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15.3.07

 

UN TESTIMONIO QUE SOCAVA EL CASTILLO DE NAIPES DEL SUMARIO

 

15-03-07



Editorial

UN TESTIMONIO QUE SOCAVA EL CASTILLO DE NAIPES DEL SUMARIO


Nunca antes a lo largo del juicio habían quedado tan en evidencia las lagunas de la versión oficial del 11-M como en la declaración ante el tribunal del ex comisario jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano. Más allá de la actitud a la defensiva, de los temblores de su voz o de sus elocuentes silencios, quien siguiera en directo su testimonio escuchó de su boca versiones que desmienten o contradicen los aspectos esenciales sobre los que se ha levantado todo el sumario del juez Del Olmo.

El testimonio de Sánchez Manzano fue devastador para la Fiscalía no sólo porque fue incapaz de respaldar ante el tribunal las pruebas que antes había avalado con su firma -en especial los precarios análisis de los explosivos- sino porque abrió nuevos interrogantes sobre detalles de la instrucción ya de por sí muy cuestionados, como la furgoneta Kangoo, la mochila de Vallecas o la explosión del piso de Leganés.

(.../...)

En una de sus intervenciones, el ex comisario dijo textualmente que para él «claro y oscuro son lo mismo», en referencia al color marrón del envoltorio de explosivo hallado en la furgoneta Kangoo. Se trata de un aspecto lateral aunque no baladí -si el envoltorio era oscuro, no podría haber salido de Mina Conchita-. En cualquier caso, la importancia de la frase trasciende la propia anécdota y refleja como ninguna hasta ahora con qué actitud y con qué grado de detalle ha manejado el jefe de los Tedax la investigación de la masacre.

Componentes ignotos

Quizá lo más esperado de la declaración de ayer era la versión que Sánchez Manzano pudiera dar de los análisis de los restos de explosivo de los trenes, realizados el mismo día de la masacre en el rudimentario laboratorio de los Tedax. Manzano fue incapaz de explicar por qué el documento habla de que se hallaron «componentes genéricos de la dinamita» sin enumerar uno solo de ellos. «No lo entiendo», repuso el presidente del tribunal. La insistencia de los letrados sobre este punto llevó al propio juez Bermúdez a preguntarle, escéptico, si su conclusión de que en los trenes había estallado Goma 2 ECO era una mera «deducción», a lo que un acorralado Manzano respondió que sí. Su respuesta es aún más sonrojante después de que los nuevos análisis de los restos de los trenes -que, ante la desidia del instructor y la fiscal, el tribunal ha tenido que ordenar tres años después de la masacre- hayan hallado DNT, una sustancia que no forma parte de la composición de la Goma 2 ECO.

Manzano intentó desmarcarse de lo que dice el informe alegando que su firma es sólo un visto bueno a sus aspectos formales y no la expresión de un juicio sobre su contenido. Sus palabras anulan la validez del documento -que precisa de la firma de dos expertos-, dejan a los pies de los caballos a la subordinada que lo firmó con él y convierten el testimonio de ésta en esencial para saber qué salió de aquella pericia.

En cuanto al hecho de que estos restos -al contrario de los de la Kangoo, Vallecas o Leganés- no se enviaran al laboratorio de la Policía Científica, la explicación del ex jefe de los Tedax es aún menos verosímil. Manzano hace una distinción entre los restos de explosivo pesables y los no pesables -aquéllos en los que la sustancia aparece impregnando otros materiales- y dijo que estos últimos siempre los examinan en su laboratorio. La explicación choca con la lógica y con la realidad. Con la lógica porque es absurdo que sean precisamente los restos más pequeños los que no se envíen al laboratorio que dispone de más medios para analizarlos. Con la realidad porque son muchos los ejemplos que desmienten la versión de Manzano: las impregnaciones del atentado de la T-4 o las del zulo para explosivos de la casa de Morata sí fueron analizadas por la Policía Científica.

De Leganés a Vallecas

Ahora bien, si en todo lo referente a los explosivos Manzano faltó flagrantemente a la verdad, en otros aspectos fue mucho más explícito de lo que a sus colegas y al Ministerio Público les hubiera gustado. Afirmó, por ejemplo, que la Kangoo llegó al complejo de Canillas una hora antes de lo que indica el registro y no logró aclarar si fueron los Tedax o la Policía Científica quienes se hicieron cargo de ella.

Aún más relevante es lo que dijo sobre el piso de Leganés, que contradice las versiones que habían dado hasta ahora el juez y la Fiscalía. Según su versión, la UCIE le llamó sobre las 12 de la mañana para que un equipo de su unidad se preparara para una intervención en un piso de Leganés. Estas palabras aportan credibilidad al testimonio del confidente Cartagena -que aseguró que le habían llevado de madrugada desde Almería para proponerle entrar en el piso- y contradicen la versión oficial, según la cual la policía no conoció la existencia de la vivienda hasta pasadas las tres de la tarde.

Pero lo más llamativo de lo que ayer se dijo en la sala es lo referente a la llamada mochila de Vallecas. Tanto Manzano como sus subordinados subrayaron que todas las bolsas halladas en la estación de El Pozo fueron revisadas y abiertas sin que se encontrara la que después apareció en una comisaría en las primeras horas de la madrugada del 12 de marzo. Un agente de los Tedax aseguró que se revisaron los trenes dos veces, «de arriba abajo y de abajo arriba» y otro llegó a decir que precisamente los de El Pozo se examinaron hasta en cuatro ocasiones. De ser así, ¿cómo pudo luego aparecer entre aquellos objetos una bolsa con un teléfono móvil y varios kilos de explosivo? Lo dicho por los Tedax deja en el aire la validez como prueba de la mochila, que apareció de la nada en una comisaría y de la que partieron la crucial detención de Zougam el 13-M y los primeros indicios del carácter islamista de la masacre.

Quienes creyeran que la declaración de Manzano ante el tribunal iba por fin a iluminar los puntos oscuros del 11-M se habrán visto defraudados. Para quienes llevamos casi tres años señalando su cadena de errores y falsedades en torno a los atentados es sólo la confirmación de nuestras peores sospechas. Serán los jueces quienes valoren ahora su conducta, pero su declaración de ayer le deja en una posición profesional insostenible y añade incógnitas a un sumario que va camino de derrumbarse como un castillo de naipes.

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