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3.7.07

 

7 españoles muertos en un ataque suicida contra un convoy de turistas en Yemen

 

03-07-07



TERRORISMO ISLAMISTA / Un coche bomba embiste dos de los cuatro todoterrenos en los que viajaba el grupo acompañado de dos guías yemeníes, que también fallecieron / Al Qaeda podría estar detrás del atentado

7 españoles muertos en un ataque suicida contra un convoy de turistas en Yemen


ISABEL MUNERA

MADRID.- Las vacaciones estivales han comenzado con una sucesión de ataques suicidas en todo el mundo. Después del atentado sin víctimas del pasado sábado en el aeropuerto de Glasgow, el lugar escogido, en esta ocasión, por los terroristas ha sido Yemen y el objetivo, un grupo de turistas españoles.

Un suicida lanzó ayer a las 17.30 hora local (16.30 en España) el coche bomba en el que iba contra dos de los cuatro todoterrenos que formaban el convoy en el que viajaban 13 ciudadanos españoles -siete de los cuales fallecieron y seis resultaron heridos, uno de ellos de gravedad- y dos guías turísticos yemeníes, que también murieron en el ataque.
(.../...)

El grupo regresaba a la capital yemení, Saná, después de haber visitado el Templo de la Reina de Saba, situado en la turística provincia de Marib, según explicó el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, en una declaración que leyó a las 20.00 horas ante los numerosos medios de comunicación que abarrotaban la sala de prensa.

Después de manifestar en nombre del Gobierno el pésame a las familias de los fallecidos y expresar una rotunda condena del Ejecutivo a esta acción terrorista, Moratinos pasó a comentar los detalles que, hasta el momento, se conocían del ataque.

Según la información que le había proporcionado el viceministro de Asuntos Exteriores yemení, Abdalá Abdali, al parecer, un coche bomba conducido por un terrorista suicida habría embestido a los dos vehículos centrales de los cuatro que componían el convoy en el que viajaban los turistas españoles cuando regresaban a Saná, la capital del país árabe, después de una visita turística.

Los todoterrenos iban escoltados por miembros de la seguridad yemení, que no pudieron, sin embargo, evitar el ataque.

Detrás de este atentado podría estar Al Qaeda, según informaron las autoridades de este país árabe a la agencia local Saba, aunque, de momento, ningún grupo ha asumido la autoría de este ataque suicida.

Hace una semana, el líder de la rama de esta red terrorista en Yemen, Abu Baseer Al Weheshi, amenazó en un comunicado colgado en internet que Al Qaeda iba a vengar la detención de varios de sus miembros en este país.

Los siete españoles fallecidos formaban parte de un grupo de 13 que había viajado a Yemen para disfrutar de 25 días de vacaciones. La expedición había salido de los aeropuertos de Madrid y Barcelona el 30 de junio y los turistas habían pagado 2.150 euros por un viaje, organizado por la agencia vasca Banoa, especializada en destinos de aventura de larga duración, como explican en su web.

Esta agencia lleva funcionando desde 1991 y nunca ha tenido ningún percance en los viajes que ha organizado a este país, según explicó uno de sus trabajadores a la agencia Efe.

El grupo de españoles estaba formado en su mayoría por turistas catalanes y vascos, ya que la agencia opera en todo el territorio nacional. Sin embargo, en su intervención, el ministro no dio la identidad de los fallecidos ni de los heridos, y tampoco de las comunidades que procedían.

«En el momento en que se tenga esta información lo primero que hará este departamento será ponerse en contacto con sus familiares», dijo el líder de la diplomacia española.

De hecho, el Ministerio de Exteriores dio a conocer esta madrugrada la identidad de los siete fallecidos y de los seis heridos, una vez completado el traslado de todos ellos a la ciudad de Saná.

Los cadáveres fueron llevados, en un primer momento, al President Marib Hospital, mientras que los heridos, uno de ellos en estado muy grave, eran conducidos por la tarde al Hospital Al-Thwra de la capital, al sur de la península arábiga. Anoche se encontraban estables, salvo una mujer, María Asunción Vitorica, que tuvo que ser intervenida.

El titular de Exteriores también explicó que una aeronave de la Fuerza Aérea se trasladaría en las próximas horas a Yemen para repatriar, «a la mayor brevedad posible», a los fallecidos y a los heridos que estén en condiciones de emprender el viaje de regreso a España. En el avión viajará el ministro de Industria, Joan Clos, y el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Bernardino León, según explicó Moratinos.

Asimismo, responsables del Ministerio de Justicia contactaron anoche con el presidente de la Audiencia Nacional, Carlos Dívar, y con el juzgado de guardia para comunicarles en qué circunstancias se produjo el ataque. Después, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu abrió ayer diligencias previas para investigar el atentado, informa Efe.

Según fuentes jurídicas, el magistrado tomó esta decisión después de que los ministerios de Justicia y Exteriores le informaran de que los primeros indicios apuntan a que se trata de un atentado terrorista.

Por su parte, el ministro de Defensa, José Antonio Alonso explicó, durante un receso en su comparecencia en el Congreso para informar sobre la muerte de seis militares españoles, que ya se había puesto en contacto con las Fuerzas Aéreas para que se dispusiera un avión en el tiempo más breve posible.

Después de expresar sus condolencias, Alonso aseguró que el Ejecutivo hará «todo lo que esté en su mano». «Cuentan con la solidaridad total del Gobierno de la nación y de todos los españoles», agregó el responsable de Defensa, quien confió en el restablecimiento de los heridos, informa Servimedia.

En la Dirección General de Asuntos Consulares se constituyó un gabinete de crisis que estará en contacto permanente con la legación española en el país árabe. Al mismo tiempo, Moratinos informó de que se han dado instrucciones a la Embajada española en Riad para que el consejero de la legación, acompañado de un auxiliar, se desplace a Yemen para reforzar así la presencia diplomática española en el lugar de los hechos.

La situación en el país árabe en las últimas semanas se había vuelto bastante complicada tras las amenazas de Al Qaeda. De hecho, la Embajada de EEUU en este país advirtió a sus ciudadanos hace menos de dos semanas que evitaran viajar entre las provincias de Shabwa y Marib.

El 23 de junio, un guardia yemení disparó a un grupo de trabajadores extranjeros, matando a una persona e hiriendo a cinco. El gobernador de la provincia dijo que el guardia tenía problemas mentales, pero la Embajada de EEUU canceló todos sus viajes y recomendó a los estadounidenses abandonar la zona. Asimismo, pidió a sus compatriotas que permanecieran «alerta» en todo el país.

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POR UNA SENTENCIA QUE IMPULSE DE NUEVO LA INVESTIGACION DEL 11-M

 

03-07-07



Editorial

POR UNA SENTENCIA QUE IMPULSE DE NUEVO LA INVESTIGACION DEL 11-M


El juicio más importante de la historia de España quedó ayer visto para sentencia. El Estado de Derecho ha salido, sin duda, reforzado por la celebración de esta vista oral tres años después de los atentados y con todas las garantías legales que ofrece nuestro ordenamiento jurídico.

Hay que destacar, en primer lugar, la acertada labor del tribunal en la conducción de este difícil juicio, aunque resta a sus tres magistrados el reto más complicado: emitir una sentencia coherente con los hechos que han quedado acreditados durante la instrucción y el proceso, teniendo en cuenta que han sido tan escasos como poco relevantes de cara al esclarecimiento de lo ocurrido.

La sesión final de ayer -tras la que todos los imputados aprovecharon su última palabra para declararse inocentes- resultó una especie de compendio de lo que ha venido sucediendo en estos cinco meses: los abogados de El Egipcio y Jamal Zougam lograron poner de manifiesto la debilidad de las acusaciones que pesan sobre sus clientes.

El Egipcio se sienta en el banquillo por su autoincriminación en una conversación telefónica en la que se atribuye ser el instigador de la masacre de Madrid mientras demuestra desconocer importantes datos sobre lo sucedido. La traducción de esa conversación suscita dudas sobre su fiabilidad, pero, al margen de ello, El Egipcio era un indigente sin empleo y sin formación que difícilmente pudo planificar una acción criminal como la de Madrid.

La Fiscalía pide también casi 40.000 años de cárcel para Jamal Zougam porque fue reconocido en los trenes por varios testigos que se contradicen. La principal prueba de cargo contra él es que una de las tarjetas telefónicas de un lote que vendió su socio fue hallada en la mochila de Vellecas. Pero ni siquiera ha quedado demostrado que esas tarjetas que vendió el locutorio de Zougam fueran las que se activaron en Morata y las que sirvieron para hacer estallar los explosivos. Parece absurdo que si Zougam -que ayer alegó que ha sido utilizado para reforzar la hipótesis de la trama islamista- participó en los atentados fuera tan lerdo de proporcionar unas tarjetas que conducían hasta él.

La ausencia de pruebas

Tampoco ha quedado apuntalada la versión oficial sobre la mochila que apareció en la comisaría de Vallecas en la noche del 11-M porque en el juicio no se ha podido acreditar que alguien la viera en la estación de El Pozo, ni que existiera una cadena de custodia de los objetos. El inspector Alvarez, que era el responsable de su recogida, no fue llamado a declarar y el propio Sánchez Manzano aseguró haber recorrido los andenes de arriba abajo sin ver la mochila.

