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10.1.08

 

Zougam rebate ante el Supremo los reconocimientos

 

10-01-08



Zougam rebate ante el Supremo los reconocimientos


MANUEL MARRACO

MADRID.- La defensa de Jamal Zougam, condenado a 42.922 años de prisión como autor material del 11-M, presentó ayer su recurso de casación ante el Tribunal Supremo. El escrito considera que la Audiencia Nacional ha vulnerado su presunción de inocencia, y rebate los reconocimientos en los trenes y las deducciones del tribunal sentenciador sobre las tarjetas y las relaciones que mantenía con otros implicados.

El escrito ha sido elaborado por los letrados Eduardo García Peña y Francisco Andújar, que durante el juicio del 11-M defendieron a Brahim Moussaten y a Yusef Belhadj. Tras la condena de Zougam, ambos sustituyeron a José Luis Abascal en la defensa del marroquí.
(.../...)

En cuanto a las identificaciones, el recurso pide la nulidad de las ruedas de reconocimiento por varios motivos. En la línea expuesta por Abascal durante el juicio, alegan que la fotografía exhibida a los testigos ya se había difundido previamente en los medios, y que la mostrada en la sala llevaba la firma de los propios testigos. Además, considera que las declaraciones de las dos amigas que viajaban juntas son contradictorias en sí mismas y entre sí. Respecto a la declaración del tercer testimonio empleado por la Sala, que no compareció ante el tribunal, considera que es nula porque en la vista no se leyó la rueda de reconocimiento, única vía para tenerla en cuenta.

En otro punto, el recurso critica que la sentencia afirme que Zougam conocía a la mayoría de los acusados y a varios suicidas para luego, en su desarrollo, hacer referencia a sólo tres de los 28 acusados, a dos de los 300 testigos, y a ningún suicida.

En cuanto a las tarjetas empleadas en las mochilas bomba y que salieron del locutorio de Zougam, considera una perversión lingüística que la Sala hable de «suministrar» y no de «vender», y recuerda que fue otro empleado del locutorio quien hizo la venta. Añade que resulta inverosímil que los terroristas adquirieran las tarjetas en el locutorio de Zougam porque era de la célula y que se arriesgaran a comprar los terminales en otro establecimiento, pese a que el de Zougam también los vendía.

En el apartado de descargo, los letrados resaltan que tanto la madre como el hermanastro de Zougam ofrecieron una coartada. Si la madre no lo declaró ante Juan del Olmo -como resalta la sentencia- fue sólo porque el magistrado no admitió las dos peticiones de la defensa en ese sentido.

El Tribunal Supremo también recibió ayer el recurso de Fouad Morabit, condenado a 12 años de prisión como miembro de la célula. Además, el Alto Tribunal dispone ya del recurso presentado por la Fiscalía contra la absolución de Rabei Osman Sayed, Mohamed el Egipcio y el de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, que sólo hace referencia a las indemnizaciones. El plazo para presentar los recursos ante el Supremo concluye el día 15.

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El CGPJ destituye a Beni por el libro sobre su marido como presidente del Tribunal del 11-M

 

10-01-08



El CGPJ destituye a Beni por el libro sobre su marido como presidente del Tribunal del 11-M


La Comisión de Comunicación pide a Hernando que la cese como jefa de prensa por pérdida de confianza

MARIA PERAL

MADRID.- La Comisión de Comunicación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) acordó ayer proponer al presidente, Francisco Hernando, que destituya a Elisa Beni como directora de comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) por la «pérdida de confianza» que ha supuesto el contenido de un libro dedicado a su marido, Javier Gómez Bermúdez, como presidente del Tribunal del 11-M.


La decisión era previsible desde el momento en que la Comisión, responsable de haber propuesto el nombramiento de Beni en 2004, ya constató en su anterior reunión, el pasado 20 de diciembre, la inidoneidad de la mujer del juez Bermúdez para seguir siendo responsable de comunicación del TSJM. Y también era previsible desde el momento en que Beni optó por no atender lo que era una clamorosa invitación a dejar el cargo voluntariamente, evitando su destitución.
(.../...)

El escrito de alegaciones presentado por la periodista, en el que defiende su obra y apela a la «libertad de crítica», no ha convencido a los miembros de la Comisión, ninguno de los cuales apoyó ayer su permanencia en el gabinete de prensa del Tribunal madrileño. La propuesta de destitución fue respaldada por cuatro de los cinco vocales (Enrique López, Adolfo Prego, José Luis Requero y Montserrat Comas), mientras que Juan Carlos Campo se abstuvo. Este consejero indicó que le faltaban datos para pronunciarse sobre la pérdida de confianza en la directora de comunicación del TSJM e indicó que «sólo aquél que la otorga [en referencia a Hernando] o aquél para quien se trabaja [el presidente o la Sala de Gobierno del TSJM] pueden mostrar su pérdida de confianza».

Según explicó el vocal portavoz, Enrique López, la Comisión no ha propuesto la destitución de Beni por su trabajo en el TSJM, que «ha venido desarrollando a plena satisfacción hasta este momento». Por ello no se ha solicitado informe alguno ni al presidente del Tribunal madrileño ni a la Sala de Gobierno.

Por lo que respecta al presidente del CGPJ, Hernando delegó en su día en la Comisión de Comunicación la elección de los jefes de prensa de los órganos judiciales, por lo que también asumirá el criterio de la misma Comisión sobre la procedencia de destituir a Beni. Fuentes del Consejo señalaron que el presidente firmará el decreto de cese la próxima semana.

En una nota de prensa, el CGPJ justifica la destitución de la jefa de prensa del TSJM indicando que «algunos de los pasajes contenidos en el libro [La soledad del juzgador] no se acomodan a las exigencias propias del cargo de responsable de comunicación institucional».

El vocal José Luis Requero lo explica con claridad en un escrito que entregó ayer en la Comisión y en el que, tras subrayar que Beni no ostentaba un puesto funcionarial sino un cargo de confianza de naturaleza temporal, afirma que «no es adecuado que una responsable de comunicación institucional de la Justicia critique a ciertos medios de comunicación o a ciertos profesionales de la prensa, cuando parte esencial de su cometido es, precisamente, mantener una buena relación con todos los medios».

De otro lado, Beni ha dado motivos para «quebrantar» la necesaria confianza de los jueces de Madrid al haber transcrito en el libro «conversaciones privadas de jueces, fiscales y secretarios judiciales sin su conocimiento» y también porque «siendo responsable de la comunicación institucional del Poder Judicial, hace comentarios críticos o inadecuados hacia miembros de la carrera judicial» distintos de Gómez Bermúdez. Este es el «protagonista de una obra no dedicada a la Justicia en general, ni siquiera al Tribunal sentenciador del 11-M en particular, sino a su marido».

El escrito de Requero, compartido por el resto de los miembros de la Comisión partidarios del cese de Beni, recuerda que el libro incluye referencias «irónicas y críticas» sobre el CGPJ y algunos vocales, referencias que «no puede decirse que se inserten en la relación de confianza y lealtad que conlleva el cargo» de jefa de prensa de un tribunal. Para el consejero, un libro así es «inconcebible» en un responsable de comunicación institucional e implica «una grave quiebra de la lealtad a la organización a la que sirve».

