varias ocasiones, declaró en septiembre de 2006 a EL MUNDO: «Hay letrados que siguen sin poder hablar con sus defendidos por la falta de traductores o intérpretes».

Los encuentros o controles del CNI sobre los candidatos a intérpretes se llevaron a cabo en el verano del 2006. Uno de esos candidatos, que finalmente no pasó los controles de los espías españoles, detalló a EL MUNDO que «algunos fuimos visitados por los agentes del CNI y nos hicieron preguntas del siguiente tenor: '¿Cuántas veces va a la mezquita? ¿Conoces a algún yihadista?'. Y después, según el candidato no apto a traductor, los agentes del Centro Nacional de Inteligencia se interesaron por cuestiones más personales y si los candidatos tenían predisposición a colaborar con ellos.

Es decir, la preparación de la defensa de algunos de los procesados del 11-M se ha hecho con el asesoramiento de los traductores facilitados por el Ministerio de Justicia y controlados por el CNI. Francisco Andújar, abogado defensor de Yusef Belhadj, denunció a mediados de septiembre de 2006 que «desde abril de 2005 [fecha de su extradición] no he podido comunicarme con mi defendido». Andújar se lamentó de que su defendido no hablaba castellano, «sólo árabe y un poco de francés», y que en 10 ocasiones había solicitado, a todas las instancias, un intérprete para poder comunicar con su defendido.

Los abogados de oficio, además de tener que afrontar durante más de dos años la defensa de sus patrocinados sin un traductor, también se encontraron con otra dificultad añadida: la distancia. Algunos de los procesados se encontraban en cárceles de fuera de la Comunidad de Madrid, con el problema que eso representaba en cuanto a desplazamientos.

A finales de junio de 2006, el juez Juan del Olmo, instructor de la causa del 11-M, tomó la decisión de que 19 de los acusados que se encontraban por diferentes cárceles españolas fueran trasladados a prisiones de Madrid o que no estuvieran más lejos de un radio de 100 kilómetros.

Esos mismos intérpretes de árabe que finalmente facilitó el Ministerio de Justicia en octubre de 2006, y que controló el CNI durante los meses de julio y agosto, son los que en la actualidad prestan sus servicios en la vista oral del juicio del 11-M a los acusados y testigos que todavía no dominan el castellano. El número medio de intérpretes que asiste diariamente al juicio es de seis y se encargan, fundamentalmente, de la traducción simultánea.

En la «solicitud de candidatura intérprete/traductor (a)» que realizó Justicia y que tiene fecha de julio del 2006 se especifica en el apartado Habilidad idiomática en árabe y tamazight las diferentes variedades del idioma árabe a la que optan los candidatos: «Arabe clásico antiguo, moderno, magrebí, egipcio, del Golfo, de Siria/Líbano, tarifit (rifeño), tachelhit de Souss y del Atlas y kbayliya».

Al final de la ficha que los candidatos a intérpretes de árabe tuvieron que rellenar, y que fue supervisada por los agentes del Centro Nacional de Inteligencia, había una «NOTA» [sic], a pie de página, que indicaba lo siguiente: «Una vez cumplimentado este formulario, se le dará el tratamiento correspondiente al grado CONFIDENCIAL [sic]».

Justicia se los facilitó a los letrados en octubre de 2006

MADRID.- Los abogados de oficio se hicieron cargo de los imputados por los atentados del 11-M conforme la Policía detenía a los presuntos autores de la matanza. Pero esos mismos abogados no pudieron tener una conversación fluida con sus defendidos hasta que el Ministerio de Justicia proporcionó los intérpretes de árabe.

Y eso ocurrió, según consta en una «respuesta del Gobierno» a la diputada del PP Alicia Castro, a partir del 4 de octubre: «Justicia ha puesto ya al servicio de los letrados de oficio un equipo de traductores de árabe que facilitarán la comunicación entre los abogados del turno de oficio y los procesados a fin de asegurar su derecho a la defensa». En ese mismo escrito que Presidencia dirigió a la diputada del PP se indica: «Este equipo cuenta con 18 personas ya disponibles y que cubren el conjunto de dialectos del citado idioma».

Presidencia también aclara que ha hecho gestiones con otros ministerios: «Asimismo, se ha solicitado del Ministerio del Interior que los procesados rellenen una ficha de perfil lingüístico con el fin de poder prever las diferencias que puedan existir en relación con los dialectos de tal idioma...».

El martes 13 de marzo, se dio la circunstancia de que el padre de Abdelmajib Bouchar, Abdesalam, no pudo declarar como testigo porque faltaba un intérprete de bereber. Ese dialecto es uno de los más utilizados en Marruecos (24% de su población) y la mayoría de los imputados en el 11-M son marroquíes. Abdelmajib Bouchar fue quien salió corriendo del piso de Leganés tras avisar a sus compañeros de que la Policía rodeaba el edificio.

Coordinador

Presidencia da cuenta de que «este equipo [los traductores] ha sido comunicado al Colegio de Abogados y a la Sala que debe dictar la sentencia definitiva para que también puedan ser utilizados por los procesados durante las sesiones del juicio oral».

Y el Colegio de Abogados, que ha hecho de intermediario con el Ministerio de Justicia en las reclamaciones de los abogados de oficio, puso como coordinador o supervisor de los letrados del turno de oficio del 11-M al vicedecano Rodríguez Ramos.

El catedrático Rodríguez Ramos, que está muy valorado en la profesión y es uno de los abogados con más experiencia en Derecho Penal, fue letrado del general Emilio Alonso Manglano, ex director del Cesid (actual CNI), en el caso de los papeles del Cesid. El bufete de Rodríguez Ramos también se ha encargado de otros temas relacionados con el CNI, como fue el caso de las escuchas a la sede de HB en Vitoria.

LAS FICHAS DE LOS TRADUCTORES.

Estos documentos, destinados a Justicia y Defensa, fueron los que tuvieron que rellenar y firmar los opositores a intérpretes. EL MUNDO ha suprimido todos los datos personales para mantener la confidencialidad de los candidatos.

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Narraciones muy (pero que muy) diferentes

 

23-03-07



ASI LO CUENTAN

Narraciones muy (pero que muy) diferentes


Víctor de la Serna

Los lectores de La Vanguardia no se enteraron ayer de que los ciudadanos indios que vendieron a los islamistas acusados por los atentados del 11-M los teléfonos liberados mantenían un extrañísimo libro de anotaciones en el que los únicos números de identificación de móviles que aparecen a lo largo de docenas de páginas son justamente los de esas ventas de marzo de 2004, por cierto intercalados en el libro antes de anotaciones correspondientes a 2002. Tampoco se enteraron de que esos ciudadanos aseguraron el miércoles en el juicio que no identificaron a Jamal Zougam como el comprador hasta el 13 de marzo por la tarde, cuando la UCIE ya lo había detenido. Tampoco se enteraron de que el único mando policial que hasta ahora ha declarado sin evasivas en el juicio dijo que estuvo siguiendo a los hoy acusados antes y también después de los atentados, y a la pregunta que se imponía, y que le hizo el abogado del Estado («¿En algún momento registraron ustedes alarma ante la amenaza de un atentado?») contestó, con tono de total sinceridad, que no. Tampoco se enteraron de que la policía revisó el 11 de Marzo las matrículas de todos los vehículos en las inmediaciones de la furgoneta Kangoo, pero no detectaron el Skoda Fabia que aparecería allí mismo tres meses más tarde. Tampoco se enteraron de que la policía puso en marcha junto al piso de Leganés inhibidores de frecuencia que impedían utilizar los teléfonos móviles de los islamistas encerrados y, por tanto, también las famosas conversaciones de éstos con sus parientes para despedirse de ellos.
(.../...)


Los lectores de EL MUNDO sí que se enteraron de esos datos, destacados en su cobertura, y de los que sus editorialistas sacaban esta conclusión: «El sumario del juez Del Olmo es una caja de Pandora que esparce cada día por la sala un número inagotable de contradicciones, casualidades e interrogantes sin respuesta». El periódico catalán juzgó más relevantes otros detalles como los que enumera este titular: Bautizo, petición de boda y arenga yihadista, todo en uno en Chinchón .(Y en... 2001).

Los lectores de cada cual sacarán conclusiones bien distintas. El propio diario catalán, también: proclamaba en un editorial... ¿lo adivinan? ¡El fin de la teoría de la conspiración! Cómo no...

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22.3.07

 

«¿Puede explicármelo usted?»

 

22-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Las incógnitas

«¿Puede explicármelo usted?»


Los Tedax no vieron en El Pozo la mochila que apareció en Vallecas/ Entre un lugar y otro, los bultos habrían pasado por Ifema

MADRID.- La mochila de Vallecas, la prueba por antonomasia. Todos los tedax que han declarado en el juicio han vuelto a describir la minuciosa tarea que llevaron a cabo tras los atentados, cuando revisaron una y otra vez todos los bultos que se encontraron en los trenes en los que se produjeron las explosiones del 11 de Marzo, y en los andenes, en busca de artefactos que no hubiesen estallado. En El Pozo, los especialistas recorrieron los vagones «tres o cuatro veces». Los testimonios de los últimos días permiten seguir el itinerario de los efectos recogidos allí: en la estación, la mochila no estaba entre ellos; la bolsa azul apareció luego en la comisaría de Vallecas, tras pasar, supuestamente, por Ifema. Sin embargo, el Ministerio Público no ha citado como testigo a ninguno de los responsables de la custodia en el recinto ferial.


Juan Jesús Sánchez Manzano (ex comisario jefe de los Tedax).

«Todas las bolsas que había en los trenes se inspeccionaron por los Tedax. Se abrieron todas las bolsas. [...]. Ignoro [qué pasó con la mochila de Vallecas]. [...]. Yo pedí una explicación sobre si habían revisado todas las bolsas. Me dijeron que sí, que todas las que había cuando llegaron».
(.../...)

Inspector jefe de los Tedax de la Brigada Provincial de Madrid.

«Estuve en contacto permanente con los cuatro focos de las explosiones. [...]. Formé equipos de dos y mandé que se revisasen todos los trenes de la cabeza a la cola, y de la cola a la cabeza dos veces. [...]. [Cuando apareció un primer artefacto en Atocha] comuniqué al resto de puntos que extremasen la cautela. [...]. No quedó nada por revisar. [...]. No puedo explicarlo [qué pasó con la mochila], ¿puede explicármelo usted?».

Subinspector 65.255.

«El tren de El Pozo se revisó tres o cuatro veces. Hubo un momento en que estábamos siempre dentro del tren. [...]. Sí [pude ver bolsas que me llamaron la atención]. Tuvimos que desalojar a los bomberos varias veces porque al lado de los cadáveres encontrábamos contenedores sospechosos y había que abrirlos [...]. Los bultos de los andenes se revisaron también [...]. No vi la bomba que se desactivó en el parque Azorín».

