A SANGRE FRIA:Si no tienes soniquete.

25-04-07



A SANGRE FRIA

Si no tienes soniquete

DAVID GISTAU

A su rostro barbado y algo hirsuto le pega más la versión quebrada de Joe Cocker que la original de los Beatles. Pero, en todo caso, Agustín Díaz de Mera llevaba cantando «con una pequeña ayuda de mis amigos» desde que él mismo se empantanó el pasado día 28 de marzo cuando mencionó el supuesto informe que vinculaba a ETA y el 11-M con una torpeza apenas redimida por llamadas al honor y demás sustentos de un andar vertical. Dispuesto a sacar el pie de la trampa para osos que había pisado, Díaz de Mera le tarareó la canción por teléfono a su amigo Enrique García Castaño, jefe de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO) durante los atentados, para que aceptara desempeñar ante el tribunal el papel de garganta profunda, aunque fuera a costa de obviar sus propios conceptos sobre el honor y otros detallitos sin importancia como que el famoso informe no existe.


Al contrario: «A Agustín», declaró García Castaño, «siempre le dije que ni por asomo había relación alguna entre ETA y el 11-M. Se equivoca, confunde los datos». (.../...)

La pequeña ayuda de amigo que, por tanto, García Castaño habrá prestado a Díaz de Mera es atribuir «el lío» de resonancias políticas montado a un error y no a una intención aviesa, intoxicadora. Lo cual apenas salva del ridículo al ex-director de la Policía, que ahí se queda colgado de la brocha con su rapsodia de los que custodian el muro a lo Jack Nicholson en Algunos hombres buenos, y cuya participación en el juicio, ya que estamos musicales, queda descrita en esta otra pieza de Paco de Lucía: «Si no tienes soniquete, pa qué te metes».

La reticencia de García Castaño a sacrificarse como fuente, a pesar de la cual alberga la esperanza de que la amistad perdure sin intervenciones reconciliadoras de Isabel Gemio, retrata a un funcionario excepcional por su afán de mantenerse al margen de maniobras políticas. Forjado por tres décadas de lucha antiterrorista, García Castaño es casi el primer buen policía con mando de los que pasan por el juicio. El primero que no se refugió en un discurso disperso y concebido para tapar negligencias y desidias, sino que trazó un relato minucioso de su actuación en todo aquello que era de su responsabilidad y la de sus hombres. Y a fe que cuanto pertenecía a su jurisdicción fue resuelto con eficacia y con una rapidez imprescindible cuando «quedaba suelta gente sin control y con explosivos, gente que sin duda iba a intentar cometer otro atentado». No fue sólo la tarjeta de Amena que le llevó hasta Jamal Zougam. Fue sobre todo la intuición respecto de un número telefónico investigado que le permitió ubicar el piso de Leganés justo cuando Bouchar sacaba la basura y antes de que los terroristas que lo habitaban pudieran cumplir el proyecto de «volar el Bernabéu» o las torres Kio, por mencionar sólo dos de los que están documentados. El juicio ha dejado indicios de negligencias tan groseras que, a veces, parecen voluntarias, y de pruebas sobrevenidas con las que se esbozan otros funcionarios que sí entraron en juegos políticos. Hacía falta que la placa la limpiara un tipo como García Castaño, mando extraño para lo que nos tienen acostumbrados los otros comparecientes, porque no sólo hizo su trabajo, sino que además se negó a meterse en intereses políticos aunque se lo pidiese un amigo.


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