Al menos seis etarras participaron en el atentado de la T-4 de Barajas

02-01-07



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Al menos seis etarras participaron en el atentado de la T-4 de Barajas


Tres terroristas secuestraron en Luz Ardiden (Francia) el día 27 al dueño de la furgoneta y dos de ellos le retuvieron hasta una hora después de la explosión La Policía sospecha que la bomba fue montada en territorio francés El vehículo fue aparcado 14 horas antes de la deflagración

F. LAZARO / A. ESCRIVA


MADRID.- Las Fuerzas de Seguridad del Estado sospechan que el atentado del pasado día 30 en el aparcamiento de la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid-Barajas fue elaborado
Según fuentes de la investigación, tres participaron en Luz Ardiden (Francia) en el secuestro del propietario de la furgoneta utilizada en Madrid. Dos de ellos se quedaron con el secuestrado hasta que ETA perpetró la acción. Otro se hizo cargo de la furgoneta y se sospecha que, en compañía de, al menos un cuarto etarra, se desplazó a Madrid en dicho vehículo.

Las Fuerzas de Seguridad también sospechan que, en principio, otros dos terroristas se desplazaron a la capital en otro coche particular. Los etarras, tras colocar la furgoneta con el explosivo, utilizaron este vehículo para regresar al País Vasco. Así, según las primeras estimaciones policiales, a Madrid se habrían desplazado, en total, cuatro terroristas. Estos expertos sostienen, además, que ETA realizó una completísima labor de información sobre el terreno antes de perpetrar la acción.

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Los expertos sospechan que los autores del atentado de Barajas son miembros legales (no fichados por la Policía), lo que dificulta su posterior identificación, y que regresaron al País Vasco tras aparcar el vehículo en Barajas.

Los etarras lo tenían todo perfectamente estudiado. Así, según explicó la Guardia Civil, el día 27, miércoles, fue secuestrado el joven de Oñate propietario de la Renault Trafic en la localidad francesa de Luz Ardiden. EL MUNDO ya adelantó en su edición del pasado día 31 que el dueño de la furgoneta había estado secuestrado por ETA hasta que se perpetró la acción.

Su vehículo fue cargado por los terroristas con más de 200 kilos de explosivo, de un tipo aún no determinado, que además de cuantiosos daños materiales ha provocado la desaparición de dos ciudadanos ecuatorianos.

La Guardia Civil tomó testimonio a este joven guipuzcoano y pudo conocer los detalles de su secuestro. Estuvo durante tres días en la zona de los Pirineos franceses y fue puesto en libertad aproximadamente una hora después de que la organización terrorista perpetrara el atentado en Madrid.

A este joven se le acercaron el miércoles pasado, día 27, tres personas encapuchadas en Luz Ardiden, una zona de montaña de los Pirineos en el sur de Francia, donde se había desplazado solo en su furgoneta para acampar.

Llamadas de móvil

Los tres encapuchados le indicaron que no se preocupara ya que no le iba a pasar nada si colaboraba con ellos. Esa noche durmieron los cuatro en la furgoneta y al día siguiente, el jueves, después de que los terroristas hicieran varias llamadas de móvil, un coche apareció en la zona. Fue entonces cuando los terroristas introdujeron al montañero en el maletero del coche y lo tuvieron dando vueltas por los alrededores de la zona durante todo el día. A partir de ahí, las fuentes consultadas por este periódico explicaron que el secuestrado estuvo retenido sólo por dos etarras, mientras el tercero desapareció con la furgoneta junto a otra persona. En pricincipio, todo apunta a que dos miembros más de la banda se desplazaron a la capital de España con otro vehículo.

Según los especialistas, se presume que, mientras paseaban al montañero secuestrado, parte del comando etarra preparaba la furgoneta con los más de 200 kilos de explosivos. Fuentes de la lucha antiterrorista sospechan que esa carga del material y su activación se realizaron también en las inmediaciones del lugar donde fue secuestrado el joven, en el sur de Francia.

La noche del jueves, el guipuzcoano la pasó en una cabaña con sus dos secuestradores. Al día siguiente, 29 de diciembre, se repitió la operación de meterle en el maletero de un coche, probablemente el mismo vehículo que el día anterior, y tenerle dando vueltas por la zona. Los secuestradores le llegaron a preguntar si su familia le iba a echar de menos, pero el excursionista les contó que no, porque él suele subir a la montaña a pasar varios días solo. Aun así, los terroristas le dejaron que enviara varios mensajes de móvil a sus familiares para evitar despertar sospechas. Esa noche, el montañero y los secuestradores durmieron en el vehículo.

Las cámaras de seguridad de la Terminal 4 han podido determinar que el vehículo fue aparcado por ETA sobre las 19.00 horas del día 29, viernes; 14 horas antes del atentado. Los investigadores cuentan en su poder con las imágenes de las cámaras de seguridad del aparcamiento siniestrado, que están siendo analizadas con sumo detalle. En una de las secuencias se ve la furgoneta entrando en el aparcamiento con un solo ocupante en su interior. Pero estas fuentes no descartan que hubiera más terroristas que no fueran grabados.

Sin cambio de matrícula

En la mañana del sábado, día del atentado, los etarras abandonaron al montañero en un camino y le indicaron que lo siguiera porque a cierta distancia encontraría el pueblo de Escot. Al llegar a esta localidad, el guipuzcoano compró una tarjeta de teléfono y relató a su familia todo lo sucedido.

El secuestro del montañero, propietario de la furgoneta usada en el atentado, hizo que los terroristas no se vieran obligados a cambiarle las placas de matrícula a su vehículo, ya que el dueño no iba a denunciar su robo mientras estuviera retenido por la banda.

Tras el aviso de un comunicante anónimo a la DYA del País Vasco sobre la colocación de una furgoneta Renault Trafic en el aparcamiento de la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid Barajas, de la que aportó la matrícula, la Guardia Civil se puso en marcha para investigar el vehículo.

El Instituto Armado, que posee un registro de matrículas, encontró que esa matrícula pertenecía efectivamente a un vehículo con las características de la furgoneta y localizó al propietario, un vecino de la localidad guipuzcoana de Beasain. Sin embargo, éste afirmó que la furgoneta la había vendido hace poco, razón por la que en el registro aún no constaba el nuevo dueño; que resultó ser el joven de Oñate secuestrado. Los investigadores también tienen claro que los terroristas realizaron un estudio detallado del aparcamiento de Barajas antes de colocar el vehículo. Es decir, la labor de información de ETA para ultimar esta primera acción sanguinaria tras el alto el fuego fue muy detallada y completa.

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