El 'buen salvaje' de Huarte

26-04-07



JUICIO POR UNA MASACRE / Análisis de la sesión / A SANGRE FRIA

El 'buen salvaje' de Huarte


DAVID GISTAU

El primer testigo declararía desde Bélgica por vídeoconferencia. Por lo que la sesión arrancó con un «¡Buenos días, Bruselas!» pronunciado por Gómez Bermúdez, que en la sala de prensa fue recibido como si empezara la votación en el festival de Eurovisión. Pero lo que apareció en la pantalla fue una versión barbuda de Remedios Amaya, con los cánticos de los mártires que constituyeron el fondo musical de sus conversaciones grabadas con El Egipcio en sustitución de ay quién maneja mi barca. Mourad Chabarou, como el Abdelkrim Bensmail que compareció por la tarde, tenía el tremendo aspecto de talibán evocado por los vídeos que envía Bin Laden desde la montaña: pasearse así por una calle occidental equivaldría a llevar encima una flecha luminosa con la palabra terrorista. Lo más probable es que, habiendo recibido ya una condena en firme, ambos integristas pudieran relajarse en cuanto a la obligación de pasar desapercibidos en Occidente con vestimentas discretas impuesta por el manual yihadista. Entonces, su aspecto anticipa el que tendrán en la cárcel, si son sentenciados por el 11-M, los islamistas como El Egipcio, Belhadj o El Haski que todavía cultivan el disimulo indumentario y el afeitado apurado.

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El manual yihadista también aconseja negar todo a quien se enfrenta a la Justicia. Eso hicieron Chabarou y Bensmail. El primero intentó desactivar todas las frases grabadas por la Policía italiana que comprometen a El Egipcio. Así, el suceso en el que ambos creían que junto a Serhanne también murió el procesado El Morabit habría sido rememorado de un modo tan ajeno a la dialéctica yihadista que lo mismo podría haberse tratado de un accidente de tráfico. Y la frase en que eran encomendados a Alá para que les concediera el Paraíso merecido por los guerreros santos de pronto se convertía en la fórmula rutinaria para despedir a cualquier musulmán extinguido, incluso por muerte natural. Hasta los cánticos del martirio con los que se prodigaban tanto no serían sino inocuos divertimentos, fiebre del sábado noche. Claro que semejantes intentos de exculpar a El Egipcio, dichos por un tipo con esa pinta y con una condena por terrorismo, venía a ser como si Hitler vestido con camisa parda dijera que si levantaba el brazo en Nuremberg era para parar un taxi.

Cuando le tocó a él negar lo obvio, Bensmail intentó convencer al tribunal de que no hubo en su celda la fórmula de la cloratita ni esas referencias escritas a etarras como Parot que le fueron incautadas y, una vez devueltas, al parecer se tragó. Un abogado de la defensa recordó su relación tiernísima con Fernando Huarte, militante socialista, encargado de seguridad en los mítines asturianos del partido y presidente de una ONG pro palestina. Obviamente, el dato no ha de servir como argumento para alimentar ningún tipo de teoría. Pero sí ilustra el empeño típicamente progre de compadecerse por el buen salvaje islámico, pagándole incluso el dentista, porque los prejuicios antisemitas y antiamericanos impiden verlo como lo que es: un terrorista que agradece el trato humanitario y la comprensión euroidiota de sus entuertos, o reventando a 191 de los nuestros en un tren, como hizo Allekema Lamari, suicida en Leganés, amigo y protector de Bensmail. O urdiendo acciones a la libanesa como arrojar cuesta abajo por la calle de Génova un camión cargado de explosivos, como proyectó el propio Bensmail, por cierto, cuando ya las tropas estaban retiradas de Irak.


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