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La Fiscalía pide investigar a Losantos por injurias

 

10-01-08



La Fiscalía pide investigar a Losantos por injurias


MANUEL MARRACO

MADRID.- La Fiscalía de la Audiencia Nacional ha pedido al juez Santiago Pedraz que investigue si el periodista Federico Jiménez Losantos cometió un delito de injurias contra las Fuerzas de Seguridad al emitir sus opiniones sobre la investigación del 11-M.


La Fiscalía dirigida por Javier Zaragoza respalda así la denuncia presentada el pasado 12 de diciembre por el Sindicato Unificado de Policía (SUP). En ella se afirmaba que el periodista se había extralimitado en el ejercicio de su derecho a la libertad de expresión, tanto en su columna de EL MUNDO como en el programa La mañana de la cadena Cope que él mismo dirige.
(.../...)

«[Jiménez Losantos] Ha venido realizando numerosas declaraciones en las que se imputaba a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en general, al juez instructor de la causa, a la fiscal y a numerosos funcionarios de Policía concretos y la comisión de delitos en relación con su actuación en dicho proceso y principalmente en cuanto a la obtención de las pruebas que finalmente han servido para condenar a los autores de tan execrable atentado», afirma la denuncia.

En un escrito firmado por el fiscal Ignacio Gordillo, la Fiscalía defiende la competencia de la Audiencia Nacional para investigar los hechos, al interpretar que las Fuerzas de Seguridad entran dentro del concepto de «altos organismos de la Nación». El fiscal considera que podrían incardinarse en el artículo 504.2 del Código Penal, que dispone que «los que injuriaren o amenazaren gravemente a los Ejércitos, Clases o Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, serán castigados con la pena de multa de 12 a 18 meses».

Sentencia sin dudas

El Código añade que el acusado de injuria quedará exento de responsabilidad probando la verdad de las imputaciones. A este respecto, la denuncia añade que «la Audiencia Nacional, sobre dicho atentado, ha dictado la sentencia de 31 de octubre de 2007, donde no se recoge ni siquiera una sombra de duda respecto a que pueda haber implicación como autor, cómplice o encubridor de ningún miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado».

El juez Santiago Pedraz tiene previsto pronunciarse hoy sobre su competencia y la apertura de una investigación. El juez también podría remitir el asunto a los juzgados ordinarios.

El SUP también presentó una denuncia por el mismo delito contra el colaborador de este diario Luis del Pino, que ha recaído en el juzgado de Baltasar Garzón y sobre la que la fiscal del caso, Dolores Delgado, aún no se ha pronunciado.

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9.1.08

 

«'El Chino' y Lamari querían montar un prostíbulo»

 

09-01-08



11-M / Nuevas revelaciones

«'El Chino' y Lamari querían montar un prostíbulo»


Gascón, ex colaborador de la Guardia Civil, iba a ser el gerente, y el terrorista argelino le confirmó que la Policía apoyaba el proyecto

ANTONIO RUBIO

MADRID.- Febrero de 2004. Jamal Ahmidan, marroquí y traficante de hachís. Allekema Lamari, argelino que fue condenado en 2001 a 14 años por pertenencia a banda armada. Mario Gascón, ex fraile mercedario, ex director de discoteca y colaborador de la UCO. Los tres tenían un proyecto en común: montar un puticlub en Málaga con más de 100 mujeres. Dos meses más tarde, el 3 de abril, Lamari y Ahmidan volaron por los aires en un piso de Leganés (Madrid) cuando la Policía los tenía rodeados. En septiembre, Gascón puso tierra por medio y huyó de España porque el capitán Paco de la Guardia Civil lo amenazó con pegarle un tiro.


Mario Gascón, con el que EL MUNDO ha estado reunido durante tres días, es el único de aquel trío que queda vivo y el único que puede contar cómo era El Chino, con qué dinero contaban los terroristas islamistas para montar un prostíbulo y quién o quiénes los iban a ayudar o proteger.
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Ayer, el ex fraile mercedario reveló en este periódico que «la UCO puso en el mercado los explosivos utilizados en el 11-M». Hoy, desgrana cómo se fue gestando el proyecto o negocio de Jamal Ahmidan, El Chino, y Allekema Lamari. Este último, según las investigaciones policiales, era el emir de la célula terrorista que atentó contra los trenes de la muerte el 11-M.

«La última vez que hablé con Jamal fue poco antes del 19 de marzo de 2004 y después de los atentados del 11-M. Me acuerdo porque fue en mi casa y estaba muy próximo el Día del Padre. Hablamos del viaje que íbamos a hacer al Caribe y Sudamérica para traer a las chicas que trabajarían en el puticlub que queríamos montar en Málaga». Cuando Mario Gascón, que iba a ser el director-gerente del proyecto, habla de Ahmidan jamás utiliza el alias de El Chino, siempre se refiere a él como Jamal y lo hace con cercanía y respeto.

La relación o amistad de Jamal Ahmidan y Mario Gascón se remonta al año 2000, cuando el ex colaborador de la UCO de la Guardia Civil tenía contactos con el tráfico de hachís. Años después, Gascón y el marroquí se vuelven a encontrar: «Tenía bastante confianza con Jamal. Nos veíamos, tomábamos algún whisky y me pedía alguna puta buena»

El roce entre Gascón y El Chino llevó al marroquí a dar un paso hacia adelante y a proponer al gerente de puticlub una serie de negocios: «Jamal comenzó a hablarme de forma más seria. Quería poner al frente de sus negocios una persona que no llamara la atención».

A finales del 2003, Gascón se vio envuelto en un asunto de tráfico de drogas y asesinato y durante un mes (de diciembre de 2003 a enero de 2004) estuvo recluido en la cárcel de Soto del Real (Madrid). La UCO, según él, no se portó bien y lo dejaron tirado durante ese tiempo. Tras su salida a la calle -15 de enero de 2004- tomó la determinación de cambiar de aires. Y fue entonces cuando Gascón se planteó, seriamente, la oferta de El Chino: «Jamal me había propuesto montar el puticlub en varias ocasiones y tras mi salida de prisión tenemos una serie de reuniones para concretar el tema».

A partir de ese momento, El Chino ya plantea quiénes van a ser sus socios y de dónde saldrá el dinero. Gascón recuerda aquel momento: «Jamal me dijo que quería abrir el puticlub con su socio de Navarra y con su socio del sur. Le informé de que para montar ese proyecto se necesitaba mucho dinero y buenos contactos. Me contestó que no me preocupara por el dinero, que lo tendrían. Y sobre los contactos que ya tenían toda la cobertura que necesitaban».

Cuando Jamal Ahmidan se vuelve a reunir con Mario Gascón le acompaña uno de sus socios. El que iba a ser el director-gerente del puticlub de Málaga recibe al dúo en su casa: «Se presentó con Lamari».

