«Mi marido no es víctima del terrorismo, sino del PSOE»

21-12-06


ALTO EL FUEGO / La polémica

«Mi marido no es víctima del terrorismo, sino del PSOE»


Un poliomielítico y su mujer, limpiadora y edil del PP, denuncian cómo lo han difamado acusándolo de fingirse víctima de ETA
EDUARDO DEL CAMPO

UMBRETE (SEVILLA).- El jueves pasado, Joaquín Merino salía andando con su niño de dos años de un bar de su pueblo, Umbrete, en la comarca sevillana del Aljarafe, cuando lo abordó un equipo de televisión del canal Cuatro. El reportero le dejó en blanco con su pregunta:


- ¿Es usted consciente de la polémica que ha creado?
(.../...)

Una polémica nacional de la que él aún no se había enterado, recuerda sombrío en el salón de su casa. Era para asustarse. Como si vas tranquilo por tu barrio y de repente te dicen que por tu culpa las cúpulas nacionales del PSOE y del PP andan a la gresca. Que nada menos que el secretario de Organización socialista, José Blanco, y el portavoz parlamentario, Diego López Garrido, han descubierto el fraude que cometiste el otro día (¿pero cuándo?, ¿qué he hecho?) la prueba definitiva de la manipulación de los populares y la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT).

- ¿Polémica? ¿Por qué?, respondió él.

La historia protagonizada por Joaquín y que había difundido por primera vez la Cadena Ser era, a priori, buenísima, impactante. Joaquín Merino, un afiliado del PP de Umbrete de 42 años y esposo de una concejal del mismo partido, Rocío Negrón, había marchado en silla de ruedas al lado de la vicepresidenta de la AVT, Irene Villa, y su madre, mutiladas por una bomba de ETA, en la multitudinaria manifestación celebrada el 1 de octubre en Sevilla contra el proceso de diálogo del Gobierno con la banda, haciéndose pasar por otra víctima más del terrorismo sin serlo y sin ni siquiera estar incapacitado para caminar.

Una víctima falsa, una víctima-trampa del PP y la AVT exhibida en primera fila para dar pena a la opinión pública y aglutinar apoyos sentimentales contra el Gobierno. Un tullido imaginario de los que se usaron toda la vida para demostrar, con su milagrosa recuperación, que Dios existe. El veterano periodista Iñaki Gabilondo presentó en su telediario nocturno la revelación del montaje del falso mártir, constrastando las imágenes de cuando participó en la manifestación en su silla de ruedas con otras en las que se le ve andando por su propio pie por las calles de su pueblo, ignorante de la que se le venía encima. ¡Tramposo! Los dirigentes del PSOE Blanco y López Garrido se hicieron eco inmediato de la noticia para acusar al PP de su «manipulación» inconmensurable.

¡Qué pedazo de historia! ¡Qué no daría uno por quitarle la careta a un embustero y poner en evidencia a los maquiavélicos que la han tramado!

Lástima que, en esta ocasión, la historia no es cierta. Joaquín Merino no se hizo pasar por una víctima del terrorismo ni el PP ni la AVT lo exhibieron con esa intención. Y Joaquín, además, es cojo de verdad, poliomielítico desde los nueves meses, y aunque puede caminar distancias cortas (así, de pie y andando, lo grabaron) ayudado por su alza de cinco centímetros en el pie derecho y un aparato de ortopedia que le ayuda a flexionar la pierna, siempre usa una silla de ruedas cuando, como sucedía en aquella ocasión, tiene recorrer un trecho que vaya más allá de la acera de enfrente.

«Yo fui en silla de ruedas a apoyar a las víctimas del terrorismo porque soy cojo, y ya está», dice Joaquín en su casita adosada de protección oficial para minusválidos, con pasamanos para discapacitados en el cuarto de baño y el dormitorio en la planta baja, porque sería un suplicio subir escaleras. A palo seco, sin ahondar, el espectador, el político o el periodista oye que el inválido falso es el marido de una concejala del PP y seguro que muchos se imaginan a una enjoyada burguesa. Joaquín, en realidad, trabaja de conserje en el Ayuntamiento de su pueblo en una plaza de minusválido, tras haber sido durante años vendedor de cupones de la ONCE, organización que le concedió una pensión después de que le detectaran una cardiopatía hipertensiva (está de baja porque la polémica le ha disparado la tensión). Y su mujer, que lleva ocho años de edil del PP en el municipio, se gana la vida «limpiando por horas en las casas y planchando».

¿Por qué camino acabó Joaquín encabezando cerca de Irene Villa la marcha de la AVT contra el Gobierno? Cuentan que llegaron a Sevilla en un autobús fletado por el PP para los pueblos de Sanlúcar la Mayor y Umbrete. «Yo cogí mi silla de ruedas porque sabía que iba a estar tres o cuatro horas en la calle», detalla Joaquín Merino, que recuerda que, para colmo, ese día llevaba su aparato ortopédico, el tipo-marcha, roto y sujeto con esparadrapo. Su mujer añade que sin la silla él se quedaría retrasado y, en medio del gentío, se caería al primer empujón. Al llegar al inicio de la marcha, se metieron con sus dos hijos y su silla entre el público. Llevaban una bandera de España que les costó dos euros y un cartelito que decía Negociar es claudicar. Nadie, reiteran, tenía el plan maléfico de colocarlo en primera fila para su exhibición. Y lo prueban con una foto que apareció al día siguiente en ABC y donde se ve a la familia, efectivamente, detrás de las vallas, entre los manifestantes.

«La misma gente, no nosotros, nos pidió que nos pusiéramos detrás de la valla. Lo veían a él agobiado, lo empujaban y ellos se daban golpes con la silla. 'No empujéis, que lo estáis machacando', decían. Y una señora entonces le dijo a un chaval de la organización, '¿puede pasar este hombre delante de la valla?', y él dijo que había más sillas de ruedas y minusválidos delante», cuenta Rocío.

Por delante de la cabecera marchaban Irene Villa, su madre y otras dos personas en silla de ruedas, además de Joaquín: otro hombre al que reconoció también como un empleado de la ONCE y una señora con una férula en la pierna, propia de un accidente casero.

«Nosotros nos separamos, porque la gente le iba tocando palmas a Irene Villa y a nosotros mismos nos daba corte», dice Rocío para probar que rehuyeron cualquier protagonismo. Sin embargo, tratándose de víctimas, era fácil caer en el equívoco y tomar a los de las sillas de ruedas por mutilados de ETA.

Tras el manifiesto que leyó el presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz, se comprobó este equívoco. «Un hombre mayor se me acercó y me dijo, 'estamos contigo', y le dije, 'perdone, perdone, que yo no soy víctima, yo soy cojo'». El propio ABC escribió bajo una foto: «Irene Villa junto a otras víctimas, en cabeza de la concentración».

El matrimonio está preocupado. «No se dan cuenta del daño que pueden hacerle a una familia», dice ella. Al hijo de 15 años le han espetado los chicos del barrio: «¡Hay que ver lo que ha hecho tu padre!». A su primo Fernando le han dicho lo mismo en el trabajo. «¡Coño!, ¡pero si tú eres amigo del que se ha hecho pasar por víctima del terrorismo!». Nadie les ha pedido disculpas. «Lo triste de esto es que tenga que justificarme», se lamenta Joaquín. Y su mujer añade: «Él es víctima del PSOE, no víctima del terrorismo».

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Joaquin Merino no está solo, como tampoco lo están los dos policias que el juez Del Olmo envió a la carcel.
Somo muchos los que nos consideramos victimas del PSOE, millones de españoles-

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