'Tedax Pedro'.

«Pregunté a los funcionarios [de la comisaría de Vallecas] de dónde venía, de dónde había salido esa bomba, y me dijeron taxativamente que venía de El Pozo [...]. Se revisaron completamente todos los bultos, las inmediaciones, absolutamente todo. [...]. [Nadie me explicó que la mochila había pasado por Ifema] en absoluto. Todo lo contrario. De hecho, yo declaré ante el juez instructor que ni siquiera había pasado por Ifema».

Policía 88.659.

«Entré a trabajar a las 15.00 horas y me ordenaron que fuese a la estación de El Pozo [...]. Trasladamos los efectos a la comisaría de Villa de Vallecas, pero no llegamos a bajar los efectos. Luego fuimos a Puente. De ahí, fuimos a Ifema. Allí había un jefe de Policía Científica que nos indicó que los dejáramos en un sitio acotado y que indicáramos que eran efectos de las víctimas de El Pozo».

Policía 87.843.

«En Ifema había un lugar con bolsas, separadas de los cadáveres. [...]. Cogimos las bolsas para llevarlas a la comisaría de Puente de Vallecas».

Policía 88.163 (destinada en la comisaría de Vallecas).

«Los efectos estaban metidos en bolsas grandes de basura. Estaban anudadas por la parte de arriba. Las abría sin necesitar romperlas, así que entiendo que no iban grapadas ni nada [...].No estaban numeradas. [...]. Cogí una mochila de deportes, la abrí y vi un teléfono móvil y que de donde se suele enchufar la batería salían unos cables [...]. Cuando se encontró se interrumpió el inventario, no recuerdo en qué punto [...]».


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El bazar que vendió los móviles sólo anotó los datos de los usados por los terroristas

 

22-03-07



Juicio por una masacre / Día 18

El bazar que vendió los móviles sólo anotó los datos de los usados por los terroristas


MANUEL MARRACO

Se abren paso nuevas incógnitas: el registro de los indios sólo recoge los teléfonos que habrían usado los islamistas, que estuvieron controlados antes y después del 11-M; un agente era vecino de los suicidas de Leganés, y sí se investigaron las matrículas de los coches aparcados junto a la Kangoo.

MADRID.- La Policía tuvo mucha suerte el día 13 de marzo. A lo largo de casi tres años, los únicos números de identificación de teléfonos -imeis- anotados en la tienda Bazar Top fueron los que se llevó uno de los presuntos terroristas. Así se desprende de las páginas del libro de contabilidad entregado a la Policía por uno de los testigos que fue exhibido ayer por el tribunal del 11-M.

La desactivación de la mochila de Vallecas ofreció a las Fuerzas de Seguridad una tarjeta de teléfono y un terminal con el que trabajar. El número de identificación de este último llevó el 13 de marzo a una tienda regentada por unos ciudadanos indios que fueron detenidos. Uno de ellos, Rakesh Kumar, fue el encargado de abrir la jornada de ayer en la Casa de Campo. Según dijo, él entregó a las Fuerzas de Seguridad un libro de tapas duras y oscuras con las inscripción Diario, en el que iba apuntando las ventas.
(.../...)

Comienza en mayo de 2001, y dedica una página a cada mes, hasta llegar a marzo de 2004. El último dato corresponde al 8 de marzo. En total, 33 páginas sin un solo imei escrito. A ese bloque le sigue un montón de páginas en blanco y, casi al final, una página con una lista de 12 imeis. Los nueve primeros, según declaró el testigo, corresponden a los nueve liberados para el presunto terrorista (el décimo no hizo falta liberarlo).

Otro de los imei correspondía a una «señora africana» y de los otros dos no se escuchó ayer explicación. El libro termina con tres páginas que contienen datos de recarga del año 2002 y un par de anotaciones que incluyen un número de teléfono y un imei.

El primero en destacar alguna de las particularidades del libro fue José Luis Abascal, abogado de Jamal Zougam y Basel Ghalyoun. Una hora más tarde, cuando los funcionarios lograron localizar el libro físicamente, el propio presidente del tribunal ordenó que se exhibiera ante la cámara casi en su integridad, mostrando la secuencia ventas-páginas en blanco-imeis.

Fue también el presidente de la Sala, Javier Gómez Bermúdez, el que pidió al testigo que le indicara cuáles eran los vendidos a las dos personas que, en tres días distintos, aparecieron por la tienda y que dijeron hablar en búlgaro. «Me dicen que ello son de búlgaros», declaró Rakesh Kumar en un difícil castellano. «¿Antes de ese día había oído a alguien hablar en árabe?, quiso saber el fiscal Carlos Bautista. «No», respondió.

La investigación de la tarjeta recuperada en la mochila de Vallecas llevó un camino paralelo, aunque algo más rápido, que el del terminal. Y también acabó en una tienda regentada por ciudadanos indios. Éstos tuvieron más suerte que sus compañeros, porque en lugar de ser imputados comparecieron ayer como testigos protegidos.

La tarjeta de teléfono de la mochila de Vallecas se recuperó en la madrugada del 12 de marzo y llevó a la Policía hasta Jamal Zougam antes de que acabara el día. El marroquí no fue detenido hasta la tarde del día siguiente. Así se desprende de las declaraciones de los testigos protegidos P-19 y K-49, el matrimonio de ciudadanos indios que vendió al locutorio Jawal Mundo Telecom algunas de las tarjetas supuestamente empleadas en las mochilas bomba.

Sus declaraciones van en una línea similar a la del inspector 84.128, que declaró hace unos días: «En la tarde noche del 12 de marzo supimos que la tarjeta había sido suministrada por Jamal Zougam, relacionado con el terrorismo islámico».

Sin embargo, los dos testigos protegidos aseguran que no reconocieron a Zougam en fotografías hasta el sábado día 13 por la tarde, horas después de que el marroquí fuera detenido por la UCIE.

La primera en declarar fue la mujer, la única que estaba en la tienda de Shindu Enterprise cuando llegaron dos policías. La abogada de la AVT Manuela Rubio le preguntó por la primera «visita» de la Policía. «Es que yo no sabía que eran policías, pero sí que fue el 12 de marzo. Dos personas», dijo. Creyó que eran «unos clientes» que venían por un supuesto problema con una tarjeta. «Insistían mucho» y no querían que se la cambiase por otra. «No querían explicarse ni nada». En medio de las gestiones llegó a la tienda el marido, que acabó haciéndoles una fotocopia de la compra de la tarjeta. «Al día siguiente vinieron seis policías y fuimos a comisaría».



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21.3.07

 

Amnesia corporativa

 

21-03-07



PREGUERIAS

Amnesia corporativa


VICTORIA PREGO

El Cuerpo tiene mala memoria. Por lo menos la tienen muy mala muchos agentes del Cuerpo que declararon en torno a la mochila de Vallecas, ésa de la que seguimos sin saber de dónde salió, quién la recogió y quién la metió en las grandes bolsas que luego fueron llevadas a la comisaría para hacer allí el inventario de los objetos rescatados de los trenes.


El día de ayer se dedicó casi por entero a seguirle el rastro a esa mochila repleta de explosivos que no llegó a estallar y que constituye la prueba fundamental para establecer la responsabilidad del 11-M. Ya no se trataba de encontrar a alguien que garantizara que había sido sacada de alguno de los vagones de la estación de El Pozo: ninguno de los responsables de recoger los enseres desperdigados en ese tren reconoció haberla visto, eso ya había quedado claro el lunes. Así que, por ahí, no había muchas esperanzas. Se intuía que íbamos a seguir sumidos en el misterio más absoluto. Un misterio capital porque, insisto, de esa mochila sale el hilo que lleva a los presuntos autores de la matanza. Pero no. Lo que ayer se intentaba averiguar era si en algún momento del viaje que todas esas bolsas con enseres de El Pozo hicieron por Madrid, alguien pudo meterla en una de ellas. Porque de algún sitio tuvo que salir.

(.../...)

Y resultó realmente extraordinario el incontable número de veces que los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía respondieron a las preguntas de los letrados con un «no me acuerdo». Impresionante. No se acordaban de casi nada. Ni de la mochila, ni de lo demás. Por no recordar, ni siquiera las funcionarias que acudieron el 26 de marzo a la guarida de los islamistas en Morata de Tajuña a inspeccionar el sitio, se acordaban de si los perros habían detectado la presencia de explosivos. Ojo, que esa inspección se hizo 15 días después de la matanza, así que la Policía sabía muy bien a lo que iba allí. Pues que no se acuerdan, dicen. Al final ya pareció que no, que el perro no había dado la señal de aviso, pero tampoco eso era muy seguro, así que «no le puedo concretar», dijo la declarante.

Hubo dos excepciones en la tarde, que fueron los dos policías, una mujer y un hombre, que descubrieron la famosa mochila explosiva cuando estaban haciendo el inventario de aquellos enseres -el primer inventario que se hizo en todo el día, por cierto- en las dependencias de la comisaría en la que estaban destinados. Ellos sí se acordaban. Pero los demás, los que la cargaron, los que conducían las combi, los que traían y llevaban la mercancía, incluido el explosivo que nunca iba a estallar porque tenía los cables desconectados, no fueron capaces de recordar ni el número de bolsas que metieron en los coches, ni el modo en que habían sido cerradas, ni el nombre del miembro de la Policía Científica que se hizo cargo en Ifema, porque tampoco se acuerda el interesado de si se recibió orden de entregar la custodia a alguien en concreto.

Es verdad que el traslado de los objetos de un lugar a otro de Madrid se encargó a policías muy jóvenes, algunos de ellos en prácticas. Nada que reprochar a eso. Lo que sí es reprochable es que unos funcionarios de un cuerpo como el de la Policía, cuyo destino inexorable es participar en episodios conflictivos que, en su inmensa mayoría, van a ir a parar a un tribunal, no tengan una disciplina férrea a la hora de anotar mentalmente, o como sea, el mayor número de detalles relativos a su actuación profesional. Y en un asunto de esta envergadura, con mucho mayor motivo.

El resultado de tanta imprecisión fue una insistente tanda de preguntas que irritaron a quienes consideran que un interrogatorio así evidencia la intención de poner en duda la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, actitud que se percibe como aviesa e indecente. Pero en un país en el que colectiva y sistemáticamente se desconfía del Gobierno; de la oposición; de los políticos en general; de la Justicia y los jueces; de los abogados; del Ejército y los militares; de los periodistas; de la Iglesia y los curas, y en el que dudar del Rey y poner bajo despectiva sospecha la Monarquía se considera un toque de gauchiste distinción, ¿por qué habría de salvarse la Policía de esa práctica? Y, además, que el reproche sobre las dudas sólo se aplica a este asunto en concreto. Ahí está estos días el caso Roquetas, de cuyos implicados se han escrito auténticas ferocidades sin que los hoy dolientes se hayan escandalizado en público por tamaña «falta de respeto a las instituciones».