Y EL MUNDO, sorprendido, pregunta: «¿Qué Lamari?». Gascón aclara: «Allekema Lamari». La duda persiste. Nos acercamos hasta el ordenador, accedemos a internet, buscamos una foto de Allekema Lamari. El ex colaborador de la UCO confirma: «Ese. El de la foto. Sí, ése vino a mi casa con Jamal».

Allekema Lamari estuvo viviendo durante un tiempo en Tudela (Navarra), antes de que fuera detenido y condenado a 14 años por pertenencia a banda armada. El argelino salió a la calle en junio de 2002 por un error de la Audiencia Nacional.

Mario Gascón reconoce a este periódico que él «estaba al tanto de que Lamari estaba trabajando en el norte con el tema del hachís y varias cosas más, pero no sabía que era socio de Jamal». Sin embargo, la química entre el ex fraile mercedario y el dirigente argelino del GIA (Grupo Islámico Armado) no funcionó muy bien. Gascón recuerda el encuentro: «Lamari iba de duro. Era un tío muy seco y me dijo que quería hacerme una serie de preguntas y conocer al que iba a ser su gerente».

A pesar de las diferencias entre Lamari y Gascón, el acuerdo se cerró y el director de discotecas fue aceptado como gerente del prostíbulo que iban a montar los dos islamistas. A continuación hablaron de la mercancía y otros detalles: «Quedamos que las mujeres tenían que ser sudamericanas porque las marroquíes eran más problemáticas y las otras más sumisas y amables».

Gascón, que desde hacía varios años presumía del título de «doctor de la noche», planteó un tema importante: «¿Y los contactos? ¿Qué pasa con la Policía?». Lamari fue el primero en contestar: «No tienes que preocuparte por los contactos. Nosotros tenemos todos los que queremos. La Policía está con nosotros y podemos contar con ella para que nadie se meta, ni nos moleste en nuestro negocio».

Automáticamente el ex director de discoteca hizo el siguiente razonamiento: «Pero tú estas en el norte y el negocio lo vamos a montar en el sur». La respuesta del líder terrorista también fue rápida: «Sí, yo estoy en el norte, pero el otro socio está en el sur». El nombre del socio del sur no salió en la reunión, pero EL MUNDO sabe que Hicham El Ciego, un marroquí que reside en Marbella y que es el mayor traficante de hachís de la Costa del Sol, era el socio capitalista de Jamal Ahmidan.

La tercera de las reuniones entre El Chino y el que todavía era colaborador de la UCO de la Guardia Civil se produjo tras los atentados y antes del 19 de marzo de 2004. Gascón rememora aquel encuentro: «Jamal estaba cerca de una pastelería árabe que hay en la calle de Montera y lo acompañaban dos moritos que eran hermanos y que después supe que habían muerto en Leganés (Gascón se refiere a Mohamed y Rachid Oulad, que según la sentencia del 11-M fueron autores materiales del atentado y después se inmolaron el 3 de abril en el piso de Leganés)».

Gascón quería ultimar detalles con El Chino y consideró que el mejor sitio para hablar era su casa: «Los hermanos se quedaron abajo, subimos a mi casa y allí concretamos la cuestión económica. Le dije que lo justo sería que cobrara lo mismo que en mi anterior trabajo (estaba en el Lovery): 6.000 euros. Y después un 15% de todos los beneficios: hachís y trata de blancas».

El que iba a ser director del prostíbulo de Jamal Ahmidan recuerda que esa reunión fue antes del Día del Padre (19 de marzo) y después de los atentados del 11-M: «Jamal estuvo de acuerdo con mi propuesta económica y me dijo que por el dinero no me preocupara que él podía responder. Además me explicó que tenía un trabajo pendiente con el que iba a ganar mucha pasta y cerramos, definitivamente, el trato».

Tras el acuerdo, Mario Gascón ya nunca más volvió a ver a su amigo y socio y hoy, todavía, lo recuerda con afecto: «Jamás pensé que pudiera ser un terrorista. Era un tío al que le gustaban el alcohol y las buenas mujeres. Además, le interesaba mucho el dinero».

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¡QUE ISLAMISTAS TAN EXTRAÑOS!

 

09-01-08



Editorial

¡QUE ISLAMISTAS TAN EXTRAÑOS!


Las revelaciones que hoy publica EL MUNDO sobre la conducta de Jamal Ahmidam, El Chino, serían inverosímiles si no encajaran con el perfil que describen numerosas personas que le conocieron, que le presentan como un delincuente de poca monta, dedicado al tráfico de droga a pequeña escala y de muy escasas convicciones islamistas.

Mario Gascón, ex fraile mercedario y confidente de la UCO, asegura que El Chino y Alekema Lamari le ofrecieron en febrero de 2004 -un mes antes del 11-M- montar un puticlub en Málaga con más de 100 mujeres. Gascón desvela todo tipo de detalles de la oferta: El Chino le prometió en un encuentro posterior que le pagaría 6.000 euros mensuales, más un 15% de comisión sobre los beneficios.
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Gascón recuerda que la última vez que habló con El Chino fue después del 11-M, poco antes del 19 de marzo de 2004. Estaban en casa del confidente de la UCO y planearon un próximo viaje al Caribe para traer a las chicas. Según el testimonio de la mujer de El Chino, aquel 19 de marzo fueron a la finca de Morata a comer cordero.

Dos semanas después, El Chino y Lamari volaban por los aires en el piso de Leganés cuando las Fuerzas de Seguridad les tenían rodeados. ¿Tiene sentido que El Chino siguiera adelante con sus planes de montar un puticlub después de haber sido partícipe en la masacre del 11-M? ¿No parece extraño que El Chino volviera a la casa de Morata, el lugar donde se habían montado las bombas y había estado con Trashorras, ya detenido en esa fecha? ¿No es además insólito que un integrista como Lamari o los hermanos Oulad, todos ellos muertos en Leganés, le acompañaran en estas gestiones?

Ya hemos dicho que el testimonio de Gascón es verosímil porque coincide con el de otras personas, que tampoco se explican cómo un delincuente como El Chino pudo ser el jefe del comando de Leganés e incluso leer el comunicado en el que apelaba a la yihad para justificar el terrorismo islámico. También resultan muy llamativas las palabras de Lamari cuando le da garantías a Gascón de que tiene numerosos contactos policiales que protegerán el puticlub. ¿Era el integrista Lamari un confidente de la Policía?

Hay muchas cosas que todavía no sabemos sobre el 11-M y que habría que investigar. Del Olmo interrogó en su día a Gascón con poco entusiasmo y nulos resultados, y el tribunal no hizo nada para que acudiera a declarar. Del Olmo se despidió ayer de la Audiencia, ya que se va en los próximos días a París a disfrutar de una beca de estudios tras una instrucción nefasta y dejando abiertas importantes incógnitas sobre los atentados de Madrid. No en vano su última actuación fue presentar una denuncia contra otros dos marroquíes, uno de ellos, primo de El Chino, a los que considera vinculados a los autores de la masacre.