El juicio ha servido también para corroborar las dudas sobre los restos de dinamita, los detonadores y la cinta islámica hallados en el interior de la Kangoo, objetos que no fueron detectados por la Policía de Alcalá ni por los perros cuando la furgoneta fue hallada en la mañana del 11-M. Más dudas cabe albergar todavía sobre el Skoda Fabia, aparecido de forma inverosímil meses después de los atentados en el lugar donde estaba la Kangoo.

Los interrogantes sobre estas pruebas podrían haber quedado amortiguados si la Fiscalía hubiera logrado reforzar su versión de los hechos al demostrar que lo que estalló en los trenes fue Goma 2 ECO. Pero el juicio ha servido para desbaratar esa hipótesis, ya que los análisis de los peritos han encontrado DNT en los restos de los focos y nitroglicerina en la única muestra que no fue lavada con acetona. Ni el DNT ni la nitroglicerina forman parte de la composicion de la Goma 2 ECO, lo que echa por tierra esa versión oficial. Ahí queda el patético empeño de los peritos de la Policía Científica y de la Fiscalía por buscar explicaciones inverosímiles -como la de las «moléculas voladoras»- para justificar la presencia de esos componentes en los restos de los explosivos.

El reto del tribunal

El tribunal afronta ahora el reto de dictar una sentencia coherente con pruebas tan magras y respetuosa con la presunción de inocencia -in dubio pro reo-, lo cual no será fácil tras las continuas maniobras del Gobierno para apuntalar la versión oficial, amplificada por sus terminales mediáticos y elevada a la categoría de dogma.

Es verdad que a lo largo del juicio no ha quedado demostrada la implicación de ETA pero también lo es que brillan por su ausencia las pruebas que conduzcan a la participación de Al Qaeda o alguno de sus apéndices.

Tras una instrucción plagada de lagunas y teledirigida por la Policía y después de esta vista oral, lo único que puede afirmarse es que los miembros del comando de Leganés y alguna de las personas que se han sentado en el banquillo no pudieron cometer solos los atentados: ni tenían los conocimientos para idear y montar las bombas ni hemos podido averiguar ni el origen ni la naturaleza de los explosivos empleados.

Con estas incógnitas los tres jueces van a tener que dictar una sentencia que no consiste en reconstruir lo que sucedió el 11-M sino en determinar si los acusados participaron en la organización y ejecución de los atentados, lo cual es mucho más que acreditar que traficaron con dinamita o que eran fanáticos islámicos.

Lo más sencillo para el tribunal sería ratificar la versión del Gobierno, que siempre tiene los medios para premiar a los jueces afines, pero mantenemos la confianza en la independencia y en la profesionalidad de estos magistrados. Ellos nos representan a todos, ellos representan la exigencia de justicia de cada uno de los ciudadanos y, por ello, creemos que sabrán estar a la altura de las circunstancias.

Por ello, estamos también convencidos de que van a deducir testimonio en su fallo contra quienes han mentido de forma flagrante en el juicio. Pero lo más importante es que la sentencia no implique un carpetazo sino más bien un nuevo impulso al empeño por esclarecer los enigmas que siguen rodeando aquella matanza que alteró el curso de nuestro proceso democrático.

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La humanidad del 'ogro'

 

03-07-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Los acusados

La humanidad del 'ogro'

La última sesión de la vista se vivió en un clima de distensión entre los procesados y, sobre todo, entre los abogados

M. MARRACO / J. MANSO

MADRID.- Cincuenta y siete sesiones y más de 310 horas compartidas después, a aquel ogro que infundía un temor insondable cuando clavaba su circunspecta mirada de ojos profundos se le ha escurrido a la vista de todos su inevitable humanidad. Ayer, última sesión del juicio, el otrora impenetrable Mohamed El Egipcio volvió a alejarse un paso más de aquel halo mítico que le rodeaba. Vestido con un chándal esperpéntico que parecía donado por los Hermanos Maristas, repartió sonrisas con sus compañeros de banquillo y se quejó repetidamente, señalando su reloj Casio, de que el abogado José Luis Abascal se extendía demasiado tiempo más allá de su hora de comer.
(.../...)

También ayer pudo verse a Suárez Trashorras (que, como casi siempre, siguió la sesión medio dormido) ayudando a anudarse el nudo de la corbata a Mouhannad Allmallah. O a Nasredine Bousbaa tumbado con unos pantalones pesqueros y los pies descalzos dentro del habitáculo blindado, que ofrecía una imagen veraniega, de mangas cortas y tonos claros. Y, con la excepción citada, los procesados iban más elegantes de lo habitual, sobre todo quienes luego hicieron uso del turno de última palabra.

Los abogados tampoco escondieron una cierta algarabía, en lo que parecía para ellos el último día de clase antes del verano. En su estrado no quedaba ni un asiento libre. Ni siquiera faltó Eduardo García Peña, pese a que su defendido, Brahim Moussaten, ya ha sido absuelto.

Animados por la intensa luz del sol que entraba a través de los cristales esmerilados de la sala, acompañaron con un molesto -pero alegre- runrún los alegatos finales de sus colegas Endika Zulueta y José Luis Abascal, y celebraron de manera aún más audible la llegada, con notable retraso, del letrado griego Andreas Chalaris.

Esa visible camaradería quedó plasmada al final de la mañana en una fotografía, en las escaleras de entrada a la sede judicial, en la que posaron juntos los abogados defensores. Todos, menos Gerardo Turiel, que se entretuvo demasiado hablando con el presidente del tribunal. A lo que sí llegó fue a la posterior comida de hermandad que compartieron en uno de los restaurantes cercanos al recinto ferial de la Casa de Campo.

En los alrededores de la Audiencia, la expectación, sin acercarse a la de aquella lejana primera sesión, el pasado 15 de febrero, fue mayor de lo habitual, con presencia de un buen número de periodistas gráficos y de los medios audiovisuales. Su protagonista, como aquel día, volvió a ser Pilar Manjón, que mostró su disgusto por la impresión de relajación que aparentaban los abogados: «Que venga el 091, porque esto no es ningún circo», se le escuchó decir.

Las cifras del juicio hablan de 57 sesiones a lo largo de cuatro meses y 17 días; 310 horas recogidas en 22 DVD. Un tiempo récord. Han comparecido 309 testigos (se ha renunciado a más del 25% de los solicitados inicialmente), de los que 117 pertenecen a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Asimismo, han depuesto 71 peritos; excepto 16 forenses y 13 particulares, el resto también son agentes del orden.

El Ministerio de Justicia informó ayer de que el coste del juicio del 11-M ha ascendido a 3.260.766 euros, de los que una parte importante (más de un millón) se ha dedicado al acondicionamiento del pabellón de la Casa de Campo.

Entre las víctimas, volvió a observarse una fractura aparentemente irresoluble. El momento de mayor tensión se vivió cuando terminó su intervención José Luis Abascal, que pidió «Justicia por el bien de España». Esta sentencia fue aprobada por los afectados de la AVT (apoyados por un grupo de peones negros), pero provocó una reacción airada en los de Manjón: una de ellas se levantó, se carcajeó e hizo el signo de los cuernos, lo que llevó a Bermúdez a amenazar con desalojar la sala.

La progresiva humanización de los 29 acusados inicialmente de participar en la mayor matanza terrorista de la Historia de Europa ha sido una de las consecuencias de la proyección mediática del juicio. Casi sin querer, debajo de los personajes que ha ido creando la prensa se ha ido revelando la persona que, al fin y al cabo, debe de esconderse incluso dentro de un presunto terrorista. Quizá por eso, una parte del público siguió la intervención de Rafá Zouhier con una sonrisa en la boca. Y la de Abdelilah Fadual, Panchito, con una mirada de ternura.

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LA ULTIMA PALABRA

 

03-07-07



LA ULTIMA PALABRA


JAMAL ZOUGAM: «Me usaron entre el 11 y el 14 de marzo para probar que el atentado era islamista».


«La testigo C-65 no se acuerda de nada pero sí se acuerda de mi cara, al 100%. El día 12 ya se sabía lo de la mochila de Vallecas: si fuera culpable habría huido. Nadie comete un atentado usando las tarjetas telefónicas de su negocio. Estoy aquí porque no hay otro a quien echarle el muerto».

FOUAD MORABIT: «Los tesoros incriminatorios de la acusación han resultado ser nada».

«Mi cultura no confiere ninguna razón de ser a la violencia. Condeno toda ideología terrorista: mis frenos morales funcionan muy bien. Siento impotencia y rabia. En comisaría se me practicó todo tipo de tortura y humillación: sólo se cuidaron de no dejar ninguna marca».

RAFA ZOUHIER: «Transmití la información a los que pensaba que velaban por los españoles».

«Pido perdón a las víctimas. Hice todo lo posible por evitarlo, aunque aquí parezca un animal. Avisé de la trama asturiana y la respuesta de Víctor fue: 'Tranquilo, lo de Asturias está controlado'. LA UCO me dijo: 'No digas nada de los explosivos o te van a caer los 200 muertos'».