De todos modos, convendría que recuperaran la memoria. Más que nada, por lo que es su propia función. La de control y vigilancia.

victoria.prego@el-mundo.es

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Los perros tampoco detectaron explosivos en el zulo de la finca de Morata de Tajuña

 

21-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Las declaraciones

Los perros tampoco detectaron explosivos en el zulo de la finca de Morata de Tajuña


Dos agentes «no recuerdan que diesen respuesta positiva» en el supuesto almacén de las bombas

JOAQUIN MANSO

MADRID.- Una inspectora de la Policía Científica y un agente de la Brigada Provincial de Información declararon ayer que los perros especialistas que inspeccionaron la finca de Morata de Tajuña 15 días después de los atentados no señalaron que hubiese restos de explosivos. En concreto, la primera dijo que no recordaba que los perros hubiesen dado «respuesta positiva»; el segundo aseguró que no vio que el animal «detectase nada».

Según este testimonio, los perros recorrieron, sin que su olfato reaccionara, la casa donde supuestamente se prepararon las bombas y el zulo donde sostiene la Fiscalía que los presuntos terroristas almacenaron los explosivos que se habrían utilizado en la matanza. En su interior, narraron, sí vieron algunos excrementos de animales.
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Ambos testigos confirmaron que se trataba de un cobertizo cubierto con una tabla de aglomerado, realizado de paredes de ladrillo forradas con placas de porexpán aislante. Los análisis de la Policía Científica que constan en el sumario establecen que esas placas contienen impregnaciones de sustancias explosivas («nitroglicol y nitrato amónico»). El zulo apareció destruido en julio de 2006 por un incendio.

Las agentes, que participaron en el registro el 26 de marzo de 2004, señalaron que la Policía Científica se hizo cargo de las diferentes pruebas biológicas encontradas. Entre otras, requisaron las placas de porexpán.

En los cimientos

Asimismo, detallaron el hallazgo de algunos restos de detonadores quemados mezclados con ceniza, en una bolsa y en la chimenea, algunos cartuchos sin detonar «en los cimientos del porche de la casa» y un teléfono móvil sin tarjeta SIM. Precisaron que apenas encontraron documentación.

Ayer también declararon cinco agentes que acudieron a la nave de la compañía de alquiler de vehículos Hertz, el 15 de junio de 2004, a inspeccionar el Skoda Fabia que acababa de ser localizado a escasos metros del lugar donde se encontró la Kangoo.

Una inspectora de la Policía Científica aseguró que el procedimiento habitual era el que ella siguió: realizar una inspección ocular y un reportaje fotográfico de los efectos encontrados en el vehículo en el mismo lugar de la inspección. En el caso de la Kangoo, se fotografió el exterior; la zona de carga, sólo después de que la furgoneta fuese llevada a la comisaría de Canillas.

A este respecto, el agente encargado de custodiar la Kangoo hasta Canillas confirmó lo que ya se sabía: que llegó allí a las 14.30 horas, una hora antes de la que consta en el registro oficial.

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Algunos están perdiendo los papeles

 

21-03-07



EL BLOC DE

Algunos están perdiendo los papeles


Luis del Pino

La hora. Uno de los policías que transportó la furgoneta Kangoo hasta Canillas ha corroborado, de manera taxativa, que la hora de llegada del vehículo al complejo policial estuvo en torno a las 14.30 horas, y no a las 15.30 que figuran en el acta de inspección oficial. Se confirma, así, definitivamente, que esa furgoneta Kangoo estuvo una hora perdida a efectos oficiales aquel 11 de Marzo, en ese complejo policial de Canillas donde apareció un resto de cartucho que los perros no habían olido y donde aparecieron decenas de objetos que los testigos no habían visto en Alcalá. ¿Qué explicación nos darán esta vez para justificar la falsa hora reflejada en el acta de inspección oficial? ¿Nos dirán que fue un error de transcripción? Lo que pasa es que algunos errores dejan demasiado rastro. E implican a demasiada gente. Y a estas alturas no a todo el mundo le apetece hacer de cabeza de turco, ¿verdad?

Fiscal. Para ver que las cosas no van bien, no hay más que examinar el lenguaje corporal de la fiscal. Como continúen cayéndosele testigos, como continúen saltando por sorpresa datos que ella hubiera debido averiguar en los dos años y medio que duró la instrucción, a esta fiscal le va a dar una apoplejía. Hoy se ha enfrentado con una de las víctimas que asistía al juicio, a la que reprochó que hubiera salido en un programa de televisión el otro día reclamando saber la verdad. ¿Y qué quiere usted que reclame, doña Olga? ¿Saber la mentira? Para eso no hace falta reclamar nada, señora: basta con leerse ese sumario en cuya instrucción ha participado usted. Sí, me refiero a ese sumario que se desmorona delante de los ojos de todo el mundo. Decididamente, alguien debería valorar si Olga Sánchez está en condiciones de continuar con el juicio. Porque ya lo único que faltaba por ver era a la fiscal discutiendo con una víctima porque ésta no comparte sus tesis. Doña Olga está perdiendo los papeles.

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Un ataque de nervios

 

21-03-07



A SANGRE FRIA

Un ataque de nervios


David Gistau

La tan elogiada templanza del presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, no sólo le está sirviendo para pilotar el juicio como quien domina un león subido a un taburete. A la firmeza pausada agrega unas dosis enormes de sensibilidad que ayer impidieron que los nombres de algunos fallecidos en el atentado aparecieran en un documento exhibido para la sala y que constituye un dique para que jamás desborden las tensiones latentes en el ambiente. Las propias del suceso atroz que aquí se juzga, y de la cercanía de los asesinos y de aquellos a los que destrozaron la vida.

(.../...)


Pero también las que emanan de un desgarro entre las propias víctimas, polarizadas por las diferentes concepciones de justicia y verdad, cuya satisfacción han encomendado al proceso.

Gómez Bermúdez permanece aislado tanto de la presión externa como de cualquier contaminación política, y avala así que la ley y sus garantías serán el único rasero. Por el contrario, la fiscal Olga Sánchez, que se niega a contestar las preguntas de los periodistas de EL MUNDO y les compadece por tener que trabajar «para ese periódico», ha sucumbido a la presión de un modo que le impide guardar las distancias asépticas y que incluso la anima a igualar sus tribulaciones propias del cargo que desempeña con el dolor de los que sufrieron el atentado. En vez de enfriar las tensiones con la autoridad desapasionada que se le supone a la toga, y con cierta comprensión obligada a los que las pasan putas cada día dentro de esa sala, Sánchez las agrava con episodios como el que protagonizó ayer.

En la antesala, después del receso y delante de decenas de personas, abordó a una víctima cuyas declaraciones en un programa de televisión no le habían gustado y con el dedo índice bien enhiesto le señaló dónde estaba la única verdad reglamentaria y admisible. Remató el exabrupto con un «Tú eres de la AVT, ¿verdad?», como para confirmar que no estaba ante una de las víctimas ungidas por el favoritismo oficial y por esas tendencias mediáticas de una u otra naturaleza ante las que la fiscal del juicio más importante de la Historia española no ha sabido aislarse ni mantener la compostura y la concentración en su cometido.

La salida de tono de la fiscal Olga Sánchez coincide con estas jornadas en que la mochila de Vallecas y la furgoneta Kangoo han favorecido el choque de teorías extendido a las crónicas periodísticas e incluso al lenguaje corporal de los abogados, que hacen muecas de burla o de hastío cuando interviene un letrado de los que buscan una verdad distinta de la propia. Y mientras los que están a este lado del cristal blindado se encuentran cada día más enfrentados por un conflicto larvado, los que ocupan el interior del habitáculo se aburren y casi son olvidados, como si este asunto ya no les concerniera a ellos.

El relato del trasiego de la mochila fue confuso y caótico. Lo protagonizaron policías de barrio y otros en prácticas que hubieron de iniciarse en su oficio nada menos que con el atentado del 11 de marzo y que hicieron cabotaje por todo Madrid, desde la comisaría de Villa de Vallecas hasta la de Puente de Vallecas pasando por el pabellón 6 de Ifema, con los enseres encontrados en la estación de El Pozo. La imposibilidad de determinar nada concluyente obliga a temer que siempre permanecerá entre nosotros esa sombra de la sospecha que nos corroe y desune, y que desquicia a los custodios de la versión oficial aunque lleven toga.


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La fiscal prescinde del testigo clave de la custodia de la mochila de Vallecas

 

21-03-07



Juicio por una masacre / Día 17

La fiscal prescinde del testigo clave de la custodia de la mochila de Vallecas


MANUEL MARRACO

MADRID. - La fiscal Olga Sánchez intentó demostrar ayer que no se rompió en ningún momento la cadena de custodia de los efectos recogidos en la estación de El Pozo, entre los que supuestamente se encontraba la mochila de Vallecas. Y lo hizo sin llamar a declarar al inspector jefe que, por orden judicial, era responsable de esa custodia.


La fiscal sabía que su comparecencia en el juicio por el 11-M habría resultado incómoda. Hace un año, el inspector jefe Miguel Angel Alvarez -Sánchez se encargó de repetir su nombre a la Sala- declaró ante Juan del Olmo que en la jornada del 11-M no se siguieron sus órdenes. Según explicó al juez instructor, él ordenó que los efectos se llevaran a comisaría para inventariarse, y no podía hacerse responsable del tiempo que los bultos estuvieron en el pabellón número 6 de Ifema sin su conocimiento.

«Ante la sorpresa del funcionario que suscribe, dichos objetos y efectos son llevados al Parque Ferial Juan Carlos 1», escribió el inspector jefe en una nota que no llegó a Del Olmo.
(.../...)

El instructor le llamó a declarar después de que EL MUNDO informara sobre esta irregularidad en la cadena de custodia. En la Audiencia Nacional, Alvarez afirmó que no recordaba haber visto entre lo recogido en las estaciones una bolsa como la desactivada.

Si cada parte puede proponer los testigos que contribuyen a reforzar sus tesis, ayer se supo que a la acusación pública no le conviene citar al inspector que puso en duda ante el juez de instrucción que la mochila de Vallecas estuviese realmente en los trenes. Hoy testifican los indios que vendieron los móviles.

Pese al olvido de la fiscal, el tribunal podrá escuchar su testimonio, ya que lo ha propuesto como testigo la Asociación 11-M Afectados por el Terrorismo, presidida por Pilar Manjón.

A la ausencia del testigo clave se suma la de los agentes o mandos de la Policía Científica, que indicaron dónde depositar los bultos en Ifema, y de la Unidad de Intervención Policial (UIP), que custodiaron los efectos allí almacenados. Tampoco ha llamado el Ministerio Público a quienes se encuentran en el otro extremo de la cadena de custodia, los encargados de introducir los objetos que estaban en el andén en una «bolsas de basura grandes, de tipo industrial y color oscuro».