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Ahmidan tenía un amigo policía

 

09-01-08



Ahmidan tenía un amigo policía

Las relaciones entre Jamal Ahmidan 'El Chino' y Mario Gascón se intensificaron durante los meses de febrero y marzo de 2004 porque estaban ultimando el negocio del prostíbulo de Málaga. Entre conversaciones y encuentros, y en compañía de algún que otro whisky, 'El Chino' confesó al ex fraile mercedario que había tenido un problema en la carretera: «Me ha detenido la Guardia Civil en la carretera, cuando bajaba del norte, del País Vasco, pero he llamado a un amigo mío, Carlos, y lo ha solucionado. Así pude continuar sin problemas».


La retención que tuvo 'El Chino', según Gascón, fue a finales de febrero de 2004. En torno a esa fecha, concretamente el 29 de febrero de 2004, Ahmidan fue parado por la Guardia Civil cuando transportaba los explosivos desde Asturias, pero pudo continuar su viaje hacia Madrid sin problema a pesar de que en su vehículo llevaba una maza y un cuchillo.

Gascón, que en aquella época seguía colaborando con la UCO de la Guardia Civil, quería saber más sobre el amigo de 'El Chino', Carlos, y preguntó sutilmente: «Me preocupó el comentario de Jamal porque entendí que él también colaboraba con algún círculo de la Policía. También me indicó que Carlos era un jefe de la Policía, pero hay que tener en cuenta que los moritos no distinguen entre Guardia Civil, Policía o CNI. Para ellos todos son policías».

Mario Gascón deduce que el tal Carlos podría ser de la Guardia Civil y un mando, pero no tiene la certeza. De lo que sí estaba seguro el ex fraile mercedario, después de la conversación con Allekema Lamari, es de que un grupo de policías del norte apoyaba o iba a participar en el negocio del prostíbulo ofreciendo protección.

«A partir de aquel momento supe que tenía que tener cuidado con todo lo que comentaba con Jamal, pues no sabía si era confidente policial o trabajaba para algún grupo corrupto de la Policía», sentencia el ex fraile mercedario. Cuando se le insiste a Gascón sobre la personalidad del tal Carlos responde con una reflexión: «No me preocupé sobre quién podía ser el tal Carlos, lo único que supe y me planteé es que tenía que tener cuidado».

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Su perfil (nada) islamista

 

09-01-08



Su perfil (nada) islamista


EL MUNDO

MADRID.- Narcotraficante, emparejado con una española yonqui con la que tuvo un hijo al que llevaba a un colegio católico y aficionado a los coches de lujo. Bebedor y putero. Celebraba el día del padre. Sus 'negocios sucios' los cerraba en restaurantes de la multinacional norteamericana McDonald's. Y ahora, además, se conoce que estaba negociando con un confidente policial para montar un prostíbulo. Todo un islamista. El perfil de Jamal Ahmidan, 'El Chino', el supuesto jefe de la célula que ejecutó el 11-M, se ajusta más bien al de uno de tantos marroquíes adaptados al modo de vida occidental que al de un radical suicida abducido por el Corán.

'El Chino' llegó a España a primeros de los años 90, al calor del floreciente negocio de importación y distribución de hachís de su hermano Mustafá. Muy pronto conoció a Rosa, una adolescente heroinómana, que se convertiría en su compañera y con la que tuvo un hijo. Jamal tocó casi todas las ramas de la delincuencia común: del atraco al tráfico de drogas y de coches robados. En 2001, fue encarcelado en Marruecos, y volvió en verano de 2003. Supuestamente, 'islamizado', lo que no le impedía manejar un BMW blindado con televisión incorporada y seguir con sus negocios del bajo hampa. Desde entonces, apenas unos meses le sirvieron para organizar el mayor atentado de la historia de Europa.

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Un terrorista poco discreto

 

09-01-08



Un terrorista poco discreto


E. M.

MADRID.- Los movimientos de Jamal Ahmidan, 'El Chino', en los días inmediatamente posteriores a la matanza de los trenes no fueron precisamente los de un terrorista interesado en pasar desapercibido. Además, al menos desde el día 17 de marzo la Guardia Civil conocía muchos detalles sobre el jefe de la célula que había aportado Rafá Zouhier: la calle donde vivía, su descripción física, su coche, sus costumbres...


La noche del 11-M la pasó Jamal en su propia casa, en la calle de Villalobos de Madrid, y dos días después se fue a Pamplona tras decirle a su hijo: «Los de ETA se han pasado». Los días 17 y 18, cuando la UCO ya tenía la información que les dio Zouhier, pernoctó en Villalobos, y al día siguiente celebró con su esposa y los padres de ésta el día de San José en la finca de Morata. Esa noche durmió en el piso de Leganés, pero antes acudió a la Guardia Civil para denunciar el robo de unos corderos.

El día 20 fue al bar de su hermano Mustafá, quien le advirtió de que la policía marroquí había ido a buscarle a su casa de Tetuán. Desde entonces, no se tienen más noticias de él, excepto que el día 23 llama a su compañera por última vez. El día 3 de abril, la Policía localiza la vivienda de Leganés donde se ocultaba la célula y siete terroristas se suicidan. Entre ellos, 'El Chino'.

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Del Olmo denuncia a Hriz ante Marruecos y deja el 11-M en manos de Grande

 

09-01-08



11-M / La acción judicial

Del Olmo denuncia a Hriz ante Marruecos y deja el 11-M en manos de Grande-Marlaska


El magistrado pasó ayer su último día en la Audiencia antes de comenzar el permiso de cuatro meses - Pide a Rabat que juzgue por terrorismo al presunto autor de la masacre y a un primo de 'El Chino'

MANUEL MARRACO

MADRID.- El juez Juan del Olmo se despidió ayer de la Audiencia Nacional con la presentación de una denuncia para que Rabat acuse a los marroquíes Hicham Ahmidan y Abdelilah Hriz por su presunta intervención en el 11-M. Hriz está imputado como miembro de la célula y autor de los atentados. La supuesta implicación de Hicham -primo de El Chino- se limita a la pertenencia o colaboración con el grupo terrorista.


Dado que ambos se encuentran en territorio marroquí y que Rabat no extradita a sus nacionales, la única vía para que respondan por sus actividades terroristas en España es que su propio país les juzgue. Para ello es necesario que el juez presente una denuncia oficial.
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Esa es la vía emprendida por Del Olmo, que ayer mismo remitió la denuncia al Ministerio de Justicia español. Este la trasladará a sus homólogos en Rabat para que, finalmente, un juez marroquí decida si hay base suficiente para sentarles en el banquillo.

La denuncia cumplimentada por Del Olmo incluye, traducido, el material incriminatorio esencial contra ambos, aunque Marruecos podría solicitar alguna ampliación. España cuenta con un magistrado de enlace con Marruecos, Angel Llorente, que ayer se desplazó a la Audiencia Nacional y entre cuyas funciones se encuentra facilitar este tipo de trámites.

