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20.11.04

 

Recopilaciones informaciones sobre 11-M

 

Pongo a disposición de los visitantes una recopilación de la Serie LOS AGUJEROS NEGROS(LINK):Actualizada a 29-11-04 .Incluye agujeros negros IX (pulsar boton derecho, guardar como) publicados en por Fernando Múgica, actualizado a 19-11-04. La lectura detallada de este documento nos hace entender bastantes claves de lo que hay detrás del atentados.
También en El Mundo se publica un avance del libro
LA VENGANZA de CASIMIRO GARCIA BADILLO .


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19.11.04

 

LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M (VIII) La extraña 'caravana de la muerte'

 

19-11-04

LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M (VIII)

La extraña 'caravana de la muerte'

Un álbum de fotos personales en la furgoneta de ETA


Por FERNANDO MUGICA

(.../...)

La Guardia Civil consiguió capturar -entonces se dijo que por casualidad- una caravana de ETA con dos furgonetas en la localidad de Cañaveras, en Cuenca. Fue en la madrugada del 29 de febrero de 2004, una noche de viento y nieve, la misma en la que la otra caravana, la de El Chino, logró llegar con 200 kilos de dinamita a la casa de Morata de Tajuña donde presuntamente se manipularon las mochilas bomba del 11-M. En las furgonetas etarras, además de 536 kilos de explosivos, viajaba un álbum de fotos personales de uno de los conductores.Entre las imágenes que contenía se encontraba la fotografía de una vieja locomotora situada como recuerdo en una plaza de la localidad asturiana de Mieres. La Guardia Civil investigó entre el 29 de febrero y el 11 de marzo la existencia en la zona cercana al monumento de un comando de ETA -un hombre de 32 años y una mujer de 27-. Es un dato más en el rosario de preguntas sin respuesta en torno a la conexión de ETA con la trama asturiana de la dinamita, la que habían organizado Emilio Suárez y Antonio Toro, y que había denunciado, en 2001, el confidente Lavandero a la Guardia Civil.

En la noche del 29 de febrero de 2004, en la sede del Ministerio del Interior no daban crédito a las informaciones que iban llegando.Acababan de interceptar una furgoneta de ETA con más de 500 kilos de explosivos. En la misma operación se había localizado otra furgoneta -presuntamente la que hacía de lanzadera hasta que sufrió un accidente- y se había detenido a los conductores de ambas.

La verdad es que estaban esperando un gran atentado de ETA, pero sin duda no era éste. Todos los dispositivos de seguridad se encontraban en el nivel de máxima alerta a 15 días de unas elecciones.Lo que nadie podía imaginar es que fueran a intentarlo con una caravana pilotada por dos muchachos sin la menor experiencia en terrorismo. En definitiva, dos desconocidos sin historial delictivo. Sólo uno de ellos había participado en algunas acciones menores de la llamada kale borroka, la agitación callejera protagonizada por Jarrai, el brazo juvenil de ETA.

La detención fue como un regalo inesperado. Por eso, toda la cúpula de Interior corrió algo desconcertada hasta Cuenca en la mañana del 29 para hacerse la foto.

PURA «MERCANCIA»

Gorka Vidal Alvaro e Irkus Badillo Borde, de 25 años, los conductores de la caravana etarra atrapada en Cuenca, mostraron desde el primer momento una excesiva disposición a colaborar. Explicaron que tenían orden de dejar la furgoneta de los explosivos en algún lugar industrial cercano a Madrid, en el que una posible explosión no causara muchas víctimas. El caso es que nadie se creyó -ni entonces ni ahora- aquella versión. Un atentado de tanta trascendencia, pocos días antes de las elecciones, no se podía haber dejado al albur de unos principiantes.

