Zapatero y la derrota de ETA

28-08-07



VUELTA A LAS ARMAS / El análisis

Zapatero y la derrota de ETA


CAYETANO GONZALEZ

Si en los próximos días o semanas, ETA, como consecuencia de sus previsibles atentados, causa alguna nueva víctima mortal que añadir a su ya larga y dolorosa lista, la única responsable será la banda terrorista, y tampoco estarán libres de culpa quienes, como los concejales de ANV de Durango, tienen la caradura revestida de grandes dosis de inmoralidad de achacar ese tipo de acciones terroristas al «conflicto».

Mientras tanto, ETA ha vuelto a sembrar el terror colocando una furgoneta bomba en las inmediaciones del cuartel de la Guardia Civil de Durango y el pasado domingo tuvo que deshacerse de otra que pensaba hacer explotar en algún lugar del Levante, después de haber secuestrado a sus propietarios, un matrimonio y su hijo de corta edad, en Las Landas.
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Hay que confiar, y motivos más que sobrados existen para ello, en que las Fuerzas de Seguridad del Estado sigan haciendo bien su trabajo, evitando de esa forma más dolor y muerte. Pero los ciudadanos tienen derecho a exigir al Gobierno y a su presidente, que es a quien corresponde la dirección de la lucha antiterrorista, que sepan estar a la altura del delicado momento que se dibuja en el presente inmediato. Es en este punto donde las dudas que alberga parte de la sociedad española se agrandan.

Cuando, en marzo de 2004, Zapatero ganó las elecciones, de las primeras cosas que hizo fue dar un giro de 180 grados a la política antiterrorista que habían llevado a cabo los Gobiernos del PP y que tan buenos resultados había cosechado. ¿Por qué lo hizo? Seguramente será un conjunto de razones lo que explique ese cambio radical y a la larga tan equivocado, pero una de ellas, y no ciertamente la menor, es que el actual presidente del Ejecutivo prefirió buscar el fin de ETA a través de la negociación, es decir, pagando un precio político y, por tanto, renunciando a su derrota con todos los instrumentos que el Estado de Derecho tiene. Por eso Zapatero se embarcó en su mal llamado proceso de paz, que ha acabado, y perdón por la comparación, como el rosario de la aurora, dando a la banda terrorista esperanzas de que puede conseguir algunos, si no todos, los objetivos políticos por los que lleva asesinando y extorsionando desde hace más de 40 años.

La cuestión esencial en el momento actual es saber en qué está el presidente. Está en saber si en el fondo no ha descartado seguir con su mal llamado proceso de paz -lógicamente no ahora, en estos meses antes de las elecciones, donde no se puede permitir ninguna broma, pero sí retomándolo si vuelve a ganar- o si, por el contrario, ya se ha convencido de que con ETA lo más eficaz es buscar su derrota desde la ley y con todo el peso de ésta. Personalmente soy de los que piensan que Zapatero no cree en la derrota de la banda. Eso le parece demasiado radical y extremista. Está absolutamente imbuido de ese complejo tan de la izquierda política e intelectual que siempre ha defendido la vía del diálogo y la negociación.

Pero si, por un casual, el presidente hubiera cambiado de criterio, tendría en los próximos días varias formas de demostrarlo. Por ejemplo, instando al fiscal general del Estado a que inicie el proceso de ilegalización de lo que todo el mundo sabe que es una tapadera de Batasuna-ETA, es decir, ANV. Y en segundo lugar, rehaciendo el maltrecho Pacto Antiterrorista que él mismo propuso y firmó en el año 2000 con el PP y que se ha demostrado el instrumento político que más daño ha hecho a la banda terrorista, porque le hizo perder la esperanza, gobernara el PSOE o lo hiciera el PP, de conseguir algo mediante el empleo de la violencia. La pelota está en el tejado de Zapatero.

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