Absuelto en mayo

El pasado 17 de diciembre, Del Olmo viajó a Rabat para interrogar a Hriz. Poco antes de iniciar la comisión rogatoria, el juez fue informado de que, en contra de lo que pensaba, Hriz se encontraba en libertad. El presunto autor del 11-M fue absuelto en mayo de las acusaciones que pesaban contra él en Marruecos. Puesto que Del Olmo aún no había cursado la denuncia, la justicia marroquí no tenía base para mantenerle en prisión. Pero si la presentada ahora prospera, podría volver a encarcelarle.

El ADN de Hriz coincidía con uno de los rastros genéticos anónimos encontrado en dos lugares clave del atentado: la casa de Morata de Tajuña donde se montaron las bombas y el piso de Leganés en el que se inmoló la célula terrorista.

A partir de ahora, será Fernando Grande-Marlaska quien se haga cargo del juzgado de Del Olmo -además del suyo- hasta que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) nombre a un sustituto.

Hasta finales de mayo de este año, Del Olmo se dedicará a elaborar un trabajo de investigación para aprovechar su experiencia en el 11-M. Se trata de un «análisis y reflexión sobre un modelo comparado de instrucción judicial en materia terrorista: Francia-España. Especial referencia al terrorismo yihadista». El proyecto, propuesto por el propio magistrado, le llevará a residir durante los próximos cuatro meses en París.

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Gascón afirma que el coronel Hernando no dijo la verdad cuando declaró en el juicio

 

09-01-08



11-M / Nuevas revelaciones

Gascón afirma que el coronel Hernando no dijo la verdad cuando declaró en el juicio


También avisó de que había huido a EEUU un «morito» y el capitán 'Paco' respondió: «Que se jodan los americanos y que les ayuden los del PP»

ANTONIO RUBIO

MADRID.- El coronel Félix Hernando, jefe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, declaró el 20 de julio de 2004 ante la Comisión de Investigación del 11-M que el 12 de marzo, 24 horas después de los atentados, su unidad contactó con Rafá Zouhier con el único propósito de que les ayudara a buscar por las discotecas del sur de Madrid a un skinhead que venía de Barcelona. Mario Gascón reconoció a EL MUNDO que esas manifestaciones de Hernando no eran ciertas: «Yo mismo, en las dependencias de la UCO, propuse que Rafá nos ayudara a buscarlo y ellos [se refiere al capitán Paco y al coronel Hernando] me dijeron que no, que lo buscara yo».


Mario Gascón, que reconoce que está muy molesto con los agentes de la UCO por las amenazas que recibió y el trato que le dieron en las últimas fechas, quiere dejar muy claro que, «cuando el alférez Víctor y el capitán Paco hablaron con Zouhier (se refiere al día 12 de marzo de 2004), fue por el tema de los atentados, nada más». Y puntualiza: «Al skinhead lo estaba buscando yo».

Sin embargo, el alférez Víctor declaró el 27 de julio de 2004: «Con Rafá Zouhier nos reunimos en la cafetería del centro comercial de la Ermita del Santo y uno de los temas que hablamos fue la identificación de una persona que estaba requisitoriada [sic]».
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El ex colaborador de la UCO mantiene que el encargo que recibió Zouhier el 12 de marzo del alférez Víctor y de sus superiores es que se pusiera a buscar a Jamal Ahmidan, El Chino. Ese mismo día, el colaborador marroquí de la Guardia Civil y el suboficial Víctor (que en realidad se llama Jaime) hablan a través de sus teléfonos móviles en cuatro ocasiones.

Zouhier se aplicó en su cometido y comenzó a preguntar por El Chino en todos los lugares y amigos o conocidos que tenía el terrorista. El 17 de marzo, Rafá proporcionó telefónicamente al alférez Víctor todos los datos que había conseguido sobre Jamal Ahmidan. La Policía grabó esa conversación y supo que Ahmidan vivía en la calle de Villalobos de Vallecas, que usaba un vehículo BMW de color negro de la serie 500 y que tenía Goma 2, detonadores, mandos a distancia y 300 metros de cable.

Y a partir de aquel momento, Rafá Zouhier se convirtió en un sospechoso para El Chino. En la última reunión que Gascón tuvo con Ahmidan, que fue antes del 19 de marzo, el marroquí le dijo: «Rafá está preguntando mucho por mí, por ahí». Y le encargó que trasmitiera a Zouhier el siguiente aviso: «Se está pasando y más vale que se esté quieto porque si sigue le puede pasar algo».

De repente Zouhier se encontró en una encrucijada. Se había convertido en un testigo negativo para la UCO porque conocía todos los pormenores de la venta de los explosivos y, por ese motivo, recibió el consejo de que desapareciera de España. La Policía lo detuvo el día 19 y lo acusó de formar parte del comando terrorista. Por el otro lado, El Chino quería ajustar cuentas con él por ser un colaborador policial.

El siguiente en tener problemas fue el propio Mario Gascón. El colaborador de la UCO, con categoría «A-1», fue invitado a cenar por sus controladores y durante el encuentro fue amenazado, pistola en pecho, para que no hablara del tema de los «moritos». Sin embargo, Gascón recordó a los agentes de la Guardia Civil que había un marroquí de aquel grupo apodado Rachid El Alto que había desaparecido y que era el único que era religioso.

Gascón recordó a sus contertulios que «Rachid El Alto era el único que podía tener pinta de islamista de todos los que formaban el grupo de marroquíes». Y el todavía colaborador de la Guardia Civil argumentó su razonamiento de la siguiente manera: «No fumaba, no bebía y cuando iba a las discotecas con el resto de los moritos se quedaba en un rincón».

Gascón también subrayó que «Rachid El Alto era extremadamente serio y reservado. Era el único que hacía el ramadán y no iba con putas o mujeres. Es decir, iba con todos ellos, pero siempre marcaba diferencias en público.

El capitán Paco preguntó a Gascón por Rachid El Alto: «¿Dónde está ahora?». El colaborador de la UCO respondió: «Creo que se ha ido a Estados Unidos porque su mujer es americana». Y el oficial de la unidad especial sentenció: «Pues ahora que lo busquen los americanos y que se jodan. Y si quieren, que los ayuden los del PP».

El grupo de los marroquíes, como define Mario Gascón a los que se movían con Jamal Ahmidan o habían hecho de la noche madrileña su negocio, estaba formado por Rachid Aglif El Conejo, Carlos Benhur Carlitos, Rachid Taichi El Chico, el mismisimo Jamal Ahmidan y con asiduidad se unía a todos ellos Rafá Zouhier.

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8.1.08

 

'La UCO puso en el mercado los explosivos que se usaron el 11-M'

 

08-01-08



HABLA MARIO GASCON, EL CONFIDENTE HUIDO DE LA GUARDIA CIVIL

'La UCO puso en el mercado los explosivos que se usaron el 11-M'


«Yo mismo ofrecí esa dinamita a varios grupos de colombianos, rumanos y búlgaros, siguiendo órdenes. Más tarde, Zouhier se lo ofreció a los moros»

ANTONIO RUBIO

MADRID.- «Los explosivos que se utilizaron en el 11-M fueron puestos en circulación por la UCO de la Guardia Civil». Así de contundente es Mario Gascón, ex colaborador de la Unidad Central Operativa y que se encuentra huido de España desde hace más de tres años. Gascón, que fue fraile mercedario y director de discotecas antes de convertirse en confidente, va aún más lejos: «Yo mismo, y por orden de la propia UCO, ofrecí esa dinamita a diferentes grupos de colombianos, rumanos y búlgaros que hacían de porteros y hombres de seguridad en las discotecas de Madrid».