Ahora ha transcendido que los expertos policiales y los servicios de Inteligencia han llegado a la conclusión de que las furgonetas interceptadas procedían simplemente a un transporte de «mercancía».Así lo ha asegurado a este periódico un ex alto cargo de la Seguridad del Estado. Los etarras tenían que entregar a alguien la furgoneta con los explosivos. Descartan por completo que fueran los dos jóvenes detenidos los que fueran a realizar el atentado. No se ha podido detectar que ETA tuviera desplazado ningún comando operativo en Madrid, no existía una infraestructura que pudiera apoyar una acción como la que dejaba entrever la caravana de Cuenca. Sencillamente -como ya ocurriera con los inexpertos etarras utilizados para los atentados del día de Nochebuena en la estación de Chamartín de Madrid-, no tenían ninguna probabilidad de llevar a cabo su macabro propósito.

La furgoneta no fue interceptada por la habilidad y el olfato que demostró una patrulla de Tráfico en una carretera perdida y durante una noche de perros. Tampoco fue producto de la casualidad, sino de un seguimiento por un medio sofisticado de transmisión que marcaba su posición en todo momento. Que la cúpula de Interior no estuviera al tanto es una cosa diferente.

Los expertos del grupo de la Unidad Central de Información de la Guardia Civil (UCI), especializado en el terrorismo etarra, no pudieron sacar demasiada información de los detenidos. De nada sirvió que Gorka e Irkus quisieran colaborar desde el primer momento. No tenían la menor idea de cuál era el objetivo de los explosivos.

«SOY DE ETA»

No había hecho falta gran cosa para que se vinieran abajo. A Irkus Badillo Borde, poco antes de su detención, la Guardia Civil había pretendido ayudarle en Poveda al darse cuenta de que había tenido un accidente. Viajaba con una furgoneta de su propiedad, pero cuando le propusieron llevarle a un médico, él dijo: «Soy de ETA».

Hemos remarcado en reportajes anteriores las coincidencias de la fecha de salida de esta caravana -28 de febrero de 2004- con la que comandaba El Chino desde Avilés, la que llevaba la otra carga mortal de explosivos que se ha relacionado con los atentados del 11-M. También hemos señalado que la ruta que seguían los etarras podía llevar directamente hasta la casa de Morata de Tajuña, donde presuntamente se prepararon las mochilas bomba.Pero tal vez no hemos puesto suficiente atención en otros detalles que agravan aún más las sospechas de que la caravana etarra no era ajena a los señuelos de ETA que contribuyeron a que el Gobierno del PP se empecinara en
una vía que supuso su derrota electoral



Varios meses después de aquellos hechos, nadie se atreve aún a hacer una relación clara de lo que se encontró en las furgonetas.La de los explosivos llevaba -como se dijo en su día- algo más de 500 kilos de cloratita y 32 kilos de dinamita Titadyne, además de 90 metros de cordón detonante, todo ello en una caja metálica de un metro y medio de ancha por dos de larga y uno de altura.Era una bomba a la carta. Los terroristas que quisieran utilizarla, cualquiera que fuese su signo, sólo tenían que añadir el temporizador para poder usarla.

En la furgoneta lanzadera, la Guardia Civil encontró cosas realmente chocantes y por las que se ha pasado de puntillas hasta la sesión de ayer de la Comisión del 11-M. De hecho, apenas sí llegó información a la policía y a Interior de estos hallazgos, y aún hoy es difícil seguirles el rastro, ya que de alguno de los objetos encontrados no ha quedado huella, ni siquiera como muestra escaneada en los ordenadores centrales de la propia Guardia Civil que practicó las diligencias.

MAPAS Y CROQUIS

Para empezar, la furgoneta era propiedad de su conductor, Irkus Badillo. Es extraordinariamente chocante que ETA emplee los vehículos particulares de miembros de sus comandos para llevar a cabo operaciones terroristas.

En las furgonetas, los investigadores encontraron un plano de España de una escala 1:1.000.000. Tenía un óvalo marcado que representaba una superficie aproximada a una zona de 40 kilómetros de larga por 15 de ancha. En la parte superior del óvalo estaba la localidad de Alcalá de Henares. Entre los numerosos papeles encontrados junto al mapa había también croquis de vías férreas.

