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30.3.07

 

Díaz de Mera, a la vez yin y yang

 

30-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Los otros procesos / ASI LO CUENTAN

Díaz de Mera, a la vez yin y yang


VICTOR DE LA SERNA

La negativa del ex director general de la Policía a identificar a su fuente da lugar a dos interpretaciones radicalmente opuestas por parte de los medios que defienden con mayor o menor ardor la versión oficial del 11-M: unos dicen que por su culpa se mantiene viva la horrible teoría de la conspiración, pero para otros ha acabado con ella.


Así, 'ABC' carga contra la «inmoral decisión de Díaz de Mera»: «No se entiende que quien tanto hizo por las víctimas del 11-M en el apoyo a sus familias y en la detención inmediata de algunos de los principales acusados ahora amague con un supuesto informe que, si realmente es como dice Díaz de Mera, tendría una incidencia directa en el resultado de las investigaciones. (...) La decisión del ex alto cargo del PP de hurtar al juicio la posibilidad de una nueva prueba, quizá decisiva, quizá irrelevante, sólo contribuye a mantener esas teorías en el terreno impune de la especulación incontrolada que, con total desparpajo, acusa, sin solución de continuidad, a los servicios secretos marroquíes, a ETA, a los servicios de inteligencia del Estado y a una conjura de policías y guardias civiles. [Admiren, por favor, esa descripción pintoresca que el diario monárquico hace de la teoría de la conspiración]. Teorías hechas de forma que no admiten verificación alguna, pero que han dañado gravemente al PP al instalar en la opinión pública la falsa ecuación de que el Gobierno de Aznar salva su responsabilidad política sólo si aparece ETA por medio».

En 'El País', Ernesto Ekaizer dictamina, en cambio, que con la intervención de Díaz de Mera les ha llegado al fin su hora a los conspiradores (no, no nos estamos repitiendo; no hacemos sino recoger las repeticiones ajenas): «La historia de este juicio ya conoce un antes y un después a partir de ayer. Antes, mucha gente podía tener la impresión legítima o incrédula de que la gran manipulación que se ha montado durante tres años por los medios de comunicación adictos al PP no tendría coste alguno. En otros términos, que nadie pagaría la factura. Después de ayer, la factura llega y comienza a ser abonada». Algo parecido opina Carlos Carnicero en 'elplural.com': «No hemos necesitado llegar al ecuador del Juicio del 11-M para desarmar de raíz la farsa montada por el Partido Popular, la Cope y EL MUNDO».

Justamente EL MUNDO no va por esos caminos, claro, sino que recalca: «Si lo que sostuvo ayer el ex director general de la Policía es cierto -y no hay duda de que él lo cree-, habría ya tres serios indicios de la destrucción de pruebas sobre la mera hipótesis de la implicación de la banda en los atentados. Todo indica que los responsables de Interior han intentado borrar hasta los más tenues y superficiales rastros que pudieran conducir a ETA, lo cual ya es de por sí muy revelador de cómo se ha llevado a cabo la investigación policial del 11-M».

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29.3.07

 

La ley del silencio

 

29-03-07



EL BLOC DE

La ley del silencio

Luis del Pino

Multa. El ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera volvió a hablar ayer del famoso informe secreto que relacionaría a ETA con los islamistas y con los atentados del 11-M. Ese informe, según él, habría sido encargado por Telesforo Rubio, el comisario general de Información nombrado por Zapatero. Sin embargo, se negó a revelar su fuente, lo que motivó el episodio más tenso que hemos vivido en este juicio: el presidente del tribunal, Gómez Bermúdez, le impuso una multa de 1.000 euros y dedujo testimonio para proceder contra el eurodiputado popular por una falta de desobediencia. Díaz de Mera justificó su negativa invocando su lealtad al Cuerpo Nacional de Policía y la necesidad de proteger a su fuente frente a posibles represalias, a pesar de las garantías de confidencialidad que el tribunal le ofrecía. La actitud de Díaz de Mera no puede ser más rechazable. Según su razonamiento, ¿deben también callar, por lealtad a su Cuerpo o a sus fuentes, todos los testigos policiales que conozcan datos que resulten trascendentales para la investigación? El que fuera director general de la Policía inauguró ayer la vigencia de la ley del silencio. Flaco favor le ha hecho a la verdad. Y flaco favor les ha hecho, sobre todo, a las víctimas de los atentados. ¿Qué hay en el 11-M tan terrible como para que tengamos que ver espectáculos como éste? ¿Qué están queriéndonos ocultar desde el propio 11-M que sea tan poderoso como para reducir al silencio a quienes en teoría tienen como misión ayudar a perseguir el delito? La lucha por la verdad del 11-M adquirió ayer unos tintes enormemente sombríos.

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Trashorras dijo que los etarras de Cuenca eran amigos de 'El Chino'

 

29-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Las declaraciones

Trashorras dijo que los etarras de Cuenca eran amigos de 'El Chino'


Un inspector de la UCIE relata que lo puso en un informe que ha desaparecido

FERNANDO LAZARO

MADRID.- Alto y claro. El inspector de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) Antonio Parrilla declaró ayer que José Emilio Suárez Trashorras le dijo que El Chino le confesó el 4 de marzo, siete días antes la matanza del 11-M, que habían detenido a «dos amigos suyos» en Cañaveras (Cuenca) con más de 500 kilos de explosivos. Se refería a los etarras Irkus Badillo y Gorka Vidal, capturados por la Guardia Civil. El inspector aclaró que el ex minero no dijo textualmente la palabra ETA.


Este mando declaró que estos datos fueron facilitados por Suárez Trashorras el día 17 de marzo de 2004. En aquellas fechas este inspector, junto al comisario Gamonal de la Unidad Central de Información Interior (UCII), viajó a Asturias para investigar la trama de los explosivos. Este relato concuerda con lo declarado en el juicio por el ex minero.

El inspector describió que en ese encuentro con el ex minero, junto al comisario Miguel Angel Gamonal (que declaró el pasado martes) y él, asistieron un agente del CNI («autorizado por el comisario general de Información») y dos mandos policiales de Asturias.

(.../...)

Suárez Trashorras explicó que El Chino le llamó el citado día 4 desde Baleares y, además de relatarle lo de «sus amigos de Cuenca», le dijo que si ya no se veían en la Tierra se verían en el cielo. Interpretó que el ex minero trataba de desviar la atención de las investigaciones, que ya se centraban en la mina donde trabajó.

Datos literales

No obstante, en su informe sobre la visita a Asturias en la que obtuvieron las informaciones del ex minero y le llevaron detenido a Madrid, este mando de la UCIE sí incorporó «literalmente» todos los datos del encuentro, incluidas las indicaciones sobre los detenidos en Cañaveras con los 500 kilos de explosivos. Ese informe, elaborado por Parrilla el 19 de marzo, dos días después de la reunión, no consta en el sumario. Aseguró que desconocía por qué no estaba en el sumario y que él se lo entregó a su jefe de sección e instructor de las diligencias del 11-M, del que aportó su número de placa.

Además, Parrilla explicó que el jefe del dispositivo de las investigaciones del 11-M le preguntó por sus datos sobre el viaje a Avilés para incorporarlos a sus informes. El inspector le dijo que su informe se lo entregó a su jefe. El jefe del dispositivo le respondió que ya había hablado con ese jefe y que le dijo que no lo tenía. Entonces, el inspector de la UCIE le narró todos los detalles sobre este viaje, incluido lo de los etarras.

Durante la sesión se le mostró un informe policial sin firma de ningún funcionario, que consta en el sumario, en el que se explicaban los detalles del famoso viaje a Asturias. Parrilla negó ser el autor, en contra de lo publicado por algún medio de comunicación. Además, añadió que muchos de los detalles de ese informe no se correspondían ni con lo que él puso en su informe interno del día 19 ni con los datos de Trashorras.

El inspector de la UCIE aseguró que durante esa reunión, cuando se puso de manifiesto el cruce de llamadas, Carmen Toro, que estaba con su marido en la comisaría, se acercó a éste, se le sentó en las piernas y le dijo: «Cariño, di lo que tengas que decir pero a mí déjame al margen». El ex minero pegó un respingo y chilló: «¿Qué ofrecéis? Porque esto es un marrón muy gordo». Sólo tras recibir órdenes del comisario general de Información se procedió, la mañana del 18, a detenerle, pero «no por los datos que aportó en aquella reunión», añadió el inspector.

Parrilla realizó una declaración llena de datos muy precisos y sin dudas. Mostró gran aplomo durante las más de tres horas que se sometió a los interrogatorios, sin dejar puertas abiertas a las interpretaciones. Este inspector fue detenido y encarcelado por orden del juez Del Olmo en el marco de una actuación contra una mafia policial que se dedicaba al tráfico de explosivos. Parrilla está imputado por revelación de secretos a la prensa. En ningún momento fue acusado de tráfico de explosivos. Tampoco fue acusado de realizar un montaje sobre la trama, como apuntaron varios medios. Del Olmo instruyó el caso pese a no ser competente. No está procesado.

Parrilla aseguró ayer que era uno de los controladores de Cartagena, aunque no el principal. Mantuvo contacto con él desde finales de 2002 hasta el 15 de marzo de 2004. Añadió que el último encuentro se celebró en el parque Juan Carlos I y que les preguntó a él y a su controlador principal, el instructor de las diligencias: «¿Como habéis permitido esto con lo que yo os he contado?». Este informador, que dijo haber trabajado para los servicios secretos marroquíes, les dio datos sobre El Tunecino y El Egipcio, entre otros. Incluso, este colaborador les desveló que los sospechosos defendían la práctica de la yihad en España o en Marruecos.

Investigaciones de Garzón

El inspector Parrilla aseguró que todas las investigaciones sobre la células dirigidas por Mustapha Maymouni, «cuya estructura era conocida», fueron judicializadas. Se intervinieron teléfonos, se aportaron domicilios, se controlaron vehículos... Este especialista en terrorismo internacional aseguró que todas estas actuaciones estaban centralizadas en el Juzgado Central de Instrucción número 5, cuyo titular es Baltasar Garzón. Los datos aportados por el colaborador policial 'Cartagena', al que sus controladores conocían como 'Abdou', también fueron administrados por este magistrado. Este inspector aportó los números de las diligencias previas y de los sumarios que instruye este magistrado. Desveló que Jamal Zougam estaba siendo investigado en relación con los atentados de Casablanca por Garzón. No pudo contestar a la pregunta de por qué no se actuó cuando se detuvo a Maymouni por la bomba de Casablanca. «Estaba todo judicializado», aseguró. Dijo que en las notas con los datos de 'Cartagena', que él elaboraba, faltaba una hoja en la que el colaborador alertaba de que Maymouni podía estar relacionado con los atentados de Casablanca. Aseguró que meses antes del 11-M se reforzó la plantilla policial antiterrorista.

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Un hombre de honor

 

29-03-07



A SANGRE FRIA

Un hombre de honor


David Gistau

A veces, los principios son como el banderín del Séptimo agarrado al cual murió Custer. O, al menos, así lo entendió ayer Díaz de Mera, quien prefirió respetar los códigos de comportamiento que le permiten caminar en posición vertical antes que quebrantarlos revelando el nombre de una fuente, tal y como le exigía el presidente del tribunal amparándose en el artículo 716 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
(.../...)


A Díaz de Mera, con su barba de adarga antigua y su memoria del dolor, le puso en la encrucijada una pregunta de la acusación particular referida al supuesto informe encargado por Telesforo Rubio a «un autor y una autora» ajenos a las consignas de la teoría oficial y que habría conectado a ETA con el 11-M. El ex director de la Policía se encontró entonces en una posición descrita en los manuales de ajedrez en la que el jugador saldrá perjudicado de cualquier movimiento que haga. Si entregaba el nombre de ese funcionario «riguroso, fiable y honesto» que le mencionó la existencia del informe, Díaz de Mera se sentiría traidor a las obligaciones de lealtad contraídas por su devoción al Cuerpo. Si no lo hacía, tendría que apechugar con una imputación por «desobediencia grave», cuya primera consecuencia menor fue una multa de 1.000 euros. Consciente de la repercusión del hecho y del atolladero en que la actitud del eurodiputado sumía el proceso, Gómez Bermúdez llegó a rogar, y a conceder recesos para la reflexión, y a encomendarse a los «seres queridos» de Díaz de Mera antes de aplicar las medidas disciplinarias. También debió de pesarle el relato de los acontecimientos vividos por el entonces alto cargo cuando, en primera línea durante el cerco de Leganés, escuchó en un walkie por tres veces el mensaje de «riesgo cero» justo antes de que el abrigo se le manchase entero por la polvareda de la explosión. Todo fue inútil.