BASEL GHALYOUN: «He sido usado políticamente, se filtraron las llamadas a mi madre a un periódico».

«No les cuesta creer que en un almacén unas moléculas se transmitan por el aire y contaminen un explosivo y sí que mi ADN se haya llevado de un sitio a otro. Yo fui el que solicité al juez que me sometiera a una rueda de reconocimiento».

HASAN HASKI: «Llegué a España en abril de 2004, ¿lo habría hecho de ser el autor intelectual?».

«Después de dos años todavía no sé que cargos tienen ustedes contra mí. Ninguno de los 116 detenidos sabe quién soy yo. En todo el proceso no se ha mencionado nunca mi nombre. La fiscal me acusa de ser el inductor, pero nadie me conoce».

MAHMUD SLIMANE: «Salí de mi país huyendo de la violencia y de la Guerra Civil».

«Vine a España para vivir en paz. En mi país mataron a mi hermano, a mi padre, a mi tía y a mis primos. Soy inocente y condeno toda clase de violencia. Había odio entre el Chino y yo, él sabía que yo era chiíta. Yo no sabía nada de lo que él quería hacer».

ABDELILAH FADUAL: «Quiero a este país, he venido aquí debajo de un camión».

«Soy inocente y quiero decir a los familiares de las víctimas que lloro con ellos. Para mí, mi abogado es parte de mi familia. Yo también me siento como una víctima. Dejé a un hijo de nueve meses y a mi mujer embarazada. Nos meten a todos en el mismo saco, pero no todos somos iguales».

RACHID AGLIF: «Mi único delito fue haber llevado a Rafá Zouhier a un McDonald's».

«El día que declaré no había leído ni 100 folios del sumario, me he tirado dos años sin saber nada. Mi abogado tampoco me decía nada. En el momento en el que vi las declaraciones de Zouhier vi que todo era falso. Me han mandado a 800 km y nadie de mi familia ha ido a verme. Que llame por teléfono a un terrorista no significa que yo lo sea».

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«El cabeza de turco», víctima de un «invento del marketing policial»

 

03-07-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Las conclusiones / JAMAL ZOUGAM

«El cabeza de turco», víctima de un «invento del marketing policial»

El letrado José Luis Abascal impugna las pruebas que sirvieron para reconducir la investigación hacia el islamismo en las horas siguientes al 11-M

JOAQUIN MANSO

MADRID.- Ni reconocimientos en los trenes, ni Renault Kangoo, ni mochila de Vallecas, ni las tarjetas de los teléfonos. La defensa de Jamal Zougam, detenido por los atentados del 11-M sólo dos días después de la matanza, exigía impugnar algunas de las principales pruebas sobre las que se sostuvo la autoría islamista de la matanza en las horas inmediatamente posteriores. El órdago del letrado José Luis Abascal fue a la grande.
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Abascal repasó el desarrollo de las investigaciones policiales que se desarrollaron antes de las elecciones, y consideró que su patrocinado fue «el cabeza de turco que se le ofreció a esta sociedad», víctima de un «invento de marketing policial» sobre el que la Fiscalía habría hecho «un ejercicio de funambulismo acusatorio».

El letrado comenzó recordando que no existe ningún rastro de Jamal Zougam en ninguno de los principales escenarios del crimen: ni en Morata ni en Leganés, ni en el Kangoo ni en el Skoda, y que todos los procesados por el 11-M aseguran no conocerlo.

Negó que el principal reconocimiento que le sitúa en los trenes en la mañana de la masacre se produjese antes de que su foto se hubiese difundido en los periódicos. Al contrario, expuso que tuvo lugar el día 15, y acusó a la Policía de enmendar a mano esa fecha. También afirmó que el testigo, en una primera declaración que le fue tomada el día 12, dijo que no pudo observar el rostro de la persona con la que se cruzó en los trenes. Abascal puso en ese momento de relieve la, a su juicio, contradi-cción existente con la «pluscuamperfecta descripción que hizo de la bolsa que llevaba». A esa hora, destacó, la Policía ya conocía el hallazgo de la mochila de Vallecas.

Más aún, destacó lo que él llamó su «contradicción fundamental»: que aseguró haber visto al supuesto islamista en el centro del piso inferior, mientras que la bomba estalló en un extremo del segundo piso.

Del resto de reconocimientos, insistió en que todos ellos se produjeron después de que la fotografía de Jamal Zougam copase portadas de periódicos y abriese telediarios, y siempre a falta de que el testigo ofreciese una descripción física previa.

Abascal fue especialmente insistente en reclamar la nulidad de las diligencias en torno a la Renault Kangoo. Su principal argumento es que «no existe un acta de inspección ocular que acredite que todo lo que apareció en la Comisaría de Canillas estaba ya en Alcalá», y que los guías caninos no se explican cómo es posible que los perros no olfateasen nada y luego apareciese allí un cartucho de Goma 2 ECO.

La principal prueba que llevó a la detención de Zougam fue la tarjeta que apareció en la bomba desactivada en la mochila de Vallecas. Sobre ésta, hizo hincapié en que los Tedax examinaron dos veces todos los bultos del tren de El Pozo sin que apareciese, y en las escasas garantías que ofrece su cadena de custodia.

Donde más se aplicó Abascal fue en intentar desmontar el relato policial sobre la aparición de la tarjeta supuestamente vendida en el locutorio de Zougam. Aquí apareció el concepto de «marketing policial», del que acusó al jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo, Enrique García Castaño (la supuesta fuente de Díaz de Mera), y al policía de origen sirio Maussili Ayman Kalaji.

Según dijo, hasta el día 15 no existe constancia en el sumario de la aparición de la tarjeta telefónica. Sin embargo, sostuvo, existió una investigación paralela a la judicial, dirigida por García Castaño con la ayuda del jefe de seguridad de Amena. Resaltó que la tarjeta en cuestión fue vendida al bazar indio Sindhu Enterprise en un lote de 30 por un mayorista de Bilbao. Era la primera operación comercial entre ambos. Casualmente, la primera de Sindhu en la que constaban los números de las tarjetas.

ARGUMENTOS DE SU DEFENSA

El testigo que lo reconoció antes de que su foto apareciese en los periódicos lo hizo en realidad después, el día 15 de marzo.

No existe ningún rastro de ADN ni de ropa de él ni en Morata, ni en Leganés, ni en la Kangoo, ni en el Skoda, y todos los acusados aseguran que no lo conocen.


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Finale, ma non troppo<

 

03-07-07



EL BLOC DE

Finale, ma non troppo


Luis del Pino

Mohamed 'El Egipcio'. Si la Fiscalía tenía alguna esperanza de conservar a Rabei Osman, Mohamed El Egipcio, como autor intelectual de los atentados, supongo que se le habrá esfumado después de escuchar la intervención de su abogado defensor, Endika Zulueta, que ha desgranado, y desmontado, cada uno de los indicios esgrimidos contra su cliente: las falsas imputaciones sobre su radicalismo en Egipto, las mentiras sobre su experiencia con los explosivos, las supuestas pruebas sobre la elección de la fecha de la masacre, las peculiares transcripciones telefónicas con las que se ha querido tildar de émulo de Osama Bin Laden a quien no llega ni siquiera a fanfarrón de bar... El alegato del letrado Endika Zulueta destilaba, además, algo que resulta letal para quienes han querido vendernos la versión oficial: convencimiento. El convencimiento de la inocencia de su cliente y de que se ha recurrido a la mentira más descarnada para tratar de incriminarle como fuera.

Jamal Zougam. El abogado de Zougam, José Luis Abascal, no se ha limitado a desmontar los únicos indicios que hay contra su cliente (los reconocimientos de los trenes), sino que ha efectuado un demoledor repaso de las principales pruebas con las que se construyó la versión oficial, y de la propia secuencia de investigaciones que tuvo lugar entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. Su intervención ha estado seguida de la del propio Zougam, a quien se detuvo por vender tarjetas, para luego cambiar la imputación y acusarle de haber colocado las bombas en los trenes, basándose en unos testimonios inverosímiles. Y ello a pesar de no existir ni la más mínima prueba contra él: ni huellas dactilares ni rastros de ADN en ninguno de los escenarios de las investigaciones; ningún contacto de ningún tipo con ningún otro imputado. Jamal es el último de los detenidos del 13-M que queda en prisión. Por eso han intentado por todos los medios que siga en la cárcel.

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Acusa a la Policía de dibujar «con falsedades» un personaje

 

03-07-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Las conclusiones / RABEI OSMAN 'EL EGIPCIO'

Acusa a la Policía de dibujar «con falsedades» un personaje


El letrado Endika Zulueta defiende que el perfil del procesado no se corresponde con el de un peligroso islamista, sino que fue fabricado

MANUEL MARRACO

MADRID.- Durante 57 sesiones de juicio, la Policía y la fiscal han dibujado un perfil de El Egipcio que sólo con «interpretaciones forzadas» y «falsedades» puede encajar con el Rabei Osman que se ha sentado en el banquillo. «A costa de calificativos, se ha pretendido transformar la persona de Rabei Osman en el personaje de El Egipcio», afirmó ayer su abogado, Endika Zulueta, en el informe final con el que pidió la absolución del presunto cerebro del 11-M.
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Tras encomendarse al esperanzador guión de Doce hombres sin piedad, el letrado reconoció que el punto de partida de El Egipcio estaba lejos de la absolución: le grabaron afirmando que el 11-M fue idea suya, le intervinieron un papel con la fecha del atentado junto a las palabras mártir y explosivo y detectaron que una cuenta de correo con la fecha de la masacre fue activada antes de que esta se produjera. Aplicado el Código Penal, 38.000 años de prisión como inductor, según la Fiscalía.