Pero lo que realmente resulta sorprendente es que en la guantera de una de las furgonetas se encontrara un álbum de fotos de tapas rojas con decenas de fotografías de personas y paisajes. Una especie de recopilatorio de vacaciones. ¿A qué terrorista, por inexperto que sea, se le ocurriría ir a cometer un atentado con un álbum de fotos personales en la guantera?

Para la Guardia Civil, aquello supuso un importante material de primera mano, un hilo del que tirar. Una de las imágenes del álbum correspondía a una vieja locomotora pintada de verde y negro aparcada como monumento histórico en el casco urbano de una ciudad. Pronto, alguien se dio cuenta de que se trataba de la vieja locomotora del tren llamado El Vasco, el mismo que había servido para transportar mineral de carbón asturiano hasta las siderurgias del País Vasco.

Los investigadores descubrieron que la imagen sólo podía estar hecha desde algunos pisos concretos de la trasera de una casa situada en la plaza de la localidad de Mieres donde se exhibe la locomotora, encerrada con una pequeña verja metálica roja.

En el intervalo entre la detención de los etarras -el 29 de febrero- y el día de los atentados -el 11 de marzo-, tres agentes de la Guardia Civil estuvieron preguntando en el barrio de Santa Marina -el lugar donde está ubicada la locomotora- por un comando de ETA.

Los agentes enseñaron la fotografía encontrada en la furgoneta y se interesaron por una pareja joven -él, 32 años; ella, 27- que había podido estar viviendo en las cercanías. La investigación se centró finalmente en el número 5 de la calle de Doctor Fleming de Mieres. Los miembros de la Guardia Civil mostraron, durante varios días, la foto de la locomotora a comerciantes y vecinos de esa calle junto con las fotos de los dos individuos jóvenes a los que buscaban.

Los vecinos se alarmaron cuando, después del 11-M, empezaron a atar cabos al recordar que los agentes habían exhibido la foto de la locomotora encontrada en la guantera de una de las furgonetas de la caravana de ETA, el 29 de febrero.

SOLO UN ERROR

Los medios informativos de la región se interesaron por el caso.La Policía Nacional les informó de que no tenían ningún conocimiento de esos hechos.

La Guardia Civil comentó, semanas más tarde, que no habían encontrado el piso que buscaban, que no podían dar el nombre de los etarras, pero que se trataba de gente que ya estaba detenida. En realidad, según esta última versión, no buscaban personas, sino un piso donde presuntamente pudiera haber documentación valiosa para la lucha contra el terrorismo.

La explicación no se correspondía con lo que habían declarado a los vecinos entre los que se investigó el caso. Si los etarras ya estaban detenidos, ¿por qué los buscaban?

Curiosamente, en el lateral de la casa de Mieres donde la Guardia Civil buscó al comando etarra aparece hoy una enorme pintada de color azul claro en la que puede leerse: «Gora Izquierda Abertzale». Alguien la ha tachado con pintura negra y ha añadido la frase «Patria o Muerte. Arriba España».

Para mayor confusión, expertos en la lucha antiterrorista a los que se les ha mostrado una fotografía de la pintada en cuestión han dudado seriamente de su autenticidad.

No es preciso remarcar que Mieres es una localidad asturiana que se encuentra a menos de 50 kilómetros de Avilés, el foco en el que Emilio Suárez Trashorras y Antonio Toro montaron la trama de los explosivos y a poco más de 10 kilómetros de Oviedo.Asturias, de nuevo, en el ojo del huracán.

Pero la extraña furgoneta de los 500 kilos fue sólo uno de los eslabones del gran señuelo de ETA que alguien ha manejado con mano maestra en torno al 11-M.