Díaz de Mera permaneció atrincherado en una decisión que, si bien corrigió con un ejemplo honorable la sensación de podredumbre moral que siempre sobrevuela el juicio, al mismo tiempo arrojó sospechas sobre la veracidad de ese informe que jamás vio y del que tan sólo le habló alguien que en términos oficiales no existe.

La del informe no fue la única mención a ETA de una jornada en la que se pudo ver a Rachid Aglif sentado fuera del habitáculo, entre los acusados que están en libertad: «Le vi nervioso», dijo Gómez Bermúdez, «y lo saqué un rato para que no armase ningún follón».

Por la mañana, el inspector de la UCIE Antonio Parrilla, quien fue encarcelado por Del Olmo por sus declaraciones a EL MUNDO, contradijo en algunos aspectos lo declarado en la víspera sobre la entrevista con Trashorras en Avilés. Parrilla sí recordó que Trashorras se refirió a la amistad declarada por 'El Chino' con los etarras de la caravana de la muerte detenidos en Cañaveras. También responsabilizó a una orden de la comisaría general llegada desde Madrid de la detención de Trashorras, cuando su compañero de la víspera la atribuyó a una improvisación de los funcionarios, según las declaraciones con las que el minero se incriminó cuando intentaba negociar. Fue impagable el retrato que pergeñó de Carmen Toro como una parodia provincial de las malas a lo Cruella de Ville cuando, sentada sobre las rodillas de su marido, le dijo: «Cariño, cuéntalo todo, pero a mí déjame fuera».

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El Tribunal acusa al director general de la Policía durante el 11-M de desobediencia

 

29-03-07




DIAZ DE MERA SE NEGO A REVELAR QUIÉN LE DIJO QUE SE HABIA DESTRUIDO UN INFORME SOBRE ETA Y EL ATENTADO

El Tribunal acusa al director general de la Policía durante el 11-M de desobediencia


MANUEL MARRACO

MADRID.- El Tribunal Supremo estudiará si el ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera cometió ayer un delito de desobediencia grave al tribunal del 11-M. El eurodiputado del PP, que comparecía como testigo, se negó a comunicar a los magistrados quién le había informado de la existencia de un informe que, supuestamente, relaciona a ETA y el 11-M y que nunca llegó al juez instructor. Su negativa inicial a revelar la fuente le supuso una multa de 1.000 . Su persistencia hizo que el tribunal acordara informar de lo sucedido al Supremo, competente en el caso por la condición de eurodiputado del testigo.

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El incidente se produjo nada más concluir el interrogatorio del fiscal jefe Javier Zaragoza, en el que no se hizo referencia a ese supuesto informe. Sin embargo, la primera pregunta de la primera acusación, la Asociación de Ayuda a Víctimas del 11-M, fue directamente a la entrevista en la cadena Cope en la que Díaz de Mera anunció la existencia del informe.

En ella, el ex director de la Policía afirmó que «es un informe encargado por el comisario general de Información, hoy ascendido a los cielos [en referencia a Telesforo Rubio], es un informe elaborado por la Unidad Central de Inteligencia (UCI), es un informe ocultado al juez Del Olmo, que contiene indicios y pruebas de las conexiones con ETA en un número significativo y muy preocupante».

La de ayer fue una jornada tensa, marcada por el incidente entre el presidente del tribunal y el ex director general de la Policía, que fue sancionado e imputado por faltar a sus obligaciones como testigo. Por la mañana, el inspector que interrogó a Trashorras confirmó que 'El Chino' conocía a los etarras de Cañaveras.

El letrado quiso saber quiénes eran los autores. Díaz de Mera explicó que su fuente no le había dado los nombres, tan sólo un hombre y una mujer. «¿La persona que le habla de este informe quién es?», preguntó entonces José María de Pablos. Y se desencadenó lo inevitable: el ex jefe de la Policía dijo que, con todos los respetos al tribunal, no iba a revelar el dato. Y el tribunal, que la ley le obligaba a hacerlo,

No quiso hacerlo ni siquiera escribiendo su número profesional en un papel reservado para los magistrados. Según dijo, eso pondría en peligro tanto el puesto de trabajo como la seguridad de la fuente.

El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, le recordó que la ley es rotunda al respecto. «Los testigos expresarán la razón de su dicho y, si fueren de referencia, precisarán el origen de la noticia, designando con su nombre y apellido, o con las señas con que fuere conocida, a la persona que se la hubiere comunicado», dice la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Díaz de Mera insistió. «No me lo tome a desacato...». «Entiendo sus prevenciones, pero no las puedo autorizar», rebatió el presidente, que le informó de las consecuencias de su silencio. Ni aun así. «Estoy dispuesto a aceptar las consecuencias».

Esas consecuencias son las recogidas en el artículo 716 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que establece que «el testigo que se niegue a declarar incurrirá en la multa de 200 a 5.000 euros, que se impondrá en el acto». «Si a pesar de esto persiste en su negativa», prosigue, «se procederá contra él como autor del delito de desobediencia grave a la autoridad». El Código Penal castiga la desobediencia grave con entre seis meses y un año de prisión.

Díaz de Mera hizo el doblete: multa de 1.000 euros y deducción de testimonio. Como aforado, será el Tribunal Supremo el que decida si pide al Parlamento Europeo el suplicatorio, es decir, la autorización para poder actuar contra él.

El tribunal del 11-M lo intentó todo para convencer al testigo. Leyó los artículos de la ley, suspendió la vista para que reflexionara y, de vuelta a la sala, le sugirió varios caminos: un nuevo receso, que lo consultase «con sus seres queridos» o, directamente, «con la fuente». «Es que no sé si tiene el teléfono intervenido», replicó Díaz de Mera, que en la entrevista de la Cope ya había descrito su propio teléfono como «un queso gruyére».

El presidente le hizo ver que había algo más allá de la multa y el delito. «La deducción de testimonio es lo de menos. El problema es la situación en la que coloca a este proceso que es tan complicado... Fíjese que le estoy rogando», llegó a decir Gómez Bermúdez.

Díaz de Mera dio por zanjado el asunto: «Estoy absolutamente persuadido de que la fuente nos está escuchando y también de que esto lo están escuchando más policías. Si ellos quieren dar el paso adelante, serán ellos los que lo den. No sé si aquí hay una colisión entre la ley y moralidad de un sujeto, pero si tengo que optar, prefiero que la responsabilidad caiga sobre mí a que caiga sobre la fuente que me facilitó la información».

Antes del incidente, Díaz de Mera había reconstruido, a preguntas del fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, los días posteriores al juicio, con el ritmo de informaciones y datos que obtenía y transmitía.

Tras confirmar con el testigo que no se recibió aviso de la colocación de las bombas, Zaragoza mencionó por primera vez a ETA. «¿Es cierto que era práctica habitual de ETA avisar de los atentados?». La respuesta de Díaz de Mera llevaba tanta intención como la pregunta. «Es de dominio común, señor fiscal jefe, que normalmente avisa, pero que hay actuaciones violentas en las que no avisa».

El testigo explicó que en la primera reunión policial mantenida el mismo 11 de Marzo, en torno a las 11.00 horas, sólo se barajó la autoría de ETA. «Sobre la mesa se colocaron opiniones en la dirección de ETA. Los precedentes que daban pábulo a pensar que pudiese haber sido ETA», dijo, recordando los atentados frustrados de Chamartín, las 12 mochilas bomba de Baqueira, y la caravana de la muerte que se dirigía al Corredor del Henares.

Díaz de Mera confirmó que, al final de esa reunión, el comisario general de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, le comunicó por teléfono al subdirector general operativo, Pedro Díaz Pintado, que lo que había estallado era el explosivo habitual de ETA. «Escuché a Díaz Pintado decir: «¿Titadyn con cordón detonante, pero seguro? Presumo que la respuesta fue 'seguro'. Eso es los que puedo decir».

Esa información se le trasladó de inmediato al ministro del Interior, Angel Acebes, pero apenas duró unas horas. Hacia las 18.00 horas llegó la corrección. «Me dijeron que era dinamita, que no se podía afirmar que fuese Titadyn».

Respecto a las primeras detenciones, explicó que la noche anterior ya recibió noticias «muy ambiguas» al respecto del comisario general de Información, Jesús de la Morena. «A mí sí me habló como de gitanos», dijo, aunque lo justificó el habitual hermetismo de los investigadores para evitar que pudiera desbaratarse la operación.

Zaragoza cerró la parte central del interrogatorio volviendo a ETA. «¿La investigación aportó algún dato objetivo que apuntara a la organización terrorista ETA, al margen de las sospechas iniciales?» «Pues no, que yo recuerde, no», respondió Díaz de Mera.

Sus declaraciones no se apartaron de las que hizo ante la Comisión del 11-M. Sí ofreció un dato nuevo, y como tal lo presentó. Que durante unos minutos emplearon los inhibidores de frecuencia de su propio vehículo para impedir que los terroristas de Leganés emplearan los móviles.

La explosión del piso se produjo en el instante en que escuchaba al subdirector general operativo decirle al jefe de los GEO «riesgo cero, riesgo cero, riesgo cero».

El Sindicato Unificado de Policía (SUP) emitió ayer un comunicado en el que se mostraba convencido de que Díaz de Mera -«el mejor director general de la Policía», le describieron- había dicho lo que creía la verdad, aunque, a su juicio, la fuente le informó erróneamente de la existencia del informe.

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Hay aplausos (selectivos) para el juez

 

29-03-07



ASI LO CUENTAN

Hay aplausos (selectivos) para el juez

VICTOR DE LA SERNA

Un incidente menor y bastante grotesco -el del abogado de Jamal Zougam preguntando a un comisario si sabía de alguna relación entre ETA y el atentado de 1993 en Nueva York- que 'El País' narraba ayer brevemente en páginas interiores, el cuarto entre los cinco artículos dedicados al juicio del 11-M, fue el tema que los responsables de ese diario acabaron escogiendo para sacar a su portada. ¿Por qué? Porque el presidente del tribunal reconvino al abogado por hacer una pregunta irrelevante, lo que le permitía titular: «El juez Gómez Bermúdez vuelve a plantarse ante el bulo de la conspiración en el 11-M».
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El incidente tuvo reflejos variados en la prensa. Según 'La Vanguardia', «Bermúdez soltó algo parecido a un rugido procesal desde el fondo de su sillón, y el letrado pasó a otra cosa». Y a Germán Yanke, en 'ABC', el incidente le recordaba a un etarra detenido antaño y que «para evitar el agobio, contó que en lo que sí había colaborado, aunque de lejos, era en el asesinato de Kennedy. Mano de santo: abandonó los calabozos del País Vasco y fue trasladado urgentemente y con todo cuidado a Madrid». Tampoco parece muy relevante, francamente, pero sí gracioso.

La atención prestada al presidente de la sala es merecida, porque esta alelada exhibición de despiste y desconocimiento por parte de la mayoría de los abogados ya habría hecho embarrancar el juicio de no ser por la mano firme de Gómez Bermúdez. Pero las alabanzas sólo le llegan a éste, en los medios oficialistas, cuando parece corregir los desvaríos de alguna defensa o acusación particular. Callan, por ejemplo, cuando saca a la luz el inverosímil registro de tarjetas de móvil vendidas por los peculiares ciudadanos indios. Y habrá que preguntarse hasta cuándo resistirán la tentación de volver a tildarle de protegido de la mayoría conservadora del CGPJ...

Por ahora, ningún problema. Bastaba ver las portadas cibernéticas de ayer, tras abrir -muy lógicamente- procedimiento a Díaz de Mera por tirar la piedra y esconder la mano.

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28.3.07

 

Exhibición general ante un público horrorizado

 

28-03-07



PREGUERIAS

Exhibición general ante un público horrorizado


VICTORIA PREGO

Si hubo un día en que las gentes del montón pudimos asomarnos al espeluznante cuadro que dio origen a la matanza más grande de nuestra Historia, ese día fue el de ayer. Y lo fue porque estuvieron presentes todos los ingredientes que componen este drama y cuya encarnación, ya sea en un policía inútil, un delincuente de infame condición, unos mineros sin control, unos chicos sin guía y unos fanáticos conchabados para matar a cuantos más inocentes mejor, se nos pusieron delante de los ojos como en una representación teatral en la que los actores acaban saliendo juntos a escena al terminar el último acto para que el público aplauda. Sólo que, en este caso, el público queda mudo de incredulidad y de horror ante lo visto.