Zulueta acabó afirmando que ni uno de esos tres datos tan llamativos era cierto, pero antes prefirió atacar ese perfil de «peligroso islamista del que hay que protegerse» elaborado por la Policía. «No han dado opiniones subjetivas sino que, para crear ese perfil se han falseado los hechos. No interpretado de forma torticera, falseado».

El listado de esas supuestas falsedades recogidas en los informes policiales incluye que Rabei se especializó en explosivos durante su estancia voluntaria en el ejército egipcio, que estuvo en prisión, que viajó a Afganistán y que se integró en la Yihad Islámica egipcia. La biografía que trasladó al abogado el propio embajador de Egipto era mucho menos interesante. Sólo la mili obligatoria y en tareas administrativas, ningún antecedente penal, sin datos sobre su actividad yihadista ni de su viaje a Afganistán.... «La versión de un peligro terrorista que recorre Europa creando células terroristas no tiene pruebas que la sustenten», concluyó.

El siguiente paso fue afirmar que, aun aceptando que el gran hermano policial montado por España, Francia e Italia retrataba un peligroso islamista, no existen datos que lo liguen en concreto con la masacre.

Sobre los testigos, destacó la inconsistencia de los dos únicos que han declarado algo al respecto. En cuanto a los peritos, y al margen de las traducciones, destacó que ninguno ha hablado de Rabei Osman. «Bueno, sí. Han hablado para decir que sus huellas no están». A continuación, encaró lo que antes han tenido que afrontar los otros dos supuestos cerebros de la masacre, la comisión rogatoria extranjera que les llevó a prisión.

El letrado fue acumulando razones para que los magistrados prescindieran de todo lo que tuviera remitente de Milán. Sobre la nota «11-03-04/mártir/explosivos», el letrado afirmó que nunca se hizo un pericial de escritura «porque ese papel no existe».

«¿Qué nos queda?», se preguntó el letrado. «Las grabaciones». Zulueta prefirió no recrearse. Se limitó a recordar que ni los traductores del tribunal ni los de la propia Policía española oyeron aquello del «el hilo de Madrid es mío».

Su esquema fue claro. La Comisión Rogatoria es nula; si es válida, ésa no es su voz; si es su voz, no dice que los atentados de Madrid fueron idea suya; y si lo dice, es una fanfarronada. «Delirio de grandeza se llama a eso en psiquatría. Que gano 1.000 euros al día, que tengo un ventilador que mata americanos...», dijo en referencia a otras conversaciones interceptadas.

El abogado intentó ponérselo fácil a los magistrados. No tienen más que hacer lo que ya hizo la Justicia belga, que prescindió de la traducción italiana tras detectar «importantes divergencias» con otros expertos. Como en el juicio del 11-M.

Zulueta no volvió al guión de Doce hombres sin piedad para cerrar su intervención, pero sí pidió al tribunal que llegara a la misma conclusión. Inocente.

ARGUMENTOS DE SU DEFENSA

La Comisión Rogatoria es nula; si fuese válida, no se escucha la frase «el hilo de Madrid es mío»; si lo dice, sería una fanfarronada, un «delirio de grandeza».

La Justicia belga ya prescindió de la traducción italiana tras detectar «importantes divergencias» con otros expertos.

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Relato para tres plumas

 

03-07-07



PREGUERIAS

Relato para tres plumas


VICTORIA PREGO

No se ha recreado su señoría en la faena, no. Por más que éste haya sido un juicio histórico por la dimensión de lo sucedido, por el número de procesados, por la cantidad de abogados personados como acusaciones en la causa y por la formidable trascendencia política que desde el mismo 11 de Marzo acompaña a toda esta tragedia humana y de ámbito nacional, el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, se limitó a decir a las once menos cuarto de ayer noche estas dos frases: «Gracias a todos por su colaboración. Visto para sentencia». Cosa austera donde las haya, ciertamente. Se ve que el magistrado tenía la voluntad deliberada de huir de toda tentación de grandilocuencia, que ya el juicio lleva su propia carga sin necesidad de adornarlo con frases lapidarias con vocación histórica. Así que hizo un cierre de rutina para un proceso ejemplar que empezó lleno de incógnitas y cuajado de dudas sobre su posible buen final y que ha terminado de la mejor manera imaginable: con los acusados dando sentidas gracias al tribunal y hasta a los policías que les han custodiado durante tantas jornadas, además de a sus letrados, cuyo admirable esfuerzo de defensa ha prestigiado no sólo el oficio de abogado sino, sobre todo, el oficio del abogado de oficio.
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Pero rutina no. Aunque el cierre del presidente haya sido de perfil bajo, rutina es justamente lo que no ha habido en esta vista que ha terminado mostrando algunas zonas de luz -en realidad, muchas zonas de luz- donde al comenzar no había más que negrísimas oscuridades. Hace cinco meses partíamos de un sumario interminable que unos calificaban de primoroso y que EL MUNDO había denunciado como altamente insolvente. Partíamos de la acusación del Ministerio Fiscal, que según algunos incluía la solución a una ecuación endemoniada que una Fiscalía clarividente había logrado resolver, pero que para otros, como este periódico, se levantaba sobre una base artificialmente construida, si no directamente falsa. Incluso falseada.

Y ahora ya se puede decir que fuera del recinto acristalado, en estrados y en las sillas del público, también ha habido acusaciones y acusados. No penales, pero casi. Estaban los buenos y estábamos los malos. Pero, según se ha ido iluminando este intrincado laberinto con las declaraciones de los testigos, con las preguntas de los letrados y con las intervenciones de acusadores y defensores en sus conclusiones definitivas, esas fronteras, de comienzo tan rotundas, entre el Bien y el Mal, entre el arcángel Gabriel y el caído Lucifer se han ido diluyendo considerablemente por efecto de la brutal fuerza de los hechos.

A lo largo de estas 57 jornadas, entre los recovecos de aquella cashba sin luz que en el mes de febrero empezamos a recorrer con los ojos vendados y las manos extendidas para no estrellarnos contra el primer muro o la primera trampa, se han ido encendiendo algunas farolas que han permitido observar el panorama con mucha mayor nitidez pero que, al tiempo que iluminaban un camino, iluminaron también embocaduras de senderos que no se sabe todavía a dónde conducen.

Gracias a esas luces se ha evidenciado que no todos los acusados tienen las trazas de ser los requeteculpables que tuvieron al principio. Que no todas las acusaciones estaban tan fundamentadas y sólidamente amarradas como se anunció. Y que no todos los comportamientos de los miembros de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad han sido lo decentes, profesionales, límpidos y honestos que deberían haber sido y que, sin opción posible a la duda, bajo riesgo de descalificación política y moral a los tibios en la fe, nos dijeron que habían sido. Este juicio ha aclarado muchas cosas pero también ha dejado perfilados con nitidez los contornos de una multitud de dudas que han quedado inapelablemente fijadas con categoría de tales. La identidad de los explosivos queda como incógnita principal.

Una pluma de oro, otra de plata y otra, más moderna, esmaltada de amarillo, han estado llenando decenas de folios todos estos días. Son las tres plumas de los magistrados, la amarilla de Gómez Bermúdez por delante, las que van a dibujar ahora el plano completo del laberinto del crimen cuyos recovecos hemos podido, al menos, atisbar.

victoria.prego@el-mundo.es

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A SANGRE FRIA La herida seguirá abierta David Gistau

 

03-07-07



A SANGRE FRIA

La herida seguirá abierta


David Gistau

Concluido el juicio, no hace falta esperar a la sentencia para intuir que en algo habrá fracasado: no va a servir para hacer la catarsis del 11-M. Como el fantasma de la bola, el atentado seguirá apareciéndose en la vida pública española, no como un recuerdo terrible, sino como una herida abierta. Esto se debe, en parte, a que los prejuicios adquiridos -los concernientes a ETA, sobre todo- han atravesado el proceso casi intactos, poco dispuestos a enfrentar las convicciones personales a las pruebas, por lo que el desgarro de las teorías antagónicas queda sin solución y seguirá alentando una guerra de trincheras en la que nadie avanza ni retrocede.

(.../...)

Pero también se debe a la precariedad de algunas de las acusaciones más importantes, las que afectan nada menos que a los señalados como «autores intelectuales» y jefes de la Yihad internacional, por lo que será difícil para el tribunal imponer a éstos sentencias duras, ejemplares, que alivien a las víctimas con la sensación de que en verdad se ha hecho justicia por el peor atentado de la historia de España. Agréguese a esto el desprestigio de las Fuerzas de Seguridad, en quienes cualquiera que haya seguido las sesiones va a tardar mucho en volver a confiar. Y más cuando se comprueba que las negligencias se premian con ascensos.