El caso del atentado frustrado de Chamartín tiene connotaciones parecidas al de Cuenca. Dos muchachos vírgenes en materia de terrorismo son los encargados de llevar a cabo un atentado indiscriminado de enorme envergadura. ¿Alguien puede imaginar por dónde habría transcurrido el acontecer político de este país si los etarras hubieran conseguido volar los trenes en la estación madrileña de Chamartín nada menos que el día de Nochebuena del año 2003?

El caso cierto y probado es que dos muchachos de 24 y 25 años sin más bagaje que sus inhumanas intenciones cargan con dos maletas llenas de explosivos y tratan de protagonizar una masacre de proporciones monstruosas en una estación de tren de Madrid, en plena hora punta. ¿Les suena?

A uno de ellos, Garikoitz Arruarte, los agentes no le dejan ni siquiera llegar a la estación de San Sebastián. Las crónicas dicen que, «fruto del interrogatorio», supieron que el tren Irún-Madrid llevaba otros explosivos a bordo.

Las Fuerzas de Seguridad consiguieron detener el convoy a la altura de Burgos, desalojarlo con prontitud y neutralizar las mochilas bomba sin que nadie resultara herido. La maleta, en esta ocasión, la había facturado Gorka Loran. Fue detenido en su casa de Hernani.

No se sabe si ETA iba a avisar en esta ocasión. La versión oficial es que intentaron colocar un magnetofón para que, a través de su altavoz, se difundiera un mensaje avisando del atentado. Dicen que las pilas estaban gastadas y que por eso el sistema no era operativo. Realmente, un procedimiento de aviso de lo más extraño.

La realidad es que los dos jóvenes terroristas estaban controlados por las Fuerzas de Seguridad y que no habrían tenido la menor oportunidad de llevar a cabo sus macabros objetivos. Es muy posible que los que les enviaron lo supieran. Sobre todo, considerando que, a dos meses de los atentados del 11-M, y como recordó ayer el ex secretario de Estado de Seguridad Ignacio Astarloa, toda la potencia de fuego en materia de prevención antiterrorista estaba activada.

El asombro sobrepasa cualquier límite cuando los dos etarras detenidos confesaron que su preparación en materia de manejo de explosivos y bombas era un cursillo de 45 minutos que habían recibido, tres meses antes, en un monte de la Sierra de Aralar.

BOMBAS EN BAQUEIRA

Conviene recordar también que los jóvenes terroristas de la caravana de la muerte, la que consiguieron neutralizar en Cañaveras, en la provincia de Cuenca, confesaron que el primer encargo que habían recibido de ETA había sido un atentado contra el Rey que consistía en distribuir 12 o 13 mochilas bomba en las pistas por donde iba a esquiar el monarca para hacerlas estallar a distancia.

Para unos muchachos que jamás habían hecho prácticamente nada delictivo no estaba nada mal el encargo. Sólo puede producir una sonrisa el considerar que alguien en su sano juicio pudiera llevar a cabo un magnicidio con esos medios. Es sencillamente una soberana estupidez.

Pero sus declaraciones salieron a la luz muy pocos días antes del 11-M y eso reforzó, al menos en un primer momento, la sensación, compartida por el Gobierno, de que las 12 o 13 mochilas bomba de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia procedían de ETA.

A esto habría que añadir un informe que el CNI pasó en los primeros meses de 2004 al Gobierno, en el que se advertía de que ETA había solucionado sus problemas técnicos y que estaba ya preparada para utilizar los teléfonos móviles en sus próximos atentados.


LA NAVIDAD DE 2002

El propio Astarloa recordó ayer que los mismos etarras que habían atentado en Santander, utilizando un coche robado en la calle de Avilés donde Emilio Suárez Trashorras guardaba dinamita en su garaje, fueron los que intentaron sembrar de explosivos la Navidad madrileña de 2002.

Estamos aún lejos de la verdad, pero el único camino sensato, llegados a este punto de la historia, es detenerse con minuciosidad en cada uno de los indicios, por pequeños que sean, sin descartar nada de antemano.