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La cosa es que en un país como España, víctima del terrorismo desde hace casi 40 años, resulta que no existe control de los explosivos que se reparten por todo el territorio y que cualquiera puede hacerse con centenares de kilos de dinamita por el sencillo procedimiento de cogerla del suelo, donde se deja abandonada cada noche. Eso contaron ayer los mineros de Mina Conchita.

Y que en este país hay unidades de la Policía y de la Guardia Civil que, habiendo recibido soplos de toda clase, calidad y condición sobre lo que está sucediendo en los bajos fondos de la delincuencia conectados con el islamismo radical, no se mueven para impedir el crimen mucho antes de que haya podido llegar a ser una posibilidad real.

Eso dejó adivinar ayer el policía asturiano 'Manolón', cuyas declaraciones fueron un auténtico oprobio para el Cuerpo de Policía y también para la gente del montón de este país. Un individuo que admite en público que quizá su confidente era quien le controlaba a él y no él al confidente, debería pedir la baja de inmediato. Lo más triste es que, aunque la Policía sea otra cosa muy distinta de lo que se nos viene exhibiendo aquí, éste no ha sido el único personaje de ese nivel que hemos visto pasar por la sala .

Y que en este mismo país hay unos traficantes de droga a pequeña escala que, vista la facilidad para el negocio de la dinamita, son capaces de vender a unos marroquíes los kilos que quieran sin que se pregunten, o sin que la respuesta les importe un bledo, para qué puede utilizarse semejante cantidad de explosivo. Eso contó ayer el joven apodado 'El Gitanillo', que dejó retratado al ex minero Suárez Trashorras como el responsable absoluto del robo de la dinamita y de su inmediata entrega a los islamistas «para robar joyerías». El testimonio de este chico resultó estremecedor... hasta que, llegado el turno del defensor de Trashorras, la gente del montón que no conoce el sumario pero sí recuerda cuántos muertos se sacaron de los trenes aquel día, supo que el joven había cambiado tres veces su versión de los hechos. Y supo algo más y mucho peor: que hay un guardia civil llamado Rafa, que le dijo qué era lo que tenía que declarar ante el juez instructor. Ante eso, el chico sólo atinó a decir: «me puse nervioso, lo que le dije entonces al juez no es verdad». Y todo se hizo de nuevo aún más turbio y más sórdido.

victoria.prego@el-mundo.es

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Un comisario declara que el Gobierno no ordenó orientar las pesquisas hacia ETA

 

28-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / La trama asturiana

Un comisario declara que el Gobierno no ordenó orientar las pesquisas hacia ETA


Asegura que Suárez Trashorras admitió haber llevado a la mina a sus amigos «los moritos»

FERNANDO LAZARO

MADRID.- En una larga y confusa declaración, el comisario de la Unidad Central de Información de Interior, Miguel Angel Gamonal, uno de los responsables de la investigación sobre la trama de explosivos, negó haber recibido orden alguna sobre la orientación que debían llevar las pesquisas sobre la masacre.

Este comisario, especializado en la lucha contra ETA, aseguró que en ningún momento recibió instrucciones del Ministerio del Interior ni de la Dirección General ni de ninguno de sus mandos para orientar la investigación sobre la matanza hacia la organización terrorista ETA. «No recibimos instrucción en ningún sentido» para orientar la investigación. Cuando viajó a Asturias, el 16 de marzo de 2004, aún no se había producido la entrega de poderes al nuevo Gobierno tras el 14-M.
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Destacó que a las 15.00 horas del 11-M tuvieron «sospechas bastante firmes» de que el terrorismo islamista estaba detrás de la masacre. No obstante, este especialista se desplazó a Asturias junto con un agente de la UCIE para investigar el tráfico de explosivos. ¿Si las sospechas eran tan firmes, por qué acude a la zona un experto en ETA con categoría de comisario?

Admitió que recibió órdenes de realizar un informe sobre su viaje a Asturias, durante el cual fue detenido Suárez Trashorras, y detallar en él la entrevista que, junto a su compañero de la UCIE y un agente del CNI, mantuvo con el ex minero. No realizó un informe para incluirlo en las diligencias policiales o en el sumario, sino para consumo interno. En esa nota no se relataban los datos que Suárez Trashorras contó en el juicio sobre las relaciones entre El Chino y los etarras detenidos en Cuenca. Según declaró el ex minero, Jamal Ahmidan le contó, en la última conversación que mantuvo con él, que los etarras que habían detenido en Cuenca eran amigos suyos y que estos datos se los contó a los agentes que se desplazaron desde Madrid para investigar la trama de los explosivos.

El comisario Gamonal negó este extremo y aseguró que en ningún momento Suárez Trashorras les dijo nada de ETA. No obstante, admitió que en parte de la conversación, que se prolongó durante muchas horas, no estuvo presente. Incluso, dijo no haber escuchado a Suárez Trashorras aportar algunos de los detalles que en su informe (ya desclasificado por el Gobierno) recogía el agente del CNI.

Gamonal explicó que, tras realizar gestiones infructuosas con la empresa Caolines de Merillés, se desplazó con su compañero a Avilés porque esta localidad aparecía en el tráfico de llamadas de las tarjetas telefónicas investigadas.

Explicó que en la comisaría de esta localidad se encontró con el inspector Manolón, al que ya conocía. Éste le dijo que un colaborador suyo creía tener datos relacionados con los atentados. Esa misma tarde se reunieron con Suárez Trashorras. Siempre según Gamonal, éste les contó que conocía a «unos moritos de Madrid» relacionados con su negocio y que podrían estar relacionados con los atentados. El ex minero les relató que Mowgli (Ahmidan) le dijo que no tenía miedo a la muerte y que su ejército era el más poderoso del mundo.

El comisario negó en todo momento que Trashorras les hablara de tráfico de explosivos. Sin embargo, admitió, cuando le recordaron su informe sin fecha, que Trashorras les dijo que, «una noche, después de cenar y en ambiente de copas, pasó por delante de la mina donde él trabajó y se la enseñó a los «moritos».

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La visita a Morata de Tajuña

 

28-03-07



La visita a Morata de Tajuña

Muchas fueron las lagunas que los abogados de las defensas pusieron al descubierto sobre los recuerdos de este mando policial del encuentro con Suárez Trashorras. También constataron contradicciones entre lo declarado ayer y lo que incorporó en su informe, del que no precisó la fecha de elaboración, sobre todo en lo relacionado con las tarjetas telefónicas. Aseguró que era el inspector de la UCIE que viajó con él a Asturias el que tuvo el control de esos datos que iba recibiendo de Madrid sobre las investigaciones.


Explicó que hasta el día 18 por la mañana, sobre las 7.00 horas, Suárez Trashorras estuvo colaborando pero sin estar detenido. A esa hora recibieron la orden de Madrid para que se le detuviera.

Relató que cuando bajaron con el ya detenido hacia Madrid, tras leerle entonces sus derechos, pararon por la zona de Morata de Tajuña, durante media hora, para tratar de localizar la finca de los terroristas. El ex minero contactó con su mujer por teléfono para que le aportara algún indicio más para localizar la finca. La gestión fue infructuosa.

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Lavandera, mal, pero peor los 'conspiradores'

 

28-03-07



ASI LO CUENTAN

Lavandera, mal, pero peor los 'conspiradores'


VICTOR DE LA SERNA

En Asturias se traficó durante años con explosivos sin la menor intervención de la policía. EL MUNDO resaltaba ayer que resulta inexplicable esa inacción ante lo denunciado en 2001 -como ratifica la famosa cinta Cancienes- por el confidente Lavandera. Otros preferían descalificar a éste, llamado Lavandero (su alias para la policía) en la versión de 'El País'. Y ese último periódico aportaba una información hasta ahora inédita y muy curiosa sobre, cómo no, la teoría de la conspiración.

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Un comentario editorial en EL MUNDO resaltaba: «No por conocido provoca menos estupor el hecho de que Lavandera contara estos hechos a la Policía primero y a la Guardia Civil después, sin que ni uno ni otro cuerpo movieran un dedo para detener estas actividades. ¿Cuál era el motivo de la impunidad de Toro? ¿Estaban las Fuerzas de Seguridad al corriente de la venta de explosivos a ETA? Y si lo estaban -como insinúan los testigos de ayer-, ¿cómo es posible que no detectaran a tiempo el trato con los islamistas?».

'La Vanguardia' apostillaba que la de Lavandera fue «una información valiosísima» y 'La Razón' que por él resurgió en el juicio «el nombre de ETA». Pero en 'ABC' descargaban todos sus truenos y relámpagos en ese testigo. Germán Yanke lo colocaba en un contexto de delincuencia: «Sabemos que el testigo, quizá por afán de contar y contar, se ha venido inventando algunas historias en el pasado reciente, persecuciones y aventuras, todo muy imaginativo y muy falso. Es [...] una pieza de un submundo que linda y a menudo se cruza con la delincuencia». Y la crónica de la jornada en ABC lo remachaba, por si no estuviese lo bastante claro: «Si algo puso en claro Francisco Javier Villazón Lavandera es que es un catálogo de la delincuencia. (...) Su testimonio resultó poco convincente». El diario de Vocento tampoco se dejaba convencer por el hecho de que el guardia civil Jesús Campillo hubiese grabado las revelaciones, y el lunes lo ratificase en el juicio. Ni se extrañaba de que Campillo fuese retirado inexplicablemente de la investigación tras hacer un informe sobre aquellas advertencias sobre el tráfico de explosivos.

(No dejemos que la realidad nos estropee una tronante recusación...).

En su columna de El País, Ernesto Ekaizer revelaba: «Cuando a la mayoría de los autores intelectuales de la teoría de la conspiración se les recuerda que han dedicado tres años a sembrar sospechas favorables a la participación de ETA en el 11-M, replican tan ricamente que no, que ellos no creen que la banda terrorista autóctona haya tenido alguna vinculación con la masacre».

Uno sólo había oído a esos autores intelectuales (ersatz de ironía...) decir que ni culpaban a ETA ni descartaban su participación. Quizá el columnista de El País debería identificar a quienes, según él, se desmarcan ahora de tal manera...

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'El Gitanillo' dice que vio cómo sacaban los explosivos de la mina

 

28-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Las declaraciones

'El Gitanillo' dice que vio cómo sacaban los explosivos de la mina


El testimonio del único condenado por el 11-M respalda las tesis de la fiscal

MANUEL MARRACO

MADRID.- La acusación mantenida por la Fiscalía recibió ayer un respaldo rotundo con la declaración del único condenado hasta el momento por el 11-M, Gabriel Montoya Vidal, El Gitanillo. El testigo fue parco, pero claro: él mismo vio cómo Emilio Suárez Trashorras enseñaba la mina a El Chino y cómo el terrorista y dos acompañantes volvían con mochilas «cargadas de explosivos».

Tras averiguar, con tono maternal, que el testigo acababa de cumplir 19 años -era menor cuando fue condenado-, la fiscal Olga Sánchez le preguntó por los acontecimientos del sábado 28 de febrero de 2004. Ese día vio por segunda vez a Jamal Ahmidan, El Chino, al que él conocía por Mowgli, el mote que le puso Trashorras. La primera había sido un mes antes, cuando aceptó llevar a Madrid una mochila que, según supo después, contenía dinamita.

Tres viajes

El testigo relató tres viajes a Mina Conchita el 28 de febrero. El primero lo hizo junto a Trashorras, El Chino y los dos acompañantes que éste se había traído, de los que no sabía nombre ni apodo. Llegaron hasta la barrera de entrada. Sólo salieron de los coches El Chino y Trashorras, que se adentraron en la mina durante algo más que media hora. Al volver a los coches para regresar a Avilés, oyó al ex minero decirle a El Chino: «No te olvides de los clavos».

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Los islamistas compraron cuatro o cinco mochilas «grandes, de montaña, oscuras», con las que volvieron a la mina. El Gitanillo les acompañó por orden de Trashorras para indicarles el camino, mientras que el ex minero se quedaba en Avilés. De nuevo, el testigo se quedó en el coche. Echó una cabezada y, un par de horas después, vio a los tres terroristas regresar a los vehículos. «Bajaban con las mochilas llenas de explosivos», dijo ante el tribunal.

Aún hubo otro viaje a buscar más dinamita. Esta vez fueron solos El Chino y los dos acompañantes, que volvieron al garaje de Trashorras para descargar las mochilas. El explosivo llegó a Madrid en dos vehículos.