Gascón, con el que EL MUNDO ha estado reunido durante tres días, salió de España a finales de 2004, después de recibir amenazas desde la UCO.

«Después del 11-M, el capitán Paco me amenazó con una pistola y me dijo que no contara nada», afirma Gascón. El ex colaborador de la UCO asegura que el oficial de la Guardia Civil sentenció mientras mantenía la pistola en su pecho: «Este marrón se lo van a comer los moros».
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Gascón tuvo una participación muy activa en todo lo relacionado con los explosivos que llegaron hasta manos de Jamal Ahmidan, El Chino, y que después, según la sentencia, fueron utilizados en los atentados. Primero convenció a Rafá Zouhier para que trabajara para la UCO (noviembre de 2001), después lo sacó de la cárcel con la ayuda de la Guardia Civil (febrero 2002) y más tarde participó en una operación (junio-julio 2002) para vender dinamita a colombianos, rumanos y búlgaros. Gascón, que comenzó a colaborar con la Unidad Central Operativa en 1999, estaba considerado por esa Unidad como uno de sus mejores informantes.

El ex director de discotecas conocía muy bien a El Chino y mantuvo relaciones comerciales con el autor material de los atentados. «Yo mismo ofrecí a diferentes grupos de colombianos, búlgaros y rumanos los explosivos que más tarde llegaron a manos de Jamal y de su grupo», ha reconocido a EL MUNDO.

La UCO, siempre según las declaraciones de Mario Gascón, quería hacer una jugada a tres bandas: «Poner los explosivos en el mercado, esperar a que alguien picara y de esa forma detener a vendedores y compradores. Vamos, una operación redonda que tendría una amplia repercusión y que aportaría muchas medallas a los miembros de la UCO». Según sus cálculos, esa operación, que podría ser considerada como un delito provocado, «se puso en marcha a mediados del año 2002, después de que Rafá Zouhier saliera de la cárcel de Villabona y antes de que le explotara un detonador en las manos».

Mario Gascón, que ya ha cumplido los 40 años, se ha convertido en un testigo negativo para la UCO, la unidad que todavía dirige el coronel Félix Hernando. La reunión entre Gascón y EL MUNDO se produjo el pasado mes de diciembre, y en ella el ex confidente fue recordando y desgranando su trabajo en la unidad especial de la Guardia Civil, así como todo lo que ocurrió con los explosivos del 11-M antes, durante y después de los atentados.

La primera vez que Rafá Zouhier habla de los explosivos es en noviembre de 2001, cuando Gascón se traslada a la cárcel de Villabona en compañía del alférez Víctor (cuyo nombre real es Jaime) para intentar captar al marroquí como confidente. Zouhier había participado en septiembre de ese mismo año en un robo a una joyería en la provincia de Oviedo con un grupo de marroquíes que se dedicaban a los alunizajes.

En Madrid, ese tipo de delitos se había convertido en un grave problema y Gascón pensó en matar dos pájaros de un tiro: «Convencí a Jaime (alférez Víctor) de que Rafá podía ayudarnos a descubrir esa banda y así favorecía a los dos. Rafá era un tío que me caía muy bien y muy divertido y, además, ya había trabajado conmigo como hombre de seguridad en un puticlub».

Zouhier acepta automáticamente la oferta de su amigo para convertirse en colaborador y en aquel mismo instante le traslada su primer soplo: «Aquí dentro me han ofrecido 150 kilos de explosivos y el tío que los vende se llama Toro».

Inmediatamente, Gascón traslada la confidencia al alférez Víctor y éste considera que «eso es una fantasmada para darse importancia». El resultado final es que la UCO no cree a Zouhier y decide que el marroquí siga en la cárcel «por fantasma». «Rafá continuó en prisión por culpa de los explosivos», opina el ex confidente.

Pero Gascón no olvidó a su amigo Rafá y volvió a la carga con otro suboficial de la Guardia Civil. En esta ocasión, siempre según el ex colaborador de la UCO, fue el sargento Caballero con el que volvió a trasladarse hasta la cárcel de Villabona: «El sargento Caballero de Valdemoro [Madrid], con el que yo había colaborado en varias ocasiones cuando dirigía la discoteca Groove en Valdemoro, me pidió un favor y yo pensé en Rafá. Caballero habló con la fiscal del caso del robo de la joyería y logró que Zouhier saliera a la calle». El marroquí, ya convertido en confidente, abandonó la cárcel de Villabona en febrero de 2002. Se da la circunstancia de que Antonio Toro había salido de la misma prisión dos meses antes, en diciembre de 2001.

La relación entre Toro y Zouhier había fraguado. Los dos delincuentes compartieron recinto penitenciario durante cuatro meses (septiembre-diciembre de 2001) y volvieron a encontrarse en Madrid, a donde Antonio Toro viajaba desde Asturias para comprar hachís y «darse algún homenaje».

«Después de que Rafá saliera de la cárcel, ya en la calle, Toro le vuelve a ofrecer explosivos. En esta ocasión eran 50 kilos y la UCO decide que entramos en el juego», dice Gascón. El mismo participa en ese juego de compraventa de explosivos: «Yo les ofrecí los explosivos a colombianos, rumanos y búlgaros, pero ninguno entró. Más tarde lo hicimos con los moros, a través de Zouhier».

Gascón llega aún más lejos en la explicación de aquellos hechos: «La orden fue conjunta para Rafá y para mí. Se sabía que había compradores dispuestos a quedarse con la mercancía y la UCO quería detener a compradores y vendedores y así conocer los objetivos de los compradores. En aquella operación se llegaron a pinchar teléfonos».

Desde que Mario Gascón se convirtió en colaborador de la UCO, cuando llegó a Madrid en el año 1999, siempre ha tenido un controlador o supervisor directo: el alférez Víctor. Tras el 11-M, el suboficial de la Guardia Civil fue ascendido a la categoría de teniente. Sin embargo, en la UCO había otros agentes con los que Gascón también tuvo relación: el número conocido como Rafael (cuyo nombre auténtico es Mariano) y el capitán Paco (también conocido como Paris). Tras los atentados del 11-M, y como ya informó EL MUNDO, este último le puso la pistola en el pecho y le amenazó con pegarle un tiro si hablaba.

Todos ellos (el agente Mariano, el alférez Jaime y el capitán Paris), siempre según las revelaciones de Gascón a este diario, estaban al tanto de la operación de venta de explosivos a colombianos, búlgaros, rumanos y marroquíes: «No sé exactamente quién dio la orden de poner en marcha la operación de venta de explosivos, pero el capitán Paco estaba al tanto de todo y supongo que el coronel Hernando también. Jaime [el alférez Víctor] es un agente de calle y no tiene capacidad para tomar decisiones».

