Teoría y práctica de la Psicología del Testimonio

14-03-07



PREGUERIAS

Teoría y práctica de la Psicología del Testimo
nio

VICTORIA PREGO

Hay que ver cómo escenarios ya pasados se iluminan de pronto con los focos de lo que aún está por suceder. Eso pasó ayer. La sala del juicio se había vaciado de letrados, acusados, víctimas y periodistas. Era el descanso de media mañana y el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, atendía a un grupo de estudiantes de Periodismo. «Nunca deben darse por resueltas las incógnitas en un proceso que está empezando», les explicaba el juez. El paisaje, les decía, nunca queda completado hasta el final porque la impresión que hoy pueda producir la declaración de un testigo puede cambiar al día siguiente de manera radical y volver a cambiar varias veces más a causa de datos aportados que antes no se conocían. «Y hay que examinar con mucho cuidado y detenimiento el comportamiento de los testigos porque el modo en que declaran es también ilustrativo». Por ejemplo, contaba, «alguien que exhiba una memoria demasiado precisa puede resultar dudoso como testigo. Pero también puede ser testigo dudoso uno que se acuerde mal y poco de lo que vio».


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A esas horas de la mañana no habíamos entrado aún en el tiovivo de los testigos presenciales que debían reconocer a los hombres que pusieron las mochilas explosivas en los trenes. Eso sucedió por la tarde, y fue entonces cuando asistimos a la reencarnación en un ser mortal del don que hasta ahora sólo tenía el Altísimo, según el catecismo. Ese ser tocado con la capacidad de estar presente al mismo tiempo en todas partes resultó ser Jamal Zougam, que fue reconocido por cuatro testigos, con absoluta certeza, a bordo de tres trenes que circulaban por las vías con muy pocos minutos de intervalo.

El primero de los testigos que le señaló pertenecía al género del que posee una memoria perfecta, imbatible, indubitada. Dio de entrada datos precisos y lo hizo con aplastante seguridad: Zougam, con la nariz tapada con una férula, se había sentado a su lado en un vagón que iba vacío. ¿Vacío? ¿Un tren que sale de Guadalajara hacia Madrid a las siete de la mañana puede llevar un vagón vacío? Luego explicó que se había bajado en Vicálvaro, donde trabajaba en una empresa situada a unos 200 metros de la estación y que antes de llegar escuchó dos explosiones. ¿Explosiones? Pero si en Vicálvaro no estalló ningún tren... Si ese tren en el que él iba estalló en El Pozo, siete kilómetros y tres estaciones más lejos. ¿Cuánto tiempo tardó en recorrer 200 metros este señor? Este testigo encajaba en el tipo «memoria privilegiada» que había descrito Bermúdez por la mañana. Y, efectivamente, no casaba aquello.

Luego vinieron otros testigos que, con muy distintos comportamientos, mucho esfuerzo y enormes dosis de angustia y sufrimiento, fueron ratificándose o desdiciéndose, según los casos, de los reconocimientos hechos por ellos mismos en el pasado. Zougam, eso sí, se iba llevando todas las papeletas, por imposible que resultara encajar su humana presencia al mismo tiempo en trenes que salían de una estación y en otros que habían salido ya de ella. Mientras tanto, otros acusados respiraban aliviados al oír cómo quien dijo haberles visto en un vagón llevando una mochila de la muerte, aseguraba ayer que no era ésa, sino otra, la cara que había visto aquella mañana terrible del 11 de marzo. Uf, se les sentía pensar.

Hay una materia académica en Derecho que estudia este fenómeno del comportamiento del testigo y de los vericuetos de su recuerdo. Psicología del testimonio se llama. Se lo explicaba ayer Gómez Bermúdez a los jóvenes universitarios. Habrá que pensar en asomarse a ella.

victoria.prego@el-mundo.es

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