La extraña caravana de la muerte y el brutal atentado que se anunciaba con ella dista mucho de haberse explicado.



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14.11.04

 

El confidente protegido por la POLICIA MUNICIPAL

 


14-11-04

TERRORISMO ISLAMISTA / El juez cita a declarar el martes a Lavandera tras ordenar su custodia a la Policía Municipal de Gijón / Oficiales de Información de la Guardia Civil grabaron una segunda cinta con las denuncias

El confidente que avisó de 'bombas con móviles', aislado y protegido por el juez

Del Olmo cita a declarar el martes a Francisco Javier Villazón Lavandera tras ordenar su custodia a la Policía Municipal de Gijón - El interlocutor del agente Campillo tuvo, al menos, ocho reuniones en 2001 con la Guardia Civil insistiendo en los graves planes de Toro y Trashorras - Oficiales de Información grabaron una segunda cinta en la que repitió en la comandancia sus denuncias sobre la trama de explosivos

FERNANDO MUGICA

GIJON.- Francisco Javier Villazón Lavandera está aterrorizado.No es un hombre que se asuste fácilmente. Después de permanecer cinco años en uno de los cuerpos de elite de las Fuerzas Armadas españolas -Operaciones Especiales-, de ser portero de los garitos más movidos entre los clubes nocturnos asturianos y de cuidar cada día de gigantescas serpientes, es difícil quitarle el resuello.

Pero está asustado porque toda España ha podido escuchar su voz denunciando a una banda asturiana, relacionada con las Fuerzas de Seguridad, que han tenido mucho que ver con el 11-M. A pesar del miedo, está contento: «Sólo cumplí con mi deber», ha dicho a sus amigos y vecinos.

Se siente feliz y está convencido de que es el héroe del momento. Sin embargo, las cosas empezaron a torcerse cuando, antes de que saliera la cinta a la luz, apareció muerta una serpiente junto a la puerta de su casa. Era un aviso macabro de lo que podría venírsele encima.

El juez que instruye el sumario del 11-M, Juan del Olmo, ha debido también considerar que su vida corría peligro, ya que ha ordenado su protección y aislamiento total con el mandato expreso de que no tenga el menor contacto con periodistas o políticos. En el teléfono móvil de Francisco Javier ya sólo contesta el buzón de voz. Los expertos guardaespaldas de protección de testigos fueron ayer tarde a recogerlo a Asturias y se lo llevaron con rumbo desconocido.

Hasta ese momento y por inverosímil que parezca, Francisco Javier había tenido como guardianes a miembros de la Policía Municipal de Gijón. El juez así lo ordenó expresamente, sin duda porque no se fiaba de la Guardia Civil ni de la Policía Nacional asturianas, excesivamente mediatizadas por el escándalo del descubrimiento de la cinta y por su contenido.

Hay que tener en cuenta que el denunciante tuvo que soportar una peregrinación absurda sin que nadie lo tomara en serio. Primero lo intentó en la comisaría de Avilés sin saber que Emilio Suárez Trashorras, precisamente una de las personas a las que denunciaba Lavandera, era un confidente del inspector Manuel García, Manolón.Emilio recriminó a Lavandera el haberse «chivado» indicándole que se lo había contado un jefe de la policía con el que había comido.

En segundo lugar, Lavandera intentó denunciar los hechos en el cuartel de la Guardia Civil de Piedras Blancas, donde Emilio Suárez Trashorras y Antonio Toro tenían un negocio de compraventa de coches. Al fracasar por segunda vez fue a la Comandancia de Gijón con el desastroso resultado que ya conocemos.

Lavandera permanecerá oculto hasta que declare ante el juez, el martes que viene. Pero, antes de quedar engullido por la burbuja de protección ha tenido tiempo de declarar a personas de confianza de su entorno que al menos en ocho ocasiones mantuvo encuentros con agentes de Información de la Comandancia de Gijón. A lo largo del año 2001 insistió en su versión sin que le tomaran nunca en serio.

