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11.3.05

 

11-M Recuerdos

 


Pocos minutos antes de las 8 a través de las ondas de la COPE me llegan las primeras noticias: Han estallado unas bombas en unos trenes. Se habla de 26 muertos, cientos de heridos, la congoja me abruma, mi corazón recibe con enorme dolor la noticia, un dolor que va in crescendo en función de la empatïa que voy sintiendo por las victimas. Las cifras rápidamente van subiendo 40, 126, 190...el dolor va en aumento, las lágrimas me desbordan y un grito ahogado me sale de los mas profundo ¡HIJOS DE PUTA!¡MISERABLES!. Decenas de veces resonará en mi cerebro esas palabras, a cada imagen una lagrima y un grito ahogado. Me paso toda la jornada pendiente de la televisión y la radio, siento impotencia, deseo de estar allí ayudando, padeciendo tremendamente cerca de esas caras ensangrentadas sentadas en las aceras, de los supervivientes arrancando bancos para trasladar a los heridos mas graves. Siento una profunda agitación interior y un mar de lagrimas ante cada testimonio; hoy al escuchar el recuerdo de esos testimonios me he vuelto a afligir. Hora a hora el pesar se vuelve mas profundo, llevo todo el día con los ojos llenos de lágrimas. Esos sentimientos tardarán semanas en tener algo de alivio. (.../...)

Las informaciones son confusas, tengo el convencimiento de que ha sido ETA, oigo el testimonio del portero: “Parecían mocetones de esos que revindican los atentados de ETA”, que así me lo reafirma. Sigo todo el día y la noche pendiente de cualquier noticia.

Al día siguiente el desconsuelo por las victimas se conjuga con la indignación de escuchar la manipulación que se está haciendo de la tragedia. Hago zapping entre las diferentes emisoras de radio , siento repugnancia y profundo desprecio de lo que escucho en la SER, Cada comentario de Llamas, Carnicero, Aguilar, Belloch me llenan de ira, de profundo asco por el uso que están haciendo de la tragedia.

A las 8 de la noche asisto a la manifestación en Murcia, el gentió es enorme, se corea, entre otras cosas, ETA NO; HIJOS DE PUTA Y MADRID AMIGO MURCIA ESTA CONTIGO, casi todo el mundo esta en sintonía, falta el resto; estudiantillos con pañuelos palestinos que llevan pancartas de “Aznar, Bush asesinos”. “Las bombas de Irak estallan en Madrid”, los mismos slogan que al día siguiente escucharé, no es una casualidad.

El sábado es día de reflexión, mi indignación contra la SER va en aumento, siento que escupen sobre el congoja que llevo dos días sufriendo y encima de la memoria de las victimas, Mezquinos mas que mezquinos me dais naúseas. Veo las manifestaciones antes las sedes del PP, al indigno de Rubalcaba decir que “España merece un gobierno que no mienta”.

Al desconsuelo por las victimas se le añade el dolor por el atentado que la democracia esta sufriendo en ese momento. Mis lagrimas se comparten por el sufrimiento de las victimas y la rabia por la iniquidad que estoy presenciando. Veo a la democracia resquebrajarse, percibo que a partir de ahora nada será igual. Califico lo que estoy presenciando como un “golpe de estado”. Escucho a una manifestante eufórica decir “Que están haciendo historia”. Me digo que es cierto que están haciendo historia, pero no en el sentido que ella lo dice, están haciendo historia de una canallada legendaria. Veo sospechosamente los mismos gráficos con la palabra PAZ en puntos muy alejados de nuestra geografía, reafirma mi convicción de que se trata de una estrategia concertada en toda regla.

El domingo día de las elecciones. Veo los insultos a Aznar, una continuidad a lo que sucedió el día anterior. Voy a votar, el colegio electoral esta a reventar, me tranquilizo de ver muchas papeletas del PP dispuestas a introducirse en la urna. Doy gracias del poco éxito de la manipulación de la SER y del PSOE, pero me equivoco, es sólo un espejismo, Murcia se desmarca de la tónica general y ha votado masivamente al PP, un 58%. Las lagrimas por las victimas permanecen, tardaran semanas en verse aliviadas.

Los primeros resultados, la sorpresa salta, la manipulación ha dado resultado. El PSOE ha ganado. Me parecen insultantes las banderas republicanas en la sede del PSOE, la sonrisa de satisfacción de Zapatero y las apariciones de los titiriteros celebrando la victoria electoral. Me parecen gestos de burla, pienso en lo rápido que se han olvidado de las victimas.

Ese mismo día escribo en un foro: “AL-QAEDA HA VOTADO, LA SER LE HA PUESTO LA URNA”.

Al profundo dolor por las victimas se le ha añadido la rabia por el atentado contra la democracia que he presenciado. A lo largo de los meses siguientes otro padecimiento se añade a los dos anteriores: Lo que esta haciendo ZP con España.


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LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M (XIV) Las piedras de pulgarcito

 

11-03-04

LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M (XIV)

Las piedras de pulgarcito

Los delincuentes que proporcionaron explosivos y el que hizo de intermediario trabajaban para la policía. La Guardia Civil conocía con detalle la trama. La célula islamista estaba controlada por el CNI. ¿Hay quien dé más?

FERNANDO MÚGICA

REVELACIONES. 14 entregas de Agujeros Negros han supuesto un año de trabajo contra corriente. Cada uno de los datos aportados pone en duda de forma rotunda la versión oficial sobre los atentados. Queda tiempo para que se conozca la verdad de lo que sucedió aquel 11-M. Los señuelos urdidos en torno a los atentados no nos apartarán del camino.
(.../...)

Los Agujeros Negros del 11-M no se gestaron dentro de una operación mediática premeditada. La realidad es mucho más sencilla. El trabajo de campo efectuado para un amigo, escritor de éxito, en torno a una posible novela me llevaron a investigar a finales del otoño de 2003 todos los datos que rodeaban a los atentados del 11-S en Estados Unidos.

Fruto de esa investigación salieron decenas de folios recopilados junto a centenares de documentos, extractos de libros y fichas de archivo. Unas fichas físicas en las que por pura sistematización adquirí la costumbre de apuntar todos los detalles que me parecían más relevantes sobre el tema.

No voy a desvelar mis conclusiones sobre el 11-S, pero sí puedo afirmar que sin ese trabajo previo nunca hubieran surgido los agujeros. Fue así como, inmediatamente después del 11-M, y por pura iniciativa personal, comencé a rellenar fichas, arrastrado por la rutina adquirida en el trabajo previo, sobre los datos que se iban conociendo en torno a los atentados de Madrid. Y fue así como comencé a preguntar la opinión sobre lo sucedido a todas las fuentes que conocía y que eran muchas, muy documentadas y de muy distinto pelaje. Las fuentes fiables que, a base de fidelidad mutua y discreción, se consiguen en 38 años de profesión.

Se confesaron conmigo ex ministros, policías de Información, guardias civiles de base, mandos, oficiales de inteligencia, expertos en explosivos y en terrorismo, psicólogos y analistas. Pronto se añadieron al baile agentes secretos -nacionales y extranjeros-, diplomáticos, sociólogos, historiadores y también, debo reconocerlo, personajes del mundo del hampa.

MAL OLOR

Cada uno de esos contactos me hizo revelaciones como para rellenar muchas fichas. Cada cual aportaba detalles diferentes que le parecían esenciales. Todos, absolutamente todos, coincidían en algo: la versión oficial sobre lo sucedido era una pura patraña.

Tuve la suerte de trabajar sin ningún tipo de presión ya que la labor de campo la realicé íntegramente en mi tiempo libre. Cuando consideré que el asunto estaba maduro, pedí prestado el apartamento a un amigo y me encerré dos días en él para dar a luz mis primeras conclusiones que quedaron plasmadas por escrito en más de 35 folios.

Entregué el trabajo, casi en bruto, a mi director -un hombre lógicamente siempre muy ocupado- y para mi sorpresa vi que se encerraba en su despacho y lo leía entero de un tirón.

Debo dejar claro que desde el primer momento recibí de él un apoyo sin fisuras. La única pega que planteó es que, por razones de espacio, era imposible publicarlo, sin cortar, en una sola entrega y que, por tanto, habría que adelgazarlo. Así lo hice, respetando la esencia de lo que le había presentado. El texto resultante ocupó cinco páginas enteras -algo realmente insólito en un diario- del ejemplar de EL MUNDO del domingo 18 de abril de 2004.

El reportaje no había sido concebido con vocación de continuidad y la mejor prueba de ello es que no llevaba numeración que indicara que aquello fuera a seguir. Lo que a la postre resultó, sin embargo, una primera entrega recopilaba las preguntas de sentido común que cualquier ciudadano podía plantearse a la vista de los datos oficiales sobre los atentados. Supuso un éxito de venta y el texto comenzó a circular en Internet y a base de fotocopias en los días siguientes.

