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14.5.04

 

El nombre del detenido búlgaro estaba en la vivienda de 'El Tunecino' en Madrid

 

14-05-04


El nombre del detenido búlgaro estaba en la vivienda de 'El Tunecino' en Madrid

Tony Rades permaneció arrestado sólo 10 días pese a confesar que quería atentar en Sofía - Considerado por la policía como un «integrista radical», fue capturado junto a un senegalés

FERNANDO LAZARO. MANUEL MARRACO

MADRID.- El nombre de Tony Rades, ciudadano búlgaro detenido el pasado 8 de abril en Sofía por su presunta implicación en los atentados del 11-M, apareció en el registro realizado por la Policía Nacional en la casa que Serhane ben Fakhet, El Tunecino, tenía en el madrileño Parque de las Avenidas.(.../...)

Según explicaron fuentes de la investigación, este dato hizo sospechar inmediatamente que este búlgaro podía haber intervenido en la preparación de los atentados perpetrados por los integristas islámicos en Madrid. No en vano, El Tunecino era el líder de la célula de marroquíes que perpetró la acción y fue el que se presume que activó los explosivos en la casa de Leganés que acabaron con su vida y con la de otros seis terroristas.

Este hecho fue muy valorado por los investigadores, quienes enviaron los datos a la policía búlgara para que investigara a Rades.Los agentes de aquel país informaron de que Rades había llegado a Sofía el 3 de marzo, procedente de España. El 8 de abril fue detenido por la policía búlgara. Junto a él fue capturado también un ciudadano senegalés. En el registro de la vivienda se encontraron documentos sobre la fabricación de bombas, pero, en contra de lo que informó ayer este periódico, no había explosivos. Los agentes búlgaros informaron también a los españoles de que, durante los interrogatorios a que fue sometido Tony Rades, confesó que tenían intención de perpetrar un atentado en el aeropuerto de Sofía. Los que detuvieron a Rades le sometieron a la prueba del polígrafo -la máquina de la verdad- antes de dejarle libre.

Pese a estos datos, ocho o 10 días después de su detención, el ciudadano búlgaro fue puesto en libertad. Según explicaron estas fuentes, la libertad de Rades no es absoluta, sino que se encuentra sometido a vigilancia. No obstante, los agentes búlgaros informaron a los españoles de que el detenido no tenía ninguna relación con los atentados del 11-M perpetrados en Madrid.

Desde el Ministerio del Interior se aclaró que la policía no pidió a las autoridades búlgaras que detuvieran a Rades, sino que realizaran comprobaciones sobre él.

Ni su captura ni su puesta en libertad habían trascendido hasta el pasado miércoles. De hecho, según explicaron fuentes policiales, ésta era una más de las miles de gestiones policiales que se están realizando en todos los ámbitos sobre los atentados.

No obstante, entienden que el hecho de que su nombre estuviera en la vivienda de El Tunecino, el jefe de los terroristas, era un hecho relevante. Además, Rades había estado varios años en Madrid, frecuentó el entorno de las mezquitas y es definido por los investigadores como un «integrista radical».

En ningún momento los investigadores -molestos, porque les hubiera gustado poder interrogar a Tony Rades- solicitaron una orden de busca y captura. Tampoco se barajó la posibilidad, una vez conocida su detención, de pedirle al juez que instruye la causa por el 11-M que solicitara su extradición.

Pero también llegaron a desplazarse agentes españoles a Sofía para intentar interrogar al detenido. Las fuentes consultadas por este periódico indicaron que los interrogatorios a Rades practicados en Bulgaria no aportaron luz sobre las pesquisas del 11-M.

Otro detenido en el extranjero en relación con los atentados y sobre el que no se ha realizado una acusación formal es el abogado estadounidense convertido al islam Brandon Mayfield, cuya huella dactilar supuestamente apareció en la furgoneta de Alcalá utilizada por los terroristas.

El FBI lo detuvo hace una semana en Oregón, aunque a la Audiencia Nacional -donde ayer comparecieron varios testigos protegidos dentro de la investigación del 11-M- no ha llegado noticia oficial del arresto. Por su parte, la oficina de defensores de oficio de Oregón ha iniciado ya algunos trámites en España para su defensa, y ha intentado recabar información sobre el grado de similitud de la huella encontrada, así como detalles sobre la bolsa en la que se halló.



