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18.6.07

 

COMENTARIOS LIBERALES La nostalgia FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

 


18-06-07



COMENTARIOS LIBERALES

La nostalgia


FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

El presidente del Gobierno, en una de esas oposiciones idióticas tan suyas, ha contrapuesto la «nostalgia» que «ha teñido» algunas conmemoraciones del trigésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas a la «profunda alegría y entusiasmo» con que dice que lo ha vivido él, que siempre lo borda donde los demás se pinchan. Ha añadido otros hallazgos, como que «la España del siglo XXI no necesita admirar a otros países como en siglos pasados», sino que «puede admirarse a sí misma» o que «es admirada y respetada en todo el mundo», disparates que recuerdan su atroz, oceánica ignorancia de la Historia de España y que vive en Babia, distrito de Moncloa. Desde comienzos del XVI hasta finales del siglo XVIII, España y su inmenso imperio fue la primera, segunda o tercera potencia mundial, según las guerras y los siglos. Hasta en el XIX fue admirada por su heroísmo liberal y antinapoleónico, propios de la nación antiquísima y resistente que todavía era. Tras las guerras civiles de carlistas y liberales, también se admiró el régimen de la Restauración, cincuenta años de paz y prosperidad inaugurados por Cánovas con su modesto y majestuoso: «Nosotros venimos a continuar la Historia de España». Por desgracia, casi coincidiendo con el asesinato de Cánovas, se fundó el PSOE, cauce de las mayores desgracias que desde hace un siglo largo padece la Nación; pero, en fin, entiendo que esa parte de la Historia no la recuerde Adán Zapatero. Él no continúa la Historia de España: la inaugura. Él sólo continúa la historia del PSOE.
(.../...)

Otra cosa es que además pretenda dictarnos el estado de ánimo con que hemos de contemplar nuestra propia biografía y los ayeres de esta «patria común e indivisible» que, según la Constitución nacida de aquellas primeras Cortes democráticas, es España. No sentir alguna nostalgia del pasado, siquiera por el paso fatal del tiempo, es propio de zoquetes o de totalitarios, términos nunca excluyentes. «Estos Fabio, ay dolor, que ves ahora, / campos de soledad, mustio collado, / fueron un tiempo Itálica famosa», escribió Rodrigo Caro. ¡Y era Sevilla, y era España en su apogeo! Cámbiese Fabio por Zapo y actualizaremos la elegía sin estropear la rima. Afear tan humanísima conducta, raíz de la poesía, sólo revela la fatuidad del lerdo y la brutalidad del advenedizo, novedades muy relativas en nuestra Historia y en todas. En lo que ya sin serlo aún llamamos España, la Educación es una ruina; la investigación no existe; la Justicia es una lotería; la seguridad ciudadana mengua tan deprisa como la solidaridad nacional; la inmigración ilegal es un cáncer propiciado por el médico; y no tenemos un solo aliado poderoso y respetable. Y en éstas, el presidente de un Gobierno que pacta con terroristas y separatistas mientras persigue a la media España liberal y nacional, quiere prohibirnos la nostalgia. Déspota.

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