El Sinn Fein logró que el Gobierno se reuniera con ETA después de la T4

01-07-07



VUELTA A LAS ARMAS / El brazo político del IRA aseguró al Ejecutivo que los miembros de la organización terrorista tenían previsto realizar una nueva oferta y que, por tanto, había que seguir manteniendo abierto el proceso

El Sinn Fein logró que el Gobierno se reuniera con ETA después de la T4


El brazo político del IRA convenció al Ejecutivo de que la banda tenía otra oferta para reavivar el proceso Los irlandeses se incorporaron entonces al equipo de cinco mediadores internacionales


ANGELES ESCRIVA

MADRID.- El Gobierno retomó los contactos con ETA tras el atentado de la T4, después de que dirigentes del Sinn Fein hicieran llegar al Ejecutivo que la organización terrorista tenía una oferta que realizar e insistieran en la conveniencia de no dar por finalizado el proceso. La exposición realizada por el actual socio del Gobierno norirlandés, que fue brazo político del IRA, convenció al Ejecutivo, que ya tenía predisposición a mantener los cauces abiertos y a no dilapidar el esfuerzo de años realizado hasta el momento.
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Después de efectuar esta gestión a petición de ETA, miembros del Sinn Fein se incorporaron al equipo de cinco mediadores designados para arbitrar las conversaciones junto a los representantes de la Fundación Henry Dunant y los del país donde se celebraron los contactos, reforzando, de este modo, la labor que han venido efectuando en este asunto desde hace años, al tiempo que le confirieron la impronta irlandesa a la que el Ejecutivo y sus representantes en las negociaciones nunca han podido ni querido sustraerse.

El líder del Sinn Fein, Gerry Adams, ha pretendido siempre dar una imagen de distanciamiento del problema. Cada vez que se ha desplazado al País vasco con el fin de reunirse con el lehendakari Ibarretxe o darle un espaldarazo de legitimidad al ex portavoz de Batasuna Arnaldo Otegi; cada vez que ha visitado la capital de España para la promoción de sus libros, ha tenido buen cuidado en señalar que la suya era la mejor de las voluntades y que se ponía a disposición de lo que hiciera falta, pero que no quería dictar sentencia alguna porque la receta para resolver un conflicto no siempre puede aplicarse a la resolución de otro.

Sin embargo, sus hombres, según ellos mismos reconocieron cuando las conversaciones se circunscribían únicamente a los encuentros entre el equipo del presidente del PSE, Jesús Eguiguren, y el de Otegi, han venido asesorando a Batasuna. Asimismo, el solo reconocimiento de ETA y de la formación ilegalizada como interlocutores con igual legitimidad a la del Gobierno ha venido inclinando la balanza de sus preferencias claramente hacia el sector abertzale, como no podía ser de otro modo.

No en vano, a lo largo de las negociaciones reiniciadas tras la T4, se produjo una situación que tuvo que ocasionar más de una incomodidad en los representantes del Ejecutivo porque le equiparaba en trato y consideración a la banda terrorista. Fue el momento en el que ambas partes se estaban reprochando sus incumplimientos a lo largo del proceso y uno de los mediadores alegó que las dos partes tenían motivos para sentirse heridas y les conminó para que superasen ese inconveniente e intentasen encontrar una solución.

No es el único momento en el que los simpatizantes del partido irlandés han intervenido o han intentado hacerlo a lo largo de este proceso.

No hay más que recordar la labor del sacerdote redentorista Alec Reid, confesor y amigo de Adams, que, una vez rechazado como intermediario por parte de ETA -con cuyos miembros llegó a reunirse cuando el proceso no había ni siquiera empezado-, se instaló en el País Vasco, en el domicilio del actual presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Blazquez, para mediar en favor de la iniciativa del Foro de Debate Nacional auspiciado por Batasuna.

El hecho es que, por mucho que los portavoces del Gobierno hayan rechazado admitir que se han ido aplicandolos criterios que en su día fueron validados para el proceso irlandés, en muchos puntos se le ha tenido como referente y se ha actuado del mismo modo que en aquel caso, obviando que no era equiparable.

El camino iniciado en Anoeta se planteó como una negociación de dos mesas, una política y otra técnica, con el fin de evitar que se hablara de cuestiones políticas con ETA. Sin embargo, esta división, más aparente que real, saltó por los aires cuando el Gobierno accedió a trasladar las dos mesas a Ginebra tras el atentado de la T4 y permitió que sus representantes mantuviesen reuniones paralelas con Batasuna -y con ningún otro partido más dado que el PNV fue vetado por la propia banda terrorista- y con ETA.

Ese planteamiento cuajó después de que el Sinn Fein se pusiese en contacto con el Gobierno para revitalizar el proceso y tenía dos ingredientes prácticamente idénticos a los habidos en el proceso irlandés: se aceptaba continuar la negociación tras un atentado -como así ocurrió en el Reino Unido tras el atentado de Omagh- y se aceptaba la nueva tesis de la banda sobre la compatibilidad de la negociación y la violencia para impulsarla; al tiempo que se aproximaban las mesas.

Hay una anécdota sobre este punto varias veces relatada en la que se cuenta cómo en la negociación irlandesa, los propios dirigentes del IRA, cuando tenían que dejar de hablar de desarme y centrarse en la autonomía política que estaba pactando, se levantaban de la mesa, prácticamente los mismos, para aclarar que a partir de ese momento se incorporaban a los contactos en calidad de dirigentes del Sin Feinn.

Este caso no ha sido igual pero, a los efectos, ha tenido el mismo resultado porque quien lo tutelaba, que, en definitiva, era ETA.

En realidad, al final, la nueva propuesta por la que el IRA consideró conveniente pedirle al Gobierno que regresase a la mesa de negociación era un simple engaño. Era la vuelta a las exigencias más tradicionales de la banda, pero con dos muertos más encima de la mesa, la pretensión era echarle la culpa al Ejecutivo del fracaso de la negociación cuando éste comprobase que no podía aceptarla en los nuevos términos.

En primer lugar, el pacto al que se llegó en julio de 2005, y que fue el que originó el anuncio del alto el fuego posterior, suponía que ETA renunciaba a exigir sus pretensiones de autodeterminación y territorialidad para conformarse con un procedimiento de negociación y con el compromiso de respetar lo que los partidos políticos hubiesen decidido. Los anexos aclaratorios detallaban que Navarra y el País Vasco eran dos comunidades autónomas distintas, con realidades institucionales diferentes, y que cualquier variación que se produjese al respecto tenía que ser en aplicación de las leyes vigentes, modificables si así se creyera necesario.

La propuesta avalada por el IRA en las reuniones de mayo de 2007 exigía la unidad jurídico política del País Vasco y Navarra y el compromiso de dejar las armas por parte de la organización terrorista ETA, únicamente cuando este objetivo se hubiese alcanzado. Una lectura benevolente del impulso irlandés podía hacer pensar que sólo pretendía la búsqueda de la paz, aunque lo cierto es que se convirtió, en realidad, en una trampa para el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero.

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