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11.5.04

 

Un líder espiritual encarcelado en Londres autorizó el suicidio de los siete terroristas en Leganés

 

11-05-04

11-M

11-M / Se trata del dirigente jordano de Al Qaeda Abu Qutada al Falastini / Los islamistas le llamaron en tres ocasiones cuando se vieron rodeados / La mujer de 'El Tunecino' advirtió a la Policía de que su marido se iba a suicidar

Un líder espiritual encarcelado en Londres autorizó el suicidio de los siete terroristas en Leganés


MADRID.- Los terroristas islamistas que murieron el pasado 3 de abril en la explosión que ellos mismos causaron en una vivienda de Leganés (Madrid) telefonearon a un líder espiritual encarcelado en Londres para que autorizara el suicidio colectivo cuando ya habían sido acorralados por la Policía.(.../...)

Según indicaron a Efe fuentes de la investigación, este líder es el dirigente jordano de la red terrorista Al Qaeda Abu Qutada al Falastini, actualmente en prisión en Reino Unido y al que los terroristas llamaron tres veces, tal y como ha podido comprobar la Policía tras el análisis de las llamadas realizadas desde los teléfonos móviles de los implicados.

Los fallecidos en la explosión también realizaron otras llamadas ese mismo día, algunas de ellas a Indonesia, dirigidas a alguna persona del entorno del ulema Abu Bakar Bashir, detenido por su supuesta relación con los atentados de Bali, perpetrados en octubre de 2002 y en los que murieron 202 personas.

Además, los terroristas se pusieron en contacto telefónico esa misma tarde con un profesor universitario de Túnez, formador de salafistas.

Las fuentes consultadas señalaron a Efe que, con todas estas llamadas, los terroristas querían conseguir el visto bueno al suicidio después de verse cercados por la policía, que en torno a las 13.00 horas del día 3 de abril tenía acorralados a los supuestos responsables de la masacre del 11-M que se encontraban en el piso de la calle de Carmen Martín Gaite de Leganés.

Atentados en Jordania

Abu Qutada, acusado de varios atentados en Jordania contra intereses israelíes y estadounidenses y detenido hace dos años en el Reino Unido, es el autor de una grabación, hallada en 2002 por la Policía italiana, en la que amenazaba con la destrucción de Roma en nombre de Al Qaeda.

Según una reproducción de esa grabación, que el pasado mes de abril fue publicada por el semanario italiano Panorama, Abu Qutada afirmó que «el objetivo del islam es conquistar toda la Tierra y Roma será conquistada con la fuerza». «La destrucción de Roma se debe consumar con la espada; quien destruirá Roma está ya preparando las espadas. Roma no será conquistada con la palabra, sino con la fuerza de las armas», agregaba en su alocución.

Por su parte, el indonesio Abu Bakar está considerado el líder espiritual del grupo terrorista Yemaa Islamiya (JI), el brazo de Al Qaeda en el sureste asiático, y fue arrestado el pasado 30 de abril en relación con el atentado de Bali minutos después de haber quedado en libertad tras cumplir una condena de 18 meses por falsificación de documentos. Para los investigadores, las llamadas que los terroristas efectuaron el 3 de abril demuestran la conexión de la célula que perpetró los atentados del pasado 11 de Marzo en Madrid -vinculada al Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM)- con otros grupos fundamentalistas.

Tras conseguir la autorización para el suicidio, los terroristas celebraron una ceremonia de purificación, se vistieron con túnicas blancas -que improvisaron con cortinas de la vivienda- y se lavaron con agua de La Meca, que trajo a España Abdennabid Chedadi, detenido el pasado 23 de abril en Guardias Viejas (Almería) y puesto en libertad después de prestar declaración en la Audiencia Nacional.Al parecer, Chedadi trajo a España este agua para repartir entre varias personas, pero no tenía constancia de la implicación de algunas de ellas en actividades terroristas.

La mujer de Serhane Ben Abdelmajid, El Tunecino, uno de los siete terroristas muertos en Leganés, alertó a la Policía de que su marido pretendía suicidarse junto a sus compañeros y les pidió que lo evitaran. Así lo indicaron a Efe fuentes de la investigación, que añadieron que la esposa de Serhane, una joven marroquí de 17 años, avisó a las Fuerzas de Seguridad después de que su marido la llamara por teléfono para despedirse de ella desde el piso de la calle de Carmen Martín Gaite en el que había sido acorralado por la Policía.

El Tunecino, que está considerado el coordinador de los atentados del pasado 11 de Marzo, tenía residencia en España desde hace años, había sido estudiante de Económicas en la Universidad Autónoma de Madrid y estuvo empleado en una inmobiliaria.


¿Y Tenía acceso al teléfono?



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10.5.04

 

La policía 'pinchó' el teléfono de Zougam antes del 11-M pero no tradujo las cintas

 

10-05-04

11-M

La policía 'pinchó' el teléfono de Zougam antes del 11-M pero no tradujo las cintas

Se intervino la línea después de que Marruecos le vinculara a los atentados de Casablanca, pero no había traductores del dialecto que utilizaba



MADRID.- La policía pinchó los teléfonos de Jamal Zougam, uno de los supuestos autores materiales de los atentados del 11-M, desde al menos nueve meses antes de la masacre, pero la falta de traductores del dialecto árabe en el que hablaba el sospechoso hizo que se acumularan las cintas grabadas sin que nadie las tradujera.
(.../...)

