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22.4.07

 

Un perjurio manifiesto

 

22-04-07



JUICIO POR UNA MASACRE / El enfrentamiento en la cúpula policial / Resumen de la semana

Un perjurio manifiesto


O Díaz-Pintado o Cuadro Jaén han mentido ante el tribunal

Por FERNANDO MUGICA

Las versiones contradictorias de los que fueran subdirector Operativo de la Policía y comisario general de Seguridad Ciudadana dejan al magistrado Bermúdez en una difícil tesitura / Uno de los dos podría quedar inhabilitado e ingresar en prisión / El juez tiene que rellenar los incomprensibles huecos de los abogados

Las mentiras se acumulan en el juicio del 11-M. Lo peor es que las pronuncian antiguos altos cargos de la cúpula policial. Han formulado sus falsedades ante el juez Javier Gómez Bermúdez a pesar del juramento que les obliga a decir la verdad. No sabemos si eso tendrá consecuencias penales para ellos pero es un hecho que produce un daño grave a las instituciones. No hay vuelta de hoja. Uno de los dos ha mentido, aunque algunos se empeñen en esgrimir la excusa de que simplemente no se entendieron bien por teléfono.
(.../...)

De un lado está el testimonio de Pedro Díaz-Pintado, el que era en marzo de 2004 Subdirector General Operativo, el más alto cargo profesional de la Policía. En su declaración como testigo ha afirmado con rotundidad que Santiago Cuadro Jaén le informó telefónicamente, en la misma mañana del 11-M, que el explosivo utilizado en los atentados podía ser Titadyn con cordón detonante. «¿Estás seguro?», le apremió Díaz-Pintado. Cuadro le contestó según esta versión: «Sí, estoy seguro». Para corroborar esta afirmación ha añadido que tenía a su lado a un general de la Guardia Civil y que éste lo apuntó en un papel.

Parece imprescindible que preste testimonio este general porque cuando le tocó el turno a Santiago Cuadro como testigo, negó rotundamente haber dicho semejante cosa. Es más, comentó que si uno de los Tedax le hubiera asegurado eso aquella mañana habría pensado que estaba loco. Afirma que sólo dijo dinamita con cordón detonante.

Es imposible que las dos afirmaciones sean ciertas a la vez por lo que uno de los dos ha mentido ante el tribunal y bajo juramento.

TODOS LOS DE ETA EN SU SITIO

No debemos olvidar que la palabra Titadyn en aquellos primeros momentos fue esencial para que el Gobierno se inclinara por la culpabilidad de ETA. Conté en su día, y hoy lo repito, que los responsables de Información de las comisarías del norte de España recibieron en la mañana del 11-M esa comunicación. Desde Madrid, el comisario general de Información les dijo que se pusieran las pilas porque había salido Titadyn y eso llevaba a ETA.

Movilizaron todos sus efectivos para tratar de averiguar si sus objetivos -como se llama en el argot policial a los que están siendo vigilados por su cercanía a ETA- se habían movido de sus domicilios o de sus lugares de trabajo habituales. La respuesta en todos los casos fue negativa. No faltaba nadie. Ninguno de los vigilados se había desplazado a Madrid. Pero, a pesar de todo, la bola del engaño había tenido un efecto mayúsculo. Quien mencionó la palabra Titadyn había empujado a la cúpula del Ministerio del Interior, y, por tanto, al Gobierno a decantarse por la vía etarra. Sea quien fuere, no sólo fue un alto cargo policial quien mencionó el Titadyn. El juez Baltasar Garzón reconoció en una entrevista posterior: «Cuando llegué a Atocha, hablé con uno de los expertos en explosivos. No me pida el nombre porque no lo recuerdo, le conozco de haber coincidido con él en otros escenarios. Me dijo que podía ser Titadyn»...

...«Antes de que me marchara a la estación de El Pozo hablé con Díaz- Pintado. Quedamos en que me llamaría si averiguaba algo. Hablé con él por teléfono a las 13.15 horas aproximadamente. Me comentó que parecía Titadyn, me confirmó lo que ya me habían dicho a mí en Atocha». La negativa de Santiago Cuadro, comisario general de Seguridad Ciudadana en aquel momento, tiene ahora una enorme trascendencia. Ha servido para que los afiliados a la versión oficial hagan sus titulares y se permitan bromas en tertulias y programas de televisión.