El encargo del director desde el momento de su publicación fue taxativo: había que responder a todas aquellas preguntas, cualquiera que fuera el resultado y se tardara lo que se tardara en conseguirlo.

En aquellos días no podía imaginarme que menos de un año más tarde se habrían publicado 14 entregas de los agujeros negros. Ni que esas dos palabras quedarían acuñadas en una parte de la opinión pública y que ésta asumiría como propias muchas de las preguntas planteadas.

No ha sido un camino de rosas. Remar contra corriente siempre es incómodo.

Tal vez el momento de mayor desazón surgió en Gijón, en plena Semana Negra, cuando, en una mesa redonda a la que me había invitado un viejo amigo y a la que nunca debí acudir, una señora del público me espetó que lo que estaba publicando era «una repugnante maniobra de intoxicación al servicio de un partido político». Para completar el cuadro alguien de las últimas filas gritó -a modo de insulto- la palabra «Fungairiño».

Es justo reconocer que también ha habido momentos reconfortantes en los que personas de distintos estamentos sociales me han expresado su aliento para que continuara en el camino emprendido, atribuyéndome una responsabilidad excesiva desde cualquier punto de vista.

SILENCIO

El silencio absoluto de la competencia sobre cada uno de los descubrimientos de mi trabajo y del de mis compañeros y la contraprogramación constante para desacreditar lo que publicábamos, son hechos que en nuestro oficio cualquier profesional debe asumir con naturalidad.

Algunos políticos -los de la oposición- llegaron a acercarse a mí para advertirme que esperaban con ansiedad la próxima entrega. Como si depositaran sus esperanzas en lo que pudiéramos averiguar. Como si ellos, y todo su grupo de poder, no tuvieran infinitos más medios de aproximarse a la verdad que los de unos simples reporteros.

El silencio del partido en el Gobierno ha sido muy elocuente. Me consta que sólo se agitaron las aguas en momentos muy puntuales como el del descubrimiento de la cinta con la grabación de Campillo a Lavandera. Los agujeros nunca les han preocupado, a pesar de que conseguimos desvelar a la opinión pública datos como que la banda de Avilés trabajaba para la policía, que se permitió el traslado de explosivos, que una parte se trasladó en tres viajes en un autobús de línea, que desde el teléfono de un policía se hacían llamadas a los miembros de la banda, que ETA robó un coche para un atentado en el callejón de Avilés donde vivía Emilio Suárez Trashorras, que la Guardia Civil miró para otro lado, o que las numeraciones de los envoltorios encontrados entre los restos del piso de Leganés conducían a muchas otras explotaciones además de a Mina Conchita.
Varios miembros destacados del Partido Socialista han comentado en privado que cuanto más se enmarañe la trama de personajes que salen a la luz menos posibilidades tiene el relato de calar en la gente. Es como engordar el señuelo.

Tienen razón. Son tantos los nombres de confidentes, mandos policiales, agentes de base, traficantes de droga y explosivos, transportistas, manipuladores de tarjetas, chorizos, testigos ocasionales, testigos protegidos, sin contar las dificultades lógicas de manejar nombres en árabe- que se han barajado, que ni siquiera los muy interesados en el tema pueden ser capaces de seguir el relato sin perderse. «Déjales que hablen», decía en un círculo íntimo Rubalcaba, «nadie en la calle sabe distinguir entre Trashorras, Zouhier, Lavandera o Zougán».

Insisto en que tiene razón. Un exceso de información, en ocasiones filtrada con mala intención y, sobre todo, encaminada en direcciones opuestas, ha conseguido el pernicioso efecto de que nadie sepa a qué atenerse. La confesión completa de un arrepentido que relatara en un medio de comunicación todos los pormenores de cómo se montaron los atentados pasaría hoy totalmente desapercibida.

A la numerosa y absurda lista de los autores intelectuales, de los inductores, de los responsables de la matanza que se publicaron en las primeras semanas, como ya denunciamos en el primer agujero, habría que añadir las decenas de nombres que se han añadido posteriormente. ¿Han sido los iraquíes, los sirios, los marroquíes, los saudíes, los afganos, los egipcios? ¿A qué corriente integrista obedecían los pequeños delincuentes de Lavapiés?

No hay respuesta oficial, aunque la lista de autores intelectuales aumente con cada doble página, con cada reportaje de televisión en una cadena sin sentido en la que vale todo y que no nos lleva a ninguna parte. Está aclarado todo -asegura el Gobierno con insistencia- pero aún queda por descubrir algo tan insignificante como quién tuvo la idea, quién lo planeó tan minuciosamente y quién lo mandó ejecutar.

Eso sí, sabemos con seguridad quién llevó a cabo los atentados, con nombres y apellidos, a pesar de que en su contra no hay más pruebas que algunos testimonios contradictorios de testigos en los trenes, huellas desperdigadas y llamadas telefónicas entre los miembros del grupo integrista, en las que nunca se mencionan los atentados ni se nombra la palabra explosivos. A pesar, sobre todo, de que eran personas controladas por varios servicios de las Fuerzas de Seguridad, antes, durante y después del 11-M. Individuos fichados en Marruecos, en España y en las cancillerías que se precian de tener datos fiables sobre posibles islamistas radicales. Personas con sus teléfonos controlados, individuos con pequeños negocios cuyos locales estaban pinchados por la policía, la Guardia Civil o el CNI. Viejos conocidos de todos los que husmean entre los grupos radicales.

¿Y quieren hacernos creer que esos personajes consiguieron burlar el cerco de seguridad y sorprendieron a todos los que los vigilaban? Las cosas no son así en el mundo real.

DEDUCCION

Pero lo más llamativo, desde el punto de vista intelectual, la mentira más flagrante que quieren colarnos es la de que los explosivos empleados en la masacre pudieron obtenerlos de una forma sencilla al entrar en contacto con una pequeña banda de delincuentes de Avilés, alguno de cuyos miembros estaba vinculado a una pequeña explotación minera.

Todo muy normal, excepto por el pequeño detalle de que cada uno de los individuos de la trama asturiana, Emilio Suárez Trashorras, Antonio Toro Castro, Carmen Toro Castro y Javier González Díaz, eran confidentes de la policía. Y estaban, o debieran haber estado, controlados por la Guardia Civil a la que, con pelos y señales, habían contado al menos tres personas -ya desde el verano de 2001- cómo vendían grandes cantidades de explosivos y cómo querían encontrar a alguien que supiera fabricar bombas con móviles.

La verdad incuestionable es simple. Los implicados en la matanza del 11-M estaban controlados de una u otra forma por las Fuerzas de Seguridad. Los que les proporcionaron los explosivos eran chivatos de las Fuerzas de Seguridad. La persona que puso en contacto a ambos grupos cobraba de las Fuerzas de Seguridad -así lo ha reconocido el propio Rafá Zouhier-. La Guardia Civil conocía de antemano el atraco por el que le internaron en la prisión de Villabona, donde precisamente conectó con el proveedor Antonio Toro.

No se puede pedir más. Bueno, sí. Se puede añadir la confesión, declarada a este reportero por miembros de la Guardia Civil en el verano de 2004 -cuando todavía la trama de Avilés no había adquirido tanta relevancia- en el sentido de que la entrega de los explosivos en Asturias por parte de Emilio Suárez Trashorras a la llamada célula islamista estuvo en todo momento vigilada. No he podido encontrar otra fuente que lo ratifique.

«El problema -me aseguraron- es que dicen que los perdieron al llegar a Madrid porque creían que iban a ir a una dirección y fueron a otra».

Si la trama de Avilés estaba controlada, si la célula de los islamistas se encontraba bajo vigilancia, ¿cómo puede explicarse que en el último momento los presuntos autores materiales -teóricamente unos inexpertos principiantes- fueran capaces de despistar a sus controladores que a una semana de las elecciones se encontraban en nivel de alerta máximo?.
¿Cómo pudo un grupo de principiantes llevar a cabo una operación tan compleja como si se tratara de veteranos profesionales?

Cuando el planteamiento ortodoxo llevaba a la implicación de Al Qaeda, salieron a la luz nombres que sugerían la implicación de personajes de varios países, como El Tunecino o El Egipcio, aunque es bien sabido que se trataba de marroquíes.

Hacía falta un fabricante de bombas, alguien con los conocimientos necesarios para poder montarlas. Se indica inmediatamente que el responsable es alguien a quien apodan El Químico. Cuando se rectifica, el mensaje ya ha calado en la opinión pública.