El turno de última palabra confirmó en sus arquetipos a los acusados que hemos ido conociendo durante meses. Trashorras no salió de su búrbuja de pasmado. 'El Egipcio', confiado a su abogado, salió del escenario con la misma discreción humilde con que entró en él: sólo pidió justicia. Fouad Morabit recurrió a su vena culta cuando comparó las pruebas esgrimidas contra él con la obsesión por acumular basura diagnosticada en el síndrome de Diógenes. Slimane y Akil, emotivos ambos hasta el desafuero, quisieron inspirar compasión evocando soledades ante el espejo y sufrimientos de gente cercana que ellos no querrían para nadie. Zougam casi remedó a su abogado al improvisar, con un lenguaje bien templado y un conocimiento exhaustivo del sumario, un nuevo alegato de defensa con el que intentó destruir a los testigos que le identificaron en los trenes. Igual de minucioso estuvo Basel Ghalyoun. Haski volvió a emplearse con ese tono iracundo, despectivo, con el que se presentó en el inicio del juicio y que ni siquiera el presidente del tribunal logró apaciguar. Zouhier, aunque prometió no montar un show y se disculpó por todos los episodios que le consagraron como el Bart Simpson del juicio, volcó su rabia en la fiscalía y recuperó el discurso del insider servidor de la ley convertido en chivo expiatorio cuando sólo intentó, como dijo su abogado, que los españoles pudieran dormir tranquilos. Y Aglif intentó borrarse pasándole el marrón a su antiguo amigo íntimo, Zouhier.

Cuando se desalojó el búnker de la Casa de Campo, algún abogado confesó sentir el agotamiento de tres años de trabajo ingente y de la descarga de adrenalina. De la prueba que han supuesto 57 sesiones cargadas de pasiones, mentiras, lágrimas e infamia. Y que serán regurgitadas por el tribunal con el fallo de octubre, que no cerrará la herida. Mientras, visto para sentencia.

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2.7.07

 

ENTRE LA PANTERA ROSA Y LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M

 

02-07-07



Editorial

ENTRE LA PANTERA ROSA Y LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M

Sea cual sea la sentencia, las hemerotecas siempre acreditarán el esfuerzo investigador de EL MUNDO -con muy pocos precedentes en la historia del periodismo español- para intentar aclarar los innumerables enigmas del 11-M.

Si la semana pasada sacábamos a la luz el extraño hallazgo de 33 billetes de 500 euros entre los restos de la explosión del piso de Leganés y nos preguntábamos cómo era posible que la policía nunca hubiera investigado su procedencia, hoy ya podemos dar la respuesta. Una respuesta que dejará sin duda aun más estupefactos a nuestros lectores: la policía no hizo esas pesquisas porque ella misma había facilitado ese dinero a uno de los islamistas que se sientan en el banquillo del juicio que concluirá hoy para que tendiera una trampa a El Chino.

Comprendemos que la chapucera peripecia que acaeció en la carnicería de Rachid Aglif, alias El Conejo, no es como para sacar pecho. La UCIE preparó una bolsa con el dinero y un chip electrónico que debería facilitar el seguimiento, pero uno de los lugartenientes de El Chino, en lugar de llevársela tal cual, cogió sólo los billetes, juntándolos con el cordero que acababa de comprar. Por si fuera poco, los agentes de la UCIE encargados del servicio acababan de ser enviados detrás de otra pista a la localidad granadina de Albolote, y quien tuvo que hacer el seguimiento sin auxilio electrónico alguno fue un marroquí amigo de El Conejo que también colaboraba -otro más- con la policía.

Pero una cosa es que la UCIE quisiera evitar que quedara constancia de que sus métodos y eficacia se parecen demasiadas veces a los de la Pantera Rosa y otra que el juez instructor se aviniera a ello. Pese a que el marroquí en cuestión explicó a Del Olmo su papel en el enredo, ninguna nueva diligencia se practicó al respecto. De ahí que el tribunal que juzga los hechos tenga probablemente que enterarse ahora de todo ello por EL MUNDO. Y esto es muy grave, porque no solamente estamos ante una triquiñuela policial más o menos fallida, sino ante una línea de investigación que podría ayudar a resolver algunos de los agujeros negros de este sumario. En primer lugar, el que los hechos ocurrieran la víspera de la explosión de Leganés aporta una valiosa pista de cómo pudo la policía llegar al escondite de los islamistas. En segundo lugar, parece incomprensible que si El Conejo participó en la negociación de la compra de la dinamita a los asturianos -como sostiene la fiscalía- luego colaborara para capturar a El Chino. Sin duda, el miedo a las represalias de su entorno le ha llevado a callar todo lo relacionado con este episodio.

Pero aún hay una cosa más inaudita: las amenazas de muerte que El Chino profería contra el tal Aglif durante esos días, a cuenta de una deuda relacionada con pastillas estupefacientes. ¿Cabe en cabeza humana que alguien que supuestamente está oculto por haber perpetrado y consumado la mayor matanza terrorista de la historia de Europa, como expresión de su fanatismo religioso, tenga como simultáneo afán el intentar ajustar cuentas con sus deudores en el trapicheo de la droga? ¿Por qué se le ha hurtado todo esto al tribunal?

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Los billetes de 500 euros aparecidos en Leganés los aportó la Policía para tender una trampa a 'El Chino'

 

02-07-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Tras el 11-M, 'El Conejo' comunicó a un policía de Lavapiés que Jamal Ahmidan le amenazaba con matarle por el impago de una deuda de droga y se prestó a colaborar para capturarle

Los billetes de 500 euros aparecidos en Leganés los aportó la Policía para tender una trampa a 'El Chino'


CASIMIRO G.-ABADILLO

MADRID.- La semana pasada, Antonio Rubio dio cuenta en las páginas de este periódico de la falta de interés por parte de la Policía para seguir el rastro de 33 billetes de 500 euros (2,75 millones de pesetas) aparecidos entre los escombros del piso de Leganés. Según dicha información, esos billetes no habrían salido de ninguna de las cuentas bancarias de los imputados en la matanza del 11-M. Entonces, ¿a quién pertenecía el dinero?; ¿cuál era su procedencia?


El misterio comenzó a desvanecerse cuando un miembro de la Comisaría General de Información me susurró al teléfono: «Naturalmente, no se ha investigado porque ese dinero... fue proporcionado por la Policía».

(.../...)

Sorprendente. Sin embargo, lo más increíble de este caso no es que los billetes de 500 euros salieran de los fondos reservados de las fuerzas de seguridad, sino cómo llegaron al piso de Leganés donde los siete islamistas implicados en el 11-M se suicidaron el 3 de abril de 2004.

LA DEUDA

Todo comenzó poco antes de esa fecha, cuando uno de los imputados, Rachid Aglif, conocido como El Conejo, transmitió a sus amigos su justificado miedo ante las amenazas de muerte de Jamal Ahmidan, El Chino, por el impago de una deuda contraída con él por la compra de drogas (en concreto, pastillas).

Uno de los compañeros de El Conejo le dijo que conocía a un policía que vivía en el barrio de Lavapiés con el que tenía cierta confianza. Se trataba de un inspector que había estado varios años destinado en el País Vasco dedicado a tareas de información en la lucha contra la organización terrorista ETA.

Aglif, que regentaba una carnicería en ese mismo barrio, aceptó hablar con el agente. El Chino se había convertido ya en uno de los principales sospechosos de los atentados del 11-M. El pacto que le ofreció el policía era tan simple como provechoso para la investigación de la masacre: si se le proporcionaba el dinero de la deuda con Jamal Ahmidan, él debía facilitar la captura del presunto terrorista.

El citado inspector de policía acudió a la sede de la Comisaría General de Información y contó con todo detalle el asunto a uno de los altos mandos de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) (probablemente Mariano Rayón, entonces comisario jefe de la Unidad especializada en terrorismo islamista).

El responsable de la UCIE olfateó enseguida las posibilidades que ofrecía el acuerdo con el amenazado y, de hecho, el propio Aglif acudió posteriormente al complejo de Canillas para contar de viva voz su versión de los hechos.

LA TRAMPA

Los miembros operativos de la UCIE se pusieron manos a la obra. Instalaron una cámara de vídeo en la carnicería de Aglif y montaron un dispositivo para seguir a Ahmidan cuando éste acudiera al local a cobrar el dinero que le debía El Conejo, y, de paso, a comprar cordero, ya que era uno de sus clientes habituales.

Asimismo, los agentes de la UCIE colocaron un chip rastreador en la bolsa donde metieron el dinero de la deuda para poder así localizar la guarida de El Chino. No se conformaron con eso. Además echaron mano de uno de los amigos de Aglif, el también marroquí Hicham Rousafi, para que siguiera los pasos de Ahmidan tras salir del establecimiento sin que aquel se percartara.

El «día D», es decir, la fecha elegida para tender la trampa a Jamal Ahmidan, fue el 2 de abril de 2004. Precisamente ese día, El Conejo citó a El Chino en su tienda para saldar sus cuentas.

Pero, justo un día antes, agentes adscritos a la Comisaría General de Información detectaron una casa en la localidad granadina de Albolote, a la que llegaron a través del seguimiento de los teléfonos móviles, donde se suponía que podían estar escondidos los miembros de la célula responsable del atentado de los trenes.