Ayer, El Gitanillo no quiso implicar al resto de acusados más de lo que ya lo había hecho en sus múltiples declaraciones judiciales. Cuando tocaba hacerlo, respondía con un «no me acuerdo».

El abogado de Trashorras, Gerardo Turiel, centró la defensa del ex minero en las abundantes contradicciones que contenían esas declaraciones judiciales. «En su declaración en Los Rosales [el centro de menores, cuando ya estaba condenado] ofrece tres versiones distintas de lo que sucedió. ¿Cómo sabemos cuándo dice la verdad?». «Esa parte final sobra», atajó el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez. «La retiro», respondió el letrado. «Sí, pero ya la ha dicho», insistió el magistrado, que a continuación preguntó al testigo si en ese momento estaba diciendo la verdad». «Sí».

Las preguntas de la fiscal también abarcaron el viaje en autobús a Madrid. El Gitanillo explicó que fue el acusado Iván Granados quien le informó de lo que había transportado. «Me dijo que hubiera llevado explosivos, que él hubiera ido con Emilio a buscarlos a una mina, no me dijo a cuál».

Hubo también una visita a Mina Conchita días antes de que llegara El Chino con sus amigos. Fue con Trashorras, al que vio reunirse en la distancia con dos personas vestidas de mono azul a las que no reconoció. Cuando volvió al coche, el ex minero le dijo: «Esto está bien, esto está hecho».

La memoria de El Gitanillo también alcanzó ayer a otra frase de Trashorras, esta vez tras el 11-M: «Menuda la que armó Mowgli».

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Torrente 3: misión en Avilés

 

28-03-07



A SANGRE FRIA

Torrente 3: misión en Avilés


David Gistau

Emilio Suárez Trashorras solía acogerse a sagrado en la delación. No en vano, y mientras se tratara de los pecados ínfimos del hachís, por los que 'Manolón' reconoció que a la Policía hasta le daba pereza levantarse de la silla, estaba acostumbrado a que se le aceptara el trueque de información por impunidad.


Por eso no huyó cuando en la mañana del 11-M descubrió para qué querían los «moritos de Madrid» los explosivos de Mina Conchita, sino que acudió a su controlador para negociar en los términos habituales, los que le funcionaban para salvar el culo cuando el delito no era de los que trascienden a las portadas y a los registros históricos de la infamia. Tan emperrado estaba en identificar a los asesinos, que 'Manolón' le puso en contacto el 17 de marzo con el equipo policial que llegó a Asturias siguiendo un rastro de la Kangoo y en el que estaba integrado el comisario de la UCII y experto en la lucha antietarra que declaró ayer: «Le atendimos porque no perdíamos nada. Pero yo estaba escéptico».

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El hampón quedó estupefacto -«Se enfadó un poquito»- cuando los mismos funcionarios de los que acaso esperaba que le nombraran empleado del mes por la información acabaron ciñéndole los grilletes y enfrentándole a una petición de condena que ronda los 40.000 años. Pero antes de eso, tuvo lugar un interrogatorio largo y surrealista, sin presencia de abogados, pero con algunos ingredientes castizos por los que cabe sospechar que algunas escenas de la adaptación cinematográfica de nuestra tragedia y sus misterios subterráneos estarían más cercanas en tono a la saga de Torrente que a JFK o 24 horas. Cómo no imaginar a Santiago Segura con un palillo en la comisura de los labios interpretando a un comisario que agarra a un sospechoso de atentado terrorista y se lo lleva a cenar a una tasca -«Chinita, pan»- o le desatiende a pesar del calibre que van adquiriendo sus declaraciones porque en la tele dan fútbol. Lo que podría hacer un guionista con esa velada cañí a la que sólo le faltó acabar en el club Horóscopo. Sólo entonces, por otra parte, empezó la Policía a contemplar a 'El Chino' desde una perspectiva diferente. El suicida de Leganés que se despidió de Trashorras con un «Nos veremos en el cielo» ya no era un traficante de baja estofa, sino un terrorista por el que ojalá a nadie le hubiera dado pereza levantarse de la silla, ni aunque dieran fútbol en la tele.

El miembro de la UCII, que se reunió con los responsables de Caolines de Merillés para reunir un listado de «mineros sin pedigrí» que se volvió inútil cuando Trashorras se puso en suerte reconociendo que había llevado a los moritos a la mina, dejó algunos otros datos relevantes. Que no creía en ninguna conexión entre ETA y el terrorismo islámico, entre organizaciones «herméticas» y desconfiadas por definición. Pero que tampoco, durante la urgencia de las investigaciones, recibió orden alguna por parte del ministerio de priorizar la pista vasca sobre ninguna otra. Una vez más, y como cuando al principio de la fase testimonial otro funcionario reconoció que sólo el 3 de abril, en Leganés, acabó la confusión y se confirmó sin dudas la teoría islámica, conviene ahora reparar la figura de Acebes, tan maltratada por la agit-prop que con tal de ganar las elecciones lo mismo le llamó mentiroso que se inventó la noticia de los cadáveres de suicidas hallados en los trenes.

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Mareando la perdiz

 

28-03-07



EL BLOC DE...

Mareando la perdiz


Luis del Pino

Tráfico. Un fantasma recorre el juicio: el fantasma de la nitroglicerina. Le presta un aire irreal, un aire espeso y con olor a almendras amargas, a casi todo lo que uno escucha. Un teatro del absurdo travestido de drama pirandelliano: mineros y confidentes en busca de autor, en perpetua persecución de una trama que les preste sentido, de una historia que en realidad ya no le importa a nadie. Porque si en los trenes estalló algo que contenía nitroglicerina, ¿qué tiene que ver con el 11-M toda esta pantomima cutre de mineros corruptos, de confidentes traidores, de policías ineptos, de moritos dudosos? ¿Hubo realmente un transporte de Goma 2 ECO aquel 28 de febrero de 2004? Probablemente ni eso. Pero, aunque lo hubiera habido, ¿qué importancia tiene, si en los trenes estalló otra cosa?


'Gitanillo'. Un ejemplo: el testimonio de El Gitanillo. Tres veces ha cambiado su declaración delante del juez Del Olmo. A este prodigio de coherencia, la fiscal le ha sometido a un interrogatorio en el que sólo le ha faltado responder por el testigo. El Gitanillo enfrentaba sus monosílabos a la obsequiosidad de una Olga Sánchez que parecía aferrarse a la única historia (aunque sea falsa) que le parece coherente en todo este teatro. El abogado de Trashorras ni siquiera ha necesitado emplearse a fondo. «¿Está usted diciendo hoy la verdad?», le ha preguntado Bermúdez a El Gitanillo. El sentido con el que el juez lo inquiría era bien distinto, pero la pregunta pone de manifiesto el problema fundamental: el testimonio apesta de principio a fin. Y, sin embargo, ¿qué importancia tiene? Tenga o no razón El Gitanillo en sus acusaciones a Trashorras, ¿qué tiene eso que ver con lo que estalló en los trenes?

Inhibidores. Quizá lo único salvable sea la declaración de una de las personas que estuvo temporalmente a cargo del operativo en Leganés. Él oyó voces dentro de aquel piso maldito. Oyó también cómo alguien acumulaba bolsas delante de la puerta. Pudo utilizar su teléfono sin problemas, así que los inhibidores no estuvieron funcionando toda la tarde. ¿Qué pasó en Leganés? Algunos de los próximos testigos pueden darnos muchas claves.

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'Manolón' afirma que Trashorras habló con él 63 veces antes del robo de dinamita 'para controlarle'

 

28-03-07



Juicio por una masacre / Día 20

'Manolón' afirma que Trashorras habló con él 63 veces antes del robo de dinamita 'para controlarle'


'El Gitanillo' asegura que acompañó al ex minero y a 'El Chino' a recoger los explosivos en Mina Conchita


MANUEL MARRACO

MADRID.- ¿Quién controla al controlador? El propio controlado. El trabalenguas se desprende de la declaración del policía Manuel García Rodríguez, Manolón, jefe de Estupefacientes de Avilés y del que Suárez Trashorras era, en teoría, confidente. El inspector insistió ayer en que, pese a las decenas de llamadas entre ambos, el ex minero nunca le hizo referencia al interés de El Chino por adquirir dinamita.

Ayer volvió a hablarse del descontrol en la mina asturiana de donde, según la Fiscalía, se sacaron los explosivos. El único condenado hasta ahora, 'El Gitanillo', respondió dócilmente al amable interrogatorio de Olga Sánchez. Además, según el inspector de Avilés, era en realidad su confidente quien le controlaba a él.

Sólo hablaron de tráfico de drogas, y más bien poco, según dijo el inspector, que continuó ayer el testimonio que había iniciado el lunes.

Las declaraciones de Manolón contradicen las de Trashorras, que aseguró ante el tribunal que llegó a mantener una reunión con la Policía en la que se habló «exclusivamente» de explosivos. Ayer, el inspector aseguró que «únicamente» se habló de estupefacientes.

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También desmintió otros episodios relatados por Trashorras que servirían para demostrar el intenso grado de colaboración del ex minero con el inspector, al que, según dijo, «informaba de todo». Según Manolón, Trashorras nunca le llamó desde Canarias para decirle que iba a visitar la finca de El Chino en los alrededores e Madrid y que le pasaría la información.

Esa era, según la defensa de Trashorras, una de las 63 llamadas contabilizadas entre ambos entre finales de 2003 y febrero de 2004. Las explicaciones sobre lo abundancia de llamadas acabaron llevando a Manolón a dar la vuelta a todo. «Ignoro por qué había tantas llamadas, algunas eran muy cortas... A lo mejor quería saber dónde estaba yo. Eso es lo que pienso».

«Es decir, que usted no controlaba a Suárez Trashorras, sino que Suárez Trashorras le controlaba a usted», preguntó con gesto de sorpresa el abogado del procesado, Gerardo Turiel. «Pues a la vista de lo ocurrido, hay bastantes posibilidades de que así sea...».

«Lo ocurrido» es que el 11-M pasó directamente por Avilés, por su confidente, y él nunca supo nada.

El letrado le recordó que, a preguntas del fiscal jefe el día anterior, dijo que a lo mejor el ex minero le llamaba para tener controlados sus movimientos y «hacer sus trapicheos». «Sí. Ahora tengo ya una duda razonable. A lo mejor tanto ir detrás, esa ansia de verme, de estar junto a mí...», respondió Manolón.

La interpretación ofrecida ayer se suma a la expuesta por el inspector ante el juez Juan del Olmo: que Trashorras se aburría y le llamaba para ver qué hacía o tomarse un café.

Cuando supo algo, Manolón no estuvo especialmente activo, según reconoció él mismo. Así sucedió con la documentación falsa de El Chino -relacionada con un vehículo- que Trashorras le hizo llegar a Manolón. «¿Qué hizo usted como policía ante esa documentación falsa?». «Pues la verdad es que no hice nada».

El letrado del asturiano insistió. «En el último trimestre de 2003 y hasta febrero de 2004, Trashorras le dio varias noticias de actividades ilícitas de los moros. De eso, ¿qué sacó en limpio?». «No hubo tales confesiones, nunca me dijo que estuvieran traficando. Yo no tenía noticia de que ningún morito estuviera subiendo a Asturias», dijo, aunque luego reconoció que le había informado de un viaje.

También matizó la oferta de Trashorras de actuar como lanzadera en ese viaje, y así detener «al grupo de moritos». «No dijo fecha de la operación y quedamos pendientes de que nos llamara». Luego, añadió que él prefería operaciones «más fáciles». Paras un coche, incautas y se acabó.

Al descontrol de Manolón le siguió ayer el descontrol de Mina Conchita, tanto dentro de la propia instalación como en el explosivo suministrado. Esto último lo puso de manifiesto un encargado de Canela de Seguridad, la empresa encargada de distribuir los explosivos a la mina. Según declaró, la empresa fabricante sí controlaba las entregas que les hacían a ellos, pero ellos no hacían lo mismo con lo que repartían a distintas minas asturianas. Lo que les llegaba podía acabar en cualquiera de las excavaciones sin saber a cuál. «La Goma 2 venía numerada, pero nosotros no apuntábamos la numeración», dijo.

También declararon ayer los hermanos López González, que trabajaron durante años en Mina Conchita y llegaron a coincidir allí con Trashorras. Dijeron como testigos lo que habían mantenido algunos procesados. Que el descontrol de dinamita y detonadores era casi absoluto y que los minipolvorines, cerrados con llave, eran casi un adorno. «Allí donde se cruzaban los caminos, quedaba la llave», dijo uno de los hermanos.

