En tono amenazador, Mohamed VI le recordó a Piqué que España no tenía, de momento, problemas de terrorismo islámico, pero que era una posibilidad que

13-09-04



11-M, LA VENGANZA / 2.- MARRUECOS

En tono amenazador, Mohamed VI le recordó a Piqué que España no tenía, de momento, problemas de terrorismo islámico, pero que era una posibilidad que no había que descartar en el futuro

CASIMIRO GARCIA-ABADILLO

En la segunda entrega de la prepublicación de '11-M, La Venganza', el nuevo libro de Casimiro García-Abadillo, que La Esfera de los Libros pondrá a la venta en toda España mañana martes, se revelan inquietantes detalles sobre las difíciles relaciones entre España y Marruecos antes del 11-M. El director adjunto de EL MUNDO relata una áspera audiencia del rey Mohamed VI con el entonces ministro de Exteriores, Josep Piqué, en la que el monarca lanzó una premonitoria advertencia, tras desgranar una catarata de quejas y agravios por la política española. La posterior crisis de Perejil, y la operación militar del Gobierno Aznar para recuperar el islote invadido en julio de 2002, habría hecho temer a los servicios secretos, según algunas fuentes anónimas, una reacción inminente: 'La venganza del Moro'. Tras los atentados del 11-M y el vuelco político del 14-M, Zapatero fue recibido con los brazos abiertos por Mohamed VI, quien le invitó a un almuerzo privado en el que le dispensó el gesto poco habitual de prescindir de los intérpretes y hablar en español.
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El 28 de marzo de 2004 llegó a Madrid el jefe de la Policía marroquí y hombre clave de sus servicios secretos, el general Hamidu Laanigri.La colaboración de Marruecos era fundamental para desenmarañar la trama de los atentados del 11 de Marzo. La mayoría de los implicados había nacido en Tánger o en Tetuán; asimismo, se había acreditado la pertenencia de algunos de ellos al GICM (Grupo Islámico de Combatientes Marroquíes). Por otro lado, la eficacia de los servicios de seguridad marroquíes en la lucha contra el terrorismo islámico era de sobra conocida por las Fuerzas de Seguridad españolas. Laanigri tenía previsto entrevistarse con su homólogo español, Díaz de Mera, y con el máximo responsable de la investigación, Jesús de la Morena.

Laanigri es un hombre enigmático y, sin ninguna duda, uno de los mayores expertos en lucha antiterrorista, aunque sus métodos no sean recomendables en países de costumbres y usos democráticos.

Díaz de Mera le conocía bien. En octubre de 2003 tuvo ocasión de compartir con él la cumbre secreta conocida como 3 + 3, celebrada en París. Los máximos representantes policiales y de los servicios secretos de España, Italia y Francia (los primeros tres), y de Marruecos, Argelia y Túnez (los otros tres) se reunieron en la capital francesa por primera vez para analizar el peligro que representaba el terrorismo islámico y poner en marcha un sistema estable de colaboración para combatirlo.

La conclusión de la cumbre fue muy clara: la organización que estaba asumiendo todo el protagonismo como gran paraguas de los grupos locales en diversos países de Europa y en el norte de Africa era Ansar al Islam, cuyo indiscutible líder es Ahmad Fadeel Nazaal al Jalaydeh, más conocido por su alias de Abu Musab al Zarqawi.

Nacido en 1966 en Jordania (en la localidad de Zarqa, de donde procede su apodo), en el seno de la prominente tribu de los Beni Hassan, su historia se corresponde con la de uno de los asesinos más sanguinarios de Al Qaeda. Su ciudad natal está ligada a la brutal represión desatada por el rey Husein contra los palestinos en septiembre de 1970 y con los primeros atentados del grupo terrorista denominado Frente de Habbash. Con apenas 18 años, se marchó a luchar a Afganistán contra las tropas soviéticas y allí se forjó como un auténtico árabe afgano. Tras volver a su país fue detenido y condenado a una pena de siete años por conspiración contra la monarquía con el fin de establecer un régimen islámico.