En la madrugada del día 2 de abril, un equipo de los GEO entró en la citada vivienda. El núcleo duro de la UCIE que había organizado la operación para capturar a El Chino a partir de la carnicería de Lavapiés, recibió la orden de trasladarse también a Granada. La Comisaría General de Información estaba convencida de que Ahmidan se había refugiado allí junto al resto de sus compinches. A pesar de que, en efecto, se encontraron rastros de su estancia, la casa estaba vacía.

Aunque los miembros de la Unidad de Información Exterior que montaron el dispositivo se habían desplazado a Albolote el día anterior, el dispositivo de la carnicería no se desmanteló.

Muy al contrario, la operación siguió su curso. Agentes de la Comisaría General de Información no adscritos a la UCIE fueron los encargados de llevarla a cabo.

LA BOLSA EQUIVOCADA

El 2 de abril, el tiempo pasó lentamente. Era ya la hora de cerrar y Ahmidan no había aparecido por la tienda de Aglif. Pero, justo cuando éste se disponía a marcharse a su casa, apareció Rifaat Anouar, uno de los hombres de confianza de El Chino.

Rifaat, como era de esperar, además de recoger el dinero de la deuda, compró también cordero. Pero, para desesperación de los policías, sacó el dinero de la bolsa donde estaba instalado el chip rastreador y lo metió en la que él había traído para llevarse la carne.

Sin embargo, aún quedaba el recurso de Hicham Rousafi, que se encontraba al acecho a unos metros de la tienda. El amigo de Aglif, en efecto, siguió al compinche de El Chino cuando salió de la carnicería hasta la estación de metro más cercana y no le perdió la pista hasta que aquel se bajó en Zarzaquemada. Según contó después a los agentes, pudo seguir sus pasos hasta un lugar muy cercano a la calle Martín Gaite.

Faltaban tan sólo unas horas para que la Policía llegara hasta ese lugar donde, efectivamente, se encontraba El Chino y toda su pandilla. Según el testimonio confidencial antes relatado, los billetes de 500 euros localizados por la Policía tras el estallido que hizo saltar por los aires la vivienda pertenecían a la partida entregada a El Conejo como cebo para atrapar a Jamal Ahmidan.

EPILOGO

Rachid Aglif, tal vez por miedo, no ha querido contar ante el tribunal lo sucedido para utilizarlo en su favor (al fin y al cabo, colaboró con la Policía en la localización de El Chino). El policía de Lavapiés que puso en contacto a El Conejo con los miembros de la UCIE murió semanas después de los hechos víctima de un infarto. A él se refirió en su declaración ante el tribunal Mohamed Chaoui cuando dijo que un conocido suyo, Hassan Serroukh, tenía «un amigo en los cuerpos y fuerzas de seguridad» (aunque se equivocó al afirmar que era «un agente del CNI»).

Hicham Rousafi declaró ante el juez Del Olmo el 26 de abril de 2005. Pero, cuando dijo que «ayudó a la policía» e incluso que «acompañó» a los agentes «a poner una cámara en la carnicería de Rachid Aglif», nadie le preguntó por esos hechos. O, al menos, sus respuestas no constan en el sumario.

Hoy concluye el juicio oral por el 11-M. La vista oral ha puesto de relieve multitud de lagunas en el sumario. Pero, todavía, muchos aspectos de la masacre siguen siendo una incógnita. Este caso es un buen ejemplo.

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1.7.07

 

CARTA DEL DIRECTOR Pangloss desnudado PEDRO J. RAMIREZ

 

01-07-07




CARTA DEL DIRECTOR

Pangloss desnudado

PEDRO J. RAMIREZ

A mediados de la semana pasada, mientras yo llegaba a la Liguria para recoger el premio dedicado a la memoria de mi admirado Isaiah Berlin, el telón del Gran Teatro de La Scala se levantaba en Milán en medio de una expectación sin precedentes durante muchas temporadas operísticas. Se trataba del estreno del montaje del canadiense Robert Carsen sobre la versión musical de Cándido, compuesta por Leonard Bernstein con libreto de Lillian Hellman, a partir de la obra de Voltaire. Aunque hay que suponer que tanto el genial autor de West Side Story, como la mercurial dramaturga amante de Hammett, como el cínico padre de la Ilustración debieron de asomarse al borde de sus tumbas para asistir a la representación, no era ninguno de ellos quien se comía las uñas entre bambalinas cuando el discípulo de Bernstein, John Axelrod, se sumergió, batuta en mano, en el foso de la orquesta.
(.../...)

No, quien tenía motivos para estar sobre ascuas era el propio su-perintendente del teatro, nuestro viejo conocido Stéphane Lissner. Cesado como Director Artístico del Real aun antes de su inauguración, una estela de polémica siempre ha acompañado a este francés contradictorio, capaz de promover los montajes más rupturistas sobre el escenario, mientras en el patio de butacas impone -como hizo nada más llegar a La Scala- la rígida etiqueta del traje oscuro y corbata.

La hora de la verdad llegó para él cuando, poco después del comienzo del segundo acto, cinco actores sin otro atuendo que unos minúsculos slips con los colores de las respectivas banderas y las caretas de Bush, Blair, Berlusconi, Chirac y Putin entonaron un coro de borrachos, dando tumbos en lo que simulaba ser un mar de petróleo. El fuerte impacto de esta escena durante su representación en el teatro Le Châtelet de París y las subsiguientes críticas de una parte de la clase política italiana habían llevado inicialmente a Lissner a cancelar la programación de Cándido, pero las quejas de otros sectores, ante lo que se percibía como un feo acto de censura, le obligaron a desandar el camino. Al final Lissner pactó con Carsen que los taparrabos de los cinco poderosos mandatarios fueran algo menos exiguos, transformando los calzoncillos en trajes de baño, y consiguió que suprimiera las ridículas corbatas a juego que lucían sobre sus torsos.

Para su tranquilidad y alivio, la escena de marras fue acogida con generales chanzas, muchos signos de aprobación y sólo algún leve carraspeo por el exigente público milanés. Al término de la función, más de 10 minutos de aplausos ininterrumpidos premiaron la calidad de la partitura, la fuerza narrativa del libreto, el talento de los cantantes, pero también la valentía transgresora de la puesta en escena. Al cabo de dos siglos y medio de su invención como criatura literaria, el profesor Pangloss -amplificado y reinventado en todos sus álter ego- vivía así, merecidamente, su noche más apoteósica.

Aunque sea el joven Cándido -trasunto y compendio de las tribulaciones del género humano azotado por los vientos del destino- quien, a lo largo de la que tal vez habría que definir como la mejor «novela de caballerías del Siglo de las Luces», va pagando todas las facturas, no cabe duda que la estrella de la obra de Voltaire es su siempre risueño preceptor. «Pangloss enseñaba metafísica-teólogo-cosmolo-nigología -se nos dice en su presentación a los lectores- y probaba de modo admirable que no hay efecto sin causa y que en este mundo, el mejor que se pueda imaginar, el castillo del señor barón era el más hermoso de todos, y la baronesa, la mejor baronesa de cuantas existían. Está demostrado, decía Pangloss, que las cosas no pueden ser de otra manera que como son, pues estando todo hecho para un fin, todo es necesariamente para el mejor fin... Por consiguiente los que afirman que «todo está bien» han afirmado una necedad, pues debieron de decir que todo está «lo mejor posible».

¿Se dan ahora cuenta de por qué a esos profesionales del optimismo crónico que nos gobiernan les denostamos en algunos momentos de escandalizada lucidez llamándoles panglosianos? ¿Y de por qué urge emprender cuantas gestiones sean necesarias para que Lissner, Carsen o quien sea incorpore a Zapatero como primera vedette de esa chorus line de enchispados bañistas, para que nadie en Europa deje de conocer la sobredosis de voluntarismo con la que tan a menudo intenta narcotizarnos?

Ya en el primer párrafo del libreto de Lillian Hellman, que comienza con un monólogo de Pangloss en un asolado campo de batalla, encontramos una línea que parece haber sido escrita para él, precisamente en esta semana en la que ha tenido que ejercer sus mejores dotes de escapismo para metamorfosear la tragedia del Líbano en un episodio de connotaciones pacifistas: «Si los hombres no fueran a la guerra, no podrían darse cuenta de los beneficios de la paz».

Pero es, en general, toda la gymkhana de contratiempos, adversidades y padecimientos que conducen al héroe de Voltaire y su acompañante a través de una trama quijotesca -Dulcinea se llama Cunegunda-, en la que no faltan ni las mazmorras búlgaras, ni los autos de fe de la Inquisición, ni el terremoto de Lisboa, lo que nos acerca a esta legislatura que va dejándonos como herencia el destructivo Estatuto catalán, la desatinada y baldía negociación política con ETA, los avances por doquier del nacionalismo radical -encumbrado siempre a través de pactos con el PSOE- o la propia reaparición de los odios y rencores convocados al conjuro de la Memoria Histórica.