Al menos una de sus declaraciones tuvo un carácter oficial, ya que se efectuó en la propia comandancia, a donde había acudido voluntariamente. Carlos Montero Rodríguez ejercía en aquella época las funciones de teniente de Policía Judicial e Información, ya que el titular de este último departamento, el teniente Jesús Gómez Suárez, se encontraba destinado temporalmente en Mozambique.

El teniente que tomó declaración a Francisco Javier Villazón Lavandera grabó la conversación, según fuentes de la propia comandancia. Así que necesariamente existe al menos una segunda cinta que corroboraría documentalmente la denuncia sobre la existencia de una banda que vendía explosivos a gran escala e intentaba fabricar bombas activadas con teléfonos móviles ya en el año 2001.

El agente que grabó la cinta que ha salido a la luz es un hombre honesto que sólo cumplió con su deber. Una encuesta en su entorno nos ha aportado muchos datos sobre su personalidad.

No se trata de ningún irresponsable sino de un veterano que lleva 31 años en la Benemérita. Tiene 52 años. Es alto y se conserva en buena forma física. Hace seis años enviudó y tuvo que salir adelante con hijos mayores compaginando su trabajo en Información con las tareas del hogar. Todos los que nos han informado sobre él le aprecian por su buen carácter y por su absoluta honradez.El único defecto que le conocen -y eso en Asturias es más un galardón que un defecto- es que le gusta tomar sidra.

Es evidente que salió adelante personal y profesionalmente a pesar de los contratiempos de la vida. Y eso, en una comandancia a cuyo frente está el teniente coronel Rodríguez Bolinaga, un hombre con fama de implacable y que ha conseguido el dudoso honor de que su tropa haya batido el récord nacional de absentismo laboral por baja psicológica. Más de 100 al mismo tiempo en una plantilla de alrededor de 700.

El agente Jesús Campillo ha resistido con entereza la nueva situación en la que le han puesto los hombres que revelaron la existencia de la cinta. «Yo me limité», ha declarado a un periódico regional, «a cumplir con mi deber».

La sorpresa y la indignación de todos los agentes de Información de la Comandancia de Gijón ha sido mayúscula cuando se enteraron, a última hora del miércoles pasado, de que desde la Dirección General de la Guardia Civil se lanzaba una nota en la que además de dar el nombre y los apellidos del guardia que destapó la cinta, se intentaba echar la culpa al guardia que la grabó.

Campillo ha preferido guardar silencio y ha comentado a sus compañeros que no tiene el menor inconveniente en decir la verdad ante sus superiores y sobre todo ante cualquier juez que quiera tomarle declaración. Es más. Lo está deseando.

Precisamente son sus compañeros los que han declarado a quien quiera oírles que Campillo era un verdadero «pelma» con el tema de lo que le había contado Lavandera. Insistía a sus jefes para ver cómo llevaban la investigación.

Siguió viendo a su confidente, a título privado, en numerosas ocasiones a lo largo de meses. Y sólo lamentaba no poder darle datos más concretos sobre los resultados de unas pesquisas que nunca llegaron a ninguna parte.

La indignación de los guardias -y de las asociaciones en las que muchos están encuadrados- llegó a su punto máximo el jueves pasado, cuando constataron que quien llevaba la investigación interna era el teniente coronel Bolinaga, precisamente el hombre que, en opinión de muchos de ellos, escuchó la cinta en su momento y no supo darle la importancia adecuada.

El teniente coronel era la máxima autoridad en la Comandancia de Gijón cuando se produjeron los hechos. En la Guardia Civil la jerarquía está muy marcada. Por eso lo que llaman «el conducto reglamentario» es un sistema que utilizan todos para escudar sus responsabilidades comunicando lo que saben a su superior.La cinta que grabó Campillo fue entregada, según fuentes de la misma comandancia, al teniente de Información.

