Sus amigos ven a 'El Tunecino' como un fanático 'sin nivel' para montar el 11-M

21-02-07



Juicio por una masacre / Día 4

Sus amigos ven a 'El Tunecino' como un fanático 'sin nivel' para montar el 11-M


MANUEL MARRACO

MADRID.- Cuando El Tunecino le dijo que quería viajar a Irak para hacer la yihad, Mohamed Almallah le respondió: «Yo estoy contento aquí, vete tú». Cuando Fouad Morabit supo que el suicida anunciaba «algo fuerte» en Madrid y que aconsejaba abandonar la capital, lo consideró «una chorrada». Los dos procesados en el 11-M, interrogados ayer ante el tribunal de la Audiencia Nacional, describieron a El Tunecino, Serhane ben Abdelmajid Fakhet, como un musulmán radical, aunque con pocas posibilidades de liderar un grupo terrorista.

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La Fiscalía acusa al sirio y al marroquí de ser integrantes de la célula y pide para ellos 12 años de prisión. Junto a otros seis procesados, que ayer les observaban tras el cristal blindado, suponen el nivel inmediatamente inferior a los seis acusados de idear la masacre y colocar las mochilas.

Ayer comenzaron los interrogatorios a los integrantes de la célula islamista, responsable de la organización de los atentados del 11 de Marzo en Madrid, que continuarán en los próximos días con las declaraciones de otros seis procesados, que siguen el juicio atentos tras el cristal blindado

Las palabras de El Tunecino sobre lo que iba a ocurrir en Madrid fueron el asunto recurrente en la jornada de ayer. El más explícito fue el segundo interrogado, Fouad Morabit, al afirmar: «Era pura fantasía o tontería. Era radical, podríamos decir extremista, pero no violento», dijo.

El marroquí -que cursó estudios de ingeniería aeronáutica y habla varios idiomas-, explicó, con tono tranquilo y aire intelectual, que la «pura lógica» lo llevaba a no asociarle a la masacre. «Una persona que llega a cometer un atentado tiene que estar dentro de un grupo, tener contactos, alguien que le facilite el material adecuado. Serhane era una persona, según se veía, que no estaba en ninguna organización clandestina, tenía una vida aparentemente normal».

Morabit añadió que el consejo que le dio de salir de Madrid «era típico de Serhane», que defendía constantemente que los musulmanes no debían vivir en un país de infieles. «Sólo pude pensar en aquel momento que era una chorrada, una tontería. No tenía ningún fundamento, no podía llegar a hacerse realidad nunca».

Red logística

Si, como él mantiene, no ha tenido nada que ver con organizaciones islamistas, Morabit tendrá que reconocer que tuvo mala suerte. Conoció a El Tunecino nada más llegar a España y fue a alojarse en un local de la calle de Virgen del Coro gestionado por Almallah, que la Policía describe como «un punto imprescindible de la red logística de apoyo al reclutamiento de muyahidin».

Fouad no intentó disimular su amistad con algunos implicados en la masacre. Por ejemplo, con El Egipcio. «Le conocí, y nuestra relación se fue estrechando hasta llegar a la amistad». Admitió que habló con él después de que emigrara a Francia, pero dijo que no lo había visto en Madrid en los meses previos a los atentados. Sobre el hecho de que dijera que los atentados habían sido obra suya, Morabit lo atribuyó a su «fanfarronería».

Parte del interrogatorio discurrió sobre la visita del suicida Rifaat Anuar a Virgen del Coro en la noche del 11 de Marzo. Morabit explicó que no acudió a pedirle refugio porque él mismo había vivido allí antes y de vez en cuando volvía a pasar una noche.

En su interrogatorio, con el que se que abrió la jornada, Almallah describió el local de Virgen del Coro como un lugar en el que se alojaban de manera temporal musulmanes con pocos recursos económicos.

Según explicó, era propiedad de su hermano Moutaz -colaborador en Londres del líder islamista Abu Qutada-, y él se encargaba de alquilar las tres habitaciones. Moutaz fue detenido en Reino Unido a petición del juez Juan del Olmo y está pendiente de extradición. Por el lugar pasaron El Tunecino y Anuar, así como Basel Ghalyoun y Morabit.