Cuanto más vamos constatando el daño que todas estas iniciativas gubernamentales van causando a nuestro modelo de convivencia, cuanto más patente se va haciendo la erosión y el deterioro del sistema constitucional implantado hace 30 años sobre los cimientos del consenso, más beatífica y tranquila se nos presenta la sonrisa de nuestro presidente. ¿Frivolidad? ¿Superficialidad? ¿Irresponsabilidad? Cualquiera diría que por su boca hablara ya Pangloss cuando, después de haber sido torturado y de haberse quedado tuerto, sostiene que «todo eso era indispensable porque de las desventuras particulares nace el bien general, de modo que cuanto más abundan las desdichas más se difunde el bien».

Desde que Franco recibiera el asesinato de Carrero con su enigmático -y casi póstumo- «no hay mal que por bien no venga», no habíamos visto en la vida pública española ponerle tan buena cara a tan mal tiempo. El optimismo crónico del presidente -Molly Brown siempre a flote- no recula ante ninguna adversidad. Aunque la alarma de Solbes sobre el sudoku presupuestario se haya traducido ya en el aparcamiento de todo intento de abordar la reforma del sistema de financiación autonómica, la Generalitat amague recursos y vetos contra leyes básicas del Estado y ERC relance su proyecto separatista, Zapatero subraya que el nuevo Estatut está en vigor y no se ha roto España. Aunque los hechos indiquen que todo el proceso de paz con ETA ha sido una filfa, que nunca existió la menor posibilidad de que la banda abandonara las armas sin conseguir contrapartidas políticas inabordables y que los terroristas han aprovechado la tregua para recuperar prestigio, vigor y capacidad operativa, Zapatero sostiene que el Estado no ha cedido en nada y está más fuerte que nunca. Aunque en Cataluña ningún padre pueda escolarizar a sus hijos en la lengua oficial del Estado, en Baleares sus actuales socios hagan reserva expresa del derecho de «autodeterminación» y en Navarra sus futuros aliados exijan lo mismo que ETA, Zapatero invoca la vitalidad de la España plural.

Si un amigo se ahogaba al llegar a Lisboa, Pangloss alegaba que aquella bahía «había sido hecha expresamente» para que alguien se ahogara en ella. Si un volcán entraba en erupción, Pangloss explicaba que era lógico que eso sucediera allí porque «es imposible que las cosas no estén donde se encuentran». Y así sucesivamente. No es de extrañar que Cándido -no confundir a este sujeto colectivo de las desdichas del momento con nuestro archipanglosiano fiscal general del Estado- se sintiera «asustado y sobrecogido» y llegara a preguntarse: «Si este es el mejor de los mundos imaginables, ¿cómo serán los otros?».

La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: ante todo, diferentes. Y es que el optimismo bobalicón de Pangloss no es sino una máscara de un determinismo perezoso e impotente, rayano en el fatalismo. ¡Qué buena idea la de que en el montaje de Carsen sea el mismo actor el que interprete también el personaje de Martín «el pesimista», supuesta antítesis de Pangloss y en realidad la otra cara de una misma moneda!

Nada puede hacer tanto daño en la próxima campaña electoral a Zapatero como que el PP sea capaz de demostrar de forma didáctica y elocuente que, en relación a todos los asuntos clave de la legislatura, el presidente ha tenido alternativas para actuar de forma distinta a como lo ha hecho y en todos los casos ha elegido siempre la peor de las opciones. Él se empeñará en negar errores y equivocaciones tan evidentes como haber creído que la carta de Otegi de enero de 2005 abría un camino genuino hacia la paz, o que la mayoría de los catalanes anhelaban la reforma de su Estatuto o que los ciudadanos de Baleares y Navarra votaron por el cambio al dejar al PP a tres puntos de la mayoría absoluta y al PSOE a merced de heterogéneas amalgamas de grupúsculos radicales.

Pero si el PP se explica bien, el dontancredismo presidencial sonará tan falso como el empeño de Pangloss por sostener lo insostenible. «Mientras os ahorcaban y os disecaban, y os medían las espaldas y mientras remabais en galeras -«alega Cándido en una relación que no desmerece en nada la de algunas de las vejaciones impuestas a Zapatero por sus socios e interlocutores-, ¿no varió nunca vuestro modo de pensar?, ¿siempre habéis creído que todo sucede inmejorablemente?». Y su preceptor ni parpadea: «Opino como opinaba, pues soy filósofo y no me conviene contradecirme... la armonía preestablecida es lo mejor del mundo».

A ese sostenella y no enmendalla le llamamos en periodismo impedir que la realidad te estropee un buen titular de portada. Pero, ¡ay de quien se comporte de esa manera porque la impostura tiene las patas bien cortas! Después de haber arrastrado la suya por las más dispares latitudes el profesor Pangloss queda desenmascarado tres páginas antes del final de la sátira por su propio creador: «Decía que su vida era un padecer continuo, pero que habiendo una vez sostenido que todo iba a las mil maravillas, seguiría sosteniéndolo aunque creyese lo contrario».

La gran ventaja de los políticos sobre los periodistas es que, así como nosotros nos sometemos diariamente al escrutinio de los quioscos, ellos sólo tienen que presentarse una vez cada cuatro años a las elecciones. De ahí su desparpajo a la hora de confundir, como Pangloss, conciencia y conveniencia. No, a Zapatero tampoco «le conviene contradecirse» y siempre preferirá pasar por pánfilo antes que admitir y enderezar yerros esenciales. Por eso la democracia ha fijado como contrapartida a este crónico cinismo, que alberga todos los abusos y a veces adquiere las dimensiones tenebrosas de la razón de Estado, la regla implacable de que el perdedor deja el poder y a menudo se va a su casa.

Así como el impacto de los errores de la prensa es tan volátil como el de sus aciertos, el veredicto de las urnas no tiene vuelta de hoja por muy cruel e injusta -y si no que se lo pregunten a Jaume Matas- que a veces sea su expresión. En el pasado los mandatarios eran derrocados, ahora basta con que sean derrotados. De hecho la polémica escena de este montaje de la ópera de Bernstein está inspirada en la llamada «cena de los seis reyes» que en el capítulo 26 de la novelita de Voltaire reúne a Cándido en un garito veneciano con el sultán Achmet III depuesto por su sobrino, el zar Ivan destronado desde la cuna, el monarca Carlos Eduardo expulsado de Inglaterra, dos ex reyes de Polonia y un efímero soberano de Córcega llamado Teodoro que vive en la más absoluta indigencia.

«Las grandezas son muy peligrosas», sentencia Pangloss, evocando antecedentes mucho más dramáticos, desde la muerte de Absalón hasta la de María Estuardo. De los cinco amos del universo que retozan en paños menores sobre el escenario de La Scala tres han sido ya jubilados -Chirac, Berlusconi y Blair-, un cuarto -Bush- tiene fecha de caducidad el año que viene y el quinto -Putin- va por el mismo camino. Ahora bien, ¿dónde está el sexto? Si los productores quieren ser fieles a la letra y al espíritu de la obra de Voltaire es imprescindible que incorporen cuanto antes a su elenco a Zapatero.

Desde una perspectiva inevitablemente parcial y subjetiva cada vez me parece más conveniente que los votantes también se desembaracen de él en la vendimia del 2008. ¿Pero a cuántos nos va la vida en ello? De lo que suceda en los últimos meses de legislatura va a depender en gran medida que lo que afrontemos sea una mera oportunidad para enderezar las cosas o una encrucijada dramática en la que esté en juego el ser o no ser de la España constitucional y su sistema de libertades.

La obra de Voltaire concluye con una de las líneas más memorables de la literatura universal, al poner en boca de un desencantado Cándido su antídoto frente a Pangloss y su optimismo de los grandes designios: «Lo único que debemos hacer es cultivar nuestro jardín».

A eso es a lo que de verdad aspiramos todos, a que nos dejen «cultivar nuestro jardín». ¿Pero va a estar esa no interferencia -de nuevo la «libertad negativa» de Berlin- garantizada en una segunda legislatura en la que a Zapatero le correspondería pagar gran parte de las absurdas e inquietantes letras bancarias que ha ido firmando, a cambio del apoyo de los más estrafalarios e incluso siniestros compañeros de viaje? He aquí la pregunta que me gustaría que un querido amigo planteara mañana por la noche a Rodrigo Rato ahora que él también nos anuncia un humilde regreso como devoto jardinero.

pedroj.ramirez@el-mundo.es

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Del 11-M, a Londres y al taimado Millken

 

01-07-07



ASI LO CUENTAN

Del 11-M, a Londres y al taimado Millken


VICTOR DE LA SERNA

Final de procedimiento, jornada insulsa, y los cerros de Ubeda parecen movilizarse, en plan telúrico, e invadir las crónicas del juicio del 11-M.

Ernesto Ekaizer, en 'El País', recuerda por un día su pasado de periodista económico y cuela en el comentario del juicio un paralelismo con la condena del financiero tramposo Michael Millken en Estados Unidos, al citar la frase de la juez que le condenó: «Usted tiene la habilidad de cometer sólo delitos que son difíciles de detectar. Cuando un hombre de su poder en el mundo financiero (...) comete delitos financieros que son particularmente difíciles de detectar, se requiere un periodo significativo de prisión para disuadir a otros». Agrega Ekaizer: «Y, ¿los delitos de terrorismo? ¿Acaso por ser aparentemente menos sutiles o más brutales requieren menor dificultad a la hora de enjuiciar?». (Sonaría mejor entrañan dificultad). Como otros muchos delitos, por ejemplo los informáticos, diría uno...