Después huyó de Jordania, pero la Justicia de Amán le volvió a condenar en ausencia a pena de muerte tras haber descubierto un plan diseñado por él para asesinar a un grupo de turistas estadounidenses e israelíes con gas venenoso. Durante unos años se refugió en Alemania, donde apadrinó el grupo Al Tawhid. Posteriormente, Al Zarqawi se marchó a Afganistán, donde dirigió un campo de entrenamiento especializado en explosivos, situado en las afueras de la ciudad de Herat, cerca de la frontera con Irán. Fue durante ese periodo cuando entabló una relación directa y estable con Bin Laden.

En 2001 huyó a Irán tras haber perdido una pierna en un ataque con misiles de la aviación estadounidense. Desde ahí, se introdujo en Irak, donde estableció contacto con la organización islamista kurda Ansar al Islam (Partidarios del Islam), que luego acabaría liderando.

Según los servicios secretos estadounidenses, Al Zarqawi se instaló en Bagdad (donde le fue implantada una pierna ortopédica) en mayo de 2002. Este hecho fue considerado por la Administración Bush como una prueba de la colaboración entre Al Qaeda y el régimen de Sadam Husein. De hecho, el secretario de Estado, Colin Powell, utilizó este argumento en su intervención ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el 5 de febrero de 2003, para justificar el ataque contra Irak. Powell reveló otro dato muy significativo: Ansar al Islam operaba en diversos países europeos, entre ellos, España.

EL OBJETIVO

La Policía jordana acusa a Al Zarqawi de haber planificado el asesinato del diplomático estadounidense Laurence Foley en su casa de Amán, llevado a cabo el 28 de octubre de 2002.

Desde el comienzo de la guerra contra Sadam, Al Zarqawi ha sido el hombre de Al Qaeda en Irak. Es el presunto responsable de multitud de ataques con coches bomba contra centros de reclutamiento y se le atribuye también el asesinato del ayatolá Al Hakim, ejecutado en la ciudad santa de Nayaf. Los servicios secretos de Estados Unidos localizaron una carta suya en febrero de 2004 en la que abogaba por alentar el conflicto religioso en Irak como una forma de provocar la salida de las tropas de la coalición. (...)

Pese a todos estos antecedentes, en esta ocasión Laanigri no venía a hablar con Díaz de Mera de Al Zarqawi. En su despacho, sentado frente a él y dando a su gesto un cierto halo de suspense, el general marroquí sacó un pequeño papel del bolsillo de su chaqueta, que mostró a su colega español. Escrito torpemente a mano podía leerse el siguiente texto: «Estación de Alcalá.7 de la mañana». El papel había aparecido en poder de un joven marroquí que acababa de ser detenido y ponía de manifiesto su relación directa con la masacre. Laanigri advirtió a Díaz de Mera que dicha detención era, por el momento, «secreta», hasta ver qué daban de sí los interrogatorios a los que estaba siendo sometido.

Marruecos había detenido ya a Mohamed Haddad, aunque no había transmitido ningún dato relevante obtenido de sus declaraciones.El día 25, tres antes de su llegada a España, agentes marroquíes habían puesto a buen recaudo y también en secreto a uno de los primos de El Chino, Hichan Ahmidan.

Sin embargo, Laanigri ni siquiera se lo comentó a Díaz de Mera.Las autoridades españolas se enteraron del hecho cuando Amnistía Internacional lo denunció ante los medios como una violación flagrante de los derechos humanos.

Marruecos seguía su propia estrategia. Pretendía utilizar los atentados del 11-M para arreglar las cuentas con los terroristas que presuntamente habían inspirado los atentados de Casablanca.

En especial, con Guerbouzi y Meyati. Con ese objetivo, Laanigri había informado a la Policía española de que Meyati había estado en España en los días previos al atentado, lo que no pudo ser confirmado por la Comisaría General de Información.

La actitud de los marroquíes despertaba suspicacias no sólo en el director general de la Policía, sino también en De la Morena y especialmente en el número dos del CNI, Miguel Sánchez.

Las relaciones de España con Marruecos no habían sido precisamente buenas desde la llegada al poder de Mohamed VI. En noviembre de 1999 caducó el acuerdo de pesca con España sin que las siempre difíciles negociaciones hubieran permitido la firma de un nuevo convenio, lo que dejó a la mayor parte de la flota andaluza amarrada en sus puertos.

