El presidente del Gobierno tiene en su mano el consenso


08-06-07



VUELTA A LAS ARMAS / El análisis / EL REVÉS DE LA TRAMA

El presidente del Gobierno tiene en su mano el consenso


Por JUSTINO SINOVA

Es pueril que un presidente de Gobierno pretenda que la oposición le respalde incondicionalmente. La oposición sólo puede cesar en su función de crítica y reproche mediante un acuerdo explícito sobre un asunto concreto. Y, aun así, a la oposición le incumbe vigilar el cumplimiento de tal acuerdo.

Pretender que mire para otro lado y no quiera conocer los vericuetos en que se mete el Gobierno es desear que un círculo sea cuadrado, o que la democracia no sea la democracia.

(.../...)

Se repite en varios solares mediáticos la tesis de que la oposición está obligada a apoyar absolutamente la política antiterrorista del Gobierno; y eso sea informada o no; se trate de una política escrupulosamente legal o no; se cumplan los términos parlamentarios y las mínimas exigencias éticas o se esté a lo que caiga. Y no, eso no puede ser así. Para la tranquilidad de los ciudadanos es importante que el Gobierno sea eficaz, pero no es menos importante que la oposición cumpla con su obligación de vigilancia.

A todos nos interesa que el Ejecutivo y la oposición marchen unidos contra la organización terrorista ETA, pero el acuerdo requiere algunas bases, entre ellas dos fundamentales, juego limpio e información. El valor del Pacto Antiterrorista residía en que los dos grandes partidos -el Partido Popular que gobernaba y el PSOE que estaba en la oposición- compartían información que ofrecía el Gobierno y marchaban unidos. Pero el pacto no resistió cuando José Luis Zapatero cerró el grifo de la información al llegar al poder en 2004 y puso en marcha una estrategia de marginación del Partido Popular, al que empezó a acusar de todos los males, incluidos los errores cometidos por su propio Gobierno.

Hoy, cuando ya hasta los incrédulos conocen que el Ejecutivo ha negociado con ETA, a pesar de que los terroristas nunca han dejado las armas (condición exigida por el Congreso para iniciar la aproximación, que el Gobierno no ha cumplido), el Partido Popular no tiene mucho que rectificar.

Es Zapatero quien debe reconocer sus errores y cambiar de talante (¡quién se lo iba a decir!) para lograr el apoyo de la oposición. Pero sus declaraciones tras la ruptura de la tregua etarra no son muy alentadoras. Sigue aferrado a la divagación y no se le oye una palabra de firmeza contundente que nos haga pensar que los terroristas y sus amigos no van a vivir tranquilos. A lo más que llega es a decir que si los de ANV incumplen la ley «se actuará». Pero los de ANV son los de Batasuna/ETA, incumplidores refractarios de la ley, que están a punto de asaltar numerosos ayuntamientos en Euskadi y Navarra tras haber sido consentida su participación en unas elecciones para demócratas. Aún hay tiempo de corregir este clamoroso disparate, pero el presidente del Gobierno parece preferir dejar que pase.

Zapatero tiene en su mano el consenso, no la oposición. Si necesitamos un Gobierno que no nos mienta -y éste lo ha hecho muchas veces, aunque Blanco diga que mienten todos los demás-, también necesitamos una oposición que no baje la guardia. A Zapatero le gustaría engatusar a Mariano Rajoy el lunes cuando lo reciba. Pero la solución al grave problema que tiene España no está en la habilidad de las triquiñuelas sino en el trabajo sincero y coordinado bajo el imperio de la ley. Si Rajoy pacta con Zapatero el lunes para la lucha antiterrorista -la recomposición del pacto roto o uno nuevo- será una grandísima noticia para todos.

Pero a eso sólo se llegará si Zapatero no trata de engañar a la oposición y le ofrece limpiamente información, a lo que Rajoy no podrá negarse. Como pasaba antes.


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