Fuentes de la investigación explicaron a Efe que tras los atentados de Casablanca -perpetrados el 16 de mayo de 2003 y en el que murieron más de 40 personas, cuatro de ellas españolas-, las autoridades marroquíes alertaron a la policía de que Zougam, vinculado a algunos de los terroristas de esa masacre, se encontraba en España. Las fuerzas de Seguridad de país vecino no atribuían a Zougam ningún delito, pero aconsejaban a la policía española que le vigilaran toda vez que tenían sospechas de su presunta relación con algún responsable de los atentados de Casablanca.

De esta forma, la policía pidió a la Audiencia Nacional autorización para intervenir las comunicaciones telefónicas de Zougam, quien trabajaba en un locutorio de la calle de Tribulete del barrio madrileño de Lavapiés y quien, supuestamente, adquirió los teléfonos móviles que se colocaron en los artefactos explosivos de la masacre en Madrid.

Las fuentes precisaron que la Audiencia Nacional autorizó los pinchazos y, una vez comprobado que Zougam hablaba con muchos de sus interlocutores en un dialecto árabe, la policía pidió a los responsables de Interior un traductor, que no fue facilitado.

Mientras tanto, las cintas grabadas se fueron acumulando, sin que los agentes encargados de esta intervención telefónica pudieran anotar las conversaciones que mantenía Zougam, salvo aquellas palabras que éste pronunciaba en español, como nombres de calles.

A pesar de la imposibilidad de facilitar un traductor para estas conversaciones, que, en principio no eran prioritarias, los agentes siguieron con las escuchas.

Tras los atentados del 11 de Marzo y la detención dos días más tarde de Zougam, los servicios de Información de la policía recuperaron el importante número de cintas grabadas y procedió a su traducción.

No obstante, las fuentes precisaron a Efe que en ellas no han podido encontrarse referencias a los atentados de Madrid, en los que, según se ha podido comprobar posteriormente, Zougam tuvo supuestamente una importante participación. De hecho, sus huellas fueron encontradas en la furgoneta en la que los terroristas se trasladaron hasta Alcalá de Henares, donde abandonaron el vehículo para introducirse en los trenes y colocar las mochilas bomba.

Además de sus huellas, la policía halló en esa furgoneta restos de Goma 2 Eco, el explosivo usado en la masacre de Madrid, y una cinta de casete con versículos del Corán.

En el transcurso de la investigación del 11-M se ha averiguado la relación que Zougam mantuvo con Imad Eddin Barakat Yarkas, Abu Dahdah, dirigente de la célula española de Al Qaeda, algunos de cuyos integrantes pudieron estar implicados en los atentados de Casablanca, según el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón.




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Jamal Ahmidan era traficante de hachís y estuvo preso en Marruecos

 

10-05-04

11-M

Jamal Ahmidan era traficante de hachís y estuvo preso en Marruecos


ANTONIO RUBIO

MADRID.- Los explosivos y detonadores que vio el marroquí Rafá Zouhier estaban en casa de Jamal Ahmidan, El Chino, que era un importante traficante de hachís.

El Chino distribuía su mercancía en la Comunidad de Madrid con la ayuda de una serie de compatriotas marroquíes. Ese negocio posibilitó que Jamal tuviera unos ingresos muy elevados y que se comprara una casa y un chalé en Madrid.(.../...)

Se da la circunstancia de que El Chino tuvo serios problemas en su país de origen, Marruecos, donde llegó a estar en prisión durante unos dos años.

El motivo del encarcelamiento de Ahmidan se debió a que fue acusado de una negligencia que provocó la muerte de una persona. Finalmente, El Chino llegó a un acuerdo millonario con la familia del difunto y fueron retirados los cargos, lo que posibilitó que regresara a España.

Cuando El Chino llegó a España, hace más de dos años, traía consigo unos 120 millones de pesetas, y tuvo el detalle de comprar varios vehículos y regalarlos a la gente que trabajaba con él traficando con hachís.

Jamal Ahmidan también fue una de las personas que llegó a un acuerdo final con el ex minero Suárez Trashorras cuando éste intercambió droga por explosivos.

Según las investigaciones policiales, El Chino fue la persona que, con un pasaporte falso, alquiló el chalé de Morata de Tajuña donde se prepararon las mochilas bomba utilizadas en los trenes de la muerte.

Jamal Ahmidan, que se inmoló el 3 de abril en un piso de Leganés, era el lugarteniente de Serhane ben Abdelmaji, El Tunecino.