Cualquier resquicio abierto en una dirección que se aleje de la autoría de Al Qaeda es considerada anatema. Pero la realidad es que los que saben sobre esa organización, estadounidenses, jordanos e israelíes tienen muchas dudas desde el primer momento. En Amán advierten a un emisario español de que esa es una pista equivocada. Los americanos van más lejos y aseguran que al considerar que Al Qaeda no es la autora material del atentado han perdido todo interés por el tema. Los israelíes, obligados por la disciplina que les ha impuesto su Gobierno, guardan silencio y recopilan datos. ¿Por qué se empeñan en presentar como individuos peligrosos a vulgares rateros? Jamal Ahmidán era un fanático integrista, según esta versión. Pero los vecinos de Morata dicen que su novia llevaba unas minifaldas de vértigo.

Miembros del CNI fueron taxativos con este reportero a finales de marzo. «Los miembros de Al Qaeda nunca roban vehículos para cometer sus atentados. Los compran o los alquilan. Los miembros de Al Qaeda jamás se mezclan con el mundillo del hampa musulmán. Los miembros de Al Qaeda jamás utilizan delincuentes. Los miembros de Al Qaeda nunca improvisan, ni consiguen los materiales explosivos en el último momento».

Sus células son estancas. Unos lo planean, otros proporcionan los medios materiales, unos terceros vigilan, los cuartos lo ejecutan. No se conocen entre sí. No pueden arriesgarse a que la policía capture a uno de ellos y quede al descubierto todo el entramado.

IMPROVISACIÓN

Alguien quiere hacernos creer que 12 días antes de los atentados los terroristas aún no tenían en su poder la carga mortífera. Siendo tan importante la fecha de la ejecución, no disponen de los explosivos e improvisan la operación con un delincuente español, calificado por los médicos como enfermo esquizoide que, por si fuera poco, tiene que prestarles el vehículo para el traslado de los explosivos. Y se fían de un confidente.

¿Y si Trashorras en el último momento se hubiera arrepentido? ¿Y si pide más dinero del estipulado? ¿Y si nieva ese día más todavía de lo que nevó y no consiguen llegar hasta la mina?

Quien planeó la masacre dio cuerda al señuelo más importante de toda la operación: la trama de Avilés y la entrega de los explosivos a la banda de Lavapiés. Necesitaban unos culpables creíbles para una primera impresión y un hilo conductor que llevara hasta ellos sin complicaciones. La tarjeta del móvil encontrado en la mochila de Avilés era la mayor de todas las piedras de Pulgarcito. La pista definitiva.

Curiosamente una de las grandes preocupaciones que tienen siempre los terroristas que han utilizado teléfonos móviles para sus atentados es el de no dejar pistas en el caso de que el artefacto no explosione.

¿A quién se le podría ocurrir seguir utilizando esas tarjetas después de que se conociera que la policía había encontrado una de ellas? ¿Por qué iban a emplear tarjetas compradas por ellos, manipuladas en la misma ciudad y distribuidas en sus propios locutorios? Ni siquiera un loco haría algo así. La mejor prueba es que la policía aún no ha sido capaz de localizar a los propietarios de los dos números que recibían y enviaban llamadas relacionadas con la célula de Avilés. Una de ellas comprada, por cierto, en Gijón y utilizada hasta el 2 de junio.

Y el colmo de la sinrazón. Semanas después del atentado y cuando aún están en libertad, la mayor parte de los presuntos autores materiales, se reúnen en un piso de Leganés donde aún conservan pruebas materiales de los atentados: parte del explosivo, armas y envoltorios de cartuchos.

Y todo ello, con el dormitorio de ese piso pared con pared con el de un policía, el que prestará los planos de su casa a los Geo para que se orienten.

¿Dónde están las vainas que dispararon durante «horas» con ametralladoras? Trescientas por minuto es la cadencia de disparo de esas armas. Pero en la relación exhaustiva de los Tedax y de la Policía Científica no existen las vainas de los cartuchos presuntamente disparados por esas ametralladoras. ¿Y dónde están los impactos de esas balas? ¿Y la marcación exacta de sus trayectorias, como se hace siempre en cualquier investigación policial?

¿Desde cuándo ante una situación de emergencia -aunque no fuese de la gravedad planteada el 3 de abril en Leganés- se recluta a los geos en los cines? ¿Acaso no hay un retén de guardia en su acuartelamiento? ¿No se ha medido hasta la extenuación en los ejercicios de entrenamiento el tiempo de llegada de este retén a cualquier lugar de España?

Los Geo graban todas las operaciones que realizan. ¿Dónde están las grabaciones de aquella operación, por qué no la hacen pública en su totalidad? ¿Pidieron la confirmación de la orden de entrada, para que quedara constancia, por considerarla absurda?

Un año después del 11-M, los investigadores policiales no son capaces de determinar el tipo de dinamita que explosionó en los trenes. Tampoco han sido capaces de demostrar que la dinamita encontrada salió de Mina Conchita. Por las numeraciones de los envoltorios hallados entre los restos de Leganés sólo se puede saber que una pequeña parte de la correspondiente a esos lotes llegó a Mina Conchita. ¿A dónde fue el resto? ¿Porque no pudo salir de esos lugares la que explosionó?

DEDUCCIÓN

Sólo una pura deducción lleva a los investigadores al convencimiento de que las mochilas que explosionaron en los trenes llevaban teléfonos móviles como temporizadores. Lo suponen porque en la mochila que se desactivó, la encontrada en la comisaría de Vallecas, y en otra, que lograron neutralizar, situada en un arcén, había teléfonos. ¿Y si el resto explotó por radio control? No hay forma de demostrar ni una cosa ni la contraria.

¿Y si las mochilas que no explosionaron, con sus teléfonos móviles, la tarjeta que llevó a la célula presuntamente integrista de Lavapiés, la cinta coránica y los restos de dinamita en la furgoneta de Alcalá fueran tan sólo señuelos para los investigadores? Sí, ya sé. Parece una novela de Le Carré. Pero es que la realidad -y perdónenme que se lo recuerde- es casi siempre aún peor.



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10.3.05

 

La fiscal cree que las elecciones, la guerra y el simbolismo de la cifra definieron la fecha

 

10-03-05

ANIVERSARIO 11-M / LA INVESTIGACION

La fiscal cree que las elecciones, la guerra y el simbolismo de la cifra definieron la fecha

Olga Sánchez dice que los expertos policiales apuntan a una conjunción de los tres elementos - Afirma que la célula terrorista tenía prevista una cadena de atentados tras los de los trenes

MANUEL MARRACO

MADRID.- «Los análisis que nos han remitido los expertos hablan de la conjunción de tres factores: la simbología del número 11, la reacción a la Guerra de Irak y la cercanía de las elecciones generales». La fiscal de la Audiencia Nacional Olga Sánchez, encargada de la investigación del 11-M, resumía ayer así el porqué de la fecha elegida para los atentados.

Según explicó ayer en unas declaraciones con ocasión del primer aniversario de la masacre, los terroristas «tenían un proyecto muy amplio de continuidad delictiva» que se iba a iniciar el día 4 de abril, cuando se cumplía el ultimátum establecido por ellos mismos para que España retirase las tropas de Irak. Un día antes se suicidaron cuando estaban rodeados por la policía.

En una declaraciones previas a la Cadena Ser, la fiscal había apuntado sobre la elección de la fecha para el primer atentado: «No fue una fecha elegida al azar. Aun cuando muchos de los atentados en España [de ETA] se han cometido en fecha 11, la simbología para los grupos terroristas es importante [...] Hay un dato importante, que es que el atentado se comete el primer día 11 después de que la célula operativa pudiera disponer de los explosivos. Se comete 911 días después del atentado más grave que ha sufrido EEUU. Además, se comete sobre cuatro objetivos, como ocurrió cuando Mohamed Atta y su grupo atacan con cuatro aviones secuestrados a cuatro puntos distintos. El tema simbólico es importante. No fue elegido al azar, teniendo en consideración que a los tres días había elecciones en España».

La fiscal explica que lo esencial de lo que resta por investigar debe provenir de las comisiones rogatorias -solicitudes de ayuda- libradas a otros países: Bélgica, Francia, Argelia y Marruecos.Por esa razón, no se ha cerrado todavía la instrucción. «El objetivo de la investigación es llegar hasta el final de la ideación, la preparación y la ejecución de los atentados», declaró la fiscal.Tras un año de instrucción, la fiscal prevé que todavía harán falta otros 12 meses para que se inicie el juicio por el 11-M.

Sobre la posible relación entre los islamistas y ETA, la fiscal señaló que hasta la fecha ha pedido dos informes a la Comisaría General de Información sobre los contactos que pudieran existir dentro o fuera de prisión. «Según estos informes, a día de hoy no hay absolutamente ningún dato que nos lleve a pensar en dicha relación», afirmó.

