EL 11-M ENTRE LA INTOXICACION Y LA BUSQUEDA DE LA VERDAD

12-03-07



Editorial

EL 11-M ENTRE LA INTOXICACION Y LA BUSQUEDA DE LA VERDAD


La tensión que se vivió ayer, tercer aniversario de la masacre, en la inauguración del monumento a las víctimas del 11-M presidida por los Reyes no se vio ni siquiera aplacada por la presencia de Zapatero y Rajoy, que se dieron friamente la mano. Hubo un intercambio de reproches entre un europarlamentario del PP y una diputada de IU, se produjeron enfrentamientos verbales entre el público y un representante de las víctimas exhibió una pancarta contra Aznar y Acebes. Afrontamos pues la recta final de la legislatura en medio de un enfrentamiento con pocos precedentes, a pesar de que la mayoría de los españoles considera imprescindible el consenso en los grandes asuntos de Estado, entre los que sin duda se encuentra la averiguación de toda la verdad sobre la masacre terrorista que conmocionó España y dislocó su proceso democrático.
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Desde el mismo momento de la comisión de los atentados, los dos grandes partidos intentaron utilizar la tragedia contra su adversario político. Primero lo hizo Aznar quien, convencido de que la autoría correspondía a ETA, se lanzó a proclamarlo sin pruebas para hacer el mayor daño electoral posible a un PSOE que había tenido que contemporizar con el encuentro secreto de Carod Rovira en Perpiñán. Pocas horas después era el PSOE el que tomaba el relevo, aprovechando sus conexiones con las fuerzas de seguridad para obtener información desconocida por el Gobierno sobre la conexión islamista y convertir la jornada de reflexión en un motín callejero contra el PP.

Macroatentado aislado

La declaración de un mando de la UCIE durante la vista oral en el sentido de que el viernes 12 ya se conocía que la tarjeta de la mochila de Vallecas procedía de la tienda de Zougam adquiere en este contexto una enorme relevancia. ¿Cómo se pudo obtener ese dato cuando sus proveedores indios no prestaron declaración hasta primera hora de la tarde del sábado? ¿Y si existía esa pista que conducía a Zougam por qué se demoró un día su detención? El hecho de que dos testimonios tan alejados entre sí como los de Trashorras y el confidente Cartagena hayan coincidido en revelar los esfuerzos policiales por introducir a Zougam en la trama de El Tunecino apunta a la idea de que era uno de esos «sospechosos habituales» a los que basta el menor indicio para endosarles cualquier delito. También todo sugiere que la propia noche del viernes el PSOE fue informado -probablemente a través del circuito Vera-Ibarra-Rubalcaba- de que la detención se produciría al día siguiente.

Sea condenado o no Zougam, es indiscutible que en el 11-M existió un componente islamista y que tanto los fallecidos en Leganés como buena parte de los que se sientan en el banquillo, así como sus cómplices asturianos cometieron graves delitos con mayor o menor relación con la masacre. Pero el que el juicio esté sirviendo para corroborarlo -de forma por ahora bastante imprecisa- y el que una eventual condena así lo reflejara, no bastaría ni mucho menos para dar por acreditada la versión gubernamental según la cual Al Qaeda organizó la masacre para castigar el apoyo de Aznar a la invasión de Irak.

Si ha habido un medio de comunicación que ha aportado datos sobre los planes criminales de El Tunecino, El Chino y compañía ése ha sido EL MUNDO. Ahí están las exclusivas sobre el ofrecimiento de dinamita por parte de los asturianos, sobre la infiltración de Cartagena o sobre las investigaciones llevadas a cabo con poco brío por Garzón. Es precisamente esa indagación minuciosa lo que nos ha llevado a pensar -y esa es nuestra tesis al día de hoy- que esta trama islamista no basta para explicar el 11-M.

Manipulación gubernamental

Coincidiendo con este tercer aniversario los diarios gubernamentales han vuelto a hablar con una misma voz. «España en la diana de la yihad», advertía ayer uno. «La amenaza continua», proclamaba el otro refiriéndose a Al Qaeda. En materia antiterrorista más vale pecar por exceso de prevención que por lo contrario, pero habrá que reconocer que tres años después, lo que caracteriza al 11-M es su condición de macroatentado aislado, sin antecedentes ni secuelas. Siendo las conexiones con el exterior del grupo de Lavapiés una de las partes más endebles del sumario y flotando una sensación de desproporción entre la ínfima entidad de los acusados y la magnitud de los hechos que se les atribuyen, es inevitable seguir buscando complicidades externas y continuar preguntándose quién movió los hilos que desencadenaron el 11-M. Máxime cuando en cada sesión se acumulan nuevos indicios de manipulación policial de pruebas y cuando la pericia sobre los explosivos apunta a que lo que explotó en los trenes no fue la Goma 2-ECO que los asturianos pudieron vender a los islamistas.

Merece la pena reproducir un párrafo publicado ayer en uno de esos diarios que proclaman que todo esta aclarado en detrimento de lo que ellos llaman «teoría de la conspiración». Es un magnífico ejemplo de cómo se intenta dar gato por liebre a la opinión pública: «El PP sostiene que en los trenes pudo estallar dinamita de la utilizada por ETA (titadyne), pero no ha habido ni un solo análisis que haya encontrado restos de los componentes de ese explosivo. El último análisis... encuentra los componentes de la Goma 2-ECO en todos los restos de explosivo intacto y una sustancia que no forma parte de ese explosivo, el DNT, en cantidades tan ínfimas que todos los expertos se inclinan por la teoría de que se trató de una intoxicación».

Es imposible manipular más en menos líneas. En el único análisis científico de los focos de los trenes se han encontrado restos de dos componentes del Titadyne 30: el nitroglicol y el dinitrotolueno o DNT. Otras dinamitas también los incluyen, pero no la Goma 2-ECO. Por otra parte las «cantidades ínfimas de DNT» no aparecen «en todos los restos de explosivo intacto» sino solamente -oh casualidad- en los custodiados por los Tedax. En lo único en que le damos la razón a nuestro colega es en su lapsus lingue cuando al pretender referirse a la hipotética -y al día de hoy descartable- «contaminación» en la fábrica, habla en cambio de «intoxicación».

Efectivamente ésa es la diferencia entre las dos actitudes periodísticas ante el 11-M. Unos «intoxican» para que los hechos encajen en una versión unívoca y predeterminada, otros buscamos empecinadamente la complejidad de la verdad.

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