La primera llamada de Lavandera se registró en la centralita del COS de Gijón, el centro operativo de coordinación y servicios.

Tanto la Guardia Civil como la policía reciben numerosas llamadas con los casos más disparatados que puedan imaginarse. Sólo la experiencia de quien recibió la llamada de Francisco Javier hizo que se considerara en serio y que se transmitiera al oficial de día. Este tiene la obligación de despachar diariamente con el teniente coronel al mando de la comandancia.

La segunda prueba de que se lo tomaron en serio es que avisaron a Información y este departamento envió a uno de sus hombres, el agente Campillo, para que verificara lo relatado por teléfono en un encuentro físico con el denunciante. Fue este encuentro el que Campillo grabó en cinta magnetofónica y ha sido su contenido el que ahora se ha desvelado.

Campillo no pudo equivocarse al hacer la transcripción como dice la nota de la Dirección General. No omitió frases relevantes -bombas con teléfonos móviles- en su supuesta transcripción, ya que nunca la hizo.

Cualquiera que sepa el funcionamiento de la Benemérita certificará que los agentes de Información no hacen las transcripciones a no ser que así lo solicite un juez. Lo que sí se hace, y en este caso también se llevó a cabo, es una mínima reseña informal que se acompaña a la entrega de la cinta.

El agente Campillo entregó la reseña y la cinta a un oficial y éste, al ver la importancia de lo que contenía, estaba en la obligación de entregárselo al teniente coronel Bolinaga. Nadie duda en la comandancia de que fue así como sucedió. En cualquier caso todos están deseando que el tema se judicialice para poder declarar la verdad de lo que saben ante un juez.

El teniente Carlos Montero, que como hemos dicho hacía las veces de teniente de Información aunque su puesto estaba en la Judicial, tiró de sus hombres, gente sin experiencia en casos de terrorismo, a la hora de hacer la investigación y eso fue uno de los errores más colosales.

Montero es un hombre muy contestado por muchos de los componentes de la comandancia. Hace poco tiempo intervino en una investigación en la que una juez instruía diligencias por las que imputaba a varias personas, entre las que se encontraban un capitán y un teniente de la Guardia Civil de Llanes, de 11 delitos. Se había hurtado una piedra de hachís incautada en un control policial.La aparición, un mes después, de dos individuos a los que, en opinión de algunos, se les encontró oportunamente una piedra de hachís, exoneró a los oficiales y se cerró el caso, no sin un profundo malestar por parte de miembros de la comandancia que protestaron por considerar que se habían preparado convenientemente las declaraciones.

Precisamente ahora, a raíz de la aparición de la cinta con la denuncia de Lavandera, se ha vuelto a rumorear que muchos han pasado los últimos dos días en la Comandancia intentando unificar meticulosamente sus declaraciones. Algunos oficiales se han negado a hacer ningún tipo de declaración acogiendose al derecho de hacerlo ante un juez y con un abogado delante.

Tanto la Unión Profesional como la Asociación Unificada de la Guardia Civil han denunciado estos días el acoso al que han sido sometidos los guardias del acuartelamiento de Cancienes, donde se desveló la existencia de la cinta.

Las presiones para averiguar la filtración han molestado a los familiares. Precisamente uno de ellos, de un guardia civil de la Comandancia de Gijón, ha declarado a este periódico: «¿Por qué no dicen el régimen inhumano de trabajo al que están sometidos los guardias? Los servicios de seis horas han conseguido que nadie pueda librar dos días seguidos. Parece que lo hacen sólo para tenernos amargados».

«Los turnos de vigilancia de puerta de 24 horas están pobremente remunerados y no cuentan como tiempo de servicio. Recibimos amenazas sutiles. En algunos casos recientes se han utilizado métodos tan reprobables como mencionar a nuestros niños pequeños para añadir a continuación: '¡Qué lástima!, van a tener que crecer en un pueblucho miserable de Extremadura donde no tendrán ningún porvenir'».