La fiscal, que se declara creyente, conmemorará a título privado el aniversario de los atentados asistiendo este próximo viernes a una misa en recuerdo de las 192 víctimas mortales, según informa Efe


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8.3.05

 

Los agujeros negros XIII - La dinamita fantasma

 

08-03-05



ANIVERSARIO 11-M / LA INVESTIGACION

La dinamita fantasma

Los informes periciales no sólo conducen a Mina Conchita

Por FERNANDO MUGICA

LOS AGUJEROS NEGROS DEL 11-M (XIII).
Un año después de los atentados del 11-M se da por supuesto que la dinamita de los atentados salió de Mina Conchita, en Asturias. Sin embargo, los datos periciales certifican que es imposible demostrar que los explosivos empleados en la masacre salieran de esa explotación. Los peritos del sumario ni siquiera consiguen determinar el tipo de dinamita que explosionó en los trenes. El Gitano, el menor condenado a seis años por su participación en la trama de la dinamita, ha revelado la presencia en el garaje de Trashorras de un español que revisó la entrega de los explosivos a los islamistas. Numerosos testimonios de vecinos de explotaciones mineras asturianas denuncian el descontrol en la custodia de la dinamita. El atraco de Zouhier y su encarcelamiento en Villabona formaba parte de un plan controlado por la UCO.

(.../...)

El estudio riguroso de la procedencia y composición de los explosivos utilizados en el 11-M es esencial para poder esclarecer los atentados. Hasta ahora, se han manejado dos verdades absolutas que se consideran indiscutibles: las bombas que explosionaron en los trenes estaban fabricadas con Goma 2 y la dinamita utilizada salió de Mina Conchita, en Asturias.

Se va a cumplir el primer aniversario de la masacre y, a la vista de los datos policiales que el juez Juan del Olmo ha sacado a la luz, las dos afirmaciones se sostienen con pruebas meramente deductivas.

En las propias conclusiones policiales se lee con absoluta claridad: «No se puede afirmar el tipo de dinamita que explosionó en los trenes». Los componentes encontrados no son suficientes como para confirmar que fuera Goma 2. En definitiva, a pesar de la desenfrenada polémica que ello suscitó, un año más tarde de los atentados no puede concretarse el tipo de dinamita que provocó la matanza.

Existen incluso expertos que aseguran que los daños estructurales en los trenes no se corresponden con una explosión provocada por dinamita si no está reforzada con otros materiales como, por ejemplo, la nitroglicerina en forma de gelatina. Sin embargo, hay una cosa clara: el material explosivo que se encontró en la Comisaría de Vallecas, en la furgoneta aparcada en Alcalá de Henares, el artefacto encontrado en las vías del AVE y la dinamita hallada en el piso de Leganés eran Goma 2.

No obstante, entre los propios miembros de la Unidad Central de Información de la Guardia Civil (UCIE) se extiende cada vez más el convencimiento de que 10 kilogramos de dinamita, sea Goma 2 o Titadyne, no hubieran roto por sí solos las estructura de la base de los vagones, ni hubieran abierto los mismos como si se hubiera utilizado un abrelatas.

«Se puede comprobar con gran facilidad», concreta un mando intermedio con mucha experiencia. «Simplemente, habría que reproducir la explosión en condiciones reales. Se explosionan 10 kilos de dinamita en un vagón de similares características y se comprueban los daños que se producen».

Si los análisis hechos con los restos de los artefactos explosionados no pueden determinar el tipo de dinamita que se utilizó en la masacre, lo mismo sucede con los mínimos restos de material explosivo encontrado en las paredes de polispán del zulo encontrado en la casa de Morata de Tajuña, la utilizada por parte de los islamistas acusados de la matanza y que murieron el 3 de abril de 2004 en un piso de Leganés (Madrid).

Como ya hemos señalado, se ha conseguido certificar la presencia de Goma 2 en los mínimos restos de explosivo hallados en una furgoneta en las inmediaciones de la estación de Alcalá de Henares, en la mochila que no explosionó en las vías del AVE Madrid-Sevilla en el término municipal de Mocejón (Toledo) -20 kilos-, en la mochila que se encontró en la Comisaría de Vallecas -10 kilos- en la madrugada del 12 de marzo y en los restos recogidos de entre los escombros del piso de Leganés, donde murieron siete de los presuntos autores de los atentados.

Hay que subrayar que las pequeñas porciones de dinamita halladas en la furgoneta de Alcalá aparecieron por la tarde en el complejo policial de Canillas horas después de que un perro especializado de la Comisaría de Alcalá no encontrara rastros de explosivos en el mismo vehículo.

LA DINAMITA QUE NO EXPLOSIONO

En definitiva, seguir la pista de la Goma 2 sólo puede conducir a la dinamita que no explosionó, precisamente la que condujo a las tarjetas de los teléfonos móviles de los islamistas detenidos y la que se llevó por delante a siete de los implicados, después de que los Geo iniciaran un asalto en contra de su propia opinión.

La afirmación de que la Goma 2 encontrada salió necesariamente de Mina Conchita es inaceptable. Todo parte de un dato policial que ya en su día pusieron en duda los expertos de la Guardia Civil encargados por el juez Del Olmo de averiguar la procedencia del explosivo. La policía les comunicó que habían encontrado un gran número de envoltorios de Goma 2 entre los restos del piso de Leganés. Así figura en los informes desclasificados por el juez a pesar de que no constan en los listados de las pruebas policiales recogidas por la Policía Científica y los Tedax.

Los oficiales de la Guardia Civil que recibieron de cargos policiales los detalles sobre cómo habían hallado esos envoltorios numerados no se creyeron la versión.

En un primer momento, los policías no especificaron el lugar exacto donde los habían recogido. Luego se miraron y comentaron que los habían encontrado en una especie de hoguera. Los guardias civiles afirmaron más tarde ante sus compañeros que les dio la sensación de que estaban mintiendo.

Sin las numeraciones de esos cartuchos, nunca se hubiera podido relacionar con Mina Conchita la dinamita que explosionó en los trenes.

Un estudio riguroso de las numeraciones nos lleva, sin embargo, a algo muy sorprendente. Sólo una mínima parte de la dinamita fabricada con los números de lote que figuran en esos envoltorios conducen a esa mina.

'OPERACION PARAMO'

En el informe del pasado mes de junio, denominado Operación Páramo, el relativo a la procedencia de los explosivos, la Guardia Civil especifica que, según la información facilitada por el Cuerpo Nacional de Policía, se habían encontrado en el piso de Leganés 588 envoltorios de cartuchos de Goma 2.

En los informes periciales que ha facilitado el juez Del Olmo, los 588 se convierten en 594. Sea como fuere, se señala que todos pertenecen al calibre 26 -lo que equivale a 26 milímetros de anchura- y que tienen una longitud de 200 centímetros -sin duda, un error de transcripción ya que debiera decir 200 milímetros-.

Con un peso de 155 gramos cada uno, los envoltorios corresponderían a una cantidad aproximada de 90 kilogramos, menos de la mitad de la que se contabiliza en relación con el 11-M.

Produce sorpresa el hecho de que se encontraran los papeles tan íntegros -excepto 215- como para leerse en ellos la numeración que corresponde a sus lotes de fabricación después de la destrucción del piso con 20 kilos de explosivo.

Por cierto, un teniente coronel del Estado Mayor aseguró a este periodista que la forma de la explosión recogida en un vídeo doméstico parecía indicar más la presencia de un explosivo militar.

LOS MOVILES

En todo caso, los envoltorios que la Policía encontró en Leganés no pudieron localizarse antes del 4 de abril de 2004, ya que la explosión tuvo lugar el día 3. ¿Cómo es posible que detuvieran a Emilio Suárez Trashorras, un ex minero de Mina Conchita, como proveedor de la dinamita 15 días antes?

A Emilio y a otros muchos se le relacionó con el 11-M por el seguimiento de las llamadas telefónicas que encontraron en los móviles de la célula islamista. Su detención por ese motivo está dentro de la lógica. Pero el paso siguiente, presentarlo a la opinión pública como el proveedor de los explosivos, era mucho más aventurado.

Por aburrido que resulte, es imprescindible estudiar con detenimiento las numeraciones de los envoltorios encontrados en el piso de Leganés para demostrarlo.

Se dice en los informes policiales que 37 corresponden al número 033N212, 22 al 044E071, 271 al 044E152 y 49 a un número incompleto, el 044E15... Se especifica que 215 resultan ilegibles.

En realidad, todos esos datos son incompletos, ya que las numeraciones de los cartuchos llevan muchos más dígitos que, en este caso, no figuran en la relación policial.

Una primera parte -normalmente de tres dígitos- corresponde a la identificación de la fábrica de la que procede y a la máquina que lo ha elaborado. La letra representa el mes de fabricación -en el caso que nos ocupa, sería la N de noviembre y la E de enero-. Los siguientes dos, tres o cuatro dígitos especifican el lote del producto y el palé. Cada palé equivale aproximadamente a 1.050 kilos y cada lote supone una producción con el mismo número de entre 3.000 y 4.000 kilos.