En 2000, tras la victoria por mayoría absoluta del PP, Aznar se propuso reformar la Ley de Extranjería para endurecerla, lo que era toda una advertencia para Marruecos, que ya tenía en esas fechas a más de 300.000 personas viviendo legalmente en España y que día a día lanzaba hacia nuestras costas decenas de nuevos inmigrantes ilegales transportados en pateras.

A principios del mes de mayo de ese año, Aznar visitó Marruecos en su primer viaje oficial tras tomar de nuevo posesión como jefe de Gobierno. Un mes después, el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, se desplazó a Marrakech para entrevistarse con el primer ministro marroquí, Abderramán Yusufi, y con el rey Mohamed VI.

La conversación con el monarca alauí fue muy dura. Piqué tuvo que escuchar durante casi una hora sus reproches hacia la política española en los temas más diversos: petición de sanciones de la UE por la no renovación del acuerdo pesquero; inflexibilidad en el contencioso del Sáhara; endurecimiento de la Ley de Extranjería...al rey también le molestaba el trato que recibía su persona en la prensa española.

Al final de la conversación, y en tono amenazador, Mohamed VI recordó al ministro Piqué que España no tenía, de momento, problemas de terrorismo islámico, pero que ésa era una posibilidad que no había que descartar en el próximo futuro.

En junio de 2001, Marruecos se apuntó un notable éxito diplomático con la ayuda de Francia al lograr que la ONU dejase de tomar como un dogma de fe el llamado Plan de Arreglo, firmado en 1991 tras una guerra de 17 años con el Frente Polisario, y que establecía la obligatoriedad de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental.

A la vuelta del verano, Mohamed VI realizó unas declaraciones muy duras contra España en el diario francés Le Figaro. El día 6 de septiembre, Piqué no se mordió la lengua y en una comparecencia en EL MUNDO insinuó que era el propio régimen de Marruecos el que organizaba el desfile de pateras hacia España: «Lo que es evidente es que se aglomeran miles de personas en las playas al lado de Tánger o en sitios perfectamente conocidos y que van saliendo por su orden», afirmó. Sus palabras fueron interpretadas como una ofensa por Marruecos.

Tras los atentados de Septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington, Mohamed VI fue consciente del enorme valor que cobraba en la nueva situación su papel como aliado de Estados Unidos en la zona. Entonces decidió jugar fuerte y organizó una multitudinaria visita a El Aaiún, en la que no sólo reivindicó la soberanía sobre el Sáhara, sino que reabrió el contencioso de Ceuta y Melilla.

El 27 de octubre de 2001, el rey de Marruecos ordenó la retirada de su embajador en España, Abdesalam Al Baraka, sin dar explicaciones.

En ese ambiente tenso, el 7 de julio de 2002 (justo un día después de producirse una remodelación del Gobierno que supuso la sustitución de Piqué por Ana Palacio), Marruecos ordenó la invasión del islote Perejil (situado a menos de 10 kilómetros de la ciudad de Ceuta y a 200 metros de la costa marroquí) por un pequeño contingente de 10 hombres. Precisamente ese día dieron comienzo en Rabat los actos de celebración de la boda del rey.

'CONFIDENCIAL'

Diez días después, en la madrugada del 17, España retomó el control de la roca en una operación que se saldó sin bajas. La mediación del secretario de Estado, Colin Powell, evitó que la disputa por un peñasco sin ningún valor derivase en un conflicto armado de mayores proporciones.

Aunque la normalidad diplomática se restableció en febrero de 2003, las relaciones del Gobierno de Aznar con Mohamed VI nunca fueron precisamente cordiales.

A finales del mes de mayo de 2004 comenzaron a llegar a EL MUNDO una serie de misteriosas cartas. Siempre en sobre cerrado, con una inscripción de color rojo bien visible: «CONFIDENCIAL», y dirigidas al director del diario: «No abrir. En mano para Pedro J. Ramírez». En un gran periódico es relativamente usual que ciertos espontáneos envíen cartas o documentos sin identificarse.En la mayoría de las ocasiones se trata de comentarios o papeles de escasa relevancia. A ciertas personas les encanta jugar a los espías o a ser gargantas profundas. Como yo me encargaba de coordinar toda la información sobre el 11-M, Pedro J. no tardó en mostrarme la primera de esas cartas.