Quienes sí declararon en la mañana de ayer fueron cuatro policías que participaron en el traslado de los objetos en alguno de sus múltiples itinerarios por Madrid, así como los dos agentes que encontraron la mochila de Vallecas.

Según la versión mantenida por la Fiscalía, los efectos de El Pozo fueron de la estación a la comisaría de Villa de Vallecas, de ahí a la comisaría de Puente de Vallecas, de ahí al pabellón número 6 de Ifema y vuelta a Puente de Vallecas, donde de madrugada apareció la mochila bomba.

«No me acuerdo»

Las declaraciones de los agentes no fueron precisamente esclarecedoras. Sólo uno de ellos hizo el 11 de marzo el itinerario completo (Pozo-Villa-Puente-Ifema-Puente), aunque ayer no recordaba haber pasado por la comisaría de Villa de Vallecas.

El «no me acuerdo» se extendió a muchos puntos de su declaración y de las de sus compañeros. El último de los cuatro en declarar no recordaba si le habían ordenado ir a Ifema a llevar las bolsas o si lo que tuvo que hacer fue ir de vacío para recogerlas. «Es que no me acuerdo», comentó. Gómez Bermúdez pidió, con tono sorprendido, que se lo confirmara: «¿No se acuerda si fue a buscar las bolsas o a llevarlas?». «No», respondió el testigo.

Según el relato construido ayer ante la Sala, los policías salieron de Puente de Vallecas hacia El Pozo poco después de las 15.00 horas. Dos horas más tarde regresaron con las bolsas. La orden del inspector jefe Alvarez había sido llevarlas a una comisaría más cercana a la estación, la de Villa de Vallecas, pero allí se negaron a aceptarlas. Así que se volvieron a su comisaría. Allí les indicaron que se fueran con todo a Ifema.

Según el primer declarante, quien dio la orden de trasladar todo al recinto ferial sin haberlo inventariado antes fue el comisario responsable de Puente de Vallecas, Rodolfo Ruiz Martínez.

Una hora después de depositar allí los bultos, hacia las 8.30 o las 9.00 horas, los agentes recibieron la orden de ir a buscarlos y llevarlos de nuevo a la comisaría de Puente de Vallecas.

Teléfono móvil

Según la declaración del agente que realizó todos los itinerarios, cuando volvió al pabellón número 6 de Ifema a por las bolsas todas estaban «tal cual» las habían dejado y «cerradas». Ninguna estaba «rota o abierta» cuando las devolvieron a comisaría. Tampoco ninguno de los agentes vio a nadie, policía o paisano, manipularlas.

Los dos primeros policías en declarar en la jornada de ayer fueron los que se encontraron con la mochila bomba mientras inventariaban el contenido de las bolsas. La policía 88.163 cumplía su segundo día de prácticas cuando se vio con un móvil en la mano del que salían unos cables hasta una bolsa de plástico con 10 kilos de explosivo.

«Me acerqué a ver qué es lo que había dentro», relató ayer el compañero que estaba junto a ella. «Veo que extrae un teléfono móvil del que parten unos cables. En ese momento prácticamente doy un salto, me voy hacia el lugar donde ella estaba y ella vuelve a dejar el teléfono en su lugar».

Era el último objeto de una de las 17 bolsas grandes de basura en la que habían llegado los efectos recogidos en El Pozo. Según declaró, esas bolsas no estaban numeradas ni precintadas. Tampoco los policías que efectuaron los traslados contaron cuántas bolsas transportaron aquel día.

Según se pudo comprobar ayer en la sala, la mochila bomba tampoco aparece oficialmente como recogida en el listado de efectos de la estación de El Pozo. Su hallazgo interrumpió el recuento y cuando prosiguieron se olvidaron de consignarla, según explicó ayer la policía que encontró la mochila.

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20.3.07

 

El tedax de Vallecas declara que la mochila no llegó desde Ifema

 

20-03-07



Juicio por una masacre / Día 16

El tedax de Vallecas declara que la mochila no llegó desde Ifema


MANUEL MARRACO

MADRID.- La mochila de Vallecas venía «directamente» de la estación de El Pozo, sin pasar por Ifema. Así se lo dijeron al tedax que la desactivó y así lo declaró ayer él mismo ante el tribunal del 11-M, contradiciendo la versión que mantiene la fiscal.

«Pregunté a los funcionarios que de dónde venía, de dónde había salido esa bomba, y me dijeron taxativamente que venía de El Pozo», dijo. El subinspector de la Policía número 64.501 se llama Pedro, y fue el operador número 1, responsable de trasladar la bomba desde la comisaría de Puente de Vallecas hasta un parque cercano y de desactivarla. «[En la Comisaría], la bolsa estaba con otras que procedían de la estación de El Pozo. Digo esto porque pregunté a los funcionarios que de dónde venía, y me dijeron que venía directamente de El Pozo», añadió.

(.../...)

Sus palabras respondían a una pregunta de la fiscal Olga Sánchez, que en su escrito de acusación mantiene que el largo periplo de la bolsa sí tuvo parada en el pabellón número 6 del recinto ferial.

Las pruebas de la Fiscalía quedan cada vez más en entredicho. Ayer, un guía canino puso en duda que en la Kangoo se hubiesen transportado explosivos. Y los 'tedax' insisten en que revisaron todos los efectos de El Pozo sin hallar la mochila. Hoy declaran los policías que participaron en la cadena de custodia.

Según la Fiscalía, en la jornada del 11 de Marzo «se fueron trasladando los [efectos] provenientes de la estación de El Pozo, en principio, desde dicho lugar a la Comisaría de Puente de Vallecas, y de allí a Ifema, si bien, con el fin de simplificar el trabajo que se estaba realizando en dicho lugar, se ordenó judicialmente que estos últimos volvieran de nuevo a la referida comisaría y que se reseñaran por miembros del Cuerpo Nacional de Policía».

Como se encargó de recordar ayer el tedax, la mochila se convirtió en la pieza clave de la investigación, puesto que la tarjeta de teléfono que portaba permitió llegar hasta el locutorio de Jamal Zougam. Cuando el letrado del marroquí, José Luis Abascal, insistió en si alguien le había explicado que la mochila «había tenido un itinerario distinto, que había pasado por Ifema», respondió que «en absoluto». «Al contrario. En las declaraciones que hice al juez instructor dije que ni siquiera había pasado por Ifema. Eso fue lo que se me dijo: que no había pasado por Ifema y que venía directamente de El Pozo».

Las discrepancias sobre el teórico recorrido de la mochila y si se mantuvo la cadena de custodia deberían resolverse en la jornada de hoy, con la declaración de varios de los policías que participaron en el traslado de los efectos de El Pozo. El inspector encargado de la cadena de custodia declaró ante el juez Juan del Olmo que no podía garantizar que ésta no se hubiera roto a lo largo del día 11.

Los agentes que hicieron los traslados se quedaron «sorprendidos» al saber que habían paseado una bomba por Madrid, según relató ayer el tedax. «Se sorprendieron cuando les dije que era una bomba. 'Pues la hemos metido de cualquier manera en el maletero', me dijeron».

No fueron los únicos sorprendidos. La misma sensación la tuvo el tedax en el Parque Azorín, cuando examinó el artefacto con calma. Allí había dos firmas, la del experto que preparó el teléfono y la del chapuzas que lo conectó a los 10 kilos de explosivo.

«No cuadra la confección del teléfono móvil porque, aunque es sencilla, es muy ingeniosa. No cuadra con el empalmado de los cables», que no estaban protegidos por cinta aislante. «Da la sensación de que alguien elaboró el teléfono móvil porque está muy bien confeccionado. Es simple, pero tuvo que probarse previamente para ver si daba tensión suficiente para energetizar el detonador. Y eso no cuadra con la pequeña chapuza, entre comillas, de no encintar los cables. No es lógico».

«Allí hubo dos manos: alguien que hizo los teléfonos y alguien recibió las instrucciones de simplemente empalmar, y olvidaron un detalle fundamental, que es aislarlos», añadió.

Con circunloquios, añadió que no se parecía a las bombas preparadas por ETA: «Desde luego no se corresponde con las que utilizan otros grupos terroristas de carácter autóctono como, por ejemplo, aquí en España. Sí nos llegan casos bastante similares, sobre todo de países de Oriente Medio».

Parte del interrogatorio de los tres tedax que intervinieron en la desactivación de la mochila de Vallecas se centró en la información que pudo aportar la radiografía del artefacto. En ella se puede comprobar que uno de los cables no se encuentra conectado, por lo que, en teoría, no podía estallar. Sin embargo, Pedro ofreció ayer su propia explicación, relacionada con esa mano chapucera. «No funcionó porque los empalmes practicados en los cables no llevaban cinta aislante». Es decir, al moverla se pudieron juntar los cables «y cuando surge el flujo eléctrico de la batería del teléfono se produce un cortocircuito, salta una chispa, y la energía no llega al detonador».

Entre otros datos sobre el artefacto, explicó que vio perfectamente que el teléfono estaba apagado. También por esto preguntó la defensa de Zougam. «¿Dónde quiere ir a parar?», preguntó el presidente del tribunal, Javier Gómez Bemúdez. «A que no era necesaria la tarjeta para activar la bomba», respondió el abogado.

Por último, el artificiero volvió a asegurar, como los compañeros que le precedieron y quienes declararon a continuación, que en los trenes se inspeccionó todo para que una mochila como la desactivada en Vallecas no se les escapase. «Se revisaron todos los bultos, las inmediaciones, todo, absolutamente todo», dijo, en referencia a su labor en la calle de Téllez.

El siguiente tedax en intervenir fue el inspector jefe de la Brigada de Madrid, que en la mañana de 11-M estuvo, precisamente, en El Pozo. «¿Revisaron las bolsas ya en los andenes?» «Sí» «¿Vieron la bolsa que luego se desactivó?» «No».

Esa misma noche acudió a la comisaría de Vallecas, donde actuó como operador número 2, encargado de ayudar al desactivador. También a él le dijeron que la bolsa provenía de El Pozo. El mismo dato lo corroboró el operador número 3: «Nos dijeron que venía directamente de El Pozo a comisaría».

En la sesión de la tarde declararon tres testigos cuyo hilo conductor fue otra mochila distinta, que estalló en El Pozo al intentar desactivarla: un tedax, un policía municipal y un policía nacional. De lo escuchado ayer, ese hilo presentaba algunos nudos. El municipal dijo que él la encontró en el tren, la dejó en el andén e informó al nacional. El nacional, que nadie le dijo nada, que él la vio porque le llamó la atención y que se lo dijo a dos personas que «dijeron ser tedax», a los que también les informó de otra bolsa sospechosa que no pudo llegar a ver. Por último, el tedax aseguró que nadie le informó de la mochila y que sólo se fijó en ella al verla apartada junto a los trenes.