Los dígitos que faltan en las numeraciones aportadas por la Policía corresponden al año de fabricación y al número específico que tiene cada uno de ellos en una serie que comienza de nuevo cada 1 de enero. Son datos relevantes que pueden determinar, por ejemplo, si los envoltorios encontrados corresponden a cartuchos correlativos.

Lo más preocupante del caso es que, completas o incompletas, las numeraciones encontradas en los envoltorios no llevan necesariamente a la asturiana Mina Conchita, como se ha repetido hasta la saciedad.

«No sé de dónde han podido sacar la conclusión de que los explosivos de los atentados salieron de Mina Conchita. Si revisas los informes con atención, te das cuenta de que todo está prendido con alfileres.No tienen ninguna certeza y se han escogido palabras ambiguas deliberadamente para que cuadren los escritos presentados al juez. Tenían marcados unos culpables de antemano y los informes debían contribuir a navegar en esa dirección».

El que así habla es un veterano investigador, precisamente experto en el control de explosivos.

«PODRIA HABER SALIDO...»

De hecho, en la redacción final de los informes se emplea siempre el condicional. Se dice «podría haber salido» para evitar afirmaciones rotundas. Y lo que es más grave: se reconoce taxativamente que en el almacén que surtía de dinamita a Mina Conchita -el depósito de Valdellano, correspondiente a la empresa Canela de Seguridad- «no se tomaban referencias de los palés que entraban ni de los materiales explosivos que se enviaban a las explotaciones consumidoras».

En definitiva, no existen datos concretos de las numeraciones que llegaron en esas fechas a Mina Conchita.

Por otra parte, de la fábrica de Páramo de Masas, de Unión Española de Explosivos (UEE), se enviaron cartuchos de dinamita con las numeraciones encontradas en Leganés a dos depósitos: el de Columbiello, en Asturias, y el de Villanueva de Jamuz, en León. ¿Adónde fue la dinamita con esas mismas numeraciones que llegó al depósito de León?

Hay que remarcar, además, que Canela de Seguridad, la empresa proveedora asturiana, no surte sólo a Mina Conchita. Tiene concedida por UEE la exclusiva para la distribución de su dinamita en un radio de 125 kilómetros, que abarca todo el Principado de Asturias.

En el informe de la Operación Páramo, que realiza la Guardia Civil a partir de la orden de 24 de marzo de 2004 del Juzgado Central de Instrucción para averiguar la procedencia de los explosivos, se especifican las cantidades de dinamita con las numeraciones de los envoltorios de Leganés que llegaron a uno de los depósitos a los que los enviaron: el de Columbiello:

El día 14 de enero, 500 kilos de 044E071; el 21 de enero, 1.050 kilos de 044E151-152; el 30 de enero, 1.050 kilos del 044151-152; el 3 de febrero, 1.050 kilos del 044E151-152; el 6 de febrero, 2.000 kilos del 033N212, y el 10 de febrero, 2.100 kilos del 033N212.

Desde el depósito de Columbiello, y según los mismos informes, llegaron al depósito asturiano de Valdellano sólo las cantidades especificadas: 15 de enero de 2004, 500 kilos de 044E071, el 3 de febrero. 1.050 kilos de 044E151-152, el 6 de febrero, 500 kilos de 033N212, el 12 de febrero, 500 kilos de 033N212 y el 18 de febrero, 1.050 kilos de 033N212.

SOLO UN 10% LLEGO A MINA CONCHITA

Las cantidades que, «según los cálculos realizados teniendo en cuenta el sistema de reparto habitual, pudieron llegar a Mina Conchita de las numeraciones investigadas» -así es la redacción del informe-, son: el 23 de enero («y no antes») entre 175 y 300 kilos de Goma 2 con la numeración 044E071; el 9 de febrero, «por el mismo cálculo», 300 kilos de las numeraciones 044E151-152; el 16 de febrero, «probablemente» [sic] 275 kilos de la numeración 033N212; el 23 de febrero, los 300 kilos servidos «tenían probablemente [sic] «la numeración 033N212.

Dado que de cada lote de dinamita, como ya hemos comentado, se fabrica un mínimo de 3.000 kilos, hay que concluir que las cantidades «aproximadas» suministradas a Mina Conchita corresponden a una pequeña parte del total de los cartuchos que llevan esas numeraciones.Concretamente, de los 3.000 kilos del lote fabricado con la numeración 044E071 sólo entre «175 y 300 kilos» llegaron teóricamente a la mina. En el supuesto más optimista, sólo un 10%. ¿Adónde fueron los 2.700 kilos restantes, correspondientes a más de 16.000 cartuchos?

UNA DINAMITA MUY REPARTIDA

El enigma no lo resolvemos nosotros, sino los propios investigadores, que concluyen en el informe al juez: «No se puede afirmar con absoluta certeza que los cartuchos hallados», -en realidad, debiera decir las numeraciones de los envoltorios hallados-, «en el piso de Leganés con las numeraciones investigadas procedan de Mina Conchita.» Y lo ratifican: «A esto hay que añadir que otras muchas explotaciones, tanto en España como fuera del territorio nacional, han consumido cartuchos con las numeraciones investigadas».

En las declaraciones del único condenado -seis años de internamiento- en relación con el 11-M, el menor G.M.V., apodado el Gitano, se detallan los tres viajes que él y otros dos individuos realizaron desde Oviedo hasta Madrid en un autobús de línea para entregar a los islamistas bolsas con explosivos por encargo de Emilio Suárez Trashorras. El primero de ellos, lo hace Sergio Alvarez, un joven carnicero de un supermercado de la localidad asturiana de Salinas.

Lo lleva a cabo en la primera quincena de enero. Está probado en los informes policiales que posee el juez que la dinamita con las numeraciones de los envoltorios encontrados en Leganés no pudo llegar a Mina Conchita, como ya hemos comentado, «en ningún caso antes del día 23 de enero». Es evidente, por tanto, que la dinamita que presuntamente transportó Sergio Alvarez no corresponde a la de las numeraciones investigadas. ¿De dónde salió esa dinamita que nada tiene que ver con la encontrada en Leganés? ¿Adónde fue a parar?

El Gitano es el único individuo que ha aceptado su participación en el robo de dinamita en las cercanías de Mina Conchita, en la noche del 28 al 29 de febrero de 2004. Incluso Emilio Suárez Trashorras lo ha negado y sólo acepta la entrega de detonadores a los islamistas.

Pues bien, el Gitano dio en su declaración un dato relevante que hasta ahora ha pasado inadvertido. La presencia esa noche en el garaje de Trashorras, el de la avenida de las Vidrieras de Avilés, de un personaje español que observó de madrugada la operación de trasvase de explosivos de un coche a otro. El Gitano detalla en su declaración de 15 de junio de 2004 -en presencia de Olga Emma Sánchez Gómez, representante del Ministerio Fiscal, y del abogado de oficio José Baeza Martínez- cómo este misterioso personaje, alguien que hasta ahora no había salido en la trama, comentó algo a Emilio y a los islamistas -que habían llegado esa noche de los alrededores de la mina con cinco mochilas cargadas- sobre el puerto asturiano de San Isidro.

Tenemos, pues, a un español que supervisó esa noche el paso de los explosivos por el garaje de Trashorras y que aún no ha sido investigado.

Los propietarios de la empresa a la que pertenecía Mina Conchita, Caolines del Merillés, aún no se explican cómo fue posible que, en un espacio tan corto de tiempo -entre el 23 de enero de 2004 y el 28 de febrero de 2004-, se pudiera robar en esa explotación una cantidad tan grande de explosivos; teóricamente, 200 kilos.El consumo total de la empresa no sobrepasaba una media de 2.000 kilogramos mensuales de dinamita.

Aceptan con naturalidad que puedan robarse varios cartuchos, camuflados por un consumo menor que el declarado, pero 200 kilos son más de 1.200 cartuchos. Es algo que no hubiera podido pasar desapercibido.

LA MANO EN EL FUEGO

Los dueños, por otra parte, ponen la mano en el fuego por uno de los principales acusados, el encargado de la mina, Emilio Llano Alvarez.

«Es un hombre que ha estado con nosotros desde los 16 años y ahora tiene más de 40. Además, se ha criado muy cerca de la familia, siempre hemos tenido una confianza ciega en él. Nos ayudaba en la finca en los trabajos de la miel. Incluso ahora que está en la cárcel se nos hace muy cuesta arriba pensar que está implicado en algo tan grave».

«Ganaba un sueldo muy digno», 3.000 euros, «y no tenía especiales necesidades económicas. Desde luego, nosotros vamos a seguir pagándole cada mes su sueldo, esté en la cárcel o no.»

«Hay otra cosa que no nos parece razonable. Teóricamente, nuestro encargado tendría que haber estado de acuerdo con Trashorras para llevar a cabo los robos. La realidad es que no lo podía ni ver. Es más, Emilio Suárez Trashorras no siguió trabajando en la mina», desde 2002, «por el informe negativo que dio Emilio Llano. Alegó que era un desastre, que siempre estaba enfermo, que no cumplía y que, por tanto, no había que renovarle el contrato.¿Habría hecho algo así de estar metido con él en una trama de robo de explosivos?».

