Dos certezas y un desencuentro infinito

08-07-04

11-M LA INVESTIGACION / LAS COMPARECENCIAS

Dos certezas y un desencuentro infinito

Por Victoria Prego

Una cosa quedó meridianamente clara en la sesión de ayer: la información de que el explosivo empleado en el atentado era Titadine fue un error y una precipitación irresponsable, además. De esa equivocación de origen se siguió una larga cadena de desviaciones en el sentido de la investigación. Ahora no solamente sabemos, gracias al jefe de los Tedax, que después de una explosión es imposible saber de qué clase de material se trata, sino que, cuando fue posible saberlo, casi 24 horas después, no era el que se había dicho oficialmente. Eso tuvo como efecto el de ir debilitando de inmediato y de manera progresiva la hipótesis de ETA, pero no llegó a acabar con ella. Como ayer dijo Jesús de la Morena, «yo pensaba que ETA sí, pero con condiciones». Ahora ya es posible calibrar hasta qué punto aquel error lanzó a cierta clase política y al propio Gobierno por una senda que acabaría resultándole suicida.

La pregunta inmediata ahora mismo es: ¿Quién dijo eso? Y, sobre todo, ¿por qué? A la primera cuestión no tenemos todavía respuesta, no sabemos quién lo dijo, pero lo sabremos pronto. A la segunda, el ex jefe de la Comisaría General de Información, Jesús de la Morena, que tuvo una intervención valiosísima y muy completa, dio una explicación verosímil pero no suficiente: «Seguramente fue por la presión a la que estábamos todos sometidos».

Dicho esto, ayer comprobamos la sinceridad y la crudeza con la que policías y guardias civiles manejaron inicialmente la hipótesis de la autoría de ETA, y la cadencia con la que esa hipótesis fue ampliada a los islamistas, hasta que ésta llegó a ser la única línea de investigación.

Al margen de esto, lo que está sucediendo en esta Comisión es que los diputados siguen insistiendo en encontrar la llave para las acusaciones políticas, que tienen preparadas desde mucho antes de que las sesiones comenzaran, pero los técnicos continúan navegando por el relato detallado de las dudas, los dilemas, los indicios, los tanteos, las comprobaciones y las conclusiones finales... provisionales, que manejaron en aquellos días terribles y aún siguen manejando después. Lo que sus señorías buscan es establecer una responsabilidad política o demostrar que no hubo ninguna, y a los técnicos en la lucha antiterrorista, eso les da absolutamente igual: ni lo saben ni les importa. Son dos discursos paralelos destinados a no encontrarse jamás, es un desencuentro infinito.

La segunda certeza que tenemos los observadores es la de que, si el portavoz del PP, Jaime Ignacio del Burgo, que no domina precisamente el tema, continúa insistiendo obsesivamente en que «Acebes no ha sido», le acaba hundiendo. Eso, fijo.

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