El juez de la Audiencia nacional Juan del Olmo considera, según consta en el sumario, que El Tunecino fue el coordinador de todos los atentados del 11-M.

El Chino y su familia eran dueños de varios establecimientos de venta de ropa en el barrio de Lavapiés. Jamal Ahmidan tenía dos hermanos y estaba casado con una española.



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El 16-M Zouhier seguía informando a la UCO según una grabación policial

 

10-05-04

11-M

El 16-M Zouhier seguía informando a la UCO según una grabación policial

Un agente que estaba investigando un asunto de tráfico de drogas captó por casualidad una conversación telefónica del confidente y mediador del 11-M con un oficial de la Guardia Civil en la que le informaba de que había visto explosivos y detonadores en el domicilio de 'El Chino'


ANTONIO RUBIO

MADRID.- Cinco días después de los atentados del 11-M, el confidente Rafá Zouhier informó a sus superiores en la Guardia Civil de que él conocía una casa en Madrid donde se habían guardado explosivos y detonadores. El contacto entre el informador y un mando del Instituto Armado se realizó el 16 de marzo a través de una llamada telefónica. La casa-depósito resultó ser la de Jamal Ahmidan, El Chino.
(.../...)

El contacto telefónico entre Zouhier y el jefe de la Guardia Civil -miembro de la Unidad Central Operativa (UCO)- fue interceptado casualmente por la policía de Alcalá de Henares, que realizaba una investigación sobre el tráfico de hachís en la zona.

Pero uno de los miembros de la red efectuó una llamada que no hablaba precisamente de hachís. Estaba facilitando a su interlocutor toda una serie de datos sobre explosivos y detonadores. En el informe policial, que ya ha sido aportado al sumario que instruye el juez Juan del Olmo por los atentados, se recoge que uno de los interlocutores tenía acento marroquí y que el otro era un miembro de la Guardia Civil.

Más tarde, la policía pudo saber que la persona que tenía acento marroquí era Rafá Zouhier y que el otro era un jefe del Instituto Armado. En la conversación, que está grabada con la correspondiente autorización judicial, el confidente de la Guardia Civil facilitó a su jefe toda una serie de detalles para poder llegar al piso-depósito.El marroquí confirmó al oficial que él mismo había visto los explosivos y los detonadores.

Rápidamente, la policía de Alcalá trasladó la información y la grabación telefónica a sus superiores en Madrid. Veinticuatro horas más tarde, el 17 de marzo, los miembros de las Fuerzas de Seguridad localizaron una vivienda que resultó ser la de Jamal Ahmidan, El Chino. En ella, efectivamente, había restos de explosivos.

Tras una serie de análisis, los expertos de la Policía Científica determinaron casi con toda seguridad que los más de 100 kilos de Goma 2 Eco y los detonadores empleados en los trenes de la muerte estuvieron durante un tiempo en el piso de El Chino. Hay que recordar que Jamal Ahmidan se inmoló el pasado día 3 de abril en un piso de Leganés junto con seis miembros más del comando Lavapiés.

Viaje a Canillas

Tras el hallazgo del piso-depósito, la policía se puso en contacto con la Guardia Civil. Informó de que tenían grabada una cinta magnetofónica donde se recogía una llamada telefónica entre un mando del Cuerpo y un confidente con acento marroquí. La Guardia Civil asumió que el confidente era suyo, que se trataba de Rafá Zouhier y que, efectivamente, uno de los interlocutores era un jefe del Cuerpo.

Entonces, la policía pidió al Instituto Armado que trasladara al marroquí Zouhier hasta el cuartel de Canillas (sede central de la Brigada de Información Exterior y Terrorista de la Policía en Madrid) para que fuera interrogado por los sucesos del 11-M.

La Guardia Civil no puso ningún inconveniente para llevar a cabo el encargo de la policía. El 19 de marzo, Zouhier ya estaba en manos de los expertos policiales de Canillas y fue confirmando, paso a paso, todos los pormenores que el día 16 había facilitado, vía telefónica, a su contacto en la Guardia Civil.

El marroquí Zouhier, tal como reconoció a EL MUNDO, era un pequeño traficante de hachís que hacía casi tres años que venía trabajando como confidente para dos jefes de la Guardia Civil.

Zouhier explicó a este periódico que el 19 de marzo recibió una llamada de Rafa y Víctor -los dos jefes de la Guardia Civil para los que trabajaba desde hacía tiempo- y que lo citaron junto a la Ermita del Santo (en Madrid): «De allí me llevaron a Guzmán el Bueno [sede de la Dirección General de la Guardia Civil], me dijeron que estaba detenido y después me llevaron a Canillas.En la policía me trataron muy bien».

