11-M: Tres años de silencio y complicidad

12-03-07



A FONDO

11-M: Tres años de silencio y complicidad


CASIMIRO GARCIA-ABADILLO

Han pasado tres años desde aquel terrible 11 de marzo de 2004. España cambió a partir de ese día y todavía seguimos viviendo las consecuencias de la masacre. Entre el 11 y el 14 de marzo, el consenso en la lucha contra el terrorismo, que había sido la clave para el arrinconamiento de ETA, saltó por los aires. El Gobierno de Aznar no supo gestionar aquella situación de emergencia nacional, pero el PSOE aprovechó la ocasión para obtener el rédito electoral que le permitió ganar por sorpresa las elecciones.

Aunque la maniobra de intoxicación comenzó en la misma tarde del día 11, cuando la Cadena Ser difundió la noticia de la aparición de suicidas en los trenes, la operación de derribo no se fraguó hasta la noche del 12 de marzo.
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En una declaración que ha pasado casi desapercibida, el inspector de la UCIE que compareció el pasado martes ante el tribunal que juzga a los imputados por el atentado de Madrid como testigo protegido número 84.128 dio una clave fundamental para entender lo que pasó en las horas previas al 14-M. El agente, encuadrado en la sección dedicada al Magreb, dijo: «En la tarde noche del 12 de marzo supimos que la tarjeta Amena de la mochila que había aparecido en Vallecas había sido suministrada por Jamal Zougam, relacionado con el terrorismo islámico».

Su jefe, el responsable de la sección del Magreb, primer testigo en declarar ante el tribunal, había dicho que no fue «hasta el día 13, cuando llegados al locutorio (se refiere a la tienda de Zougam en Lavapiés) cuando asumimos la totalidad de la investigación», porque hasta ese momento, las diligencias «las realiza la Brigada Provincial de Información».

Hay que recordar que Zougam no fue detenido hasta primera hora de la tarde del sábado 13, después de que los propietarios de la tienda Sindhu Enterprise declararan que habían vendido un bloque de 30 tarjetas al locutorio Jawal Mundo Telecom. Sin embargo, según el inspector 84.128, un día antes de su detención, la UCIE ya sabía que la tarjeta Amena «había sido proporcionada por Jamal Zougam».

¿Cómo lo supo la UCIE si los dueños de Sindhu Enterprise no dieron a la Policía el nombre de Zougam hasta las 16 horas del sábado? Y, si ya en la «tarde noche del día 12» la UCIE sabía que la tarjeta Amena la había proporcionado un individuo relacionado con el «terrorismo islámico», ¿por qué no se le detuvo hasta el día siguiente? ¿Intentó localizarle la UCIE en la noche del día 12 en su domicilio? ¿Qué gestiones se hicieron para localizarle? ¿Acaso no era probable que ese individuo si, en efecto, había vendido la tarjeta de Amena, huyera inmediatamente, sobre todo, tras conocer que se había detectado un teléfono con dicha tarjeta en la mochila de Vallecas?

Por la razón que sea (esperemos que se aclare en próximas comparecencias policiales), a Zougam no se le detuvo hasta la tarde del día 13 de marzo, unas horas antes de las elecciones.

Sin embargo, la información sobre su futura detención fue conocida por el PSOE en la misma noche del día 12 de marzo.

Según José Blanco, una persona (primero dijo que fue Margarita Robles, luego que Rafael Vera, que contó con la inestimable colaboración de Rodríguez Ibarra), le informó por teléfono en la noche del 12, mientras cenaba junto a otros dirigentes del PSOE, entre los que se encontraba Alfredo Pérez Rubalcaba, de que, al día siguiente, se iban a producir «detenciones de islamistas».

Ese era el dato que hacía falta. En la mañana del sábado 13, miles de mensajes se cruzaron de móvil a móvil convocando concentraciones para esa tarde a las 18 horas frente a las sedes del PP.

La noticia de la detención de Zougam se conoció en los medios de comunicación justamente a esa misma hora, las seis de la tarde del día 13. El ministro del Interior, Angel Acebes compareció ante los medios a las 20 horas para informar del hecho.

El Gobierno mantuvo abierta la línea de ETA hasta la noche del sábado, tras la aparición, a las 19 horas, del vídeo reivindicativo del atentado junto a la mezquita de la M-30. Aunque, como han declarado los mandos policiales que han comparecido hasta el momento, la línea de investigación que llevaba hasta el terrorismo islamista no se consolidó precisamente hasta después de la detención de Zougam, el PSOE puso en marcha el golpe final contra el Gobierno en la misma mañana del sábado día 13. El PSOE jugó con las cartas marcadas. La información de la que gozaba la UCIE en la tarde noche del viernes día 12 le llegó a la dirección del partido con el tiempo suficiente para preparar la campaña de acoso y derribo contra Aznar.

El remate, cuando ya la mayoría de las sedes del PP estaban rodeadas de manifestantes y algunas de ellas estaban incluso siendo atacadas (por ejemplo, la de Barcelona), corrió a cargo del entonces portavoz Pérez Rubalcaba, quien, en comparecencia ante los medios a las 21.30 del sábado, pronunció su sentencia acusatoria: «Los ciudadanos españoles merecen un Gobierno que no les mienta, que les diga siempre la verdad. El Partido Socialista conoce las líneas de trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. A pesar de ello, por sentido de Estado, por respeto a las familias de las víctimas, hemos estado callados».

Mientras tanto, la Cadena Ser no cejaba en su campaña de ataques contra el Gobierno.

Una obra maestra de utilización de la información en beneficio propio, de manejo de la opinión pública y de cinismo.

El Gobierno socialista se apresuró a premiar con condecoraciones y ascensos a la mayoría de los jefes policiales que intervinieron en la investigación de la masacre. Rodolfo Ruiz, responsable de la Comisaría de Vallecas, donde apareció la mochila con el teléfono y la tarjeta Amena, fue ascendido nada menos que a jefe de la Brigada Provincial de Información. El responsable de los Tedax, Sánchez Manzano, quien sabía, no se conoce por qué mecanismos, que la dinamita provenía de Mina Conchita a las pocas horas de producirse el atentado, y que no remitió las muestras de los focos de los trenes a la Policía Científica, fue confirmado en su cargo. Miguel Angel Santano fue ascendido a comisario general de la Policía Científica...

El problema de la versión oficial, no es sólo su debilidad probatoria, sino que pone de relieve algunas verdades sonrojantes: en primer lugar, que muchos de los implicados estaban siendo controlados por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad antes del atentado (lo que pone de manifiesto, como mínimo, ineficacia); en segundo lugar, la absoluta descoordinación entre los mismos (la UCO, la Udyco, la UCIE, el CNI y la Brigada Provincial trabajaron en paralelo sobre el mismo círculo sin el más mínimo trasvase de información), etc. Pero, en lugar de depurar responsabilidades, se les premió. Y ello se hizo para pagar su silencio. «Yo no te denuncio por tu falta de profesionalidad, si tu mantienes mi verdad cueste lo que cueste». En definitiva, tu me tapas a mí y yo te protegeré a ti.

Por esa razón (previa condecoración con medallas pensionadas y ascensos) algunos de los jefes policiales aceptaron de buen grado las instrucciones de la «superioridad» que, entre otras cosas, prohibían cualquier mención a ETA. Es decir, nada que se saliera de la versión oficial podía ser investigado. Esa es una de las verdades sobre el 11-M.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

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