La intervención de Santiago Cuadro en el juicio parecía un paseo triunfal a través de las preguntas insulsas y las interrupciones a destiempo que hicieron los abogados.

Solamente hubo un momento en el que el ex comisario general de Seguridad Ciudadana balbuceó. Fue cuando el juez Gómez Bermúdez le hizo la pregunta que todos esperábamos.

LA 'PARADA' DE BERMUDEZ

«Dado que luego determinó, al parecer, un cambio en la línea prioritaria de investigación, ¿cómo no se ponen por escrito los primeros análisis del laboratorio Tedax?».

La contestación de Cuadro Jaén fue una envolvente que el juez no tragó. «Yo creo que obran en poder de la Dirección General notas informativas...». Bermúdez se lanzó en plancha: «Yo le hablo del análisis que hace su laboratorio, en el sentido de que lo hace la experta química de los Tedax... ¿Por qué ese informe, dado que era tan decisivo y luego determinó la prioridad de una línea de investigación sobre otra, no se hizo constar por escrito?».

Santiago Cuadro bajó la cabeza y rebajó, por primera vez, su altanero tono de voz para decir: «Yo creo que ese informe debe estar por escrito». El juez apuntilló «¿Usted cree que debe estar? Bien». Y como en todas las demás actuaciones en las que ha puesto énfasis en destacar públicamente una contradicción o una grave mentira, ordenó un descanso.

Han comparado a Bermúdez con un buen futbolista que es capaz de chutar los balones que otros han dejado muertos en el área. En mi opinión, lo que hizo fue mucho más comparable con las habilidades de Casillas que con las de Messi. Metió la mano en el último segundo para sacar un balón que hubiera sido un gol muy importante para la Fiscalía. La prueba es que Pilar Manjón y alguien que se sentaba a su lado dejaron de reírse. Abandonaron las sonrisas ostensibles que esgrimían cada vez que uno de los abogados de la AVT mencionaba, con bastante torpeza por cierto, la palabra Titadyn.

No viene demás repetir aquí el despacho que la agencia de noticias Efe difundió a las 14.40 horas del 11-M. En él se decía que «el análisis de un artefacto colocado junto a una valla de la estación de El Pozo y explosionado por la Policía ha podido determinar que el explosivo estaba compuesto por una mezcla de Titadyn y nitroglicerina, considerada 'típica de ETA'».

¿No sería esta mochila la que encontró el policía municipal con la tartera de color anaranjado y dos cables negro y rojo acoplados a un teléfono? En este punto hay que insistir en que nadie habló, después de las declaraciones espontáneas de este policía a la prensa en la misma mañana del 11-M, de esa mochila. Los policías motorizados que hablaron de ella en el juicio dijeron que el explosivo estaba en una bolsa de basura azul y que los cables eran azul y rojo. Era otra mochila, por tanto. Luego fueron condecorados.

Lo del comisario Santano es mejor no comentarlo. Con los brazos cruzados esperaba un chaparrón de preguntas sobre el tema que más le ha comprometido hasta ahora: la eliminación de toda alusión a ETA en un informe en el que se incluía el ácido bórico.

Pero, incomprensiblemente, nadie le preguntó nada sobre ello. El primer sorprendido fue el juez. En esta ocasión, dejó que el gol entrara en la portería, tal vez para no meterse en jardines que están inmersos en otro proceso legal. Pero dejó bien claro que se había dado cuenta al enfatizar que se terminaba la sesión de la mañana a pesar de que todavía eran las 13.10 horas y que normalmente la sesión matinal se prolonga hasta las 14.00 horas o las 14.30 horas. Era evidente que en su programación para ese día había previsto un interrogatorio a Santano -el responsable policial que se enteró de la autoría islamista por la prensa- mucho más largo.