Rafá Zouhier, más conocido entre sus amigos por Rafael, llegó a manos de la Guardia Civil a través de un amigo español que se dedica a la falsificación de documentos y que tiene muy buenas relaciones con el mundillo de los guardaespaldas y los porteros de discoteca. Dentro de ese ambiente, Rafá logró tener excelentes contactos con grupos que se dedicaban a la venta de armas cortas, y eso propició que el marroquí prestara a la Guardia Civil dos magníficos trabajos relacionados con el tráfico de armas.

Pero la colaboración entre Rafá y sus jefes era total desde hacía tiempo. Tal como informó EL MUNDO, Rafá reveló a la Guardia Civil, en mayo de 2003, que un asturiano le había ofrecido dinamita.

Tras esa confidencia, Zouhier recibió la orden por parte de la Guardia Civil de introducirse entre los traficantes de explosivos.Rafá, con la ayuda económica de Víctor y Rafa, viajó hasta Asturias y allí se reunió con Antonio Castro Toro, el cuñado de Emilio Suárez Trashorras. Este último fue quien, finalmente -y a cambio de 25 kilos de hachís y 6.000 euros-, facilitó los explosivos al comando terroristas islamistas que atentó en los trenes de la muerte.

Víctor (comandante) y Rafa (capitán) son dos jefes de la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil, que está dirigida por el coronel Félix Hernando Martín, ex hombre de confianza del ex secretario de Estado de Seguridad Rafael Vera.

La muestra en un bote

Se da la circunstancia de que la operación de control montada por el capitán Rafa y el comandante Víctor para llegar hasta los traficantes de explosivos recibió el visto bueno de un superior de ambos, cuyo nombre en clave era Paco y que tenía el rango de teniente coronel o coronel.

Durante el viaje de Rafá a Asturias, en mayo de 2003, surgieron varios imprevistos. El marroquí alquiló un vehículo Nissan en la calle de Alcalá de Madrid con la ayuda económica de sus jefes.Tras salir de la capital, camino de Avilés, fue detenido en la carretera por una pareja de tráfico de la Guardia Civil. Zouhier no tenía permiso de conducir, y tuvo que reconocer ante los agentes de tráfico que era confidente de la Guardia Civil.

En un principio, los agentes de tráfico no se creyeron la versión de Zouhier pero, tras hablar con el oficial Víctor, se limitaron a multar al marroquí y dejaron que continuara su camino hacia Asturias. Allí estaba el jefe Víctor esperando al marroquí. Este, tal como estaba previsto, señaló a Antonio Castro Toro y a todo su entorno, incluido su cuñado, Emilio Suárez Trashorras.

A la vuelta de Asturias, Rafá Zouhier paró en un centro comercial que está cerca de Madrid y que se encuentra situado junto a la carretera de La Coruña para entregarles a Rafa y Víctor la muestra del explosivo que había conseguido.

Zouhier almacenó y trasladó el explosivo desde Asturias a Madrid en un bote. De esa forma fue como se lo entregó a los dos guardias civiles. Los móviles de los dos oficiales de la UCO están registrados en el teléfono de Rafá Zouhier, y éste está en poder del juez Juan del Olmo.

Finalmente, hay que recordar que Rafá Zouhier avisó en mayo de 2003 a la Guardia Civil de que existía un mercado negro de explosivos; que un mes antes de los atentados, el marroquí estuvo reunido en un restaurante de comida rápida con -entre otros- Suárez Trashorras y El Chino; y que el 16 de marzo reveló a la Guardia Civil que había visto explosivos y detonadores en el piso de Jamal Ahmidan.




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9.5.04

 

Dos meses persiguiendo al comando

 

09-05-04

11-M / BALANCE DE LA INVESTIGACION POLICIAL

Dos meses persiguiendo al comando


Más de 2.500 agentes de la policía y medio centenar de guardias civiles han participado en la investigación de los atentados

FERNANDO LAZARO

MADRID.- Aún no había finalizado el recuento de los cadáveres, aún estaban recogiendo los enseres de las 192 personas que murieron ese fatídico 11-M, cuando comenzaron a llegar las primeras noticias alentadoras, los primeros datos que auguraban que pronto iba a haber una respuesta policial contra los autores de la masacre.(.../...)

Ahora, dos meses después, el balance de las investigaciones eleva a 12 las personas encarceladas por decisión judicial por su presunta relación con los hechos. Otras 25 fueron detenidas, interrogadas, puestas a disposición judicial en la mayoría de los casos y liberadas.Además, otros siete terroristas se suicidaron en Leganés. Así, el núcleo duro de los presuntos autores de los atentados están o detenidos o muertos, fruto de las miles de horas de trabajo, casi ininterrumpido, de los agentes de información. Ahora, las pesquisas se centran en aclarar quiénes fueron los instigadores.

