CARTA DEL DIRECTOR De Génova a Moncloa PEDRO J. RAMIREZ

27-01-08



CARTA DEL DIRECTOR

De Génova a Moncloa


PEDRO J. RAMIREZ

Viernes 18, 9.00 horas. Séptima planta de la sede central del PP.

-Perdona que vayamos a la sala de maitines, pero es que tengo el despacho completamente revuelto y va a ser más cómodo.

-Bueno, aquí es donde últimamente suceden todos los grandes acontecimientos.

-Pues sí, je, je... Mira, en esta silla me senté yo; en la de al lado, Angel;, y en estas dos de enfrente se sentaron Esperanza y Alberto.

Mariano Rajoy reconstruye la escena con la asepsia y profesionalidad de todo buen cicerone. Aquí estábamos nosotros, allí se pusieron ellos. El tono igual serviría para describir la capitulación de Bailén que los fusilamientos del 2 de mayo.

Al cabo de un breve rato de chismes y diretes comienza la primera sesión de la entrevista. El aspirante al título está con ganas de tralla pero quiere marcar él todos los puntos. Cada vez que trato de acorralarle con la crítica a su labor de oposición primero se faja y luego se escabulle. Pronto me doy cuenta con sorpresa de que tiene un agudo subidón del egotrip. Ya que otros no lo hacen, es él quien empieza a cantar sus propias gestas como vencedor de las municipales y barbado gran Moisés de una travesía del desierto que ha dejado al PP en posición de ganar o, al menos, de disputar hasta el último día, las elecciones generales. La historia de la Transición habla en su favor: ni AP en el 86, ni el PSOE en el 2000 tuvieron nada que hacer frente a los Gobiernos de González y Aznar al término de sus primeras legislaturas y, en cambio, las encuestas auguran que él, viniendo de donde viene, como mínimo estará en la photo finish. Tiene motivos para sacar pecho, pero vaya que si lo saca.

(.../...)

12.00 horas. Tenemos ya las primeras tres horas de grabación. Rajoy necesita fumarse el primer puro del día -«¿No te importa, verdad?»- y me mira con espanto cuando le pregunto si el armario humidificador de uno de los rincones del despacho es heredado de Aznar. Hay cosas que ni se heredan ni se comparten, viene a decirme como si le hubiera preguntado por una secretaria escultural.

En la madriguera de Rajoy reina un caos ordenado. La mesa está llena de papeles, incluso en capas superpuestas, pero una serie de post-its amarillos ayudan a saber de qué va cada fiesta. Tiene el libro sobre los discursos de Kennedy que regaló EL MUNDO abierto boca abajo. Le pido permiso para fisgonear por qué página va y me lo enseña garabateado por sus notas. Incluyen referencias a ETA junto a los márgenes del párrafo que termina con una elocuente advertencia: «Nunca negociemos desde la debilidad».

12.30 horas. Glorieta de Alonso Martínez. Hemos recorrido a pie el trecho de la calle Génova que separa la sede del PP de la boca de la estación de Metro. Tres ovaciones, dos autógrafos y una afectuosa advertencia al pie del carrito de la compra -«Yo a usted le voto seguro, pero no se le ocurra pactar con los nacionalistas»- en menos de 300 metros.

Bajamos las escaleras, sacamos el billete, cruzamos el torno y Rajoy dice estar en su elemento. «Esta gente es la que me va a hacer ganar las elecciones». Más aplausos, apretones de mano y sonrisas por doquier. Sólo una pareja de jóvenes se rebota en la distancia: «¡A ver si nos consigues un pisooo!»

De Alonso Martínez a Bilbao, de Bilbao a San Bernardo, de San Bernardo a Argüelles y allí hacemos trasbordo. «No vamos a coger el primer tren que pase, sino el segundo», ha advertido el gran fotógrafo y coleccionista de libros antiguos José Aymá. El candidato posa disciplinadamente en el andén sin preguntar por qué.

Resulta que en la cabecera de la máquina del convoy que se acerca pone 'Moncloa'. El jefe de nuestro departamento gráfico, Angel Casaña, ha hecho las localizaciones y graba la escena en vídeo. O el tren que viaja a La Moncloa se lo lleva por delante o Rajoy es capaz de conseguir lo que nadie logró antes. Aunque él no lo admita, sólo tiene dos opciones: vencer o morir. De momento nos subimos al vagón y vuelve a quedar claro que, al menos en este Madrid burgués y comercial de última hora de la mañana, el Metro es por goleada del PP.

13.30 horas. Islas Filipinas, 14. Cafetería La Hemeroteca. A la salida de la estación de Moncloa hemos escuchado las quejas de un grupo de vecinos que se han acercado para contarle al líder del PP que donde antes tenían un jardín -«Fíjese usted, don Mariano, la faena que nos han hecho»- tienen desde hace meses un intercambiador de transportes. Pero ahora estamos tomándonos un vermut en un lugar de nombre emblemático que para mí refleja el vértigo del oficio y para el candidato los avatares del pluralismo.

¿Qué digo un vermut? Rajoy va ya por el tercero. «Seguro que también lo hacíais en Logroño... En Pontevedra siempre quedábamos con los amigos para tomar el vermut. Bueno, en Pontevedra, en Logroño y en todas partes. Pocas cosas apetecen tanto como un vermut con patatas fritas antes de comer. Normal, ¿no?».

Miércoles 25. 12.15 horas. Hemos grabado casi otras tres horas, estamos cerrando los detalles del viaje que haremos al lugar en el que transcurrirá nuestro tercer encuentro y antes de acudir al Congreso de Víctimas del Terrorismo el líder del PP me enseña los cuadros y fotos que decoran su despacho: Viri, Marianito, el segundo bebé, el Papa, Angela Merkel, Condoleezza, una placa de ciclistas y en este plan, que diría su admirado Umbral.

Pero su más preciado trofeo es un cuaderno plastificado de anillas que entreabre pudorosamente como si se tratara de una revista porno. «De estas cosas nunca se puede terminar de fiar uno...» Es la última encuesta de intención de voto elaborada confidencialmente para él: PP 40,1%, PSOE 39,9%. «...Pero chico, oye, hoy por hoy, esto es lo que hay».

Junto a la pila de los periódicos del día, coronada como siempre por el Marca, en el lugar que la semana pasada ocupaba sobre la mesa el libro de los discursos de Kennedy está ahora la Correspondencia de Cicerón a su hermano Quinto. ¿Pasión por los clásicos? No, pero se acercan los idus de marzo.

El me dice que está seguro de que va a ganar y yo le creo. Quiero decir que creo que lo cree. Es el primer requisito, condición necesaria, pero no suficiente. Yo lo tengo claro:

-Si los españoles piensan que la cosa no va mal, podrán permitirse el lujo de que gane de nuevo Zapatero. Si se dan cuenta de que sus problemas son serios, entonces recurrirán a ti como «valor refugio».

pedroj.ramirez@el-mundo.es

Comentarios

caiga quien caiga ha dicho que…
querido pedro j:

seré breve....se nota que mariano ni es tu amigo, ni te cae bien.
Por él seguro que no "firmarías" nada.

Pero detrás de él está media España....reflexiona.

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