Detenidos tres etarras dedicados a robar explosivos en Francia

3-12-06



ALTO EL FUEGO / Ocultaban placas de matrícula y bidones que suelen ser destinados a guardar material para otros comandos / Uno de ellos fue identificado cerca de un polvorín / Bilbao participó en el atentado contra Eduardo Madina

Detenidos tres etarras dedicados a robar explosivos en Francia

La Gendarmería detectó a uno de ellos a mediados de noviembre tras acampar cerca de un polvorín / Tenían bidones para construir zulos donde depositar material para los comandos / Pertenecen al 'aparato militar' dirigido por 'Txeroki'/ Eneko Bilbao está acusado de participar en el atentado contra el socialista Madina

ANGELES ESCRIVA

MADRID.- Las policías española y francesa asestaron ayer el segundo golpe en cuatro días a ETA al detener en el sur del país vecino a tres presuntos terroristas integrados en el aparato militar y que, según declaraciones del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, «estarían trabajando para aprovisionar a la banda terrorista, básicamente de explosivos y de otros tipos de material».

Eneko Bilbao Aresti, Borja Gutiérrez Elordui y Zorian Salsamendi fueron arrestados hacia las 11.00 horas en la localidad de La Besserette, después de que el segundo de ellos fuera seguido durante días por los investigadores, que llegaron hasta él tras un episodio extraño en el que dos agentes franceses le dejaron marchar, y tras arduas investigaciones sobre coches robados. Cuando logró escabullirse la primera vez, Gutiérrez había pasado la noche en las cercanías de un polvorín.
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Eneko Bilbao es un hombre de la entera confianza del que está considerado actualmente jefe del aparato militar de la banda, Garikoitz Azpiazu Txeroki, y se le atribuye el haber participado en el atentado contra el socialista Eduardo Madina. Tanto él como Zorian Salsamendi tienen sendas órdenes de busca y captura internacionales, y a Borja Gutiérrez se le relaciona con distintos actos de terrorismo callejero por los que ingresó en prisión en el año 2000.

Los agentes, en un primer reconocimiento del piso donde los terroristas fueron reducidos, encontraron en su poder tres pistolas, un ordenador, placas de matrícula para sustituir las de los numerosos coches que habían robado -matrículas elaboradas con una troqueladora sustraída hace escasos meses- y bidones. Estos últimos elementos y el modo cómo fue detectado Borja Gutiérrez por primera vez hace unos días son los que sustentarían la tesis de que estaban buscando el modo de aprovisionar a la banda de explosivos y «de otros elementos», como señaló el ministro.

De hecho, los bidones suelen ser utilizados por los miembros de ETA para la creación de zulos en los que guardar tanto los explosivos como el resto de la dotación destinada a otros comandos. De uno de los detenidos se tiene constatada su participación en el robo de una docena de coches en las últimas semanas -con desigual pericia, dado que en alguna ocasión se le ha podido interceptar por lo accidentado de su huida y por el penoso estado en el que dejó alguno de los vehículos-.

Pero entre los indicios sobre su misión de proveer de explosivos a la banda, hay uno especialmente relevante como es el episodio en el que Gutiérrez y otro de sus compañeros que no ha sido detenido, Iker Mendizabal, fueron detectados en las inmediaciones de un polvorín situado en un paraje montañoso del sur de Aveyron. Este fue el hecho, tras el robo de las 350 pistolas, que más alarmó a la Policía francesa, que creyó así confirmar sus peores sospechas sobre la dudosa predisposición de ETA hacia el proceso para acabar con el terrorismo.

Los datos señalan que, a mediados del mes de noviembre, Gutiérrez y Mendizabal sufrieron un accidente en las cercanías de Tarn. Los gendarmes que les localizaron les pidieron la documentación y les permitieron seguir adelante a pesar de que ésta era falsa y los terroristas reconocieron que no llevaban consigo el permiso de circulación. La condición impuesta para dejarles marchar fue la promesa de que se desplazarían por la tarde hasta las instalaciones policiales para demostrar que todo estaba en regla. Huelga decir que no sólo no regresaron, sino que abandonaron el piso en el que estaban y se trasladaron al que tenía Zalzamendi.

Cuando los policías franceses registraron el automóvil, encontraron una tienda de lona, víveres y colchonetas hinchables, y más tarde pudieron comprobar que los dos etarras habían acampado a unos centenares de metros de distancia de un depósito de material explosivo en el que una empresa privada guarda dinamita para trabajos de obras públicas.

A partir de esos hechos, todavía no están despejados los interrogantes sobre el modo de funcionamiento de este grupo de terroristas que no supera la treintena -nacieron entre 1979 y 1982-. Las Fuerzas de Seguridad los sitúan claramente en el aparato militar de ETA, aunque algunas de las funciones que desempeñaban, como el robo de coches o la distribución de material para otros comandos, tengan bastante que ver con lo que la banda ha considerado habitualmente funciones del aparato de logística. En este sentido, se investiga también si son los autores de una serie de atracos en los que un grupo de encapuchados se ha estado apoderando de troqueladoras o útiles para la falsificación de documentos de identidad. Los investigadores recuerdan que las dificultades por las que atraviesa la banda la han podido llevar a reestructurarse de un modo no necesariamente habitual.

La conexión 'Txeroki'

Asimismo se indaga si este grupo tiene vinculación más directa que otros con Txeroki. El elemento fundamental de esa conexión es

Eneko Bilbao. Formó parte de un grupo de legales -terroristas no fichados por la Policía- que prestaba cobertura al comando al que pertenecía Garikoitz Azpiazu cuando éste atentaba en Vizcaya. Después, se integró en el comando Urbasa que, según la Fiscalía, atentó contra Eduardo Madina junto a Asier Arzalluz e Iker Olabarrieta, el único que fue juzgado.

Zorion Salsamendi huyó de una operación de la Guardia Civil de finales de 2004 en el País Vasco y Navarra, que desarticuló una red de informadores que, además, se dedicaba a ocultar a los miembros del aparato militar. La jefa de aquella red era la novia de Txeroki.

En cuanto a Borja Gutiérrez, fue detenido por primera vez en 1993. En 1999, se le identificó como uno de los autores del lanzamiento de cócteles molotov contra el cuartel de la Guardia Civil de Algorta y miembro de uno de los grupos de terrorismo callejero más activos durante la anterior tregua. Ingresó en prisión y, un mes después, en enero de 2000, logró salir previo pago de una fianza de 500.000 pesetas. Detenido una vez más por la Ertzaintza por su participación en incidentes violentos, salió en libertad y huyó cuando quedó fijada la fecha del juicio que se iba a celebrar contra él.

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