El propio alférez Víctor tuvo que reconocer el pasado 9 de abril, durante la vista oral del 11-M, que efectivamente conocía a Mario Gascón y que éste trabajaba o colaboraba con la UCO. Esa misma información también aparece recogida en un documento interno de la Guardia Civil aportado al sumario de los atentados el 19 de julio de 2004. En él se aclara que Gascón es colaborador y que, además, «podría acogerse a los beneficios de la Ley de Protección de Peritos y Testigos».

Después que la UCO ordenara a Zouhier y a Gascón que pusieran los explosivos en el mercado para detener a vendedores y compradores, el colaborador marroquí se desplaza hasta Asturias en compañía del alférez Víctor (febrero de 2003). Zouhier señala a Antonio Toro y al cuñado de éste, Emilio Suárez Trashorras, como los vendedores de la dinamita.

Más tarde, Rafá Zouhier -siempre a instancia de la UCO, según la declaración de Gascón- consigue que Toro le entregue una muestra de los explosivos. El ex fraile mercedario sabe y recuerda que «Rafá entregó al agente Mariano la muestra del explosivo que le había proporcionado Toro. En aquellos días, el alférez Víctor estaba fuera de Madrid».

Gascón también recupera las palabras del agente Mariano sobre la muestra de explosivo: «Me dijo que lo que había traído Rafá era una mierda y que no valía para nada». «La muestra la tiramos a la basura porque estaba caducada y no valía para nada», concluyó el guardia civil.

Con aquellas palabras del agente de la UCO, Gascón dio por cerrado el tema de los explosivos y no volvió a hablar de ellos hasta octubre de 2003, fecha en la que Zouhier ingresa en el Hospital San Carlos de Madrid por una agresión con arma blanca a la puerta de la discoteca Divino. Además, tiene heridas en una de sus manos porque le ha explotado un detonador.

Gascón se entera de lo sucedido y se desplaza hasta el hospital para ver a su amigo. Allí tiene noticias del detonador y automáticamente se las trasmite al alférez Víctor.

El siguiente paso consistió, según Gascón, «en que Víctor fue al hospital a ver a Zouhier y de paso a enterarse, por medio de los médicos, si la herida de la mano era efectivamente producto de las quemaduras que le había producido el detonador». Los facultativos consultados por el suboficial de la Guardia Civil confirmaron el hecho. «Y entonces la UCO recuperó de nuevo la investigación sobre los explosivos: se pincharon teléfonos y se hicieron nuevas gestiones sobre los vendedores», confirma Gascón.

Un testigo muy especial

«Un día se presentaron en mi casa Jaime (se refiere al alférez 'Víctor') y Mariano (el agente 'Rafael'). Me dijeron que me montara en el coche y me llevaron delante del juez Del Olmo». Ese día al que se refiere el ex colaborador de la UCO Mario Gascón fue el 23 de julio de 2004, según consta en el sumario del 11-M.

Gascón recuerda, perfectamente, como estaba el suboficial de la UCO y los consejos que le dio: «Jaime se encontraba muy nervioso y agarrotado y me advirtió: 'El juez te va a preguntar sobre Zouhier y los atentados. Cuanto menos digas mejor'. Y en un apartado, sin que se enterara Mariano, me recomendó que pidiera la protección de testigos».

Gascón, según reveló a EL MUNDO, siguió el guión que le marcó el alférez 'Víctor', y tiró balones fuera: «Me preguntaron por los rumanos, los búlgaros y los moros. Vi que la cosa se ponía fea y decidí que no conocía a nadie y pregunté: ¿Yo aquí en calidad de qué estoy?».

El siguiente paso del colaborador de la UCO fue solicitar la condición de testigo protegido: «Cuando pedí protección me dijeron que lo estudiarían y ya nunca más me llamaron».

Gascón fue citado a declarar en el juicio del 11-M el 23 de abril de 2007 en calidad de testigo protegido, pero no se presentó.

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¿LA UCO, PROVEEDORA DEL 11-M?

 

08-01-08



Editorial

¿LA UCO, PROVEEDORA DEL 11-M?


El mismo día en que la Audiencia Nacional hizo pública la sentencia sobre el 11-M, EL MUNDO ya advirtió que el esclarecimiento de lo sucedido se hallaba en «el final del principio». Y nos basábamos tanto en lo que la sentencia no resolvía -la autoría intelectual o el papel de los nuevos imputados por Del Olmo- como en las incógnitas derivadas de sus propios hechos probados.

Aunque los análisis no avalaran esta tesis, la sentencia da por probado que «todo o gran parte» de los explosivos que estallaron en los trenes provenía de Mina Conchita, y de ahí la importancia del testimonio que hoy publica nuestro periódico de Mario Gascón, confidente de la UCO.
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Gascón -que estaba citado como testigo en la vista oral pero no compareció tras ser amenazado y huir de España- relata hoy en nuestras páginas cómo él mismo -siguiendo las instrucciones de la UCO- ofreció dinamita robada en Mina Conchita a grupos de delincuentes colombianos, búlgaros y rumanos antes de que llegara a manos del comando de Leganés.

Ello corrobora punto por punto la versión en el juicio de Rafá Zouhier e incluso va más allá al acusar a la UCO de haber puesto los explosivos en el mercado. Gascón ratifica también las reuniones en el McDonald's de Carabanchel y asegura que casi todos los asistentes eran confidentes policiales.

Lo que Gascón afirma es que la UCO quería utilizar esos explosivos robados para atrapar a bandas mafiosas, lo mismo que la tristemente célebre Ucifa hacía con la droga incautada para detener a narcotraficantes.

¿Perdió el control la UCO y, al final, los explosivos acabaron en poder del comando de Leganés sin su consentimiento? Parece posible, pero habría que aclararlo y Del Olmo ni siquiera lo intentó.

La otra gran revelación de Mario Gascón es que la UCO hizo caso omiso de las advertencias de Zouhier hasta octubre de 2003, cuando le estalló en la mano un detonador. En ese momento, la UCO se tomó en serio lo que decía Zouhier y decidió seguir investigando, aunque no lo suficiente para evitar la masacre que tuvo lugar tan solo seis meses después.

El testimonio de Mario Gascón deja pocas dudas sobre su autenticidad -entre otras razones, porque se autoincrimina en el tráfico de explosivos- pero abre otras considerables incógnitas. Entre ellas, hasta dónde llegó la UCO, cuánto sabía de los tratos de Trashorras y Toro y si vendieron alguna cantidad de dinamita a ETA. Todo ello sigue pendiente de aclarar, como otras muchas incógnitas sobre el 11-M.