Al margen de a quién se deba el mérito de descubrirla, el contenido de la mochila también difiere. El tedax y el policía nacional mantuvieron que el explosivo estaba en una bolsa azul de basura, como la que se encontró horas más tarde en Vallecas. Sin embargo, el policía municipal vio otra cosa. El explosivo estaba era una tartera de «color anaranjado». «Lo que yo vi no era azul», insistió.

La discrepancia se extendió a los cables del detonador. Rojo y negro, según la versión municipal. Rojo y azul, según la del tedax. Aquí hubo empate, porque el nacional no lo recordaba.

En cuanto a la mochila que nunca estuvo allí, la declaración del tedax volvió a tocar el asunto de la revisión de los trenes. No pudo ser más claro: él mismo y otros tres compañeros de unidad revisaron todos los bultos de El Pozo, incluidos los que ya estaban apilados en el andén cuando llegaron. Además, lo hicieron «dos veces» y abriendo «una a una» cada bolsa.

LAS FRASES

Acusación particular: ¿Es factible que quien haya montado este artefacto haya sido una sola persona, o un grupo de dos o tres con los mismos conocimientos técnicos?

'Tedax Pedro': Desde mi punto de vista, no cuadra la confección del teléfono móvil, que aunque es sencilla, es muy ingeniosa, con el empalmado de los cables. Da la impresión de que alguien confeccionó el teléfono [...] y otro hizo la pequeña chapuza de no encintar los cables.

José Luis Abascal (defensor de Zougam y Ghalyoun): Ha explicado que en la comisaría de Vallecas le dijeron que la mochila había venido directamente de El Pozo...

'T. P.': Efectivamente.

J. L. A.: ¿Nadie le explicó que había tenido otro itinerario, que había ido hasta Ifema y había vuelto?

'T. P.': En absoluto. Todo lo contrario. De hecho, si no recuerdo mal, en las declaraciones ante el juez instructor yo dije que ni siquiera había pasado por Ifema. Que venía directamente de El Pozo.

José Luis Abascal: En el caso de que en esa furgoneta se hubieran transportado 50 o 30 kilos de explosivos, ¿el perro habría detectado ese olor?

Guía canino: Sí, lo habría detectado inmediatamente, porque quedarían restos.

Acusación particular: ¿Y si hubieran ido dentro de una bolsa de plástico bien cerrada, y ésta dentro de una mochila con las cremalleras bien apretadas?

G. C.: Si hay bastante cantidad, es fácil que el animal lo detecte [...]. Siempre quedan restos [...].

A. P.: ¿Pero podría ser que no en algún caso?

G. C.: Si hay esa cantidad, es difícil.

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Un guía canino afirma que el perro «habría detectado» si la Kangoo transportó explosivos

 

20-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Las pruebas clave

Un guía canino afirma que el perro «habría detectado» si la Kangoo transportó explosivos


Dice que, si fueron 30 kilos, lo habría hecho «inmediatamente», aunque hubiesen ido en bolsas cerradas El policía que entró en la parte trasera no vio «nada que me impidiese moverme con naturalidad
»

JOAQUIN MANSO

MADRID.- La declaración de un guía canino del Cuerpo Nacional de Policía volvió ayer a poner en duda una de las pruebas clave del juicio del 11-M. Según dijo, si en la Kangoo se hubieran transportado 30 kilos de explosivos -como sostiene el Ministerio Fiscal-, el perro que inspeccionó la zona de carga del vehículo «lo habría detectado inmediatamente, porque quedarían restos».

La respuesta y el tono seguro, como si fuese algo de sentido común, con el que la ofreció el testigo, cayeron como un giro imprevisto en el guión de la sesión de ayer. Por eso, el abogado de una de las acusaciones, ya fuera de turno, pidió una venia extraordinaria al presidente del tribunal para poder insistir sobre esa cuestión: «¿Y si el material explosivo hubiera ido dentro de una bolsa de plástico bien cerrada, y ésta, a su vez, dentro de una mochila con las cremalleras bien apretadas?». El guía canino ni se inmutó, y contestó que «si hay bastante cantidad, como la que dicen ustedes, es fácil que el animal la detecte. Siempre queda la manipulación de la bolsa, y ahí quedan restos». El letrado no cejó en su empeño y buscó un clavo al que agarrarse: «¿Pero podría ser que no en algún momento?». «Si hay tanta cantidad, es difícil», zanjó el funcionario sin perturbarse.
(.../...)

La esclarecedora pregunta del letrado que defiende a los acusados Jamal Zougam y Basel Ghalyoun, el beligerante José Luis Abascal, se produjo casi al final de un interrogatorio que apenas había ofrecido nada relevante, aparte de afianzar algunas de las tesis del Ministerio Público, como que era posible que el perro no hubiese señalado la presencia de un pequeño resto de dinamita encartuchada bajo el asiento del copiloto o de los siete detonadores de cobre. «Depende de las circunstancias y de si desprenden olor», replicó el testigo, que también tuvo que negar repetidamente que el animal hubiese accedido a la parte delantera.

Especializado

El perro, dijo, tenía ocho años y llevaba largo tiempo especializado en detección de explosivos. Durante los cinco minutos que el can tardó en realizar su trabajo, el guía sólo observó «un chaleco reflectante, pero nada que infundiese sospechas».

Antes que él, había testificado el responsable jefe del Grupo Local de la Policía Científica de Alcalá de Henares, el único policía que entró en la furgoneta Kangoo antes de que fuese trasladada a la Comisaría General de la Policía Científica en Canillas (Madrid). Según relató, cuando llegó la grúa que iba a trasladar el vehículo apreciaron que tenía una marcha metida, lo que impedía cargarlo.

Por esta razón, aclaró, él mismo retiró el precinto policial que había puesto tras la actuación de los perros especializados y se introdujo en la zona de carga para, a través de ella, desplazarse hasta la rejilla que la separaba de la parte delantera y, desde ahí, levantar el seguro de la puerta derecha para poder abrirla y dejar la furgoneta en punto muerto.

En ese trayecto «no observé nada que me impidiese entrar ni desenvolverme con naturalidad». Antes, ya había aclarado varias veces que, cuando inspeccionó el vehículo exteriormente, «no vi nada extraño, nada que revistiese peligrosidad. Miré hacia la zona de carga y estaba en penumbra, se vislumbraba mal. Es posible que hubiese algún objeto, pero ninguno que me llamase la atención». En el auto de procesamiento del juez Del Olmo, consta que en la parte trasera aparecieron más de 100 elementos, clasificados en 61 evidencias. El testigo negó que hubiese visto la bolsa que contenía los detonadores, que hubiese comprobado si había alguna cinta en el radiocasette o que hubiese mirado bajo los asientos delanteros. Sí reconoció que se había realizado un reportaje fotográfico «del exterior de la furgoneta».

Tras otros dos funcionarios policiales que acudieron aquella mañana a las inmediaciones de la Kangoo declaró Luis Garrudo, el portero de la finca de la calle del Infantado que denunció la existencia del vehículo a la Policía. El mismo que declaró en la Comisión de Investigación después de recibir una llamada del socialista Angel Martínez Sanjuán. Entonces dijo que había escuchado a los policías que inspeccionaban la furgoneta hablar de detonadores y de una cinta coránica. Ayer, nadie se acordó de preguntarle por ello. El testigo aportó que pudo ver a tres personas merodeando el vehículo, uno de ellos cargado con dos bultos. Cuando Abascal subrayó que en la fase de instrucción sólo dijo que había visto una mochila, el conserje se desdijo: «Si entonces dije eso, me ratifico». Explicó que le llamó la atención que llevase la cara tapada, ya que no hacía frío, y que sólo recordaba «que su tez era bastante blanca».

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De la mochila que nadie vio en El Pozo...

 

20-03-07



Impresiones

De la mochila que nadie vio en El Pozo...


El juicio del 11-M añadió ayer nuevos interrogantes sobre algunos aspectos clave del sumario. Los más relevantes son quizá los referidos a la mochila que apareció en Vallecas en la madrugada del 11 al 12 de marzo. El artificiero que la desactivó se reafirmó ayer ante el juez en lo que ya había dicho en estas páginas: que no le cuadraba la concepción ingeniosa del teléfono con la «pequeña chapuza» del empalme de los cables -insinuando que una y otra acción las llevaron a cabo personas distintas- y que los agentes de la comisaría le dijeron que habían llevado allí la bolsa directamente desde la estación de El Pozo. Su declaración desmiente la versión oficial, que asegura que entre uno y otro lugar la mochila pasó por Ifema. Este aspecto es aún más importante teniendo en cuenta que ayer otros dos tedax subrayaron que se habían inspeccionado todas las bolsas de El Pozo sin que apareciera ésa. ¿De dónde salió entonces aquella mochila que contenía la tarjeta que llevaba directamente al locutorio de Zougam?

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...a la Kangoo en la que el perro no detectó nada...

 

20-03-07



Impresiones

...a la Kangoo en la que el perro no detectó nada...


Si enigmático es el origen de la mochila, más aún lo es la peripecia de la furgoneta Kangoo, sobre todo en relación con dos aspectos clave: las inspecciones caninas y los objetos que había en el interior del vehículo. En cuanto a lo primero, cada vez es más difícil entender por qué ninguno de los dos perros que la examinaron detectó nada en una furgoneta. Conviene recordar que según la versión oficial la Kangoo contenía ya entonces restos de dinamita y que había transportado varias de las mochilas que explotaron en los trenes. Uno de los guías caninos afirmó ayer ante el juez que si las bolsas hubieran viajado en la furgoneta, su olor no le habría pasado inadvertido al animal. ¿Por qué entonces el perro no detectó nada? En cuanto al interior del vehículo, tanto el guía como el policía que entró por detrás en él aseguraron que no vieron en él nada que infundiera sospecha. De haber estado allí las bolsas que luego se le devolvieron al dueño, ¿acaso no se habría llamado a los Tedax para que las inspeccionaran?

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...pasando por los restos que nadie analizó

 

20-03-07



Impresiones

...pasando por los restos que nadie analizó


Por relevantes que sean estos interrogantes en torno a la Kangoo y a la bolsa de Vallecas, la incógnita esencial sigue siendo cuál fue la sustancia que estalló en los trenes. Llamábamos la atención ayer, en estas mismas páginas, sobre el hecho de que se guarden restos de las 10 bombas que estallaron dentro de los vagones y sin embargo no se conserve nada de los dos artefactos que explosionaron los Tedax. Uno de los artificieros que participaron en estas tareas reveló ayer, sin embargo, que esos restos sí se recogieron. En concreto, habló de «arena del cráter» y de metralla «incrustada» en el vagón más cercano a la bomba. Si existían y se recogieron, ¿dónde están ahora? ¿Por qué no los han remitido los Tedax para su análisis? Otro de los agentes declaró ayer que volvió el 12 de marzo de Atocha para seguir recogiendo restos que se enviaron a la unidad central. Si, como dice Sánchez Manzano, el único análisis de los restos de los trenes se hizo el día 11, ¿acaso no se analizó el material que se recogió después?