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27.3.07

 

'Manolón' asegura que Trashorras no le alertó sobre 'El Chino'

 

27-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / La trama asturiana

'Manolón' asegura que Trashorras no le alertó sobre 'El Chino'


El ex minero le dijo en tres ocasiones al inspector que el 11-M lo perpetraron «los moritos»


FERNANDO LAZARO

MADRID.- El inspector Manuel García, ex responsable del grupo de Estupefacientes de Avilés, aseguró ayer que el ex minero José Emilio Suárez Trashorras no le dio absolutamente ningún dato sobre El Chino hasta después de los atentados del 11-M.

Este mando policial compareció a última hora de la tarde de ayer y únicamente respondió a las preguntas del Ministerio Público, que en esta ocasión fue representado por el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza. Su interrogatorio continuará durante la mañana de hoy.

García, conocido como Manolón, explicó que conocía a Suárez Trashorras desde 2001, tras su detención por la operación Pípol. Aseguró que el ex minero se ofreció para colaborar con él a cambio de que lograra que su cuñado Antonio Toro pasara las Navidades de aquel año con su familia.
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A partir de entonces, con una cadencia de una operación al año, el ex minero aportaba al inspector informaciones sobre tráfico de estupefacientes que permitían desmantelar organizaciones criminales. Negó que durante la relación de «colaboración» le hubiera hablado en alguna ocasión del tráfico de explosivos en Asturias, o de que él estuviera relacionado o conociera a alguien que se dedicara a ello. Unicamente le dio datos sobre tráfico de drogas. Manolón aclaró que el ex minero no era un confidente, sino un colaborador con el que mantenía «una relación casi familiar».

Y como dato para avalar que Trashorras no le daba ninguna información sobre explosivos, el mando de Avilés aseguró que, en 2002, las Jefaturas de Policía de Oviedo y de Gijón pusieron en marcha una operación conjunta en la zona de Avilés para investigar una denuncia sobre tráfico de explosivos. Manolón no obtuvo nada en esta operación, que se cerró al no poderse concretar la denuncia, explicó. No obstante, sí explicó que en la denominada operación Pípol, tras la que le captó como informador, a la trama a la que pertenecía Suárez Trashorras, además de 60 kilos de explosivos, se le incautaron también 96 detonadores y 16 cartuchos de dinamita. Por cierto que, según el testimonio de Manolón, Trashorras le dijo que había sido una mala operación policial porque se habían dejado en algunos pisos varias partidas de cocaína y de hachís.

Declaró que una de las operaciones que facilitó permitió detener a uno de los antiguos miembros de la banda del propio Suárez Trashorras. Se trataba de José Ignacio Fernández Díez, Nayo, quien alertó del tráfico de explosivos que dirigía este ex minero cuando estuvo en prisión, antes del 11-M, y avisó también de que la trama del ex minero pretendía vender dinamita a ETA.

El inspector de Avilés, en un interrogatorio dulce y sin apreturas del fiscal, pasó de refilón sobre los comentarios que Suárez Trashorras le hizo sobre «los moritos» antes del 11-M. Explicó que, en una ocasión (no supo concretar la fecha, como casi ninguna), le contó que había bajado con su entonces novia Carmen Toro a ver a unos amigos «moros» a Madrid porque habían tenido familia y les llevaban un regalo.

Sólo tras el 11-M, Suárez Trashorras le habló de El Chino. En concreto, según el testimonio del inspector, el mismo día 11, en un bar, se le acercó y le dijo que los atentados habían sido obra de «los moritos». El mando policial de Avilés no le dio ninguna importancia al comentario, comentario que se repitió al día siguiente (cree) y tampoco le dio importancia. Fue el día 15, cuando por tercera vez le repitió que la acción es obra de los moritos, cuando el inspector le preguntó que en qué se basaba. Y Suárez Trashorras le dijo que uno de los «moros» con lo que él hablaba le llamó antes del 11-M y le dijo que si no hablaban en la tierra ya hablarían en el cielo; y que ya no había podido volver a hablar con él. Fue entonces cuando el inspector se puso en contacto con Madrid, según su testimonio, para contar estos datos, por su utilidad. Pero para entonces ya estaban en Asturias dos funcionarios de la Comisaría General de Información investigando la trama asturiana. Declaró que fue él el que citó a Suárez Trashorras en la comisaría el día 17 para que sus compañeros de Madrid pudieran hablar con él. «Yo estuve en parte de la reunión, pero por la tarde ya no volví», explicó. De hecho, explicó que de su «colaborador» se hicieron cargo durante todo aquel día los funcionarios de Madrid. Dijo que en ese encuentro también estuvo un funcionario de la Jefatura Superior de Policía de Asturias y un agente del Centro Nacional de Inteligencia. Aseguró que estuvo al principio de la reunión, pero que luego se fue a su despacho. Manolón sostuvo ayer que durante esa reunión, Suárez Trashorras no dijo nada de que El Chino le hubiera contado que los etarras detenidos en Cuenca con una furgoneta repleta de explosivos eran sus amigos.

El fiscal Zaragoza le citó uno por uno los presuntos implicados en la trama asturiana y le preguntó a Manolón si su informador le habló de ellos antes del 11-M. El inspector negó a todas las preguntas. No le habló de nadie antes de la masacre.


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El fantasma de ETA se sienta en el estrado

 

27-03-07



PREGUERIAS

El fantasma de ETA se sienta en el estrado


VICTORIA PREGO

ETA se paseó ayer con amplitud e insistencia por la sala del juicio. Unas veces con más verosimilitud y otra veces con mucha menos, su fantasma apareció como invitado de piedra en mitad de un panorama siniestro de actividad delicuencial protagonizado por gentecilla que optó hace años por sobrevivir sin vergüenza, sin compromisos y sin lealtades, ni a los suyos ni a lo que nosotros llamaríamos la sociedad española y ellos llamarían «los otros», es decir, nadie. Hasta ayer mismo, la sola mención por parte de algunas de las acusaciones de algo que se acercara mínimamente a las siglas de la banda, se había venido considerando una suerte de herejía maledicente. Pero el nombre de ETA saltó ayer todas las barreras y campó libremente por entre las declaraciones de los testigos.
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En un día algo confuso, muy lleno de intervenciones variadas, con pocas pinceladas de verdad entre innumerables trasuntos de mentiras como puños, distintos declarantes trajeron el tema a colación. Por ejemplo, un compañero de prisión de uno de los personajes de esta historia, un huido de la justicia llamado 'Nayo', explicó al tribunal cómo su compañero de cárcel le había encargado que contara a la Guardia Civil lo que él mismo ya había tratado de explicar a la Policía: que los asturianos Toro y Trashorras no sólo traficaban con explosivos, sino que uno de ellos estaba en contactos con ETA. Hasta ahí, el relato podía ser verosímil. Pero ya se entró en el terreno de la fábula cuando le escuchamos decir que -siempre según Nayo- Toro intentó vender esos explosivos a la banda, pero que los terroristas se los quisieron llevar por la cara, es decir, robándoselos al asturiano y que, en vista de eso, se produjo un tiroteo.

Los etarras son unos asesinos, unos extorsionadores y para qué vamos a seguir. Pero no se tiene noticia de que dispongan de una división de rateros para ir afanando la dinamita que luego destinan a segar la vida de inocentes. O la roban en grandes proporciones, como en el polvorín francés de Plévin, o la compran con el dinero que han obtenido del chantaje. Pero no se lían a tiros para hacerse con el material si no es porque la Policía les coge en plena operación. Éstos, los tiros los dan en la nuca. Qué más quisiéramos que se hubieran convertido en unos meros chorizos. Pero no.

También el testigo Lavandera mencionó a ETA y también estableció la relación entre la banda y Antonio Toro. Pero, de lo que este hombre explicó, muchos sacamos la impresión de que el tal Toro es tan delincuente como fanfarrón, capaz de mostrar a un casi desconocido el interior del maletero de su coche repleto de dinamita y detonadores. Y aún más, capaz de jactarse de conseguir 1.000 kilos de ella en una semana. Más creíble resulta que Lavandera haya escuchado decirle que podría ganar mucho dinero si aceptaba llevar explosivos al País Vasco. Esto sí encaja. Pero no encaja, sin embargo, que le dijera también que ETA estaría dispuesta a pagar mucho dinero a alguien que supiera cómo hacer explosionar bombas con teléfonos móviles. Y lo que ya rozó el delirio fue cuando Toro le dijo, según él, que también podría ganar mucho dinero si aceptaba matar a una persona. Por encargo de ETA, dijo. De ETA, que se ve que no tiene experiencia en esas cosas o que, teniéndola, le dio reparo. Qué cosas se oyen. Ya dijo el propio testigo que él mismo había considerado todo esto como una chiquillada de Toro «porque no creo que los de ETA sean tan tontos». Efectivamente, son asesinos pero no idiotas.

Por lo demás, asistimos a la declaración de una de las muchas novias que ha tenido el hiperactivo Zouhier, novia que se desquitó muy a gusto de tanto mal trago como el maromo debió de hacerle pasar en su día. Esta mujer, segura de sí misma, a veces incluso desafiante, demolió al procesado a base de definiciones implacables del tipo de hombre violento, capaz de vender hasta a su madre, y a base de contar al tribunal cómo había recibido amenazas de su novio para que no contara nada de lo que sabía. «Yo nunca he confiado en él» dijo ella en lo que era una invitación a que todos los presentes, especialmente los jueces, hicieran lo propio.

El último declarante de la jornada, el policía asturiano 'Manolón', de momento sólo ha dicho que no estaba enterado de nada de lo importante. Hoy sabremos más.

victoria.prego@el-mundo.es

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La asesoría que alquiló el piso de Leganés ni llegó a publicitar que estaba disponible

 

27-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Las incógnitas

La asesoría que alquiló el piso de Leganés ni llegó a publicitar que estaba disponible

Según un empleado, fue la única vivienda que arrendaron, ya que no se dedicaban a ese negocio El jefe de Seguridad de Amena guardó los datos de la antena de Morata por decisión propia

MANUEL MARRACO

MADRID.- El estreno de la asesoría en el negocio de alquiler de pisos no pudo ser más desastroso. El único que arrendaron fue el de la calle de Carmen Martín Gaite de Leganés en el que acabó suicidándose la célula terrorista. Así lo explicó ayer uno de sus empleados, que declaró como testigo ante el tribunal, que añadió que no habían llegado a hacer ninguna publicidad de que el piso estaba disponible.


Según dijo, ellos no se dedicaban al alquiler, pero el propietario era cliente de la asesoría y les pidió que le hiciesen esa gestión.
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El testigo también fue interrogado por la hora en la que la Policía le pidió datos sobre el piso. Su respuesta encajó con la versión mantenida por la Fiscalía en su escrito de acusación. No fue hasta las 13.00 horas del mismo día 3 de abril, el mismo del suicidio colectivo. Tras un segundo contacto, ya desde el despacho, le dio la dirección exacta.

Un intermediario

La Policía llegó hasta la asesoría porque había recibido una llamada desde uno de los números de teléfono atribuidos a la célula. Según se desprende de la investigación, el contrato de alquiler lo firmó uno de los huidos de la célula, Mohamed Belhadj, que llegó a la gestoría acompañado de un intermediario que no ha sido acusado.

También compareció ayer ante el tribunal el director de Seguridad de Amena, José Domingo Río. A preguntas del fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, relató la secuencia de actuación en torno a la tarjeta intervenida en la mochila de Vallecas.

La Policía le llamó por primera vez en torno a las 10.30 o 10.45 horas del 12 de marzo y le dieron el número de la tarjeta a la que debía seguir el rastro. Poco antes de las 14.00 horas ya pudo informar a la Comisaría General de Información de que había sido vendida a Shindu Entreprise, cuyos propietarios recibieron la visita de incógnito de la Policía esa misma tarde. Un par de horas más tarde, casi a las 17.00 horas -según se desprende del sumario- el juez emite el mandato judicial para localizar esa tarjeta.

Hacia las 21.00 horas, los técnicos le informaron de que habían encontrado un rastro de la tarjeta en la antena instalada en la localidad de Morata de Tajuña. La tarjeta constaba como expedida, es decir, sólo se había introducido el pin, sin realizar llamadas. Ese tipo de información, explicó el testigo, sólo sobrevive 72 horas.

El testigo afirmó que decidió en ese momento retener todos los datos correspondientes a esa antena, por si otras tarjetas también se habían activado allí, lo que sucedió con otra media docena de tarjetas.