Hay tantos momentos estelares, reveladores, en este juicio que resulta difícil elegir sólo unos pocos. Pero el juez va acumulando las mentiras policiales en su ordenador. Ha supuesto un nuevo escándalo la constatación de que han desaparecido informes escritos en papel y con varias copias firmadas. Se trata de la primera declaración que hizo ante la Policía la dueña del Toyota con la misma matrícula y modelo que utilizaron para transportar -siempre según la versión oficial- explosivos desde Asturias.

El caso lo había contado, en exclusiva y hace meses, nuestro compañero Fernando Lázaro.

DESAPARECE LA DECLARACION

El día 5 de marzo de 2004 hicieron ir a la dueña del vehículo doblado, a las tres de la madrugada, a las dependencias de la Guardia Civil por algo que, en principio, no tenía ninguna importancia. El accidente con un coche robado conducido por un menor. Allí le preguntan si conoce a Emilio Suárez Trashorras y a un marroquí llamado Ben Salah, que resultó ser El Chino. Le entregan las fotocopias de unas multas a nombre del tal Ben Salah que se habían impuesto cerca de Burgos, el 29 de febrero de 2004.

El 26 de marzo, la interrogan de nuevo, esta vez dos policías. En su declaración menciona claramente las preguntas que le hizo la Guardia Civil sobre Trashorras y El Chino. Por la noche la llama la policía a su domicilio para decirle que se ha estropeado el disquete de su declaración y que tiene que repetirla. Vuelve a comisaría al día siguiente y hace una segunda declaración, a otros policías, en la que ya no se mencionan las preguntas sobre el marroquí y el ex minero asturiano.

LA OCULTACION DE LA POLICIA

Esta última declaración es la que le llega al juez Del Olmo y la que consta en el sumario.

La sorpresa del juez Bermúdez ha sido mayúscula cuando los primeros policías que interrogaron a la señora han certificado que existió aquella primera declaración en la que se mencionaba a Trashorras y El Chino, que no sabían nada de un disquete estropeado ni de una segunda declaración y que ellos la entregaron en papel y con cinco copias firmadas.

Casillas-Bermúdez, nuevamente, paró el penalti y quiso saber a quién habían entregado esas copias por escrito y, con solemnidad manifiesta, dejó claro que en el sumario no aparece la primera declaración. Alguien se había preocupado de que no quedara constancia policial de que las Fuerzas de Seguridad buscaban a Trashorras y a El Chino, una semana antes de los atentados.

El asunto del pasaporte belga usado por El Chino a nombre de Ben Salah va a traer cola. Como contamos en su día, y ahora ha quedado acreditado, fue con esa documentación con la que unos guardias civiles le denunciaron en la noche del 5 al 6 de diciembre de 2003, en Buitrago, por estar en posesión de cinco grandes cuchillos, una maza y dos maletas con prendas de ropa robadas de El Corte Inglés.

Fue ese pasaporte el que exhibió en enero de 2004 en un accidente múltiple. Con ese mismo pasaporte le multaron tres veces en la famosa caravana de los explosivos asturianos. Y fue, por último, esa documentación la que aportó para el contrato de la casita de Morata de Tajuña. ¿Cómo es posible que la Guardia Civil no conectara una cosa con otra en sus ordenadores? ¿Cómo es posible que nadie le detuviera a pesar de que ese pasaporte estaba relacionado, una semana antes de los atentados, con un coche robado -el Toyota Corolla- que tenía la matrícula doblada? En ese pasaporte, para colmo, figuraba la dirección auténtica del domicilio de la suegra de El Chino, donde vivía Rosa, su mujer, antes de que se fuera con él a la calle de Villalobos.

En otro orden de cosas, nadie ha puesto la lupa sobre el hijo del dueño de la furgoneta Kangoo. Un abogado le preguntó si había dejado el coche a algún amigo árabe. Dijo que no. Pero lo que tenían que haberle preguntado primero es si tenía algún amigo árabe. Hubiera tenido que decir que sí, que era un iraní que había conocido en el colegio. Que es el único amigo serio que se le ha conocido. Que vivió con él durante año y medio en un piso de la calle Dacio. Que sus amistades, cuando trabajó de camarero en el establecimiento Friday's de la Esquina del Bernabéu, eran muchachos de la comunidad marroquí. Que su amigo, el iraní, le instruyó en temas religiosos, políticos y sociales del mundo musulmán. Que a ese amigo, Kasra Khanafshar, le tocó la lotería precisamente en 2004, el año de los atentados, cuando una empresa estadounidense, derivada de un conglomerado muy importante petrolífero, le facilitó abrir en Madrid Propipe SL, con sede en su propio domicilio.

