A SANGRE FRIA Regreso a la Casa de Campo David Gistau

30-10-07



JUICIO POR UNA MASACRE / La opinión / A SANGRE FRIA

Regreso a la Casa de Campo


DAVID GISTAU

Como el propio atentado, la sentencia va a coincidir con una temperatura de avidez electoral, a la que hay que añadir el brillo de navajas de las cuentas pendientes, que son la expectativa principal, más allá de la justicia y la reparación a las víctimas, que en estos días previos estimulan los cenáculos del periodismo y de la política. A causa de ello, los 15 folios que Javier Gómez Bermúdez leerá en el revisitado búnker de la Casa de Campo el próximo miércoles serán como un pedazo de carne arrojado a la charca de los cocodrilos para que se devoren entre ellos como en esas pugnas del National Geographic. En lo que vamos a fracasar, por segunda vez después del agit-prop del «pásalo», es en la capacidad que nos sería exigible de consolidar ante la tragedia un espíritu cohesionado, émulo del United We Stand. Uno al que no distraigan las tensiones políticas a la hora de determinar quiénes son en verdad los culpables de aquella matanza, uno que no se apropie del odio para convertirlo en munición retórica de la lucha por el poder. Eso es lo que está claro.
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Lo que no está claro es que el sumario que vertebró el proceso abarque entera toda la trama del 11-M, ni que, por tanto, la sentencia aporte a las víctimas el alivio terapéutico del caso que está resuelto y que puede diluirse como materia histórica. Lo que no está claro es que Rabei, Belhadj y El Haski, improvisados por la Fiscalía como cúpula de mando para compensar la ausencia estelar de 'El Chino' y 'El Tunecino', no vayan a salir más o menos bien parados con simples condenas por pertenencia a banda armada, que demostrarían que hubo acusaciones infladas para apuntalar la teoría oficial. En ese caso, la terna de los presuntos autores intelectuales no estaría compuesta sino por unos yihadistas de cabotaje, a partir de los cuales fueron construidos, con métodos tan chuscos como las escuchas de Milán, personajes de mayor calibre que habían de servir para neutralizar una investigación más profunda. Y, por último, lo que también habrá que comprobar es si la sentencia eleva a la categoría de caso abierto la actuación, antes y después del atentado, de las Fuerzas de Seguridad.

Tanto las negligencias de los manolones y los víctor que impidieron atajar la conversión de unos chorizos de barrio en guerreros santos inspirados por Al Qaeda (el destino de Zouhier está unido a la valoración que el Tribunal haya hecho de las informaciones desatendidas), como las pruebas sobrevenidas, de las cuales la mochila de Vallecas es la más famosa, que apuntan al interés por sacar rentabilidad política al mismo atentado que no se pudo, o no se quiso, evitar.

Más allá de las dudas respecto a la naturaleza de los explosivos, donde no queda tanto margen para la sorpresa, es para la trama asturiana y Mina Conchita.

En cuanto a ETA, no merece figurar ni como nota a pie de página. Veremos.

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