Uno de los ángulos más oscuros de toda la trama es el comienzo de la relación entre la célula de Avilés -Emilio Suárez Trashorras y Antonio Toro- y la célula islamista de Jamal Ahmidan, alias Mowglee o El Chino. Se sabe que Antonio Toro entró en la cárcel asturiana de Villabona, en julio de 2001, a raíz de su detención en la operación Pípol. La Fiscalía dejó a un lado la investigación de los 16 cartuchos de dinamita que se habían encontrado en un vehículo estacionado en su garaje de Avilés y se centró en el tráfico de drogas.

Este periódico ha sabido ahora que Antonio Toro tiene paralizado en la Comisaría de Oviedo un expediente por habérsele encontrado -antes de la operación Pípol, de la primavera de 2001- en posesión de dos cartuchos de dinamita. El informe está dormido desde entonces y nadie ha querido sacarlo a la luz.

Fue en la cárcel de Villabona donde Antonio Toro ofreció explosivos, primero a ETA y más tarde a internos islamistas.

ATRACO OPORTUNO

Antonio Toro coincidió también con Rafá Zouhier, y fue fruto de ese contacto por lo que entró más tarde en tratos con Jamal Ahmidan y el grupo de los presuntos autores materiales del 11-M.

Lo que ahora estamos en condiciones de afirmar es que la entrada de Rafá Zouhier en Villabona no fue casual. Es sabido que tanto Emilio Suárez como Antonio Toro eran confidentes de la policía.El propio Rafá ha reconocido que era, en aquella época, confidente de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. También se conoce que ingresó en la cárcel después de cometer un robo con violencia -por alunizaje- en la joyería Luna de Oro del centro comercial asturiano Parque Principado.

Lo que no se ha contado es que fue un atraco teledirigido. La Policía Judicial de la Guardia Civil madrileña advirtió a la de Gijón de que Rafá Zouhier -confidente y con los teléfonos controlados- y tres compinches viajaban a Asturias para cometer un atraco. Se pusieron en alerta varias patrullas y uno de sus vehículos tuvo precisamente un accidente en las cercanías de Parque Principado.

El alunizaje se consumó el 18 de septiembre de 2001 y comenzó una persecución de los atracadores, según consta en las diligencias 392/2001 del Puesto de Noreña. Se avisó de que eran peligrosos y de que iban armados. En la captura intervinieron, entre otros, el sargento del Núcleo de la Reserva de la Comandancia de Oviedo, Antonio López, y el guardia civil del equipo de la Policía Judicial de Mieres José Ramón González.

Antes de la detención hubo dos tiroteos sin ningún herido, el primero cerca del peaje de Campomanes y el segundo -el único que consta en el informe oficial- cerca del apeadero del tren de Puente los Fierros. ¿Quién había conducido hasta ese lugar a los atracadores en su huida? Zouhier utilizó su teléfono móvil -controlado por la UCO- y a través de él alguien le avisó de que a esa hora pasaba un tren por Fierros que podían tomar.

SILENCIO OFICIAL

Zouhier se resistió ostensiblemente a la detención. Curiosamente, en los periódicos asturianos el suceso quedó reducido a unas pocas líneas, en parte porque desde la Comandancia de Gijón alguien se preocupó de que pasara desapercibido para los medios.

A pesar de la importancia teórica de la captura a tiros de unos peligrosos atracadores muy pocas horas después de cometer su fechoría, se redactó una nota de prensa en la que apenas se daban datos.

En la Comandancia, uno de los encargados de las notas de prensa se negó a hacerlo de la manera en que querían los mandos. Se llamó a otro guardia que estaba de permiso para que lo hiciera.

En la nota se relataba que se había procedido a la detención de cuatro «vecinos de Madrid», a los que se había confiscado una mochila cargada con joyas por valor de cuatro millones de pesetas -24.000 euros-. La nota proseguía diciendo que el vehículo en el que viajaban los cuatro jóvenes -de los que no se daban ni siquiera las iniciales- fue interceptado el día 19 de septiembre de 2001 a la altura de Puente los Fierros, en la Nacional 630.


El asunto pasó desapercibido, pero a raíz de ese atraco, perfectamente controlado por la Guardia Civil desde Madrid, Rafá Zouhier ingresó en la prisión de Villabona y permaneció en ese centro hasta febrero de 2002. Fue así como éste pudo conectar con Antonio Toro, al que Rafá pondría a su vez en contacto con los islamistas de Lavapiés.

Por cierto, a raíz del 11-M se comentó que uno de los implicados en los atentados acompañaba a Rafá Zouhier en aquel atraco. No es cierto. Los nombres de sus acompañantes, según figura en las diligencias, fueron Juan José Caro Moraleda, vecino de Madrid, nacido en 1982; Francisco Javier Bustos Alonso, nacido en 1978, y Nordin Achor Mohand, nacido en Melilla en 1978, el único que llevaba un documento de identidad, el número 42298345.


MAS CONFIDENTES EN LA TRAMA ASTURIANA

En la trama de Avilés, Emilio Suárez y Antonio Toro no eran los únicos confidentes policiales. También lo era Javier González Díaz, imputado en los atentados por el juez Del Olmo. El Gitano involucra en su declaración a una persona conocida en el mundillo del hampa asturiana como El Dinamita. Se trata de González Díaz, un hombre que ya cumplió condena en 1979 en relación con 400 kilos de dinamita.

Es evidente que tenía conocimiento de la trama de venta ilegal de los explosivos relacionados con el 11-M, ya que, según detalla El Gitano, el mencionado Javier «había tenido relación con el robo de dinamita para el viaje que había hecho Sergio» -se trata del viaje que hizo Sergio Alvarez en un autobús de línea a Madrid con explosivos para El Chino-. «Emilio y Javi fueron a robar dinamita a la misma mina donde había estado trabajando, quedándose Javi vigilando mientras Emilio robaba los cartuchos».

Javier González Díaz, El Dinamita, conocía pues la trama de explosivos y a la vez era confidente de la Policía. Otro confidente más en el haber de la célula de Avilés que facilitó los explosivos a los islamistas.

Según se recoge en su declaración, El Gitano reconoció perfectamente a Javier González como el que figuraba en las fotografías números 18 y 26 del segundo álbum que le enseñaron.


En el informe Operación Páramo, de la Guardia Civil, se reconoce a Javier González El Dinamita como un hombre que ha mantenido una relación estrecha con Emilio Suárez Trashorras y Antonio Toro Castro «en una amplia variedad de negocios ilícitos». Desde su teléfono móvil realizó frecuentes llamadas a los teléfonos de Trashorras, Carmen Toro y Antonio Toro. En su teléfono hay llamadas, sólo recibidas, de los números 656000311 y 619535764, implicados en la trama y de los que aún no se ha averiguado el nombre de sus usuarios, aunque investigadores asturianos los sitúan en el ámbito de las Fuerzas de Seguridad. Desde el primero de estos dos números se llamaba frecuentemente al de Rafá Zouhier.Se cierra así, una vez más, el círculo.

En las comandancias asturianas de la Guardia Civil no ha sentado nada bien la irrupción de los interventores de armas y de los comisionados llegados al Principado para averiguar si en las distintas minas se guardan los controles necesarios para que no vuelvan a desaparecer explosivos. Los interventores asturianos consideran que esa desconfianza hacia su trabajo es vejatoria.Por otra parte, se quejan de que los resultados obtenidos -sólo han encontrado fallos leves que han dado lugar a pequeñas multas- no han sido nada brillantes. «Sólo han gastado el dinero de los contribuyentes -54 euros por persona y día- en dietas para un montón de gente que no hacía la menor falta».

MINAS SIN CONTROL

La experiencia vital de la población asturiana que vive cerca de las minas contradice los informes de la Guardia Civil. Aseguran muchos vecinos que ha habido un profundo descontrol que ha facilitado el tráfico ilegal de explosivos.

Entre los habitantes de las cercanías de La Collada se recogieron hace más de dos años, inútilmente, 400 firmas en contra de la reapertura de una explotación minera. Los vecinos han denunciado que, durante los meses anteriores y posteriores al 11-M, la explotación recibía grandes cantidades de material explosivo procedente de León y que jamás vieron salir material de esa mina.

«Llegaban coches de lujo, sobre todo en febrero de 2004, a las dos y tres de la madrugada por caminos impracticables. La Guardia Civil no atendió ninguna de nuestras llamadas, y cuando por casualidad llegaba una patrulla la mina siempre estaba sin actividad. Sabemos que recibían dinamita por los camiones de transporte y porque, sobre todo por la noche, explosionaban cartuchos que hacían temblar las casas. Aquí se ha traficado con dinamita en cantidades muy superiores a la que pudo faltar en Mina Conchita. Y si no, que nos digan dónde está toda la que han traído a esta explotación improductiva».