EXPORTACIONES A ARGELIA

La empresa exporta a países como Argelia, Libia o Turquía aditivos que mejoran el flujo en las conducciones de petróleo, reductores de fricción para bajar la presión en los oleoductos, así como maquinaria industrial y bombas especiales. ¿Quién es el principal cliente de Propipe SL según su propia página web? Nada menos que Repsol YPF.

¿Se acuerdan de la bronca que tuvo la Policía española con el FBI por la identificación de una huella encontrada en la Kangoo, en la bolsa de basura que contenía detonadores y restos de explosivo?

El FBI atribuyó la huella a un ciudadano norteamericano. La Policía española terminó atribuyéndosela a Daoud Ouhane, el marroquí que huyó sin dejar rastro después de estar en la terraza del bar Nacional de la localidad navarra de Corella, leyendo EL MUNDO todos los días hasta el 8 de mayo de 2004.

Les aseguro que no cuento estas cosas por afán de liar más. Sólo pretendo demostrarles que se podía haber hecho alguna pregunta más a José Garzón Gómez, el joven solitario al que investigadores de la Guardia Civil atribuyeron, en un primer momento, ideas próximas a la izquierda radical, sin que descartaran que tuviera conexión con los hechos investigados. Se le mantuvo el teléfono intervenido durante bastante tiempo. El ADN de este joven apareció, junto al de sus hermanas, en los análisis efectuados en las muestras de la furgoneta.

Había estudiado ingeniería técnica industrial en la Universidad Politécnica de Madrid. En el momento de los atentados, José Garzón Gómez trabajaba como informático en el mantenimiento de ordenadores y teléfonos de una de las oficinas de urgencias del 112. Este joven, apasionado de la informática, ha sufrido depresiones por las que se ha visto sometido a tratamiento.

CAMISETAS DE FUTBOL

Por cierto. Dijo que su padre -al que la policía devolvió por error la cinta coránica, como publicó en EL MUNDO Antonio Rubio e Isabel Velloso, que encontraron el 11-M en su furgoneta- siempre transportaba en la Kangoo camisetas de fútbol porque practicaba ese deporte. Lo hacía en un campeonato para veteranos, en Torrelodones. Había competido todas las temporadas, con diferentes equipos, desde el año 1998 hasta el verano de 2005.

¿Saben ustedes la única temporada en la que no participó en los campeonatos, la única en la que no necesitaba camisetas de fútbol? Pues precisamente la temporada del invierno de 2003 a 2004, justo el periodo en el que se prepararon y perpetraron los atentados.

En el maletero del coche Megane asociado a los marroquíes implicados en los atentados se encontró, entre otras, una camiseta de fútbol de color azul con la inscripción en el frontal Inmobiliaria 50. Era una de las que llevaba la furgoneta Kangoo en el momento en que se la robaron a José Garzón, el 27 de febrero de 2004. Las camisetas con esas características se usaron por última vez, en los campeonatos antes mencionados, en mayo de 2003.

No se nos ha olvidado que José Garzón cometió un error al decir cuántos kilómetros tenía su Kangoo cuando se la robaron. Añadió justo los 400 necesarios como para que la furgoneta se hubiera podido desplazar hasta Burgos, para recoger los explosivos de los asturianos, tal y como nos contaron en un primer momento, en la versión oficial. Tuvo que rectificar cuando la Guardia Civil le enseñó una factura, de una revisión de la Renault del día anterior al robo, en el que se marcaba otro kilometraje. Ya nunca se habló del viaje a Burgos de la Kangoo.

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Comentarios:
Me encanta. Tenían que haberle preguntado si tenía algún amigo árabe.

Pues la respuesta es no, porque los iraníes son persas, no árabes.

Y todas esas chorradas, que si su único amigo. Venga ya. Un chaval normal tiene un amigo del colegio iraní (no árabe) y ya es sospechoso de ser terrorista. Ole
 

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