Pero los inicios de la que hasta ahora es la mayor investigación policial en la Historia de España fueron demoledores. «Estábamos grogui. Nos tirábamos de los pelos por lo sucedido, no podíamos entender cómo podían perpetrar una acción así y que no lo hubiéramos olido. Nos mirábamos todos buscando a alguien que nos diera el primer dato positivo. La espera fue lenta, muy lenta», recuerda uno de los mandos policiales que estuvo implicado desde el principio en las pesquisas.

Pero tal fue la importancia de los primeros datos, que se pudo en algo más de un mes desentrañar la trama tejida por Serhane ben Fakhet, El Tunecino, presunto líder de la célula. En las operaciones policiales de los últimos dos meses han intervenido, de manera directa o indirecta, más de 2.500 agentes del Cuerpo Nacional de Policía y al menos otro medio centenar de guardias civiles.

Los agentes quieren que nunca se olvide la presión que sufrieron durante los tres primeros días de trabajo. Recuerdan el contexto preelectoral al que se enfrentaron y cómo partidos, medios de comunicación y ciudadanos estaban pendientes de cada uno de sus movimientos. En algunos casos, incluso consideraron que hubo un exceso de información facilitada a la prensa que pudo haber provocado algún problema policial.

Las pesquisas no se centraron únicamente en Madrid. Los agentes tuvieron que extender sus redes a Toledo, Ceuta y Asturias

La bomba desactivada. La madrugada del 12-M fue la fecha clave.Ya se estaba trabajando sobre la furgoneta abandonada por los terroristas en las cercanías de la estación de Alcalá de Henares.En su interior, además de un puñado de detonadores, había una cinta con versículos del Corán. Pero la clave de toda la operación policial nace sobre las 2.40 horas del día 12.

Las Fuerzas de Seguridad localizaron una mochila cargada con explosivos: la decimotercera bomba. Estaba en la comisaría de Vallecas, entre los centenares de bultos de los viajeros. En el interior, 10 kilos de Goma 2, un detonador y un móvil con una tarjeta de prepago. Los datos de los explosivos fueron muy importantes para avanzar en las pesquisas sobre los explosivos y centrarlas en Asturias. Pero la pieza clave fue la tarjeta.Apenas un día después, los agentes ya tenían centrado dónde había sido adquirida esta tarjeta y dónde manipulada. Pero, además, los especialistas lograron, también en un tiempo récord, llegar a donde fue adquirido el teléfono móvil Trium de la marca Mitsubishi que iba a ser utilizado para activar la bomba. Se llega al comercio de Alcorcón de donde proceden los teléfonos. También a las tiendas de Madrid donde los terroristas los adquirieron.

Además, los investigadores ya estaban trabajando sobre las llamadas realizadas con la tarjeta del teléfono localizado en Vallecas.El análisis llevó a la zona donde los terroristas se hicieron con un gran número de estas tarjetas. Las pistas apuntaban a Lavapiés y llevaban a un locutorio llamado Nuevo Siglo, que estaba regentado por Jamal Zougam.

Primeras detenciones. Zougam ya había sido investigado por la Audiencia Nacional como consecuencia de una comisión rogatoria de Francia por su presunta relación con el terrorismo islamista.Su domicilio fue registrado en aquellas fechas, pero no se le detuvo. Regentaba el local de Lavapiés junto a su hermanastro, Mohamed Chaoui, y a otro amigo, Mohamed Bekkali. Los tres son detenidos el día 13. Además, los ciudadanos indios Suresh Kumar y Vinay Kholy también fueron capturados. Estos dos últimos fueron posteriormente puestos en libertad por orden del juez.

Zougam se muestra duro; no hay forma de sacar nada en claro, pero sus compañeros empiezan a confesar en los interrogatorios en la sede de la Comisaría General de Información: hablan de un tunecino, de los explosivos de Asturias, de amigos de Toledo y, sobre todo, de las largas reuniones en el locutorio con otros marroquíes, sirios...

La trama asturiana. El juez ha encargado a la Guardia Civil las pesquisas sobre los explosivos. Tras el análisis del explosivo localizado en Vallecas, se llega a la conclusión de que procede de pequeños depósitos de menos de 50 kilos, porque no se había denunciado ningún robo en los últimos meses.

El Servicio de Intervención de Armas y Explosivos del Instituto Armado se pone a revisar más de 10.000 depósitos de explosivos a la búsqueda de la dinamita plástica.