La denuncia de un antiguo encargado de una mina en La Viesca, a muchos kilómetros de Mina Conchita, es mucho más concreta:

«Yo dejé de trabajar en la mina en marzo de 2004. Desde el terreno en el que trabajo seguí viendo cómo llegaba casi todos los días el camión con el remolque de los explosivos y los dos vigilantes de seguridad. La dinamita llegaba regularmente, pero nunca salía ningún tipo de material. En circunstancias normales, tienen que salir 200 o 300 toneladas de todos los días. Ahí cerca está la casa de un guardia civil del cuartel de Trueces. El puede certificar que durante mucho tiempo llegaba la dinamita pero no salía el material. Es evidente que alguien se la ha llevado.Y lo digo delante de un juez y de quien haga falta».


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7.3.05

 

MaraGINgall

 


Maragall es un cadáver político. Sus excesos verbales han sido el virus causante de su desgracia. A veces, en estados alterados de conciencia no se pueden pasar los discursos por el tamiz de la razón; vivir con demasiada asiduidad en este estado pudo hacer confundir a MaraGINgall la realidad con lo políticamente conveniente.

Maragall acostumbra a soltar la húmeda con demasiada frecuencia, acostumbrado a la impunidad otorgada por la coraza mediática que en Cataluña le apoya; en esta ocasión ha sido demasiado imprudente. Va a ser mandado al limbo, y lo será no por el
grupo político ofendido por su insinuación de corrupción, si no por su propio partido. (.../...)

Maragall ha abierto la Caja de Pandora, en ella se guardaban bajo un manto de silencio todos los males de Cataluña. La corrupción no sólo era cosa de CIU, y eso es lo que preocupa PSC. Eso es lo que no le perdonan, ha destapado un tarro de las esencias que impregna de olor a los principales partidos catalanes. Desde
el primer momento de la crisis el PSC se planteó la sustitución de Maragall al frente de la Generalitat. Después de sus últimas perlas y diatribas se ha puesto una diana en el pecho y sus “amigos” afinan y calibran sus miras para hacer fuego en el momento oportuno. El lo sabe y como consecuencia, al igual que Jordi Pujol se envolvía en la senyera para defenderse de las acusaciones, el tiene la desfachatez de envolverse en la bandera guerracivilista de la izquierda frente a la derecha “golpista”, exactamente igual que lo hacían Prieto o Largo Caballero después de haber iniciado la guerra con un golpe cruento en el año 1934. Pero como esta bandera le pareció poco escudo quiso envolverse con la bandera de una drama social, el del maltrato a la mujer comparándolo con su “sufrimiento” , comparación que le ha supuesto la critica de la Vicepresidenta del Gobierno, aunque oficialmente la matice con el apoyo explicito a su proyecto. Es curioso el silencio de las Asociaciones de Mujeres ante esta barbaridad MaraGINgalliana, mudez que no hubieran conservado si el autor de semejante vómito hubiese sido un miembro del PP.

Maragall puso la soga en el cuello de ZP, las bridas en su bocón vacuo y las riendas pegaditas a sus orejas para llevarle por la senda que él quería. Pero ahora MaraGINgall se ha convertido en un bomba de relojería que es preciso desactivar, ya no cuenta con el favor del mismo PSC que tiene como responsable de formación al jefe de FILESA. Maragall firmó su sentencia de muerte política al hablar del 3%. Ese mismo 3% que no tiene mas colores que el rojo y el amarillo cuatribarrado sin mirar el escudito del partido político que tiene impreso en los bajos. La bala tiene grabado un capullo de rosa asido por una mano, sólo hace falta el momento que se le va hacer llegar a su destinatario.



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6.3.05

 

Un islamista nos dijo: «Esperad, os mandamos un emisario»... Era un terrorista con cinturón bomba»

 



Un islamista nos dijo: «Esperad, os mandamos un emisario»... Era un terrorista con cinturón bomba»


Inspector del GEO que dirigió el operativo de asalto al piso de Leganés



El Inspector del Grupo Especial de Operaciones cuanta en esta entrevista cómo se desarrolló el asalto al piso en el que se suicidaron los siete terroristas islamistas del 11-M. En su memoria guarda "la cara pálida de Javier", su compañero y amigo, muerto en la operación policial.
(.../...)

Foto: ABCRecuerda que quería ir al cine con su hijo. Cómo lo podría olvidar si tiene grabado cada instante de ese día 3 abril, en el que junto con catorce compañeros, todos agentes del GEO, sufrió la explosión provocada por los siete islamistas que se suicidaron en Leganés.

Lo tiene todo muy presente, en especial la muerte de su amigo Javier -Francisco Javier Torronteras-. Y en presente, el inspector que dirigió el operativo de asalto empieza a contar los prolegómenos de aquella jornada. Su voz aún tiene tono nasal porque la explosión le destrozó la nariz. Además, una cicatriz de no sabe cuántos puntos recorre su frontal derecho.

«Comienzan las vacaciones de Semana Santa y parte de los agentes de servicio están dedicados a la búsqueda del "comando" que atentó en el 11-M; otros han bajado al sur con motivo de un secuestro. En la base no quedan muchos efectivos. Yo mismo estoy de libranza. Camino del cine, a eso de las cinco y media, recibo una llamada del comisario jefe. Le digo que voy al cine con el crío y él me dice que me olvide de películas y me acerque a la base de Guadalajara, que hay un tiroteo en Madrid. «Vete para allá con los primeros que lleguen a la base», me ordena. Mi chaval y yo damos media vuelta y antes de que llegue a casa para dejar al crío me vuelve a llamar y me asegura que la emergencia es muy grande, que me dé toda la prisa del mundo. Tanta me di que dejé al niño en la calle, pero cerca de casa, y me dirigí a la base. Antes de llegar, me vuelve a llamar el comisario y me repite que el tiroteo prosigue. «Pero cuánta munición tienen esos tíos; lo normal es que se les acabe», pienso para mí cuando estamos cargando el vehículo. A las seis y cuarto recibo la cuarta llamada: «Sal ya para Madrid con lo que tengas, el tiroteo continúa y hace falta que estemos allí». Salimos diez y de camino me dan el teléfono de un comisario de Información que me dice que el tiroteo es en Leganés...».

Pregunta.-Entonces, salieron convencidos de que iban a un simple tiroteo...

Respuesta.-Bueno, pensamos que era una intervención convencional y cargamos en los vehículos material para una intervención estándar. Durante el camino me volvió a llamar el comisario jefe para decirme que había conseguido contactar con otros cuatro geos y que él también se iba a trasladar. Cuando llegamos a Leganés nos fuimos acercando a la zona guiándonos por el helicóptero que ya sobrevolaba el lugar. Eran las siete. El comisario de Información me comenzó a dar noticias de lo que ocurría: que el tiroteo se había producido desde el interior del piso y que era posible que fueran los del 11-M. También me dijeron que era más que posible que tuvieran kilos de explosivo. A partir de ahí, comenzamos a elaborar nuestro plan táctico.

P.-¿Qué datos tuvieron en cuenta?

R.-Ratificamos que, en efecto, eran los de la matanza. Luego, estuvimos hablando con los vecinos para conocer la vivienda y ver la posibilidades de acceso. Pero cuando estábamos buscando los planos de las casas llegó un compañero policía que vivía en el portal de al lado contándonos que uno de los dormitorios de su casa daba pared con pared con la vivienda de los terroristas. Entramos en el piso del compañero y allí sentimos el nerviosismo que tenían los islamistas. Daban voces, gritos... No los entendíamos, pero los alaridos eran de sobra elocuentes. Para nosotros era muy valioso conocer la distribución de la casa porque de esa manera podíamos saber por dónde nos teníamos que mover para hacer que nuestra actuación fuera rápida. Y más aún sabiendo que tenían explosivos.

P.-¿Cómo lo supieron?

R.-Al principio había muchas dudas, pero también muchas posibilidades de que los tuvieran. Era un elemento clave para nosotros. Poco después supimos que en el 091 se había recibido la llamada de una familiar de los islamistas informando de que habían colocado explosivos en la puerta de la casa. No obstante, las dudas se mantenían.

P.-Una vez conocida la distribución de la casa ¿qué hicieron?