«Es la amenaza permanente de un traslado forzoso para el que no hay más alternativa que pedir la baja psicológica o el finiquito».

Es falso que haya llegado una comisión de Asuntos Internos para investigar todo lo relacionado con la cinta. Durante este último viernes, un coronel de la Guardia Civil expresamente llegado desde Madrid ha tomado declaración, entre otros, al que fuera jefe interino de la zona de Asturias, el teniente coronel Aldea, quien sustituyó temporalmente al general Laguna, el anterior jefe.

Fernando Aldea se encontraba en un primer momento, tras la revelación de la cinta, muy animado. Asegura que en la Comisión de Investigación del 11-M en el Congreso la base de su declaración eran los papeles que le dio Laguna, su superior. En ellos en ningún momento se hacía referencia a la cinta. Nunca tuvo conocimiento de su existencia, ya que él mandaba la Comandancia de Oviedo y todo el asunto de la cinta se fraguó en la Comandancia de Gijón, en la que estaba al frente el teniente coronel Rodríguez Bolinaga.

El PP se equivocaría gravemente si pide solamente el regreso a la Comisión de Laguna y Aldea, los mismos que declararon la primera vez. Es clave que citen a Bolinaga, un hombre que necesariamente tenía conocimiento de la cinta y de su posible trascendencia.

Al teniente coronel Aldea le han prohibido explícitamente que haga ningún comentario a los medios de comunicación. Eso le produce una sensación de indefensión a la hora de «lavar su honor».

En círculos cercanos al PSOE se comenta que el posible cese del teniente coronel Bolinaga sería una medida adecuada para sus intereses ya que se le considera un hombre cercano al PP y se cita como referencia que acudió a la cena homenaje de despedida que se hizo en Asturias al ex ministro Francisco Alvarez-Cascos, cuando dejó la política.

Los fallos encadenados que rodean a las actuaciones en torno a la cinta son patentes. Nunca ha existido, por ejemplo, un documento oficial firmado que dejara constancia siquiera la existencia de la cinta. Nadie ha puesto en duda, sin embargo, su veracidad, pero a la hora de asumir responsabilidades la falta de documentos hará que las cosas no sean sencillas.

En la Guardia Civil asturiana hay en este momento un profundo desaliento. Los que se atreven a hablar con los periodistas -afortunadamente hay muchos que aún consideran un deber ineludible el hacerlo- han comentado esta semana su descorazonamiento.

«Aquí vale más denunciar a tres chicos por fumar porros en la vía pública o por tenencia de hachís que una investigación larga y seria de la que a lo que mejor no se deduce ninguna detención».

«El caso más flagrante es el sucedido este verano con los atentados de ETA. Dos de ellos tuvieron lugar en el Oriente asturiano, Llanes y Ribadesella. El teniente coronel Bolinaga no ordenó ni siquiera el cierre del territorio de la comandancia bajo su cargo. Tal vez no hubiera sido posible impedir que los etarras escaparan. Pero la realidad es que ni siquiera se transmitieron las noticias de que había habido un atentado a las patrullas por los radioteléfonos. Siguieron haciendo patrullas con registros rutinarios de vehículos para encontrar droga como si no hubiera pasado nada. Nunca se tuvo una sola pista sobre los atentados».



¿Por quélo custodia la Policia Municipal de Gijón?. Desconfia obviamente el Juez de Olmo de la Policia Nacional y de la Guardia Civil. ¿Será el inicio de un rosario de comparecencias de todos aquellos que cuanto menos por su negligencia pudieron haber evitado la masacre del 11-M y no lo hicieron?. Esperemos acontecimientos pero creo que la punta del hilo de la madeja empieza a salir.


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Una foto con miga.

 

En internet circulan muchas fotos trucadas, otras no lo son. Esta en concreto dicen que esta expuesta en el restaurante "CASA PEPE" de Despeñaperros. La verdad es que tiene su miga.....sobre todo cuando se dija uno en la parte derecha:



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