Pero la pista definitiva que lleva a Asturias la tuvo sobre la mesa la policía: se analizaron posibles investigaciones relacionadas con explosivos durante los últimos años y se llegó a José Emilio Suárez Trashorras, un minero jubilado. Fue detenido apenas una semana después de los atentados. Su personalidad, definida por especialistas como esquizofrénica, facilitó inicialmente las investigaciones, ya que admitió haber vendido Goma 2 a cambio de dinero y hachís. Pero no recuerda ni cuántos kilos ni los detalles de la operación. Facilitó el nombre de su cuñado, Antonio Toro Castro, como el de la persona que le puso en contacto con los marroquíes que adquirieron el explosivo.

Investigación en Lavapiés. Las pesquisas iniciadas en Lavapiés dieron nuevos frutos. Así, coincidiendo con la detención de Suárez en Avilés, la policía practicó nuevas detenciones en el centro de Madrid. Los agentes actuaron con premura. Se trabajaba con la presión de que los terroristas pudieran intentar una nueva acción. Así, el día 18 cae uno de los hombres de confianza de Zougam, otro tangerino llamado Abderrahim Zbaj, El Químico. Los testigos, al igual que a Zougam, le han reconocido como uno de los que subió a los trenes en Alcalá.

En ese momento, las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad d del Estado habían detenido a 10 personas; de ellas, seis permanecen aún en prisión. Para entonces, los investigadores, en un tiempo récord, habían podido aclarar las vinculaciones de los detenidos con toda la trama de Lavapiés y, fundamentalmente, con la localidad de Tánger, de donde procedía la mayoría de los detenidos.

Inicialmente, las sospechas sobre el liderazgo del grupo se centraron en Zougam, pero, tras las primeras indagaciones, los agentes dirigidos por el comisario general de Información, Jesús de la Morena, concluyeron que no tenía el perfil de un líder.

Los clanes familiares. Ahora, los apellidos que con más fuerza sonaban eran Oulad y Chedadi. De éste último, la policía, ya había practicado una detención en la segunda fase de las operaciones.Mohamed El Hadi Chedadi, hermano de Said, detenido por su implicación en la célula española de Al Qaeda.

El apellido Oulad pertenece a una familia marroquí compuesta por cinco hermanos (Khalid, Naima, Mohamed, Farid y Rachid) que reside en España. Los agentes tienen claro la posible implicación de los cinco en los atentados y se decide actuar contra ellos.El día 20 fueron detenidos tres, pero Mohamed y Rachid, en teoría los más implicados en los ataques, habían desaparecido. La detención de Naima, la única mujer del clan, fue la clave para, al menos, concretar el resto de identidades de los huidos. Los investigadores lograron identificar al resto de la célula integrista como consecuencia de las declaraciones de la detenida, al análisis de huellas encontradas en los registros y, sobre todo, al seguimiento de las tarjetas telefónicas. Los expertos eran conscientes de que el núcleo más duro de los terroristas aún estaba por detener. Avanzaron también en las pesquisas sobre los explosivos. Detuvieron a Rafá Zhueir, intermediario entre la célula terrorista y el minero. Su figura cobra mucha más importancia cuando se desvela que era confidente de la Guardia Civil.

Morata de Tajuña. Los agentes siguieron intensamente las investigaciones.Se organizaron en turnos para poder descansar en algún momento, pero sin que parara la maquinaria. Así, 11 días después, fruto de los interrogatorios, se desveló la existencia de una casa en Morata de Tajuña que los terroristas utilizaron para preparar los explosivos del 11-M.

Los responsables policiales desplegaron un impresionante equipo en la zona. Era una operación de caza, pero la presa no entró.Se sospechaba que entre los terroristas que podían llegar a la vivienda estaban Jamal Ahmidan, El Chino, y, sobre todo, El Tunecino.El primero era el lugarteniente del segundo, jefe de la célula.La espera resultó infructuosa. Nadie apareció por la casa y los investigadores decidieron entrar en ella. Localizaron, además de detonadores similares a los utilizados en los atentados, un gran número de huellas dactilares que sirvieron para corroborar las sospechas policiales y aumentar el número de buscados. Además, quedó claro que fue allí donde los terroristas prepararon las bombas.

Entre tanto, los servicios de Información se centran en la familia de El Chino, el activista que alquiló la casa rural a principio de año. Sus hermanos Said y Mustafá fueron detenidos, aunque no tenían nada que ver. Su primo Hamid fue arrestado en el barrio madrileño de Usera, acusado de conocer los planes de El Chino.

Conexión de Toledo. La conexión toledana por fin salió de su letargo: el albañil sirio Basel Ghayoun, que estaba siendo controlado por los agentes de Información, fue capturado en la localidad manchega de Ugena. Otra de las piezas clave en el entramado terrorista.Los investigadores mantienen que este sirio, nacido en Homs en febrero de 1980, fue otro de los presuntos autores materiales de los atentados.