R.-Hasta las nueve, cuando se produjo la intervención, transcurrieron dos horas en las que tuvimos que analizar miles de elementos. Parece que en dos horas tienes tiempo para hacer miles de cosas, pero se nos pasaron volando. El plan de actuación lo empezamos a diseñar enseguida, aunque lo fuimos modificando sobre la marcha. Además, lo prudente en estos casos es negociar con ellos y lograr que se entreguen. En Leganés el mando policial formó una célula de crisis que fue valorando los datos que recibía del servicio de Información, de las Unidades de Intervención y del GEO. Nosotros explicamos al mando cómo iba a ser nuestra intervención. Y sobre las ocho y media de la noche nos dijeron que, como no había forma humana de acabar con la situación, teníamos que intervenir. En esos momentos pensamos que no iban a suicidarse, basándonos en dos factores: habían dado muestras de que querían vivir porque pudieron haber muerto el mismo 11-M y no lo hicieron, y luego cuando empezaron a disparar al verse cercados por la Policía. Son dos actuaciones defensivas, impropias de alguien que está dispuesto a suicidarse.

P.-¿Eso les confundió?

R.-Si hubiéramos sabido al cien por cien que los terroristas querían suicidarse, nuestro plan de actuación habría sido distinto. No estuvo claro hasta el momento de la explosión.

P.-¿Qué plantearon al mando policial?

R.-Lo primero que pedimos fue tiempo, porque los terroristas estaban muy nerviosos y en ese estado una persona no va a razonar. Nuestro objetivo era que se entregasen. Pero también estaba el factor de que la situación no se podía eternizar. Estaba claro que no íbamos a entrar en la vivienda, pero había que aproximarse a ella para proceder a la detención. Queríamos abrir la puerta y negociar con ellos la entrega. Se intentó, pero con resultado negativo. La situación ideal para haber entrado en el piso hubiera sido esperar a que los terroristas se tranquilizasen, porque en un momento de tensión te van a hacer más frente.

P.-¿Fue un error entrar en ese momento?

R.-Se podía haber esperado, pero luego, visto el desarrollo de los hechos, casi daba lo mismo. El GEO está preparado para actuar en todas las circunstancias, aunque cuando las condiciones son favorables, como en todos los oficios, los riesgos son menores. Ahora contamos con unos medios técnicos que nos garantizan más seguridad que la que teníamos el 3 de abril.

P.-Volvamos a las ocho y media del 3 de abril. ¿Cómo fue el asalto?

R.-Éramos quince. Íbamos de paisano porque no pudimos perder tiempo en ponernos el mono de trabajo. Llevábamos el chaleco antibalas y el táctico, el casco, subfusil, pistola, guantes, protección de rodillas y codos, máscaras antigás, es decir, todo lo necesario para una intervención.

P.-En ese momento de tensión, ¿qué es lo que dice el jefe a sus hombres?

R.-Sólo se piensa en lo que hay que hacer. Les dije a cada uno sus misiones individuales y también escucharon el conjunto del plan, porque todo el mundo tiene que saber lo que se va a hacer de principio a fin. El comisario jefe nos dijo que quizás era la intervención más delicada en la historia del GEO. Nadie puso una cara rara ni de disgusto. Todo el mundo sabía lo que iba a afrontar y la mejor forma de intervenir era la elegida, a pesar del riesgo.

P.-¿Qué pensó en ese momento?

R.-No se tiene tiempo de pensar en nada, ni siquiera en la familia. Sólo hay tiempo para pensar en la intervención. No nos podemos distraer.

P.-En esos instántes, ¿a qué se tiene más miedo: al error a los terroristas?

R.-Al error, siempre al error.

P.-¿Han hecho autocrítica?

R.-Por su puesto. Nosotros somos muy severos en nuestras críticas, para mejorar. Además, si dejamos a Javier \ en el camino es porque algo no salió bien, pero, insisto, la intervención que hicimos fue la más adecuada en aquel momento.

P.-Perdón por volver a un momento trágico. ¿Cómo fue el asalto?

R.-Íbamos los quince. Entramos al edificio por el garaje, pero antes dijimos a los compañeros de las unidades de intervención que salieran del edificio. Los vecinos ya habían sido evacuados. Cuatro geos nos apostamos junto a la puerta contra incendios en la primera planta, y los restantes distribuidos por la escalera. Colocamos una pequeña carga explosiva en la puerta para echarla abajo y también para neutralizar el explosivo que, según dijo el familiar de uno de los islamistas, estaba colocado en la puerta. Ésta cayó y empezamos a negociar con ellos. En ese momento ignorábamos que también tenían cinturones y chalecos bomba...

P.-¿Los veían?

R.-No los vimos, sólo hablamos con ellos desde la puerta contra incendios que había en el rellano de la escalera, a un metro de la entrada de la casa de los terroristas. Les dije que se entregaran y cada vez que hablaba respondían con disparos. Pero los disparos nos tranquilizaban porque sabíamos que tenían algo más peligroso, el explosivo, y que, de momento, no lo utilizaban. Los disparos, por así decirlo, sonaban como a poco. Y decíamos: pues bueno, que disparen, no hay problema. Había que esperar a que dejaran de disparar para intentar que se entregaran. Lo intentamos tres veces. El tiempo se hizo eterno, pero en realidad duró tres minutos y cuarenta segundos. Si me llegan a preguntar, yo digo que la intervención duró veinte. Durante este tiempo estuvimos hablando y aguantando sus disparos, porque nosotros no hicimos ninguno.

P.-¿Qué les decían ellos?

R.-Gritaban y decían: «¡Entrad, mamones!» y otros alaridos en árabe. Y ya viendo que no había posibilidad alguna de que se entregaran, decidimos el paso siguiente: lanzar gas y en ese momento sí que ya no hay retorno. El gas pica, escuece... muy molesto. Entonces, recuerdo que Javier, que estaba con el escudo delante de mí, me decía «venga, venga, vamos a empezar con el gas». Y recuerdo su cara, no se me olvidará jamás. Una cara pálida, de preocupación, de responsabilidad. En ese momento, no sé por qué, se está muy sereno. Los nervios se tienen antes, es antes cuando se te seca el paladar. Lanzar el gas es un paso que no tiene retorno...Y se produjo la explosión. Pero segundos antes volvieron a entonar cánticos en árabe y uno de ellos nos dijo en español: «Esperad, os mandamos un emisario»... Es decir... un terrorista con cinturón bomba. De hecho, los Tedax creen que, además de la gran explosión, hubo una segunda que pudo ser la del emisario. En ese momento no se siente nada, no se oye nada. La primera imagen que tuve después de la intervención fue en el hospital de campaña.

P.-¿Que pasó tras la explosión?

R.-Yo no me enteré. Pero a casi todos la explosión nos lanzó a un rellano de la escalera que había entre el portal y la primera planta. Los escombros nos sepultaron. La onda expansiva se propagó por la escalera y los ascensores. Una de las paredes próximas a nosotros se derrumbó y un geo salió despedido al exterior y fue a caer cerca de la piscina. Los bomberos pensaron que habíamos muerto todos. A Javier un objeto le seccionó la femoral, pero también sufrió otras heridas irreversibles.

P.-¿Cuáles fueron las últimas palabras que le oyó decir?

R.-«Vamos a lanzar el gas». Javier iba conmigo porque, además de ser un hombre de mi total confianza, era mi amigo. Pero al equiparnos todos con las máscaras, el que portaba el escudo no podía ponérsela -porque con una mano no te puedes poner el escudo-. Entonces Javier cogió el escudo y ya siguió con él en primera línea. En la reconstrucción que hemos hecho, sí parece que Javier vio a alguien, porque algunos compañeros recuerdan haberle oído decir: «¡Alto, alto, quieto ahí!». En el plan inicial no era Javier quien tenía que portar el escudo, era otro agente que también sufrió heridas muy graves. Después de la explosión no recuerdo nada. En el hospital de campaña pregunté: «¿Estamos todos bien? » Y me dijeron: «Sí, sí, estáis todos bien». En el siguiente hospital volví a preguntar y me dijeron: «Tú eres el que está peor, el resto está bien». Ya en el tercero, en el Doce de Octubre, cerca de la una de la madrugada, es cuando me dijeron que Javier había muerto. Luego, hablé por primera vez con mi familia. Sabía que mis padres y mis hijos lo estaban pasando mal y quería tranquilizarlos. El cirujano me dejó su móvil. Recuerdo que mi padre, a causa de los nervios soltaba el aire con un ruido similar a las válvulas de la olla a presión.

P.-¿El GEO ha superado el 3 de abril?

R.-Sí, sí. Al día siguiente ya estábamos pensando en la próxima operación. No obstante, fueron momentos muy duros y por eso están más presentes que otros. Hay que seguir adelante...

P.-¿Ha vuelto a Leganés?

R.-Días después, cuando salí del hospital, fui con el comisario jefe y con otro compañero. Vimos que todavía había sangre nuestra en las paredes, en la escalera. Subimos dos pisos más arriba y en el salón de una casa había una mesa puesta con todo colocado, no se había caído nada. Había mejillones abiertos, sandwiches... Sorprendente, ¿eh?

P.-¿Qué piensa de los que aún ponen en tela de juicio el que los terroristas se suicidaran?

R.-Pues que son absurdos.



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