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22.6.07

 

Zapatero, el embuste que no cesa

 

22-06-07



CANELA FINA

Zapatero, el embuste que no cesa


LUIS MARIA ANSON

«Tiene un morro que se lo pisa», diría un jovencito de hoy. «Menudo tupé», clamaría una adolescente minifaldera de los años sesenta. Cinismo elevado al cubo, añado yo, para resumir los embustes de Zapatero en su relación con Eta. Todos sabíamos que era así. Todos sabíamos que, tras la bomba espeluznante de la T-4, Zapatero seguía negociando. Gara lo ha confirmado ahora. Durante el mes de mayo, Zapatero, como ya lo había hecho en semanas anteriores, negoció directamente con Eta y con Batasuna. Sus delegados celebraron reuniones con los etarras por un lado y con los batasunos por otro. Y Zapatero, que tras la atrocidad de Barajas afirmó urbi et orbi que suspendía cualquier contacto con Eta, tan fresco. ¿Quién puede creer a estas alturas al hombre que desde hace cuatro años miente sistemáticamente al referirse a su rendición ante la banda terrorista? ¿Se merecía el balón de oxígeno que le ha prestado Rajoy?

(.../...)

La caravana de los embustes zapatéticos parece no tener fin. Cada día se confirma lo que algunos venimos señalando desde hace meses, incluso desde hace años. Zapatero, antes y después de la atrocidad de Barajas, antes y después del alto el fuego etarra, ha mantenido dos mesas de negociación: la «técnica» con Eta para establecer la liberación de los presos terroristas a cambio de la llamada paz; y la «política» con Batasuna, es decir también con Eta, para debatir el derecho de autodeterminación y la anexión de Navarra por el País Vasco.

Eta-Batasuna ha exigido a Zapatero «la unidad territorial» y la autodeterminación, es decir el derecho a decidir de los vascos, proclamado por el propio Zapatero en uno de sus discursos más miserables. El presidente aprendiz de brujo, con su proceso de rendición, llegó a ofrecer la reforma estatutaria del País Vasco y Navarra y el establecimiento de un «órgano común intergubernamental».

Los dirigentes etarras se han dado cuenta de que todavía no están popularmente maduras la anexión de Navarra ni la autodeterminación. Tras conseguir de Zapatero relevantes concesiones, de forma especial la vuelta de los terroristas a las instituciones, Eta anunció el fin de una tregua que estaba ya rota, a la espera de que dentro de un tiempo las condiciones de una opinión sometida a la dictadura del miedo le resulten más favorables. Los etarras, que trabajan estratégicamente a medio y a largo plazo, desarrollarán su política terrorista con el suficiente cuidado para facilitar una nueva victoria electoral de Zapatero pues consideran que no encontrarán a un pardillo con tantas cualidades para la rendición como el presidente de las mercedes, el hombre que se pasó por el arco triunfal los cuatro millones de firmas recolectadas por Rajoy contra ciertos aspectos del Estatuto de Cataluña.

Y toda la acción etarra, con matices, con veladuras, con contradicciones, con avances en zigzag, permanece dentro de la clave que Mayor Oreja explica en el libro acertadísimo de César Alonso de los Ríos, Esta gran nación: Eta quiere el poder, todo el poder, en el País Vasco y Navarra con el fin de implantar un sistema totalitario, una república socialista soviética. Para alcanzar ese objetivo inalterable proclamará treguas, anunciará procesos de paz, hablará de cese de violencia, se rearmará en los intervalos, asesinará a mansalva, hará todo lo que entienda que le conviene para conquistar el poder en las provincias vascongadas y Navarra. Cuando tras la anterior tregua trampa, denunciada, por cierto, por Mayor Oreja, el presidente Aznar se dio cuenta de todo esto estableció, dentro del Estado de Derecho, sin gales ni crímenes de Estado, el acoso judicial, policial, económico, internacional y político hasta dejar a Eta moribunda, casi sin capacidad de acción. Zapatero ha resucitado a la banda, política, económica e institucionalmente. Los etarras han recuperado además, gracias a las ligerezas zapatéticas, toda su capacidad de asesinar. Eta es culpable, sí, sólo Eta es culpable; y Zapatero, responsable de la actual situación.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

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