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Manos negras

 

20-03-07



PREGUERIAS

Manos negras


VICTORIA PREGO

Fueron las dos estrellas de la jornada y seguro que van a seguir siéndolo durante mucho tiempo por la única y contundente razón de que ninguna de las preguntas esenciales que se han formulado en torno a ellas han podido ser respondidas de manera satisfactoria y, las pocas que sí lo han sido, sólo han conseguido hacer tambalear la versión oficial de los hechos. La mochila de Vallecas y la furgoneta Renault Kangoo reinaron de manera casi absoluta en la sesión de ayer, aunque flotando en un mar de incógnitas.

(.../...)


Se siguen buscando manos negras. Manos de individuos a los que aún no ha sido posible poner un rostro. Se busca, por ejemplo, la mano negra que fue capaz de montar el sistema de los teléfonos móviles preparados para provocar la explosión de las bolsas de la muerte. «El que hizo el teléfono sabía muy bien lo que hacía. Era un sistema sencillo pero muy, muy ingenioso». Esto lo explicaba ayer el tedax que tuvo el valor infinito de hacerse cargo en la comisaría de Vallecas de la mochila que no había estallado y cargó la bomba en un coche que decidió conducir él solo para que, si pasaba lo peor, «sólo me cogiera a mí».

En una declaración realizada en un tono frío y distante, como si estuviera contando a sus colegas cómo se tomó una caña en la taberna de abajo, este tedax explicó con detalle su encuentro con esta mochila que, pensaba entonces, podía haberle llevado al otro mundo y el modo en que consiguió destriparla a mano. Y lo dijo claramente: «Yo creo que alguien hizo los teléfonos y alguien recibió instrucciones de empalmar los cables». ¿Por qué lo dice? Porque «la concepción del teléfono móvil no cuadra con la estructura y la chapuza de los cables». Dos cabezas, por lo tanto, y cuatro manos negras de nombre aún desconocido. Se busca identificar esas manos.

Se buscan también las manos negras que pudieron llevar esta misma mochila, que es la madre de todas las pruebas del 11-M, a la comisaría de Vallecas, toda vez que ninguno de los policías encargados de recoger los objetos tras el atentado dice haberla visto. Nadie sabe todavía quién la sacó del tren, si es que estaba en el tren, y cómo llegó a su destino en Vallecas. Alguien tuvo que hacerlo. Esas manos siguen todavía sin tener nombre.

Se buscan las manos negras que condujeron la furgoneta Renault Kangoo hasta las cercanías de la estación de Alcalá de Henares. Pero, sobre todo, se buscan las manos que cargaron dentro de esa furgoneta los explosivos. Y aquí llega una nueva duda: ¿cuánta cantidad de explosivos? ¿Sólo un resto mínimo, como dice el sumario, tan pequeño que el perro especializado fue incapaz de descubrirlo? ¿O fueron 20 o 30 los kilos de dinamita que viajaron en el interior de la Kangoo con destino a la matanza? Porque hasta ayer parecía que, efectivamente, los terroristas habían llevado ahí la dinamita. Pero cuando el guía canino dijo claramente que, en ese caso, su perra 'Lobi' lo habría detectado, cosa que no ocurrió, quedó abierta la pregunta: en esa furgoneta ¿viajó o no viajó parte de la dinamita con la que 191 personas fueron asesinadas? La versión oficial decía que sí, pero ahora ni siquiera eso se sostiene con firmeza.

Se buscan otras manos, pero éstas no todos los presentes las buscan. Algunos, pocos, buscan las manos que pudieron poner dentro de la furgoneta un gran número de objetos que los primeros policías que accedieron a su interior, inmediatamente después del atentado, no reconocen haber visto. Queda en el aire, por lo tanto, esta otra incógnita no resuelta todavía: ¿estaba casi vacía esa Renault o guardaba todas las cosas que la Policía Científica dijo que albergaba, incluidas pruebas determinantes sobre los autores del crimen? Ayer tampoco se despejó esa incógnita: no hubo nadie que dijera «yo lo vi, al entrar pisé una manta, o un destornillador», o lo que sea. Ninguno dijo ayer haber visto nada salvo un chaleco reflectante. Nada más. Aún tienen que pasar muchos más testigos y ya veremos lo que dan de sí sus declaraciones, pero en este minucioso trabajo de reconstrucción que es el juicio, el paisaje sigue sin estar claro.

Algunas dudas sí que despejamos ayer, cosa que es muy de celebrar. La más evidente, porque no fue una opinión sino un hecho, se refirió a qué mano desconocida había colocado en el andén de una de las estaciones, solitaria, intacta, junto a una pared, como para que los investigadores se fijaran de inmediato en ella, una de las mochilas explosivas que, finalmente, los tedax hicieron estallar. En este caso la mano negra pasó ayer a ser blanca, con nombres y apellidos. «Yo fui quien la puso ahí», dijo un hombre. Era un policía municipal. Una mano menos que buscar.

victoria.prego@el-mundo.es

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Un guía canino afirma que el perro «habría detectado» si la Kangoo transportó explosivos

 

20-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Las pruebas clave

Un guía canino afirma que el perro «habría detectado» si la Kangoo transportó explosivos



Dice que, si fueron 30 kilos, lo habría hecho «inmediatamente», aunque hubiesen ido en bolsas cerradas El policía que entró en la parte trasera no vio «nada que me impidiese moverme con naturalidad»


JOAQUIN MANSO

MADRID.- La declaración de un guía canino del Cuerpo Nacional de Policía volvió ayer a poner en duda una de las pruebas clave del juicio del 11-M. Según dijo, si en la Kangoo se hubieran transportado 30 kilos de explosivos -como sostiene el Ministerio Fiscal-, el perro que inspeccionó la zona de carga del vehículo «lo habría detectado inmediatamente, porque quedarían restos».

La respuesta y el tono seguro, como si fuese algo de sentido común, con el que la ofreció el testigo, cayeron como un giro imprevisto en el guión de la sesión de ayer. Por eso, el abogado de una de las acusaciones, ya fuera de turno, pidió una venia extraordinaria al presidente del tribunal para poder insistir sobre esa cuestión: «¿Y si el material explosivo hubiera ido dentro de una bolsa de plástico bien cerrada, y ésta, a su vez, dentro de una mochila con las cremalleras bien apretadas?». El guía canino ni se inmutó, y contestó que «si hay bastante cantidad, como la que dicen ustedes, es fácil que el animal la detecte. Siempre queda la manipulación de la bolsa, y ahí quedan restos». El letrado no cejó en su empeño y buscó un clavo al que agarrarse: «¿Pero podría ser que no en algún momento?». «Si hay tanta cantidad, es difícil», zanjó el funcionario sin perturbarse.

(.../...)

La esclarecedora pregunta del letrado que defiende a los acusados Jamal Zougam y Basel Ghalyoun, el beligerante José Luis Abascal, se produjo casi al final de un interrogatorio que apenas había ofrecido nada relevante, aparte de afianzar algunas de las tesis del Ministerio Público, como que era posible que el perro no hubiese señalado la presencia de un pequeño resto de dinamita encartuchada bajo el asiento del copiloto o de los siete detonadores de cobre. «Depende de las circunstancias y de si desprenden olor», replicó el testigo, que también tuvo que negar repetidamente que el animal hubiese accedido a la parte delantera.

Especializado

El perro, dijo, tenía ocho años y llevaba largo tiempo especializado en detección de explosivos. Durante los cinco minutos que el can tardó en realizar su trabajo, el guía sólo observó «un chaleco reflectante, pero nada que infundiese sospechas».

Antes que él, había testificado el responsable jefe del Grupo Local de la Policía Científica de Alcalá de Henares, el único policía que entró en la furgoneta Kangoo antes de que fuese trasladada a la Comisaría General de la Policía Científica en Canillas (Madrid). Según relató, cuando llegó la grúa que iba a trasladar el vehículo apreciaron que tenía una marcha metida, lo que impedía cargarlo.

Por esta razón, aclaró, él mismo retiró el precinto policial que había puesto tras la actuación de los perros especializados y se introdujo en la zona de carga para, a través de ella, desplazarse hasta la rejilla que la separaba de la parte delantera y, desde ahí, levantar el seguro de la puerta derecha para poder abrirla y dejar la furgoneta en punto muerto.

En ese trayecto «no observé nada que me impidiese entrar ni desenvolverme con naturalidad». Antes, ya había aclarado varias veces que, cuando inspeccionó el vehículo exteriormente, «no vi nada extraño, nada que revistiese peligrosidad. Miré hacia la zona de carga y estaba en penumbra, se vislumbraba mal. Es posible que hubiese algún objeto, pero ninguno que me llamase la atención». En el auto de procesamiento del juez Del Olmo, consta que en la parte trasera aparecieron más de 100 elementos, clasificados en 61 evidencias. El testigo negó que hubiese visto la bolsa que contenía los detonadores, que hubiese comprobado si había alguna cinta en el radiocasette o que hubiese mirado bajo los asientos delanteros. Sí reconoció que se había realizado un reportaje fotográfico «del exterior de la furgoneta».

Tras otros dos funcionarios policiales que acudieron aquella mañana a las inmediaciones de la Kangoo declaró Luis Garrudo, el portero de la finca de la calle del Infantado que denunció la existencia del vehículo a la Policía. El mismo que declaró en la Comisión de Investigación después de recibir una llamada del socialista Angel Martínez Sanjuán. Entonces dijo que había escuchado a los policías que inspeccionaban la furgoneta hablar de detonadores y de una cinta coránica. Ayer, nadie se acordó de preguntarle por ello. El testigo aportó que pudo ver a tres personas merodeando el vehículo, uno de ellos cargado con dos bultos. Cuando Abascal subrayó que en la fase de instrucción sólo dijo que había visto una mochila, el conserje se desdijo: «Si entonces dije eso, me ratifico». Explicó que le llamó la atención que llevase la cara tapada, ya que no hacía frío, y que sólo recordaba «que su tez era bastante blanca».

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Algo huele a podrido

 

20-03-07



EL BLOC DE

Algo huele a podrid
o

Luis del Pino

Objetos. Los testigos de los trenes se desdicen, Sánchez Manzano deja la historia oficial a los pies de los caballos y ahora los policías que estuvieron junto a la furgoneta van corroborando, uno a uno, que nadie vio en aquel vehículo ningún objeto relevante. Si el otro día era uno de los policías que acudieron a Alcalá el que declaraba por tres veces que él no vio nada en la parte trasera de la furgoneta, hoy han sido otros dos testigos directos los que han aseverado que allí no había esa orgía de objetos que luego aparecería en Canillas. El primero de ellos, el policía que tuvo que entrar en la furgoneta para abrir la puerta delantera antes de que la grúa se llevara el vehículo, ha declarado que él no vio nada relevante, que no tuvo que pisar ni sortear ningún objeto al introducirse en la furgoneta. Por su parte, el guía canino, cuyo perro entró en la furgoneta, ha declarado que tampoco vio nada en la parte trasera. Testigo a testigo, se van corroborando las informaciones que habíamos ido poniendo sobre la mesa.

