El tufo irrespirable de la connivencia.-Víctor de la Serna

18-04-07



ASI LO CUENTAN

El tufo irrespirable de la connivencia

VICTOR DE LA SERNA

Lo que Victoria Prego llamaba bien, en EL MUNDO, «la triste coyunda de policías y ladrones», dominaba ayer las informaciones sobre la reanudación del juicio del 11-M. Fue tan siniestra la letanía de los trapicheos, las miradas hacia otro lado y los extraños olvidos que, por primera vez, la lectura de 'El País' sonaba a lo que ellos llaman teoría de la conspiración. Vean los titulares: La Guardia Civil asume sus errores al investigar la trama islamista; El rocambolesco encuentro nocturno entre la Guardia Civil y El Chino en una gasolinera de Burgos (con, curiosamente, una segunda información sobre exactamente lo mismo: El Chino quedó libre pese a ser descubierto con cuchillos en el coche); La Guardia Civil se echó 'las manos a la cabeza' al ver a Zouhier en la trama del 11-M; Unos por otros, la casa sin barrer.


Ya ha quedado cien veces patente en este juicio la amabilidad de las fuerzas del orden con unos traficantes de explosivos asturianos o con unos islamistas sobrevenidos, incluidas ropa robada, armas varias y documentación falsa. Y esa relación de coyunda envenena el ambiente del juicio y reaviva a cada paso los indicios (que no teorías) sobre conspiraciones que ciertos medios ya han pretendido enterrar otras cien veces. (.../...)
Otro de los enterradores, 'ABC', proseguía ayer con pala y pico su tarea sepulturera proclamando, a todo lo ancho de su portada: «[Esperanza] Aguirre tampoco tiene 'ningún dato' que relacione a ETA con el 11-M». (ABC es uno de esos medios cuyo horizonte, a la hora de ver subtramas inquietantes en el 11-M y sus secuelas, se planta en ETA). No tenía que ver con el juicio, pero está claro que la explotación del 11-M se ha reavivado como argumento político en vísperas electorales.

En días anteriores a esta reanudación también han tenido importancia informaciones como la de Casimiro García-Abadillo, el lunes, en estas mismas páginas, demostrando que lo que la viuda de El Chino declaró en marzo a El País sobre sus conversaciones con su marido justo antes de la explosión de Leganés era cierto, por lo que lo que sí fue perjurio fue su negación, ante el juez, de la existencia de esas conversaciones.

Lo inaudito es que, evidentemente, El País supo inmediatamente, ese 10 de abril, que la viuda había mentido ante el juez, pero lo soslayó en sus informaciones del 11 y el 12, y sólo el 13 publicaba algo inaudito. Así lo narraba García-Abadillo: «Rosa justificaba su contradicción con lo mantenido ante el tribunal alegando que alguien, sin especificar quién, le 'aconsejó que no lo dijera'. La excusa era pueril: 'Porque me pudiera poner peor de lo que estaba de ánimo'. ¿Puede alguien creerse que una testigo clave que está bajo la protección de la Policía confiese públicamente que ha cometido perjurio por la simple razón de que alguien le aconsejara hacerlo para no sentirse anímicamente peor de lo que estaba?». No.

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