Pero el cronista acaba explicando su digresión: «Claro que ha sido muy difícil detectar a aquéllos que han colaborado en el atentado del 11-M después que el núcleo duro se inmoló propagandísticamente en Leganés. Y no es inverosímil que la policía haya exprimido más allá de lo razonable algunos de los indicios disponibles. El tribunal tendrá, pues, que sopesar todo el material y pasarlo por su lupa». La policía sólo... ¿o el juez instructor y la fiscal también?

Se da otro paseo por el lado oscuro, en EL MUNDO, David Gistau, fascinado por los coches bomba encontrados sin estallar en Londres: igualito que el 11-M, afirma. Y concluye: «Claro, que a lo mejor ahora se descuelga alguien con que los coches bomba de Londres los pusieron activistas del IRA disfrazados con turbantes, y ya la tenemos liada».

Por su parte, Luis del Pino prefiere presentar lo que pueden ser unas jornadas finales explosivas: «El lunes promete ser un día antológico, porque tendremos oportunidad de escuchar los alegatos de los defensores de Jamal Zougam y Mohamed 'El Egipcio'. Zougam es el único presunto autor material que le queda a la fiscal después de que se le cayera Basel Ghalyoun del cartel en vivo y en directo. Los testimonios que hay contra Zougam son irrisorios, pero a la versión oficial le va la vida en que el último detenido del 13-M no salga absuelto, así que toda la artillería mediática se ha concentrado sobre él. En cuanto a 'El Egipcio', es el último representante de esa otra especie en vías de extinción que son los autores intelectuales del atentado, después de que también se hayan caído del cartel Hasán Haski y Yusef Belhadj, a los que no hay manera de atribuir con una mínima seriedad el dudoso honor de ser organizadores de ninguna matanza. Las supuestas evidencias contra 'El Egipcio' llegan también con una no muy buena salud a este final del juicio, después de que los traductores italianos en los que Olga Sánchez tanto confiaba dejaran a la Fiscalía a los pies de los caballos».

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El Sinn Fein logró que el Gobierno se reuniera con ETA después de la T4

 

01-07-07



VUELTA A LAS ARMAS / El brazo político del IRA aseguró al Ejecutivo que los miembros de la organización terrorista tenían previsto realizar una nueva oferta y que, por tanto, había que seguir manteniendo abierto el proceso

El Sinn Fein logró que el Gobierno se reuniera con ETA después de la T4


El brazo político del IRA convenció al Ejecutivo de que la banda tenía otra oferta para reavivar el proceso Los irlandeses se incorporaron entonces al equipo de cinco mediadores internacionales


ANGELES ESCRIVA

MADRID.- El Gobierno retomó los contactos con ETA tras el atentado de la T4, después de que dirigentes del Sinn Fein hicieran llegar al Ejecutivo que la organización terrorista tenía una oferta que realizar e insistieran en la conveniencia de no dar por finalizado el proceso. La exposición realizada por el actual socio del Gobierno norirlandés, que fue brazo político del IRA, convenció al Ejecutivo, que ya tenía predisposición a mantener los cauces abiertos y a no dilapidar el esfuerzo de años realizado hasta el momento.
(.../...)

Después de efectuar esta gestión a petición de ETA, miembros del Sinn Fein se incorporaron al equipo de cinco mediadores designados para arbitrar las conversaciones junto a los representantes de la Fundación Henry Dunant y los del país donde se celebraron los contactos, reforzando, de este modo, la labor que han venido efectuando en este asunto desde hace años, al tiempo que le confirieron la impronta irlandesa a la que el Ejecutivo y sus representantes en las negociaciones nunca han podido ni querido sustraerse.

El líder del Sinn Fein, Gerry Adams, ha pretendido siempre dar una imagen de distanciamiento del problema. Cada vez que se ha desplazado al País vasco con el fin de reunirse con el lehendakari Ibarretxe o darle un espaldarazo de legitimidad al ex portavoz de Batasuna Arnaldo Otegi; cada vez que ha visitado la capital de España para la promoción de sus libros, ha tenido buen cuidado en señalar que la suya era la mejor de las voluntades y que se ponía a disposición de lo que hiciera falta, pero que no quería dictar sentencia alguna porque la receta para resolver un conflicto no siempre puede aplicarse a la resolución de otro.

Sin embargo, sus hombres, según ellos mismos reconocieron cuando las conversaciones se circunscribían únicamente a los encuentros entre el equipo del presidente del PSE, Jesús Eguiguren, y el de Otegi, han venido asesorando a Batasuna. Asimismo, el solo reconocimiento de ETA y de la formación ilegalizada como interlocutores con igual legitimidad a la del Gobierno ha venido inclinando la balanza de sus preferencias claramente hacia el sector abertzale, como no podía ser de otro modo.

No en vano, a lo largo de las negociaciones reiniciadas tras la T4, se produjo una situación que tuvo que ocasionar más de una incomodidad en los representantes del Ejecutivo porque le equiparaba en trato y consideración a la banda terrorista. Fue el momento en el que ambas partes se estaban reprochando sus incumplimientos a lo largo del proceso y uno de los mediadores alegó que las dos partes tenían motivos para sentirse heridas y les conminó para que superasen ese inconveniente e intentasen encontrar una solución.

No es el único momento en el que los simpatizantes del partido irlandés han intervenido o han intentado hacerlo a lo largo de este proceso.

No hay más que recordar la labor del sacerdote redentorista Alec Reid, confesor y amigo de Adams, que, una vez rechazado como intermediario por parte de ETA -con cuyos miembros llegó a reunirse cuando el proceso no había ni siquiera empezado-, se instaló en el País Vasco, en el domicilio del actual presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Blazquez, para mediar en favor de la iniciativa del Foro de Debate Nacional auspiciado por Batasuna.

El hecho es que, por mucho que los portavoces del Gobierno hayan rechazado admitir que se han ido aplicandolos criterios que en su día fueron validados para el proceso irlandés, en muchos puntos se le ha tenido como referente y se ha actuado del mismo modo que en aquel caso, obviando que no era equiparable.

El camino iniciado en Anoeta se planteó como una negociación de dos mesas, una política y otra técnica, con el fin de evitar que se hablara de cuestiones políticas con ETA. Sin embargo, esta división, más aparente que real, saltó por los aires cuando el Gobierno accedió a trasladar las dos mesas a Ginebra tras el atentado de la T4 y permitió que sus representantes mantuviesen reuniones paralelas con Batasuna -y con ningún otro partido más dado que el PNV fue vetado por la propia banda terrorista- y con ETA.

Ese planteamiento cuajó después de que el Sinn Fein se pusiese en contacto con el Gobierno para revitalizar el proceso y tenía dos ingredientes prácticamente idénticos a los habidos en el proceso irlandés: se aceptaba continuar la negociación tras un atentado -como así ocurrió en el Reino Unido tras el atentado de Omagh- y se aceptaba la nueva tesis de la banda sobre la compatibilidad de la negociación y la violencia para impulsarla; al tiempo que se aproximaban las mesas.

Hay una anécdota sobre este punto varias veces relatada en la que se cuenta cómo en la negociación irlandesa, los propios dirigentes del IRA, cuando tenían que dejar de hablar de desarme y centrarse en la autonomía política que estaba pactando, se levantaban de la mesa, prácticamente los mismos, para aclarar que a partir de ese momento se incorporaban a los contactos en calidad de dirigentes del Sin Feinn.

Este caso no ha sido igual pero, a los efectos, ha tenido el mismo resultado porque quien lo tutelaba, que, en definitiva, era ETA.

En realidad, al final, la nueva propuesta por la que el IRA consideró conveniente pedirle al Gobierno que regresase a la mesa de negociación era un simple engaño. Era la vuelta a las exigencias más tradicionales de la banda, pero con dos muertos más encima de la mesa, la pretensión era echarle la culpa al Ejecutivo del fracaso de la negociación cuando éste comprobase que no podía aceptarla en los nuevos términos.

En primer lugar, el pacto al que se llegó en julio de 2005, y que fue el que originó el anuncio del alto el fuego posterior, suponía que ETA renunciaba a exigir sus pretensiones de autodeterminación y territorialidad para conformarse con un procedimiento de negociación y con el compromiso de respetar lo que los partidos políticos hubiesen decidido. Los anexos aclaratorios detallaban que Navarra y el País Vasco eran dos comunidades autónomas distintas, con realidades institucionales diferentes, y que cualquier variación que se produjese al respecto tenía que ser en aplicación de las leyes vigentes, modificables si así se creyera necesario.

La propuesta avalada por el IRA en las reuniones de mayo de 2007 exigía la unidad jurídico política del País Vasco y Navarra y el compromiso de dejar las armas por parte de la organización terrorista ETA, únicamente cuando este objetivo se hubiese alcanzado. Una lectura benevolente del impulso irlandés podía hacer pensar que sólo pretendía la búsqueda de la paz, aunque lo cierto es que se convirtió, en realidad, en una trampa para el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero.

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