El informante apelaba a un supuesto amigo, «A. M.», analista del CNI en el área del Magreb, para filtrar sus tesis sobre los atentados. Según relataba en la carta, tras el incidente de Perejil los servicios secretos españoles esperaban una respuesta por parte marroquí. «La venganza del moro», la llamaban. «Cuando se produjeron los atentados, A. M. pensó inmediatamente que se trataba de la temida venganza, y así lo transmitió a su jefe de sección: '¡Es la venganza del moro! ¡Es un golpe de Estado! No hay ningún comandante militar en Europa de Al Qaeda [se refería a la forma en que se reivindicó el atentado en la cinta de vídeo] conocido por estadounidenses ni israelíes y, desde luego, si lo hubiera, no sería marroquí. Los moros son usados como tontos útiles, pero los árabes no los incluirían en uno de sus comandos.Esta es una pista idiota como la de la cinta coránica. Si hubieran querido reivindicarlo, ¿por qué no dejaron la cinta de vídeo el primer día, bien visible? Porque querían evitar el acento marroquí. Confiaban en que la cinta coránica hiciese el trabajo de pensar en Al Qaeda. Pero como no ha sido tan contundente la pista como esperaban, se han decidido a grabar la cinta de vídeo, aunque aparezca el acento, porque tienen que jugársela al todo por el todo. Si fuera Al Qaeda habría reivindicado el atentado a través de la televisión Al Yazira, y el que hablase sería árabe'».Podía tratarse de un loco, un bromista o bien de alguna persona con información que quería orientar nuestro trabajo en la dirección que a él le interesaba. En todo caso, era un dato a tener en cuenta.

Días después llegó otro mensaje, siguiendo las mismas pautas, pero esta vez con otro tipo de letra. La carta era aún más interesante que la primera, estaba mejor escrita y denotaba ciertos conocimientos propios de una persona que ha trabajado para los servicios de Inteligencia: «La labor policial, con todo lo abnegada que pueda ser, suele ser bastante obtusa. Esto no es el CSI de las películas y, desde luego, no parece que hayan visto ni a Colombo. '¡Vaya! Una cinta coránica. ¡Son los islamistas de Al Qaeda!'. Y si uno asesina a su socio y deja dos palillos de comer cerdo agridulce, dirán: '¡Vaya, ha sido un chino!'. Las sospechas, aparte de que ETA pudiera estar involucrada en algún grado, iban por la procedencia de Marruecos (independientemente de que si Acebes prefiere que sea ETA, el director del CNI y los mandos policiales empiezan a intentar encajar las pruebas para que sea ETA). Los moros de Lavapiés estaban siendo seguidos como presunto peligro para el régimen marroquí (estaban considerados como iluminados del GICM y son enemigos del régimen de Mohamed VI), dentro de la colaboración con el país vecino, que la hay, dentro de unos cauces, o como ambiente de refugio de algún dirigente de Al Qaeda que quisiera esconderse entre ellos, como ha sucedido en otras ocasiones ».

