Más allá de la Casa de Campo

14-06-07



A SANGRE FRIA

Más allá de la Casa de Campo


DAVID GISTAU

La buena noticia es que la adaptación judicial del goyesco duelo a garrotazos ha estallado en los minutos de la basura del proceso, con todo ya decidido. De ocurrir antes, los acusados habrían comprobado con alivio cómo nadie se ocupaba de ellos, porque las partes dispersaban sus energías en un conflicto que tiene su origen en las afueras del atentado. Y que, por añadidura, demuestra, en la medida en que los moritos aspiraban a romper las costuras morales que vertebraban a esta sociedad, sobre todo cuando sufría, que el atentado tuvo un éxito mayúsculo cuyas consecuencias aún perduran. Sin duda conocían a este pueblo, como dijo Olga Sánchez.

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Y las pedradas de los informes finales son la reproducción a escala de una reacción colectiva que demuestra que en España es imposible soldarse ante el enemigo con la argamasa de un espíritu émulo del United we stand. ¿Cuál fue la reacción al ataque? La búsqueda de un culpable interior -Aznar- al que castigar en catarsis. La campaña de agit-prop -el «Pásalo», con sus falsos suicidas incluidos- de un partido para beneficiarse.

La vindicación de la neutralidad como eufemismo de la cobardía para que sean otros los que den la cara, ofreciendo al mismo tiempo la Alianza de Civilizaciones para ver si así nos indultan en nuestro pequeño terruño. Y la consagración de una mezquina riña intestina, de cutres tintes politiqueros, que está inflamando las últimas sesiones del juicio. La así llamada guerra asimétrica siempre doblegará a España, y esa victoria se la llevarán a la cárcel los cautivos del habitáculo.

El abogado de la AVT, Emilio Murcia, entró ayer en el juego. Estaba escocido por el diagnóstico de «esquizofrenia procesal», y replicó con la sumisión de la Justicia al «proceso» de Zetapé. Fue tan desubicado y tan ajeno a las obligaciones del lugar y el momento como todo cuanto llevamos oyendo tres días. Y luego cometió una torpeza que le delata. Dijo que, a lo que su acusación había intentado resistirse, fue «al burka de la uniformidad intelectual». Cuando habíamos convenido que no eran ideas, sino delitos, lo que se juzgaba en la Casa de Campo. El «burka de la uniformidad intelectual» se combate en otros ámbitos: los periódicos, las tertulias, las elecciones. Pero al juicio por el peor atentado de la Historia española se va a probar delitos, y no a confrontar ideologías. Murcia dio la razón a los que atribuyen a la teoría etarra una intención política que usa la Verdad como coartada.

Hubo un abogado honesto, Ricardo Ruiz de la Serna, que ayer dio una lección a los que nos avergüenzan con sus ajustes de cuentas personales. Con su escenificación de la podredumbre política. Su informe, emotivo, fue el primero que se negó a mancharse con esa sucia guerra y nos recordó por quiénes estamos todos en la Casa de Campo. Por los que sufren desde aquella mañana del 11 de Marzo en que les cagaron la vida. Se trataba de hacerles justicia. Para todo lo demás, para servir a unas siglas y enfrentar ideologías, hay momentos y lugares de sobra, más allá de la Casa de Campo. Pero no sean impacientes. Primero, acabemos el juicio, ocupémonos de un enemigo que lo es de todos.

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