En la misma operación fue capturado Foud El Morabit Anghar, ingeniero electrónico. Realizó llamadas a los integrantes de la célula antes del 11-M.

La investigación se ralentiza. Hasta ese momento, las pesquisas habían ido a velocidad de vértigo. Todo había seguido una cadena cuyos eslabones estaban en poder de las Fuerzas de la Seguridad del Estado. El goteo de detenciones seguía constante. Las diligencias judiciales, imparables. Los agentes estaban inmersos en una dinámica constante, fatigosa, pero inagotable. Pero las pesquisas cayeron en un fuerte parón. Los responsables policiales decidieron, el 1 de abril, pedir la colaboración ciudadana. Dieron luz verde a la difusión de las fotos de seis de los terroristas en búsqueda y captura. Cualquier cosa para reactivar la investigación. Junto a las imágenes de El Tunecino, de El Chino y de los dos hermanos Oulad, Interior distribuyó las fotos de Said Berraj, al que el juez vinculó con Al Qaeda, y del marroquí Abdenabi Koujmaa.

Atentado contra el AVE. Pero al día siguiente saltaron de nuevo todas las alarmas. Fruto de un dispositivo especial de seguridad sobre las vías del AVE, fue descubierto el intento de los terroristas de atentar contra la línea del AVE Madrid-Sevilla. La fiera acorralada intentó contraatacar. Los terroristas abandonaron en la zona una bolsa cargada con 12 kilos de Goma 2 que iba a ser activada a distancia al paso de un convoy.

Los terroristas desplazados a Toledo utilizaron en sus comunicaciones telefónicas algunas de las tarjetas manipuladas que fueron adquiridas en la misma partida que las utilizadas en los atentados del 11-M. El seguimiento de estas llamadas, mediante un complejo pero efectivo dispositivo de señales, permitió a los investigadores centrar Leganés como la zona desde donde se realizaron las llamadas y donde, probablemente, se escondían los terroristas.

Los dos días siguientes fueron vertiginosos de nuevo para los agentes. Casa por casa, manzana por manzana, los agentes trillaron las calles de Leganés mostrando las fotos de los terroristas.La perseverancia tuvo su premio. Un vecino identificó a alguno de los buscados. Rápidamente se puso en marcha un dispositivo especial en la zona. Medio centenar de agentes de los GEO se desplazaron desde Guadalajara. Mientras se ponía en marcha la operación, en la tarde de ese 3 de abril, uno de los ocupantes de la casa, que había bajado la basura, descubrió el dispositivo policial, alertó por teléfono a los suyos y emprendió la huida.Los terroristas dispararon contra los agentes con ametralladoras.Los investigadores ya sabían que podían disponer de abundantes explosivos y que no se podía determinar hasta dónde estaban dispuestos a llegar.

Tras varias horas de tensión, los encerrados mostraron su disposición a salir de la vivienda. Los geo reventaron la puerta y les exigieron que se desnudaran y dejaran las armas. Los terroristas intentaron una última artimaña y les pidieron a los agentes que entraran en la casa. En ese momento, se produjo la explosión de la bomba que tenían preparada. Siete de los integrantes de la célula murieron y el agente que encabezaba el dispositivo, Francisco Javier Torronteras, falleció. Se producía el primer atentado suicida no sólo en la Historia de España, sino en la de toda Europa. Tan sólo pasados varios días se logró saber que eran siete los terroristas. Aún hoy está pendiente de identificarse a uno de los siete.

Goteo de detenciones. Desde entonces, el goteo de detenciones continúa. El último detenido que ingresó en prisión tras declarar es Rachid Aglif, amigo de Zougam y de El Chino. Se presume que participó directamente en la gestión de la compra de los explosivos a Suárez Trashorras. Desde entonces, otras 11 detenciones -a las que hay que sumar la de Parla, hecha pública ayer-, pero en la mayoría de los casos fueron puestos en libertad tras declarar ante la policía. Los investigadores sospechan que, al menos, quedan otros dos terroristas pendientes de ser arrestados. Además, investigan si por encima de los integrantes de la célula había un emir que instigó las acciones.

Profanación. La aparente tranquilidad policial se rompió de nuevo el pasado día 19 de abril. Los radicales islamistas volvieron a tensionar la cuerda. En esta ocasión, la víctima fue, de nuevo, el cadáver del geo asesinado en Leganés. La tumba de Francisco Javier Torronteras, en el cementerio de Carabanchel, fue profanada.Los agentes sospechan que los asaltantes, que trataron de llevarse el cadáver, son familiares de alguno de los terroristas suicidas de Leganés. Los agresores le prendieron fuego. Los analistas consideran que fue una venganza por no permitir el entierro, siguiendo la doctrina del islam, de los terroristas suicidas.Aún queda mucho camino por recorrer.




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