«A lo que iba, que me pierdo. ¡Ah! ¡Una cinta coránica! Algunos analistas, con la mosca detrás de la oreja y temiendo la Venganza Mora (procedente del Movimiento Nacional Popular, MNP, dirigido por un ex ministro de Defensa de Hasán II y con ramificaciones en el sector duro del régimen, que chillaban venganza en arameo repasando el vídeo de Trillo con aquello del viento duro de Levante y disparaban, en el mismo salón donde tenían la televisión, los fusiles esos del siglo XIX, de avancarga, que usan en las ceremonias y que están decorados de forma tan hortera), sabían, desde que Aznar envió las tropas a Irak y desde que ZP y compañía comenzaron a organizar manifestaciones en contra, que una bomba en nombre de Al Qaeda aterrorizaría a las masas y hundiría al Gobierno Bien, la cinta coránica. ¿Qué piensa un buen analista con la mosca tras la oreja? No han dejado una nota reivindicándolo (porque escribir en la jerga de Al Qaeda no es tan fácil si no lo hace uno de ellos y acaban viéndote el plumero), ni una cinta grabada (porque estaba el problema del acento marroquí y de primeras, antes de la intoxicación, el MNP temía que se pensara en ellos).Lo que piensa el analista tipo Colombo, no digo ya tipo CSI de Los Angeles, es que no hay que decir nada de la cinta coránica, que nadie debería saberlo. Si es un olvido real de los autores, es una pista a analizar, pero si es un señuelo, al ver que nadie habla de la cinta, los criminales tendrán que mover pieza, ya que su objetivo es guiar la investigación La tesis es que, cuando la panda de Lavapiés comenzó a intentar establecer contactos con Al Qaeda y a hacer méritos ante ella, no pudo pasar desapercibido al Servicio Secreto de Marruecos (SSM), que los tiene infiltrados».

«Y pudieron hacer dos cosas los del SSM: la lógica, que hubiera sido solicitar la desarticulación a las autoridades españolas antes de que la cosa se pusiera fea (que no lo hicieron), o intentar reconducir a la peña hacia sus intereses, es decir, en contra de España (enviar a un agente que supuestamente les expone la misión que Al Qaeda ha pensado para ellos, que es tumbar al Gobierno de Aznar para que salgan las tropas españolas de Irak y que se olviden de momento del régimen marroquí). Reconducir a chorizos a una misión en la vida, como ya se sabe, es relativamente fácil, y se intenta a menudo, lo que sucede es que no suele salir bien, aunque alguna vez sale, como aquí. Bueno, abreviando, lo raro de toda esta pandilla es que estando fichados muchos de ellos y vigilados, pasara el tiempo sin su desarticulación. Aparte de oler a chamusquina, también se pensaba que el SSM esperaba que se desplazasen a Marruecos para echarles el guante por su cuenta, sin requerimientos legales ni judiciales por el medio, ya sabe».

'CUI PRODEST?'

En el interior de uno de los sobres que envió nuestro informante había otro sobre con el membrete del Ministerio de Defensa.

En la tercera misiva, ya de menor interés para el caso, firmó por primera vez con el nombre de Dassom (que deletreado al revés es Mossad, el servicio de Inteligencia israelí).

Sin duda, sus tesis eran muy atrevidas y, en todo caso, sustentadas en hipótesis. Sin embargo, sus afirmaciones sobre algunos aspectos de la investigación eran muy acertadas. Según una nota del CNI, elaborada el 15 de marzo de 2004, la furgoneta encontrada en Alcalá «por sí misma constituye toda una reivindicación».

«Los detonadores hallados en su interior están a la vista, como dejados a propósito para llamar la atención sobre el vehículo.Son idénticos a los utilizados en las explosiones. Con ello el autor demuestra la vinculación inequívoca entre los usuarios de la furgoneta y los atentados. Se asegura así que el vehículo será registrado minuciosamente y se hallará la cinta de audio con los textos coránicos, dejando patente de ese modo el carácter islamista de los atentados sin haber aportado ningún indicio de la identidad de los autores».

Al comentarle a un buen amigo las tesis de nuestro enigmático informante, me sugirió que echase una ojeada al tomo VIII de la Historia de España de F. Soldevilla. En un capítulo dedicado a la guerra de Melilla encontré el pasaje al que, sin duda, se refería mi amigo. En enero de 1895, el embajador marroquí Sidi Brisha vino a Madrid para ratificar el Tratado de Marrakech, que había sido firmado por el sultán Muley Hasán y el general Martínez Campos un año antes. A la salida del Hotel Rusia para dirigirse a palacio, donde debía ser recibido por la Reina regente, el enviado del rey fue agredido por el general Miguel Fuentes que, según el autor, «no gozaba de sus facultades mentales».El asunto creó un grave problema diplomático, ya que Marruecos exigió una compensación satisfactoria. Al final se tuvieron que retocar algunos de los puntos del tratado que resultaban demasiado onerosos para Marruecos.

