Un ambiente cargado

29-05-07



A SANGRE FRIA

Un ambiente cargado


David Gistau

Como en los grandes conciertos, antes de la pericial sobre los explosivos salieron de teloneros los psiquiatras que habían de evaluar el estado mental de Emilio Suárez Trashorras. Se trataba de averiguar si es malo o, como a Jessica Rabbit, simplemente lo dibujaron así. Fueron desgranando el diagnóstico de un psycho-killer de serie B -esquizoide, antisocial ypsicótico- ante el cual Carmen Toro se llevó las manos al rostro, entre avergonzada y asustada, como si sólo en ese preciso instante estuviera descubriendo que, en realidad, no se casó con la versión asturiana de Richard Gere en Pretty Woman. Aun con algún desajuste de pareceres, en lo que sí coincidieron los expertos es en atribuir a Trashorras una capacidad cognitiva suficiente para diferenciar el bien del mal, y para saber cuánto daño puede hacer la dinamita.
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La pericial de los explosivos era tan importante que el fiscal Zaragoza dejó de gustarse y de buscarse el mejor perfil en la pantalla para asumir el interrogatorio. Por su disposición compleja en la sala, se habría dicho que los peritos de los explosivos iban a jugar a las sillas musicales. Y algo de eso podía haber, pues la jornada iba a consistir en comprobar cuáles quedaban eliminados, los defensores de la teoría de la contaminación o aquéllos otros de la pericia ordenada por el tribunal que la refutan porque niegan que el ambiente del laboratorio donde las pruebas fueron guardadas pudo estar tan cargado de DNT y nitroglicerina como para que esas sustancias que la químico del Tedax no encontró en los focos aparecieran, sin embargo, tres años después. Estos peritos, por cierto, lamentaron ciertos obstáculos puestos a su investigación. Se les habría negado el acceso al almacén donde supuestamente se produjo la contaminación y jamás se les hizo llegar las pruebas no lavadas con agua y acetona que, según la químico, único miembro del laboratorio del Tedax en las fechas de la matanza, ahora de pronto existen.

Esta funcionaria había dicho que su trabajo en los focos el mismo día del atentado no había podido determinar ningún componente del explosivo, menos aún una marca comercial. Ayer, sin embargo, rectificó y dijo que sí detectó nitrato amónico y nitroglicol, es decir, precisamente los elementos genéricos que contiene cualquier tipo de dinamita, sea cual sea su marca, y los menos determinantes, por tanto, para descartar un origen comercial. A Gómez Bermúdez estas rectificaciones se le debieron de antojar confusas, pues ordenó a la químico que presente ante el tribunal las notas de trabajo que improvisó en las primeras horas. El lenguaje usado fue por momentos tan científico que el profano estaba abocado a extraviarse. Tamaña desorientación, añadida a las contaminaciones y a la incapacidad de los peritos de proponer sobre ninguna cuestión una conclusión irrefutable, dejó la sensación de que será dificíl saber sin duda qué explotó en los trenes. Que en esto, como en otras circunstancias del proceso gestionadas por la opinión pública y el periodismo, los prejuicios adquiridos se impondrán a lo que debería haber sido demostrado. Y que, por tanto, acabarán pesando todas esas otras pruebas, expuestas de un modo más convincente, que señalan a Mina Conchita y a un antiguo minero que, ni siquiera, puede ya evacuar su responsabilidad en los diagnósticos psiquiátricos.

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