Olores. La declaración más demoledora ha sido la del guía canino cuyo perro entró en la furgoneta de Alcalá. Interrogado por la defensa de Jamal Zougam, ha afirmado tajantemente que, si en esa furgoneta se hubieran transportado varias decenas de kilos de explosivos, el perro los habría detectado. Otro de los abogados le ha pedido que clarificara esa afirmación tan contundente: «Pero si esos 30 o 50 kilos de explosivos hubieran estado metidos dentro de bolsas de basura cerradas, que a su vez hubieran estado introducidas en mochilas o bolsas cerradas, ¿el perro habría detectado que allí se habían transportado explosivos?». La respuesta no ha podido ser más letal. «Sí. Con esas cantidades de explosivos siempre quedan restos que el perro debe detectar». ¿Y qué hacemos ahora, me pregunto yo? En la furgoneta de Alcalá no se transportó ninguna mochila-bomba. Y la pregunta es: ¿por qué hicieron falta tantas mentiras para construir la versión oficial?

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Un testigo dice que vio cambiarse de ropa a un árabe en Vicálvaro

 

20-03-07



Un testigo dice que vio cambiarse de ropa a un árabe en Vicálvaro


J. M.

MADRID.- Un testigo declaró que pudo ver a «una persona árabe» cambiarse de ropa junto a unas obras que se desarrollaban junto a la estación de tren de Vicálvaro. Luis Miguel Toscano, que trabajaba en esa construcción, dijo que, hacia las 7.40 horas de aquel 11 de marzo, observó a alguien que mediría «1,75 metros o 1,80, pelo corto y complexión más bien fuerte» junto a unas casetas de material.
(.../...)


Según su testimonio y el de otro empleado de la misma empresa que compareció después, el sospechoso abandonó allí un pantalón azul, un pasamontañas y unos guantes. En estas prendas apareció después el ADN del suicida Rifat Anouar y el del acusado Otman Gnaoui. Cuando, a petición del Ministerio Fiscal, se le mostró una serie de fotografías, Toscano no fue capaz de identificar a la persona que había visto, pero señaló como parecidos al propio Anouar, al también suicida Mohamed Oulad Akcha y al acusado Mohamed Bouharrat.

El segundo empleado, Alberto Arozamena, precisó que en una papelera cercana encontraron «unas pilas alcalinas, tarjetas telefónicas y un circuito de ordenador». Según matizó, las tarjetas eran de color rojo.

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La ONU expresa su «preocupación» por los derechos de los acusados

 

20-03-07



La ONU expresa su «preocupación» por los derechos de los acusados


BRUSELAS.- El relator especial de Naciones Unidas para la defensa de los Derechos Humanos en el marco de la lucha contra el terrorismo, Martin Scheinin, expresó ayer su «preocupación» por el respeto de los derechos procesales de los acusados en el juicio sobre los atentados del 11-M, en concreto por el acceso que han tenido a los documentos usados por la Fiscalía.

«Debo estudiar el juicio, pero tengo preocupaciones relacionadas, por ejemplo, con el grado que han tenido los acusados para acceder al material usado por la Fiscalía y si se han respetado sus derechos procesales. No estoy haciendo ninguna valoración, simplemente estoy expresando una preocupación al respecto», declaró a la prensa en Bruselas, informa Europa Press.

Scheinin explicó que el juicio del 11-M estará en la agenda de la visita que hará a España en el marco de su mandato como relator especial de la ONU, visita inicialmente prevista para principios de año pero que tuvo que posponerse. La fecha del viaje de Scheinin a España se fijará esta semana con las autoridades españolas en Ginebra, según anunció él mismo.

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19.3.07

 

Los nuevos análisis descartan que la Goma 2 ECO se contaminara en fábrica

 

19-03-07



CRECE EL CONVENCIMIENTO DE QUE EN LOS TRENES ESTALLO OTRO EXPLOSIVO

Los nuevos análisis descartan que la Goma 2 ECO se contaminara en fábrica


CASIMIRO GARCIA-ABADILLO

MADRID.- Tras la declaración de Juan Jesús Sánchez Manzano, ex comisario jefe de los Tedax, ante el Tribunal del 11-M, el informe que están realizando los peritos sobre los explosivos que utilizaron los terroristas en el atentado cobra aún mayor relevancia.


Después de la elaboración del segundo Informe Preliminar, remitido a la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional el pasado 27 de febrero, los técnicos han seguido profundizando en la llamada «fase experimental», de cara a verificar los resultados obtenidos en los primeros análisis.

(.../...)

Los peritos acordaron, tras la aparición de dinitrotolueno (DNT) en cantidades mínimas en la mayoría de los restos de explosivo intacto, solicitar a la empresa Unión Española de Explosivos (UEE) muestras de Goma 2 ECO para comprobar si dicho componente podía ser fruto de una contaminación de la propia fábrica (dado que el DNT no forma parte de dicho explosivo).

En efecto, UEE remitió al laboratorio de la Policía Científica, que es donde se realiza la pericia, muestras de cartuchos de Goma 2 ECO fabricados en 2004, 2005 y 2006. Hay que tener en cuenta que, según los informes de la Guardia Civil, incorporados al sumario, la Goma 2 ECO que se encontró en el piso de Leganés en función de las numeraciones inscritas en las fundas de los cartuchos, llegó a Mina Conchita entre el 15 de enero de 2004 y el 18 de febrero de 2004.

El objetivo de los análisis era el siguiente: comprobar si, aplicando las mismas técnicas analíticas que se han utilizado con el explosivo intacto hallado en Mocejón, Leganés, la Kangoo, la mochila de Vallecas y los restos impregnados en una placa de porespán que sirvió para recubrir el zulo de la casa de Morata, en la Goma 2 ECO remitida por UEE aparecía algún rastro o traza de DNT. El resultado ha sido negativo. En ninguna de las muestras de cartuchos remitidas a la Policía Científica por UEE aparece ni rastro de dicho componente.

Para asegurar la fiabilidad del experimento, los peritos recurrieron al envejecimiento de la Goma 2 ECO que contenía dichos cartuchos. Se la sometió a temperaturas de 50 grados centígrados; primero durante 24 horas, después durante 48 horas y así sucesivamente hasta 10 días. El resultado fue el mismo. El DNT no apareció por ningún lado.

Por tanto, para los peritos, hay una conclusión que ya se puede extraer sin ningún género de dudas: la aparición de trazas de DNT en 25 de las 28 muestras de explosivo intacto localizadas durante la investigación policial no se debe en ningún caso a una contaminación en fábrica.

En dependencias policiales

Otra hipótesis es que la contaminación se hubiese producido en la manipulación por parte de los terroristas. Pero esa posibilidad se reduce a cero, por cuanto existen muestras (Mocejón) no contaminadas. La tesis de que la aparición del DNT se produjera en dependencias policiales (voluntaria o involuntariamente) es más plausible, ya que la muestra patrón usada por los Tedax también contenía trazas de DNT.

La no contaminación en fábrica es para los peritos «incontrovertible», y echa por tierra la tesis manejada por medios afines al Gobierno, según la cual la aparición del DNT se debe a que en las máquinas de la fábrica de Páramo de Masa de UEE quedaron restos de Goma 2 EC, que se dejó de producir en 2001 y que sí contiene DNT. Según esa insostenible teoría, dichos restos habrían impregnado posteriormente las partidas de Goma 2 ECO.

Al mismo tiempo, los peritos han sometido a análisis una muestra de cinco gramos de Titadyn que fue facilitada por la Guardia Civil y que procede de los cartuchos incautados al comando etarra detenido en Cañaveras (Cuenca) el 28 de febrero de 2004. En su composición se ha detectado nitrogricol y DNT. Estos dos componentes son los que han aparecido en los análisis de los restos hallados en los focos de los trenes.

ETA robó el 28 de septiembre de 1999 en el polvorín de la localidad francesa de Plevin ocho toneladas de explosivos de dos tipos: Titadyn 30 A y Titadyn 50. La diferencia fundamental entre ambos es que el primero no contiene entre sus componentes trinitroglicerina, mientras que el segundo sí.

Según fuentes próximas a los peritos, las pruebas realizadas hasta ahora ponen de relieve que el DNT detectado en los focos de los trenes es un componente del explosivo y, por tanto, es una «evidencia» que el explosivo del 11-M no puede ser Goma 2 ECO.

Ésta es una de las conclusiones que tratarán de consensuar los peritos nombrados por las partes con los dos peritos de Guardia Civil y los dos de Policía Científica que integran el equipo nombrado a propuesta del Tribunal.

De hecho, la aparición de DNT en los restos de los focos, gracias a la aplicación de la técnica denominada microextracción en fase sólida y la cromatografía en fase gaseosa, fue una auténtica sorpresa para los peritos. Sobre todo para los dos de la Policía Científica. El hecho de que los restos hubieran sido lavados en su día con acetona y agua, además del tiempo transcurrido desde que se produjo el atentado, hacían impensable que los análisis pudieran detectar algún componente con la suficiente consistencia.

Determinar el tipo exacto de explosivo que hizo saltar los trenes por los aires es una tarea más que complicada, por cuanto no hay muestras suficientes como para hacer análisis cuantitativos de los componentes. Los peritos han solicitado a la Unidad Central de Desactivación de Explosivos (Tedax) que les remita nuevas muestras de los focos, así como los informes que se hicieron por escrito el 11 de Marzo de 2004. Sin embargo, hasta ahora sólo han recibido la callada por respuesta. Según declaró Sánchez Manzano ante el Tribunal el pasado miércoles, en su Unidad se estuvieron analizando muestras de los trenes hasta el 17 de marzo de 2004. ¿Dónde están esas muestras? ¿Y los análisis que se hicieron?

Al extraño proceder del jefe de los Tedax en esas fechas hay que añadir un dato muy revelador: entre los restos conservados no hay ninguno que provenga de las dos explosiones controladas que hicieron los Tedax en las estaciones de Atocha y El Pozo.

En estos momentos, el equipo formado por los ocho peritos se encuentra trabajando en la fase final de la analítica. En concreto, ahora se está estudiando la aparición de pequeñas trazas de metenamina en algunos de los restos de los focos. En resumen, el Informe Final sobre los explosivos no estará listo para entregar al Tribunal hasta dentro de una semana o 10 días. Sin embargo, en lo esencial no se esperan grandes cambios.