Pero lo más sorprendente de la historia vino después. En un último acto de desagravio, el crucero español Reina Regente condujo desde Cádiz a Tánger al embajador de Marruecos. Al regresar a la Península, el buque desapareció con toda su tripulación.

«Ni un solo hombre se salvó; no se halló, puede decirse, ni un despojo», relata el historiador. La fecha de la desaparición del buque: el 11 de marzo de 1895.

Cui prodest? Si hay algún país al que le vino bien el cambio político producido en España tras las elecciones, ese país es Marruecos.

La política exterior española tras el 14-M dio un giro de 180 grados. El presidente del Gobierno ordenó inmediatamente la retirada de las tropas españolas de Irak (incluso incumpliendo su promesa de esperar al 30 de junio, fecha del traspaso de poderes de las fuerzas de ocupación a las autoridades locales), y en Europa se pasó de la hostilidad al eje franco-alemán a una alianza estratégica con los países que conforman el núcleo duro de la UE.

El 24 de abril de 2004, unos días después de haber formado el nuevo Gobierno, Rodríguez Zapatero viajó a Marruecos, donde fue recibido con los brazos abiertos. La prensa oficial, siempre crítica con Aznar, se deshizo en elogios por el «talante dialogante» del nuevo presidente español. El rey Mohamed VI le invitó a almorzar a su villa de Anfa y, en un gesto poco habitual, prescindió de los intérpretes y habló con Zapatero en español.

Según los asistentes a la comida de gala, el rey se mostró «encantado» por el cambio político que se había producido en su vecino del norte.

Zapatero se entrevistó con el primer ministro, Dris Yetú, y con el ministro de Exteriores, Mohamed Benaisa, y abordaron asuntos como la lucha contra el terrorismo, la inmigración, la pesca y la colaboración en temas culturales. Sin embargo, aunque no estaba en la agenda, también se habló del Sáhara. Rodríguez Zapatero dejó constancia de la nueva política sobre la antigua colonia que, de hecho, significaba una rectificación en una postura mantenida durante los últimos 25 años por los gobiernos de la UCD, el PSOE y el PP. El presidente español dejó abierta la puerta a una solución que no contemplara un referéndum de autodeterminación (justo lo que quería Marruecos y lo que dejaba al Frente Polisario a los pies de los caballos).

Es decir, el entierro por la puerta de atrás del conocido como Plan Baker.

SIN NEGOCIACION

En la rueda de prensa posterior al encuentro, Benaisa dejó muy claro cuáles eran las pretensiones de su Gobierno en ese asunto: «La soberanía y la integridad de Marruecos no son negociables».

Ese giro copernicano se vio después refrendado por unas declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Angel Moratinos, en las páginas de EL MUNDO (11 de julio de 2004), en las que advertía que la política española sobre el Sáhara tenía que hacerse de la mano con Francia y sobre la base no de un referéndum, sino de un acuerdo político.

Las palabras de Moratinos provocaron una inmediata respuesta del Frente Polisario, cuyo ministro para Europa, Mohamed Sidati, remitió una carta al periódico denunciando: «La intención expresada por el ministro español de inscribir su iniciativa en el marco de las acciones coordinadas con Francia es un motivo suplementario de preocupación, porque es notorio el apoyo incondicional de Francia a las tesis coloniales marroquíes sobre el Sáhara, lo que ha contrariado hasta hoy los esfuerzos de la comunidad internacional».

El 14 de julio, el presidente español viajó a Argelia para entrevistarse con su homólogo, Abdelaziz Buteflika. El Gobierno de Argel, que apoyó decididamente al Frente Polisario en la larga guerra contra Marruecos, es firme partidario de la celebración de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara y, en ese asunto, sus tesis han sido concordantes con las de España.

Rodríguez Zapatero decepcionó a las autoridades argelinas al reafirmar su alejamiento de la solución planteada por el Plan Baker: «No hay que estar sometidos a un plan, aunque tampoco haya que descartarlo por completo. Ahora hay que darle una nueva oportunidad a la ONU. El plan, se llame Baker o no, sólo será eficaz si incluye el acuerdo de las partes, y creo que tenemos la obligación de intentarlo».

MAÑANA

Epílogo

Las trabas de Marruecos a la investigación del 11-M

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