La casa de citas

20-06-07



A SANGRE FRIA

La casa de citas


David Gistau

El del 11-M es también un juicio excepcional por su exposición, por la repercusión que en el periodismo tienen hasta los acontecimientos más nimios. No resulta fácil abstraerse a ello. De hecho, algunos abogados vislumbran en el alegato final una ocasión de conquistar el cuartito de hora de fama warholiano. Y lo aprovechan con un rato dedicado al lucimiento personal, trufado a menudo de citas clásicas o intelectualoides desde que el fiscal Zaragoza estableció el recurso dándose pisto con Cicerón. El ejemplo más notable de esto lo dio ayer Manuel Murillo, abogado de la acusación particular cuyo informe arrancó con una onanista acumulación de citas como para agotar los pies de página de un dietario de El Corte Inglés. Usó una decena de eufemismos cultos para llamar capullo a un terrorista islámico. Y luego recobró el discurso que le ha caracterizado durante el juicio, cuando hasta Gómez Bermúdez hubo de recordarle que Acebes no estaba procesado: el de la rabia desviada al Gobierno de Aznar como si éste mereciera, por la foto de Azores, un tratamiento de culpable. De nuevo, la justificación involuntaria del atentado con los mismos argumentos que los empleados por los asesinos. Tanto Murillo como Fúster-Fabra, que intervino después, defendieron a la Fiscalía con una pasión sólo comparable a la saña con que arremetieron contra los «esquizofrénicos procesales» y demás elementos del Reverso Tenebroso, atacados sin excepción desde que los fiscales Sánchez y Zaragoza dieran la orden de vendetta a sus prolongaciones judiciales.


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Los informes de las defensas, que arrancaron después del receso de mediodía, no incurrieron en digresiones políticas o conspiratorias, sino que permanecieron acotados en el asunto que se dirime en la sala. El griego Chalaris, que asumió con resignación y elegancia que su acento se haya convertido en un elemento cómico durante estos últimos cuatro meses -hay quien ha pasado a usar su recurrente ricuerda como señal de llamada en el móvil-, intentó exculpar a Rachid Aglif declarándole culpable tan sólo de elegir mal a sus amistades. De una de las más íntimas, la que le vinculaba a Zouhier como camarada de parrandas, El Conejo ha ido despegándose para integrarse en la seguridad del grupo a medida que la jefatura del habitáculo aumentaba la presión sobre el antiguo confidente. Por su parte, los defensores de los eslabones menos importantes de la trama asturiana coincidieron en decir que la caída en desgracia de sus defendidos se debía tan sólo a haber entrado en la órbita fatal de Suárez Trashorras. La defensora de Amokachi dio por bueno el retrato del adolescente vulnerable y algo descarriado que fue manipulado por el antiguo minero y que jamás sospechó que transportaba explosivos porque entonces, a menos que fuera un «suicida», no habría pasado tres cuartos de hora sentado sobre la caja que los contenía. El abogado de El Dinamita alegó que su defendido tan sólo es víctima de su apodo. Lo que cabe preguntarse es qué vida habrá llevado el hombre, para no haberse ganado precisamente el alias de El Poeta.

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