El fiscal jefe defendió en una de sus preguntas-explicación que su decisión de retener los datos de la antena de Morata era perfectamente legal: «Es decir, que se trata de una medida preventiva que usted toma en el marco de las funciones que tiene legalmente atribuidas». El testigo lo ratificó y añadió que era habitual tras un atentado retener los datos telefónicos de la zona afectada.

Pese a la facilidad con la que decidió retener datos de Morata, el jefe de Seguridad añadió que el día 13 pidió a las Fuerzas de Seguridad que le consiguieran un mandamiento judicial para el resto de tarjetas vendidas junto a la de la mochila desactivada en Vallecas. Según explicó, si se habían activado el día 10, la víspera de los atentados, su rastro se perdería al final de ese mismo día 13 si no habían efectuado llamadas.

Eso fue lo que pudo suceder con media docena de tarjetas supuestamente empleadas por la célula de las que nada se supo. También cabría la posibilidad, explicó, de que simplemente, se hubieran activado bajo otro repetidos de telefonía -por ejemplo, Leganés- y que no llegaran a tiempo para estudiarlo.

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Sbai cree que la Guardia Civil dejó pasar a la caravana gracias a Zouhier

 

27-03-07



Sbai cree que la Guardia Civil dejó pasar a la caravana gracias a Zouhier


JOAQUIN MANSO

MADRID.- «Es muy extraño que se pare a marroquíes en una carretera y no se les registre». El testigo Lofti Sbai expresó ayer su «sospecha» de que el confidente de la Guardia Civil Rafá Zouhier participase de alguna manera en el transporte desde Avilés (Asturias) de los explosivos que, según la Fiscalía, explotaron en los trenes. De esta manera, se explicaría que la patrulla que dio el alto por exceso de velocidad al Toyota Corolla que conducía Jamal Ahmidan, El Chino, no comprobase su matrícula.

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El vehículo había sido sustraído en septiembre de 2003, y viajaba con las placas dobladas. En la provincia de Burgos, la Guardia Civil ordenó al coche detenerse. El Chino enseñó entonces un pasaporte belga y dijo que no tenía el permiso de circulación. Los agentes le multaron, pero le permitieron continuar viaje.

Lofti Sbai recordó una ocasión en que circulaba con Rafá Zouhier y la Policía les mandó parar. Aseguró que les pidieron la documentación y que, «de repente, vino un compañero que estaba hablando con Rafá y les dijo: 'Eh, devolvédselo todo, que son buena gente'. Y no comprobaron nuestra filiación, ni si el coche era robado». El testigo, que era compañero de piso de Zouhier, hizo así un paralelismo con la situación que se dio en el viaje desde Asturias, donde el acusado iba con frecuencia.

Servicios secretos

Sbai es hijo de un ex agente de los servicios secretos marroquíes. Se encuentra en prisión por tráfico de drogas y estuvo imputado en la causa del 11-M. El juez Del Olmo le atribuía la condición de intermediario entre el guardia civil Pedro García y los islamistas en el tráfico de las armas.

El testigo también relató el episodio de su cumpleaños, que se celebró en una céntrica marisquería madrileña tres días después de los atentados. Allí vio a Antonio Toro y a Zouhier discutir porque el primero temía que «unos explosivos que su cuñado había vendido a El Chino» fuesen los utilizados para la matanza.

Añadió que recomendó a Zouhier que contase a la Policía cuanto sabía, que éste «estaba muy asustado» y que prefirió, con ayuda de su madre, «buscar a un guardia civil que testificase que él había avisado antes de los atentados». También añadió que, en una ocasión, le enseñó un subfusil con el que pretendía atacar al portero de una discoteca.

Previamente declaró una ex novia de Zouhier, que contó que, una vez, pudo ver «un agujero en el colchón, manchas de sangre en la pared y la mano quemada de Rafá». Señaló que la versión que le dio el acusado es que se había producido una explosión cuando manipulaba un móvil.

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Los primeros días

 

27-03-07



EL BLOC DE

Los primeros días


Luis del Pino

Tarjeta. Declaración del jefe de seguridad de Amena, que ha hablado de lo que fueron aquellas primeras investigaciones realizadas a partir de la tarjeta de Vallecas: cómo se averiguó dónde se había vendido esa tarjeta, cómo se supo que pertenecía a un lote de 30 que había sido vendido a través del bazar de unos hindúes, cómo se determinó que se habían activado siete tarjetas de ese lote bajo un repetidor de Morata de Tajuña... La petición al jefe de seguridad de Amena, para que averiguara la ruta de comercialización de la tarjeta, se produjo a las 10.30 horas del 12 de marzo, y quien realizó la petición es un comisario de la CGI a quien el testigo no ha identificado (aunque sí ha dicho que no pertenece a la UCIE). Ha precisado el testigo también que no es hasta las 21.00 horas de aquel 12-M cuando consiguen ver, consultando las bases de datos de los repetidores, que aquella tarjeta de Vallecas se había encendido en Morata. Interesantes datos. Como también es interesante otra información que el testigo ha proporcionado: nunca tuvo esa tarjeta en sus manos durante el 12-M, lo único que a él le dijeron ese día fue el número que debía investigar. Sin embargo, sí que le dieron físicamente esa tarjeta al día siguiente, 13 de marzo: se la dieron dos funcionarios de la UCIE, que luego se la volvieron a llevar. Tiempo habrá de entrar en las consecuencias de estos datos.

Sbai. ¿Con quién estaba reunido este testigo, hijo de un militar marroquí, el 4 de marzo de 2004, una semana antes de los atentados? ¿Estaba reunido con amigos de su padre, como afirmaba el propio Sbai en las conversaciones telefónicas grabadas? ¿O fue abordado por miembros de la Udyco, como declaró hoy en el juicio? Fue precisamente en el marco de esa investigación de la Udyco en la que se seguía a Lofti Sbai donde se decide intervenir el teléfono de Rafá Zouhier el 12-M. Esa intervención tan casual que permitió localizar la trama asturiana pocos días después de los atentados. ¿Era verdaderamente Jamal Ahmidan amigo de Zouhier, como afirma Sbai? ¿O es Zouhier el que dice la verdad cuando lo niega? ¿Quién de los dos es más fiable: Sbai o Zouhier? En realidad, ninguno.

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Abierta como una res

 

27-03-07



A SANGRE FRIA

Abierta como una res


David Gistau

El presidente Gómez Bermúdez parece ocupar una cofa en la que apenas nada escapa a su vigilancia. Ni las irregularidades procesales, ni los movimientos entre el público o dentro del habitáculo. Por la mañana, detectó la caricatura explosiva de Mahoma estampada en una camiseta con que una víctima de la asociación de Pilar Manjón se sentó en la fila inmediata al cristal blindado. Por orden suya, la mujer fue desalojada e identificada para comprobar que no estuviera intentando transmitir un mensaje a los acusados. No había tal: tan sólo se trataba del intento de desahogar la rabia contenida, antes que de provocar, de una mujer que perdió a su marido en el 11-M y a la que el incidente volvió a abrir heridas anímicas que los psicólogos y sus compañeros de asociación se emplearon en suturar.
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Por la tarde, otro detalle obligó a intervenir a Gómez Bermúdez cuando, con un tono casi socarrón, reprochó al abogado de Trashorras que revelara el nombre de un testigo protegido cuya identidad, como el propio presidente reconoció, en realidad no era ningún secreto: la del confidente Lavandera. El que fue portero y adiestrador de serpientes en el club Horóscopo de Gijón ha recorrido, hasta alcanzar el búnquer de la Casa de Campo donde Trashorras y Toro se mofaron a mandíbula batiente de cuanto dijo, un camino especialmente tortuoso y cargado de dolor en el que no han faltado amenazas realizadas por individuos que se identificaron como policías e intentos de asesinato a bomba y a bala. La catadura de la gente que puso a Lavandera en los contratos de los matones queda retratada por la ocurrencia sádica de enviarle unas fotografías de la autopsia de su mujer -abierta como una res- que se habría suicidado en el Cantábrico al no soportar la presión de saber que, para extorsionar a Lavandera, alguien urdiera hacer con ella y con sus hijos lo que Vito Corleone con la cabeza del caballo.

Las informaciones que Lavandera sacó desde 2001 del club Horóscopo, y que sustentaron la operación Serpiente, le propiciaron innumerables enemigos cuando ya «hasta el electricista» del club le tenía calado como confidente, a raíz de una indiscreción policial.

Obligado a «sospechar de todos», Lavandera reconoció que para ajustar cuentas con él había formada una cola como la de la pasajera histérica de Aterriza como puedas, en la que lo mismo había rumanos, que colombianos, que asturianos del lumpen del tráfico de drogas y explosivos, que elementos de la presunta trama policial que le habría prohibido mencionar los trapicheos con ETA de los que se ufanaba Toro «por darse importancia en el club». En este sentido, en la sala asombró el desparpajo con que Toro le habría mostrado, nada menos que junto a una comisaría, un cargamento de Goma 2 ECO contenido en el maletero del Xsara. Con que habría ofrecido explosivos «a diestro y siniestro» con una sensación de impunidad. Incluso cuando Manolón negó ayer las confidencias de Trashorras respecto al interés de El Chino por los explosivos, se instala de nuevo la sospecha de que el 11-M fue posible en parte por la negligencia y cierta tolerancia ante los delitos de perfil bajo: «algún minero» con «cuatro cartuchos» que colocar. Y sólo luego, ante el estruendo del peor atentado de la Historia española, se reparó en que había que sellar los cabos sueltos que delataban una conducta culpable por omisión que ya no había forma de disimular como cuando se trataba del menudeo de «moritos del hachís» y de bandarras de puticlub.

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Lavandera y otro testigo declaran que Toro vendía dinamita a ETA

 

27-03-07



Juicio por una masacre / Día 19

Lavandera y otro testigo declaran que Toro vendía dinamita a ETA


El confidente asturiano asegura que dos policías le amenazaron de muerte a él y a su mujer si lo contaba / Ratifica que en 2001 ya buscaban bombas con móviles


MANUEL MARRACO

MADRID.- El tribunal del 11-M hizo recuento ayer de otros dos avisos que recibieron las Fuerzas de Seguridad sobre el tráfico de explosivos que Antonio Toro y Emilio Suárez Trashorras tenían montado tres años antes de la masacre. En esta ocasión, las declaraciones de dos testigos protegidos tuvieron otro punto en común: que Toro vendía dinamita a ETA. El primero en declarar puso la voz a su compañero de prisión José Antonio Fernández Díaz, Nayo, que se encuentra huido.

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Mientras el confidente asturiano confirma que Toro le habló de que vendía explosivos a ETA, el inspector 'Manolón' asegura que hasta después del 11-M Suárez Trashorras no le dio información sobre 'El Chino'. La declaración del que fuera jefe del grupo de Estupefacientes de la Comisaría de Avilés continúa hoy.

Ambos se hicieron «uña y carne» en prisión, y allí supo que Nayo había denunciado a la Policía que Toro tenía montada una red de tráfico de explosivos que incluía a ETA. Posteriormente, el propio testigo acompañó a Nayo a denunciarlo ante la Guardia Civil.

El Instituto Armado elaboró un informe tras visitar al testigo en prisión, en el que se puede leer: «Tiene conocimiento de que han vendido cantidades importantes de explosivos y que hace unos meses unos jóvenes que pertenecían a ETA realizaron negociaciones para adquirir éstos, si bien al parecer, la intención que tenían era quitárselos y no comprarlos. A los miembros de ETA Antonio les conoció cuando estuvo interno en la prisión de Villabona».

El testigo insistió ayer en varias ocasiones en cuál era su única fuente de información: «Siempre según Nayo, ¿eh?».

La declaración del testigo Francisco Javier Lavandera insistió en esa supuesta relación entre ETA y Toro. Eso sí, la información más rotunda la recibió por boca de su cuñado Trashorras. «Me dijo que tenía 400 kilos de explosivo para vender y que si quería participar. Avisé a la Guardia Civil y me dijeron que volviera a preguntar. Volví a preguntar y me dijo que ya sólo le quedaban 200». «¿Le dijo que la otra mitad la había vendido a ETA?», le preguntaron. «Sí», respondió.

A diferencia del anterior testigo, Lavandera sí llegó a ver los explosivos. «Fue en el verano de 2001. Entonces me lo tomé en serio y denuncié por primera vez en la comisaría de Gijón. Era de día, una tarde de mucho calor. Estaban en el maletero del coche. Lo que más me extrañó es que llevaba detonadores cerca de los explosivos. En los explosivos ponía Goma 2 ECO».