La discusión se va a centrar en cómo se van a reflejar en el escrito las conclusiones obtenidas hasta el momento. El consenso sobre la imposibilidad de contaminación en fábrica parece fácil. Sin embargo, los peritos oficiales (sobre todo los de Policía Científica) se van a resistir a aventurar una hipótesis sobre el tipo de explosivo que estalló en los trenes. Una posible alternativa sería la de mencionar los explosivos que sí contienen entre sus componentes los hallados en los análisis de los focos. Es decir, mencionar los que incluyen el DNT y el nitrogricol. En ese caso, quedaría completamente descartada la Goma 2 ECO y quedaría abierta la posibilidad de que se tratase de Titadyn o bien de Goma 2 EC.

Para eliminar cualquier duda, los peritos de las partes propondrán al Tribunal la realización de explosiones controladas con Goma 2 ECO para analizar posteriormente sus restos, con el fin de descartar de manera definitiva que el DNT pudiera aparecer fruto de alguna reacción química tras la deflagración.

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LAS PRUEBAS PERICIALES ESTRECHAN EL CERCO A LA VERSION OFICIAL DEL 11-M

 

19-03-07




Editorial

LAS PRUEBAS PERICIALES ESTRECHAN EL CERCO A LA VERSION OFICIAL DEL 11-M


Comprendemos la perplejidad de lectores y analistas ante las versiones opuestas que EL MUNDO y la prensa gubernamental publicamos sobre el testimonio ante el tribunal del 11-M del ex jefe de los Tedax Sánchez Manzano. Es cierto que no hay peor sordo que el que no quiere oír, pero cuando se responde de una actitud pública hasta las más empecinadas avestruces tienen que terminar sacando la cabeza. ¿Lo harán estos colegas autistas cuando el tribunal reciba el informe final sobre los explosivos?
(.../...)

La constante apelación de los peritos independientes a los procedimientos científicos a su alcance está dando frutos de enorme valor judicial. Lo más espectacular de los últimos días ha sido el descarte, considerado por ellos mismos como «incontrovertible» de la tesis de que la Goma 2 ECO enviada a Mina Conchita se había contaminado previamente de dinitrotolueno (DNT) en la fábrica de Unión Española de Explosivos (UEE) y que por eso este componente había aparecido tanto en todos los focos de los trenes como en gran parte de los restos de explosivo intacto incautados a los islamistas. Ni en una sola de las pruebas con cartuchos fabricados por la UEE durante los últimos tres años ha aparecido el menor resto de esa sustancia.

Al margen de que los representantes de la Policía Científica y la Guardia Civil lo reconozcan más o menos explícitamente, todo indica que la contaminación detectada ahora en las muestras procedentes de Leganés, Mocejón o la mochila de Vallecas tuvo lugar en el laboratorio de los Tedax, bien de forma accidental o -más probablemente- de forma deliberada para cuadrar lo que alguien ya sabía que aparecería en los focos de los trenes. El problema adicional para la versión oficial sometida a este cerco pericial es que los técnicos con libertad para expresar su criterio van a mantener que el DNT hallado en los trenes era un componente específico del explosivo utilizado en ellos y eso descarta por lo tanto a la Goma 2 ECO.

Así las cosas, resulta muy relevante que en el análisis de los cinco gramos procedentes del Titadyn incautado a ETA en Cañaveras -la misma noche en que El Chino supuestamente traía Goma 2 ECO desde Asturias- los peritos hayan encontrado los mismos dos elementos que aparecen en todos los focos de los trenes: nitroglicol y DNT. Eso no implica necesariamente ni que lo que estalló fuera Titadyn ni que ETA colaborara con los islamistas, pero obliga a mantener abiertas ambas hipótesis.

En todo caso, el tribunal no tiene en esta vista oral la misión de establecer una verdad alternativa sino la de dar o no por probado el relato acusatorio de la Fiscalía. Si ningún perito es capaz de avalar con el resultado de ningún análisis que en los trenes estalló Goma 2 ECO, de muy poco van a servir las «deducciones» de Sánchez Manzano y demás legos en la materia. Sobre todo teniendo en cuenta que si no hubo Goma 2 ECO en los trenes, quedaría en evidencia que la mochila de Vallecas y la Kangoo -sobre las que la declaración del jefe de los Tedax ha acrecentado aún más las sospechas- fueron pruebas falsas destinadas a engañar a la opinión pública y a los tribunales.

Todo se aclararía definitivamente si se pudieran hacer análisis cuantitativos de los restos de los focos de los trenes. Pero los únicos responsables de que no queden muestras suficientes para ello son la policía, la Fiscalía y el juez instructor. Resulta más que sospechoso que de las únicas explosiones del 11-M de las que no se haya aportado resto alguno sea de las dos controladas por los Tedax, que nadie sepa dónde están los restos que -según Manzano- se siguieron recolectando hasta el dia 17 o que los trenes se desguazaran de inmediato y por completo. Y es obvio que si algo no podrá servir de argumento a los acusadores públicos será su propia negligencia.

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La inverosímil «deducción» de la Goma 2 ECO

 

19-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Los análisis

La inverosímil «deducción» de la Goma 2 ECO


La aparición de DNT en todos los focos de las explosiones indica que era un componente básico de la dinamita utilizada


PABLO JAUREGUI

MADRID.- El pasado miércoles, el ex comisario jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, declaró ante el tribunal del 11-M que la tesis de que en los trenes estalló Goma 2 ECO fue una simple «deducción». Su testimonio, por lo tanto, ha dejado muy claro que, en la cuestión fundamental del tipo de explosivo utilizado en la masacre de Madrid, no existe ninguna prueba irrefutable sobre el arma del crimen, sino únicamente hipótesis más o menos creíbles.


¿Cómo de verosímil, entonces, puede considerarse la «deducción» de la Goma 2 ECO? Según los expertos consultados por EL MUNDO en el ámbito de la química, la realidad es que se trata de una suposición muy difícil de sostener, teniendo en cuenta los resultados de los últimos análisis periciales solicitados por el juez, realizados con las técnicas más avanzadas para separar e identificar los componentes químicos de cualquier muestra: la microextracción en fase sólida, la cromatografía de gases y la espectrometría de masas, explicadas en el gráfico que ilustra esta página.

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Gracias a estas técnicas de altísima precisión, aplicadas a las muestras por primera vez casi tres años después de la masacre, los nuevos análisis periciales han desvelado un dato que, en principio, resulta demoledor para la «deducción» de la Goma 2 ECO: la presencia de dinitrotolueno (DNT), un componente que no forma parte de esta dinamita, en todos los focos de las explosiones. El único otro componente que se ha detectado es el nitroglicol, que sí forma parte de la Goma 2 ECO pero también de algunos explosivos con DNT como el habitualmente utilizado por ETA: Titadyn.

La combinación de las tres técnicas que se han aplicado ahora por primera vez ofrece una precisión extraordinaria a la hora de destripar cualquier compuesto.

Identificación

Una vez capturada la muestra mediante el proceso de microextracción, en el cromatógrafo de gases los distintos componentes se separan, al bajar la presión o subir la temperatura. Estos componentes se desplazan a distintas velocidades, y así un detector es capaz de identificarlos. Finalmente, el espectrómetro de masas permite determinar la composición química de los diversos ingredientes de la muestra, al aplicar una corriente eléctrica o un campo magnético que rompe sus moléculas, de tal forma que un sensor es capaz de definir el compuesto con total precisión. Así, la presencia de los diversos componentes aparece en unos gráficos que muestran picos de diversa altura, dependiendo de la cantidad que se detecte de una sustancia determinada.

En el caso de los nuevos análisis realizados con las muestras recogidas en los focos de las explosiones, sólo han aparecido picos significativos que identifican la presencia de DNT y nitroglicol. Esto indica que, en ambos casos, se trata de componentes básicos de los explosivos utilizados en la masacre.

Según los expertos consultados, un componente que resistió la detonación inicial del explosivo, el lavado con acetona y agua de las muestras llevado a cabo en el laboratorio de los Tedax (presumiblemente para eliminar impurezas), y los tres años de almacenaje, puede considerarse casi con toda seguridad un ingrediente fundamental del explosivo, y no el resultado de una contaminación accidental. Lo más probable es que se tratara de componentes básicos especialmente resistentes, porque tanto el nitroglicol como el DNT son elementos grasientos que no explotan y se quedan adheridos a muchas superficies.

Por lo tanto, si el DNT era un componente básico de la dinamita que estalló en los trenes, esto descartaría por completo la posibilidad de que fuera Goma 2 ECO, ya que esta dinamita se fabrica sin DNT, para evitar los daños ambientales que provocaba su versión más antigua, la Goma 2 EC, por culpa de este componente.

Sin datos cuantitativos

En todo caso, según los expertos consultados, para descartar de forma irrefutable la posibilidad de que se tratara de Goma 2 ECO contaminada con DNT de forma accidental, sería necesario cuantificar con exactitud el porcentaje exacto de esta sustancia en las muestras del explosivo detonado. Si el nivel de este componente fuera ínfimo (por debajo del 1%), podría ser plausible la idea de que el explosivo utilizado fue Goma 2 ECO contaminado; mientras que si la cantidad detectada fuera más alta, se demostraría que era un componente básico del explosivo.

Sin embargo, todo parece indicar que va a ser imposible obtener resultados cuantitativos sobre los componentes hallados en los focos de los explosivos, debido a que las muestras son demasiado pequeñas y se encuentran en mal estado tres años después del atentado. Por lo tanto, esta cuestión no se va a poder zanjar de forma tajante con datos cuantitativos. No obstante, la presencia de DNT en todos los focos indica que la «deducción» de que la Goma 2 ECO fue el explosivo utilizado en la masacre es inverosímil.

La idea de que la Goma 2 ECO pudiera contaminarse accidentalmente con DNT resulta muy difícil de sostener. Los defensores de esta tesis afirman que la dinamita pudo contaminarse en la fabrica de Burgos donde se producía, ya que durante un tiempo se elaboraban simultáneamente en las mismas amasadoras Goma 2 ECO y Goma 2 EC. Esta posibilidad estaría descartada por el hecho de que los controles internos de la Unión Española de Explosivos (UEE), capaces de detectar niveles de contaminación como los que se han encontrado en los análisis realizados, jamás han hallado una incidencia de este tipo.

Más verosímil resulta la posibilidad de que la contaminación con DNT pudiera haberse producido en la mina de Asturias, donde la Goma 2 EC y la Goma 2 ECO se apilaban de forma descontrolada. Pero, si esto fuera cierto, las exhaustivas pruebas que realizó la Policía Científica en 2004 con las muestras de explosivo intacto, capaces de detectar niveles ínfimos de cualquier componente, deberían haber detectado la presencia de DNT, pero no encontraron ni rastro de esta sustancia. En definitiva, si tenemos en cuenta todos los datos que están hoy sobre la mesa, la «deducción» de la Goma 2 ECO resulta muy poco creíble desde el punto de vista científico.

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