Zouhier esquiva la trampa:David Gistau.

08-05-07




A SANGRE FRIA

Zouhier esquiva la trampa

David Gistau

Mientras Kamal Ahbar reanudaba por la mañana una declaración que habría dibujado en cualquier polígrafo la silueta de una cordillera de las de nieves eternas, Basel Gayhoun sostenía dentro de la pecera una página recortada de un diario y dedicaba a los periodistas presentes en la sala gestos de reproche y una cara como de ir a vomitar puré de guisante. Lo que tanto le contrariaba era la información de Antonio Rubio, publicada en EL MUNDO, sobre cómo la declaración de Ahbar, urdida para exculpar a los islamistas procesados y para entrampar al mismo tiempo a los confidentes y a los presos españoles, había sido preparada por el propio comando en las diferentes cárceles donde tienen fijada su residencia habitual. (.../...)


Uno de los más perjudicados por el ardid, Rafá Zouhier, fue ubicado por el presidente del tribunal fuera del habitáculo porque los demás encausados se mofaron de él en los calabozos y porque Rafá, agraviado, se dejó ganar por una tensión que va a dificultar la convivencia al otro lado del cristal blindado en lo que resta de juicio. Sin embargo, el daño infligido fue menor. Porque el testimonio de Ahbar, que ya salió del viernes falto de crédito pero todavía no rebatido, porque pilló a los letrados por sorpresa, ayer fue finalmente desbaratado por el interrogatorio duro y preciso del abogado de la acusación Gonzalo Boyé, quien logró incluso hacerle reconocer que estaba obligado a «defender mi causa» y que sobre algunas de las informaciones expuestas Ahbar había sido aleccionado durante el fin de semana. De las intervenciones de Ahbar, la más grotesca, la más delatora de sus intenciones, fue aquella con la que intentó exculpar a Bouchar, el devorador de dátiles que huyó del piso de la calle de Martín Gaite, aun habiendo asegurado el pasado viernes que todos los que se suicidaron en Leganés eran los autores materiales del atentado.

La bomba Ahbar, por tanto, fue desactivada. Para alivio de Antonio Alberca, defensor de Zouhier, quien también cayó en una trampa, la tendida por el letrado de Ben Sellam cuando le rogó que no renunciara a ese testigo para luego emplearlo de un modo que podría haber perjudicado gravemente a su cliente. En el receso, Alberca asumía que el episodio quedaría como otra de las «enseñanzas de vida» y de profesión que le habrá dejado el juicio. En adelante, no volvería a confiar ni a establecer vínculos solidarios con los demás letrados, ni siquiera para «compartir el coche».

Alberca es un buen abogado que lleva con verdadera entrega la defensa de Zouhier a pesar de las precariedades propias del turno de oficio.

Por la tarde, los policías italianos de la Digos, autores de las escuchas que incriminan a Rabei Osman, pergeñaron con El Egipcio el retrato de un yihadista de manual, un pastor de voluntades dedicado a reclutar voluntarios para el martirio. Sin embargo, no lograron conectarle con los acusados en la trama del atentado, ni tampoco corregir con fiereza su pose de desvalido con apenas un euro en el bolsillo.

Cuando se habló de su plan de esparcir veneno con un secador de pelo, la cosa sonó a que estábamos ante un terrorista de Austin Powers, con sus discípulos como sus miniyos.



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