Almallah, provisto de traje, corbata y una carpeta con anotaciones, negó que el local albergara reuniones sobre la yihad. Esos encuentros descritos por la fiscal eran puro teatro, es decir, que cuando cerraban el centro musulmán de la M-30 en el que preparaban una obra de teatro, se iban hasta allí para seguir ensayando. Tampoco, dijo, se visionaban vídeos islamistas, como sostienen las acusaciones.

La fiscal Olga Sánchez repasó ante Almallah la habitual quiniela de presuntos -o ya convictos- terroristas islamistas. Entre las opciones amigo-conocido-desconocido, la mayoría iba cayendo entre las dos primeras: El Egipcio, El Tunecino, Abu Dahdah, Amer Azizi, Basel Ghalyoun, Fouad Morabit, Rifaat Anuar, Mustafa Maimouni...

Cuando llegó el turno de El Tunecino, la fiscal le preguntó si le había propuesto viajar a Irak. «Me dijo que quería ir allí. Yo le dije, 'me da igual si vas o no. Yo estoy bien aquí, vete tú'». Explicó que el asunto volvió a salir en presencia de Ghalyoun. Con igual éxito. «Nos llegamos a enfadar con él», dijo ayer Almallah.

A quien nunca conoció, dijo, fue a Jamal Ahmidan, El Chino, supuesto responsable operativo del grupo. La fiscal recordó la declaración de una testigo protegido que asegura que los vio juntos, en compañía de El Tunecino, unos meses antes del 11-M.

Testigo protegido

Según Almallah, eso es mentira. El testigo protegido es su ex pareja, a la que describió como mentirosa, ladrona y vengativa. «Mi ex es mi enemiga. Nos hemos denunciado mutuamente. Luego le cuento si hace falta», le dijo a la fiscal.

En una de esas denuncias, la mujer informó a la Policía de que Almallah había dicho que no se quedaría tranquilo hasta volar las torres de plaza de Castilla. «¿Cómo voy a querer eso? Estoy contra la violencia». El sirio explicó por su afición a coleccionar el hallazgo en su poder de material comprometido. Si tenía cintas de cantos al martirio en el coche era porque escuchaba de todo. «También tengo películas porno», añadió.

Almallah sí reconoció su afinidad con los Hermanos Musulmanes, una organización prohibida en algunos países por su interpretación extremista del islam. Dijo que no era miembro, sólo simpatizante, aunque sí pertenecía a otras organizaciones. La fiscal no aprovechó para preguntarle a qué organizaciones se refería. Contestó a esta cuestión a preguntas del letrado de la Asociación de Ayuda a Víctimas del 11-M, José María de Pablo. Su respuesta fue que al PSOE. Se afilió tras los atentados y fue expulsado en cuanto trascendió la noticia. Ayer dijo que se unió al partido por consejo del líder de los Hermanos Musulmanes en España y porque su familia era de tradición socialista.

COMO EXPLICARON SU FE

MOHAMED ALMALLAH

El sirio aseguró, al ser preguntado por si era propietario de cintas de vídeo en las que se mostraban escenas violentas relacionadas con la 'yihad', que disponía de gran cantidad de cintas en su vivienda. «Tengo también películas porno», añadió. Explicó, además, que sus hijos estudian en un colegio público de Madrid y que no asisten a clases de educación islámica, aunque van a la mezquita de la M-30, donde reciben clases de árabe.

FOUAD MORABIT

Interrogado sobre su pertenencia a organizaciones o grupos islámicos radicales, el marroquí aseveró: «No pertenezco a ninguna corriente del islam, ni radical ni moderada». A preguntas de su abogada, explicó que acudía «dos o tres veces» por semana a la mezquita madrileña de Estrecho. También manifestó su oposición a la violencia: «Soy un hombre pacífico, quizá demasiado pacífico», añadió durante su intervención.

OTMAN GNAOUI

A preguntas de su abogada defensora sobre si acudía con regularidad a la mezquita, el marroquí contestó rotundo: «Nunca». «Soy musulmán, pero no soy religioso». La letrada le preguntó entonces sobre si era consumidor de drogas y alcohol, a lo que El Gnaoui respondió: «Tenía drogas para mi propio consumo».

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