Aunque no llegó a confirmarle ninguna venta, el propio Toro le dijo que tenía contactos con la banda. «Me dijo que podía ganar mucho dinero si le llevaba explosivos al País Vasco, como correo. Me dijo que tenía contactos con ETA y que yo podía ganar mucho dinero».

La organización terrorista también apareció en otra conversación con Toro. «Me dijo en una ocasión que quien supiera montar o detonar bombas a través de teléfonos móviles podía ganar mucho dinero. Que ETA estaría dispuesto a pagar mucho dinero por esa tecnología».

Pese a sus declaraciones, el propio Lavandera quiso restar verosimilitud a las palabras de Toro. «No creo que hayan tenido relación con ETA», y añadió: «Es que Toro presumía de su relación con ETA. Más bien creo que fue un alarde, una chiquillada».

El testigo protegido dijo ayer que dos personas que se identificaron como policías le amenazaron de muerte a él y a su mujer si mencionaba ante el juez esa relación de Toro y ETA. Su mujer falleció ahogada en una playa de Gijón, y él acabó recibiendo fotos de su cadáver. También denunció que le tendieron una emboscada a su coche y que alguien intentó ponerle un explosivo en el vehículo.

En las primeras conversaciones que mantuvieron, Lavandera ya había oído hablar a Toro de los explosivos, pero se lo había tomado «a broma». Hasta que vio aquel maletero lleno de Goma 2 ECO. Inmediatamente fue a informar a la comisaría de Policía de Gijón. «No me tomaron en serio. Empezaron a reírse y me dijeron que sería algún minero con cuatro cartuchos. Que me fuera y que quedaba ya en manos suyas».

Sucedió unos días antes de que Toro fuera detenido en la operación Pípol. Cuando Lavandera comprobó que esa operación no estaba relacionada con explosivos, sino con droga, decidió intentarlo con la Guardia Civil. Allí su denuncia tuvo más suerte. Al menos al principio. El agente de Información Campillo -que también compareció ayer y ratificó las palabras de Lavandera- se tomó en serio sus palabras, grabó todas las informaciones y se las transmitió a su superior. Pero, de nuevo, la operación se orientó hacia el tráfico de drogas, por lo que el grupo de Información de Campillo, responsable de terrorismo, quedó apartado del caso.

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26.3.07

 

Los peritos descubren nitroglicerina en un resto de los focos de los trenes

 

26-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Apareció al someter a una prueba los polvos de extintor recogidos en la Estación de El Pozo / Son los únicos restos que no habían sido lavados con agua y acetona en el laboratorio de los Tedax

Los peritos descubren nitroglicerina en un resto de los focos de los trenes


La sustancia apareció al hacer una prueba de difracción con rayos X a unos restos de polvo de extintor recogidos en la estación de El Pozo el 11-M La muestra fue enviada ese mismo día por los Tedax a la Policía Científica y es la única que no fue lavada con agua y acetona

CASIMIRO GARCIA-ABADILLO / ANTONIO RUBIO

MADRID.- Los análisis que vienen realizando los ocho peritos designados a propuesta del Tribunal para determinar el tipo de explosivo que utilizaron los terroristas en el atentado del 11 de Marzo han vuelto a dar una nueva sorpresa. El pasado día 20 se detectó en el resto de uno de los focos un componente que tampoco forma parte de la Goma 2 ECO: la nitroglicerina.


El valor que tiene la aparición de la nitroglicerina es que se trata del segundo componente, junto con el dinitrotolueno (DNT), que se detecta en los focos de las explosiones y que no forma parte de la Goma 2 ECO. Este explosivo, según el escrito de acusación de la Fiscalía y el auto de procesamiento, fue el que los terroristas utilizaron para hacer saltar por los aires los trenes el 11 de Marzo. Sigue en
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La nitroglicerina forma parte de la mayoría de determinados tipos de dinamita marca Titadyn. Por ejemplo, está presente en el Titadyn 30F, en el Tidadyn 50F, en el Titadyn 30 y en el Titadyn 50. Dicho componente, sin embargo, no está presente en otros tres tipos de Titadyn: el 30A, el 25A y el 30AG.

La muestra donde se descubrió la nitroglicerina es la catalogada como «M-1» y se corresponde con unos restos de polvo de extintor recogidos en uno de los focos de las explosiones que se produjeron en la Estación de El Pozo.

¿Qué hay en este resto distinto de los demás para que aparezca precisamente ahora la nitroglicerina? Sencillamente, que esa muestra, desechada por los Tedax hasta el punto de que fue la única que remitió a la Policía Científica para su análisis, no está lavada con acetona y agua, lo que sí se hizo con todas las demás muestras.

Fue al aplicarle la prueba conocida como Difracción de rayos X cuando se detectaron en los restos de color rojizo hallados en el foco número 3 de la estación de El Pozo tres componentes: sulfato amónico, fosfato bióxido y nitroglicerina.

La prueba de laboratorio fue realizada por uno de los peritos designados por la Guardia Civil y otro perito nombrado por las partes.

A pesar del revuelo que causó la aparición de un componente tan significativo como éste, sobre todo entre los peritos de la Policía Científica, el director de la pericia tuvo que reconocer que, efectivamente, no cabían muchas dudas al respecto.

El lavado con agua y acetona disuelve la nitroglicerina y por esa razón no se ha encontrado dicha sustancia en el resto de los vestigios analizados hasta ahora. Sin embargo, otros componentes, como el DNT o el nitroglicol (sí detectados en los análisis) son más resistentes a la disolución.

Por increíble que parezca, la Unidad Central de Desactivación de Explosivos no ha guardado ni el escrito con el resultado del análisis que se llevó a cabo en su laboratorio en la mañana del 11 de Marzo de 2004 sobre los restos hallados en los focos, ni tampoco ha conservado el agua y la acetona con la que se lavaron dichos restos.

Hasta ahora ha sido infructuosa la petición por parte de los peritos para que la Unidad Central de los Tedax entregue nuevos restos con los cuales puedan hacerse análisis más completos con el fin de determinar sin ninguna duda el tipo de explosivo que estalló en los trenes.

Según los expertos consultados por EL MUNDO, el polvo de extintor que en su día utilizaron los bomberos para apagar el fuego en el interior de los trenes actuó a modo de esponja, absorbiendo los restos de explosivo que ahora han servido para localizar un componente tan determinante como la nitroglicerina.

El mismo 11 de Marzo la Policía Científica recibió esos restos y los analizó, pero no logró detectar la nitroglicerina.

El hallazgo no determina necesariamente que el explosivo que utilizaron los terroristas sea Titadyn, ya que, como se ha dicho, existen algunos tipos de esa dinamita que no contienen esa sustancia. Sin embargo, sí que supone un varapalo para la tesis que han mantenido tanto la fiscal Olga Sánchez como el juez instructor Juan del Olmo, ya que lo que estalló en los trenes no pudo ser Goma 2 ECO. O, al menos, no sólo Goma 2 ECO.

Como se recordará, el ex comisario jefe de la Unidad Central de Desactivación de Explosivos, Juan Jesús Sánchez Manzano, declaró ante la Comisión de Investigación del 11-M que en el primer análisis de los focos de las explosiones apareció nitroglicerina. Dicha información fue filtrada a los medios de comunicación y, de hecho, las principales agencias informativas se hicieron eco de ello el mismo día 11 de Marzo.

Una vez que EL MUNDO puso de manifiesto la contradicción que existía entre la tesis oficial -que el explosivo utilizado era Goma 2 ECO- y el hecho de que dicho explosivo no contenga entre sus componentes la nitroglicerina, Sánchez Manzano buscó distintas justificaciones a su rotunda afirmación ante la Comisión Parlamentaria. Preguntado sobre ese asunto por uno de los abogados de las acusaciones en su comparecencia ante el tribunal el pasado 14 de marzo, Sánchez Manzano se limitó a decir que se había equivocado.

Sin embargo, la aparición de la nitroglicerina tres años después hace pensar que el ex jefe de los Tedax no se equivocó, sino que transmitió lo que el día 11 de Marzo le habían dicho en el laboratorio de su Unidad.

¿Seguirán apareciendo nuevas sorpresas en los análisis periciales que se están llevando a cabo a instancias del tribunal? Eso es una incógnita por el momento. Según las fuentes consultadas, el informe definitivo de los peritos no estará concluido hasta después de Semana Santa.

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La técnica que desveló el ADN

 

26-03-07



La técnica que desveló el ADN


PABLO JAUREGUI

MADRID.- La difracción de rayos X que han utilizado los peritos para detectar nitroglicerina en uno de los focos del 11-M es una técnica de alto pedigrí histórico. Gracias a este método de análisis se desveló el llamado «misterio de la vida», es decir, la estructura en forma de doble hélice del ADN, la molécula que contiene la información genética de todos los seres vivos. La imagen obtenida por Rosalind Franklin del ADN en 1953 mediante esta técnica fue la clave que permitió a James Watson y Francis Crick anunciar que habían desentrañado la sede biológica del código genético.

La difracción de rayos X, conocida también como cristalografía, consiste en hacer pasar un haz de rayos X a través de un cristal de la muestra que se quiere analizar. Cuando las ondas de luz (los rayos X son luz) topan con un obstáculo, se deforman y dispersan, al igual que ocurre con las olas del mar cuando chocan contra una roca. Así, el haz de rayos X se dispersa de diferentes maneras, dependiendo de la estructura atómica de la sustancia, y da lugar a un patrón que permite identificar los componentes de la muestra. Se trata de una de las técnicas que sigue gozando hoy de mayor prestigio científico para analizar sustancias sólidas o polvo fino.

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El jefe de los Tedax de Madrid dio datos erróneos al tribunal para justificar que no estalló Titadyn

 

26-03-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Los interrogantes

El jefe de los Tedax de Madrid dio datos erróneos al tribunal para justificar que no estalló Titadyn


CASIMIRO GARCIA-ABADILLO

MADRID.- Suele decirse que, a veces, los árboles no dejan ver el bosque. Es cierto. Sobre todo, cuando los árboles son lo suficientemente frondosos. Eso fue lo que ocurrió en la sesión del juicio oral por los atentados del 11-M que tuvo lugar el pasado 14 de marzo. Ese día compareció ante el tribunal el ex jefe de la Unidad Central de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano. Su declaración fue tan jugosa que eclipsó todas las demás. Sin embargo, ese día pasaron otras cosas muy interesantes.

Por ejemplo, las manifestaciones del inspector jefe de los Tedax de la Brigada Provincial de Madrid (identificado con su número profesional 28.296) encaminadas estratégicamente por la fiscal Olga Sánchez a demostrar que en los trenes no estalló Titadyn.
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El inspector jefe de los Tedax declaró al tribunal que, nada más ver la mochila que se encontró en el tren de Atocha y que no había estallado, tuvo claro «que no era un explosivo convencional tipo dinamita Goma 2 EC o tipo Titadyn». Tras hacer esta sorprendente afirmación, la fiscal le pidió que se explicara. Esta fue su respuesta: «Teníamos claro que una dinamita tipo Goma 2 EC o una dinamita tipo Titadyn no podía realizar esos efectos. La velocidad de detonación de ese tipo de dinamitas con el paso del tiempo se va deteriorando, alcanzando normalmente, a partir del tercer o cuarto mes, una velocidad de detonación, que es en lo que nosotros medimos la potencia de un explosivo, de unos 3.000 o 3.200 metros. Sin embargo, el explosivo que había realizado aquello tenía que andar en torno a los 6.000 metros».

La fiscal, que había abierto el camino para confirmar la tesis que sostiene en su escrito de acusación, trató de sacar petróleo de ese testigo. «¿Qué tipo de corte hace un tipo de explosivo u otro?», le preguntó, a lo que el jefe de Madrid de los Tedax contestó: «En el primer caso, el caso de las dinamitas que ha utilizado, y perdonen la expresión, ETA en numerosas ocasiones, si se trataba de una dinamita de ese tipo no llegaba a cortar tan limpiamente como lo podría hacer una de mayor velocidad de detonación».

Ahí, la fiscal aprovechó para remarcar: «Que tenían claro que no era Titadyn...». El testigo respondió sin dudar: «Sí». Entonces la fiscal, ya segura de tener la pieza que buscaba, trató de ir un poco más lejos: «Ese tipo de explosivo, la Goma 2 EC y la Titadyn, ¿no son altos explosivos?» A lo que el jefe de los Tedax de la Brigada de Madrid volvió a contestar con la misma rotundidad: «No, no lo son».

