OTRA PRUEBA DE LO MUCHO, Y TERRIBLE, QUE QUEDA POR AVERIGUAR DEL 11-M

17-09-07



Editorial

OTRA PRUEBA DE LO MUCHO, Y TERRIBLE, QUE QUEDA POR AVERIGUAR DEL 11-M


El ministro de Justicia Fernández Bermejo sacaba pecho hace unos días en pro de la versión oficial del 11-M, poco menos que clamando anticipadamente victoria y advirtiendo que muy pronto la opinión pública tendría que optar «entre la sentencia y la teoría de la conspiración». En sentido estricto esto es una memez a la altura del personaje, pues sea cual sea la sentencia su relato de hechos probados recogerá que una serie de personas «conspiraron» para cometer los atentados. Pero también en el sentido más amplio de la disyuntiva Bermejo patina porque, tal y como hoy vuelve a demostrar EL MUNDO, la sentencia no podrá resolver aspectos esenciales de esa «conspiración» por la sencilla razón de que la instrucción no ha proporcionado al tribunal los elementos de juicio necesarios.

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El último botón de muestra son las manifestaciones a nuestro periódico desde su remoto escondite de Mario Gascón, durante muchos años colaborador en nómina de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Con la elocuencia propia de su argot, Gascón asegura que no acudió al juicio oral del 11-M, pese a haber sido citado como testigo, porque «la Guardia Civil me quería picar el pasaporte». Y relata como el capitán Paco, estrecho colaborador del, más que turbio, tenebroso coronel Hernando le puso «una pistola en el pecho» y le instó a guardar silencio cuando tras el 11-M alegó que hacía tiempo que Zouhier había avisado sobre la trama de los explosivos.

Gascón sabía de lo que hablaba porque era quien había introducido a Zouhier en la UCO y además tenía relación con el propio Jamal Ahmidan El Chino de quien, por cierto, dice que «nunca fue un islamista». ¿Es una simple, aunque fatalmente trágica, negligencia lo que la UCO quiere ocultar al obligar a Gascón a mantener la boca cerrada o se trata de algo infinitamente más grave en la línea de la famosa metáfora del darle hilo a la cometa? Es evidente que aclarar este interrogante será una necesidad pública especialmente si la sentencia considera que la masacre se cometió con explosivos llegados de Asturias y con algún tipo de intervención de Zouhier.

Obviamente nada de lo que pueda decir ya Mario Gascón influirá en la sentencia sobre la que aún delibera el tribunal. Su testimonio sí que podría ser tenido en cuenta en nuevas causas que sean fruto de esa sentencia o en las propias diligencias que sobre distintos flecos del sumario instruye todavía Del Olmo. El problema es que la actitud de este último queda de nuevo retratada en el recuerdo que tiene Gascón del día en que, bajo la tutela de la UCO y fiel a sus consignas, compareció ante su juzgado. Al enterarse de que en una fase anterior de su azarosa vida este singular ciudadano había sido fraile mercedario, Del Olmo le dijo que se «olvidara de todo» y se «volviera al convento». ¡Cuánto habría salido ganando la causa de la búsqueda de la verdad del 11-M si hubiera sido el propio juez instructor el que hubiera tomado su monacal plaza en un estricto régimen de clausura!

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