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Los marroquíes que estaban con 'El Chino' en las reuniones de la dinamita eran confidentes

 

08-01-08



11-M / El papel de las Fuerzas de Seguridad

Los marroquíes que estaban con 'El Chino' en las reuniones de la dinamita eran confidentes


Rafá Zouhier, Rachid Aglif y Rachid Taichi fueron captados policialmente en una operación de tráfico de armas y en otras redadas desarrolladas en Madrid

ANTONIO RUBIO

MADRID.- Febrero del año 2002. La Guardia Civil lleva a cabo un excelente trabajo donde detiene a un grupo de marroquíes, a un ciudadano colombiano y a otro búlgaro. Todos ellos forman parte de una banda que se dedica a vender armas cortas entre los porteros de discotecas. Mario Gascón, colaborador de la UCO, ha sido la pieza fundamental para detener a toda la banda y es tajante cuando sentencia: «Todos ellos, posteriormente, se convirtieron en confidentes policiales y salieron absueltos del proceso».

Entre los marroquíes detenidos se encontraban Rafá Zouhier y Carlos Ben Hur, más conocido en los ambientes nocturnos por Carlitos, y fueron investigados Rachid Aglif, El Conejo, y Rachid Taichi, cuyo alias era El Chico. Todos ellos, según se pudo demostrar posteriormente, formaban parte del círculo de Jamal Ahmidan, El Chino, y tenían relaciones comerciales con el líder de la célula terrorista que atentó contra los trenes de la muerte el 11-M.
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EL MUNDO ha conseguido el informe que elaboró el sargento Caballero, que firma como jefe de equipo, sobre la operación policial que recibió el nombre en clave de Segurata (en referencia a los implicados que hacían de hombres de seguridad en las discotecas) y en el que se recogen las pesquisas realizadas por la Guardia Civil de Valdemoro (Madrid).

Los incidentes comenzaron, según el informe, «en la explanada de la discoteca Groove de la localidad de Pinto», donde intentaron asesinar a un «súbdito rumano que venía desempeñando labores de seguridad en dicho establecimiento». Se da la circunstancia de que por aquella época el director de esa discoteca era Mario Gascón.

Y Gascón recuerda aquellos incidentes y su papel dentro de la operación Segurata con bastante nitidez: «Yo tenía trabajando en la discoteca a un grupo de rumanos y búlgaros. También tenía a moritos recogiendo vasos y tal. Hubo un ajuste de cuentas con unos de ellos y el sargento Caballero me pidió ayuda y que le marcara de dónde salían las armas».

El ex colaborador de la UCO no tardó mucho en saber que «las armas venían de Portugal, eran de baja calidad y se vendían entre porteros y encargados de discotecas». También, siempre según Gascón, «esas armas llegaron a los moritos que se dedicaban al tráfico de hachís, a los alunizajes de joyerías y otros atracos».

El barrio de Chueca y la calle Montera de Madrid eran los lugares por donde se distribuían las armas. La Guardia Civil, con la ayuda de Gascón, hizo la correspondiente redada y detenciones, pero más tarde la mayoría de los implicados resultaron absueltos porque los pinchazos telefónicos, según recoge la sentencia, se hicieron irregularmente.

Gascón precisa que «finalmente se produjo una amnesia general, salieron absueltos y todos los detenidos e investigados se convirtieron en confidentes policiales». El ex fraile mercedario también aclara en qué consistió el pacto: «Nos olvidamos del tema, pero a partir de ahora cuando necesitemos información nos debéis un favor».

Por ese motivo, Mario Gascón mantiene que las reuniones que se produjeron en el restaurante McDonald's de Madrid en los meses de octubre y diciembre de 2003, donde se trató la venta de los explosivos del 11-M, «estaban compuestas casi en su totalidad por confidentes policiales».

Hay que recordar que en aquellas reuniones estuvieron presentes, entre otros, Rafá Zouhier (colaborador de la UCO), Rachid Taichi, El Chico (confidente de la Policía según Gascón), Rachid Aglif, El Conejo (colaborador habitual de la Policía según el ex fraile mercedario) y Jamal Ahmidan. Todos esos en representación del grupo marroquí. Por parte del sector español estuvieron Suárez Trashorras (confidente del inspector jefe de Avilés Manuel García Rodríguez), su mujer Carmen Toro y el hermano de ésta, Antonio Toro.

Gascón sostiene que Antonio Toro, según le comentaron sus fuentes, trabajaba para algún servicio de las Fuerzas de Seguridad del Estado y que por eso puede afirmar que «los explosivos del 11-M siempre estuvieron en manos de los confidentes policiales».

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De fraile mercedario a informador con categoría A-1

 

08-01-08



11-M / El papel de las Fuerzas de Seguridad

De fraile mercedario a informador con categoría A-1

ANTONIO RUBIO

MADRID.- Se llama Mario Gascón, fue fraile mercedario, colaborador de la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil, director de discotecas, gerente de varios puticlubs, amigo y socio de Jamal Ahmidan, El Chino, y controlaba a un grupo de marroquíes entre los que estaban Rafá Zouhier y Rachid Aglif, El Conejo, que han sido condenados en el juicio del 11-M a 10 y 18 años de cárcel, respectivamente, por colaboración con banda armada.


Gascón fue citado como testigo en la vista del 11-M, pero no se presentó y la Justicia ordenó su localización. Lleva tres años fuera de España, huido, y no tiene intención de volver porque teme por su vida: «Tengo miedo de que me piquen el billete. El capitán Paco me amenazó con una pistola después del 11-M y me dijo que cerrara la boca».
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En uno de los documentos aportados al sumario del 11-M (que ilustra esta información) se confirma que el ex fraile mercedario tenía relación con esa unidad (en referencia a la UCO): «Colabora una persona con la identidad de Mario Gascón». El informe (17 julio de 2004) está firmado por el coronel jefe, que era y es Félix Hernando.

Gascón tampoco se olvida de todos los delincuentes a los que ha denunciado durante los cinco años que trabajó para la UCO. «Seguro que algunos me quieren pasar factura», dice.

Antes de convertirse en un colaborador de la Guardia Civil con la categoría A-1, la máxima que se otorga a los confidentes, Gascón vistió hábitos de la orden de los mercedarios en Barcelona y estudió teología: «Mi relación con la delincuencia comenzó en la cárcel Modelo de Barcelona. Allí ayudaba, como fraile, a los internos».

Gascón, que ya ha cumplido los 40 años, también hizo el servicio militar en la Ciudad Condal, donde contactó con los servicios de información: «Hacía la asistencia en la cárcel militar y me colocaron en el servicio de inteligencia. Trabajaba con el sargento Landero y en las manifestaciones de insumisos tenía una cámara oculta y hacía fotos del personal».

No duró mucho tiempo como fraile. Tras la jura de los votos simples, abandonó. La seguridad y el mundillo de los servicios de información coparon sus siguientes años: «Comencé a trabajar la noche de Barcelona y terminé como hombre de seguridad en varias discotecas. Más tarde fui encargado».

Y de las discotecas Gascón pasó a los puticlubs: «Regenté el club Pipols, con 140 mujeres. También estuve en La Mansión y El Riviera en Barcelona, que es el puticlub más importante de España». Más tarde el ex colaborador de la UCO recaló en Alicante. Por último, en 1999 se trasladó a Madrid.

En Madrid el ex fraile se convirtió en el rey de la noche y en uno de los principales colaboradores de la UCO: «Me sentía como una parte más de ellos».

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