Cada uno buscando su propio fin, la fiscal intentando demostrar que lo que estalló en los trenes fue Goma 2 ECO y el jefe de los Tedax tratando de justificar por qué se utilizó un sistema de desactivación inadecuado para el tipo de explosivo que contenían las mochilas, fueron enredándose un poco más en esa línea argumental.

En ese momento, la fiscal metió al tedax, sin pretenderlo, en un jardín en el que éste intentó justificar lo injustificable. Le preguntó si él pensaba que lo que había en la mochila «era un alto explosivo», a lo que el jefe de los Tedax de Madrid respondió: «Sí, por eso utilizamos los métodos [de desactivación] que utilizamos».

«¿Qué es lo que resultó?», inquirió la fiscal. Y ahí va la respuesta del experto: «Pues resultó que, según los análisis posteriores, creo que ha dado dinamita Goma 2 ECO, que tiene una velocidad de detonación en torno a lo que habíamos pensado nosotros, cerca de 6.000 metros, con la ventaja de que la ECO no pierde las características ni la velocidad de detonación con el paso del tiempo. Al estar formada por nitroglicol y nitrato amónico es mucho más estable y se mantiene en el tiempo».

La fiscal Sánchez volvió otra vez a la carga: «¿Por qué una es más estable y la otra inestable?». El inspector jefe de los Tedax pensó un momento y razonó: «La dinamita Goma 2 EC y el Titadyn, normalmente, en su composición llevan nitroglicerina, que es muy inestable, y llevan otra serie de componentes inertes. Sin embargo, la ECO lleva nitroglicol y nitrato amónico, que es otro explosivo añadido, por lo cual aumenta la potencia y mantiene la estabilidad a lo largo del tiempo, con lo cual la velocidad de detonación no baja».

Ya en pleno éxtasis químico, la fiscal persistió por ese derrotero. «¿Sabe si obedece también esto a la temperatura de congelación de esos componentes?» Pero entonces, el presidente del tribunal intervino cortando en seco: «Hasta aquí hemos llegado». Gómez Bermúdez le reprochó a la fiscal Sánchez su intento de hacer una «pericial encubierta» con este testigo.

Pero es que se trataba precisamente de eso: el testigo, presentado como experto en la materia, tenía que dejar sentado que era imposible que en los trenes hubiese estallado otra cosa que no fuera Goma 2 ECO.

Aunque la fiscal, ya avisada, no siguió por ese camino, en el posterior turno de acusaciones y defensas el inspector jefe de los Tedax insistió en sus razonamientos. «Pensamos que era un explosivo de alta potencia, de muy alta potencia, pensamos que andaría sobre los 5.000 y pico o 6.000 metros por segundo de velocidad de detonación». «El humo que salió no era negro, era más bien blanco, que es síntoma de los nitratos». «La Goma 2 ECO tiene un humo que es grisáceo, tirando a blanquecino, pero no a negro». «Lo que sí teníamos descartado es que era un bajo explosivo, o un explosivo medio como la EC o el Titadyn... Desde que vimos los focos de las explosiones descartamos ese tipo de explosivo». «El Titadyn da un humo más oscuro, es un gris más oscuro».

Cualquiera que hubiese escuchado a este testigo pensaría que no existe ninguna posibilidad de que en los trenes estallara otra cosa que no fuera la Goma 2 ECO transportada desde Mina Conchita.

Sin embargo, en el propio testimonio del jefe de la Brigada de los Tedax se pusieron de manifiesto algunos datos que nos hacen dudar de la solvencia de sus argumentos. Por ejemplo, ¿qué sabía él de la Goma 2 ECO hasta el día 11 de Marzo de 2004?

Veamos sus respuestas sobre este punto a preguntas de los abogados de las partes. «La dinamita Goma 2 ECO, y lo digo por mi unidad, no la conocíamos, jamás habíamos visto Goma 2 ECO, ni sabíamos que era blanca ni nada». «Nosotros no hemos realizado nunca prácticas con dinamita Goma 2 ECO». «En la Jefatura de Madrid, que normalmente hacemos prácticas una vez al mes, Goma 2 ECO no hemos utilizado nunca». «Nunca [en ninguno de los cursos de formación] he trabajado con Goma 2 ECO». «Ninguna de las personas de mi grupo ha trabajado con Goma 2 ECO».

Es decir, un policía experto que se permite el lujo de hacer elucubraciones sobre el tipo de humo, el tipo de corte en la chapa, la velocidad de detonación, etcétera, resulta que no conocía hasta el día del atentado la Goma 2 ECO, que es precisamente el tipo de explosivo que él, con la ayuda de la fiscal, trató de demostrar que estalló en los trenes.

Pero vamos a los datos. La velocidad de detonación de un explosivo mide la rapidez con la que la descomposición violenta de sus componentes se propaga en su masa. Los altos explosivos o explosivos nobles son aquellos cuya velocidad de detonación supera los 7.000 metros por segundo. Por ejemplo, el C4 (explosivo de uso militar) alcanza más de 8.000 metros por segundo.

La Goma 2 ECO tiene una velocidad de detonación de 5.300 metros por segundo. Es decir, que estaría en la gama media alta. El Titadyn, por su parte, tiene una velocidad de detonación de 6.200 metros por segundo. Es decir, que es un explosivo mucho más potente que la Goma 2 ECO, contrariamente a lo que manifestó el jefe de los Tedax en su comparecencia ante el tribunal.

La mayor parte de los tipos de Titadyn contiene nitroglicerina. Sin embargo, el Titadyn 30A no la incluye entre sus componentes (la sustituye el nitroglicol). Por lo tanto, tampoco es válido el argumento de que el Titadyn pierde sus propiedades rápidamente, al contrario de lo que sucede con la Goma 2 ECO. ETA ha tenido en su arsenal los dos tipos de Titadyn (el 30A, sin nitroglicerina, y el 50, con nitroglicerina). Por tanto, solamente con el argumento de la pérdida de velocidad de detonación no se podía descartar que fuese Titadyn ni, por supuesto, ETA.

Cuando el abogado de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M le llamó la atención sobre el hecho de que el Titadyn 30 también contiene entre sus componentes nitrato amónico y nitroglicol (los que él esgrimía como causa de que la Goma 2 ECO no perdiera sus propiedades con el paso del tiempo), al jefe de los Tedax no le quedó más remedio que reconocer su ignorancia sobre estos aspectos: «Eso se lo pregunta al químico, porque exactamente no lo sé». Por otra parte, en las fichas de seguridad de la Goma 2 ECO y del Titadyn puede comprobarse que su estabilidad es la misma, con el añadido de que este último no es degradable.

Además, el inspector jefe de los Tedax debe saber por su experiencia que ETA ha utilizado en multitud de ocasiones un «multiplicador medular» para aumentar el rendimiento del Titadyn. Ese multiplicador es, por ejemplo, el cordón detonante, compuesto de pentrita, un explosivo con una velocidad de detonación de 8.000 metros por segundo. En la furgoneta de Cañaveras, ETA transportaba a Madrid, además de 506 kilos de cloratita, 30 de Titadyn y 90 metros de cordón detonante. El cordón detonante utilizado con cualquier tipo de Titadyn (incluido el que contiene nitroglicerina) aumenta sustancialmente la velocidad de detonación del explosivo. En la mayoría de los atentados con coche bomba, ETA ha utilizado el cordón detonante junto al Titadyn. Además, el explosivo se encontraba amasado y no en cartuchos, lo que aumenta su capacidad de detonación.

Por otra parte, el tipo de humo depende en gran medida del lugar donde se haya producido la explosión. Un mismo explosivo puede dar tipos de humo diferente en función del entorno donde se haya producido la deflagración. Hasta que no se hizo estallar el artefacto de Atocha no se podía elucubrar sobre el tipo de humo. Un color más claro descarta el explosivo plástico (el de mayor velocidad de detonación).

En cuanto al tipo de corte, es un argumento muy discutible. Por ejemplo, en los coches bomba utilizados por ETA (ver foto adjunta), en el lugar donde se coloca el artefacto (en los bajos si se trata de una bomba lapa) la deflagración produce un corte nítido, la rotura es casi perfecta, mientras que en otros lugares del mismo automóvil se producen retorcimientos o abollamientos. Por tanto, la observación sobre el tipo de corte no es suficiente como para desechar un tipo de explosivo determinado.

Sin embargo, lo más inaudito de la declaración del jefe de los Tedax de Madrid es la conclusión a la que llega. Según su argumentación, él pensaba que, por todas las razones que explicó a la fiscal, se trataba de un alto explosivo. Por ello se utilizó un método para desactivarlo acorde con esa apreciación: el disruptor o bomba de hiperpotencia. Pero, ¿qué ocurrió? Que en las dos ocasiones en las que se empleó dicho método, una en Atocha y otra en la estación de El Pozo, las dos mochilas estallaron sin que se pudiera recoger ni una sola muestra para recomponer el tipo de artefacto. Es decir, que se utilizó un método inadecuado porque el explosivo era de menor potencia de lo que él había previsto.

En lugar de reconocer el error, el inspector jefe de los Tedax hizo un razonamiento absurdo: pensamos que era un alto explosivo y por eso utilizamos el método disruptor; al final, el explosivo resultó ser la Goma 2 ECO, que, como nosotros pensamos, es un alto explosivo, al contrario de la Titadyn o la Goma 2 EC. Pero si eso es así, es decir, si la Goma 2 ECO se corresponde con el tipo de explosivo para el que es adecuado el método disruptor, entonces, ¿por qué falló en dos ocasiones?

La contradicción fue tan evidente que el propio presidente del tribunal le preguntó si en Atocha y en El Pozo se utilizó el mismo método para desactivar las mochilas bomba.

El pasado 14 de marzo, el mismo día en que intervinieron Sánchez Manzano y el inspector jefe de la Brigada de Madrid de los Tedax, lo hizo a última hora otro agente adscrito a la Unidad Central de desactivación. Pero, a diferencia del inspector jefe, este último declaró ante el tribunal que no sólo conocía la Goma 2 ECO y la sabía distinguir, sino que fue la única persona que abrió la mochila de la estación de Atocha, vio su contenido e incluso la llegó a palpar.

Según dijo a la fiscal, se trataba de «una masa blanquecina o marfil con la misma textura que la plastilina». Esa definición descartaría, teóricamente, a la Goma 2 ECO.

Pero fue a preguntas del abogado de la acusación de la asociación de Pilar Manjón cuando hizo esta interesante confesión: «Tenía un fuerte olor a almendras amargas. El abogado le pidió que dijera el tipo de explosivo al que corresponde dicho olor. Entonces, el tedax explicó que «ese olor es característico de la nitroglicerina que es componente de algunos explosivos».

¿Dónde no existe la nitroglicerina? Precisamente, en la Goma 2 ECO.

El consenso aparente sobre el descarte rotundo de que el explosivo que estalló pudiese tratarse de Titadyn que transmitió el jefe de los Tedax de la Brigada de Madrid no debió de ser tal en la mañana del atentado. Como declaró el juez Garzón ante la Comisión de Investigación parlamentaria, uno de los inspectores jefes de los Tedax le manifestó esa misma mañana en la estación de Atocha que, en su opinión, el explosivo empleado por los terroristas había sido el Titadyn.

El subdirector operativo de la Policía, Pedro Díaz Pintado, declaró que a mediodía del 11-M recibió una llamada del comisario jefe de Seguridad Ciudadana (del que entonces dependían orgánicamente los Tedax) en la que le transmitió que el explosivo utilizado era «Titadyn con cordón detonante», dato que llevó a pensar a los altos mandos del Ministerio del Interior y a la cúpula de las Fuerzas de Seguridad del Estado que la autora del atentado era inequívocamente ETA.

En todo caso, lo que sigue siendo inaudito es que, dada la relevancia de esa información para la investigación sobre la autoría del atentado, los Tedax no remitieran las muestras halladas en los focos de las explosiones a la Policía Científica. Y aquí si que el jefe de los Tedax de la Brigada de Madrid declaró algo ante el juez que debió sonar como un mazazo en los oídos de Sánchez Manzano: «Ahora mismo el único laboratorio reconocido en la corporación de Policía es el que tiene Policía Científica. Pero eso no quita para que nosotros podamos hacer pequeños experimentos con estas historias, pero sólo para nivel interno, no para nivel judicial».

Definitivamente, el 14 de marzo fue un día lleno de declaraciones interesantes. Manzano no evitó que viéramos el bosque.

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