Dos acusados ratifican que unos desconocidos estuvieron en Morata los días previos al 11-M

22-02-07



Juicio por una masacre / Día 5

Dos acusados ratifican que unos desconocidos estuvieron en Morata los días previos al 11-M


MANUEL MARRACO

Ayer se acentuaron algunas de las incógnitas que rodean a los atentados: Harrak negó que su amigo Kounjaa le hubiese entregado la carta de despedida que apareció en la comisaria de Canillas. Además, otros dos implicados corroboraron que personas no identificadas estuvieron en Morata la semana previa.

MADRID.- La quinta jornada del juicio del 11-M fue un repaso sobre la figura de Jamal Ahmidan, El Chino, supuesto responsable operativo de la célula y uno de los siete suicidas de Leganés. En él se centraron los interrogatorios a su primo, Hamid Ahmidan, Rachid Aglif y Abdelilah Fadoual Akil, acusados por la Fiscalía de pertenecer al grupo terrorista.

Pese a que sólo respondió a su defensa, la declaración más interesante fue la última de la jornada, la de Hamid. El primo de El Chino fue detenido el 25 de marzo. En el interrogatorio relató que cuatro o cinco días antes había llevado a su primo a Leganés. Le había dejado en una rotonda próxima al piso franco de la célula, lo que daba a las Fuerzas de Seguridad una pista de su escondite una semana antes del suicidio colectivo.
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El marroquí también relató su trabajo en la finca de Morata de Tajuña, donde se montaron las bombas. Allí estuvo haciendo chapuzas junto al también procesado Otman Gnaoui. Allí vivían de manera continua El Chino y los suicidas Abdenabi Kounjaa y Rifaat Anuar, además de Mustafá Hadad. Los dos obreros no dormían allí ni comían con el resto.

Según declaró ayer, Hamid nunca vio armas ni escuchó explosiones, pero sí observó que cuando entraba en la habitación en la que estaban los otros, éstos escondían «algo que tenían en la mano y que tenía cables». Tras su detención, dijo ante el juez que lo que vio era muy similar a los detonadores que le mostraban.

A primeros de marzo, Jamal le dijo que no volviera en una semana porque «una mujer y su familia» iban a estar viviendo allí. Regresó pasado ese tiempo, pero se encontró con un candado nuevo en la verja y un coche desconocido. Un Toyota Corolla que provenía, supuestamente, de la trama asturiana. «Ven mañana», le dijo Jamal. Volvió, pero su primo le dijo que el trabajo se había acabado.

Tras la masacre, estuvo en la finca cuatro o cinco días, hasta el día en que Jamal le pidió que le llevara a Leganés. No volvió a verle.

La jornada de ayer, se abrió con el interrogatorio a Rachid Aglif. El amigo de El Chino explicó al tribunal la transformación del suicida tras pasar por una prisión marroquí. Si antes se le podía describir como «un conocido de la noche madrileña», a su regreso, en el verano anterior a los atentados, «estaba más serio, más consigo mismo». «¿Se había vuelto extremadamente religioso?», insistió el fiscal Carlos Bautista. Aglif fue lacónico pero contundente: «Sí».

Sobre el súbito silencio telefónico entre ambos entre el 11-M y el 17 de marzo, respondió: «Supongo que estaría haciendo sus cosas, luego se ha visto lo que hizo ese hombre».

Rachid fue uno de los asistentes a la reunión en un McDonald's en la que, supuestamente, comenzó a hablarse de intercambio de hachís por dinamita. Allí estaban, por un lado, él y Rafá Zouhier, que llegaron juntos. Por otro, Emilio Suárez Trashorras y su mujer, Carmen Toro, junto a un tercer español, que no reconoció como Antonio Toro. Por parte de la célula llegaron tres suicidas: El Chino y los hermanos Oulad. Según su versión, Carmen y él se mantuvieron al margen de las conversaciones.

También dijo que había mentido ante Del Olmo para vengarse de Zouhier por las supuestas «burradas» que éste contó al juez y que le habían acabado enredando en el 11-M.

A preguntas de su abogado, Andreas Chalaris, el marroquí concluyó su declaración asegurando que no es una persona religiosa -«llevo aquí 17 años y no he leído ni una palabra en árabe»- y condenando «rotundamente» los atentados.

El segundo interrogado de la mañana, el menudo Abdelilah Fadoual, se presentó nervioso ante el micrófono e hizo una declaración torrencial. Cada pregunta de la fiscal era seguida de una aturdidora parrafada que incluía la respuesta a esa pregunta y por lo menos a otra docena.

Fadoual reconoció una visita el 3 de marzo a la casa de Morata. Según explicó, para recoger un Volkswagen Golf en el que supuestamente se habían transportado los explosivos desde Asturias. Según dijo, pudo ver varios coches estacionados en la finca. Aseguró que El Chino no le dejó entrar ni le permitió dejar el Golf allí aparcado unos días, como él le había pedido.

Tras ofrecer varias y largas explicaciones sobre quién le llamó para decirle que lo fuera a buscar, el tribunal le pidió que lo aclarara de manera precisa «¿Hicham o Jamal?». Ni aun así. «Es que la cosa está muy mezclada, lo digo para que lo sepa...».

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