UN ACUERDO INDIGNO CON ETA QUE NO SIRVIO PARA NADA

22-06-07



Editorial

UN ACUERDO INDIGNO CON ETA QUE NO SIRVIO PARA NADA


Desde el día en que ETA anunció el final de la tregua muchos ciudadanos se preguntan cómo y dónde se va a producir la primera acción criminal de la banda. Seguimos sin saberlo, pero lo cierto es que varios etarras abandonaron ayer un coche cargado con 100 kilos de explosivos y detonadores en Ayamonte (Huelva), muy cerca de la frontera con Portugal, ante la proximidad de un control policial.

Las Fuerzas de Seguridad barajan como hipótesis que la organización terrorista quería introducir estos explosivos en España para cometer diversos atentados en las próximas semanas. Por tanto, hay que felicitarse por esta incautación que, muy probablemente, ha salvado vidas humanas. En cualquier caso, ello demuestra que ETA no está sumida en la contemplación sino que prepara activamente atentados que pueden llevarse a cabo en cualquier momento.

ETA no ha cambiado y ello pone en evidencia los errores cometidos por Zapatero en una negociación en la que, según revelaba ayer el diario Gara, el Gobierno y la banda pactaron el alto el fuego, la declaración del presidente en el Congreso del 29 de junio del año pasado y otras condiciones como la libertad de acción para Batasuna.

Según Gara, los representantes del Ejecutivo y de ETA mantuvieron 25 reuniones a lo largo de 2005 en las que se discutió la creación de una mesa de partidos, la eventual incorporación de Navarra al proceso, la relajación de la presión policial contra la banda y la paralización de detenciones de miembros de la izquierda abertzale.

Era previsible que la banda acabara filtrando el contenido de la negociación con el Gobierno, pero lo que sorprende es que Zapatero aceptara una negociación de contenido político con ETA, como se desprende de las revelaciones del diario de la izquierda abertzale.

El Gobierno no quiso ayer pronunciarse sobre la versión de Gara, aunque oficiosamente admite que Zapatero habló del «derecho a decidir» de los vascos en su alocución del 29 de junio de 2006 a cambio de que ETA hubiera incluido en su comunicado que el alto el fuego tenía un carácter «permanente».

Es evidente, por tanto, que Zapatero sí pagó un precio político por la paz y que se avino a ese reconocimiento a cambio de dicha tregua «permanente», una transacción muy poco honorable entre un Gobierno democrático y una banda terrorista sin legitimidad alguna.

Pero igualmente grave resulta que el Gobierno aceptara que Batasuna pudiera actuar «en igualdad de condiciones que el resto de las fuerzas políticas y sociales y sin limitaciones de derechos civiles y políticos». ¿Es eso cierto? Todo indica que sí a juzgar por la actitud que ha mantenido el Gobierno hacia Batasuna y, más tarde hacia ANV.

Gara habla también de un compromiso de ambas partes para superar los obstáculos en caso de surgir «accidentes» a lo largo de la negociación. Ésa es la expresión que ha utilizado Zapatero para referirse a los atentados de ETA. Fuera de forma deliberada o no, da la impresión de que el presidente ha asumido el lenguaje de ETA.

Según la versión de Gara, Gobierno y ETA acordaron comenzar la negociación desde un «punto cero», como si las casi 1.000 víctimas de la banda no hubieran existido jamás. El chivatazo policial a un recaudador de ETA, la excarcelación de De Juana y la complacencia de la Fiscalía con Otegi y los suyos se explican perfectamente a la luz de este indigno pacto, en que el Gobierno cedió al chantaje de la banda con la vana esperanza de que ello supondría el fin de la violencia. Hoy estamos más lejos de esa paz y ETA está mucho más fuerte que antes de su tregua.

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